5.1 Introducción
Las trayectorias que abordamos hasta aquí marcan dos direcciones de lo que hemos llamado los mapas del trajín contemporáneo: desde el Altiplano hacia el Sur (La Paz-El Alto a Buenos Aires) y hacia el Pacífico (hacia Iquique, rutas vía Pacífico de productos provenientes de China). Hablamos de movilidad en términos de trajín y hemos ido mostrando cómo el mismo trajinar y el migrar, construye territorios, produce los mapas por donde circula. Los produce en el sentido de que gracias a lxs migrantes/trajinantes contamos en el caso de Argentina, por ejemplo, con bienes de primera necesidad como alimentos e indumentaria fabricados a través de trabajo migrante; además de que son lxs migrantes y trajinantes contemporáneos quienes sortean fronteras estatal-nacionales para abastecernos de productos importados reactualizando antiguas rutas de contrabando. Trajín y migración entendidas en tanto formas de producción de la circulación de bienes y de fuerza de trabajo; son modos de construir y, al mismo tiempo, expandir mapas económico-políticos desde los Andes Sur. Estas nociones han dialogado con la bibliografía sobre migración y formas de movilidad en el capitalismo contemporáneo (Mezzadra, 2005; Mezzadra y Neilson, 2016), los estudios migratorios en Argentina (Magliano, Mallimaci, 2015; Benencia, 2009; Gavazzo, 2004); los trabajos sobre historia económica andina (Glave, 1989; Murra, 1975) y han puesto en primer plano los debates recientes sobre economía popular en Bolivia y su dinámica transnacional (Hinojosa, 2019; Tassi, et. al., 2013; Arbona, et. al., 2015; Müller, 2022).
Ahora nos ubicamos “más acá” en el tiempo con las historias de vida de dos jóvenes mujeres migrantes-trajinantes entre los años 2005 y 2015: Delia y Joan. Ellas representan dichos itinerarios abiertos y reactualizan, desde un período más reciente, la cartografía de las economías populares en el trajín que venimos conceptualizando. En esta línea, nos preguntamos: ¿qué motivaciones para migrar, movilizarse, trajinar, tuvieron estas jóvenes? Los mapas por los que ellas circulan han sido cimentados en los períodos anteriores, ¿qué uso hacen de las infraestructuras populares migrantes y trajinantes que comentábamos en los capítulos precedentes? Además, en un período histórico signado por la crisis del neoliberalismo en la región y una efervescencia social contundente, ¿qué figuras subjetivas vinculadas al antagonismo social y político, pero también al trabajo y la movilidad como tal, encontramos en ellas?
Ambas trayectorias nos presentan figuras asociadas a la idea de las migrantes/trajinantes como “exiliadas del neoliberalismo”, tal como María Galindo (2007)[1] encuadra los desplazamientos y migraciones de mujeres como consecuencia de transformaciones neoliberales y sus políticas de privatización y despojo. Siguiendo su argumento, tomamos la idea de exilio en un sentido político aun siendo por causas económicas y la radicalizamos para comprender las motivaciones para migrar como una decisión político-estratégica. Quiero postular aquí el moverse como un desafío a la precarización de la vida y el encorsetamiento de la potencia vital que el neoliberalismo presenta como máxima, y no simplemente una reacción pasiva a sus políticas.
Siguiendo este argumento, vamos a privilegiar en este capítulo el análisis de la movilidad y las economías populares en el trajín desde una perspectiva de género. Esto lo abordaremos indagando las figuras del exilio conectadas con la resistencia a la violencia por razones de género. Resaltaremos así que la economía es política y la movilidad constituye un modo de resistencia a la violencia machista que se intensifica en simultáneo a la violencia neoliberal.
Si bien los índices de migración de Bolivia hacia Argentina no varían sustancialmente en los primeros años de los 2000 (Mallimaci, 2011), lo que sí es evidente es que algunas trayectorias muestran un cambio en el destino y la composición: más mujeres solas emprenden trayectos de migración hacia España y Estados Unidos (Hinojosa, 2019). Este proceso ha sido nombrado como “feminización de las migraciones” (Sassen, 2003; Genta Rossi, 2007; De Hass, Miller y Castells, 2020). En el Capítulo 3, ya hemos establecido un matiz dentro de esta caracterización porque en el caso de Bolivia se hace evidente que las mujeres han migrado desde siempre, fundamentalmente en pareja y familia, y lo han hecho como trabajadoras tanto en el ámbito reproductivo como productivo (Mallimaci 2011; Magliano, 2013). No las hemos pensado como “figuras acompañantes” donde la imagen del migrante se ve representada por el “varón trabajador”; sino como gestoras de la movilidad, del negocio y de los cuidados. En este sentido, no analizamos como un fenómeno nuevo de migración lo que sucede a partir de los 2000, sino que más bien nos interesa subrayar como rasgo diverso y novedoso la ruptura del plan de pareja o de familia nuclear que acompaña las nuevas trayectorias de mujeres. Vamos a indagar el modo en que migran solas y establecen otros destinos y modos de circulación. En los casos que estudiaremos en este último capítulo veremos cómo se dan estas movilidades hacia Argentina y China.
A lo largo del capítulo presentaré las trayectorias de Delia y Joan para pensarlas en tándem observando qué elementos comunes se anudan a partir de la narración en primera persona de sus itinerarios migrantes diversos, en tanto trabajadoras de las economías populares en el trajín. Delia y Joan condensan nuevas miradas, otros modos de contar sus experiencias y de analizar el entorno socio-económico-político en el que están insertas. En primer lugar, se presentarán las historias de vida de cada una y seguidamente los apartados de análisis de elementos comunes de ambas. Estos se distribuyen en relación a los tres puntos marcados arriba: 1) qué lugar ocupa la movilidad en estas historias de vida; 2) cómo aparece la comunidad y cómo opera en estos casos; 3) cómo caracterizar los modos de subjetivación de las migrantes-trajinantes en la crisis del neoliberalismo de los años 2000.
Buscaremos también mirar qué modalidades de ejercicio de la soberanía, espacios de autonomía y enfrentamiento, negociación y freno a las lógicas extractivas del capital encontramos en estas trayectorias. Así como encontrábamos en la fiesta, la ritualidad, la institucionalidad gremial y fraterna, diversas formas de fortalecimiento comunitario y de lazo social y político, en los capítulos 3 y 4; en estas nuevas trayectorias indagaremos: ¿qué lugar ocupa la fiesta y qué otras formas de “fiesta” aparecen en las prácticas públicas, políticas, sociales y culturales que abren? ¿De qué institucionalidades participan estas nuevas subjetividades migrantes? ¿Qué espacios de fortalecimiento de alianzas y ruptura del tiempo productivo nos muestran?
Esquema 4 – Mapa ilustrado del recorrido en la trayectoria de Delia (2005)

Ilustración de María Paula Ruíz Díaz[2].
Esquema 5 – Mapa ilustrado del recorrido en la trayectoria de Joan (2015)

Ilustración de María Paula Ruíz Díaz.
5.2 Migración hacia Buenos Aires en los 2000: Delia
Delia Colque Quillca nació en el año 1981 en la ciudad de La Paz y vivió gran parte de su vida en la zona del Cementerio General. En el año 2003 se mudó a Villa Exaltación, El Alto. El relato que construye en la primera entrevista biográfica que hicimos, es particularmente enfático sobre este punto de inflexión en su vida. Es que en ese momento, a sus 21 años, vivió de cerca todo el proceso de la Guerra del Gas que le hizo amar la ciudad y marcó fuertemente su recorrido político. “Me fui a vivir Al Alto, donde estoy ahora, y pasé el lapso de la Guerra del Gas, y demás ahí en El Alto. Así que fue donde más me terminé enamorando de la ciudad, con todo lo que llegó a surgir…”, afirma desde el comienzo. Pero también, por otra parte, es ese momento un hito que la muestra moviéndose de la casa familiar junto con sus hermanos y protegiendo a su mamá de la violencia ejercida y sufrida durante muchos años en convivencia con su padre.
Delia: Así es, sí, en pleno 2003. De hecho fue algo loco eso, nos escapamos de casa. Mi mamá primero se fue de casa. De hecho nosotros, todos mis hermanos y yo le dijimos a mi mamá que se vaya, porque mi papá la iba a terminar matando a golpes, entonces era como para resguardar su vida que se vaya y que ni siquiera a nosotros nos diga a donde. Ella se fue y a la semana también nos fuimos nosotros. Yo agarré a mis tres hermanos y nos fuimos a vivir a la casa de un tío y después de un mes volvimos a vivir con mi papá con el compromiso de que ya no nos iba a golpear. Pero bueno, no cambió. Es por eso que nos quedamos ahí en Villa Exaltación, porque tengo dos tíos que viven en ese barrio. (Septiembre de 2021).
Las mudanzas por la ciudad escapando de la violencia del padre, los enfrentamientos de ella y sus hermanos con él, el resto de la familia interviniendo y tratando de acompañarlxs, configuran una narrativa estremecedora. Delia es la mayor de cinco hermanxs. Las múltiples violencias sufridas constituyen un elemento estructural que acompaña todo su relato. Y no es para menos, ha modificado el devenir familiar, desde su composición misma.
Delia: A ver, somos cuatro, yo soy la mayor, después viene R. que tiene 36, luego viene M. que tiene 34 y Á. que tiene 24. Somos cuatro hermanos. Tres varones y yo la única mujer, tenía una hermana chiquita que murió. Nació y al mes habrá fallecido, precisamente por eso, por los golpes de mi papá. (Ibid.).
Su voz no se quiebra y relata todos estas experiencias con una entereza asombrosa. Su fortaleza se descubre en la insistencia con que reafirma la causa central de todos los momentos dolorosos vividos a nivel familiar y de su vida adolescente y joven. Al mismo tiempo, Delia también puede reconstruir la lucha y creatividad que desplegó y desplegaron entre lxs hermanxs para ayudar a su madre y colaborar entre ellxs mismos y salir de estas situaciones tan complejas. Un relato agradable, repleto de imágenes callejeras, pobladas de personas y dinámicas económicas populares de la zona comercial en la que se crió da cuenta de una potencia transformadora en su vida.
Delia: … yo te digo que extraño un montón todo lo que es el cementerio general y el tejar, porque a ese lugar llegan todo lo que son frutas y verduras, de todo. Fruta cualquier cantidad, de estación…yo me acuerdo que crecimos con todo eso (…) yo me he acostumbrado a vivir así con mucha gente siempre. Mis papás, como te digo, han sido panaderos entonces yo he crecido y he vivido en la calle. Vendiendo con mi mamá, ayudándoles a hacer el pan en el horno, y compartiendo todo el tiempo con las otras vendedoras de ahí del barrio. (Ibid.).
Su madre y padre eran panaderxs en zona cementerio general, Delia recuerda con cariño y pinta los paisajes de la zona comercial en aquel tiempo donde desde muy chica se va formando en la venta y también en el estudio, yendo a la escuela primaria y secundaria en este mismo barrio. En un tiempo que el padre estaba enfermo, la mamá debe dejar el rubro de panadería y comienza a ofrecer café en el Cine Madrid con Delia.
Delia: … ‘87 al ‘92 estuve en la primaria. Y no. Siempre fue un barrio súper popular, yo me acuerdo así como te digo, como lo ves ahora, vos viste todo lo que es la parte de la Tumusla, La Garita, llena de vendedoras, siempre fue así, entonces yo me acuerdo de todas esas imágenes. Y algo así como que me marcó bastante fue que teníamos nosotros justo al frente un cine que en esos tiempo se llamaba el Cine Madrid, entonces yo me la pasaba viendo todos los días la cartelera del cine. (…) Hasta que yo cumplí mis doce años y justo mi papá se enfermó. (…) Quedó internado como seis meses, estuvo mal, mal. (…) Entonces mi mamá dejó de hacer el pan porque no sabía bien cómo preparar la masa y se puso a vender café en el mismo lugar. Entonces empezamos a vender café nosotras. Y después vendía verduras y no sé flores, lo que se le ocurría trataba de vender, ella siempre trataba de innovar en eso y buscarle la vuelta para llevar el pan a casita. (…) Después de eso nos hicimos muy buenos amigos y aparte nos querían un montón y nos dejaban entrar al cine tranquilamente. Mientras yo dejaba me acuerdo el café me quedaba en el cine, de hecho me iba a buscar, me mandaba a buscar con el señor con la linterna dentro del cine… (se ríen) La mal mandada se quedó a ver las películas. (Ibid.).
Frente al Cine Madrid, acompañando a la mamá en la venta, Delia aprovecha los entretelones del negocio para escabullirse entre lxs espectadores. Es interesante notar cómo esta alianza con otrxs vendedorxs, con el cine como territorio de disfrute, con quienes eran también sus clientes; aparece como una especie de refugio de todo el otro escenario de violencia que se vivía puertas adentro de su casa. Delia va formando su trayectoria de estudio y en lo laboral desde ese cruce entre la curiosidad, la exploración, el rebusque, la vida compartida en la calle y en el puesto de venta y la educación en instituciones de enseñanza formal y también barrial y comunitaria. Rasgo que observaremos en su vida de joven y adulta ya en Buenos Aires.
