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4 Comercio transnacional en los nuevos mapas del trajín

4.1 Introducción

En La China Invisible, un artículo escrito en 2012, Hacher y Wilkis relatan -entre otras- la historia de María: migrante boliviana en Buenos Aires, productora textil y feriante que cuando en el 2003 decidió dejar de trabajar en un taller textil coreano, se dedicó a producir las mismas prendas que aprendió allí pero por su cuenta. Quiso alquilar un puesto en La Salada y no encontró, ya no había. Entonces apareció la oportunidad de La Ribera[1] y lo hizo. Empezó a vender en su puesto fabricación propia, la “confección de coreano”, como la llamaba, pero sin marca, con lo cual vendía menos:

…la única forma era ser una más de esas miles de mujeres que aprenden a bordar la pipa de Nike sobre cualquier producto. Sus remeras se empezaron a parecer al resto (…) Lo que María fabricaba era un tercer producto, uno mestizo, hijo de la educación de costurera y de lo que aprendió en la feria (Hacher y Wilkis, 2012).

Lo que María vendía podemos entenderlo también, desde la perspectiva de esta investigación, como una mezcla ch’ixi del mundo occidental de la marca, el oriental de la confección que aprendió “de los coreanos”, y el andino de la movilidad, un saber-hacer particular ligado a la producción. Venimos nombrando estas formas diversas de trabajo, ahorro, acumulación y distribución, que resuenan también en esta historia -se narra, por ejemplo, cómo hizo María para comprar sus máquinas gracias a lo que fue guardando del trabajo en el taller con el esfuerzo de costurar 18 horas por día-. En la Ribera, y en toda La Salada, dicen los autores, la “producción local” en talleres con mano de obra migrante se mezcla con las manufacturas importadas vía Pacífico: “la China invisible” está allí.

En este escenario podemos capturar imágenes concretas de la mezcla y mancha entre el modo de producción textil que comentábamos en el capítulo anterior con las formas de hacer circular, de importar y comerciar con nuevos productos que vienen desde China. Ambos elementos coinciden en las historias de vida de quienes migraron en los ‘80, en los ‘90, y son productores, feriantes e importadores en una de las ferias más grandes de la región.

– Mercedes: ¿Cuánta gente va allá a China? Traen las ropas esas de pollera, las blusas…

…todo traen los aretes, los accesorios, se gana más que en accesorios, se ganan buena plata. Los celulares que traen…

– Ana: ¿todo producido allá…?

– Mercedes: todos producidos allá, nada más que tienes que armar y bueno… (Entrevista con Mercedes, 2019).

La misma Mercedes (Capítulo 3) tras la crisis que comenzó a sentirse fuertemente en la producción textil y el comercio popular hacia 2015, señala la posibilidad de volver a Bolivia e importar desde China como una salida de negocio efectiva. No es casual, sino más bien una tendencia que aparece cada vez con mayor nitidez desde los 2000, pero que ha ido germinando previamente; y nos presenta nuevas modalidades de movilidad y trabajo que profundizaremos en el presente capítulo.

Una mirada hacia el Pacífico se plantea como necesaria[2] para entender el “desborde” de las economías populares en Bolivia (Tassi, et. Al; 2012 y 2013); y, por qué no, en América Latina toda. Nos proponemos pensar lo que esto implica desde nuestra parte del mapa y no al revés. Ésta es la potencia que tienen los estudios en el campo de las economías populares. Nos ayudan a analizar desde dinámicas diversas, populares, al “ras del suelo”, la economía global. ¿Cómo mapear las dinámicas del capital global desde lógicas e infraestructuras propias? Las economías populares nos dan un punto de vista específico para entender el mercado mundial. Nos ayudan a cartografiar unas tramas económico-políticas que están sumergidas en y entrecruzadas con operaciones y lógicas de la economía del capital (Gago, Cielo y Gachet, 2018).

En este capítulo nos dedicaremos a analizar la historia de vida de Alicia H. Mujer comerciante paceña que a lo largo de su trayectoria de trabajo y negocio fue desplegando estrategias populares y de movilidad para hacer crecer sus proyectos e iniciativas productivas y comerciales. Su narrativa nos brinda la posibilidad de ir descubriendo los nuevos mapas del trajín contemporáneo, que actualizan un “novedoso” eje de movilidad y circulación (de personas y productos) desde el Altiplano hacia el oeste. Procedimientos logísticos de los sectores populares han captado con gran eficacia las coordenadas de un capitalismo desplazado hacia el Pacífico. Desde los años ‘90 comerciantes populares de los Andes ya negociaban con fabricantes del “gigante asiático” (Arbona, et. al. 2015): ¿cómo lo gestaron? ¿sobre qué infraestructuras desplegaron estas estrategias de comercio y negocio a escala mundial? ¿qué factores han alimentado el crecimiento de la economía popular en Bolivia? ¿cómo dar cuenta de productores, comerciantes, importadores populares que no sólo se ubican en los circuitos ya armados de la globalización y el capitalismo contemporáneo sino que lo hacen “en sus propios términos”? Estas son algunas de las preguntas que guían las investigaciones actuales sobre estos grupos de comerciantes, importadores, productores desde Bolivia. Algunos lxs llaman “nueva burguesía aymara” (Tassi, et. al., 2012) e interrogan sobre el “desborde” del comercio popular que viene gestando su éxito cimentado en una “institucionalidad intersticial” que despliega estrategias “por abajo” conteniendo la intervención del aparato estatal y de las empresas foráneas (Tassi, et. al., 2013, p. 118).

Las anteriores son entradas posibles a la trayectoria que analizaremos en lo que sigue. Como venimos justificando, hemos decidido apuntar al análisis de la trayectoria desde la narrativa personal y, en ese sentido, esperamos poder ampliar la mirada sobre las formas de la subjetividad que acompañan estos itinerarios de trabajo y movilidad que, desde la voz de Alicia, nos aporta elementos renovados para nutrir la cartografía conceptual en torno a la diversidad de estrategias que componen lo que hemos llamado economías populares en el trajín. A través de su trayectoria nos proponemos pensar la figura de la trajinante contemporánea como un emblema de trabajo en la movilidad en varios sentidos: como autonomía, como movilidad social ascendente y como goce danzante en la fiesta popular, que se expande al ritmo que crecen los mapas del trajín contemporáneo. Esperamos, desde esta narrativa de vida poner en conversación algunos conceptos que vienen desarrollándose en los estudios sobre economías populares en Bolivia, pero también afinar la mirada sobre aspectos específicos que nos aporta una mirada feminista e interseccional sobre su recorrido.

4.2 – La trayectoria de vida de Alicia[3]

Alicia H. se presenta como Alison al bajar del escenario central de la fiesta del Tata Santiago en Chijmuni[4], Provincia Aroma, Departamento de La Paz; un domingo de julio de 2018. Franklin[5] me había hablado de ella: “Tienes que conocerla, va a contarte toda su vida”. Fue realmente sorprendente encontrarme con una personalidad tan extrovertida y jolgórica. El goce y la libertad que hacía pública en cada gesto generó un magnetismo particular. Yo soy transformer. Uso pollera para bailar en las fiestas (conversación personal con Alicia, enero 2022), me decía mucho tiempo después mientras la ayudaba a ordenar trajes en su casa. El baile y la fiesta que me hicieron conocerla, también me llevaron descubrir a una gran negocianta[6], productora y comerciante.

Nació en La Paz, en Tembladerani un 20 de diciembre de 1974. La segunda de diez hermanxs. Fue parida en su casa, como todxs lxs demás. De los diez hoy viven seis, una de ellas falleció cuando Alicia era una niña y le tocó asumir el “rol de hermana mayor”. Por encima de ella en línea de edad ascendente todos varones, debajo de ella todas mujeres. Sus xadres: Basilia y Francisco, oriundxs de Chusicani, Provincia de Aroma; migraron a La Paz desde jóvenes en busca de mejores condiciones de vida y trabajo. El padre constructor y la madre comerciante.

Alicia: Mi papá había llegado como albañil. Mi mamá vendía, negociante. Papá, luego se dedicaba a vender en su puesto que tenía, vendía café, desayuno en una parada. (…) Eso era en San Pedro, en la Calle Luis Lara. Años… Obvio que más antes la parada era en la Rodríguez. Entonces, a raíz de que la parada se ha movido, la parada de camiones se ha ido ahí arriba en la Luis Lara.

Ana: ¿Y ahí trabajaban ellos dos?

Alicia: Sí… mis papás, en realidad mi papá siempre era constructor, desde que tengo memoria de ser. Y ahí los años han ido pasando entonces mi mamá también vendía solita. Obviamente que mi mamá vendía conmigo desde que era una niña. Yo he vendido hasta que he salido del colegio para la universidad y que he estado vendiendo con mi mamá (15/01/2022).

Las paradas de los mercados son lugares estratégicos para la venta de desayuno, café, pan; todo lo que transportistas y cargadores, pero también constructores, pueden necesitar en horas de la madrugada cuando la carga y descarga hace que cualquier noche parezca día.

Alicia: Desde chiquita pues, he empezado a vender cosas. Y mi mamá siempre me ha inculcado el negocio. Y he llegado aquí y me he dado cuenta. Cómo tengo que vender… tengo iniciativa de venta (…) Marketing sí… sin estudiar lo sé… hasta el que no quiere comprar le hago comprar. (13/01/2022).

Una expresión reiterada en su narrativa es la herencia del oficio de comerciante. Un saber-hacer experto que no se estudia, se aprende haciendo y teniendo desde la cuna las mejores maestras. La historia que nos narra Alicia es un homenaje muy sentido, y por momentos explícito, a doña Basilia[7]. Homenaje que se combina con un reconocimiento como parte de un linaje (genealogía) que ella va a poner en juego y en valor a lo largo de su recorrido. Es hija de una señora de pollera comerciante, de habla aymara, que le enseñó el marketing del puesto, de la calle y la parada de la vida[8].

Esquema 3 – Mapa ilustrado del recorrido en la trayectoria de Alicia

Ilustración de María Paula Ruiz Díaz.

4.2.1 Historia de trabajo, comercio y progreso en los nuevos mapas del trajín

Con dedicación y esfuerzo finalizó sus estudios secundarios en el colegio Yugoslavia de La Paz. Sus xadres querían que estudiara y ella también lo deseaba. Entonces, en el año 1992 empezó la carrera de trabajo social en la Universidad Mayor de San Andrés. Finalizando el tercer año había conocido a quien iba a ser el padre (R.) de su único hijo (A.)[9]. Se casaron y este nuevo proyecto transformó el anterior.

Alicia: Estando casada seguía yendo a la universidad pero había un momento en que ya no tenía económicamente dinero entonces…la única opción era trabajar. Entonces me puse a buscar trabajo en el periódico. Quise trabajar de lo que sea, de lo que venga. Entonces justo vi el periódico y necesitaban secretaria, cajeras en una empresa de lavado de auto (…) ahí empecé a trabajar cuando he dejado la universidad. He empezado y ya me han pagado y he visto el dinero y ya no lo he dejado. Y así después prácticamente ya hemos empezado a salir con el R. adelante.

(…) Pero no tenía mi hijo todavía. Te hablo del año ‘94. (…) Con que me paguen cien bolivianos para mí era dinero. (…) ¿Cuánto quieres ganar? Me han dicho en el lavado, el entrevistador, y yo le dije no sé, nunca he trabajado. Y me dijo ya, te voy a llamar y cuando me llamaron me daban 300 bolivianos me recuerdo, yo era feliz con los trescientos pesos.

El cambio de proyecto implica el rebusque de trabajo y desplegar alianzas, contactos y redes para conseguir por diferentes vías ingresos para sostener la vida y el proyecto de pareja-familia. Nótese que lejos de ocupar un lugar “estático” de “mujer acompañante” como se suele encontrar en algunos relatos de pareja -y tal como veíamos también en los casos de Beti y Mercedes en el capítulo anterior- Alicia siempre cuenta con un impulso y una predisposición bien marcada hacia lo nuevo en términos laborales, se desafía y se muestra como una mujer decidida, que se atreve a encarar los retos o planes nuevos que el camino le va presentando. Es importante subrayar esta característica a la hora de observar cómo su recorrido se va transformando hacia proyectos laborales y de negocios que efectivamente van a poner en juego todo un saber-hacer que viene con ella desde la infancia, pero también una capacidad de adaptación y visión respecto de ciertos espacios “vacantes” a la hora de emprender. Algo que más adelante analizaremos como la capacidad de “hacer mercado” (Müller, 2022); en esta parte inicial de su trayectoria queremos conectarlo con la capacidad de movimiento, desplazamiento y dinamismo. Una habilidad y una predisposición que tiene derivas creativas, productivas e innovadoras respecto a posiciones vitales “más clásicas” del mundo asalariado y del rol que las mujeres “deben asumir” en éste en relación a los varones, que serían quienes se ocupan de la generación de ingresos para el sostén familiar.

En la época donde Alicia comienza a trabajar en el lavadero también consigue un “extra” como pollerera con su madrina, vivían por la Av. Segundo Bascones y Avaroa, en la casa familiar de R. Diez años estuvieron allí hasta que pudieron construir la casa en la que viven hoy (zona La Portada).

Alicia: Sí, pucha… la historia es larga pues. (…) Ya era el año ‘95, ‘96…’97, llegó mi hijo. Entonces ya no podía trabajar porque el estado… me hacía mal el olor. Entonces lo he dejado al trabajo, dejando el trabajo ya estaba embarazada, ya estaba de seis meses. R. igual ya había empezado a trabajar, teníamos dinero.

(…) y era el año ‘97 que nace A. en Mayo del ‘97 justo ese mes R. había postulado para una beca, y le dan el resultado de que ha salido la beca y tenía que irse a México, eso era el ‘97. Para mayo, junio, julio, agosto se ha ido a México. O sea, me ha dejado con el bebé de tres meses. Y para irse hemos comprado otro minibús más grande. Me dice: “con esto vas a hacer trabajar”. Tenía un primo que era chofer, entonces me dice: -“lo llevaremos al sindicato”-, -“ya”-, le digo…porque yo para eso ya tenía mi licencia ‘A’, apenas cumplí 21 ya, profesional me saqué. Entonces estando en el lavado me he sacado la licencia y mis jefes me han apoyado. Entonces compramos el auto digamos domingo y R. el lunes se va. Me quedé con el bebé, el auto para que me solvente. Mi primo era el chofer, tenía 500 dólares y hemos hecho poner los letreros, el ingreso, todo eso. Ha costado ya, entonces le he metido, mi primo es el que trabajaba y ahí empezó a trabajar. Y la renta era 80, 100 bolivianos. Muy poco. No sé cuánto tiempo habrá trabajado, no me recuerdo, y ha habido un momento en que lo ha dejado al coche. El auto estaba parado y él no podía trabajar. Entonces lo que yo pude hacer es, tenía un ayudante y me decía: “señora tú sabes manejar, yo te voy a indicar las rutas, te voy a decir por dónde tienes que ir”. Yo estaba con mi hijito y le decía: “pero mi hijito…”. “No, lo vamos a amarrar al asiento. Le vamos dar dulces, carnes lo que sea… dulces le vamos a dar, no va a llorar”. Y no lloraba. Y partimos de la parada 248 de Chiscala y me he lanzado, he dicho voy. He dado una vuelta sin conocer, por aquí, directo, izquierda, derecha, y llegaba. Y doy una vuelta, otra vuelta, ¡pucha!, no era 100 ni 200 era más lo que sacaba. (…) 100 no más me daba. Y he empezado a ganar (…) El problema fue que tenía categoría ‘A’, para minibuses es categoría ‘B’, entonces no me permitían manejar en la ciudad. Y eso a veces era raro ver a una mujer manejar entonces era bien fácil de detectarme los policías. Y ya me habían quitado dos veces o tres mi licencia. Entonces no permitían, pero aun así seguía, he seguido. Me ha ido bien. La ganancia que tenía era más. Entonces he ido ahorrando y ha habido un momento en que me he cansado. “Ah! quiero descansar”, he dicho. Y me he contratado otro chofer. Como ya conocía, entonces: “¿me lo puedes manejar?”, relevo se llama. Tenía otro relevo. (15/01/2022).

La historia es larga y bien interesante. El modo en que Alicia narra lo desconocido como reto y el “lanzarse” como modo de abrir nuevos rumbos y proyectos que le permitan tener un poco más de ingreso para solventar la vida con su hijo y para ir ahorrando de a poco; nos habla de una capacidad de gestión y a la vez innovación sorprendente. El cálculo vital y económico que esto pone en juego, resulta ser un rasgo característico de toda su trayectoria. Recorrido que a su vez la conduce a no dejar completamente de lado sus sueños y anhelos personales (lo veremos también con la fiesta). Una vez que logra el relevo en el minibús, apela a la ayuda de su mamá para que cuide de su hijo, que ya estaba más grande, e intenta volver a la Universidad. Lo hace en el año 1997: vuelvo y ya no era lo mismo, porque mi mente ya estaba, mi hijo, el auto, ya no podía… entonces he dicho, estoy perdiendo el tiempo, mejor me voy, salgo y me dedico a trabajar (Alicia, 15/01/2022).

Aquí destacamos la conexión entre dos formulaciones que analizaremos más en detalle en apartados siguientes. Por un lado encontramos la experiencia de la complejidad que implica siendo mujer aventurarse en determinados espacios de trabajo, mercado, comercio e incluso espacios sociales, urbanos y también políticos. Así como Alicia nombra el no poder pasar desapercibida entre lxs transportistas frente a los controles de tránsito por ser mujer, también resulta significativo el modo en que narra su participación en el Sindicato Mixto de Transportistas “Litoral” y posteriormente el ejercicio del cargo como Secretaria de Hacienda en la Central de Artefactos, Informática y Línea Blanca en General (dentro de la Federación de Gremiales, Artesanos, Comerciantes, Minoristas y Vivanderos de la Ciudad de El Alto – La Paz): “…una de las primeras mujeres del sindicato” (Alicia, 13/01/2022). Pero además, un apartado especial merece la expresión “…porque mi mente ya estaba, mi hijo, el auto, ya no podía…” (15/01/2022). La gestión de la propia vida y la de un otro que depende de ella, sumado a un negocio que también fue su creación, y requería de su atención para garantizar el correcto y productivo funcionamiento; son elementos que se combinan para desplazar ciertos deseos y anhelos personales. Al mismo tiempo, como veremos más adelante, Alicia reivindica y nombra lo gozoso de su trabajo y construcción de negocio como un modo de complementar también aquellas renuncias concretas que fue realizando a lo largo de la vida:

…a pesar de todo lo que he trabajado también me divertía, he gozado la vida, bailando, vestirme (…) de todo el folclore que he gozado ha sido todo del negocio, gracias al negocio. Pero también tienes que ponerle empeño (…) yo le vendía hasta al que no quería…marketing (Alicia, 13/01/2022).

Emergen aquí dos elementos más referidos al goce que, sostengo, tienen que ver con experiencias aprendidas desde la familia de origen: por un lado la fiesta como espacio de despliegue de su deseo más genuino de bailar, ser folclorista y participar de este tipo de celebraciones comunitarias y, por otro lado, el saber-hacer de la venta, como nombramos al principio, que constituye una expertisse adquirida en la universidad de la vida. Otros trabajos que realizó en ese período previo al regreso de R. y a “lanzarse” como comerciante y ensambladora fueron filmar eventos y producir una banda de músicos y hacer transporte y flete para esa misma banda que tocaba en fiestas populares[10].

Finalmente, hacia el año 2000, R. regresa de su estadía en México y resulta ser una motivación para descubrir el mundo de la informática tal y cómo se estaba comenzando a presentar por esos años en Bolivia y en la región. Por esa época y nuevamente gracias al impulso arrojado, curioso y desafiante de Alicia se gesta el germen de su empresa de comercio popular de informática en la calle tres, zona de Villa Dolores, El Alto. Comercializaba productos de informática al detalle que “agarraba” de la Huyustus[11]. Primero fueron disquetes y tintas, luego escritorios y computadoras. Hasta que comienza a indagar en el ensamblado de equipos electrónicos.

Alicia: Yo. Llegaba a la casa con mi bolsita: “¡contaremos dinero!”. Y como que R. un día me dice, ya para querer habituarse de conseguir trabajo se ha comprado una computadora, y me dice: “he visto ensamblar computadoras”, me ha dicho. “He visto y bien fácil parece. Lo puedes hacer tú”, me ha dicho. “Yo te he visto cambiar yantas, aprender a manejar autos, puedes hacerlo. Por qué no vas a estudiar”, me ha dicho. “Andá y buscá un instituto que diga ensamblado de computadoras…ingeniería en sistemas, eso andá a buscar”, me dice. (…) Y había en Leguino, un Instituto Técnico Media. He ido y me inscripto. Mi hijito estaba en kinder. Entonces justo a la semana vamos a conseguir tienda donde estoy ahora, tiendas vacías, no había mucho. Me dice: “nos abriremos una tienda, un proyecto tengo, me van a dar dinero”. Entonces qué hacemos, hemos ido a buscar y hemos encontrado. (…) seguí, estaba estudiando, agarraba el A. y allá iba yo. Chiquito era, en kinder te digo. He empezado a estudiar pero no he terminado, pero ya tenía imaginación de qué más o menos. Ya hemos abierto la tienda. Tenía un sobrino que sabía, entonces él me decía vas a hacer así, así, así. Pero como que el señor era medio odioso entonces ya, he conseguido otra persona que me ha enseñado mucho mejor y he visto la práctica todo. Y dije ya, ya he aprendido. Ya no necesito terminar, lo dejo. Y me ha gustado vender. (15/07/2022).

Estudia ensamblaje en el ITM (Instituto Técnico Media) pero no finaliza “…porque ya aprendí más rápido en la tienda (…) en la tienda he aprendido a terminar. Y ya he visto el negocio, qué quería la gente, qué buscaba entonces iba a agarrar y vendía. He empezado con una tienda, luego tuve ya cuatro tiendas” (Alicia, 13/01/2022). El trabajo en el rubro del comercio se va aprendiendo en la práctica, lo novedoso es que el negocio de ensamblaje y venta de computadoras y productos de informática también. Ali va adquiriendo el saber experto a partir de la observación de otros que ya saben de qué se trata. Además, aparece una lectura muy aguda del mercado en esa época que le permite ampliar el proyecto: ya he visto el negocio, qué buscaba la gente.

Ana: ¿y ahí dónde comprabas equipos?

Alicia: Compraba de la Huyustus, de ahí agarraba…

Ana: ¿Ya armados?

Alicia: No, no. Desarmados. (…) Ha sido difícil ese año, no vendí nada porque todavía no sabía. Tiene que pasar un lapso de tiempo. Entonces me he agarrado un técnico y a él le pagaba por equipo armado. 50 bolivianos por un equipo, ya. Entonces seguía vendiendo las cosas pequeñas. (15/01/2022)

El ahorro que fue logrando a lo largo de casi diez años, primero como trabajadora en relación de dependencia “informal” y luego como cuentapropista en el transporte; le permitió realizar su primer viaje a Iquique en bus (2005). Aquí es donde comienza a visualizarse con más contundencia en su trayectoria la ampliación hacia los nuevos mapas del trajín contemporáneo. De la Huyustus a Iquique[12] hay un salto que amplía los horizontes de “hacer mercado” (Müller, 2022). Además, en su modo de abrir proyectos de negocio y asumir desafíos laborales, Alicia cuestiona ciertos estereotipos de género cristalizados en los dichos de su marido: “he visto y bien fácil parece. Puedes hacerlo tú que has cambiado yantas y manejado minibuses”. Ella va más allá de la propuesta de él, toma el impulso y conoce su poder para no obedecer linealmente. Termina de formarse como ensambladora en el mercado y además abre su itinerario de negocio hacia el Pacífico.

Alicia: …y a R. le dije: -“me voy a ir a Chile”-, -“Ay no, no te creo”-, me dice. -“Me voy a ir”-, le he dicho. Me he comprado pasaje, solita me he ido…

Ana: ¿Cómo fue eso?

Alicia: Sola. He ido hablando, preguntando, hay que ir a Chile, se traen autos, así puedes llegar a Esmeralda. O sea, yo veía cómo hablaban. He ido a la terminal, me he comprado boleto, domingo al mediodía, he sacado mi maleta le digo a R.: -“estoy viajando a Chile”-, -“no te creo”-, -“sí”-, -“no te creo”-. He agarrado mi maleta y me he ido. El auto partía a las 12hs. (…) Flota. A las 12hs partí, me fui a Chile solita. (…) He hecho todos los papeles, pero no he llevado mucho dinero esa vez, he ido a ver no más. Solo a ver cómo era la cosa. Fui, llegué a Esmeralda así tal cual la pintaba la gente, he ido al galpón, he ido a ver todo. Cómo hacían y entonces he ido viendo, cómo traían los coches y en la otra ya me lancé pero con dinero. (15/01/22).