Unos años antes de mudarse a El Alto había comenzado la carrera de comunicación en la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA). Estudiaba y trabajaba como encuestadora recorriendo la ciudad; lo que le brindaba el dinero con el que llegaba a costear los gastos del estudio. En el año 2003, sus tíos paternos fueron quienes lxs ayudaron y acompañaron a instalarse en la ciudad alteña. Era un momento muy convulsionado del país y no pasaría desapercibido en su trayectoria.
Delia: …tengo imágenes graciosas pero también tengo imágenes muy fuertes. Porque he visto cómo han pasado los cuerpos de los fallecidos, en las ambulancias. De hecho mi tío, justo este tío, el tío que nos había recibido en su casa, era dirigente de ese barrio y en esas épocas obviamente se organizaban las juntas vecinales ahí en El Alto, y mi tío al ser dirigente… Creo que por ahí he salido yo, más que a mi papá he salido a mi tío. Con respecto a la militancia. Entonces eso, mi tío estaba ahí, en todo lo que eran las vigilias, las marchas, enfrentamientos que se han hecho (…) La cuestión es que ya estaba en la universidad y esas veces yo ya había empezado a militar con mis compañeras y compañeros en un centro de estudiantes (…) Entonces como que empecé a abrir un poco más la cabeza con los compañeros. (…) Sabés que fueron ellos quienes me hablaron por primera vez de esto de la emancipación femenina. (…) Y cuando pasó lo del impuestazo[3] nosotros nos fuimos como centro de estudiantes a la Plaza Murillo a apoyar a los policías. De hecho nosotras las mujeres, nos organizamos con las esposas de los policías. (…) Y esas veces justo mi mamá estaba en Santa Cruz, se supone que yo estaba a cargo de mis hermanos. (Se ríe) Y mi papá desapareció, no aparecía por ningún lado, no sabíamos dónde estaba. Resulta que había estado mi papá justamente acá en Cochabamba, según él buscándola a mi mamá. Claro, cuando escucha las noticias en la televisión y como ya sabía que yo andaba en esas movidas mi papá lo primero que dijo es: ‘Delia seguro que está allá’; y llamó (…) preguntó si yo estaba en casa, no estaba y mi papá agarró el primer bus y se volvió para La Paz. Y cuando yo llegué a la noche mi papá ya estaba en casa y obviamente me dio mi matarile. Porque no pude engañarle, tenía olor a gas (se ríe) era muy evidente que estaba ahí. Pese a todo eso yo seguía yendo, seguía yendo y cuando pasó lo de octubre fue lo mismo. Si bien es cierto mi papá, y mi mamá son los dueños de la casa, como nos organizábamos por juntas vecinales para ir a las marchas, a las vigilias, todo lo demás, mi mamá no iba porque se preocupaba por conseguir dinero de donde sea para darnos de comer, entonces no le insistía, a mi viejo no le interesaba y yo sí me mandaba a las reuniones de las juntas vecinales. (…) Nosotros habíamos hablado con los compañeros del centro de estudiantes y decidimos replegarnos a nuestros barrios y hacer la pelea desde ahí, sobre todo los que vivíamos en El Alto. (…) todo muy complicado, era muy jodido pero así mismo a mí me gustó. Por eso te digo, más que todo fue en octubre, en octubre con la Guerra del Gas donde me enamoré del Alto. (…) Yo las veía a las mujeres con sus wawas cargadas y gritando: ¡tenemos que pelear por el gas para nuestros hijos! Y era wuaaa, me mató… (Ibid.).
El espejo es muy potente. Impacta la forma en que se cruza el relato que la tiene a ella como protagonista central de una lucha interna en los límites dolorosos de su historia familiar, batallando para salir ella de la violencia ejercida por el padre, cuidar a sus hermanxs y ayudar a su mamá, sus compañeros de militancia y organización que la aconsejaban y acompañaban; y, por otra parte, cómo ella se vuelve narradora de la potencia que observa y toma de las mujeres en Plaza Murillo y de las guerreras de El Alto en pleno octubre. Como decíamos, sus tíos paternos fueron piezas clave también, lxs ayudaron a instalarse en la nueva casa y ciudad. En uno de ellos Delia reconoce la inspiración de lucha. Delia va anudando en su relato un tejido con muchas hebras, en planos distintos de organización y construcción comunitaria, que le dieron fuerza y sustento para cambiar toda una configuración altamente compleja de violencias superpuestas. Ella aprendió en la calle, y en ese momento político particularmente álgido, cómo luchar y enfrentar todo tipo de injusticias. Desde aquel momento no paró de hacerlas visibles, cuestionarlas y organizarse con otrxs para transformarlas. Característica de su personalidad que se sustenta en su historia y experiencia vivida, y que acompañará toda su trayectoria como migrante y referente política.
5.2.1 – Migración como exilio. Historia de Delia en la perspectiva teórica de María Galindo
Delia: Mi mamá es sobreviviente de dos intentos de feminicidio. (…) Mi mamá estaba tan cansada de ya no saber a dónde recurrir. Porque ella fue, pidió ayuda a la familia, pidió ayuda de la policía y demás. Y nada, de ningún lado recibía ayuda. Y la segunda vez como que se quedó resignada ella y dijo bueno, si voy a morir prefiero matarme yo. (…) Y nada, cuando nos dimos cuenta ella como que se estaba despidiendo de nosotros y yo ya vi que estaba mal (…) yo habré tenido ahí 13 o 14 años. Entonces es ahí en donde yo empiezo a enfrentarme, como las primeras veces que me empiezo a enfrentar a mi papá. (…) Principalmente era yo la que siempre daba el primer paso y después mis hermanos como que me seguían. Pero era como a consecuencia de todos estos maltratos, mis hermanos eran muy tímidos, todos éramos muy tímidos.
Ana: Porque también era contra ustedes la violencia…
Delia: Claro, era con todos, sobre todo con mi mamá y conmigo pero… Yo porque era la hija contestona, la mal criada y bla, blá. Porque yo saltaba a defenderla obviamente a mi mamá y a mis hermanos, entonces bueno. Mis hermanos sí, apoyaban, de hecho por eso también es que todos nos quedamos con mi mamá. (…) Y sí, siempre he sido yo la que más ha ido dando los primeros pasos, en hablar con mi mamá en principio, en acompañarla a hacer las denuncias, en ir a pedir ayuda a mis familiares y demás. (Ibid.).
La situación de violencia que vivía su mamá, ella y sus hermanos era insostenible. Y no es un caso aislado: la violencia femicida es la máxima expresión de un complejo entramado de violencias estructurales socio-económicas, políticas que atraviesan nuestras sociedades[4]. Con Rita Segato (2013) entendemos que la violencia femicida constituye un lenguaje, que habla a las mujeres y disidencias disciplinando sus formas de vivir, producir y reproducir la vida. En este caso vemos cómo la amenaza constante del padre y su despliegue de violencia tiene a toda la familia funcionando como máquina para “no enojar al varón”. Cuando las mujeres desafían esa lógica se vuelven blanco de descarga de dicho enojo. El disciplinamiento llega a tal punto que Delia reconoce en ella y sus hermanos una timidez propia de haber crecido en un entorno familiar donde ésta era la lógica estructural.
Como no resulta posible salir del círculo de violencia machista y patriarcal sin recursos, muchas mujeres “aguantan” y modelan su conducta a esta dinámica de crueldad e inmovilidad. Por el contrario, Delia decide comenzar a generar dinero para sacar a su mamá de tal configuración violenta y construir de otro modo la familia con sus hermanos. Un tío materno que vivía en Argentina fue el enlace que le permitió proyectar el horizonte de migración como salida de un laberinto de rebusques para conseguir ingresos que no alcanzaba como sostén de todxs.
Delia: Bueno 2003 y 2004 estuve viviendo en El Alto, el 2005 justamente a raíz de esto que te comentaba, toda esa violencia que nosotros vivíamos con mi papá, yo decidí irme de casa, fue la última vez que vi a mi papá golpear a mi mamá y bueno, fue como ‘ya no aguanto más’ y decidí irme. Al día siguiente hablé con mi tío. (…) Fue algo como que ya rebalsó el vaso y yo decidí salir. (Ibid.).
Entre las motivaciones de Delia para migrar encontramos formas de violencia patriarcal explícitas que se prefiguran en la mixtura entre violencias económicas, psicológicas y físicas. Por las necesidades económicas de juntar dinero para sacar a su mamá de la situación de dependencia respecto de su papá, ella decide aceptar la oferta de un tío que vivía en Argentina y le daba trabajo como costurera en un taller textil.
Delia: Y bueno… ‘ahí vas a trabajar bien, vas a cobrar bien, te voy a pagar en dólares’, me dijo. Supuestamente iba a ganar 300 dólares mensuales (se ríe). No iba a gastar en techo, en comida, en viáticos, sino que iba a poder ahorrar netamente. Entonces como que fue super redondito para mí. (…) Y hablé con mi mamá, hablé con mis hermanos, les comenté la situación. Hablé con mi mamá, le dije: ‘mami, nos tenemos que salir sí o sí todos de casa, porque no podemos seguir viviendo con este hombre’. Y ahí mi mamá como que recién cayó en lo que estaba pasando, si bien había sucedido más antes, pero ahí era como ya está, nos vamos a ir todos tus hijos de casa si vos no te vas te va a terminar matando o alguno de nosotros vamos a terminar haciéndole algo a él. (…) Me fui a vivir a Buenos Aires, estuve trabajando y viviendo en Buenos Aires quince años, en costura. (Ibid.).
Recurrir a formas de movilidad y migración, aparece como un recurso a la mano en la historia de muchas mujeres para sortear los embates del empobrecimiento y la precarización de la vida que ha generado el modelo neoliberal y expulsivo actual (Sassen, 2015)[5]. En el caso de Delia la imposibilidad de desarrollo económico y vital se evidencia explícitamente entroncada con la violencia machista. Sus horizontes de trabajo, estudio, militancia, se veían acotados de mantenerse en el mismo lugar. Por el contrario, la movilidad le presentaba la oportunidad de generar dinero rápidamente, en sus palabras: “poder ahorrar netamente”, dado que no debía gastar en comida ni alojamiento; y regresar a Bolivia y/o enviar remesas para ayudar a su mamá.
Nosotras hablamos de “exiliadas del neoliberalismo” (…) categoría socioeconómica que nos permite profundizar en la comprensión de esta condición que viven miles y miles de bolivianas.
Decimos que esta categoría profundiza y enriquece la comprensión porque recupera simultáneamente tres dimensiones fundamentales y paralelas para comprender la situación de cada una de las mujeres que se va en calidad de “migrante, exiliada”.
Estas tres dimensiones son:-El sexo, es decir las mujeres, como un dato no indiferente y que ni puede ser subsumido en el “universal” masculino, ni menos aun reducido a un dato biológico sin trascendencia socio-política.
-El sistema político-económico en el que buscan formas de sobrevivencia, es decir el neoliberalismo.
-Y la relación con estas mujeres por parte de los Estados, es decir el exilio por el sentido de expulsión que es intrínseco e indisoluble a estos procesos “migratorios” que hoy vemos en nuestros aeropuertos. (Galindo, 2007).
Citamos en extenso la definición de la categoría que construye María Galindo, porque nos interesa destacar las tres dimensiones que la componen y profundizarlas. El “universal masculino” migrante es un elemento que venimos desarmando desde las trayectorias presentadas en los capítulos anteriores. Hemos afirmado que las mujeres migrantes son trabajadoras que viven “múltiples presencias” (Magliano, 2013) en sus trayectorias de movilidad, vida y producción. Reconocer esta figura de la mujer migrante trabajadora implica ampliar la idea de “feminización de las migraciones” y no plantear la categoría como un fenómeno novedoso de movilidad. Entendemos que lo nuevo de los flujos migratorios se encuentra cristalizado en la evidencia de que en la actualidad muchas más mujeres salen de sus territorios de origen para conseguir ingresos y garantizar la reproducción de la vida para ellas y sus familias. Sin embargo, hemos visualizado en los casos de migrantes bolivianas en Argentina que ellas han migrado desde siempre como trabajadoras (en el ámbito de los cuidados pero no sólo) y lo hacen sosteniendo tramas que toman escalas transnacionales. Esto mismo observamos en Delia: ella decide migrar y se emplea como trabajadora en un taller textil para generar ingresos y enviar a su familia. Trabajos múltiples de cuidado y producción de la movilidad, nos muestran en su trayectoria una figura más que rompe el universal masculino y pone a jugar una multiplicidad formas en que aparece el trabajo de gestión de la vida en el movimiento, producido fundamentalmente por mujeres y disidencias.