Hacemos aquí un alto para subrayar el modo en que Alicia expresa la “soledad” en que emprendió esta parte del negocio. Tematizaremos en extenso este rasgo narrativo que no es meramente, sostenemos, un modo de enunciación sino que condensa otros sentidos respecto del proyecto de vida, proyecto económico y estrategia económico-popular relatada en primera persona del singular, género femenino.

Alicia: Entonces 2005 debe ser que me he lanzado allá.

Ana: Y ¿qué viste en ese primer viaje? ¿Cómo era?

Alicia: Pues, me he hecho dejar con el bus y todo de allá. He ido, he llegado a Esmeralda y he ido a ZOFRI. Voy y veo los galpones de cómo se agarran. No puedes ser tú. Los piloteros traen, hay que comprar, hay que traer, ya sabía cómo…había empresas transportadoras y ha pasado un buen tiempo y en la otra ya fui con dinero. Entonces, ¿qué traje? Laptops. Porque estaban entrando recién las laptops al mercado. Laptops he traído un modelo, otro modelo, otro modelo. Y vendí pues. Gané bien, 100 dólares, 200 dólares, ¡pucha!, he dicho… y el pilotero me lo traía por 50 o 70 dólares una caja.

(…)

Ana: ¿Cómo elegías los productos?

Alicia: Ah, los modelos quiero esto, esto, esto y ya. El total, embalaba, selladito y entonces tú te vienes solita. Pero como pasajero te puedes traer un televisor, algo en tu mano. No pueden ser dos, solo uno. Entonces me traje en una cámara, celular, televisor y lo he vendido. Solventaba con eso el pasaje. De aquí me iba domingo, allá llegaba lunes de madrugada, en la mañana iba a hacer compras, en la tarde ya tenía mi pasaje, martes ya estaba aquí. Entonces era rayo. (…) Después he ido con una amiga. Entonces me he traído un auto y ha llegado bien. Un anaranjadito Ford era.

Ana: ¿Y cómo lo pasaste?

Alicia: Te compras allá, es como los transportadores igual. Bolivia, Paraguay, Venezuela, esos tráileres grandes que vienen. Entonces tu compras el auto, haces el papel, dices que traes: entonces, ¿en qué transporte va a llevar? O los mismos que venden te dicen: éste es bien, te lo hace llegar bien.

Ana: ¿Y los proveedores son chilenos?

Alicia: No, pakistaníes.

Ana: Los de autos…

Alicia: De autos.

Ana: ¿Y de computadoras?

Alicia: Son chilenos… más chilenos. También hay chinos. Más de autos hay pakistaníes. (15/01/22)

El primer viaje fue sólo a los fines de captar cómo funcionaba esta ruta de importación y comercio: llega primero a Esmeralda, zona de parada de buses y transportes; luego se dirige a la Zona Franca donde compra algunos productos por unidad para llevar de regreso a su local de El Alto, esta compra menor es la que le permite solventar el pasaje. La ruta y el paso fronterizo entre Bolivia y Chile (Pisiga-Colchane) es un territorio geográficamente inhóspito, accidentado en su relieve, a unos casi 4000 m.s.n.m, difícil de controlar para el Estado pero, aun así, hoy en día un desafío con sus complejidades para los “piloteros”, que son quienes transportan la mercadería desde la Zona Franca hasta Oruro y finalmente llega a La Paz (Müller, 2021). Desde el relato de Alicia hay un tono de “sencillez” al mencionar este transporte de productos hacia Bolivia, pero resulta necesario tener presente toda la articulación de actores que hacen posible que los productos tanto de electrónica, como autos y otros, lleguen hasta las zonas de comercialización: comerciantes, transportistas, importadores mayoristas y zonas francas, piloteros, entre otros (Ibid.).

Como ya hemos mencionado en el Capítulo 2, lxs arrieros, trajinantes e intermediarixs indígenas fueron centrales en mantener el flujo de productos y mercancías que circulaban en el mercado interno colonial. Allí el eje Altiplano-Pacífico era central para la salida del oro y la plata desde Potosí hacia Arica y Lima y, al mismo tiempo también, el ingreso de productos de amplio consumo en las ciudades españolas, como el vino, y la circulación de hoja de coca dirigida al mercado indígena de los asientos mineros (Glave, 1989, p. 38). Durante la conformación del Estado “moderno”, desde mediados del siglo XIX, la participación y movilidad indígena que permitía la circulación a larga distancia se convirtió en un problema para las nuevas clases dirigentes con visiones desarrollistas, que buscaron por distintos medios desarticular las instituciones coloniales, “…emprendiendo reformas legales y obras infraestructurales que operaron en detrimento directo de las economías indígenas” (Müller y Ondegaard, 2021, p. 251). A pesar de esto, las rutas que conectaban con el Pacífico desde el Altiplano siguieron siendo controladas con cierto grado de autonomía por comunidades indígenas (Cottyn, 2021) y actualmente, si bien es un paso fronterizo militarizado y con amplia presencia del Estado boliviano, se contabilizan 112 pasos irregulares (Müller, 2021).

Dentro del reconocimiento de flujos comerciales de la economía popular en Bolivia dos puntos geográficos importantes concentran el proceso de importación: Arica e Iquique. Este último es un polo comercial regional por el que en 2012 se calcula ingresaron 3 millones de toneladas en mercaderías. Además, del total de ventas en la Zona Franca de Iquique el 54% son para Bolivia (Tassi, et. al., 2013). Alicia comienza a recorrer con frecuencia este eje Altiplano-Pacífico, compra partes, ensambla y vende computadoras, mobiliario, material de computación, laptops en sus cuatro locales de las Galerías Apaza y González en la calle tres de El Alto. En sus palabras, ella es una “pionera” en el rubro de la informática en su zona; un espacio comercial que, según cuenta, en ese tiempo no tenía más que un par de locales y puestos en la calle.

Ana: ¿Esa misma tienda donde ahora estás…?

Alicia: Al frente era la primera, esa es la segunda. Entonces ya he empezado a vender y vender, había otra tienda más, me ha prestado el banco diez mil dólares, con diez mil dólares he agarrado mercadería, la otra tienda me he agarrado, ya tenía dos. Ya después otro más, me he agarrado al frente, otro en la esquina, cuatro. He visto ya la ganancia. ¡Le metí fuego pues! (15/01/22).

La calle tres y sus alrededores en la ciudad de El Alto se fue convirtiendo por esa época en un área comercial de similares características a lo que sucedía desde los ‘90 en Huyustus y Eloy Salmon (Arbona et. al., 2015). El crecimiento de galerías y locales es un denominador común en relación al desarrollo del comercio popular urbano que va acompañando transformaciones territoriales importantes tanto en La Paz como en El Alto (Müller, 2015. p. 18).

Alicia: Todos éramos…había dos galerías, hay hasta ahorita. Ahí en Urkupiña había tres nomás. En la otra galería y en mi galería yo era la única. Primera. Después ha entrado don J. M. Después ha entrado “el osito”, que le dicen. Éramos los únicos y tenía uno solo directorio, nosotros somos los pioneros en que la tecnología vaya ahí.

Ana: ¿Al Alto?

Alicia: Sí, era. Teníamos nuestra organización de informática. Esas veces se ganaba bien, había buena venta. Ahora todos los empleados que han salido de ahí todos se han abierto. (…) Han visto el negocio y se han abierto. Ahora la galería está llena.

Ana: ¿Y el mayor momento de auge del negocio, cuál fue?

Alicia: El momento…2005, 2010, hasta 2015 full. (15/01/2022).

El crecimiento visualizado en más comercios, más ventas y nuevxs cuentapropistas que se suman al rubro, también se traduce en mayor participación política. Alicia forma parte del sindicato de artefacteros/as de su zona y llega a ser Secretaria de Hacienda. En paralelo a su trajín comercial, también amplía su participación en formas diversas de asociación y agremiación dentro del rubro comercial-laboral pero también en grupalidades y organizaciones ligadas a la fiesta como espacio de socialización, generación y fortalecimiento de alianzas económico-políticas (como venimos nombrando desde el capítulo anterior). Este elemento, el de las formas de organización política, gremial y laboral es central para entender la institucionalidad popular que da estructura a estos sectores populares en crecimiento (Tassi, et. al., 2013).

Para cerrar esta primera parte de su historia de vida, reforzamos la idea de que la movilidad y las formas de desplazamiento que Alicia nos presenta dan cuenta de una capacidad contundente de transitar (y en ese sentido, construir, fortalecer) los mapas que el comercio popular va actualizando a partir de los ‘90 pero fundamentalmente en los 2000 en Bolivia y la región (Tassi, et. al., 2013; Müller, 2015; Tassi y Poma, 2020). La lectura aguda del negocio, la capacidad de movimiento y de venta como un rasgo aprendido y desarrollado a lo largo de su vida, el contar con alianzas y contactos, personas que ya transitaron el camino y resultan aliadxs estratégicos para continuar abriendo rutas y posibilidades de negocio; son todos aspectos que hacen a una plataforma que aquí podemos empezar a nombrar como “infraestructuras populares trajinantes” y que le permiten desplegar estrategias diversas en el trajín contemporáneo. Algo que Tassi, et. al. (2013) llaman “institucionalidad intersticial local de los comerciantes populares”, conecta una diversidad de actores, logísticas populares, saberes y formas de organización que traban relaciones económico-políticas particulares y dinámicas con el Estado, sus formas de fiscalización y control y con las empresas -en este caso del rubro informático-; disputando el dominio de los mercados y la circulación de los artefactos electrónicos en Bolivia, pero también en la región.

En tiempos de globalización económica y comercial, comienza a visualizarse el eje Altiplano-Pacífico como una ruta cada vez más transitada y fluida para el ingreso de productos de electrónica e informática a los que la región tiene acceso gracias a estos comerciantes e importadores populares (Müller y Ondegaard, 2021; Müller, 2015; Tassi, et. al., 2013; Arbona, et. al., 2015; Tassi y Poma, 2020; Müller, 2022). Resulta fundamental prestar atención al modo en que fueron creciendo estas circulaciones y los espacios de comercialización, pensando en el rol central de quienes se aventuraron a transitarlas. Los mapas del trajín se actualizan de acuerdo a dos vectores: por un lado la globalización del comercio, apertura de zonas francas, liberalización del comercio transnacional global y, por el otro, el aprovechamiento de esas infraestructuras de la globalización del capital y del comercio por parte de actores de las economías populares en el trajín que ponen en juego otros “saberes expertos” para aprovechar las dinámicas de la globalización. Dedicaremos un espacio en apartados siguientes para desplegar diversos elementos en diálogo con ambos aspectos.

Según la propia Alicia, su negocio tuvo el momento de mayor éxito, crecimiento y desarrollo entre el 2005 y el 2015. Durante todo este período ella reconoce que ha formado a otrxs en el rubro y que logró aumentar sus ventas en el comercio popular alteño y además llegó a distribuir en varios departamentos de Bolivia y la región. En este sentido hablamos de los mapas del trajín que la distribución y el comercio genera a lo largo y ancho de la región.

Alicia: De diferentes departamentos, Santa Cruz, puede ser Cobija, A Beni, Oruro…a todos les he vendido.

Ana: ¿Te encargan y vos les envías?

Alicia: Sí, a Cobija por ejemplo tengo caseros, me depositan les envío. A todos lados…¡uuuh he vendido computadoras!

Ana: Acá ensamblas y envías a Cobija, Beni, Santa Cruz, Oruro…¿qué más?

Alicia: A todos lados, Cochabamba, Tarija…

Ana: ¿Fuera del país no?

Alicia: Alguna vez a Perú, he llevado a Brasil también, los cubanos también llevaban…los cubanos venían aquí, los médicos cubanos. Ellos igual, mis caseros eran… (15/01/22).

4.2.2 Comercio y fiesta: ascenso económico, social y político

Alicia es hija de Basilia, una señora de pollera de quien aprendió a “ser negocianta”. En los Andes a las hijas que ya no usan el traje de chola, se las llama “birlochas”. Con Silvia Rivera Cusicanqui (1996) optamos por llamarlas birCHOLAS, para reivindicar el ser chola como continuidad genealógica. Ali es una auténtica birchola, porque reconoce sus raíces y se referencia en su mamá trabajadora del mercado, además elije cuando ponerse sus trenzas y trajes; evocando así este linaje. Una instancia importante de tal evocación es la fiesta.

Alicia: Mi papá, mi mamá siempre han sido folkloristas. Creo que de ahí llevo…

Ana: ¿tu mamá y tu papá bailaban también en fraternidades?

Alicia: Sí. En Los Rosas de Viacha bailaban. (…) todas mis hermanas son bailarinas, sus esposos, sus parejas, mi hermano. Mi hermano mayor, su mujer bien ayma es.

Ana: ¿Qué es eso?

Alicia: Ayma quiere decir a la persona que no le gusta. (15/01/2022).

Tan natural es para ella y su entorno familiar el participar de fiestas que hay una palabra para denominar a aquellxs que, sumados al núcleo familiar, no adhieren a esta práctica. Desde joven su paso por distintas grupos y fraternidades fue acompañando toda su trayectoria de negocio.

Alicia: No pues, eso de la fiesta a mí desde soltera me gusta. Desde joven siempre bailaba en El Alto. Pero en la fiesta mayor de aquí de La Paz, del Gran Poder[13] he bailado en el año ‘93. Soltera.

Ana: y la devoción al Gran Poder, ¿por qué es?

Alicia: Devoción casi no. Porque quieres bailar, quieres divertirte. Así…no devoción, tenerle así fe no, me gusta bailar. Yo bailé el año ‘93, salí del colegio. Bailé llamerada en la primera fraternidad que fue Indios del Gran Poder. (…) Ahí he bailado, revelación ‘87. Changa pues. He terminado el colegio en el ‘93 y en el ‘94 con el R. le llevaba a bailar a él. Hemos bailado como un año, dos años supimos bailar. Después al otro año me he ido a bailar a la Eloy Salmón. A la morenada Eloy Salmón de tarijeña. Obviamente que no tenía mi hijo, pero ya tenía mi esposo. Luego ya se fue R. Para el 2001 llegó de México, esa vez que me ha dicho, seguía yo de chofer, fuimos en convite a ver la pre-entrada del Gran Poder y estaban los Fanáticos Intocables. Esas veces me gustaban los Intocables, Fanáticos casi mucho no, no me gustaba. Era más fanática de los Intocables. Mi madrina bailaba ahí…

Ana: ¿La de las polleras?

Alicia: No, otra. Madrina de matrimonio. La O. Entonces cuando fuimos a ver y me dice…yo le digo “quisiera bailar, entran los Intocables”, ¡qué lindo!. Era la mejor fraternidad, “quiero bailar”, le he dicho. Bueno, ya pues. Para la entrada puedes hacerte hacer. 100 dólares era, haces la pollera, tela cómprate, para el sábado ya estaba con mi traje bailando en los Intocables.

(…) Me ha hecho bailar. Ne ha comprado joyas, me ha hecho polleras. Es un gasto…

Ana: ¿Cuánto cuesta hoy un traje?

Alicia: Uy, pues cuesta. ‘Pa la entrada no más, solo en pollera, manta, los dos: cinco mil bolivianos. Aparte la blusa, el zapato, la matraca, las cuotas.

Ana: ¿Las cuotas de la fiesta?

Alicia: Claro, entonces la pareja es 1500, luego 800.

Ana: ¿800 qué?

Alicia: Bolivianos, bolivianos. (15/01/22).

En la fiesta, y sobre todo en Gran Poder, la inversión de dinero en trajes, joyas y demás puestas de cada parada asciende a números importantes. Y tal como relata Ali, éstas son muestras de distinción y diferenciación internas dentro de la heterogénea población que participa de la fiesta desde diversos sectores (Barragán, 2009, p. 105). Recuperaremos esta caracterización más adelante y el análisis que ella nos aporta respecto de en qué sentido la fiesta constituye un espacio productivo en sí mismo y un sector económico en crecimiento. Alicia lo tematiza como una cuestión central del desarrollo económico del sector comerciante popular “la fiesta mueve hasta al que vende papel higiénico”, dice.

Alicia: …entonces pasa que me meto a bailar. Primer año, segundo año, tercer año. Había elecciones en los Intocables. Justo me han metido a una plancha, he ganado como Vicepresidenta, ahí he sido Vicepresidenta. (…) El presidente era P. A.

Ana: ¿Y cuánta gente bailaba en Los Intocables en esa época?

Alicia: Uf, era la mejor fraternidad, era elegancia, de mucha elegancia. Nada que ver lo que es ahora (…) Gente de peso pesado eran los que manejaban.

Ana: ¿Qué manejaban?

Alicia: Biyiyi, negocio, negociantes, viajeras (…) Así era. Ahora no, ya baila, hasta puede bailar hasta el más no sé, el más humilde [repite varias veces: “no es por desmerecer”]. Antes no, pues era gente de tener. Ha pasado eso, la elección hemos ganado, no les ha gustado a los fundadores, nos han aislado, me he salido. En el 2004 no he bailado. Justo tenía mi amiga esposa de P. y me decía: -“¿qué vas a hacer?”-, -“No, vamos a salir”-, y nos hemos salido de Los Intocables. La S. A. me ha llevado a los Fanáticos. 2005 en Copacabana me ha presentado a C. M., a la gestión que era de ese año, L., R., a R. M., para que integre Los Fanáticos. 2005 ya he arrancado en los Fanáticos. Estaba en pleno auge de ganar plata y también estaba ahí. (15/01/22).

Los nuevos mapas del trajín (del comercio popular) y los nuevos mapas de la fiesta se van ampliando en paralelo. A medida que crece la circulación, el comercio transnacional, la movilidad, también crece la visibilización de estos grupos comerciantes, su prestigio y poder económico-político y los viajes organizados para asistir a fiestas (Arbona, et. al., 2015; Müller, 2022). Como telón de fondo de todos estos cambios en el mundo popular andino encontramos las profundas transformaciones políticas y socio-económicas que inauguraron lo que algunxs autorxs llaman el “proceso de cambio en Bolivia” (Arbona, et. al., 2016). Desde el ciclo de levantamientos iniciados en los ‘90-2000-2003/5, la guerra del agua y del gas y el posterior ascenso del Movimiento Al Socialismo con su líder Evo Morales Ayma, sumado al proceso constituyente del 2009 que da origen al Estado Plurinacional de Bolivia; el país fue viviendo transformaciones profundas que modificaron la estructura social, política y económica, partiendo -no nos olvidemos- de un profundo rechazo y freno al extractivismo neoliberal más brutal[14].

El crecimiento en términos macroeconómicos del Estado Plurinacional en el proceso, fue gracias al llamado “patrón primario exportador” que generó un aumento del poder adquisitivo general de la población de sectores medios y populares (Tassi, et. al., 2013) y dió un impulso al comercio y la circulación que se evidencia en el “desborde de la economía popular”. Tanto en la fluidez de los negocios de importación, logística, distribución y comercialización como en el crecimiento exponencial de la fiesta popular andina; podemos reconocer imágenes concretas de este ascenso. La visibilización pública de lxs trabajadorxs cholxs, las comunidades indígenas, lxs migrantes, etc. en la calle, en las ciudades y en el mundo con orgullo y disputando los lugares que ocuparon siempre las élites políticas y económicas tradicionales en Bolivia (Ibid.) -y la región diría-; se comprueba una y otra vez en el crecimiento de la fiesta.

Ana: ¿Y cómo es que se elige año a año primero las autoridades y después quienes pasan fiesta y todo eso?

Alicia: ya, vamos ahí. 2005 ya he arrancado con ‘Los fanas’, 5, 6, 7 ya estaba en el Bloque de los Intrépidos y he pasado ‘chutas’. El año 2018 he entrado por primera vez al directorio como secretaría de la organización. Lo he hecho dos años con el R. Q., dos años, dos años de directorio. A lo cual también he hecho dos años directorio en el bloque que es otro.

Ana: ¿Tu bloque es Intrépidos?

Alicia: Ajam…ahora, no es no más pues lo que bailo yo y el Gran Poder. Hay otras fraternidades, la Morenada de Colquepata, Copacabana, es igual. Todos los que bailan en el Gran Poder ellos van, eso es el 3 de Mayo. Aparte tengo otra Morenada que es aquí en Villa Dolores donde vendo, es la Morenada Proyección Rebeldes de Villa Dolores. Eso, y fiesta Sica Sica, Pucarani, Laja, Huarina. ¿Cuántos años he ido a bailar? O sea, me bailaba cada fiesta que había. Ya, vamos a bailar, vamos. Pero las que más digamos no me perdía eran Gran Poder, Colquepata y Villa Dolores y Carnavales. Las más grandes digamos.

Ana: Esas son las más importantes digamos…

Alicia: Sí, las más importantes. Para mí porque ir a Copacabana a bailar pues, es algo lindo. Aquí en la entrada, Villa Dolores, porque todos los artefacteros bailan. Chutas ni qué decir, aquí en los carnavales a bailar es una tentación, martes de chaya…

Ana: ¿Y cómo te invitan o cómo invitas?

Alicia: Te haces amistades digamos. El que bailes en una fraternidad es confraternizar. Socializar, te conoces, te haces comadre, compadre, tienes una fiesta, te invitan. Les he pasado fiesta en su pueblo del R. en 2011. Aquí también tengo una Morenada que es Central Bascones que soy fundadora de aquí. (15/01/22).

En el caso de Alicia lo que observamos es una vida social, laboral y pública muy ligada a formas de participación colectiva y política. Desde el sindicato de transporte (cuando manejaba el minibús) hasta la Asociación de Artefactos y Línea Blanca de El Alto; pasando por distintos bloques y fraternidades folclóricas, integró diversos espacios de decisión, organización y gestión con otrxs. En lo que respecta a la participación en la fiesta, llega a ser folclorista por una pasión que reconoce heredada de padre y madre. Estas son también instancias de goce y de disfrute. “Es confraternizar”, “me lo he bailado”, son expresiones que abundan en su relato denotando bienestar en el compartir con otrxs. Alicia no participa de la fiesta como invitada o simple aficionada; como sí sucede con sus hermanas que, según ella, lo hacen por seguir la tradición de la familia. A diferencia del resto, Ali transparenta en la forma de narrar sus pertenencias múltiples el modo en que la organización de la fraternidad y la fiesta constituyen espacios de generación, fortalecimiento y ampliación de alianzas, contactos y posibilidades.

Alicia: Para mí no había sábados ni domingos ni lunes. Habían días que tenía fiesta domingo, lunes, martes. Me viajaba, me iba de pachanga pero también así trabajaba sábados y domingos, trabajaba. Entonces tú mismo te das permiso. (…) porque tienes que hacer, tienes que ser parte del directorio, hacer gestión, dar tus cuotas, perteneces a un grupo y tienes el deber de activar en el grupo. (…) Tienes que ir a las reuniones.

Ana: ¿Y a vos te eligieron en qué gestión?

Alicia: De mi bloque dos gestiones he hecho, 2010 y este 2021 por dos años se ha alargado. Pero después he hecho directorio de Los Fanáticos, que es la fraternidad, la institución, son dos años. El 2018 y el 2019.

Ana: ¿qué cargo tenías?

Alicia: Secretaria de organización. Que es una secretaría muy importante porque tienes que organizar a tanta la gente, de eso se trata. (…) Tiene filiales tanto en Argentina, Brasil, en todos lados. En todos lados hay, es internacional. Italia, Perú…España también hay…Chile…¡uuuh! (15/01/2022).

La Fraternidad Fanáticos del Gran Poder es una de las más grandes de Bolivia. Tiene veinticinco bloques de unas sesenta, setenta y hasta cien personas cada uno (Entrevista con Alicia, 15/01/22). Estamos hablando de entre dos mil y tres mil personas organizadas en función de la fiesta y el confraternizar no sólo a nivel país sino también con otros grupos en otras partes del mundo. Todos los fines de semana Ali tiene un compromiso de fiesta o recepción distinta. Las diversas formas de organización en que está involucrada implican una agenda muy abultada de obligaciones y compromisos que por momentos parecen constituir un trabajo en sí mismo. La economía que mueve la fiesta se fortalece, respalda y fundamenta en organizaciones comunes-comunitarias que hoy toman dimensiones transnacionales. En la actualidad, la fiesta construye mapas similares y en sinergia con los que conectan las rutas de comercio, importación y movilidad que van ampliando las economías populares en el trajín.

4.2.3 Inversión, negocio y cálculo estratégico de un tipo de acumulación especial

Una joven Alicia, se lanza por las calles de La Paz manejando un minibús desde las cuatro de la mañana, lleva a su hijo de copiloto amarrado al asiento y un ayudante que le marca el recorrido:

…cada quince o diez minutos salen entonces para que puedas dar más vueltas tienes que madrugar pues. Si llegas tarde darás dos vueltas, si llegas temprano darás cuatro vueltas. Y el chofer te daba 70, 100 bolivianos por dar la vuelta, por el día. Pero cuando yo he empezado a trabajar…¡pucha era más! Yo he dicho, estoy perdiendo aquí, me están tomando el pelo… no, no (Entrevista con Alicia, 13/01/22).

Su cálculo no estaba directamente ligado con la “maximización de la ganancia” que podría extraer del minibús, más bien se conectaba fundamentalmente con la búsqueda de garantizar lo necesario para sostener y reproducir la vida con su hijo. En caso de no tener que pagarle a un chofer, estaría logrando juntar esos ingresos y, tal vez, algo de dinero para ahorrar con el objetivo de, en un futuro no muy lejano, ampliar sus proyectos y horizontes de vida.

En este apartado haremos hincapié en la visualización de los diversos modos del cálculo y la inversión que Alicia ha puesto en juego a lo largo de su trayectoria. ¿A partir de qué prácticas, saberes, modalidades de trabajo, espacios ha logrado tomar o generar el capital que es base de sus inversiones? ¿Qué ideas de “capital” y de dinámica de negocio se ponen en juego en su narrativa? ¿De qué factores dependen los momentos de mayor y menor crecimiento económico en su negocio? ¿Cuál es su situación en el presente y que desea continuar haciendo a nivel trabajo y proyecto de vida?

Alicia: Me agarraba de la Huyustus. (…) Después ya he visto cómo es el negocio y me he lanzado a Chile (…) Sí, para traer la mercadería tenías que…necesitabas mucho capital. Y no contaba con tanto entonces me traje laptops surtiditos, más traje autos.

Ana: ¿Trajiste autos?

Alicia: Autos americanos. Entonces los vendía aquí, traía y así. Me traía televisores y eso. Tienes que estar en una sola cosa, no puede ser en dos o tres, en una. Me he centrado en mi negocio y he ido trabajando ahí. (13/01/22).

En los primeros años del nuevo milenio, sus ahorros, sumado a una inversión del marido y un préstamo de 500 dólares tomado del banco, le permitieron abrir el primer local y comprar las primeras cajas de CD’s y tintas que serían el inicio de su comercio de electrónica en El Alto. A partir de allí se abre un momento de impulso hacia la movilidad que le permite dar el “salto” en el negocio de la informática: comienza a hacer los primeros viajes a Iquique. Prueba, explora lo que rinde, lo que saca más ganancia y se centra en la informática. Sostiene un trabajo de movilidad que le permite, en momentos de mayor auge, sacar más margen y reinvertir su capital en más viajes y ventas. En momentos donde las ventas merman y los costos de traslado de mercadería desde la Zofri aumentan, recurre a sus proveedores en la Huyustus.

Ana: Los proveedores tuyos de la Huyustus a los que les compras, ¿traen de Iquique o de China?

Alicia: Directo China. Para traer de China directo tienes que tener capital, un buen capital. Eso no tenía yo tanto capital. Tampoco te puedo decir, yo he tenido eeeel capital, o he manejado la puta plata, ¡no! Sí, ganancias, sí, pero no tanto proyecto. Digamos, si hubiera tenido mi casa parada no hubiera gastado tanto dinero. Pero he invertido en la construcción de mi casa. (15/01/22).

En la zona de La Portada, ciudad de La Paz, Alicia compró un terreno donde edificó la casa familiar. Esta construcción forma parte de lo que considera invertido-gastado[15] con la ganancia de su proyecto. Por otro lado está el capital que ha sido destinado a la compra de insumos para ensamblar computadoras, o bien a los viajes para importar, o a la logística de traslado desde la Zofri y otros gastos de inversión en el negocio que, como ella misma sostiene, requieren de un capital mayor dependiendo de que tan grande sea el proyecto.

Vemos emerger de su relato usos distintos de las palabras “capital”, “ganancia”, “gasto” e “inversión”, ideas que nos interesa puntualizar. Lo que se necesita para emprender un proyecto como el de importar desde China es “mucho capital”. Ali considera no haber llegado a ese punto porque su capital de inversión se vio limitado gracias a la construcción de la casa en la que hoy vive. Podríamos parafrasear sus afirmaciones diciendo: sí he manejado ganancias pero usé gran parte para edificar; por lo tanto, mi capital se volvió más moderado. ¿A qué idea de capital se refiere? Tomemos la idea de “capital plantado” y “capital rotatorio” (Tassi, et. al., pp. 153-154). El primero consiste en aquellos bienes muebles e inmuebles donde hace base el negocio. En este caso, su casa funcionó como depósito y es parte del capital plantado, donde también debemos considerar las tiendas y sus productos. Es curioso notar que aparece cierta excusa por el tamaño de su negocio en relación al haber invertido-gastado en la construcción de la casa. En los términos en que estamos pensando se trataría de haber “plantado” tanto capital allí, que le impidió la ampliación del proyecto a escalas mayores (como ejemplifica con sus proveedores de la Huyustus: “…la gente antigua, que ahora está bien parada, los hijos ahora herencia han recibido…” -Alicia 15/01/22-).

Entonces aparece la segunda noción: el “capital rotatorio” que está asociado al dinero que se usa para reponer mercadería y ampliar el stock; pero también de allí se toma para reproducir la vida cotidiana y los gastos del propio negocio (gastos de pasivos -empleados, créditos, servicios, transporte-, gastos personales -comida, vestimenta, mantenimiento de la casa- y eventos sociales[16]-Tassi, et. al., 2013, p. 154-). Ese capital que rota es el que debe ampliarse con las ventas para hacer crecer el negocio.

En el caso de Ali, su capital llegó a reproducirse hasta el punto de tener cuatro puntos de venta y recambio de mercadería hasta dos veces a la semana (comunicación personal con Alicia, 2023). Estamos hablando aquí del período de mayor auge del negocio, entre 2005 y 2015. El capital rotatorio no es el dinero en sí de las ventas sino el propio movimiento y la capacidad de circulación de ciertas “ganancias” que no se “gastan” sino que se van reinvirtiendo para continuar el dinamismo de la venta. Para comenzar, fue necesario un préstamo, un ahorro, un capital pequeño que comienza a moverse para generar más capital capaz de ser invertido. Si el capital crece, será posible realizar viajes a la Zona Franca e incluso hubiera podido proyectar negocios con China. Pero para que esto suceda, deben pasar dos cosas: que el capital plantado no demande tanta inversión-gasto y que el capital rotatorio gire a mayor velocidad. Esto implica a su vez que los “gastos” que se pagan con capital rotatorio se achiquen y que la cantidad de venta aumente (o bien gracias a un período de bonanza económica general o bien gracias a la facilidad/capacidad para la venta -“le vendo hasta al que no quiere”- o bien gracias a la expansión del tiempo de trabajo -nos referimos a la cantidad de tiempo dedicado al trabajo de venta-).

La modalidad de negocio-proyecto que Ali narra tiene que ver con la movilidad en varios sentidos. Esto porque la clave del crecimiento del capital tiene que ver con que se venda mucho, se mueva mucho y se vuelva a comprar. La venta y el movimiento están estrechamente ligados y el equilibrio entre ambos es un desafío. La venta es fundamental para cubrir las necesidades cotidianas y los gastos en pasivos. Por su parte, el movimiento es el que verdaderamente genera capital rotatorio que se invierte en hacer crecer el negocio: “Mientras la falta de venta pone en peligro la reproducción social, la falta de movimiento está asociada con no poder invertir en el activo positivo, la mercadería. La diferencia entre venta y movimiento se encuentra en la capacidad de reinvertir la ganancia y hacer crecer el capital” (Müller, 2022, p. 207). Con Müller, podríamos afirmar también, analizando el caso de Alicia, que además de la capacidad se trata del deseo de frenar o acelerar el ritmo del capital rotatorio y en ese sentido el crecimiento del proyecto. Queremos traer a colación aquí las afirmaciones de Ali respecto al uso del dinero que genera su tienda para la participación en fiestas. En los términos en que lo estamos tematizando estos serían “gastos” de capital rotatorio, algo que también ella sugiere ha hecho crecer menos su negocio. Sin embargo, permanentemente nos recuerda que ha trabajado y ha disfrutado y piensa seguir haciéndolo: “Sí, full. O sea, yo he aprovechado el momento. Gracias a mi venta de computadoras he pasado fiestas, prestes, me he bailado un lado, otro lado, todo el tiempo. O sea, me he costeado eso. El coche que tengo es gracias a mis ventas” (Entrevista con Alicia, 15/01/22).

Yendo específicamente al modo de negocio de importación de partes para ensamblar equipos electrónicos, Alicia comparte su experiencia y visión.

Alicia: No, no. Nunca he comprado ensambladas. Siempre por partes.

Ana: ¿Y por qué es por partes?

Alicia: Porque el ensamblado es así, ‘chanchito’ se llama.

Ana: ¿Qué es eso?

Alicia: Todo por piezas, la placa, la memoria, eso hay que armarla y enciende. Las cajas, los gabinetes vacíos. Aquí yo agarro todo por caja.

Ana: ¿Y por qué es así? ¿Funciona mejor? ¿Qué beneficios…?

Alicia: Los originales obviamente vienen con recorrido. Si vienen original, quieres comprar una pieza y no hay. En cambio los que armamos si una pieza se arruina lo puedes cambiar rápido. Entonces en eso se basan los ‘chanchitos’, puedes conseguir piezas. Ahora hay gente que dice quiero original, original, los originales vienen con su software original y no puedes instalar otro Windows. (…) Viene por diferentes características, no solamente viene un Cori3 un Cori5. Hay personas que quieren Cori5 con memoria de 2 o 16. Porque si no vienen con 4 y ahora, ¿qué hacemos? Entonces se van aumentando, expandibles. Pienso que por eso. (…) Da más posibilidades de aumentar, de que el cliente, el usuario pueda expandir. (15/01/2022).

Significativamente distinto es el comercio y la producción para los imaginarios económico-industriales más clásicos. Sin embargo, lxs actorxs de las economías populares en el trajín nos muestran cómo estas actividades económicas se superponen, mezclan y nutren mutuamente. Queremos destacar aquí qué es lo que implica para Alicia haber optado por dedicarse al ensamblaje. Hay una lectura del mercado que le aporta a lxs comerciantes un saber específico respecto de la demanda. Esto hace que comercio y producción se impliquen mutuamente. El comercio alimenta la producción con ideas planteando que lo que se debe producir es aquello que se vende. Lxs comerciantes e importadorxs bolivianos han sabido trazar conexiones con productores en China para hacer llegar a Bolivia las partes o los productos elaborados bajo la demanda de estos mercados entre pequeños y medianos. Desde las economías populares en Bolivia se observa cómo la producción en estos tiempos se enfoca en las necesidades, gustos y estéticas locales promoviendo una ampliación o complementación de ambas actividades económicas: “si al principio se nota más la dinámica comercial, muy pronto se manifiesta con claridad que no se puede entender la dimensión comercial de forma separada de la producción” (Arbona, et. al. 2015, p. 71). En casos como los de Ali, vemos cómo el comercio de productos importados terminados da paso también a la producción de equipos electrónicos ensamblados según la demanda de su clientela.

GlobalNet llega a tener cuatro locales y Alicia llega a manejar un equipo de doce empleados. Todos coordinados por su administración. Como “pionera” en el negocio, junto con otros integrantes de la Asociación de Artefacteros, gestan un proyecto de compra de una galería de la zona. Proyecto que, en su caso, se ve frustrado por falta de apoyo de su pareja. ¿Qué lugar ocupan las microfinanzas y las formas de ahorro y préstamos colectivos en la trayectoria de Alicia?

Alicia: Ahora la gente trabaja, pues también prestándose del banco, muchos y al R. no le gusta. Yo me he prestado, sí. Quería comprar una galería grande. Estaba en 600 mil dólares, tenía cuatro. Los primeros que hemos sido pioneros para el ensamblado de computadoras, esos, esas cuatro personas, estamos en el directorio y hemos visto la opción: ¡compraremos! Una galería entera una galería. ¿A cuánto nos toca? A 15.000, perdón, a 150 mil dólares, ¿no ve? Ya, estaba en ahí. ¿Cuál es tu proyecto? Tenía 25 locales, tres pisos, así más o menos como la galería donde vendo yo así más o menos. Entonces, ya lo voy a hipotecar mi casa en la Bascones, con eso. La he hipotecado con 300.000, había sido equivalente a 300 mil dólares. Pero R. me dijo, como que se hacía rogar y no quería firmar. Ya llegó el día de la compra. El banco hoy día, teníamos que liquidar, digamos, la compra; al día siguiente recién sale mi crédito. Ya no quería. En vez de comprar entre cuatro han comprado tres, pero yo ya había dado 50 mil dólares para ese… teníamos que dar un adelanto. Me faltaba 100 mil dólares. Esos 100 mil dólares tenía que prestarme el banco. Al final el dinero me lo han devuelto, pero no me lo han devuelto, digamos: toma aquí está, no hemos comprado. Porque ya lo han utilizado mi dinero.

(…)

Alicia: Pero ya, me he prestado 10 mil dólares. Dos veces me he prestado. Una vez me he prestado 500 dólares. Con eso he trabajado la primera vez. La segunda vez me he prestado 10 mil dólares, con esas he arrancado mi segunda tienda. Ahorita el banco me molesta: “señora, ¿no quiere crédito?”. Nooo, les digo.

Ana: ¿Y hay muchas líneas de crédito para emprender y eso?

Alicia: Sí, si digamos eres ‘buen pago’ como se dice, te ofrecen.

Ana: ¿Y de qué bancos hay?

Alicia: Yo tengo del Crédito, del Prodem, tengo asesores. Del Crédito más que todo. En la primera también tenía, tenía dinero en tres bancos yo tenía dinero. Y el día que me han fiscalizado iba a sacar plata… Pfff! Pero igual, me la he gastado pagando impuestos.

(…)

El famoso ‘pasanaku’. Tengo dos números. Este primero de febrero termino, mira desde el año pasado hemos jugado dos números por 60.000 bolivianos. Entonces me toca un número pagar y vamos a empezar a jugar de nuevo. No tiene interés, nada.

Ana: ¿Y con quienes haces ‘pasanaku’?

Alicia: Con la galería. Jugamos y también vemos la responsabilidad de cada persona. Porque hay gente también que no vale la pena. Irresponsabilidad.

Ana: Pero tienen que ser… ¿cuantos más o menos para formar un pasanaku?

Alicia: No, no hay un límite… Ahora por ejemplo, sacamos las tres digamos, ahorita las tres cada mes a 3000 son 6000 nos sorteamos, pero si somos entre 6 o 10 conviene. Sacamos otro dinero.

Ana: ¿Todos los meses es el sorteo?

Alicia: Sí, nosotros ya tenemos los números y me tocó el 4 y el 2. Ya, un número más me falta y el primero de febrero voy a pagar, con eso ya terminamos. Y ahí vamos a empezar a jugar de nuevo.

Ana: ¿Y qué te tocó en el sorteo?

Alicia: Sí, eramos once, once de…

Ana: Claro, eso es una platita también como un ahorro…

Alicia: ¡Pucha! Te ayuda, pues. Es un dinero que no te pide…si te toca el número 10 u 11 no lo utilizas, pero sí te sirve como ahorro. Todo el año. (15/01/22).

Existen diversas formas de conseguir capital para invertir. El pasanaku[17] como fondo de financiamiento de proyectos productivos, laborales y de vida ha acompañado más de una puesta de negocios. Sin embargo, en este caso vemos mezclarse esta forma de ahorro y finanza colectiva-comunitaria con la aparición de los bancos y las entidades microfinancieras en su interés por financiar al sector; un rasgo que emerge con más fuerza en los años 2000 (Tassi, et. al., 2013) pero que cuenta con una tradición neoliberal que data desde los años ‘80, anclada en una lógica de ONG’s que se transforman en banca local (Rivera Cusicanqui, 1996; Müller, 2022). Tematizaremos con más detalle esta cuestión en el apartado siguiente, ahora basta mencionar que el modo en que las finanzas se vuelven un mecanismo no sólo bancario y de las empresas financieras en modo abstracto; sino también colectivo y ligado a relaciones de confianza mutua, hace que los negocios en el rubro del comercio y la producción popular en Bolivia tengan características y tomen dimensiones bien particulares. Finamente, como otra forma de ahorro y financiamiento está la figura del anticrético[18] para el arriendo de locales. Se trata de un mecanismo al que Alicia recurrió y se suele utilizar al iniciar los negocios. Lo que ella nos advierte es que esta modalidad ya ha virado hacia la forma de alquiler “común” en algunas galerías y zonas del área comercial. Según expresa, esto estaría relacionado con el crecimiento del tipo de negocio, la cantidad de locales y la competencia (Alicia, comunicación personal, mayo 2023).

A partir de su trabajo, Ali ha logrado contribuir al bienestar económico de toda la familia. Compró la casa en la que sus xadres habían vivido alquilando, aporta a los estudios de sus hermanas y se dedica a formar a su hijo como sucesor de la empresa, a la par que fomenta sus estudios universitarios. Su crecimiento económico ha tenido, a lo largo de diecinueve años, un rumbo exponencial. Sin embargo, el modo en que caracteriza su proyecto no responde sin más a formas de acumulación de ganancias o cambios de situación socio-cultural del clásico ascenso social capitalista, que suele verse reflejado en trayectorias de vida con un cambio de clase o status. Este rasgo en la historia de vida de Alicia es algo que buscamos entender dentro de una lógica de acumulación y distribución diversa. Tal como veíamos en el capítulo anterior, su trayectoria, no sigue la lógica acumulativa individual y progresiva, se desplaza hacia otras relaciones (familia, parentesco, comunidad, fraternidad) y hacia modos no jerárquicos y no verticalistas. Más bien nos brinda elementos para pensar su proyecto como una plataforma de generación de ingresos que permite la acumulación de ganancias para la construcción y estabilización socio-económica de la familia ampliada.

Por otra parte, lejos de auto afirmarse como una poderosa proveedora de bienestar familiar sin más, y con una visión de negocio muy clara, Alicia se “lamenta” de no haber tenido más apoyo material, en dinero, de parte de su familia. De este modo, reivindica positivamente su lugar en la familia en relación a sus hermanas y sus xadres; no sólo respecto a lo que provee sino también a lo que genera.

“…no ha sido fácil mi vida. Por eso a veces, mis hermanos lo tienen fácil porque ellos se han hecho ya, yo no, yo he tenido que…mi mamá me ha apoyado con mi hijo no digo que no, pero hubiese sido lindo también que todo lo que estoy haciendo alguien me hubiera apoyado… con dinero. Pero no…” (Entrevista con Alicia 13/01/2022). A una de sus hermanas le cedió un local para trabajar en el rubro junto con su pareja, quien era técnico de su negocio anteriormente, en clara señal de expansión y diversificación fractal[19]. Una característica del modo de acumulación que señalábamos en el capítulo anterior respecto de lxs migrantes en Buenos Aires, se reitera aquí en la diversificación de unidades de comercio que se distribuyen entre lxs miembrxs de la familia para ser trabajado por cuenta propia.

El momento de mayor auge del negocio se da entre el 2005 y 2015 y en su relato se caracteriza por gestos, palabras y descripciones de expansión que conjugaron trabajo y fiesta. El período de menos crecimiento a partir de 2015, estuvo profundizado por un proceso complejo de fiscalización que en 2018 le implicó el cierre de tres de sus cuatro locales. El balance que hace Ali de su vida laboral en general tiene aspectos sumamente relevantes para pensar la vinculación entre trabajo-ocio, productividad-goce; pero también cargas, trabajos múltiples, preocupaciones y sostenes.

Alicia: Trabajaba en la tienda. Prácticamente he llegado a tener doce empleados. (…) No voy a negar. Es que digamos, si no hubiese hecho esas fiestas y pasado, he gastado, hubiera tenido más para gastar pero…¿no? Ha sido tal vez el momento de la diversión, que tenía plata y me he ido y me he hecho fiestas y la pachanga, ¿no? Pero viendo todo esto que pasa también digo… estás viendo las cosas que pasan, me he divertido.. (…) porque has trabajado y te has divertido. (…) Me he vestido, he bailado, he pasado fiesta. Me he ido de viajes. Me he sacado autos cero kilómetro. Tenía un rosadito cero kilómetro. Obviamente tampoco dejando de lado a R. con su profesión. No dejaba que él gaste. No, yo pagaba, tenía empleada. A. estaba en colegio particular, le he sacado desde kínder hasta bachiller todo particular. Ponía todo lo que es para cocinar, víveres, todo. Pagaba luz, teléfono, T.V. cable, todo. Todo de la tienda. Toda la vestimenta, todos los gastos, hasta ahora es “vamos a bailar…”, yo pagaba todo (…) Sí, me ha ido bien. Desde el año 2018 debe ser, ya empezó a bajar la venta. Desde el 2017, 2018 me han fiscalizado la renta. Cinco años he pagado impuestos, he pagado más de 150 mil dólares. A lo cual he tenido que cerrar mi tienda, han bajado las ventas, me visto sola. He empezado a salir de nuevo, de cero. (…) Porque había comprado mercadería con factura clonada, esa ha sido la situación. En cinco años he terminado de pagar, hasta el 2020 he pagado. Tenía cuenta en dos bancos, tenía un buen monto de dinero. Cada mes la renta no te perdonaba, era 30 mil, 50mil, 70mil y así. Querían embargarme esta casa y yo no he querido. Entonces voy a pagar. He pagado, vendí el otro coche, me he quedado con este. He ido de picada pero me he levantado sola. Ni R. me ha ayudado, me he levantado sola. (…) Ya no tenía nada. He empezado a trabajar de nuevo. De cero.

Ana: ¿cerraste ahí tiendas?

Alicia: Sí, me quedé con unita no más. Con ese uno estoy ahorita, con eso he empezado a trabajar, y estaba recuperándome y mi mamá se ha enfermado, ha fallecido. Ha llegado la pandemia, en la pandemia he aprovechado la venta. Gracias a la pandemia he hecho construir lo que tengo ahora, sé que me falta harto, lo voy a lograr, por eso estoy en este trabajo que estoy ahora. (15/01/2022).

Este último fragmento en extenso de su trayectoria llega a colocarse aquí para luego poder analizar el modo en que Alicia nos cuenta de una infinidad de capas superpuestas de trabajo y producción-reproducción ampliada de la vida en las que ella se narra como “sola”. Profundizaremos este aspecto en el apartado siguiente.

En 2018 sufre la pérdida por embargo de tres locales y debe empezar casi de cero. Se quedó con un solo local, fue pagando la deuda y reconstruyendo el negocio nuevamente “desde abajo”. En la pandemia (2020-2021) el rubro de productos informática tuvo un repunte importante y eso ayudó a salir de varios años de caída del rendimiento del negocio, merced a esa deuda con el Estado. Durante los períodos de cuarentena, ya sin ningún empleado/a a su cargo, no paró de trabajar y a su vez consiguió un trabajo en relación de dependencia en la Alcaldía de La Paz como chofera (regresando nuevamente a sus inicios laborales). Actualmente está construyendo una casa de campo en la zona de Achocalla; la que planea que sea espacio para la familia pero también de alquiler temporario tipo turístico. Encontramos acá otra nueva forma de inversión y reaseguro que también es muy común entre lxs comerciantes populares para ir dejando el comercio cuando se enfrentan con el cansancio de este tipo de trabajo (Müller, 2015). Planea que su hijo pueda quedarse con el negocio en El Alto, objetivo para el cual lo lleva con ella frecuentemente a la tienda. Actualmente su interés no es volverse una empresa (aunque en algún momento de su trayectoria haya tendido a eso) sino seguir siendo un negocio estable que le deje una herencia productiva a la generación siguiente: A.

Imagen 11 – Secuencia visual trayectoria de Alicia

 

1- Fiesta con autoridades del Sindicato de Transporte Litoral; 2- Credencial Sindicato de Transporte Litoral; 3- Alicia y su ayudante de minibús; 4- Credencial Federación de Trabajadores Gremiales, Artesanos y Comerciantes, Ciudad de El Alto, Secretaria de Hacienda, 2007-2008; 5- Alicia cantando en el escenario. Fiesta en Chijmuni, 2018; 6- Foto grupal con Alicia. Fiesta en Chijmuni, 2018.

4.3 Entre lo comunitario y lo individual, lo local y lo global

Los mapas del trajín que la trayectoria de Alicia nos ofrece abren una diversidad de escenas que se mueven entre lo comunitario y lo individual, lo global y lo local. Tal como venimos desarrollando, no es posible pensar las estrategias de economías populares ancladas en territorios fijos; por eso hablamos de que las economías populares en el trajín producen los territorios en los que operan. Queremos en este apartado observar los juegos de escalas que estas dinámicas presentan; y, enfocando desde el relato de experiencias personales, pensar las formas de la subjetividad que las economías en el trajín nos presentan en tiempos contemporáneos.