La segunda dimensión para pensar este tipo de movilidad, consiste en prestar especial atención al modo en que opera el sistema neoliberal entendido como un régimen político-económico. Como ya hemos nombrado, lo entendemos en términos de gubernamentalidad (Foucault, 2007), y no simplemente un conjunto de medidas macroeconómicas. El neoliberalismo es un régimen que re-configura formas de movimiento y trabajo en el desacople del mundo industrial asalariado. Desde los años ’90 comienza a evidenciarse que los trabajos de cuidado, la producción de alimentos y la confección de indumentaria se convierten en espacios de producción precarizados y feminizados. Las maquiladoras entre México y Estados Unidos (Carrillo y Hualde, 1998); pero también hacia el sur de México (Castilla Ramos y Labrecque, 2009), pero también la producción agrícola y de alimentos en la mayoría de nuestros países latinoamericanos (Sassen, 2003) y las cadenas globales de cuidado que se garantizan a partir de la migración de trabajadoras del Sur para la reproducción de la vida de los países del Norte Global (Federici, 2018); son algunas de las imágenes que, en este sentido, ilustran el contexto global de avance del despojo neoliberal.
En el caso de Delia, vemos como esta configuración se dibuja en la opción de trabajar en un taller textil donde ella pretende encontrar un espacio productivo que le permita generar ingresos para ahorrar y poder enviar remesas a su familia. La huida de la violencia del padre es a su vez una estrategia de búsqueda de nuevos horizontes de trabajo y vida para ella y el resto de su familia. Este tipo de estrategias se habilitan entre el cálculo individual y las infraestructuras colectivas, populares y comunitarias que se ponen en juego para enfrentar y negociar con lógicas extractivas del capital (Gago y Mezzadra, 2015). El trasfondo neoliberal como régimen político-económico expulsa a muchas mujeres de sus comunidades en busca del sustento necesario, tras haber privatizado infraestructuras públicas de cuidados, tras la colonización de territorios comunitarios o producto del endeudamiento y la falta de empleo cada vez más mujeres apelan a la movilidad como forma de frenar el despojo. El modo en que dichas dinámicas son enfrentadas en el caso de Delia a partir del desplazamiento y la búsqueda de refugio en comunidades transnacionales, es una de las dimensiones que resulta de mayor interés observar para detectar el modo particular en que las mujeres y disidencias se configuran como sujetxs productivos y políticos. Cuerpos trabajadores a lxs que más se explota y de los que más valor se extrae[6]; pero también quienes abren una cuña específicamente crítica en estas lógicas.
Finalmente, encontramos la relación de las mujeres con los Estados que las exponen a sufrir violencia de género en sus hogares, en la calle, en el trabajo, sin amparo de la ley. La salida de Delia, de hecho, está en última instancia reforzada por la convicción de que la escalada de violencia “ya no daba para más” y que ni la justicia, ni la sociedad, iban a proteger a su mamá, ni a ella, ni a sus hermanos. Expresa:
…fue la última vez que vi a mi papá golpear a mi mamá y bueno, fue como ‘ya no aguanto más’ y decidí irme (…) si vos no te vas te va a terminar matando o alguno de nosotros vamos a terminar haciéndole algo a él. Porque llegamos a ese punto, lo queríamos matar (Entrevista con Delia, septiembre 2021).
Así comprendemos el desamparo y la expulsión que el Estado hace de quienes buscan refugio de la violencia y, finalmente, sólo la encuentran en el movimiento.
Las razones para migrar entonces son completamente políticas y por eso la palabra exilio representa este tipo de movilidad de un modo profundo. La idea de exilio complejiza todo lo que se pone en juego al moverse y cómo el movimiento también es una estrategia o herramienta a la mano para sortear condiciones violentas, extractivas, precarizadoras de la vida. Las razones económicas son evidentes pero más que nunca en estas trayectorias de vida, trabajo y movilidad vemos cómo los números abstractos de las estadísticas no hablan de las motivaciones reales y más bien camuflan las problemáticas socio-económicas, políticas que se viven en nuestras sociedades. Pensar la categoría de exilio como respuesta a esas problemáticas, pero no como simple reacción, sino como un gesto de denuncia con el cuerpo, movilizándose y haciendo visible la configuración estructural, violenta del capitalismo neoliberal que se entronca con el patriarcado es parte de la potencia que reconocemos en la categoría “exiliadas del neoliberalismo”.
A partir de aquí, la dimensión estratégica de la migración como exilio cobra un tono particular. Delia no se mueve a cualquier lado, ni decide salir en un momento que no tiene con qué iniciar ese recorrido. Existe una infraestructura popular migrante, que tiene al elemento móvil -como decíamos en capítulos anteriores- como una herramienta a la mano para abrir nuevos horizontes de vida y trabajo; de la que se sirve para migrar. Es allí donde aparece nuevamente la comunidad como parte fundamental de toda esa plataforma que impulsa el “salir”. Ella es parte de una comunidad transnacional ya instalada, que le sirve de soporte. Su tío materno, que vivía en Argentina, le ofrece trabajo y ella acepta. Contando esta historia en retrospectiva, Delia nos habla desde adentro del taller, desde el lugar de costurera migrante en los primeros 2000; y se transparenta en su tono, en las escenas que pinta, una posición subjetiva diferente a quienes migraron en los ‘80-’90. Otros imaginarios, otras experiencias de vida que le permitieron analizar de maneras diversas las relaciones y configuraciones que experimentó en esa nueva etapa.
5.2.2 Talleres textiles. Debates sobre los modos de producción del trabajo migrante
Es intraducible el gesto y la voz de Delia al narrar el momento en que se decidió a migrar. Esa noche sin dormir cuidando a su mamá, porque su papá había vuelto a golpearla, convenciéndola de que deje la casa y que ella la iba a ayudar a pagar el alquiler con su trabajo. Tuvo que atravesar muchas fronteras antes de la migración, tuvo que poner en juego mucha fortaleza y desafiar muchas relaciones de poder brutalmente cristalizadas en la familia. Hasta que tomó la decisión de efectivamente irse para estar más cerca. Irse fue la manera que encontró para lograr salir de esta familia y construirla de otra manera; salir de esa comunidad opresiva y encontrarse siendo parte y configurando nuevas. Irse no implicaba no volver sino estar pendiente de aquella situación y por eso buscar otros horizontes de trabajo y vida posibles.
Delia: Y nada, ahí es donde yo agarro mis cosas, tenía muchas cosas sucias me acuerdo, lo lavé, y así mismo húmedo llevé varias de mis cosas. (…) Cuando yo llego ahí a la casa, nos íbamos a ir en el minibús de mi tío, que es una trafic más o menos, mi tío tenía su auto, él nos dice, cuando yo llego ahí me encuentro con mi primo que es el hijo de una de las hermanas de mi mamá. Y él me dice: ¿estás segura de que te vas a ir? Porque él me dice si vos vas, voy yo. Pero, porque yo ya sé cómo son ellos, porque yo ya trabajé con ellos. Y yo le digo no tengo otra opción, tengo que ir a trabajar. Y me dice bueno, si vos ya tomaste la decisión bueno, viajamos juntos. Y se va con nosotros. (Septiembre de 2021).
La forma comunitaria aparece como infraestructura móvil (Gago, 2018) que le permite salir de la situación en la que estaba para proyectar otro futuro. De El Alto a Buenos Aires, al taller textil, sus lazos de parentesco y familia resultan ser garantía de esa salida. En el relato de aquel día, se juega una intimidad de lo comunitario que habilita la posibilidad de comprender lo que iba a suceder. Su primo confía en ella para ir juntxs y en ese gesto adelanta algunos rasgos de la experiencia de trabajo vivida. La comunidad también puede ser un lugar de desconfianza: Delia ya conocía de relaciones de poder desigual, las había pasado por la piel, y las tenía en carne viva.
Delia: Él ya me estaba adelantando porque, como te digo, ya había estado antes trabajando un año entonces ya más o menos sabía lo que se venía. Pero aparte de él había otras dos chicas más. Una que era de los yungas, otra que era de acá de La Paz pero que tenía tres hijos. Y bueno, se había separado del marido, había tenido un quilombo, no tenía dinero y bueno, los terminó dejando a los nenes con su marido, su ex marido, bueno, no sé ahora cómo será. La cuestión es que necesitaba dinero para enviarles, para las wawas. Y la otra era una compañera de los yungas, más del campo, muy humilde. Y viajamos, todos en el minibus (…) ya estaba oscureciendo partimos. (Ibid.).
En una de sus compañeras de viaje, Delia reconoce similares situaciones de violencia que vivía su mamá. Además, entre las cuatro personas que sus tíos llevaban a trabajar a Buenos Aires nos encontramos con una composición mayoritaria femenina del trabajo migrante, que comentábamos como particular de este período (principios de los 2000).
Delia: La cuestión es que cuando llegamos a la frontera ella [se refiere a la esposa del tío] nos pide los carnets. Y claro, a mí no me hizo firmar ningún papel, cosa que sí a las otras dos chicas, que era una garantía para que ellas no se escapen y trabajen en el tiempo acordado. Cosa que a mí no me hizo eso, uno porque yo me decidí a último momento, calculo que era porque era la sobrina, que no me hicieron firmar eso. Pero llegando a la frontera, como te digo agarran y nos piden a todos. (…) “no digan en ningún momento que están yendo a trabajar, están yendo a una fiesta de turismo”. Eso fue lo primero, nos sacó el documento. (Ibid.).
No podemos hablar del taller sin antes dar lugar en el relato a estas escenas que Delia describe de forma tan vívida. La línea de frontera entre territorios nacionales, pero también el borde de espacios comunitarios, familiares y de relaciones interpersonales, van atravesando su corporalidad y es por esto que enfatiza estos momentos en la narración. Antes de llegar al lugar de trabajo, que será también el lugar donde vivan, lxs trabajadorxs migrantes cruzan controles estatales, rutas, espacios urbanos. Todos lugares en que esta economía sumergida con códigos de relaciones de poder desiguales se las ingenia para circular sin ser vista. La invisibilidad en este caso sirvió de herramienta promiscua de lo comunitario (Gago, 2014) para llegar a destino sin ser vistxs por el Estado. Pero en esa dinámica, ya puede observarse cómo la comunidad como infraestructura de movilidad se ensambla con poderes extractivos del capital. Tal como venimos explicando desde capítulos anteriores, el modelo taller como unidad productiva resuelve la producción de indumentaria a bajo costo y, en este nuevo período que estamos analizando en que aumenta el consumo popular en Argentina, genera “ganancias clandestinas” (Fernandez Bravo, 2016) para las grandes marcas de ropa. El relato de Delia es evidencia de esa trama macro que se funda en la invisibilidad pero, además, es testimonio de la diferenciación interna entre quienes hacen parte de ese entramado en diversas posiciones: no es lo mismo ser dueño/a del taller, ser la sobrina, o ser una trabajadora externa a la comunidad-familia, sin lazos de parentesco. Sin embargo, esta comunidad en movimiento aparece como una “unidad” frente a los agentes estatales. La dinámica productiva y la cadena de valor en el sector textil tiene un trasfondo donde Estado, intermediarios, grandes marcas de indumentaria y centros comerciales son los grandes responsables de las condiciones de producción mientras adjetivan al taller como una unidad productiva “clandestina”.
Delia: (…) luego nos dice: bueno chicas, les tengo que aclarar una cosa, pasa que antes el dólar y el peso argentino estaban a la par, estaban uno a uno pero ahora hubo una devaluación no sé qué y… yo les voy a pagar trescientos pesos no dólares. Que era como cien dólares. (…) Ahí dije puta que nos tomaron el pelo, primero nos dijeron 300 y luego nos dicen que solo 100. Y la cuestión es que nos dice pero, tomen en cuenta de que yo les tengo que cobrar el pasaje. ‘¡Ah!, ¿cuánto va a ser el pasaje?’ ‘Es cien dólares’. Y eso, a mí me cobró cien dólares, a las otras chicas creo que les cobró más todavía. Y nada. (…) Una deuda, porque no teníamos el dinero, entonces se iba a cobrar de nuestro trabajo. (…) entonces vos ahí en ese momento recién ahí empiezas a caer, en todo eso (Ibid.).
A partir de este momento hubo una certeza para Delia, familia y confianza no van de la mano. Ya lo sabía desde su casa, ahora lo reafirmaba.
Delia: …que otra cosa que me sorprendió bastante y que eso sí lo recuerdo bien, me había olvidado de la advertencia de mi primo, más bien me acordé ahora pero lo otro era, cuando llegamos, a Buenos Aires, Laferrere (…) en el lugar había bastante gente, había varones y mujeres y todos dormían, los trabajadores en una habitación super chiquita. (…) Resulta que había estado otro de los hermanos de la esposa de mi tío, cuando bajamos él dice, ‘¡Ah, Carlitos! con tus nuevas esclavas’. Y en ese momento era: ¿nuevas esclavas? ¿qué onda?, pero no dije yo nada, en ese momento qué vas a hacer… No conoces a nadie, no tienes a dónde ir, bueno. (…) Sobre todo llevaba mujeres porque nosotras las mujeres éramos mucho más fáciles de manejar, éramos más calladitas, más sumisas, no nos íbamos a escapar del taller, por lo tanto íbamos a cumplir con el contrato que tenían con ellos, aunque sea de palabra. (Ibid.).
Al llegar al taller el entorno se vuelve algo confuso. Es el lugar de trabajo y también es la casa. Algo que resuelve la vida de lxs migrantes en el lugar de destino pero que a la vez genera mayor precarización y exposición a situaciones complejas. Las tareas se dividen entre jornadas de costura de entre 12 y 15 horas diarias y los trabajos de limpieza, cocina y mantenimiento del lugar que en general recae sobre las mujeres.
Fue preciso para Delia desde el inicio desarmar, merced a la desconfianza como herramienta crítica, las relaciones desiguales que se trabaron en esa comunidad móvil instalada en el taller donde trabajó y vivió durante 2005. A partir de vínculos de cuidado entre mujeres comenzó a construir un lugar seguro en la inseguridad. Este re-tejido implicó tiempo, energía y gran carga afectiva. Podemos entenderlo como el revés de la figura de la trabajadora sumisa y de la esclava, que ella misma nombra recordando los dichos de aquel hombre al arribo. Frente a la comunidad de la desconfianza Delia y sus compañeras construyeron una nueva comunidad de cuidado entre mujeres.
Delia: Me quedé viviendo ahí. No me quedaba otra. La cuestión es que ahí… claro, con ese antecedente ya yo no quería recibir absolutamente nada, y la mayoría de los del taller, de las otras familias y bueno… el resto de sus familias de ellos mismos venían y me decían, vos que te hacés la linda, que qué te crees que por que eres la sobrina del Carlos no quieres tomar con nosotros, cosas así. (Ibid.) Aquí relata una situación que ella misma sufrió en el taller y cómo sus compañeras fueron quienes la ayudaron: “…una de ellas bajó porque yo le dije, bajen por favor a fijarse cada rato entonces justo una de ellas bajó y claro, vio que yo estaba como jaloneándome con el otro y subió así con toda la bronca y lo hizo caer desde ahí. Lo agarró y lo tiró al piso. Y luego ella, me tapó y se durmió a mi lado. Más bien gracias que yo había comentado a las chicas y habíamos charlado de cuidarnos entre nosotras porque si no, no sé lo que hubiese pasado verdad (…) Las experiencias fueron feas pero por otro lado era como que sí, definitivamente por lo menos yo ahí aprendí a confiar más en nosotras. Entre mujeres. Directamente con los varones ahí no. (…) Sí me sirvió bastante eso, el haber charlado con las chicas” (Ibid.).
Delia no minimiza la denuncia de la crueldad, el maltrato sufrido y los momentos angustiosos. Al mismo tiempo reconoce una fuerza que se liga y va nutriendo el “entre mujeres”. Ante las dificultades al interior del taller las trabajadoras articulan la respuestas colectivas que hacen mutar lo comunitario. Profundizaremos en este punto en un apartado siguiente, pero aquí tenemos un primer hito que comienza a desarticular desde adentro y desde los trabajos de cuidado, los modos de producción opresivos y disciplinadores que articula el modelo del taller textil.
Delia: Yo me acuerdo una vez, viendo tantas cosas, esto mediado de año, nos escapamos con una de las chicas del taller, agarramos nuestras cosas, las pocas cositas y nos fuimos. Pero la cuestión es que no teníamos plata y aparte de eso, de que nos habían metido esto en la cabeza, de que si vos sales a la calle y no tienes el documento te va a agarrar la policía y te va a deportar. Entonces nosotras estábamos con ese temor, que sí había antes, no es que no, pero en ese momento ya no, para el 2005 ya no estaba eso. Entonces claro, nosotras estábamos con ese temor, a dónde vamos, con quién vamos, a quién pedimos ayuda, vamos a la policía, pero si vamos a la policía nos van a detener. Nos van a deportar. ¿Qué hacemos? (Ibid.).
Esa alianza entre mujeres le permitió ir tomando fuerza y coraje para desafiar las lógicas perversas de ese lugar a donde había llegado por relaciones de parentesco. Contando con otras relaciones familiares y comunitarias que logró activar en la ciudad (tíos de su novio en La Paz que vivían allí y un tío del pueblo de la mamá -Ajaria Grande, Prov. Omasuyos- que también era propietario de un taller textil); Delia va transformando de a poco su realidad laboral y de vivienda con nuevas posibilidades de trabajo en el sector.
Delia: Entonces ahí dije bueno, ya está, y cuánto me pagarían…y ellos me dijeron cuatrocientos pesos, yo dije ‘¡wow! voy a ganar cien pesos más que en el otro lado’ (…) era un poquito más de tiempo pero el día sábado hasta las 13hs más de eso no se trabaja. Y podía salir…y ahí fue cuando al volver y empezar a trabajar con ellos es donde pude estudiar, hacer cursos, salir, conocer, meterme al ballet, ahí como que empecé recién. Era diferente el trato al que yo tenía con mis otros tíos. (…) [Luego] conseguí otro lugar mejor y ahí comencé a salir y bueno, después de eso otro lugar mucho mejor que ese con menos horas entonces me iba para ahí y así sucesivamente digamos, fue cambiando eso… (Ibid.).
Si bien las condiciones de vivienda y trabajo fueron cambiando, mejorando en su recorrido, la jornada laboral apenas le permitía tomarse un descanso los fines de semana. Además el ingreso todavía no le alcanzaba para alquilar algo por fuera del mismo lugar en que trabajaba. Sin embargo, Delia decide no resignar sus planes de estudio y formación personal y es en 2006 cuando comienza a explorar el mundo de la educación popular y se conecta con otrxs jóvenes que serán su espacio de expansión comunitaria y política renovada.
Delia: Entonces fue como…el segundo año sobre todo se dio el ir y conocer, conocer gente, hacer contactos, buscar otros lugares, es ahí donde empecé a estudiar, yo me acuerdo que a través de una radio el primer año que fui, que era a través de radio Urkupiña, había escuchado el programa del CEJE que es el Centro Educativo Jaime Escalante. Donde se hacían todo tipo de cursos y entre esos estaba locución y periodismo, yo dije ah, bueno….me viene como para no olvidarme. (Ibid.).
Comenzar a salir de la dinámica agobiante del taller implica disputar el tiempo destinado al trabajo y construir modos de ampliar el tiempo vital frente a las lógicas extractivas que se dan en el sector, en tanto el taller es el eslabón más explotado de esa cadena que mencionábamos más arriba. Ella disputa en esos límites y logra construir un tiempo para cumplir el sueño de continuar los estudios. En 2006 suceden dos hechos importantes para comprender una nueva vuelta dentro del pensamiento crítico que Delia va construyendo en torno a qué hacer con, en y desde el taller textil. Por un lado comienza sus estudios en el Centro Educativo Jaime Escalante pero también un trágico incendio sacude a todo el sector ese año.
Delia: …cuando pasó lo del incendio yo vivía ahí en la casa de mi tío, me pasó todo ahí y yo trabajaba y vivía en ese lugar, como te digo cerramos todo el taller, desaparecimos el taller, lo convertimos como en una sala pero nosotros teníamos un lugar donde vivir (….) Me acuerdo que con toda esa persecución que había que nosotros decidimos no trabajar. Bueno, mis tíos decidieron no seguir trabajando para evitarnos problemas, guardaron todas las máquinas y solo nos quedamos ahí. No trabajamos como dos meses. Entonces no teníamos plata, no teníamos dinero. Y en ese momento sí me he sentido como una privilegiada porque entre todo tenía un techo donde quedarme. Y mis tíos me daban desayuno o me invitaban un platito de comida, cosas así. A comparación de otras familias (…) lo primero que nos dijo mi tío fue, vayan a hacer su documento. (Ibid.).
El 30 de marzo de 2006 el trágico incendio en un taller de costura ubicado en la calle Luis Viale (CABA) se cobró la vida de seis personas (una mujer embarazada, cuatro niñxs y un adolescente). El taller tenía habilitación pero utilizaba el doble de máquinas que las autorizadas y trabajaban y vivían allí 64 personas. Todos lxs trabajadorxs y el tallerista eran migrantes bolivianos y trabajaban para fabricantes argentinos (Groisman, 2019). Viale marca un punto de inflexión a partir de la visibilización dramática del modo de producción en talleres textiles (Gago, 2019), que comienza a circular en los medios de comunicación locales. La culturalización y el racismo se instala en los discursos hegemónicos tanto de los medios como de la propia justicia y los poderes del Estado. La criminalización hacia lxs talleristas y la victimización de lxs trabajadorxs migrantes; fue acompañada de una persecución sostenida desde el gobierno local que implicó un punto crítico para el sector textil (CS-CSC, 2011). Delia recuerda cómo logró en este tiempo fortalecer redes que le permitieron sostener la vida en la ciudad y se reconoce “privilegiada”. La crisis fue muy profunda y ella cuenta cómo sobrevivieron en este tiempo ocultando sus herramientas de trabajo e “invisibilizando el taller” para no sufrir el acoso de los controles del gobierno de la ciudad[7]. Muchxs talleristas y costurerxs regresaron a Bolivia en este momento y otrxs trasladaron sus espacios productivos a barrios del conurbano y a las villas, donde los controles eran menores y definitivamente el Estado no actúa del mismo modo que en el resto de la ciudad (Gago, 2014).
Delia: Entonces eso también hizo que de alguna manera yo tenga que tratar de buscar otro lugar trabajo. Si bien es cierto, volvimos a trabajar una vez que calmó las cosas y demás, pero en medio de eso yo traté de moverme, hablar con mis compañeros, ver si podía conseguir otro lugar y justo conseguí este otro. (…) Igual estábamos todos con miedo. Más allá de que me moví de un taller a otro, casi todos en negro, había este miedo de que si venía la policía y nos decomisaba las cosas y nos sacaba las máquinas, nosotros nos quedábamos sin trabajo y sin donde vivir. (Ibid.).
2006 fue un año bisagra. Marcamos este hito en la trayectoria de Delia porque tanto lo que sucedía con ella, sus familiares y compañerxs trabajadorxs en el taller donde vivían, como las relaciones de amistad-complicidad con otrxs jóvenes que fue logrando construir desde el Centro Educativo y en los años posteriores; se cruzaban en este momento como sostén importante de su proyecto de trabajo y asentamiento en Buenos Aires. Estos lazos con personas que, como ella, habían migrado en búsqueda de mejores condiciones de vida para sí mismxs y para su familia, y que eran capaces de reconstruir la comunidad en territorio de destino a partir de la crisis y ciertas situaciones de ruptura de relaciones de confianza y reciprocidad vividas; fue vertebrando la forma de pensar, hacer e imaginar de Delia.
Así relata los inicios del colectivo en que participó durante más de diez años y fue bastión de disputa contra los discursos hegemónicos que mencionábamos más arriba; plantando una lucha abierta por los modos de producción en el sector y buscando también producir de forma diferente.
Delia: Simbiosis Cultural empezó en el 2007 en realidad (…) nos decían, los chicos del ciclo de cine. Simbiosis ya fuimos formalmente en marzo del 2008. (…) Nos empezamos a juntar y sobre todo a raíz de un montón de cosas que empezaron a surgir acá en Bolivia, nosotros nos juntamos porque, viste como que empezó a surgir toda una cuestión de racismo acá en Bolivia, después de que asumió Evo Morales sobre todo, entre lo que fue la oposición y esa división que se llegó a armar entre lo que fue el oriente y occidente de Bolivia. En el oriente me refiero a todo lo que fue la media luna con Santa Cruz, Cochabamba, Tarija y contra la otra parte que éramos más los supuestamente los indios, los indígenas, y demás. (…) Algo que nos motivó bastante para organizarnos con los Simbiosis fue estas agresiones que se fueron dando hacia las mujeres de pollera, hacia la gente del campo, hacia los indígenas, hacia los coya, en Santa Cruz pero con situaciones muy jodidas. (…) Si bien es cierto primero nos movilizó todo lo que iba pasando acá en Bolivia, a la par fuimos teniendo reflexiones entre nuestras experiencias como costureros, porqué fue que migramos, dónde fue que llagamos a trabajar, de qué manera, en qué condiciones, qué situaciones nos han pasado. (…) Habían estas similitudes de que a la mayoría nos habían explotado, nos habían traído casi en las mismas condiciones, nos habían hecho trabajar de la misma forma, no nos habían pagado. Y ahí es donde nosotros empezamos a armar redes y es por eso que yo también tengo la posibilidad de ir cambiando de trabajo porque entre nosotros nos empezamos a ayudar. (Ibid.).
Mejores trabajos, mejor ingreso y comenzar un camino de organización política con otrxs compañerxs migrantes le permitió discutir y poner en jaque las estructuras diferenciales de poder al interior de la cadena productiva textil. El racismo como problemática social y política ampliada desde el territorio boliviano y argentino se expresaba en el “autonomismo cruceño”[8] y en el “culturalismo del taller textil”. Mientras en Bolivia algunos sectores de clase media y alta terrateniente pretendían separarse del mundo andino rechazando el protagonismo que sectores indígenas, populares, cholos estaban cobrando en tiempos de gobierno del MAS; en Argentina el culturalismo de los medios de comunicación y el Estado mostraba a los trabajadores costurerxs como víctimas y a los talleristas como criminales responsables del horror del “taller clandestino”, plegando el trabajo sin derechos y a destajo con una lógica étnica y cultural (debate que ya presentamos en el Capítulo 3); evidenciando así el racismo estructural de este tipo de discursos.