Desde el punto de vista de las lógicas comunitarias vemos en la historia de Alicia una multiplicidad de formas colectivas de las que participa y que entendemos afirmadas desde lo local. Observamos, así mismo, determinadas relaciones y redes que la ayudan a ir abriéndose camino primero como transportista, luego como comerciante cuentapropista desde Villa Dolores, posteriormente importadora desde Iquique; para consolidar su negocio en el ensamblaje como su “nicho de mercado” -con el que ella amplía los mapas de venta hacia otras partes del país y de la región-. Por otra parte, vemos como Ali afirma su especificidad de comerciante recortándose y a la vez reconociéndose en lo comunitario. Hay un poder y un saber con el que ella cuenta que la han llevado hasta el lugar en el que está (el saber vender -herencia de su madre-, el participar de espacios colectivos de organización del comercio popular y en fraternidades) y, al mismo tiempo, hay una serie de decisiones, cálculos, “arrojos” y trabajos cotidianos que representan el esfuerzo personal-individual realizado para consolidar el negocio (desde iniciar recorrido a las 4 a.m. para hacer rendir el minibús, pasando por su “visión” en el rubro y aventurarse hacia Iquique, hasta el “no pedir nada a nadie” para financiar y hacer crecer su proyecto, aún en los momentos más críticos del mismo).

Sorprende en ciertas partes de su narrativa el modo en que Alicia caracteriza su derrotero laboral, de vida -e incluso de familia-, como estando “sola”, llevando adelante un gran cúmulo de esfuerzos individuales. Llama la atención porque en cierto sentido quiebra una narrativa “colectivista o comunitaria” que, con mucho fundamento empírico y análisis sólidos, los estudios etnográficos sobre el comercio popular, la movilidad y economías populares en Bolivia nos invitan a pensar (Tassi, et. al., 2013; Arbona, et. al., 2015, Tassi y Poma, 2020). ¿Cómo aparece esta idea de “soledad” y a qué responde? No es posible hablar de ella en términos de “empresaria de sí” al modo que Foucault (2007) piensa un tipo de configuración de la subjetividad que emerge en tiempos neoliberales. Sin embargo, aparece recurrentemente como productora o gestora de tantísima vida personal y en común sostenida “solo” por ella; que este tipo de figura nos obliga a dar cuenta de la especificidad de individualidades emergentes en el crecimiento del comercio popular transnacional desde Bolivia.

Por su parte, en el cruce entre la lógica local y global Alicia narra de modo naturalizado el hecho de “ir a la Zofri” o el modo en que algunos compadres/comadres importan directamente de China y son sus proveedores en Huyustus; sin detenerse en ningún momento en subrayar la escala regional y global de su trabajo, lo cual no significa que no tengan registro de ella. Comerciantes como Alicia, vieron antes que muchos diplomáticos o empresarios de las élites locales y regionales de América Latina lo que China iba a ser para la región. Sabemos que en los mapas del trajín contemporáneo están operando, sin ser nombradas, ciertas institucionalidades populares que lidian de modos bien particulares con las infraestructuras de la globalización (transnacionalización del capital, acuerdos de libre comercio, des-anclaje del trabajo de la realidad local, flexibilización, etc.) (Arbona, et. al., 2015) ¿Cómo no pensar en la centralidad del factor China a nivel global en los ‘90 y 2000 para analizar la expansión del comercio popular de manufacturas en Bolivia y la región? (Alba Vega, et. al., 2015). Sin embargo, como decíamos al principio de este capítulo, no se trata de pensar China o entender China, sino de leer el rol de China desde las economías populares en el trajín y ver la ampliación de mapas que lxs comerciantes transnacionales fueron generando a partir de una lectura aguda de la economía mundial.

Todo este juego y yuxtaposición de lógicas y escalas aparece en la trayectoria de Alicia. El desafío de este apartado será analizarlo centrando el foco en una dimensión subjetiva. Creemos es allí donde las particularidades y formas heterogéneas de las economías populares en tiempos contemporáneos pueden ser visualizadas en su complejidad.

4.3.1 Modos de mirar: globalización y neoliberalismo “desde abajo”

La idea de “globalización” aparece en los años ‘90 de la mano de los estudios sobre las transformaciones del mundo capitalista y del Estado (Hirsch, 1996; Holloway, 1993; Sassen, 1999). Una manera en que se pensó la reestructuración del capital en ese tiempo fue a través de conceptuar la aceleración de su circulación a nivel global. Allí se populariza el término, tanto teórica como políticamente. Hirsch (1996) es uno de los primeros en hablar de economía postfordista entendiendo que desde principios de los ‘80 emergen los “Estados nacionales de competencia” que se disputan el aterrizaje del capital global en sus territorios. En este sentido, se empieza a pensar de distintas maneras la des-estructuración del mundo del trabajo asalariado, las formas en las que el capital se des-territorializa y des-nacionaliza (Holloway, 1993; Sassen, 1999), marcando una profunda transformación respecto del tiempo anterior en que todavía el capital se asociaba a las naciones y se distinguía por sectores. La globalización devela, entonces, lo que el capital siempre fue: esa dinámica con tendencia a la des-territorialización y atomización, cada vez menos asociado a un sector porque se ubica en espacios productivos diversos de acuerdo a su rentabilidad. Además, por esa velocidad de movimiento, también deja de ser asociado a estados-nacionales.

A principios de los 2000 aparecen las teorizaciones sobre alter-globalización y los movimientos contra-globalización, que plantean un antagonismo teórico-político potente frente a los procesos de des-nacionalización y re-localización del capital. Contrageorgrafías de la globalización. Género y ciudadanía en los circuitos transfronterizos es un importante trabajo de Sassen (2003) en el que la socióloga habla del “lado B” de la globalización; planteando la existencia de circuitos transfronterizos diversos, rentables, con dinámicas cambiantes que generan beneficios para empresas transnacionales a costa de quienes en el mundo están en situaciones desventajosas. Sassen llama la atención sobre la inscripción de una cantidad numerosa de mujeres de las llamadas “economías en desarrollo” que ingresan a estos circuitos globales; e intenta cartografiar cómo la feminización de la supervivencia -propia del desmantelamiento de los Estados de bienestar- se conecta con la internacionalización de la producción manufacturera y la feminización del proletariado migrante.

Finalmente, desde la segunda década de los años dos mil un conjunto de estudios desde diversos puntos del mundo, se interesan por entender las formas en que, quienes no son directos beneficiarios del proceso de globalización entendido en aquellos términos de los ‘90; sin embargo han ido ingresando a la economía global aprovechando las oportunidades, herramientas, logísticas, tecnologías de la información, comunicación y transporte que el fenómeno permitió desarrollar. Aplicando métodos etnográficos y de observación participante impulsan nuevos conceptos: el de “globalización desde abajo” (Alba Vega, et. al., 2015) junto con los de “globalización popular” y la conformación de un “sistema mundial no-hegemónico” (Ribeiro, 2007) cobran gran relevancia. Es importante enmarcar el modo en que lxs actores que estos estudios caracterizan aprovechan los beneficios de la globalización y se apropian de ellos con un saber experto, ocupando espacios distintos a los concentrados por las empresas transnacionales. Estos autores sostienen que los actores de esta “otra” globalización “pasan por debajo del radar” y consolidan “nichos de mercado” allí donde las empresas transnacionales no acceden (Alba Vega, et. al., 2015). La idea de “globalización desde abajo” no es opuesta a la “globalización por arriba”, es más: los actores de estas economías “no buscan derribar el orden económico establecido de su sociedad, sino simplemente ganarse la vida en su seno” (Ibid., p. 39)[20].

Varios autores en el libro colectivo Globalización desde abajo. La otra economía mundial. (Alba Vega, et. al., 2015) sostienen que la “globalización desde abajo” existe porque resuelve problemas que la “globalización desde arriba” no puede resolver; dando trabajo e ingreso necesario para adquirir bienes que históricamente le han sido negados a los sectores populares. “Nosotros creamos soluciones, no problemas. Los bienes que un montón de personas no podrían comprar, nosotros los acercamos a esa gente. Además generamos presión sobre los precios de los productos originales”, afirma un comerciante de México en el estudio de Alba Vega (Ibid., p. 2). Es muy interesante ver cómo las ideas de consumo, progreso, y cierta “apertura global”, emergen como razones para admitir que la globalización desde abajo es un proceso que se plantea como posibilidad para las grandes mayorías del mundo. De hecho, si pensamos concretamente en el caso de Alicia, no podemos negar que ha sido por comerciantes como ella, algunas anteriores y otras posteriores, que las clases medias y populares de Bolivia -y, nos animamos a afirmar- de toda la región tienen hoy acceso a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Sin embargo, también podemos visualizar en esta dinámica “democratizadora del consumo” las conexiones entre procesos y tendencias globales que se cristalizan como posibilidad de la globalización desde abajo y que, al mismo tiempo, nos ponen de frente a una multiplicidad de dimensiones críticas a las que asistimos en tiempos contemporáneos. El aumento del consumo transforma territorios porque se conecta con la extracción minera, petrolera, pero también con la mano de obra barata migrante que produce en una industria desacoplada y flexibilizada. El consumo se conecta con la financierización, que a su vez viene por efecto del aumento de la deuda pública de los Estados que precariza las vidas, fundamentalmente de mujeres que son quienes aún hoy, siglo XXI, cargan con la mayor cantidad de trabajos de cuidados familiares y comunitarios (Gago y Cavallero, 2022). Todas estas operaciones extractivas del capital (Gago, Mezzadra, 2015) no desestiman el poder diversificador y democratizante del proceso llamado “globalización desde abajo”; pero resulta preciso tenerlas presentes a los fines de visualizar y plantear una cartografía de alta complejidad respecto del movimiento del capital a nivel global.

Las investigaciones etnográficas de economías populares en Bolivia siguen ciertos lineamientos del marco teórico de la “globalización desde abajo”. Mientras la visión “por arriba” presenta a los actores económicos bolivianos como “víctimas” de los procesos de las últimas cuatro décadas de transnacionalización del capital; ellxs muestran que esas supuestas “víctimas” son agentes económicos con gran potencia (Arbona, et. al., 2015, p. 131). En estos estudios la idea de “institucionalidad intersticial” es un concepto clave. Se trata de analizar los modos en que lxs comerciantes populares logran establecer rutas y espacios comerciales en zonas periféricas con tamaño de mercado reducido y/o muy heterogéneo, con déficit de infraestructura de transporte; todos elementos que implican un riesgo que las grandes empresas prefieren no correr. Por lo tanto, lxs comerciantes populares aprovechan estos espacios como “nichos económicos”. “Esta institucionalidad propia genera una serie de prácticas e ideas que contienen la intervención del aparato burocrático estatal y de empresas foráneas” (Tassi, et. Al, 2013, p. 118). Los actores de la economía popular se afirman así como agentes de mercado, comercio y producción popular “en sus propios términos” (Ibid.). La idea de globalización desde abajo es de utilidad para visualizar y trazar los mapas que en diversas escalas nos muestran estas dinámicas. Los trabajos sobre Bolivia, en estos términos nos permiten, a su vez, “provincializar la mirada” (Tassi y Poma, 2020) respecto de rutas, clústers populares, actores en juego y espacios de disputa con las dinámicas de la globalización del capital en tiempos contemporáneos.

Reconociendo el gran aporte que estos trabajos significan para la presente investigación, la perspectiva de “globalización” no nos permite mirar dimensiones subjetivas que propongo analizar desde las trayectorias. Entendemos que efectivamente estos actores han logrado consolidar y apropiarse de infraestructuras de la globalización a partir de:

…la capacidad de afincarse, expandir y articular estructuras e instituciones ‘tradicionales’ existentes (…) con el fin de generar márgenes de autonomía y no ser reducidos a simples enseres a merced de las reglas del capital (Arbona, et. al., 2015, pp. 131-132).

Sin embargo, la perspectiva que sigo en este análisis se enfoca desde la idea de neoliberalismo “desde abajo” (Gago, 2014) porque se propone mirar específicamente el modo en que esta nueva configuración del capitalismo opera sobre nuestras subjetividades. Es decir, que no sólo aparece como transformaciones globales en su flujo. El neoliberalismo como racionalidad, como la constitución misma de la gubernamentalidad, en el sentido de Foucault (2007) -y no como un mero cambio de reglas del mercado y del Estado-; pero en la misma topografía “desde abajo” es decir, tironeada, apropiada, desafiada y también relanzada por quienes se suponen son sus víctimas (Ibid., p. 303); nos permite indagar, a mi modo de ver, las formas de la subjetividad que las transformaciones económico-políticas globales de las que venimos hablando, han cristalizado. Permite recorrer las distintas escalas desde una intimidad[21] que nos brinda más elementos para pensar las dinámicas del capital en la actualidad en/desde las economías populares en el trajín.

La categoría neoliberalismo desde abajo (Gago, 2014) tiene la capacidad de leer elementos subjetivos y contradictorios y constituye una herramienta muy útil para dar cuenta de las conexiones entre las transformaciones del capitalismo a nivel global, su aterrizaje neoliberal en nuestros territorios latinoamericanos (que, no nos olvidemos, han sido siempre a través de la violencia) y las subjetividades que se van configurando en este proceso de disputa política. Es decir, nos permite mirar no sólo lo que pasa con el capital y su estructura a nivel global, sino lo que esto significa en términos de subjetividad, de régimen de subjetividades.

Al mismo tiempo, insistiendo en que no pretendo dejar de lado los enfoques que toman al “comercio popular globalizado” como el qué del análisis; me interesa pensar éste más cerca del modo en que lo comprende y analiza Juliane Müller (2022). La autora nos permite visualizar la compleja articulación de actores que emergen, crecen, se transforman y reubican en ensamblajes múltiples a raíz del despliegue de dinámicas de economías populares vinculadas al comercio popular globalizado. Su interés esta puesto en pensar los “intersticios” considerando los distintos grupos de actores que emergen en estos espacios. Sin dejar de visualizar la diferenciación y estratificación interna, la amplificación, las transformaciones del mercado; Müller enfoca, por ejemplo, la acción y el crecimiento de los bancos de microcrédito y las articulaciones complejas entre distribuidores, proveedores, agentes aduaneros, etc.

En lo que sigue, indagaré la trayectoria de Alicia bajo esta lupa a través de dos imágenes que nos permiten caracterizar potencias y tensiones en las subjetividades trajinantes contemporáneas. En el vínculo de elementos capitalistas, propios del mundo neoliberal, y ciertas apropiaciones creativas y contradictorias desde su aterrizaje en el mundo andino; la primera imagen visualiza el modo en que Alicia “hace mercado” (Müller, 2022) enfocando la aparición de herramientas financieras en su proyecto como parte de ese devenir. La segunda, por su parte, nos presenta a una Alicia con amplia participación en colectivos y asociaciones -actualizando en su figura una historia gremial, festiva y comunitaria con memoria larga- que se contrasta con la “soledad” que expresa en sus narraciones sobre los momentos más álgidos del negocio.

4.3.2 – Inversión, producción y democratización del consumo

El Alto se ha ido convirtiendo desde los 2000 en un espacio articulador entre dinámicas de importación de productos manufacturados a Bolivia vía Pacífico y las realidades económicas diversas que constituyen el resto del país. Los comerciantes populares mantienen una conexión capilar y simultánea con muchos territorios y mercados estratégicos dentro de Bolivia e incluso más allá de sus fronteras ampliando mapas de conexión con toda la región (Tassi, et. al., 2013, p. 115 y Tassi y Poma, 2020). Como veíamos con Alicia los lugares de distribución de equipos electrónicos ensamblados recorren desde Tarija hasta Santa Cruz pasando por Cochabamba, Cobija, Beni, Oruro e incluso se extienden hasta Perú y Brasil. Mientras en los ‘90 Huyustus y Eloy Salmón en La Paz concentraban el comercio popular al por mayor y también eran los lugares más reconocidos de venta minorista; en los 2000 El Alto se convierte en la puerta al mundo rural del comercio popular y la vía de acceso más natural para hacer llegar sus productos a toda la región.

La expresión “hacer mercado” que Müller (2022) construye para caracterizar el devenir y despliegue de la zona comercial Huyustus y Eloy Salmón (La Paz) y poder dar cuenta de procesos graduales, repletos de esfuerzos individuales y colectivos, prácticas, luchas y saberes en movimiento; nos sirve aquí para preguntarnos: ¿en qué consistió para Alicia “hacer mercado” en Villa Dolores?

En primer lugar “hacer mercado” se trata de la participación y el fortalecimiento de grupalidades, asociaciones, gremiales que son las que velan por necesidades específicas del comercio urbano en la diaria (Ibid., p. 69). La ocupación de la calle con puestos, las habilitaciones y disposiciones reglamentarias, la fiscalización, pasan por una relación intensa entre las organizaciones gremiales y el Estado. Alicia es parte de la Asociación de Artefacteros y Línea Blanca y esta articulación es un elemento fundamental que le ha permitido el ingreso al sector con gran protagonismo. Si bien nos demoraremos un poco más en el siguiente apartado reflexionando sobre la importancia de la organización gremial y su historia en Bolivia; cabe aquí señalar que es éste un espacio de participación política fundamental que define el poder o no poder hacer mercado en un territorio determinado. Las asociaciones como las que Alicia integra brindan legitimidad, autoridad y autonomía a los negocios del comercio popular urbano (Ibid., p. 98); y es a través de estas formas de pertenencia que los negocios crecen y se afirman en diversos territorios.

En la trayectoria de Ali también observamos cómo la participación política va variando a lo largo del tiempo. Integró el Sindicato de Transporte Litoral cuando era chofera y en el rubro del comercio y la importación hizo parte -como decíamos más arriba- de la Asociación de Artefacteros y Línea Blanca de El Alto. Actualmente, cuando se encuentra con un sólo local en galería y su relación con el espacio urbano callejero se ha achicado, manifiesta ya no formar parte. Simultáneamente, sus pertenencias se transforman y deviene protagonista de una de las fraternidades más importantes de Bolivia; sus lazos, alianzas y reciprocidades se dan hoy en día más en el plano de estas organizaciones.

“Hacer mercado” también es “hacer plata sin plata” (Tassi, et. al., 2013). Es decir hacer plata con vínculos, contactos y redes; pero también hacer plata con estrategias financieras. Coloco el plural porque, como explicitábamos en la narrativa de Ali, no hay una sola forma de hacerse del capital necesario para invertir y potenciar el negocio. Alicia combina el préstamo familiar con el microcrédito bancario y el pasanaku. Recurre a todo aquello para consolidar su lugar en el mercado. A través de alianzas con proveedoras, sus “caseras” de la Huyustus, comienza el derrotero que ya hemos comentado; pero poco tiempo después de su primera inversión, aparece claramente en su relato la intervención de la microfinanza para hacer crecer el negocio y que éste tome otras dimensiones.

Es en este punto que nos dejamos exhortar por Silvia Rivera Cusicanqui recordando un texto clásico escrito en plena crisis del modelo neoliberal en Bolivia. Nos referimos a Bircholas. Trabajo de mujeres: explotación capitalista y opresión colonial entre las migrantes aymaras de La Paz y El Alto (1996) en el que socióloga nos propone pensar el mercado colonialmente estratificado en términos étnicos y, en particular, en términos de género. Podría traducir esta advertencia a los fines del presente apartado como: es necesario indagar el modo en que las mujeres de sectores populares se las han ingeniado dentro de un mercado fundamentalmente racista y anti-indígena-campesino, anti-pueblo, sorteando diversas capas históricas de consolidación de relaciones de dominación y formas de inclusión pactada o condicionadas (Ibid., p. 8); para “hacer mercado”. No es que la dimensión de género aparezca desacoplada de la étnica sino, muy por el contrario, Rivera Cusicanqui nos invita a pensar su yuxtaposición y el modo en que ambas han “erosionando los antiguos poderes simbólicos y sociales detentados por las mujeres indígenas” (Ibid., p. 2), para lograr en parte “aplanar” u homogeneizar todas las figuras femeninas[22] en una:

Ellas deben combinar su papel como trabajadoras o empresarias y sostenedoras del hogar, con el de madres de familia y ejes de diversas redes de parentela, paisanaje y vecindad sobre las cuales, frecuentemente, se asienta y consolida el éxito de su negocio y la estabilidad de su matrimonio. La propia “invisibilidad” que paradójicamente encubre esta doble y hasta triple jornada femenina, revela el tipo de representaciones culturales que configura la dominación de género (Ibid., p. 81).

En primer lugar, y para decirlo sucintamente -a riesgo de simplificar- debemos establecer que el mercado segmentado se construye desde la colonia pero que es en el proceso de desarrollo que Bolivia ha ido experimentando desde mediados del siglo XX, primordialmente después de la Revolución Nacional de 1952[23] -que efectivamente ha llevado a mejoras en la calidad de vida y ascenso social de grandes mayorías en Bolivia-; donde se ha querido instalar esta “maternalización” de las mujeres bolivianas que, de todas maneras, no reniegan de su pasado campesino-indígena y del poder que sus historias condensan.

Una genealogía de figuras femeninas conectan a la trajinante y la arriera con la qhatera y la poderosa chichera, llegando hasta principios del siglo XX con la contundente fuerza de organización gremial de floristas, culinarias y trabajadoras de los mercados. Estudios antropológicos, etnohistóricos y sociológicos abundantes (Lehm y Rivera, 2013; Harris, 1980; Barragán, 1992) y hasta relatos de ciencia ficción (Spedding, 2004) dan cuenta de este poder femenino y una enormidad de formas diversas de vivencia del mundo político, social y económico en perspectiva de género, que recorre todos los horizontes temporales (desde la pre-colonia, pasando por el sistema colonial y hasta el siglo XX).

Imagen 12 – Lámina “República Boliviana Oruro. Challapateños” por Melchor María Mercado

Extraída de Melchor María Mercado (1991) Álbum de paisajes, tipos humanos y costumbres de Bolivia con Introducción de Gunnar Mendoza Loza. Archivo y Biblioteca Nacional de Bolivia. https://bit.ly/48RbVZl[24]

Esta lámina es analizada por Rivera Cusicanqui desde la sociología de la imagen proponiendo la siguiente interpretación:

…como ya lo ilustrara Melchor María Mercado para el siglo XIX, este marco normativo contradice radicalmente las prácticas cotidianas de miles de mujeres indígenas y populares de todos los confines del país. Así, en sus trajines por Oruro y Potosí, Mercado retrata a grupos mixtos de arrieros y caminantes, con un lujo de detalles que caracteriza muy bien los papeles sociales y económicos. En las siguientes figuras, las mujeres de Porco y Chayanta, tanto como las arrieras de Challapata, ostensiblemente trabajan: cargan, hilan, caminan y llevan a sus wawas en sus ‘trajines’, cierto que detrás de sus cónyugues, pero exhibiendo actitudes y desempeñando actividades propias que no dejan de conferirles un gesto de autonomía (Rivera Cusicanqui, 1996, p. 64).

Rescatamos esta figura porque proponemos su conexión dialéctica con la trayectoria de Alicia. Ali puede ser pensada como actualizando la imagen de la trajinante contemporánea: haciendo mercado desde el movimiento y su capacidad de negocianta heredada de su madre Basilia. Mujeres como la mamá de Alicia se vuelven comerciantes y buscan ascender socialmente en un mercado estratificado por la etnia y por el género. “Hacer mercado” para Alicia, entonces, como para las señoras de la Huyustus, es lidiar con todo ese universo de invisibilizaciones y actividades/trabajos superpuestos. ¿Qué es lo que sucede cuando, a partir de los ‘90, las finanzas apelan a ellas?. Y ¿qué nos permite pensar este nuevo elemento en una re-actualización de la inserción de sectores populares (mestizos, cholos) en el mercado?[25].