El Colectivo Simbiosis Cultural comienza a articular con otros espacios y organizaciones[9] para visibilizar los modos de producción en el taller textil politizándolos. Entre 2007 y 2011 se producen ciclos de cine, asambleas, encuentros entre costurerxs; se elaboran materiales y libros colectivos. Además, se inicia gracias a esta fuerza de trama común el juicio por Viale[10] que finalmente en 2016 logra la sentencia de los talleristas a 13 años de prisión. Al mismo tiempo se ordena investigar a los dueños de las marcas de indumentaria y del inmueble donde se situaba el taller textil. En 2019, estos últimos -llamados Daniel Alberto Fischberg y Jaime Geiler- fueron absueltos por falta de pruebas que los relacionaran con el modo de producir en el taller. Sin embargo, lo que todas estas organizaciones insisten en mostrar es que la ligazón es explícita: lxs costurerxs y talleristas trabajan para las grandes marcas y la visibilización de su responsabilidad en el modo de producción es parte del pedido de justicia.
Delia: Sí, los explotadores son en general casi todos, nosotros también, como puede ser que no se quiera reconocer la explotación dentro de la misma colectividad. Porque existen también clases sociales. No porque seamos bolivianos todos somos buenitos y todos somos de la misma clase, sino que era algo que se trataba de tapar. A partir de ahí fue que decidimos empezar a hacer diferentes movidas todos los 30 de marzo en el mismo lugar, en Luis Viale 1269, donde nos plantábamos. Empezamos a hacer murales, y todo lo demás pero sí ahí fue como que ya nos empezamos a problematizar más nuestra situación de trabajadores migrantes costureros. Es por eso también que empezamos a sacar programas de radio, sacamos libros, empezamos a armar lo que es la biblioteca y bueno un montón de cosas que fueron surgiendo después ahí. (Ibid.).
Lo que logran estas organizaciones conformadas por migrantes y trabajadores del sector textil es problematizar desde adentro las dinámicas de explotación y extracción de valor del trabajo en estas cadenas productivas. Poder develar que lo que los discursos hegemónicos criminalizadores del taller encubren son relaciones de desigualdad entre el taller y el resto de los eslabones de la cadena -intermediarios, grandes marcas, centros comerciales- también implica nombrar que no es lo mismo ser costurerx que tallerista (CS-CSC, 2011). Las lógicas productivas en la cadena textil redundan en una diferenciación interna y en relaciones desiguales al interior de las unidades productivas. El tallerista es el propietario de las máquinas y pone en juego una serie de relaciones de parentesco y reciprocidad diferida (Ibid.) para lograr la productividad del trabajo de migrantes costurerxs. Una dinámica que podemos conectar incluso con formas de producción comunitaria de tiempos coloniales (la mita y la hacienda por ejemplo, que hemos desarrollado en el Capítulo 2) se re-edita en los talleres. Mientras la discusión pública se interrumpía y se cerraba sobre la responsabilización del propio taller; lo que logra, entre otras organizaciones, el Colectivo Simbiosis Cultural es poner en discusión esas relaciones intracomunitarias y formas de hacer-producir y lograr fidelidad del trabajo ajeno, puestos al servicio de una lógica extractiva más grande. De este modo visibilizan las responsabilidades de las empresas de indumentaria, los intermediarios, los centros comerciales y el propio Estado en todo este fenómeno.
Entonces, desde 2006 hasta 2015 se abre todo un período en la vida laboral y política de Delia que sucede al ritmo de estas transformaciones en los modos de mirar la producción en el sector textil. A raíz del trágico incendio en Viale y gracias al trabajo colectivo, de re-tejido comunitario de grupos de jóvenes migrantes costurerxs que se sintetizan en figuras como la del Colectivo Simbiosis Cultural; Delia va formando parte de la construcción de neo-comunidades (Gago, 2018) en movimiento que resisten y discuten la explotación. A partir de estas redes de pensamiento-acción críticas, ella va buscando mejorar sus condiciones laborales y de vivienda pero también participa cada vez más y de modo más protagónico en las articulaciones para denunciar la cadena de explotación en el sector textil y sus modos de producción perversos.
5.2.3 Colectivo Simbiosis Cultural: “Tengo mil sueños por cumplir y dos mil prendas por coser” [11]
La jornada laboral que Delia relata tanto en el taller donde vivió el primer año en Buenos Aires como los que vinieron luego, no está contemplada por ningún régimen de derecho laboral. Más de 15 horas al día, con un total de lunes a sábado de 80 horas semanales; muestran que el trabajo a destajo para participar más competitivamente de un sector productivo completamente desigual, beneficia en mayor medida a los empresarios de la indumentaria. Ellos se enriquecen a base de la precarización de la vida de lxs costurerxs y de lxs mismxs talleristas; esto también forma parte de la realidad de las economías populares en el trajín. La explotación capitalista y la desigualdad estructural lleva a que lxs trabajadorxs se expongan a una alta carga laboral, que deteriora sus cuerpos, su estado anímico y la salud general de ellxs y de toda la comunidad. Lo cierto es que hay quienes suscriben a insertarse de modo más o menos obediente en estas dinámicas para ir logrando ganancias y ahorros que les permitan salir del lugar en el que comienzan y ser luego propietarios y talleristas. Este fue el camino que eligieron Feliciano y Mercedes (Capítulo 3), por ejemplo. Delia, no escoge este itinerario, más bien comienza a caminar por trayectos que le permitirán abrir el taller y transformarlo desde adentro.
Luego de pasar por los talleres de familiares en 2005 y 2006, trabajó en Pompeya, luego en Once y en Villa Bosch:
…ahí trabajaba de siete de la mañana a cuatro de la tarde, o cinco. Depende de cómo era el trabajo. Ahí no cobrábamos por hora ni por mes, cobrábamos por producción. (…) Trabajábamos para Vitamina, para Christian Lacroix, y no me acuerdo qué otra. También una temporada trabajamos para Cheeky (Entrevista con Delia, Septiembre de 2021).
Fue mamá en el 2008 y a los pocos años decidió tomar un puesto en Tessicot, una fábrica textil de capitales argentinos que estaba ubicada en la zona de Chacarita, dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Estuvo allí desde 2010 a 2017: “…ahí sí trabajé en blanco pero el ritmo de trabajo era puuufff, brutal. (…) Porque teníamos cantidades de prendas que teníamos que realizar por hora, armábamos grupos en línea de trabajo” (Ibid.). La fábrica confeccionaba camisetas de fútbol para la Asociación de Fútbol Argentino (AFA) y ropa deportiva para grandes marcas como Adidas, Nike. Un empresa registrada, con 800 empleadxs en el sector de costura y confección; que a su vez tenía su propia producción de telas y estampados dentro de la misma fábrica. Un espacio productivo que abarcaba toda la cadena de producción, donde lxs trabajadores eran empleados con salario registrado y horarios bien definidos dentro de la norma del derecho laboral vigente y estaban sindicalizados y representados dentro de la Asociación Obrera Textil (AOT) en la Central General de Trabajadores (CGT) de Argentina. Sin embargo, tal como Delia comparte, el ritmo de trabajo y la situación de explotación laboral no resultaba ser diametralmente distinta respecto de la experiencia vivida en el taller textil.
Delia: No podíamos llegar, por eso en el 2016 empezamos a hacer los reclamos contra el nuevo ritmo de trabajo. El nuevo sistema de trabajo era el ‘line system’, que supuestamente ya se utilizaba en Asia y no sé en qué otras partes más, y que le funcionó bastante bien y ya lo estaban empezando a implementar en Argentina. No solo lo implementaron en Tessicot, también lo pusieron en Exportec, (…) en todas las fábricas en donde se hacía Nike y Adidas empezaron a implementar este modelo de trabajo que supuestamente superaba a lo que era el toyotismo, el fordismo y no sé qué, todos los ismos. Esto era como la solución para la marca lógicamente, no para los trabajadores. (…) Yo antes trabajaba con una sola máquina, pero acá y teníamos una forma en la cual estaba estructurada la línea de trabajo, entonces más o menos ya sabíamos de donde comenzaba y dónde tenía que terminar la prenda. (…) Nos empezaron a poner tres máquinas por persona, para agilizar el ritmo de trabajo. Ya no hacía simplemente overlock sino que tenía que hacer recta, costura, y demás pero tratando de hacer lo más rápido posible. Nos volvieron a tomar tiempos ahí, de una misma prenda que hacíamos medio año antes, que sacábamos no sé treinta prendas por hora, luego teníamos que sacar cuarenta. Con la misma cantidad de gente, pero para que agilicemos nos ponían otras máquinas más. (Ibid.).
En taller o en fábrica, el textil es un rubro con alto nivel de precarización y explotación. La importación de un sistema traído de Asia se volvió exigencia de mayor productividad en menos tiempo con la misma cantidad de trabajadorxs. Delia dibuja en el relato la imagen de la maquila. Las personas cargan en su cuerpo con las dolencias del trabajo mecánico. Los tiempos generales y las condiciones monetarias son las establecidas por la norma pero la lógica de producción está pensada para exprimir los cuerpos y que produzcan cada vez más en menos tiempo. Todo esto redunda en una maquinaria hiper-productiva y salvaje.
A partir de aquí Delia narra el modo en que empiezan a organizarse para reclamar contra esta nueva dinámica de producción contando cómo comienza un tiempo de profundización de la lucha en relación a estas transformaciones en el sector de la producción textil y cómo se conecta con la situación crítica que se inaugura en el país en 2015, gracias al cambio de gobierno y la implementación de medidas de ajuste neoliberal desde los inicios de la presidencia de Mauricio Macri[12].
Delia: Claro, ahí ya sacaban hasta lo mínimo por eso fue que nosotros empezamos a reclamar porque ya no nos daba tiempo ni para ir al baño, ni para tomar agua, que era súper básico, básico y elemental. No teníamos tiempo ni para eso, entonces fue por eso también que empezaron a hacerse los reclamos, como te digo, no solo en nuestra fábrica. De hecho nos empezamos a juntar con trabajadores de otras fábricas, y ver de qué manera organizarnos, porque pese a que teníamos nuestro cuerpo de delegados dentro de la fábrica, pese a que teníamos nuestro sindicato nos ninguneaban. (Ibid.).
Delia se organiza para hacer frente a esta situación y junto a otrxs trabajadores logra dar discusiones y luchas internas que llevan a movilizaciones y replanteos muy importantes al interior de la fábrica. Disputa dentro del cuerpo de delegados una representación por línea de trabajo que pueda expresar todas las demandas que tenían para mejorar las condiciones de trabajo.
Delia: Al principio hubo fuerza, hubo mucha fuerza de los compañeros que nos juntamos, sobre todo te digo que era de los trabajadores migrantes, como que había una división que se hizo que fue bien marcadita: entre los que éramos migrantes y los que eran argentinos. Y cómo el mismo sindicato quería presionarnos y venía a presionar a la gente, o iba a presionar a la gente. (…) Había una de esas de las delegadas (…) así como muy racista: ‘cómo puede ser que estos trabajadores que son migrantes vengan a querer organizarse acá, estamos en Argentina y somos nosotros los que tenemos derecho’. Pero esto viniendo de nuestros delegados, de la comisión interna. Y de la misma manera, venían los del sindicato de afuera, nos venían y a presionar: ‘nosotros los que tenemos derecho a reclamar somos los trabajadores argentinos, los migrantes más bien deberían agradecernos y cosas así’. (Ibid.).
En Tessicot el 80% de lxs trabajadorxs eran migrantes y sus delegadxs no reconocían esta composición: por el contrario reforzaban la misma violencia racista presente en la lógica de criminalización del taller textil. Delia subraya este elemento insistiendo en la necesidad de una representación sindical acorde a la presencia de trabajadorxs migrantes en la fábrica.
Delia: Durante la modificación del sistema de trabajo, ya antes y esto de hecho me pasó a mí misma, yo tuve un aborto, por toda la presión que había dentro de la fábrica. El primer año era mucha tensión para mí y no sabía y bueno. Así como a mí, habían varias otras compañeras después con el tiempo que fuimos hablando y que nos empezamos a abrir que habían perdido embarazos precisamente por eso, por toda la presión que había dentro dela fábrica y cuando empezó a cambiarse el sistema de trabajo se fueron, se volvieron a dar este tipo de casos pero que nunca se visibilizaron porque las compañeras tenían vergüenza, de hecho yo misma en su momento tuve vergüenza de decirle a mis compañeros lo que había pasado. Que no era solo eso, sino que se nos vinieron un montón de otras enfermedades, de la columna, sobre todo muchos compañeros que empezaron a tener quistes, de hecho yo tengo tres quistes ahora, en la columna. (Ibid.).