En los ‘90 a través de organizaciones no gubernamentales (ONG) se comienzan a impulsar programas de “ayuda al desarrollo” para sectores populares. Las mujeres comerciantes, migrantes y campesinas-indígenas resultan ser población destinataria merced a la estratificación antes comentada. Dichas ONG’s se convierten luego en bancos formales que ofrecen microcréditos para el desarrollo de negocios e impulsan fundamentalmente la inversión en el comercio y la producción popular. La primera hipótesis de Rivera Cusicanqui, con la que coincidimos aquí, es que la apertura de este tipo de créditos -el estudio versa sobre clientas del Banco Sol- responde a una demanda insatisfecha de personas excluidas de la ‘economía formal’ por mecanismos de colonialismo interno, lo cual explica el aumento de clientes a pesar del alza en las tasas de interés (Ibid., p. 74). Una segunda hipótesis es que el proceso permitirá (utilizamos el futuro tal como aparece en estudio referenciado, realizado en los ‘90) la reproducción de la desigualdad y segmentación de los mercados de crédito, mientras generará una reestructuración de las redes sociales internas en los sectores migrantes (podríamos pensar comerciantes), que se traducirá en una estratificación más profunda del mercado laboral (Ibid.). Esta segunda hipótesis es argumentada positivamente por la autora a través de una serie de análisis de datos de entrevistas y relatos de historias de vida de mujeres destinatarias de los créditos que muestran de qué modo las entidades financieras van cooptando ciertas redes y relaciones de comadrazgo, reciprocidad para su propio beneficio[26]. Rivera muestra que uno de los ejes centrales de articulación de este tipo de “ayudas al desarrollo” tiene que ver con “no exigir garantías hipotecarias ni prendatarias a sus clientas, sustituyéndolas por un sistema de autoseguimiento y control basado en el modelo de los ‘grupos solidarios’…” (Ibid., p. 135). Estos colectivos generan una dinámica particular en la que una de sus miembros cumple la función de responsable ante el Banco y se encarga de mantener los pagos al día. Lo que intenta marcar es que las formas comunitarias de organización de los negocios y las redes sociales puestas en juego comienzan a verse afectadas por el ingreso de la lógica financiera y su captación obediente. De todos modos, al tiempo que se intenta modelar la conducta de las prestatarias, las historias de vida estudiadas comprueban que las clientas también se sirven de mecanismos para sortear la presión de la Banca.

Desde ópticas más recientes podemos pensar que, como señala Müller (2022, p. 211), la penetración de las finanzas en las dinámicas populares-comunitarias se ha consolidado y que también éstas se recombinan con otras estrategias colectivas. Es posible sostener al mismo tiempo que, en su revés, la Banca se ha vuelto “deudora” del poder de crecimiento de los negocios de las comerciantes. En el cruce entre “hacer mercado” y la penetración de la microfinanza se ve cómo el crecimiento de uno potencia el crecimiento del otro (Ibid., p. 217). En este sentido, también podemos hipotetizar que las mujeres comerciantes, en el contexto del nuevo milenio, continúan siendo las principales y primeras destinatarias de las líneas de microcrédito de entidades financieras, básicamente porque cuentan con un saber-hacer mercado que expande al mismo tiempo su negocio y toda economía circundante.

Por otra parte, también es cierto que, como resaltaba Cusicanqui para los ‘90 y afirma Müller en tiempos más actuales, las finanzas operan a un nivel del negocio y las redes comunitarias que van transformando las relaciones entre las comerciantes y sus conductas respecto a la toma de préstamos. Si bien ya no se adoptan formas de crédito solidario y con modalidad colectiva sino que se dirigen al individuo; todos estas dinámicas van generando un tipo particular de disciplinamiento financiero. El trato personalizado, la “visita” como “tecnología propia del crédito individual” (Ibid., p. 218), por un lado apela a formas del trato de confianza propio de lo comunitario pero, por otro, camufla formas de evaluación morales sobre la base de los vínculos y conductas privadas que juzgan la solvencia de las comerciantes.

Yendo específicamente al caso de Alicia vemos estas dinámicas en dos escenas: la primera cuando insiste en que ella es “buena pagadora” al relatar el día en que su marido se negó a dar el visto bueno a un préstamo que quería solicitar junto con otros comerciantes de la asociación para comprar una galería. La segunda, el modo en que relata su pago peso a peso de la deuda contraída con el Estado por una fiscalización en el año 2018. Una mezcla de pudor y auto-responsabilización de deduce de sus palabras (referimos al relato en primera persona incluido en el apartado 4.2.3).

Si bien es posible entender estas experiencias y sus respectivas narrativas como formas de disciplinamiento, también es lícito leer en su relato el poder que las finanzas le han transferido a su capacidad de vender y hacer negocios; y al mismo tiempo percibir la presión y el esfuerzo que significa para ella estar endeudada. La deuda es al mismo tiempo la que disciplina su conducta como trabajadora-comerciante y también la que le brinda liquidez y capital para hacer mercado, logrando así autonomía económica en su vida.

Lxs comerciantes populares actualmente no sólo logran sostener sus negocios por la bonanza económica que les aportó el proceso de cambio en Bolivia; un tiempo de crecimiento macroeconómico considerable, que -por cierto- ya ha pasado como en el resto de América Latina. Comerciantes como Alicia mantienen y despliegan sus proyectos merced a las articulaciones colectivas-comunitarias y también con entidades financieras. A pesar de la recesión y la austeridad, en un contexto de falta de capital en general, las instituciones de microfinanza amplían su base de prestatarias (Ibid., p. 215).

La deuda que en tiempos neoliberales y más aún en su crisis, tras el desacople de una provisión de infraestructura pública de cuidados, se vuelve un dispositivo disciplinador del hogar y del sustento familiar (Gago y Cavallero, 2019; Caffenzis, 2020; Federici, Gago y Cavallero, 2021; Gago y Cavallero, 2022); también resulta ser un instrumento modelador del cuentapropismo. Entendemos que es éste el modo de trabajo, negocio e inversión más común y universalizado (por todo lo anteriormente comentado) para las mujeres migrantes, campesinas, indígenas y/o de ascendencia en sus correspondientes, como es el caso de Alicia. En síntesis, la deuda como parte de un instrumental neoliberal, va penetrando en Bolivia desde fines del siglo pasado y, a partir de los 2000, ya convertida en banca financiera privada, encuentra en subjetividades fundamentalmente femeninas, familiarizadas con estas dinámicas y formas de inversión-negociación, un territorio de expansión.

La deuda y la Banca privada han ido calando en los sectores populares, pero simultáneamente es importante mostrar que las instituciones microfinancieras han crecido a la par del comercio popular y que, bancos como Banco Sol, Banco Fie y los que nombra Ali, Prodem y Banco Crédito, han aprovechado la capilaridad del comercio popular para ampliar sus ganancias. Éstas son instituciones que forman parte de holdings y grupos inversores que congregan capitales de diversas partes del mundo (Estados Unidos, Alemania España, entre otros) y que cotizan en la bolsa de Nueva York. En el caso de Prodem, su principal grupo inversor es la Banca Pública Venezolana (BANDES)[27]. Lo cierto es que todas estas entidades financieras desde los ‘90 han aumentado su radio de acción y operación gracias a la sinergia expansiva del comercio popular[28].

4.3.3 El ocio y el negocio: ser mujer en el comercio transnacional

A lo largo de la historia de vida de Alicia constatamos los diversos ropajes que las formas de organización colectiva mezclan en su trayectoria. En un tejido de pertenencias institucionales y comunitarias múltiples subsiste toda una potencia de organización política, con la que lxs comerciantes populares cuentan y a la que reactualizan y sostienen. Las formas de organización gremial garantizan la representación de lxs comerciantes populares frente al Estado, en relación a la fiscalización y el uso del espacio público. También son sostén de alianzas para ampliar negocios y hacer compras y articulaciones logísticas colectivas (Tassi, et. Al., 2013; Arbona, et. al., 2015). Es importante subrayar que el 75% de los comerciantes en Bolivia se encuentran sindicalizados como gremiales (Müller, 2022, p. 97) y que cuando hablamos de “lo gremial”, incluimos estas formas organizativas dentro de un entramado potente de formas complejas de “institucionalidad intersticial” (Tassi, et. al., 2013)[29].

El movimiento gremial en Bolivia es una fuerza de organización política que congrega a grandes conglomerados de trabajadores y cuenta con una memoria de organización política y de lucha por derechos laborales más allá de la figura del trabajo asalariado (Rivera Cusicanqui, 1996, p. 117). Hablando estrictamente de la gremial urbana en la ciudad de La Paz, si nos retrotraemos un tiempo atrás en la historia podemos constatar la fuerza poderosa de vendedoras, floristas, culinarias y artesanxs que conquistan la construcción de mercados abiertos (primeras edificaciones de Mercados Lanza, Camacho y Sopocachi en los años ‘30) (Lehm y Rivera, 2013).

Como advertíamos en el apartado anterior, desde 1952 la ciudadanización y salarización de varones de sectores populares y la inclusión condicionada de mujeres al mundo social como madres más que trabajadoras; transforman el mercado laboral y, en el mismo sentido, las formas de organización política y sindical también cambian. Se registra cierto desplazamiento del protagonismo que antaño habían tenido lxs gremiales, y entre ellxs las mujeres específicamente, y pasa a cobrar más protagonismo el sujeto político asalariado fabril, minero y campesino[30].

Posterior a las reformas neoliberales de los años ‘80, los programas de ajuste generan que muchas familias mineras deslocalizadas migren a las ciudades y allí los sectores comerciales se van ampliando sustituyendo a lxs artesanxs, trabajadores de oficios, del mercado, etc. El movimiento gremial se convierte en eminentemente comercial. En este nuevo momento las gremiales se vuelven a presentar como una forma de organización fundamental en la disputa con el Estado por el derecho al espacio público, a la venta callejera, los modos de fiscalización y control.

La narrativa de Alicia nos presenta una imagen actualizada de esta forma de organización atravesada por la reivindicación de género que ella imprime: “yo he sido la primera mujer del Sindicato Litoral” (Entrevista con Alicia, 13/01/22 -ver foto 1 de la Secuencia-). Como conectada genealógicamente con las trabajadoras gremiales de antaño, Ali subraya su lugar de mujer en el sindicato. Por otro lado, si bien su participación ha sido amplia a lo largo de su historia de vida (tanto en el transporte como en el comercio), y reconoce en esta forma de organización un poder de disputa con el Estado y de coordinación y ordenamiento interno entre comerciantes; afirma que en la actualidad ya no forma parte de la Asociación de Artefacteros y Línea Blanca de El Alto, porque no representa sus intereses. Su pertenencia está hoy más ligada a la forma de organización fraterna que a la gremial y, argumenta: “quienes siguen en la asociación son las que tienen puestos en la calle, ellas sí necesitan estar” (conversación personal, 2023). Esta afirmación da cuenta de cómo se ha ido transformando su pertenencia y de algún modo la fiesta y la fraternidad constituyen actualmente el espacio colectivo-comunitario más representativo para su situación laboral, económica y política.

En la fiesta Alicia es Alison y en la Fraternidad Fanáticos del Gran Poder (una de las más reconocidas en Bolivia y en el mundo) también ha ocupado cargos de autoridad, ha pasado fiesta, ha sido varias veces presidenta de bloque e impulsa otras morenadas y grupos barriales en el marco de una lógica-dinámica celebratoria. Por un lado, la fiesta es un territorio en el que ella ha participado siempre, desde joven, como lugar de retroalimentación de relaciones de reciprocidad y prestigio en el que encuentra un goce particular. Por otra parte, el gremio parece ser un espacio más estructurado y fijo que ha funcionado como lugar de alianzas político-económicas significativas; pero que, al cumplir sus fines, su participación se agota allí. En el próximo apartado desarrollaremos en profundidad la pertenencia colectivo-comunitaria de Ali.

Volviendo a recapitular el inicio del presente apartado, queremos indagar aquí en torno a una pregunta crucial, que aún sigue abierta. Si la trayectoria de Alicia está tejida y conectada a estas formas comunitarias-colectivas de distinto tipo que sostienen toda una red de vínculos, alianzas, formas de organización con otrxs que ayudan a hacer crecer y potenciar proyectos personales: ¿a que responde la “soledad” que expresa en su modo de narrar los avatares del negocio?

Como en una especie de antagonismo narrativo, Alicia expresa reiteradamente la “soledad” con la que ha afrontado tanto momentos de crecimiento como momentos de crisis en su economía. Cierta movilidad social ascendente y la posibilidad de acceso a consumos suntuarios -aunque no “blanqueados”-, más participación en la fraternidad y cada vez menos en la gremial, parecen evidenciar en ella un camino de transformación subjetiva-individual de tipo particular. Es una gestora astuta, que sabe aprovechar las herramientas y dinámicas que el mercado capitalista le brinda -microfinanzas, lectura de la demanda en los consumos tecnológicos y suntuarios, etc.-; pero también se sirve de redes sociales y alianzas para el negocio; que le permiten iniciar un camino de movilidad social ascendente tanto en la vida personal como colectiva. Hacemos referencia aquí al trabajo de Mara Viveros (2022) para destacar la categoría de clases medias negras que la autora caracteriza históricamente para el caso de Colombia, explicando la pertinencia de una perspectiva interseccional que dé cuenta de las particularidades que imprimen las mujeres de sectores populares, indígenas, afro a una movilidad social ascendente en el continente. Viveros muestra el papel clave que las mujeres encarnan como motor de esa movilidad haciendo ascender a todo el grupo familiar e incluso familia extensa y comunidad; frente al paradigma individualista, masculino, blanco de ascenso social y clase media en la región. Esta interpretación, traída al presente estudio, nos permite pensar a mujeres como Ali traccionando otro tipo de movimiento, que -nuevamente- no es gesto individual sino colectivo. La movilidad social para Ali es para su hijo, para su familia núcleo y también para su familia extensa. Implicando sacrificio y esfuerzo por su parte como “hermana y madre”.

Es preciso notar y subrayar que los consumos culturales de ella y de su familia no varían a pesar del ascenso social, al contrario en Ali se “exagera” lo andino. Invierte su dinero en construir la casa familiar en La Portada (zona entre el Cementerio de La Paz y la Ceja de El Alto), actualmente está construyendo una casa de campo en Achocalla y viaja por el país participando de fiestas populares. Sus “excesos” y consumos suntuarios son en trajes y joyas. No es una “empresaria de sí”, en el sentido que Foucault (2007) piensa al sujeto neoliberal; pero es una mujer de clase media que tiene empleada y brinda a su hijo formación educativa en instituciones privadas. Podríamos decir que la subjetividad que Ali nos presenta se va configurando en el taypi (centro de intersección) de un mundo económico-político popular y neoliberal, en que las dinámicas de uno y otro se van superponiendo y yuxtaponiendo, tal como lo han hecho a lo largo de la historia las diversas formaciones sociales, políticas y económicas que se han experimentado en estas latitudes. A título de esa “soledad” -que nombra- y que bien podría entenderse como simple individualidad o emprendedurismo, parecen suceder muchas cosas. A contrapelo de una lectura lineal de mujer empoderada o víctima del plan oenegeista financiero, Alicia pareciera sintetizar un modo abigarrado y potente de autonomía. Finalmente entonces, ¿a qué responde la expresión de “soledad”? Ésta aparece como forma de decir algo más que “estoy sola”, o “he estado sola” en la vida o en el negocio, a continuación sintetizamos dos sentidos de la expresión. Por un lado como sinónimo de autonomía, y, por el otro, como revelación de una movilidad social en ascenso para ella y para su familia extensa.

El primer sentido de “soledad” no transparenta en todas sus expresiones esta sinonimia, más bien la podemos leer a través de sus formas de expresarlo, desde su gestualidad y también de los momentos del relato en que se enuncia. En varios momentos encontramos que ella marca la construcción, a base de su esfuerzo y a base de su propio mérito, de todo el negocio y el emprendimiento que hoy le permite estar donde está, disfrutar la posición social que tiene y mostrar la satisfacción que siente por lo conseguido. A su vez, esta expresión valida el poder tener o poseer ciertos recursos que le permiten solventar su propia vida, ser autónoma, darle esa posibilidad a otrxs, como a su propio hijo, y no depender de nadie para esto. En este punto leemos que hay una reivindicación del poder de ella como “gestora de su propia vida” del mismo modo que lo leíamos en las trayectorias de Beti y Mercedes en el Capítulo 3. Esta autonomía va en simultáneo a una reivindicación de su lugar como mujer. En todo lo laboral, empresarial y vinculado al negocio Ali marca su independencia respecto de su esposo particularmente; lo cual sugiere la idea de querer afirmar una distinción de lugares subordinados a la figura del varón. Entonces, esta idea de soledad como autonomía pone en valor su propia producción, su propio trabajo en relación a una especie de mandato de género, que se puede leer por negación o por auto-afirmación en su trayectoria.

Por otro lado, el segundo sentido de la expresión “soledad” tiene que ver con explicitar y registrar que en su trayectoria personal como trajinante y trabajadora de la economía popular no contó con un capital inicial material que le “allanara el camino” en el negocio. Nombra un apoyo de su madre que cuidaba de su hijo cuando ella salía a trabajar y de su suegra que les hizo a ella y su hijo un lugar en su casa. Ambas figuras femeninas sostuvieron sus primeros pasos como trabajadora. Esta ausencia de un capital monetario inicial, aun reconociendo que contó con un apoyo afectivo, de cuidado y trabajo de otras mujeres que la sostuvieron en sus inicios; hace que Alicia se autoperciba como “sola” ante el mundo público del mercado e impulsando el desarrollo de su propio negocio y, a través de él, la generación de un primer capital que luego irá expandiendo. Este “piso material” es, a su vez, el que le va a permitir apoyar a otrxs integrantes de su familia en los proyectos vitales que emprenderán después de ella. En el segundo sentido de soledad encontramos una relación con la movilidad social ascendente y con la capacidad de generar un tipo de acumulación que permite, de modo fractal, propiciar negocios e impulsar el dinamismo de ascenso social que ella logró, también para otrxs integrantes de su familia. En el relato de cómo sus hermanxs parten de una base distinta a la que ella tenía en sus inicios, Alicia se narra a sí misma como “sola” y a sus hermanxs como estando apoyados o acompañados por ella y por sus xadres. Todxs han logrado cierta base material de clase media gracias al emprendimiento personal de Ali y, en este sentido, vemos como de todos modos, la soledad no es un rasgo individual, sino que se conecta a las vidas y proyectos de otros.

En el primer sentido de soledad como autonomía cabe resaltar, de igual manera, que no reivindica y pone en valor únicamente su propio esfuerzo para llevar adelante lo que se propuso como negocio, sino que también subraya cierta sobrecarga de tareas y de trabajos que nombra a veces como cansancio. Ligamos este agotamiento a la representación de mujeres que sostienen desde la individualidad independiente (Hernando, 2019) a otras personas de su familia, de su comunidad y muchas veces no se permiten descansar o no pueden soltar la trama que siempre han sostenido. Sin embargo, en el caso de Alicia observamos como también la soledad como autonomía le permite el goce y el disfrute de aquello que ella misma ha logrado con su negocio. El goce de la fiesta y el poder de estar disfrutando de ciertos consumos, viajes, construcciones, y proyectos a futuro; se liga a la posibilidad de haber hecho crecer el negocio y de ganarse -en un sentido de mérito, que no es meritocrático sino de reconocimiento de su propio esfuerzo-, aquello que hoy gasta para disfrutar y gozar la vida.

 

La figura del “inversor/empresaria de sí” tal como lo presenta Foucault (2007) para pensar las subjetividades que configura el neoliberalismo; no se condice con las estrategias múltiples y formas ch’ixis de la subjetividad que encontramos en la trayectoria de Alicia. Ali combina pragmáticamente elementos del mundo comunitario local con formas del capitalismo neoliberal global encarnando modos diversos de estar, vivir y producir en las economías populares en el trajín. La historia de vida de Ali revela -a nuestro modo de ver- elementos fundamentales para “desempaquetar” la idea de individuo y de comunidad así como “lo local” y “lo popular” que suele verse homogeneizado en la figura del trabajador varón; perdiendo la multiplicidad de figuras mestizas de personas que trabajan en estas economías y los modos en que lo hacen. Las particularidades que su narrativa nos aporta, es un terreno fértil para que broten nuevas preguntas que nos ayudan a problematizar las economías populares desde la interseccionalidad del género, la etnia y la clase. Ali es la trajinante contemporánea y en su trayectoria se reactualizan imágenes de mujeres poderosas en el movimiento comercial, en la producción de la circulación y en la organización política. También en ella y en sus prácticas comerciales, organizativas, familiares encuentran conjuro algunos elementos del mundo neoliberal que son aprovechados como las finanzas o la posibilidad de elegir participar políticamente en uno u otro espacio organizativo y de pertenencia (hablamos del gremio pero también de la fiesta que tematizaremos en profundidad en el apartado siguiente). La expresión de “soledad” es mezcla y mancha de todo esto: conjura una autonomía femenina que disputa la relación con el varón que ha sido muchas veces experimentada como subordinación, cuando en tiempos antiguos era más pareja. En el Capítulo 3 nombrábamos la comunidad como trabajo que se nutría de tareas múltiples para que ésta pueda funcionar como capital social y material, sostén de negocios y emprendimientos populares. Subrayábamos el protagonismo femenino en estos trabajos. En Ali vemos además como ella sostiene y a la vez se recorta de lo comunitario con más fuerza en su enunciación de “soledad”. Hay un juego entre lo comunitario y lo individual que, leído a contrapelo nos trae en ella a la trajinante contemporánea que auto-afirma su poder de mujer negocianta. No sólo se reconoce “sostén invisible” sino que lo nombra y lo reivindica, lo hace visible. No es queja, expone su situación como una realidad que a la vez que pareciera decir algo de su agotamiento, también dice mucho del poder que ha conseguido conquistar y que le ha implicado recortarse de la comunidad para volver a la comunidad, nutrirla, hacer crecer: que ella y todes asciendan socialmente y mejoren su calidad de vida. Este tipo de gestos, modos de ser/estar que se traducen en un lenguaje oral de entrevista verbal, también se reconocen habiendo experimentado con ella fiestas, encuentros, paseos, viajes. Alison es la figura de la trajinante tejedora de territorios y alianzas. Aprovechando las infraestructuras globales, tecnologías neoliberales (lo financiero, entre ellas) Ali se mueve a partir del movimiento: importa, comercia, baila. Se narra por momentos como estando “sola” pero no está sola. No invierte sola, ni se apropia sola de la riqueza, la ganancia o el ingreso producido. Crece y hace crecer a otres. Por eso la de ella es una “soledad llena”, símbolo de autonomía y de su ejercicio, símbolo de trabajo que redunda en mayor movimiento, símbolo de fiesta y confraternizar con otres, símbolo del goce del “para mí”: “el negocio es mío y me lo he bailado”. Pero el baile y el goce nunca son en soledad.

4.4 Temporalidad y espacialidad de la fiesta

“¡Ah!, ¡todo el mundo baila! Como mi mamá en aymara dice: […] “hoy en día hasta la persona más humilde baila en el Gran Poder”. Hasta la panadera baila ya…sin despreciar”. (Entrevista con Alicia, 15/01/22). La fiesta, tal como venimos nombrando, es un eje fundamental para pensar las tramas y redes que sostienen las estrategias de economías populares en el trajín. La narrativa de Alicia abre, complejiza y actualiza dimensiones de la fiesta: aparecen fraternidades con filiales por todo el mundo y nos habla de una economía de la fiesta en desarrollo. Se reafirma la fiesta como un operador transnacional: un espacio de economía de prestigio con dimensiones cada vez más abarcativas y extensas. La fiesta vuelve a mostrarse como territorio de ejercicio de la soberanía, de fortalecimiento de lazos sociales y comunitarios y más que eso: es pacha. Tiempo-espacio de conjugación, conexión y conjuro de dimensiones económico-políticas, culturales, memoriales y religiosas. Un territorio con espesura temporal que se amplía a dimensiones transnacionales acompañando los ritmos de expansión del trajín como una de las formas de movilidad que estamos indagando en este capítulo.

4.4.1 Lazos sociales y “espiritualidad material”

Una trama de relatos orales y estudios históricos sobre la festividad del “Jesús del Gran Poder”, cuentan que un lienzo de la Santísima Trinidad, representado en un Cristo de tres caras[31], desapareció del antiguo monasterio de las Concebidas (zona Plaza Murillo) y comenzó allí un derrotero que lo llevó a circular por varios puntos de la ciudad de La Paz durante fines del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX (Albó y Preiswerk, 1986; Barragán, 2009). El cuadro, representación del Jesús del Gran Poder, tiene una historia bien intrincada. Fechado en 1687, de autoría anónima, es una de las dos Trinidades que se conservaron intactas en el territorio de la Audiencia de Charcas, y desapareció del convento gracias a su prohibición por parte de quien era el obispo de aquel tiempo. Álvaro Pinaya y Juan José Vaca (2010) sostienen la versión de que un grupo de monjas rebeldes habían iniciado un culto prohibido al Gran Poder en aquel convento y que fueron excomulgadas; motivo por el cual el cuadro pasó a girar por distintos puntos de la ciudad, hasta que se enraizó en la zona de Chijini[32], lo que hoy conocemos como la zona del Gran Poder. Una vez en este barrio el culto se centraliza y comienza a crecer, lo que da motivo para la construcción de una capilla que será lo que hoy se conoce como Iglesia Antigua de Gran Poder. En este epicentro religioso, ritual y celebratorio, va tomando fuerza la mayor fiesta patronal de la ciudad que en su recorrido danzante e histórico va uniendo las laderas Oeste y Este, la ciudad de blancos, criollos y la ciudad de indios. En la actualidad, el recorrido de su entrada[33] ocupa un territorio amplísimo de la ciudad bajando desde la Garita de Lima, pasando por la iglesia en la calle Gallardo, Plaza Eguino, Av. Montes, llegando hasta el Parque Urbano Central atravesando la Av. Mariscal Santa Cruz y Camacho. Previo a 1974 (año de la creación de la Asociación de Conjuntos Folklóricos del Gran Poder[34]) sólo se realizaba en el barrio y el palco estaba en la Av. Buenos Aires.