Entre los reclamos más importantes que Delia señala y que deseamos subrayar en este punto de su narrativa está asociado a las dolencias físicas y, particularmente, hacemos hincapié en la situación de mujeres embarazadas dentro de la fábrica que sufrieron abortos asociados a las presiones y el ritmo de trabajo explotador en que estaban inmersas. Algo que ella vivió en carne propia y comenzó a visibilizar como problemática concreta vinculada al género al interior del trabajo textil. Así como a su llegada a Buenos Aires cuestionó las relaciones desiguales al interior del taller-casa y enfrentó situaciones de violencia machista y patriarcal construyendo comunidades de cuidado entre mujeres; aquí también observamos cómo su perspectiva militante no se escinde entre la situación de explotación como trabajadora, migrante y mujer. El hacer énfasis en esta denuncia en relación a la pérdida de embarazos como consecuencia del ritmo hiper-productivo y a presiones psicológicas y físicas, se irá conectando luego con las denuncias de abusos sexuales y explotación de trabajo de cuidado al interior de los talleres; así como con la visibilización de formas de violencia institucional sufridas en Argentina por mujeres migrantes. Todas estas líneas de problematización y denuncia serán el germen de una serie de reivindicaciones y reclamos fuertemente instalados en la agenda de la economía popular pero también del movimiento feminista desde el colectivo Ni Una Migrante Menos. Ampliaremos este punto en el apartado final de su trayectoria.
Finamente, en 2017 Delia es despedida de Tessicot, tras un proceso de organización colectivo que implicó refundar el cuerpo de delegadxs. Como consecuencia de las transformaciones económicas macro que se estaban viviendo en el país a partir del gobierno de Macri, apertura de importaciones, aumento de tarifas, persecución de la protesta social; la empresa finalmente cierra.
En aquel momento, comienza a trabajar de modo exclusivo en el Centro Autogestivo Cooperativo Textil “Juana Vilca”, Ciudadela, Provincia de Buenos Aires; un espacio cooperativo que se funda en 2015 a partir del trabajo de coordinación del Colectivo Simbiosis Cultural. Una frase célebre del Colectivo sintetiza el grito de rebeldía que esta nueva generación de jóvenes migrantes costurerxs comenzó a instalar como perspectiva para pensar y hacer en las economías populares migrantes, fundamentalmente en el sector textil: “Tengo mil sueños por cumplir y dos mil prendas por coser”. Los sueños se iban presentando para ella y siempre tomaban forma colectiva. Proyectos realizables en la medida que estaban construyendo una trama comunitaria diversa, más abierta, heterogénea que les permitiría abrir taller, como emblema de la producción en el sector, para poder entrar y salir de él politizando sus modos, dinámicas y relaciones al interior.
5.2.4 Dos experiencias de producción entre “la ida y el regreso”: Cooperativa “Juana Vilca” y “Casa de la Solidaridad Proyecto de Vida”
Hemos desarrollado en el Capítulo 1 la importancia que tiene para la economía popular en Argentina la creación de la Confederación Trabajadorxs de la Economía Popular (CTEP) como forma sindical que reactualiza modos de organización colectiva frente a las transformaciones en el mundo del trabajo contemporáneo. En el año 2011 la CTEP inicia sus primeros pasos y para 2015 logra la personería jurídica. En ese momento, se presentó como un espacio institucional de discusión muy importante en la revisión de los modos de producción en el sector textil. Dentro de la CTEP se estaba dando un proceso coordinado de construcción de polos textiles en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Esta iniciativa tenía como objetivo principal sacar al taller de las casas y generar mejores condiciones de producción y de vida para lxs trabajadores textiles (Señorans, 2020).
En 2015 sucede otro hecho dramático: el incendio del taller textil ubicado en la calle Páez[13] de la Ciudad de Buenos Aires, vuelve a sacudir al sector. Nuevamente se desata una persecución directa sobre lxs migrantes pero la articulación entre trabajadorxs, paisanxs, vecinxs y los diferentes colectivos que venían denunciando la precarización del trabajo y la vida en el sector; estaba fortalecida. En este momento, confluyen en asambleas distintas organizaciones: el Colectivo Simbiosis Cultural, trabajadorxs de la rama textil dentro de la CTEP y otras agrupaciones políticas de migrantes; y se dan a la tarea de comenzar a pensar, proponer y construir espacios de producción diferente. Al desatarse una nueva persecución contra los talleres y en medio del proceso colectivo de construcción de polos textiles, estas organizaciones prefiguran modalidades autogestivas, colectivas, comunitarias para construir y tejer desde lxs trabajadorxs del sector otros modos de producción (Castronovo, 2019). En ese sentido, el Colectivo Simbiosis Cultural lanza la campaña: “Sacar del gueto la economía popular y migrante” que tiene como objetivo organizar a lxs trabajadorxs textiles. En la Casona de Flores (espacio político-cultural ubicado en el barrio porteño de Flores donde Simbiosis se reunía) vecinxs, docentes, investigadorxs, trabajadorxs confluyen en asambleas y manifestaciones, se conforma el Observatorio del Trabajo Sumergido y comienza a funcionar la Asesoría Textil, como espacio de asistencia legal y sindical (Ibid.). Todas estas acciones coordinadas y colectivas ponen en escena con más fuerza el reclamo de justicia de todo el sector. Un reclamo que conecta Viale con Páez y propone abrir definitivamente el taller y transformar desde adentro sus condiciones de existencia.
Hacia finales del año asume el gobierno Mauricio Macri (2015-2019) lo que, como señalábamos más arriba, significó un cambio de políticas para la economía en general pero para las economías populares en particular. Despidos masivos y aumento de tarifas, inauguran un período nuevo de ajuste neoliberal. El reforzamiento de medidas anti-populares y de desincentivo a la producción: apertura de importaciones, suba de intereses y tarifas; sumado a la persecución política y represión de manifestaciones marcan un cambio de época.
Lxs migrantes sufren este cambio de signo de gobierno de un modo particular. El Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2017 modifica la ley de migraciones 25.871 que Argentina había logrado consolidar tras décadas de avances en materia de derechos para lxs migrantes. Una ley construida con voces plurales desde los movimientos de migrantes, sociales, intelectuales que resultó un ejemplo en materia migratoria declarando la migración un derecho humano; sufre un retroceso rotundo con este decreto (Penchazadeh y Gavazzo, 2021). Nombramos aquí de modo particular estas medidas porque efectivamente cambiaron la realidad de lxs migrantes en el país y significó un frente más de lucha que marcó la agenda del sector textil pero también de todas las organizaciones de migrantes en este tiempo.
En este contexto, tras procesos asamblearios en Ciudadela entre trabajadores y dueños de talleres textiles, se funda el Centro Autogestivo Cooperativo Textil “Juana Villca”. Portando el nombre de una de las mujeres fallecidas en el incendio de 2006 en Viale, el CACT constituye una experiencia desafiante y ejemplar de la producción del sector. Surge como una propuesta que se propone revolucionar las relaciones sociales, económicas y políticas a interior del taller. Desafía las formas cerradas y culturalistas de entenderlo como unidad “clandestina” y se plantea abrirlo para desarmar sus lógicas extractivas y construir verdadero trabajo colaborativo y cooperativo. En el marco de su creación se desarrollaron cursos de autoformación cooperativa, se elaboraron discusiones importantes respecto de la necesidad de generar de espacios de cuidado para lxs compañerxs y sus hijxs, entre otras discusiones políticas sobre cómo organizar el trabajo, dividir las ganancias y los aportes del Estado (Castronovo, 2019)[14].
El espacio constituyó un verdadero lugar de resistencia en estos años de avance de la persecución a lxs migrantes y a lxs trabajadorxs textiles que fue desplazando cada vez más a los talleres de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a territorios más pobres del conurbano. En 2017 se estimaba que había cinco mil talleres en CABA y quince mil en todo el Área Metropolitana de Buenos Aires (Ibid., p. 100). Mientras esto sucedía la “Juana Villca” se organizaba para enfrentar la crisis. Cuando Delia es despedida de Tessicot (2017) comienza a trabajar de lleno en la cooperativa. Será hasta 2019, cuando decide regresar a Bolivia, que participará de la construcción y consolidación del proyecto.
En entrevista personal en 2021, el balance que Delia hace de todo este proceso redunda en la presentación de su nuevo proyecto de trabajo colectivo. Ella transporta la experiencia del CACT “Juana Villca”, explícitamente como bandera de organización y forma de lucha y producción, al desarrollo de una propuesta autogestiva con mujeres víctimas de violencia de género de la zona de Ventilla en El Alto, Bolivia.
Con ilusión “Casa de la Solidaridad Proyecto de Vida” le ofreció un espacio para desplegar una gran y vasta experiencia tanto como trabajadora de la confección textil, como cuanto militante feminista, construyendo territorios de cuidado desde la organización de mujeres y disidencias. Cuando estaban arrancando en 2019 las condiciones adversas y violentas en la zona del distrito 8 de El Alto, donde se ubican, hicieron muy complejo el inicio. Recordemos que durante 2019 se dieron las represiones a manifestantes en contra del golpe de Estado de Janine Añez y uno de los pueblos más reprimidos fue, sin duda, el alteño. Luego en 2020 se desata la pandemia de Covid-19: “…vimos la posibilidad de empezar a realizar elementos de bioseguridad, como son las mascarillas, trajes de bioseguridad. Pero nosotras no sólo pensando en una cuestión económica (…) sino que también fue sobre todo el tratar de colaborar con esto de la prevención de los contagios masivos de Covid. (…) Nos ha costado y nos está costando poder llegar a generar mayor cantidad y llegar a los mercados internos por lo menos. (…) Estamos dispuestas a seguir trabajando porque creemos que no es solamente una cuestión de trabajo sino que también sirve para que varias de nuestras compañeras, que nos estamos organizando dentro del emprendimiento, podamos llegar a empoderarnos. (…) De poder defender no solamente sus fuentes laborales sino también empezar a ser independientes económicamente” (Delia Colque Quillca, 6/10/2020)[15]. Desde la organización las mujeres declaran al periódico feminista Imillia Bandida que el espacio ha sido una oportunidad para que las madres de Ventilla tuvieran una salida laboral (Imillia Vandida, 2021)[16]. Algunas ya con experiencia en costura, migrantes que han regresado del vecino país igual que Delia, enseñan a otras el oficio y entre todas van reinventándose.
A principios de 2020, apenas comenzaron a andar, la pandemia cambió por completo las condiciones:
Delia: Nos cortó todo. Nos mató porque de alguna manera, esto lo que estamos viendo era como una posibilidad de podernos llevar cada una algo de dinero a nuestras casas, porque ya habíamos arrancado con algunos trabajos textiles ahí. Empezamos a trabajar con algunos colegios, que ya se estaban animando a pasarnos para que le hagamos los deportivos, shorts, remeras, el conjunto deportivo. Pero no, pues, nos mató esto. […] De hecho, los colegios están retomando, están parando. Entonces creo que eso también nos hace pensar nuevamente otras cuestiones: si estamos retomando lo que va a ser los barbijos, creemos que por ahí la alternativa sería los barbijos, pero estamos pensando nuevamente hablar con estos colegios, tratar de buscar dinero para que nos compren los barbijos y nosotros poderlos repartir a todos los chicos de los colegios. Para comenzar, después ver si podemos tener algún contacto con algunos centros de salud, hospitales. Algunas otras instituciones. (Mayo de 2020).
Ambas experiencias cooperativas y autogestivas de las que Delia participó entre 2017 y 2021 sintetizan un recorrido de lucha y organización que integra su trayectoria de modo consistente. Su recorrido es a su vez el derrotero de una serie de disputas y transformaciones de los discursos y las prácticas laborales y políticas al interior del sector textil. Las experiencias de construcción de espacios autogestivos hablan de toda una capacidad creativa puesta al servicio de la transformación política y social. La “Juan Vilca” desde la discusión de los modos de producción en la cadena textil pero también desde la manera en que se hace el trabajo, cómo se reparten las tareas, qué proyectos se decide vehiculizar[17]. Por su parte, “Casa de la Solidaridad Proyecto de Vida” se monta sobre lo construido y aprendido en Argentina para sumar dimensiones a la visibilización de las violencias que sufren específicamente las mujeres y la necesidad que tienen de buscar salidas productivas colectivas para conseguir ingresos que les permitan romper definitivamente esas lógicas (profundizaremos en este cruce en lo que sigue).
A lo largo de este apartado hemos visto como lxs trabajadores migrantes fueron poniendo en cuestión el taller y la propia comunidad desde adentro; haciendo que ésta transforme su fisonomía politizando los modos de producción. La particularidad que imprime en estos escenarios la mirada de lxs jóvenes migrantes, atravesadxs por dos grandes crisis que vivió el sector en Argentina tras los trágicos incendios, es evidente. Ellxs deciden enfrentar lo que estas tragedias cristalizaron: las situaciones de explotación que viven lxs costurerxs y talleristas el interior de una cadena productiva desigual y extractiva. Esto, además de transformar el discurso, se tradujo en modos de hacer distinto y en formas de aventurarse a construir otras comunidades políticas: “neo-comunidades” (Gago, 2018). Contra la idea de que la comunidad es una entidad cerrada sobre sí y con fuertes vínculos de parentesco que la hace una unidad étnica esencial; lxs jóvenes migrantes se animan a desacordar y generan rupturas del orden comunitario explotador que lxs oprime para tramar comunidades autogestivas y libres (Ibid.). En este sentido es que podemos afirmar, siguiendo a Rancière (1996), que se trata de nuevas subjetividades políticas que se erigen en protagonistas de estas discusiones y transformaciones.
Una década de organización política, denuncia, formas de hacer distintas, van demostrando que lxs migrantes tienen voz y acción por fuera de los estereotipos que los discursos de los medios y la criminalización que el Estado pretendía instalar. La lucha y organización dentro de colectivos como Simbiosis Cultural y las organizaciones de trabajadorxs textiles en los polos y cooperativas dentro de la CTEP, así como el espacio cooperativo “Juana Vilca”; interpela desde lxs trabajadorxs migrantes a todo el movimiento de trabajadorxs de la economía popular poniendo en agenda la discusión sobre los modos de producción a partir del trabajo migrante. Cuando evidenciamos que la ropa, la comida y los cuidados con que contamos son bienes producidos por trabajadorxs migrantes se revela allí el gran aporte de las luchas que estxs jóvenes han emprendido. Visibilizar políticamente el sector y su fisonomía migrante también es evidenciar el valor que estas tramas comunitarias de movilidad y trabajo aportan a la economía argentina.
5.2.5 Ni Una Migrante Menos, organización colectiva y memorias de lucha
El movimiento feminista en Argentina emerge con gran fuerza y visibilidad entre 2015-2016. El fenómeno político de Ni Una Menos toma masivamente las calles de todo el país en junio de 2015 para denunciar y expresar el repudio más contundente al femicidio de Chiara Paez[18]. Este hecho atroz y la contundente respuesta de las mujeres y disidencias en ese momento inauguró un tiempo de ruptura del orden político que transformaría en varias dimensiones la vida social de Argentina. En ese momento, se abre un período en el que los feminismos comenzarán a marcar el pulso político delineando una serie de horizontes políticos y deseos. El movimiento feminista en Argentina no sólo tomó las calles contra los femicidios sino que además se presentó como movimiento social capaz de desenmascarar la violencia machista que anida en distintas dimensiones de la vida social, política y económica.
Meses después, en octubre de 2016 otro femicidio, de Lucía Pérez, sacude al movimiento feminista que responde de modo coordinado con una asamblea convocada en el espacio de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular. La propuesta que tomó fuerza en aquella asamblea fue “hacer un paro” y rebotó por todo el país con gran aceptación y acompañamiento de diversos colectivos feministas, autoconvocadxs, organizaciones sociales, sindicales y movimientos sociales. La única fuerza política del país que en su diversidad y complejidad convocó a tramar y gestar un paro desde el inicio de la gestión de Cambiemos fueron las mujeres. Huelga que tomó las calles para denunciar todo tipo de violencias que se superponen en los cuerpos de mujeres y disidencias. A partir de allí, el paro feminista se volvió herramienta estratégica para poner freno y denunciar las políticas de ajuste llevadas adelante por el gobierno de Mauricio Macri. Las mujeres y disidencias, antes que la Central General de Trabajadores, realizan el primer paro nacional en impugnación al modelo de ajuste neoliberal. Consignas como “¡si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras!”, resonaban en asambleas masivas que comenzaban a organizar la bronca, el rechazo al modelo de ajuste y despojo que estaba llevando adelante la gestión de Cambiemos.
El paro feminista produjo una innovación política histórica: usó una herramienta de la lucha obrera para protestar contra las violencias machistas, y, en ese gesto, puso en evidencia la conexión sistémica de las violencias económicas, coloniales, y de género contra ciertos cuerpos (Gago, 2021)[19].
La huelga convocó a miles de mujeres, lesbianas, travestis, trans, no binaries, a mirarse y reconocerse desde el hacer desde la producción que cada unx realiza (Gago, 2019). Lo novedoso del movimiento feminista en Argentina que emerge como forma política en este tiempo, es que se plantea como una crítica práctica y una desobediencia radical al sistema que conecta los distintos tipos de violencia que sufren mujeres y disidencias.
Con la herramienta del ‘paro’ empezamos a conectar y cruzar de modo práctico las violencias que se anudan con la violencia machista: las violencia económica de la diferencia salarial y las horas de trabajo doméstico no reconocido ni pagado con el disciplinamiento que se enhebra con la falta de autonomía económica; la violencia de la explotación que se traduce en el hogar como impotencia masculina y lo hace implosionar en situaciones de violencia ‘doméstica’; la violencia del despojo de servicios públicos con la sobrecarga de trabajo comunitario (Gago, 2019a, p. 18).
El planteo de parar fue la forma más potente de conectar la maquinaria invisibilizada relativa al “mundo privado” de las casas, las cocinas, pero que sabemos también es el de las ollas populares que dan de comer a barrios enteros en tiempos de crisis; con la explotación del trabajo en la esfera “pública productiva” que desde las economías populares se venía evidenciando como un espacio de alta precarización. Se empieza a tejer allí el protagonismo que las mujeres tienen en las economías populares con la fuerza de enunciación de todo el valor que sus cuerpos producen. Los trabajos y tareas de cuidado, llevados a cabo por mujeres y disidencias, han sido sistemáticamente invisibilizados y dados por “naturales” para ser explotados por el capital (Ibid.).
La expansión de esta fuerza social emergente con larga historia en el país y en el continente; empieza a intervenir en diversos planos y espacios de discusión y disputa política. Desde los feminismos como desde ningún otro espacio político en el país comienzan a darse y profundizarse discusiones que se volvieron urgentes en plena crisis de ajuste neoliberal. Gracias a la metodología de organización de los paros: las asambleas situadas, en cada territorio, y con una articulación y confluencia de actorxs diversxs; los feminismos comienzan a plantear una agenda que reactualiza el antagonismo social y político en estos tiempos críticos.
La profundización de la lucha feminista se visualiza de manera rotunda en los planteos que compañeras migrantes comenzaron a dar dentro de sus colectivos y organizaciones; pero también las coordenadas específicas que desde sus experiencias, vivencias y subjetividades migrantes aportaron a la construcción de estos feminismos populares en expansión. El surgimiento del frente de mujeres migrantes “Ni Una Migrante Menos” (NUMM) en este contexto -que marchó por primera vez como espacio feminista migrante en el paro 8M de 2017-, acuerpó sus reivindicaciones.
Delia: ‘Ni una Migrante Menos’ nace en febrero del 2017, después de que saliera el decreto de necesidad y urgencia 70/2017. Esto nos movilizó bastante porque nosotras nos fuimos juntando entre varias porque veíamos que este decreto terminaba vulnerando mucho más nuestros derechos. Hay que reconocer también que la ley de migraciones argentina es una ley que de alguna manera reconoce un montón de derechos a los/as migrantes. Puntualmente ahora, con este decreto, se terminaba criminalizando a determinados sectores de los migrantes. Lo que veíamos en un principio era esto de que con estas deportaciones express (…) terminó haciendo que particularmente a nosotras, mujeres migrantes, nos termine afectando de una manera terrible .En el sentido de que hay muchas mujeres migrantes que no tuvieron la posibilidad de poder acceder a la documentación, por ejemplo, por diferentes situaciones. Inclusive por trámites administrativos, fallas administrativas de la misma dirección nacional de migraciones, por lo tanto, no pudieron sacar el documento. Cosa que llegaba a estas personas, digamos, estas deportaciones porque no tenías supuestamente la documentación. Pero también aquellas personas que habían tenido algún tipo de antecedente penal, como es el caso de Vanesa Gómez, que tenía un antecedente (…) ella había cumplido su condena ¿no? (…) Igual la terminaron yendo a buscar a su casa y la terminaron expulsando del país, no solo a ella sino también a su hijo. Y otra cuestión que teníamos era que inclusive, podía llegar a personas que tienen alguna contravención. O sea, gente que vende en la calle, gente que no tiene otra más de poder llevarse dinero a través de estas ventas callejeras, (…) le decomisan toda la mercadería que ellas tienen, que tanto les ha costado conseguir, y de paso le terminan levantando contravención, que también da la posibilidad de estas expulsiones. Entonces esa fue como una de las cosas que nos terminó impulsando a nosotras para que podamos organizarnos y empezar a reclamar la derogación del DNU. (Mayo de 2020).
El decreto 70/2017 establecía, entre otras medidas, la posibilidad de deportar a personas migrantes que tuvieran antecedentes penales. En un lapso de pocos días, si algún migrante era detenidx o era denunciadx podía ser procesado rápidamente y deportadx a su país de origen. Esto, ligado a la informalización que acompaña los trabajos de la economía popular, tal como sostiene la misma Delia, resultó en una persecución explícita fundamentalmente para lxs trabajadores de la vía pública, cotidianamente expuestxs al control policial. Subrayamos aquí esta característica del decreto también porque, en ese sentido, Delia relata el caso de Vanesa Gómez (quien fue expulsada del país en febrero de 2019[20]), que se volvió uno de los reclamos principales de NUMM. Las acciones que el colectivo sostuvo hasta que el Estado argentino permitió su retorno en septiembre de 2019, apuntaron a mostrar el caso como una consecuencia fatal del decreto, de la violación a los derechos de las migrantes y, sobre todo, de las infancias (Penchazadeh y Gavazzo, 2021).
En este sentido, también Delia menciona que, aun sufriendo violencia de parte de sus maridos, tras entrar en vigencia el DNU, muchas mujeres evitaban hacer denuncias para que ellos no fueran deportados[21]. Todos estos casos muestran cómo afectó directamente a lxs trabajadorxs de las economías populares y a las mujeres y disidencias de modo bien particular. Por este motivo, luchar por su derogación fue una de las disputas más fuertes que enfrentaron desde NUMM y otros colectivos y frentes de organización de migrantes durante el gobierno de Cambiemos.
Delia: Salimos, como ‘Ni Una Migrante Menos’ el 8 de marzo del 2017, precisamente exigiendo la derogación del mismo. Pero no simplemente de esto, sino, también a la vez fuimos denunciando todas las situaciones de violencia de las cuales nosotras, atravesamos como mujeres migrantes y visibilizando de alguna manera lo que nos pasa. Porque nosotras, las migrantes, no solo migramos porque tenemos un problema económico, ¿no?, que queremos, de alguna manera, mejorar nuestro estilo de vida y el de nuestras familias. Sino también migramos porque queremos de alguna manera escapamos de la violencia machista que vivimos también en nuestro territorios. Entonces, es una de las cosas que nosotras veníamos denunciando, y que al llegar al territorio de destino, el cual hemos decidido migrar, esto se sigue repitiendo, se sigue reproduciendo, seguimos siendo sujetas de violencia también en estos lugares. (Ibid.).
NUMM no sólo denuncia las condiciones de migración en Argentina, más bien se propone especificar la intersección de violencias que sufren las mujeres y disidencias, sosteniendo en su cuerpo toda una infraestructura móvil de cuidado. Son las mujeres las que migran en búsqueda de mejores condiciones de vida, pero que se encuentran con las mismas violencias de las que escaparon en sus países de origen. Las mujeres y disidencias migrantes le aportan al movimiento feminista una serie elementos concretos que señalan las disputas que ellas enfrentan en la movilidad. El sostenimiento de trabajos de cuidado en todos los espacios en que participan (desde sus comunidades y familias hasta los espacios productivos donde trabajan) configuran múltiples jornadas laborales y una superposición agobiante de tareas. Trabajos no reconocidos, mucho menos remunerados, se agolpan en días y semanas de sobrecarga laboral. Las migrantes denuncian la violencia machista que se superpone a un racismo estructural que permea diferentes espacios por donde transitan para poder vivir y trabajar en el país. Visibilizan también la violencia que ejerce el Estado y ciertos sectores de la sociedad sobre ellas: violencia institucional en dependencias estatales para realizar trámites migratorios, para el registro de sus hijxs; la discriminación en el ámbito de la salud y la educación. En todas estas violencias cotidianas el DNU 70/2017, como comentábamos, las afecta particularmente a ellas.
Sumado a esta realidad, Delia relata situaciones complejas de violencia machista vivida al interior de las unidades productivas textiles, como una problemática a la que debe atenderse desde la especificidad de los cuerpos y las voces de mujeres y disidencias. En su trayectoria de vida y trabajo pero también desde la organización NUMM, dan una vuelta más a la discusión sobre los modos de producción en los talleres textiles, en las fábricas y en otros espacios de trabajo.
Delia: Con respecto a las mujeres migrantes, la mayoría que -creo que una buena parte- pasa por diferente acoso, acoso sexual. En cualquiera de los rubros, ya sea trabajando en el hogar como empleada doméstica, como cuidadora, como costurera, como trabajando en la tierra, en el laburo que sea siempre pasamos por acoso sexual. Acoso laboral, no simplemente eso, sino que he visto, he vivido, y hemos acompañado un montón de casos de violaciones hacia estas mujeres. (…) Muchas de nosotras zafamos porque nos ayudamos entre nosotras y nos cuidamos entre nosotras, pero varias otras no. Después nos fuimos cruzando con compañeras de otros talleres, con las que solo nos pudimos ver, y que también habían pasado por esta situación (…) de hecho, a una de nuestras compañeras sus mismos empleadores la terminaron despachando violada, tenía quince años ella. Como estaba embarazada, la volvieron a mandar a Bolivia para que arregle “su” problema. (Ibid.).