Hacia el siglo XX en Chijini y sus alrededores comienza a desarrollarse la zona comercial que hoy conocemos como el macrodistrito Max Paredes, epicentro del comercio popular transnacional. La festividad del Gran Poder es un espacio de consolidación del poder económico y del prestigio social que los grupos comerciantes, importadores y productores populares han adquirido a lo largo de las últimas décadas. En la ciudad esta fiesta ha ido creciendo de modo sostenido y fue en paralelo a la revitalización de fiestas patronales en los barrios, en otras zonas de la ciudad y en los pueblos; conformando un calendario ritual y festivo que se entrama y que, como vemos en el caso de Alicia, implica una agenda llena de compromisos y festejos comunitarios cada fin de semana; implicando baile, viajes y más movimiento.

Esta fiesta popular resulta ser dinámica y presenta cambios significativos a lo largo del tiempo. Si bien debemos reconocer en ella una estructura u orden, un modo de organización y una lógica de preparación, lejos de considerarla un escenario de prácticas culturales estáticas, vemos como la festividad del Gran Poder ha ido variando y creciendo en tal dimensión que no permite hacer un análisis cerrado del fenómeno. Hoy toma dimensiones masivas y reúne a más de setenta grupos de morenada y fraternidades e incluso recibe la visita de migrantes que retornan para su celebración junto con la convocatoria a compadres/comadres y aliadxs de otras partes de la región que vienen a participar como invitadxs. En 2023 se celebró el centenario de la fiesta[35] y participaron setenta y cinco fraternidades en la entrada; en total se contabilizaron 80.000 bailarines y 30.000 músicos aproximadamente (La Razón, 05/06/2023)[36]. Si comparamos con los números que presenta Barragán en 2009, encontramos un crecimiento del cincuenta por ciento en una década y media aproximadamente[37] y, si bien se mantienen las estructuras organizativas que administran la participación y determinan jerarquizaciones internas; también se evidencia en los dichos de Alicia que la fiesta se ha vuelto un evento masivo. Hoy tenemos fraternidades grandes, como los Fanáticos de Gran Poder, donde Ali participa; que tienen una estructura de 25 bloques de entre 70 y 100 personas cada uno (Entrevista con Alicia, 15/01/22), lo que hace ascender el número a entre 1500 y 2500, y hasta 3000 integrantes por cada organización grande. Podemos visualizar también el crecimiento en términos logísticos y de infraestructura urbana en la informatización, tecnificación y sofisticación de ciertas disposiciones y reglas de orden interno. Para este año se lanzó una aplicación móvil que permite consultar el orden de entrada e ir haciendo un seguimiento del evento sabiendo donde se encuentra cada grupo en el recorrido en cada momento. Esto demuestra, a su vez, mayor trabajo de articulación entre el Gobierno Municipal de La Paz y la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Gran Poder (ACFGP)[38].

Desde la fundación de la ACFGP en los años setenta, las Fraternidades tienen una centralidad fundamental a la hora de organizar la fiesta. En ellas históricamente se congregaban personas que compartían un mismo origen barrial o una misma actividad económica; rasgo que actualmente no es generalizado pero sí se mantiene en algunas. Existe una tendencia a la institucionalización de las grupalidades y formas colectivas de los sectores populares, comerciantes, trabajadores en Bolivia que se evidencia tanto en la historia gremial como en el mundo de las fraternidades. Así como en el gremio existen asociaciones y organizaciones de base, centrales y coordinadoras; las fraternidades también se estructuran en grupos y bloques que responden a una misma comisión directiva de la fraternidad. La institucionalización y estructura no es sinónimo de fijeza, por el contrario, se evidencia en el relato de Alicia cómo estas organizaciones están vivas y presentan claros elementos de dinamismo que permiten sumar, invitar, abrir espacios nuevos al tiempo que también se marcan diferenciaciones internas y jerarquías.

La Fraternidad Fanáticos del Gran Poder surge de los Verdaderos Rebeldes en 1989, como morenada Unión de Bordadores Achachis Morenos y Fanáticos del Folklore en Gran Poder (Barragán, 2009, p. 80); hoy cuenta con una estructura que nuclea a más de dos mil personas en la festividad local y que a su vez se conecta con filiales por todo el mundo (Entrevista a Franklin Reyes integrante de Fanáticos, enero de 2018).

Alicia: De mi bloque dos gestiones he hecho, 2010 y este 2021 por dos años se ha alargado. Pero después he hecho directorio de Los Fanáticos, que es la fraternidad, la institución, son dos años. El 2018 y el 2019.

Ana: ¿qué cargo tenías?

Alicia: Secretaria de organización. Que es una secretaría muy importante porque tienes que organizar a tanta gente, de eso se trata. (…) Tiene filiales tanto en Argentina, Brasil, en todos lados… en todos lados hay, es internacional. Italia, Perú, España, también hay…Chile…¡uuuh!

Ana: ¿Y se reúnen? ¿cómo es que se acompañan?

Alicia: En Enero, en la primera recepción, ahí invitan a las filiales. Ahí se conocen las filiales, los fundadores. Aquí a nivel nacional por ejemplo hay en Tarija, Sucre, Santa Cruz, Cochabamba, en todos lados hay fanáticos, filiales. En otros países también entonces les invitan a la primera recepción ahí es donde tienen que confraternizar y ahí se van conociendo, van haciendo amistades y así.

Ana: Y a vos cuando te tocó ser secretaria ahí de la gestión, ¿qué tareas tenías que hacer?

Alicia: Organizar la fraternidad, organizar a las damas, que vayan iguales y que estén bien formadas. Alguna actividad organizar, kermese, toda actividad. Todo un año estamos con actividades organizando. Hay diferentes secretarías, comunicación, cultura, delegados, de todo. (Entrevista con Alicia, 13/01/22).

La estructura transnacional de “los fanas” (como también los llaman) hace que a Ali en su cargo de secretaria haya conocido de cerca las redes de filiales que configura esta fraternidad. Ha sido autoridad de su bloque, Intrépidos, ha asumido como parte de la comisión directiva y ha viajado para asistir a fiestas invitada como parte de la organización en muchos lugares de Bolivia y de América Latina: Cochabamba, Tarija, Oruro, Chijmuni, Copacabana, Tacna, e invitada -más no asistió- a Buenos Aires, entre otros.

Su trayectoria nos va mostrando como los mapas del trajín y los mapas de la fiesta se expanden fortaleciendo “fraternidades transnacionales”, que entendemos como un modo particularmente actual de seguir tejiendo “comunidades transnacionales”. Éstas brindan un marco político-social de influencia y pertenencia para lxs trajinantes y migrantes. Tal como veíamos en el caso de la trayectoria de Mercedes y Feliciano en Buenos Aires (Capítulo 3), las fraternidades, las asociaciones folklóricas y la organización misma de la fiesta va tomando dimensiones públicas que colaboran en la visibilización de toda una economía pujante que a pesar de la crisis se sigue moviendo, conectando, creciendo. Además, esta institucionalidad en red permite fortalecer alianzas locales y transnacionales que no sólo nutren la fiesta como espacio de pertenencia y muestra pública sino también generan reciprocidades y fortalecimiento de vínculos de confianza y posibilidades de contactos políticos tanto en el país de asentamiento como en el de origen (recordemos cómo Feliciano comentaba las invitaciones realizadas para participar de la Fiesta de Octubre en Buenos Aires al propio presidente Evo Morales, ver apartado 3.5.2). Así mismo, los viajes para asistir a fiestas invitada por comadres/compadres y/o integrantes de la fraternidad que son pasantes en sus comunidades de origen es una práctica muy común que Ali comenta como parte de sus actividades semanales y de su calendario laboral-festivo. En muchas oportunidades se trata de respaldar a fraternos/as de su bloque y a veces “devolver favores” de invitación, acompañamiento y sostén de negocios colectivos (Entrevista con Alicia, 15/01/22).

Esta imagen actualizada de la fiesta nos invita a pensar en simultáneo la expansión de los mapas del “trajín laboral” con las figuras de un “trajín festivo”. Toda una trama económico-política mixtura formas del prestigio y reciprocidad en redes, que en la actualidad toma dimensiones transnacionales; recorriendo calendarios rituales de distintas localidades, comunidades, pueblos, ciudades, dentro de la propia Bolivia y de la región. Esta trama se sostiene merced a un conjunto de relaciones de don y contra don (desde invitar con cervezas hasta asistir o invitar a otrxs a fiestas -dentro de Bolivia o fuera del país-, ser pasante, ser autoridad o representante de la propia fraternidad ante organismos locales o nacionales, etc.) que se realizan de forma sostenida y reiterada en la trayectoria personal y familiar para nutrir pertenencias, alianzas y lugares específicos en la trama social. Un conjunto de gastos suntuorios y de marcas de prestigio permiten mostrar la posición socio-económica y el rol dentro de la organización fraterna, lo cual también implica un lugar en la trama social; posturas que marcan una estratificación interna que diferencia lugares y posiciones (Müller, 2022; Barragán, 2009) más no invalida la participación de ninguna persona en la festividad[39].

Entonces vamos viendo de qué modo la fiesta no es sólo un espacio de relaciones comunitarias horizontales y reciprocas sino que también traza líneas de diferenciación social al interior. La trayectoria de Alicia resulta ser emblema de esta lectura de la trama social que dibuja la fiesta. Comienza en el año ‘93 bailando sola y llega a ser autoridad de una de las fraternidades más importantes de la “Fiesta mayor de los Andes”, su recorrido laboral y de éxito en el negocio es acompañado por una mayor participación, protagonismo y compromiso en la fraternidad. En sus múltiples pertenencias a bloques y fraternidades; sumado a los impulsos y fundación de nuevos grupos de morenada y organizaciones para pasar fiesta en su barrio y en la zona comercial; Ali evidencia lo importante que es para este sector social el mapa que se teje con el trajín festivo que es la cara danzante del trajín comercial.

Complementariamente a esta economía del prestigio, entendida como la trama de relaciones de reciprocidad pero también de diferenciación interna, expandida en mapas transnacionales; la economía popular en el trajín se conecta con una economía específica que sostiene la fiesta. Aquí debemos hacer una precisa distinción entre dos dimensiones económicas que Ali esboza: por un lado toda la producción y comercio que se mueve en la fiesta: “la pollerera, la kiosquera, hasta la que vende el higiénico, bordadores, manteras, sombrereras…” (Entrevista con Alicia, 15/01/22); y, por otro lado la fiesta como espacio de inversión:

Alicia: Ahora lo que más, las fraternidades como son harta gente, han visto también los pasantes es los negocios. Son ocho mil digamos, ocho mil, según lo que sé, si deben ser unas tres mil o cuatro mil personas que concentra una fraternidad y ¿cuánto cuesta la cuota? Por eso se dice que para hacer la recepción invierten 50 mil dólares pero cuando ya pasan la fiesta, el doble rescatan.

Ana: Ah, ¿sí?

Alicia: Venden camisas, zapatos, telas, que matracas. Todo es incrementando, a parte de la cuota. Entonces debe haber siempre, pues qué no va a haber.

Ana: ¿Y eso era así antes también?

Alicia: No. Según lo que yo sé no era así.

Ana: ¿Cómo era? La pareja que pasaba fiesta…

Alicia: Claro, ponía orquesta, banda, todo. Pero no había tanto componente como para que pueda cubrir todo eso. Gastaba, ¿no?, pero ahora ya recuperan pues. Recuperan lo que han invertido. Les sobra todavía… (15/01/22).

Mientras que, la economía que mueve la fiesta es en sí misma la fiesta como espacio productivo y de generación de un tipo particular de excedente que genera ganancias para ciertos actores; existen otros elementos en una festividad en crecimiento que demanda analizarla en términos de relaciones de reciprocidad y prestigio y, además, toda una economía festiva de inversión[40]. Esta última dimensión puede verse asociada a una forma de movimiento del dinero que aprovecha la economía floreciente de la fiesta y su dinámica de prestigio, con deseo de participación de cada vez más fraternxs; constituyendo un nuevo espacio de circulación del dinero. Movimiento que, según establecíamos más arriba, permite a los comerciantes hacer crecer cualquier negocio sobre la base de la ampliación del capital rotatorio.

El orgullo y prestigio que significa participar de la fiesta es claramente un signo de diferenciación social del que muchxs hoy quieren participar; tal como versa el epígrafe de este apartado. Esta fisonomía actual de la fiesta estaría siendo aprovechada por quienes asumen el rol de organizarla y llevarla a cabo. Existe entonces una diferenciación interna en los sectores cholo-mestizo-populares, que se remarca entre los que bailaban desde siempre y los que bailan ahora, entre los que bailaban antes con mucha plata y los que ahora bailan llegando a veces al punto de endeudarse para bailar (Entrevista con Alicia, 15/01/22[41]). La ampliación de los mapas del trajín y de la fiesta también nos habla de la ampliación del mundo social que abarca. Desde lxs jóvenes estudiantes, lxs trabajadorxs del hogar, lxs pequeñas comerciantes, todxs parecieran querer tener su lugar en la fiesta. El movimiento danzante se conecta con rasgos de movilidad social ascendente que a su vez se liga fuertemente con el querer bailar como símbolo de pertenencia, prestigio y también orgullo popular.

4.4.2 Expansión de los mapas del trajín y la fiesta

En la historia de vida de Alicia la participación en Gran Poder, como ya fuimos destacando, es un hito que recorre varios momentos de su relato, mostrando la magnitud que ésta tiene en relación a su recorrido laboral, profesional y de vida en general. Es la contracara complementaria de las expresiones de soledad, que analizábamos más arriba, con lugares y prácticas que llamaremos de “no-soledad” o de “soledad llena”. En este sentido, resulta indispensable profundizar aquí sobre lo que para ella significa bailar, participar de fraternidades y de este tipo de fiestas y celebraciones populares:

…fraternidad es un conjunto de personas fraternos digamos. Confraternizar. Ahora para qué se juntan, para bailar, para chupar, para eso, para tomar. Para disfrutar. Para ser compadres, socializar, porque si no te gusta eso, mejor quédate en tu casa. Y por ejemplo yo he conocido mucha gente. Tengo compadres, comadres, amigos, amigas. Entonces, de todo ámbito social vienen, de todo. Entonces ahí se reúnen, hacen bloques, bailan. Aparte de que también hacen actividades sociales, eso he visto, hacen kermeses, apoyan a la gente necesitada, hacen actos sociales en beneficio de la gente necesitada, hacen. Donaciones, dan. Entonces yo creo que a eso se refiere. Ahora mucha gente obviamente tendrá fe, yo no te digo soy fanática, no. Yo voy porque me gusta bailar, quiero ir a reír, quiero tomar. Eso así…

Ana: Y la fe queda en todo caso como en…

Alicia: Un cachito pero no digo fanática…

Ana: ¿Cuál sería si tuvieras que poner una imagen de fe tuya?

Alicia: ¿Una fe?…no creo.

Ana: Ninguna.

Alicia: No. Es que como ando en varios lugares tendría que tener una virgen exacta, pero aquí es Virgen de las Nieves, Virgen de Copacabana. Virgen de Exaltación digamos o Jesús de Gran Poder…

Ana: ¿Todas esas?

Alicia: Sí, entonces no. Ya te digo un cachito pero no tan fanática. ¡Ay soy devota de la Virgen de Copacabana! Y ahí está mi virgencita… ¡nooo! [exagera el gesto de estar personificando a alguien devoto de esta Virgen] No tengo una imagen así.

Ana: ¿Y algún ritual que tengas?

Alicia: Poner unas mesas de esas que normalmente se wajtan, eso sí.

Ana: ¿Dónde?

Alicia: No soy tan creyente digamos pero lo hago. Puedo hacer wajtar aquí para poder iniciar esas cosas pero tan creyente tampoco no soy.

Ana: ¿Y las wajtas para qué son?, las que haces…

Alicia: Para la Pachamama, para la tierra. Para tu salud, para tu negocio, para eso. Las mismas señoras que preparan esas mesas te lo hacen. (Entrevista con Alicia, 15/01/22).

La participación en fraternidad y sus consecuentes momentos de celebración, fiestas, los viajes del bloque, las reuniones, ensayos y recepciones son momentos de compartir: ella los llama de confraternizar, que nos pintan un mapa más completo de su trayectoria como parte de un entramado mayor. Si en el apartado anterior nombrábamos la soledad como símbolo de autonomía, en la fiesta encontramos la forma de la “soledad llena”. La fiesta en su vida es una forma de estar en comunidad, de hacer común, de celebrar que fortalece su autonomía personal.

En cuanto a lo espiritual-material Ali supo nombrar en algún encuentro la consulta de hoja de coca como un recurso de inicio de negocios. Y en la cita antes presentada también aparecen las wajtas[42]. Todos estos son rituales de raíz aymara-andina que perviven en su vivencia de un tipo de espiritualidad no devocional y que se expresa como “no tan creyente”[43]. A pesar de los cambios de posición social y económica, sus creencias espirituales-materiales se conectan con una comunicación ritual (Calixta Choque, 2009) que reactualiza memorias ancestrales. De hecho niega ser devota de figuras religiosas cristianas. No se considera creyente de ninguna imagen. Algo que sí observábamos en la creencia que expresaban Beti y Joaquín y en menor medida Feliciano y Mercedes hacia la Virgen de Copacabana; en Alicia lo vemos completamente desdibujado. Para ella la espiritualidad es la red, la fraternidad, confraternizar. Son los lazos que se construyen en esa comunión con otrxs en la festividad y, podemos pensar, con seres no humanos también. Al mencionar rituales indígenas como la lectura de la hoja de coca y la wajta, Alicia pone en valor esas creencias, ligándolas directamente a los momentos importantes del negocio, la productividad y la salud.

El crecimiento de la fiesta también acompaña el fortalecimiento de un tipo especial de refugio de la comunidad indígena en lo urbano. Las relaciones de reciprocidad que encontramos en la economía del prestigio y el reconocimiento de espacios de don y contra don fortaleciendo lazos comunitarios; sumado a estas formas de espiritualidad material que reactualizan modos del conjuro y resguardo de creencias antiguas; conecta la fiesta con horizontes temporales profundos del mundo andino que emerge en lo festivo. En este sentido sostenemos que la fiesta es un espacio de taypi: contencioso y conjurador de las realidades sociales, políticas, culturales del presente que hacen emerger destellos de una yuxtaposicion de capas de memorias en ebullición. Esto no supone, de ninguna manera, esencializar lo indígena como forma o conjunto de prácticas que sobrevivieron a siglos de dominación evangelizadora (en sentido cultural, social, político, económico). Más bien, queremos destacar el elemento espiritual-material en la trayectoria de Alicia para señalizar cómo aparecen fragmentos del mundo andino-indígena reactualizados, reutilizados y puestos en juego en las economías populares en el trajín, que nos permiten ver sus prácticas cruzando mundos que se combinan, se conectan y reinventan entre lo ancestral y lo contemporáneo.

La fiesta en la vida de Alicia es fundamentalmente un espacio de participación comunitaria, de lazo social, incluso más genuino que la organización gremial. Ella va transformando su pertenencia más no deja de estar siempre en grupos, colectivos y comunidades. Hipotetizamos que, dado que la organización gremial resulta ser un espacio de coordinación pragmática a los fines de abordar disputas con el Estado, mientras la fraternidad es un espacio de fortalecimiento intracomunitario, que involucra el negocio y lo celebratorio; ella elije en qué momento vital ocupar un espacio u otro. Decisión que se encuentra claramente asociada a las necesidades de su proyecto económico y su posición respecto de éste en la trama social. La fiesta y la fraternidad, si bien implican participación y obligaciones en la construcción colectiva, también “compensa las penurias del negocio y el esfuerzo del trabajo” (Rivera Cusicanqui, 1996, p. 77). Como ella misma reivindica: “también me he dado la vida, de fiestas…a pesar de todo lo que he trabajado también me divertía…he gozado de la vida, bailando, vestirme (…) de todo el folklore que he gozado ha sido todo del negocio, gracias al negocio. Pero también tienes que ponerle empeño, si tú no le pones empeño, no vas a salir”, (Entrevista con Alicia, 13/01/22). De este modo Ali nos muestra un puente que conecta el empeño y la “soledad” con la comunidad festiva, consolidando figuras de goce y “soledad llena”. La mezcla entre el confraternizar con otrxs y el auto-reconocimiento y valoración a su trabajo de mujer trajinante.

4.4.2.1 – Derecho al exceso: el desborde de la fiesta como empoderamiento

El taypi de la fiesta, entonces, conjura el mundo del trabajo y el negocio, con toda una trama colectiva de relaciones de reciprocidad y reconocimiento y un entramado de espiritualidad material que hecha el negocio a la suerte, que ofrece “pagos” a la pachamama (wajtas) y que también reivindica el goce del baile, el ocio y el desborde. Tal vez la fiesta sea, decíamos más arriba, el único territorio pleno de autonomía que los sectores populares aún custodian para desafiar el tiempo productivo e hiper-productivista de la economía del capital. Entendiendo, en consonancia con lo que presentábamos en el capítulo anterior, que el tiempo-espacio de la fiesta es un territorio de encuentro entre lógicas celebratorias, rituales, económicas, culturales y políticas; nos resulta interesante pensar que es aquí donde se conjuran las fuerzas más vitales de trabajadorxs de las economías populares en el trajín.

La muestra y ostentación de sus logros -realizados con esfuerzo individual y colectivo-, que tienen en la fiesta un lugar privilegiado, el “derroche” de sus ganancias en tiempo festivo; es, advertimos, una práctica rebelde y de despliegue de una fuerza autónoma. La fiesta pone en tensión tres cosas: para qué se usa el dinero, qué se hace con el tiempo y en qué vínculos se involucran las personas. Es entonces cuando, volviendo a las definiciones de Luis Tapia (2008), sobre la “política salvaje” y las “disputas por el excedente”; podemos visualizar que es en la fiesta donde mejor se cristalizan potencias y contradicciones de las economías populares en el trajín. La fiesta nos permite comprender las estrategias económicas, políticas y sociales de trajinantxs, negociantxs, comerciantxs y productorxs populares en el mercado capitalista desde elementos económico-políticos que están más allá (y a la vez dentro) de éste. Allí aparecen la economía del prestigio y espiritualidad-material como dos grandes dimensiones que le dan cuerpo.

Entonces, y para cerrar esta apartado integrando todos los aspectos recorridos, volvemos a afirmar la idea de que fiesta es un modo de interrupción del tiempo productivo y ejercicio de la soberanía, que a su vez alimenta formas de producción y reproducción de la vida y los negocios. A esto sumamos en la visión/experiencia de Alicia un sentido profundo en términos de territorio de goce.

Finalmente, propongo dejar planteadas algunas preguntas-problemas abiertos que no llegaremos a desplegar en profundidad, a fin de presentar sucintamente nuevos ejes de discusión en torno a la fiesta.

i) Cuando aparecen agendas tan abultadas de compromisos festivos, ¿ésta no se vuelve en algún sentido un trabajo? Y ¿de qué tipo de trabajo estamos hablando? En el capítulo anterior nombrábamos los trabajos comunitarios en el sostén de redes de reciprocidad, don y contra don, y el modo en que se evidencian más figuras públicas masculinas que femeninas. Siendo estas últimas las que sostienen los hilos de vida, goce y disfrute propio y de lxs demás. En la trayectoria de Alicia se vuelve a reiterar en cierto sentido esta imagen de mujer siendo sostén de tramas colectivas, comunitarias y familiares extensas; pero también nos encontramos con su reivindicación del baile, el “farrerar” y el goce que parece tensionar desde su individualidad ciertos lugares establecidos en la fiesta respecto al género.

ii) ¿Todxs se divierten y tienen derecho al exceso por igual? ¿Qué relaciones se visualizan al interior de la fiesta? El goce, el desborde, el exceso como “gasto improductivo” es un freno a la lógica de acumulación lineal del capital y su tiempo hiper-productivo. Pero también ese mismo goce tiene desigualdades al interior. Alicia, en este sentido, en lo que respecta estrictamente al disfrute de la fiesta, parece ser un emblema de cómo gozar y no cargar con mandatos que implican el cuidado ni de su marido, ni de su hijo. Hoy, a sus 46 años, se la observa liberada y conectada con el poder de su deseo de bailar, festejar y “farrear”, como dice ella. Sin embargo, no es posible decir lo mismo de todas las señoras con las que he compartido instancias festivas, ni de todos los eventos a los que he asistido. Si bien esta problemática no puede ser plegada únicamente a la lógica de la fiesta; es evidente que son las mujeres las que tienen ciertos códigos de uso de alcohol y sostén de una imagen “sin desborde” y decoro, que a los hombres no se les exige cumplir. En este sentido, las experiencias vividas a título personal en fiestas y celebraciones de este tipo, me han llevado a pensar en relación a las desigualdades en torno a la posibilidad de celebrar y gozar de las mujeres en estos contextos.

iii) Vimos que también la economía de la fiesta puede ser un espacio de inversión. Ahora bien, al mismo tiempo, ¿podrá ser pensado en términos de captación de renta? Si planteamos la fiesta como espacio de generación de nuevos excedentes, sabiendo que implica producción y trabajo para quienes generan los insumos necesarios para la organización de tamaño evento; ¿podría estar surgiendo en ella un germen de capitalización por parte de ciertas empresas y entidades financieras tanto para participar cuanto para garantizar su funcionamiento? Nos referimos al despliegue tecnológico y de seguridad que se viene observando en los últimos años y a las afirmaciones de Alicia en relación a personas que participan de la fiesta tomando préstamos para afrontar los costos. Del mismo modo como lo hacían Feliciano y sus comadres/compadres en Buenos Aires (Capítulo 3), Ali sugiere que es necesario diferenciar entre las fiestas urbanas y las que se siguen sosteniendo en las comunidades. Este contraste nos aporta una imagen en espejo de la fiesta en el pueblo que continúa siendo expresión de la economía del prestigio y el crecimiento de la fiesta urbana como espacio productivo y económico en términos capitalistas.

4.4.3 – Estéticas del orgullo aymara. Cholets para pintar El Alto – Fredy Mammani

En un circuito y visita a la ciudad de El Alto en el marco de un seminario de verano a cargo del Prof. Juan Manuel Arbona tuvimos el privilegio de recorrer las calles de la ciudad con Marco Quispe, comunicador y escritor alteño que nos invitaba a visualizar la historia de la ciudad observando un montaje de capas de procesos que constituyen el espacio urbano. El Alto es la ciudad del cerco a La Paz (1781, comandado por Tupak Katari y Bartolina Sisa), es también el epicentro de la llamada “Guerra del gas” en 2003 y, es el escenario urbano en el que se levanta la Feria 16 de Julio repleta de puestos y productos importados de China. Por cierto, a estos tres horizontes espacial-temporales se les suma la imagen panorámica aérea de los teleféricos, brindando la posibilidad de recorrer El Alto desde arriba.

Compartiendo una recorrida similar con Alicia, se nutrían aún más aquellas miradas:

Alicia: Si te vas a dar de cuenta aquí igual hay. Salones…¡qué lindos son! En donde es Kenko por ahí donde es que zona “Oro Negro” se llama.

Ana: ¿dónde es?

Alicia: Al lado de por donde viven mis cuñadas, al lado cómo se presenta como si estuviésemos yendo a Viacha, ahí nunca había entrado, me han invitado y he visto salones. ¡Pero qué lindos! ¡Admirable! Y eso que ese salón que tiene la “estatua de la libertad”, ¿no ve? Es hermoso adentro, los colores cambian tiene frecuencia de luces…

Ana: ¿de quién es este de la “estatua de la libertad”?

Alicia: no tengo idea, no conozco. El que sí, pero no es tan bueno, el que tiene la careta de diablada, es del A. C. ese. Sí es mi amigo…

(…) El acabado, ¿no? la textura, la pintura, espectacular son. Otro que tengo amiga es la I. M., tiene tres locales: Santa Isabel, Reina Isabel, el otro había sido aquí es Majestad Isabel.

(…) Esa gente es mayorcita también. Ya es, se ha dedicado a la venta de computadoras, no computadores exactamente, radio, teles, pero en su momento. La gente antigua, que ahora está bien parada, los hijos ahora herencia han recibido, ellos son pues los que han iniciado el negocio de los artefactos. Han ido a la China, han traído mercadería, o sea, en su momento han aprovechado. (Entrevista con Alicia, 15/01/22).

Maravillada por los logros de estos colegas, Alicia marca la diferencia y evoca la estratificación interna dentro del sector que comentábamos: los más antiguos, con más capital y los más nuevos en la búsqueda de ir creciendo. Algo que mencionábamos respecto de la fiesta, también lo observamos traducido en la construcción. La expansión de las economías populares en Bolivia a partir de importación de manufacturas y tecnología china para su distribución pero también como insumo para la producción popular en Bolivia (ensamblaje en el caso de Alicia); se traduce en dos escenas sociales: el crecimiento de la fiesta popular andina y el “boom” de la construcción (Arbona, et. al., 2015, p. 75)[44].

Al igual que la primera, la segunda escena se visualiza claramente en la trayectoria de Alicia desde su juventud. Como una búsqueda de afirmación y capitalización de la ganancia en aumento que su negocio iba generando, Ali compra el terreno y construye su casa familiar con los primeros recursos que consigue (de hecho, entrega un instrumento musical en parte de pago por aquel terreno). En tiempos ya más actuales, la construcción aparece como un espacio de inversión movido por el comercio y la producción popular.

Cabe hacer aquí una pequeña disquisición sobre lo que llamamos “producción popular”. Nos referimos a una reconversión de la importación, comercio y distribución, que implica logística y transporte, hacia la confección de productos a partir de piezas importadas y ensambladas en Bolivia para luego ser comercializadas. En la trayectoria laboral de Alicia, el ensamblado aparece casi desde los inicios de su negocio. Entonces, podemos decir que ella es una trajinante comerciante pero también productora popular. Intentamos desde este lenguaje, que nombra juntos al comercio y la producción popular, acercar los mundos de lo comercial y lo productivo. Ésta es una distinción clásica de la economía que rechazamos por considerar que desvaloriza lo productivo en las economías populares. Dicha distinción es utilizada a los fines de mostrar que los trajinantes, comerciantes, trabajadorxs de las economías populares en general no “producen” y, es más, ponen en riesgo la “el desarrollo industrial basado en grandes empresas” (Arbona, et. al., 2015, p. 81). En esto seguimos la perspectiva de los estudios de economía popular en Bolivia que reivindican el valor productivo del comercio y las formas logísticas, además de reconocer en las prácticas de importación, comercio y logística, así como en las de ensamblaje, formas de producción que condensan operadores conceptuales económicos propios de estos actores (Ibid). Estudios como el citado muestran que entre el comercio y la producción popular existe una sinergia que está generando una transformación histórica en el país: emprendimientos locales, populares, gestados por quienes históricamente han sido excluidxs o subordinadxs en el mercado colonialmente estratificado; están reinvirtiendo en el país y suscitando así un círculo virtuoso. La economía popular mueve una sinergia productiva.

Desde aquí volvemos a conectar con el tema de la construcción que constituye uno de los sectores por excelencia en el que se observa dicha reconversión productiva y de reinversión en el país. Lo observamos en Alicia no sólo en la construcción de su casa familiar, sino en la inversión que actualmente está realizando para la construcción de una casa de campo con perspectivas de negocio turístico en la zona de Achocalla. Por cierto, esta nueva construcción tiene intención de ser a su vez el espacio para su retiro del negocio de la informática:

Pienso que el negocio como hay harta competencia, veremos hasta donde jala, obviamente que la tecnología siempre va a valer y cambiar. Entonces yo voy a seguir hasta donde dé. Tampoco pienso trabajar más. Quiero conseguir ese proyecto, conseguir terminar la casa de campo. Y mi hijo ya tiene 25 va a cumplir, va a salir profesional se va a independizar, ¿y qué más puedo hacer? Yo pienso que me va a solventar la casa que tengo, el alquiler. Pienso que voy a estar bien, con eso es suficiente. Para que me pueda después del trabajo que he hecho viajarme y esas cosas (Entrevista con Alicia, 15/01/22).

La construcción aparece dentro de su proyección a futuro (ya en fase de ser finalizada) como realización de dos cosas: por un lado el deseo de poder estar más tranquila y trabajar menos disfrutando de todo lo logrado a lo largo de su vida de negocianta, trajinante más activa. En este sentido, la elección del lugar donde está construyendo responde a la búsqueda de esa tranquilidad y plantea un alejamiento del gran centro urbano La Paz-El Alto y, por tanto, un alejamiento del mundo del comercio popular. Sin embargo, no se plantea cerrar el negocio sino buscar un sucesor. Allí plantea la posibilidad de que sea su hijo, pero no lo sostiene de forma cerrada. Tiene en cuenta que tal vez no sea el deseo de A. continuar con el negocio del ensamblado y comercialización de electrónica; lo cual deja abierto el tema a que sea otra persona del entorno. Por otra parte, en la construcción de Achocalla se podría realizar otro deseo que consiste en retirarse del negocio de electrónica pero mantener otra inversión, ahora en el sector turístico. Cuando ella cuenta sobre su “casa de campo” comenta que está construyendo una parte de la casa para ella y su familia y otra parte para alquilar a turistas y visitantes. Es aquí donde su relato se conecta con un aspecto que encontramos en el sector de la construcción muy presente. Se trata de pensar las construcciones como espacios productivos en sí mismos, como inversiones y no sólo gasto. Generalizando, a riesgo de universalizar, la experiencia y los deseos de Alicia al mundo de la economía popular transnacional con base en Bolivia encontramos que la construcción, como decíamos más arriba, es uno de los rubros más escogidos para reinvertir las ganancias del negocio de importación y comercio y generar otro espacio productivo, que dé rédito económico, pero también que sirva a los fines de pensar un retiro del sector comercial.

Freddy Mammani[45] es un ejemplo de productor popular que detectó una demanda concreta en el crecimiento de la economía popular en Bolivia y creó a partir de allí un estilo arquitectónico. El “Cholet” es la máxima expresión del ascenso social de sectores cholo-indígena andinos que al tiempo que se vuelven actores globalizados, mantienen y reivindican las raíces andinas que lxs constituye. Estxs actores populares desde el reconocimiento de su ancestralidad están al mismo tiempo expandiendo los mapas del trajín hacia el Pacífico y el mundo. Subrayamos esta visualización a los fines de dimensionar, una vez más, la fuerza del arraigo construido desde una reactualización de símbolos, prácticas, estéticas, políticas, formas económicas, que se reconocen en una genealogía indígena; parte de una historia y no de una esencia.

El “Cholet” es un edificio de varios pisos que cuenta con todas las dependencias que una familia chola adinerada puede requerir: una planta baja de locales, salón de fiesta en el primer piso, espacio de vivienda a partir del segundo y la casa “tipo chalet” en la planta superior. Algunos cuentan con tecnología de ascensores y otros sólo con escaleras. Sin duda, la arquitectura funcional responde a los usos que la casa tiene para estos sectores comerciantes, trajinantes y productores populares. Pero hay otro aspecto importante del “Cholet” que se condensa en su estética: una mezcla ch’ixi de relieves y molduras, figuras geométricas y formas que evocan lo andino, y colores vivos, que también encontramos en las polleras de las señoras y en sus “chompas” (sweaters); con un estilo moderno. “Es una mezcla de lo tiahuanacota y lo moderno. Incluso el diseño de las puertas…”, presenta Mammani en su película-documental (2017) sosteniendo que su estilo arquitectónico se inspira y referencia con orgullo en Tiahuanaco, en los tejidos y en la cerámica[46]. Freddy en la actualidad recurre a importadores en la 16 de julio para conseguir los insumos y decoraciones que utiliza para sus construcciones (Arbona, et. al., 2015, p. 78). El “Cholet” es también un ensamblaje de partes chinas, andinas y mestizas. Es una pieza arquitectónica y artística compleja que simboliza el pensamiento y las prácticas políticas, económicas, sociales y culturales andinas.

Volviendo a nuestra caminata allá por 2018, seguíamos recorriendo construcciones asombrosas con Marco Quispe como guía y nos comenta una experiencia con una metáfora para representar lo que el “Cholet”, pero también otras construcciones elaboradas sobre la base del capital que brinda el comercio popular, representan para sus propietarixs. Intentaré reproducir aquí la anécdota sobre la base de mis apuntes de campo. Relata que fueron a visitar un “Cholet” con un grupo de investigadores y turistas que querían conocer esta arquitectura y los atiende un señor vestido sencillamente que él conocía pero lxs participantes de la visita no. Cuando entran al edificio todas las luces estaban apagadas y él había bajado por una escalera de servicio. Con lo cual, la asociación más directa que hicieron todxs fue que era un “encargado” o personal de servicio del lugar. Enciende luces y suben por el ascensor a recorrer el “Cholet”. Él va explicando los espacios que tienen y relata que cada piso tiene una finalidad distinta: planta baja es locales, primer piso salón de fiestas, luego uno o dos pisos de arriendo y finalmente en los pisos superiores está la casa de lxs propietarixs y su familia. Finalizan la recorrida y todxs se despiden en la planta baja. Marco agradece al señor y se retiran. Mientras van alejándose, Marco les revela que él era el dueño del “Cholet” y todxs lxs asistentes a la visita responden sorpendidos que no lo habían notado. A partir del relato Marco comparte su interpretación que luego bautizamos como “metáfora de la papa y el chuño”. Él sostiene que lxs “nuevxs ricxs” son conscinetes de que hay tiempos de bonanza económica y tiempos de crisis. Tal como los antiguos sabían cuidar su producción y elaboraban chuño de la papa para tener alimento conservado para tiempos de escasez, ellxs también construyen y capitalizan pero no derrochan. Cuidan la luz, se visten como siempre lo hacían antes de tener dinero, continúan viviendo en un estilo austero y sus prácticas de consumo no varían. Construyen sus “Cholets” reivindicando un orgullo andino-aymara que sorprende por su magestuosidad, pero lo hacen en los mismos barrios donde se criaron, donde han tenido sus casas y sus negocios.

Esta reflexión llevó a un interesante intercambio oral que no podría traducir aquí pero sí es posible sintetizar y atravesar esta reflexión callejera, en plena caminata, con la trayectoria de Alicia. Ella es un ejemplo de la metáfora de la papa y el chuño: incluso hoy, luego de haber vivido la crisis que significó para su negocio una deuda enorme con el fisco, saca de donde no tiene para remontar su negocio, se emplea como chofera para costear la vida cotidiana y sigue trabajando para ahorrar para su casa en Achocalla: “…todo este tiempo, creas o no (…) apenas me he comprado una chompa, no me he comprado nada más. El año nuevo no me no me he podido comprar ni un par de calcetín. ¿Por qué? porque estoy ahorrando para la construcción…” (15/01/22), finaliza.

4.5 Conclusiones

Alicia H. es figura representativa de la trajinante contemporánea. Los nuevos mapas de comercio y circulación hacia el Pacífico, abiertos por comerciantes populares transnacionales, están dibujados en su trayectoria de vida, trabajo y movilidad. Ali nos presenta otra forma del movimiento desde La Paz-El Alto que comienza a trazarse en los ‘90 con más fuerza y ella experimenta a principios de los 2000. Su recorrido complementa el eje que veíamos en el Capítulo 3 y nos muestra que también existe un imaginario móvil que acompaña estas estrategias y dinámicas de economías populares en el trajín, abriéndose al mundo globalizado, sirviéndose de las herramientas que brinda, pero también co-produciendo estos mapas contemporáneos de circulación de mercancías y personas a nivel mundial. Es además una mujer andina que vuelve a mostrar y lucir su pollera con orgullo de chola, para bailar, y en quien este traje se vuelve símbolo de ascenso económico y de la visibilización política y social que el pueblo indígena y mestizo de Bolivia logró construir desde finales del siglo pasado a la actualidad.

4.5.1 Transformaciones del trajín contemporáneo en la historia personal

En los ‘90-2000 estas figuras son las encargadas de ampliar los mapas del trajín en el sistema global, leyendo la emergencia de China y las rutas Pacífico en su importancia para América Latina y, en este caso en particular, para Bolivia. Estos actorxs comenzaron a fortalecer el comercio con China, incluso antes que diplomáticos y políticos vieran la relevancia que China iba cobrando en términos geo-políticos para dirigir acciones al respecto.

Gracias a comerciantes populares como Alicia, contamos con tecnologías de la información y la comunicación a precios accesibles que permiten el acceso al mundo virtual por parte de sectores populares, campesinos, indígenas, migrantes. Por poner una imagen actual a los fines de ejemplificar: migrantes en tránsito de toda la región hoy se conectan desde sus celulares para ver tutoriales de cómo pasar las fronteras y comerciantes populares se orientan en dónde comprar al por mayor e incluso hacer pedidos y arreglar envíos a través de toda una tecnología celular e informática que se abrió en los 2000/10 gracias al trajín transnacional de estxs actores del comercio popular.

La trayectoria de Alicia marca momentos de esas relaciones geopolíticas y también de las dinámicas del capital en relación a las estrategias de economías populares en el trajín. La mujer como tejedora de nuevos mapas y redes, reactualiza imágenes de arrieras, chicheras, qhateras poderosas pero también muestra los desafíos de ocupar estos lugares en un mercado colonialmente estratificado. Alicia trabaja en la articulación de nuevos mercados y encuentra nuevos nichos. Ella es la que expande el negocio, la que genera el ascenso social de la familia en general, la que sostiene la comunidad y la familia. En su figura se ven las conexiones contenciosas entre lo comunitario y lo individual, lo local y lo global, heterogeneizando imágenes que no nos permiten hablar de ella “empresaria de sí”, más bien presentan a una “individualidad independiente” con espesa genealogía de mujeres poderosas que transformaron el mercado estratificado en espacio taypi de disputa concreta por ampliar los límites de sus negocios y de sus vidas.

En la fiesta se revela ese poder a modo de goce y movimiento danzante de polleras. Alicia es figura celebratoria de la autonomía conquistada desde la “soledad llena” de su entramado comunitario puesto al servicio de su fuerza pujante. La movilidad que encontramos en su negocio la encontramos en su vida en ascensos y descensos que siempre implican seguir moviéndose, por ella y por todxs lxs que ella sostiene e impulsa en su movimiento. La muestra y ostentación de sus logros -realizados con esfuerzo individual y colectivo-, encuentran en fiesta un lugar privilegiado. El “derroche” de sus ganancias en tiempo festivo, por el que muchas veces se excusa en su relato, es; advertimos, una práctica rebelde y de despliegue de una fuerza autónoma muy potente: que pone freno a la lógica hiper-productivista del capital y cuestiona los modos “blanqueados” del consumo del excedente. Podemos visualizar que es en la fiesta donde mejor se cristalizan potencias y contradicciones de las economías populares en el trajín.

4.5.2 Balance vital de una mujer comerciante paceña

Finalizando la entrevista unas horas antes de viajar juntas a Copacabana -día en que Alicia cruzó por primera vez en su vida a la Isla del Sol-, nos regala este balance vital:

Alicia: Así no más Anita… La historia de mi vida, sí. Gracias a dios también he encontrado a R., a pesar de las diferencias, hemos tenido problemas, no es que no, toda pareja tiene…

No teníamos nada cuando nos hemos casado. No teníamos. A mí nadie me ha regalado, nadie. Hemos salido los dos. Yo siempre buscando.

(…)

Pero yo pienso no, soy bien liberal, soy independiente, me gusta tener mi plata para pagarme. Él mi invita también pero a mí me gusta tener de mi plata. Me siento feliz al tener de mi plata y poder pagar me siento…

Ana: Y hacer lo que tenés ganas de hacer.

Alicia: Claro que sí. Yo me bailo, si quiero. Mi plata, me gano. Quiero tomar… (Se ríen) alguna vez sí…a ver porqué compras tanto…mí dinero, mi trabajo, mí cerveza… quiero tomar, es todo. Cuando quiero comer…ay no, tan caro…aquí hay unos pescados ricos…si quieres podemos ir…de la esquina del cementerio hay una señora, 25, 35 pesos pero qué rico…mañana vas a comer…

Ana: Mañana vamos a comer en el lago…sí. Qué ciudad linda… (Entrevista con Alicia, 15/01/22)

Ella reivindica el valor producido y el poder que ha sabido ostentar como mujer trajinante y cabeza de familia. Su reivindicación de libertad e independencia es sinónima de la “soledad” como autonomía que reconocíamos en otros fragmentos. Característica de su personalidad que ha ido construyendo y fortaleciendo a lo largo de la vida en un entramado repleto de vínculos, proyectos con otrxs, trama comunitario-popular fortalecida por su participación, compromiso y tejido cotidiano. Finalmente, y como lo vemos claramente retratado en este fragmento de balance vital; la fiesta y los viajes son dos prácticas fundamentales en la trayectoria de Alicia, ambas implican movimiento. Movimiento trajinante y movimiento danzante se alternan en ritmos acompasados a lo largo de su vida.


  1. Este sector ha sido desalojado en varias oportunidades y actualmente ya no existe como espacio de feria, sus puestos se han “reubicado” dentro del predio de La Salada. Lo interesante del relato de Wilkis y Hacher se puede transpolar a diversas ferias locales sucursales de La Saladita que se esparcen por todo el país y también a espacios de comercio al aire libre como la zona de Avenida Avellaneda en el barrio de Flores en Capital Federal. La Ribera fue desalojada en 2012, 2015 y 2017. 2012 – Película “Hacerme feriante”, D’Angolilo. Además: https://bit.ly/4s3OQvy 2015 – https://bit.ly/3YzidIghttps://bit.ly/4s02cc1 y 2017 – https://bit.ly/4oPMw8l
  2. La trayectoria que analizaremos en el presente capítulo es la primera que me llevó a abrir el mapa del trajín en dirección oeste desde el Altiplano y actualizó el eje de movilidad La Paz-El Alto hacia el Pacífico. Es preciso hacer explícito aquí, que la apertura de esta “nueva” ruta no significa abordar el detalle de las relaciones comerciales/productivas entre Bolivia y China, pero sí dar cuenta de que las estrategias de economías populares en el trajín muestran esta dirección como un eje de movilidad fuerte durante el período que estamos analizando ‘80-2020. Por esta razón, decidimos incorporar dos historias de vida (Alicia y Joan) que recorren este camino y que nos ayudan a complejizar las formas de la movilidad, su uso, la producción del trajín contemporáneo y los mapas que actualizan. Como no nos interesa ahondar en la relación Bolivia-China, sino más bien en las incursiones que las trayectorias analizadas van haciendo en el comercio popular hacia Iquique y luego hacia mercados populares en China, nombramos a este eje Altiplano-Pacífico.
  3. En el presente apartado, al igual que hicimos al comienzo del capítulo anterior, mantendremos una forma de redacción que privilegia la voz de lxs protagonistas y las resalta en imprenta itálica, acompañando mi voz en imprenta regular. Ambas a igual tamaño de tipografía e interlineado.
  4. Chijmuni es una comunidad que se encuentra a 3165 m.s.n.m., pertenece al Municipio de Sica Sica, Provincia Aroma, Departamento La Paz. Ubicada hacia el sur, a mitad de camino en dirección a Oruro. El patrono de la comunidad es el Apóstol Santiago, todos los años la fiesta se celebra durante el mes de julio y convoca a personas de la comunidad que viven en otras ciudades y regresan especialmente, e invitadxs de pueblos cercanos.
  5. Será mencionado más adelante como un integrante de la Fraternidad Fanáticos del Gran Poder, de la que Alicia forma parte. En este capítulo las personas que aparecen nombradas con iniciales son “personajes secundarios” y por lo tanto buscamos preservar su identidad. En el caso de Franklin, lo presentamos con nombre propio, agradeciendo su testimonio y la entrevista brindada que colaboró con esta investigación a los fines de indagar sobre la estructura y el funcionamiento de la Fraternidad. También agradezco a él haber sido nexo con Alicia.
  6. Utilizo la palabra “negocianta” de manera consciente y explícita para reforzar el carácter femenino del linaje que traspasa el saber especifico de la venta y el negocio en su trayectoria (como en la de muchas mujeres comerciantes en Bolivia; Rivera Cusicanqui, 1996, p. 119).
  7. Basilia falleció a principios de 2020 y también quiero homenajearla aquí, con todo el cariño y amor que se transparenta en las palabras de Alicia.
  8. Subrayamos las similitudes de recorrido con la historia de vida de Beti (Capítulo 3): su mamá también era una señora de pollera comerciante de la zona de la Plaza San Pedro y de habla aymara, fue quien le enseñó a “ser negocianta” (Entrevista con Beti, 2019). Profundizar en este tipo de trayectorias de mujeres comerciantes en La Paz-El Alto implica mirar la intersección entre género, pertenencia étnica-cultural y clase, visibles en las dinámicas de un mercado colonialmente estratificado. Esto nos advierte Silvia Rivera Cusicanqui en Bircholas. Trabajo de mujeres: explotación capitalista y opresión colonial entre las migrantes aymaras de La Paz y El Alto (1996); texto que acompaña las reflexiones de este capítulo.
  9. Los nombres propios de la familia y/o comadres-compadres de Alicia, como mencionamos antes, han sido cambiados para preservar las identidades de quienes no son sujeto protagónico de esta narrativa. Resulta importante aquí recordar que la narrativa personal es un modo de contar la historia de vida. A los fines de esta investigación nos interesa y resulta útil rescatar ciertos gestos, formas de narrar que denotan rasgos subjetivos con los que trabajaremos el análisis. Por esta razón, los nombres no resultan indispensables para abonar y profundizar el análisis; e incluso podrían distraer de tal objetivo.
  10. Alicia: filmaba, contrataba el minibus para llevar a los novios, la orquesta, hacía de todo.
    Ana: De todo un poco…
    Alicia: Y como ya filmaba entonces los VHS venían uno entonces necesitaba para desgrabar. Y necesitaba otro VHS tenía uno. Otro VHS necesitaba, me recuerdo que su amigo [refiere a un amigo de R.] me prestó 50 dólares y hemos comprado VHS con el R. y en las noches me pasaba grabando y me ponía horas. Una hora de desgrabado lo ponía en el paquete. Iba a las entradas, así como “Los fanas”, filmaba para vender y tenía que desgrabar. Entonces mientras me dormía ya había una hora, volvía cambiaba, entonces iba a vender los casetes.
    Ana: ¿A la gente que estaba en la fiesta?
    Alicia: Ajam! “¡Señor tengo video!”…”¡ah! ¡ya!”, decían. Sí que he trabajado. Eso ha pasado ‘98, ‘99. Seguía con el auto, debe ser 2000 creo o 2001 ya llega el R. de México. Y yo seguí de chofer. La guagua ya estaba con cuatro años…el R. ha llegado de México…y me dice, yo seguía manejando. Él ha llegado, obvio que no hay trabajo directo, tiene que esperar. Yo seguía trabajando. A la guagua la dejaba con el Rolando, ellos venían, así como los minibuses pasan y yo le decía en la curva me vas a esperar y les recogía y seguía de chofer (Entrevista con Alicia, 15/01/2022).
  11. La calle Huyustus, como ya hemos mencionado en el Capítulo 2, es uno de los epicentros del comercio popular de la ciudad de La Paz. Parte de lo que se conoce como macrodistrito Max Paredes, barrio donde se concentra la mayor parte del comercio popular al por mayor y menor y desde allí se distribuye al país y la región. La historia de mayor desarrollo de este espacio comercial “al aire libre” data de los años ‘80 (Müller, 2015). En ese tiempo, cada vez más comerciantes paceños comenzaban a incursionar en viajes hacia las zonas francas de Colón en Panamá e Iquique en Chile (abierta en 1975) y se van consolidando como importadores de las mismas marcas que antes distribuían en el centro paceño las empresas de migrantes europeos. De este modo, comienza a crecer como espacio de venta al por mayor, con precios más convenientes. Comerciantes de zonas de venta minorista como Eloy Salmón o las calles comerciales de El Alto (como el caso de Alicia en los 2000) tomaron a Huyustus como espacio de abastecimiento. Desde los ‘80, ‘90 tanto Eloy Salmón como Huyustus comenzaron a aumentar su clientela y las empresas criollo-europeas ya no podían competir con los costos abaratados producto de las estrategias de contrabando y la logística popular (Íbid., p. 27). Para un mayor desarrollo sobre la historia y dinámicas institucionales que se despliegan en esta calle recomendamos consultar: Tassi, et. al. 2013; Arbona, et. al., 2015; Müller, 2015 y 2022.
  12. Recordamos la importancia de Iquique en este itinerario de movilidad y comercio. Es la ciudad chilena en que se encuentra la Zona Franca de Iquique, ZOFRI (fundada en 1975).
  13. Desarrollaremos en un apartado siguiente con más detalle la importancia de la celebración del Gran Poder entre quienes se dedican al rubro del comercio, la importación y producción popular; y ampliaremos respecto a su crecimiento en los últimos años. Basta nombrar ahora que se trata de una de las fiestas más importantes de Bolivia, que se celebra a principios de junio en honor a un cristo de tres caras. El crecimiento y visibilización de la fiesta está vinculado a la expansión económica de lxs comerciantes populares.
  14. Nos estamos refiriendo aquí a algo que ya hemos desarrollado con más detalle en el Capítulo 1, pero que en este punto vale la pena resaltar. Tanto en el 2000/2003/2005 en Bolivia como en el 2001 en Argentina, los levantamientos populares, de trabajadores, excluidxs, indígenas, campesinos, estudiantes, etc. inauguraron un tiempo de profundo rechazo a las políticas neoliberales que se habían implementado desde los años ‘80. Esta impugnación abrió un horizonte diverso en cada territorio respecto a las formas políticas cristalizadas en el Estado y las nuevas fuerzas políticas que disputarían los sentidos del gobierno. Sin embargo, no está de más volver a poner el foco en las personas, colectivos, comunidades, movimientos, que llevaron al estallido y la desobediencia callejera pública en aquellos momentos históricos. Creemos necesario no “plegar” de modo homogéneo y unívoco el proceso de rechazo al neoliberalismo (y sus políticas) con las ideas y políticas que llevaron adelante los gobiernos progresistas que sucedieron a aquel momento.
  15. Nombramos de este modo el uso de capital dirigido a la construcción de su casa, dado que ella afirma ambas cosas: es un gasto y es una inversión.
  16. En la narrativa de Alicia los gastos en fiestas también parecen ser causantes de menor inversión en compra de mercadería y ampliación del negocio.
  17. No me extenderé aquí demasiado para explicar en qué consiste el pasanaku, dado que la propia narrativa de Ali lo repone. Sin embargo, sí es preciso comentar que, tal como lo leemos de sus propias palabras, es una práctica que se funda en la confianza y la responsabilidad de los miembros del grupo. En este sentido, caracterizamos el pasanaku como una forma colectiva y comunitaria que tiene objetivos y reglas consensuadas de funcionamiento. Sin embargo, tal como observa Müller (2022, p. 211), en la actualidad también aparecen formas del pasanaku bancarizadas y existen apropiaciones particulares de pasanukeras que se dedican a generar grupos con períodos más breves de rescate del ahorro para un uso más inmediato del capital.
  18. Es una figura económica de inversión muy interesante que se utiliza bastante en Bolivia para ofrecer en “alquiler” las propiedades. Quien es propietarix de un local o casa pone en anticrético la propiedad y esto implica ponerle un costo total por el período de tiempo que se quiere arrendar. Quien desea tomar el anticrético tiene que contar con ese monto de dinero y se lo da a lx propietarix. Éste a su vez, al finalizar el contrato deberá devolverle a lx arrendatarix el monto total de lo que le pagó al ingresar. Con ese dinero, el/la propietarix pone a circular un capital que de otra forma estaría “parado” en propiedad física. Pero, además, quien toma el anticrético sabe que una vez que finalice el contrato tendrá el capital inicial para volver a invertir en otra propiedad o en lo que desee. Es un modo de contrato de “alquiler” que permite a ambas partes producir ingresos con la propiedad pero sin extraer renta únicamente del inquilinx.

  19. Alicia: Sí. Les he casado bien. Como mayor a esta mi hermana la J. una tienda le he dado, se ha casado con un joven que era mi técnico y él sabía vender, sabía del negocio. Les ha ido bien.
    Ana: ¿Y ahora tienen todavía la tienda?
    Alicia: Tienen todavía, en otro lado. No le ha puesto empeño. Hay que ponerle empeño.
    Ana: ¿Dónde es?
    Alicia: Allá a la vuelta [refiriéndose a la vuelta de su local actual en Galería Apaza, calle 3]. (13/01/15)
  20. No debemos perder de vista que, en simultáneo a los fenómenos que venimos nombrando, también desde la década de los ‘90, las reformas económicas de Deng Xiaoping (sucesor de Mao Tse Tung) en China, transformaron los pueblos agrarios liberalizando el comercio y permitiendo que cada pueblo produjera lo que era más conveniente para insertarse en un mercado manufacturero en crecimiento. Así, ciudades como Yiwu, ampliamente estudiadas por los trabajos de “globalización desde abajo”, se convirtieron en centros de producción que comenzaron su expansión comercial desde Asia al mundo (Pliez, 2015). Viniendo más acá en el tiempo en actual presidente de China, desde 2013, Xi Jinping ha ido consolidando en sus programas de gobierno lo que llama un “socialismo con características chinas” (Xi Jinping, 2013 y 2017) en el que se ha propuesto elevar el nivel de vida de la población y convertir a China en potencia mundial a partir de su gobierno. Todo esto sobre la base de un desarrollo sostenido en el que las alianzas con países como Bolivia, Argentina o Brasil constituyen estrategias geopolíticas y económicas para disputar la hegemonía de los Estados Unidos y consolidar un bloque de negocios y estrategias económico-políticas alternativas a la globalización entendida como hegemonía occidental. En este contexto, los países del Mercosur y UNASUR durante el período de gobiernos progresistas en la región latinoamericana recibieron grandes inversiones de empresas y bancos chinos para el impulso de proyectos de desarrollo energético y de infraestructura y conectividad para la extracción de materias primas fundamentales en la innovación a través de nuevas “tecnologías verdes” (Fornillo, 2016). Este tipo de mapas geopolíticos, también constituyen entramados complejos que conectan la visión de una globalización “desde abajo” con dinámicas “por arriba” (Müller, 2016) como un relato que no sólo habla de la pujanza económica de lxs comerciantes populares y sus comunidades sino también de los intereses y disputas por los recursos naturales de nuestros territorios.
  21. Al hablar de “intimidad” o “escala íntima” estamos proponiendo una metáfora visual que refiere a un modo de mirar. Al trabajar con trayectorias de vida, narradas por sus protagonistas, el concepto de “intimidad” tiene que ver con intentar escuchar e interpretar lo más pegado posible a la voz de lxs narradorxs aquello que relatan como vivido. En este sentido, una “escala íntima” es sin duda una comunicación entre lxs entevistadxs y quien monta el relato a los fines de esta investigación. Sin embargo, es también un modo privilegiado de acceso a la vida social, en sus múltiples maneras de narrarse e imágenes/imaginarios que nos proponen.
  22. Aquí resalto el encuadre de mirada social que esta advertencia conlleva, y tiene que ver con desinstalar una visión homogeneizada del mestizaje. Gesto y postura teórico-política que Rivera Cusicanqui produce constantemente en sus trabajos y que se sintetiza en la idea de “lo ch’ixi” como operador epistemológico y metodológico para el análisis del mundo social. Concepto que ya hemos desarrollado extensamente pero que cabe traerlo aquí para que acompañe específicamente en este apartado el análisis sobre los modos de combinación entre lo local-global, lo comunitario-individual en la trayectoria de Alicia. Complementando la advertencia remarco: la visión homogeneizada:
    …borra como en un palimpsesto, las contradicciones coloniales subyacentes a la nueva forma de ciudadanía. En la construcción de este sujeto colectivo intervienen tendencias corporativas profundamente masculino-centradas (…) Pero a contrapelo de este proceso, al calor de las duras realidades del mercado, miles de mujeres de los estratos bajos experimentan y construyen sus propias representaciones de la masculinidad, la femeneidad y la ciudadanía, a través de una práctica multiforme y contradictoria… (Ibid., p. 118).
    Silvia encuentra en el mercado y en el cuentapropismo femenino ese espacio contradictorio de des-arme de figuras de femineidad homogéneas y hegemónicas.
  23. La Revolución Nacional de 1952 llevó al gobierno al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) que impulsó transformaciones significativas en relación a las formas de propiedad de la tierra y los recursos naturales y respecto a las formas del trabajo. Eliminó el pongueaje (forma de trabajo en relación de dependencia sin percepción de salario); realizó la Reforma Agraria por medio de la cual se puso en disputa la hegemonía de las élites hacendadas, lo que también implicó la migración de muchas familias del campo a la ciudad; nacionalizó las minas y llevó al trabajo asalariado a una gran mayoría de varones de sectores populares, indígenas y campesinos.
  24. Melchor María Mercado fue un pintor, cronista y pedagogo que a principios del siglo XIX recorrió Bolivia y elaboró una obra pictórica y narrativa que representa la vida social de la época. El Álbum editado por Gunner Mendoza, es tomado por Rivera Cusicanqui para realizar interpretaciones sociológicas que nos interesa compartir aquí.
  25. Continuando con la propuesta de análisis de Rivera Cusicanqui, encontramos en las finanzas un operador crucial para el despliegue de nuevas formas de expropiación colonialista. Si bien no vamos a acordar aquí con todos los presupuestos y conclusiones a las que arriba la autora; sí es pertinente explicitar las hipótesis centrales de su investigación y algunas conclusiones que luego dirigimos a la historia de vida de Alicia para contrastar dichas reflexiones.
  26. El estudio que Rivera Cusicanqui (1996) se basa en el análisis de cincuenta historias de vida de artesanas y comerciantes de La Paz y El Alto.
  27. La información fue consultada a través de las páginas webs de los propios bancos y sus grupos inversores y de la Autoridad de Supervisión del Sistema Financiero (ASFI) de Bolivia. En el caso de Prodem S.A.: https://appweb.asfi.gob.bo/Reportes_asp/rmi/tarjeta.asp?c=51866&t=2;
  28. Para ejemplificar reproducimos aquí parte de la memoria que aparece narrada en la propia página web del Banco Crédito de Bolivia:
    Desde 1995 forma parte del grupo Credicorp, uno de los conglomerados financieros más importantes de Latinoamérica, que combina los negocios bancarios del BCP y del Atlantic Security Bank con los negocios de seguros de Pacífico Peruano Suiza, la empresa más grande del Perú en su rubro. Las acciones de Credicorp están inscritas en la Bolsa de Valores de Nueva York, lo que le permite acceder con facilidad a los mercados de capitales internacionales. El Banco de Crédito de Bolivia S.A. es una empresa 100% subsidiaria del Banco de Crédito BCP. Iniciamos nuestras operaciones en el mercado boliviano en 1994 después de que adquirimos el Banco Popular, institución que se ubicaba en el puesto número trece del sistema financiero nacional. Esta primera apuesta por Bolivia fue muy exitosa, lo que nos alentó a seguir invirtiendo en el país, adquiriendo en 1998 el Banco de La Paz. (Disponible en línea: https://bit.ly/4pLSuZs -consultado el 23/09/2023-).
  29. En esta idea podemos recapitular y, a modo de síntesis, volver a enumerar ciertos elementos que la componen: formas de organización socio-culturales y políticas de tipo comunitaria y campesina (el ayllu y las modalidades comunales de tenencia y usufructo de la tierra, como algunas de las figuras centrales); dinámicas de movilidad con dobles o triples domicilios en territorios extensos que datan de tiempos pasados y se reactualizan hasta el presente; y formas de agremiación y sindicalización como modos de lucha por derechos en el marco del Estado-nación liberal más allá de la figura unívoca del trabajador asalariado (Rivera Cusicanqui, 1996, p. 117).
  30. La Federación Obrera Femenina y la Federación de Servicios Varios que, tras la Guerra del Chaco (1932-1935) habían consolidado un espacio de mayor participación femenina, por consecuencia de un aumento de la presencia de las mujeres como fuerza laboral y sostén de los hogares; se volvieron espacios organizativos de gran relevancia y peso a principios del siglo XX (Lhem y Rivera, 2013, p. 71). Hacia mediados del siglo comienzan a perder poder como consecuencia del desplazamiento hacia la figura del trabajador industrial y asalariado.
  31. Según Pinaya y Vaca (2010) las tres caras serían interpretadas por el pueblo devoto como una representación de los tres picos del Illimani (montaña que enmarca la olla de la ciudad; el achachila protector de La Paz).
  32. Chijini era uno de los trece distritos de la ciudad de La Paz a principios del siglo XX. Era área rural bajo jurisdicción urbana. Allí se encontraban las haciendas de San Pedro (Barragán, 2009, p. 60). Apuntamos esta aclaración georeferencial e histórica de la ciudad dado que varias de las trayectorias que hemos trabajado hasta aquí nombran a San Pedro (hoy en día barrio) como lugar de partida o pasada en sus itinerarios.
  33. La entrada de la Festividad del Gran Poder sucede en fecha de celebración de la Santísima Trinidad según el calendario católico (esto es, primer fin de semana de junio). La preparación hasta llegar a la entrada consiste en una coordinación de organización de personas que trabajan en ella y de tiempos que se deben respetar. La organización de personas consiste básicamente en la toma de responsabilidad de lxs pasantes para organizar la fiesta y de los bloques y grupos de morenada y otras danzas para ensayar y agenciar los medios para adquirir sus trajes para la fiesta. Los ensayos se realizan durante el año y se coordinan por bloque y fraternidad. Luego de la entrada cada fraternidad tiene su propia fiesta. Esto es: alquila un salón, grupos de música, comida, etc. para dos días de celebración (la fiesta y la diana). Para indagar con más detalle toda la estructura organizativa tanto de personas como de tiempos y calendario anual que conlleva la Festividad del Gran Poder recomendamos la lectura del estudio coordinado por Rossana Barragán (2009) “La fiesta del poder, el poder de la fiesta”, en: Gran Poder: La Morenada. Tomo III. La Paz: IEB.
  34. Con la creación de la Asociación de Conjuntos Folklóricos de Gran Poder se da un proceso de crecimiento y transformación de la fiesta barrial en fiesta popular de la ciudad. Lucio Chuquimia impulsó y fundó la asociación y la fiesta se independizó de la organización vecinal. Los grupos fueron aumentando y el recorrido de la entrada varió por completo. Además, desde la Asociación comenzó una etapa de vínculo con el gobierno municipal y autoridades urbanas que llevó a la fiesta a un nivel diferente (Barragán, 2009, p. 68).
  35. Entre 1922 y 1923, tras el derrotero que comentábamos anteriormente, la imagen del Gran Poder fue instalada en una casa particular de Chijini “donde existía un mercado y varios tambos (Albó y Preiswerk, 1986: 17). Cuando se celebraba su fiesta, el preste sacaba la imagen por la calle” (Ibid., p. 60). El mercado y los tambos siendo el escenario de generación de una fiesta religiosa constituye una imagen bien sintética de lo que representa este culto. Desde allí y por cien años la fiesta y los mercados han ido creciendo.
  36. “La entrada del Gran Poder movió este año cerca a $us 60 millones, según la Alcaldía”, Diario La Razón, Bolivia. (05/06/2023) Disponible en línea: https://bit.ly/4aPmoXQ
  37. Si bien, tal como afirma la propia Barragán, no podemos reducir el crecimiento al aumento de grupos y fraternidades, es evidente que la fiesta va tomando dimensiones cada vez más masivas, aunque permanecen estructuras organizativas que regulan la participación.
  38. Merece un análisis aparte la cobertura de los portales y canales de noticias y el modo en que hablan de “modernización” de la fiesta, presentando las transformaciones tecnológicas como una innovación radical y respondiendo a una idea ciertamente colonial respecto de lo que se entiende por “moderno”. No coincidimos aquí en dichas interpretaciones pero sí resulta importante citarlos para tomar mayor dimensión de los cambios que la festividad viene mostrando. Referimos por ejemplo a: “La fiesta del gran poder se moderniza para celebrar cien años de ‘devoción’”, Opinión, Bolivia, 23/05/2023. Disponible en línea: https://bit.ly/4p1yPn5 y “Lanzan la app para ver en directo la entrada y todos los detalles”, Página Siete, Bolivia, 3/06/2023. Disponible en línea: https://bit.ly/49dFENu
  39. Hacemos referencia aquí, por ejemplo, a los trajes que las señoras lucen en la fiesta. Para la festividad del Gran Poder hay mujeres que tienen dos trajes diferentes: uno para ensayos, recepciones, invitaciones y otro para la entrada propiamente. Cada uno de ellos cuesta bastante dinero, así mismo los sombreros y las joyas. En el relato de Alicia se transparenta esta diferenciación interna entre las más antiguas y las que recién ahora están comenzando: “hoy baila hasta la más humilde”. Mientras que, también leemos en su narrativa, que ella era de una posición socio-económica menos acomodada cuando comenzó en la fiesta siendo su madrina la que la invitó, le hizo el primer traje y le compró las joyas:
    Me ha hecho bailar. Me ha comprado joyas, me ha hecho polleras. Es un gasto. (…) Uy, pues cuesta… ‘pa la entrada nomás, solo en pollera, manta, los dos: cinco mil bolivianos. Aparte la blusa, el zapato, la matraca, las cuotas (15/01/22).
    Es interesante notar en su historia de vida cómo la fiesta también es un indicador de la posición social en ascenso que va adquiriendo; más no desconoce que, en tanto espacio para confraternizar y celebrar, está abierto a quien desee formar parte.
  40. Según los dichos de Alicia y lo que proponen estudios recientes al respecto, los pasantes finalmente no sólo recuperan sino que incrementan ganancia al invertir en la fiesta (Müller, 2020, p. 4)
  41. “Yo no pero sí hay gente que lo hace. Yo si no tengo plata no bailo” (Entrevista con Alicia, 15/01/22).
  42. La wajta es el proceso por el cual se realiza una ofrenda a la pachamama que consiste en la preparación de una mesa (también llamada “santa misa” en su traducción católica) donde se colocan diversos elementos materiales que simbolizan distintos seres, objetos y situaciones que representan el cosmos (pacha). Para una visión más detallada del modo en que se confeccionan y funcionan las mesas en la cosmovisión andina recomendamos la lectura de Fernando Járez, G. (1995) El banquete aymara. Mesas y yatiris. La Paz: Hisbol.
  43. Entendemos que esta expresión de “no ser tan creyente” responde también a un modo de presentarse ante mi persona, quien para ella representa un mundo distinto en términos de cosmovisión espiritual-ritual. Sin embargo, en varios momentos del tiempo compartido con Alicia sus expresiones en aymara y sus referencias a ciertas prácticas sociales de raíz aymara-andina nos muestran que lejos de querer negarlo, es parte de su subjetivación y lo reivindica como tal (entre éstas nombramos: consulta de la hoja de coca, wajta para el negocio y para el inicio de la construcción en Achocalla).
  44. “La arquitectura es un termómetro del crecimiento del comercio popular y de la migración”, afirmaba el Prof. Arbona en aquel seminario. Y no sólo se construyen casas para habitar sino también para servir de depósito, local, salón de eventos, piso de alquiler/anticrético, etc.
  45. “El Freddy Mammani sintetiza esa construcción de ciudad que se ha construido en sus propios términos” (Juan Manuel Arbona en: “Cholet”, película documental dirigida por Isaac Niemand, 2017). Tomamos aquí estas palabras para mencionar algo que resulta de vital importancia comprender, aunque no podemos aquí desarrollar en profundidad. Y es que El Alto es una ciudad que se ha ido construyendo sobre la base del movimiento: la migración arribada y la que de allí parte, sumado al movimiento trajinante de comerciantes, importadores, productores populares; van confeccionando este tejido urbano ch’ixi que es donde emerge el “Cholet” como emblema y síntesis. Remitimos a la película disponible en línea: https://bit.ly/48WqqLB
  46. En el documental el arquitecto y artista es entrevistado en varios momentos para contar la historia de consolidación de este nuevo estilo aymara-andino de construcción. Su relato aparece en contra punto con “visiones oficiales” de la arquitectura clásica y con datos arqueológicos y antropológicos que el director decide poner en conversación. La cita que aquí utilizamos inaugura uno de los momentos de disquisición en contrapunto con un antropólogo, arqueólogo boliviano, Jedú Sagárnega. Éste es el encargado de explicitar desde una perspectiva científica las vinculaciones históricas entre el pueblo aymara y Tiahuanaco. Sostiene que, quienes hoy se reconocen en la historia del pueblo aymara -como es el caso de Freddy- tienen a Tiahuanaco como centro de referencia política y cultural; pero sin embargo, aymaras y tiahuanacotas -sentencia Jedú- son dos pueblos totalmente distintos. Según la arqueología, los aymaras invadieron a los tiahuanacotas y sin embargo el imaginario colectivo aymara reconoce y se autoidentifica como la continuación de Tiahuanaco. Parece interesante indagar sobre este punto, dado que condensa un modo de comprensión de la historia de los pueblos entre dominados y dominadores que no se condice con el modo en que colonia narró y construyó la historia de los pueblos invadidos. La historia colonial oculta, invisibiliza y niega el estadio anterior presentándolo como incivilizado o sub desarrollado; mientras que en este caso, los aymaras se referencian y reconocen en el pueblo tiahuanacota a sus ancestros reivindicando su sabiduría y conocimientos arquitectónicos.


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