La explicitación de las formas crueles y crudas que la violencia machista y patriarcal descarga sobre mujeres trabajadoras en distintos ámbitos de las economías populares no es un elemento que podamos pasar por alto. Delia lo enfatiza y es parte de lo que estas nuevas subjetividades migrantes vienen a instalar en el debate público. Es preciso hacer un alto en la narrativa para señalar que aquí radica una de las disputas más importantes que NUMM y otros colectivos y organizaciones feministas han ido dando e instalando en forma de antagonismo explícito contra todo tipo de violencia y lógica extractiva: adentro y afuera del taller, en las casas, en las propias organizaciones sociales y políticas, en la fábrica. Si conectamos la historia vivida en la casa familiar bajo mando patriarcal violento, con el primer día de llegada al taller y la búsqueda de conformación de espacios cuidados “entre mujeres” para sobrellevar situaciones de acoso y abuso; pasando por las situaciones de trabajo hiper-explotado y precario que genera problemas de salud de distinto tipo y que entre éstos Delia subraya la pérdida de embarazos de mujeres trabajadoras de Tessicot; podemos encontrar que ella sintetiza, en la denuncia del fragmento anterior, las distintas formas que adopta la violencia machista en la migración como una forma específica que conecta la explotación patriarcal, colonial y capitalista.
Delia: Entonces, esta situación es algo que no se visibiliza, no se muestra, muy pocas veces se habla por vergüenza, por un montón de cosas también de nosotras mismas que… para nosotras, fue muy difícil, tuvimos que hacer un proceso enorme como para animarnos a hablar lo que nos pasaba (…) todas pasamos por estas situaciones de acoso, violencia, violaciones inclusive con embarazos y que están completamente tapados. Creo que esa es una de las cosas por las cuales nosotras como mujeres migrantes particularmente, porque creo que nos pasa a todas las mujeres, pero particularmente como migrantes eso es algo que sale y que lo pasamos como la mayoría, o sea… y esto te estoy hablando de nosotras que migramos a Argentina ¿no? van pasando en otros países, como por ejemplo, en México cuando tienen que pasar hacia el lado de Estados Unidos, donde sí o sí saben que van a ser violadas, pero como único consuelo que tienen es el no quedar embarazadas, entonces toman anticonceptivos para no quedar embarazadas, si van a salir vivas, si van a poder lograr pasar la frontera, bueno van a poder seguir trabajando porque no se van a tener que hacer cargo de otra personita ¿no? Entonces, yo creo que eso es algo que también hay que empezar a retomarlo porque es una de las cosas que no nos animamos a hablar por vergüenza, por miedo, porque tenemos un montón de traumas pero hay que hablar. (Ibid.).
La violencia ejercida sobre el cuerpo de las mujeres y las disidencias es el modo que ha tenido históricamente el capital para domesticar subjetividades femeninas (Federici, 2010). En el caso de las mujeres migrantes, el contar con pocos recursos para denunciar estas violencias lleva a una situación más cruda. Porque además, la infraestructura móvil que garantiza el proyecto de ellas, está ligada a una comunidad que funciona como sostén principal de las personas que se desplazan; pero que no siempre es una comunidad de confianza y de cuidado. En estas comunidades como sostén de proyectos individuales (que comentábamos desde el Capítulo 3), las situaciones de violencia que Delia relata también se dan y pareciera imposible romper los pactos intracomunitarios que hacen que la realidad del espacio donde se vive, se trabaja, se recrea, sea tan compleja. De ahí la importancia de la apertura y ruptura de estas dinámicas que reifican una realidad violenta y desigual camuflándola de “comunidad esencial”, de hogar y familia. Esto, en el caso de Delia tuvo que ver con poder empezar a enunciar estas experiencias y tramarse con otras mujeres que transitaron la misma realidad. Comenzar primero a cuidarse entre todas para luego construir los modos de romper estas dinámicas y cambiar de raíz al taller.
El modo de organización en cooperativas propuesto desde el espacio sindical que se empieza a gestar en 2015 con los polos y organizaciones cooperativas dentro de la CTEP, busca mejorar las condiciones laborales y de reproducción de la vida de lxs trabajadorxs textiles. La lucha del Colectivo Simbiosis Cultural al respecto transformó la mirada sobre el modo de producción textil en el desmonte de la industria y Delia formó parte de ese movimiento. A esta puesta en discusión sobre las relaciones laborales y modos de producción, los planteos del espacio “Ni Una Migrante Menos” vienen a sumar aspectos específicos y estructurales que hacen a la reproducción de la propia unidad productiva y de la vida en común en la movilidad dentro de dichos espacios, desde la experiencia vivida de las mujeres y disidencias migrantes. Algo que Delia complementa con su historia de vida y de lucha de modo bien ilustrativo. En el fragmento anterior se remarca con énfasis la necesidad de visibilizar la cantidad de abusos psicológicos, físicos, sexuales y acosos laborales que sufren las mujeres migrantes al llegar a este tipo de unidades productivas; y aquí suscribimos tal énfasis. Hay que decirlo, esas son las formas que toma la violencia machista en las economías populares en el trajín. Esto es lo que viene a aportar a la discusión de las economías populares migrantes la perspectiva de Ni Una Migrante Menos. La complicidad entre varones, la desprotección material y jurídica, la necesidad, expone fundamentalmente a las mujeres y disidencias migrantes a violencias reiteradas y naturalizadas.
“El patriarcado no tiene fronteras”, sostiene llamamiento al paro feminista del 2018 de Ni Una Migrante Menos; marcando en esta expresión la necesidad de transnacionalizar la lucha. Hacia 2018 y 2019 los feminismos fueron construyendo ese internacionalismo político que conecta los levantamientos antineoliberales en Chile, Colombia, Bolivia con los levantamiento en Argentina contra el ajuste y re-endeudamiento con el FMI y en Brasil contra la derecha de Bolsonaro. En pandemia (2020) fueron estas organizaciones las primeras en reaccionar frente al autoritarismo del control de frontera que impedía la movilidad y regreso a sus comunidades de mujeres migrantes con sus hijxs (caso frontera Chile-Bolivia). Organizaciones feministas y migrantes fueron las primeras en denunciar la violencia ejercida contra mujeres, niñxs, adultxs que fueron inmovilizadxs en el cruce Pisiga-Colchane por el cierre militarizado de la frontera, bajo el gobierno de facto de Janine Añez (Bustos, A.J., 2023).
Delia expresa en su trayectoria todo un recorrido amplio de discusiones y transformaciones en los modos de producción en el sector textil, que implicó la visibilización y confrontación con distintas dimensiones de la violencia que se ejerce contra lxs trabajadores, así como de los discursos que lo narran. Al mismo tiempo ella es símbolo de las nuevas subjetividades migrantes que emergen, a través de estas disputas y cruces en la lucha. Protagonismos políticos migrantes feministas que han ido cuestionando el taller desde adentro pero también la familia y la comunidad como infraestructuras naturalizadas de movilidad que camuflan lógicas de explotación muy complejas. Poder abrir estos espacios para poner en cuestión los modos de estar, hacer y pensar en cada uno de ellos es un modo construido colectivamente para desarmar los sentidos hegemónicos de victimización y criminalización que se habían instalado en el período anterior. Ellas se animaron a desafiar el sistema desde adentro y producir de otra manera, repensando las relaciones económico-políticas al interior.
Finalmente, y como una conquista del movimiento de la economía popular, de lxs migrantes y feminismos populares; en 2020 se derogó el decreto de Macri tras la asunción del nuevo gobierno del Frente de Todos[22].
Imagen 13 – Secuencia visual trayectoria Delia

1- Foto familiar antes de migrar, 2005, El Alto; 2- Viale, junto con el Colectivo Simbiosis Cultural; 3- Compañerxs de trabajo en Tessicot; 4- CACT “Juana Villca”, confección de pañuelos para la Campaña por el Aborto Legal Seguro y Gratuito, 2018; 5- Participación de Encuentro Plurinacional de Mujeres y Disidencias, Argentina, 2019; 6- Ni Una Migrante Menos, Campaña por el regreso de Vanesa.
5.3 El trajín hacia China: Joan
Conocí a Joan Villanueva en 2017 durante una escuela de verano en el Tambo Colectivo Ch’ixi[23], y fue su historia la que me llevó a reflexionar en torno a la relevancia de lo personal en el análisis social de lo colectivo[24]. Ese año, Joan había retomado la Licenciatura en Literatura en la UMSA (Universidad Mayor de San Andrés), luego de dos años de haber hecho un paréntesis emprendiendo un proyecto que pretendía ser fuente de ingresos y ahorros para lograr su independencia económica de la familia y poder así costear la carrera y la vida de estudiante. Durante 2015 y 2016 vivió en Guangzhou (China), trabajando como nexo entre las empresas importadoras y comerciales de sus familiares y los fabricantes chinos. Esta primer escena[25] de contacto con la trayectoria de Joan muestra la espontaneidad con que aparecen dos elementos que venimos nombrando en los capítulos anteriores: i) formas de movilidad como estrategias naturalizadas de vida y ii) la emergencia de lo que hemos llamado el “Eje Altiplano-Pacífico” como dirección ampliada de los mapas del trajín contemporáneo.
Antes de profundizar en su experiencia de migración hacia China, que fue lo que llevó a interesarme por su historia y que será el nudo de su narrativa; cabe remontarnos a caracterizar el entorno familiar en que Joan creció.
Nacida en el año 1992 en San Petersburgo (Rusia) es hija de xadres de origen boliviano (mamá paceña y papá cruceño) que radicaban allí porque se encontraban cursando sus estudios universitarios en medicina. Joan crece lejos de Bolivia y recién a sus siete años la familia regresa y se instalan a vivir en La Paz. Cuando le pregunto por su infancia no profundiza demasiado en su ciudad natal, que parece no recordar, pero sí conecta con el regreso a Bolivia y aparece una conexión instantánea con su familia materna, el negocio y China.
Joan: Si tengo, pero son pocos porque he sido muy chiquita cuando estaba ahí yo me he venido acá cuando tenía 7, he venido directo al colegio. (…) Ha sido difícil porque no sabía hablar español casi nada.
Ana: ¿Te habías empezado a escolarizar allá?
Joan: Si, estaba en Rusia en unas guarderías y luego en kínder, y luego en colegios. Pero no me acuerdo mucho.
Ana: ¿Por qué decidieron venirse?
Joan: Porque terminaron medicina y se vinieron.
Ana: Claro, o sea, nunca pensaron en quedarse allá
Joan: Sí pensaron, pero bueno volví. Y ya mis abuelos estaban con el taller y creo que lo del negocio del chino se le ocurrió a una de mis tías. (Enero de 2017).
Para sumergirnos en el negocio familiar y la historia de una comunidad-familia que liga emprendimientos comerciales con movilidad de una manera sumamente imbricada; es importante retrotraernos brevemente a la motivación de migrar a Rusia de su madre y cómo Joan la narra. Será importante este punto para analizar en espejo con su propia historia más adelante.
Joan: Mi mamá venia huyendo. Bueno, lo que me había contado es que venía huyendo de la familia porque lo que pasa es que mi mamá siente, bueno eso es lo que me ha dicho, que su familia es como una casa, o sea, como las casas de India ¿no? Que no puedes escapar de tu familia, ni cambiarte de profesión así nada más. (…) Porque toda mi familia se dedica al comercio, pero mi mamá no, entonces mi mamá no quería. (…) Desde chica, quería hacer otra cosa que no fuera vender y comprar digamos. Porque no sé, mis abuelos creo que la hicieron trabajar desde muy joven. Como que, mis tíos eran niños y los trataban como a adultos ¿no? Les enseñaban mucho como era esto del trabajo y de sacrificarse. Porque antes, antes lo que hacían mis abuelos era traer ropa de Achacachi o llevar y traerla acá a La Paz y venderla acá (…) Todos están atados al comercio, incluso ahora mi mamá, recién se ha metido en ese mundo ¿no? (…) Mi mamá se quería alejar de todo esto. Creo que quería alejarse de la venta. Pero bueno, ahí nací. Y cuando después de que nací pasó un año, dos y mi mamá ocultó el hecho de que yo existía. (…) Porque no quería que sus papás le digan nada. Ella estaba en otro lado, estaba estudiando no quería volver quería mantenerse en otro lado. De ahí se enteraron y mi abuelo fue el primero en ir a visitarnos. (Ibid.).
Huir para alejarse de obligaciones y direcciones que la familia impone a la trayectoria y proyecto individual es un elemento importante que encontraremos luego reiterado en la vida joven de Joan. La familia aparece como una unidad que, en cierto sentido, mandata y ordena los proyectos de sus integrantes. Un modo de vivir lo comunitario, el proyecto personal y la movilidad como estrategia y a la vez dinámica naturalizada, que hemos constatado en trayectorias de capítulos anteriores como una constante. Elementos que hacen a una trama compleja en la que los deseos individuales parecen subsumirse a la aprobación de lxs adultxs -en este caso lxs abuelxs de Joan-; pero quienes están involucradxs logran sortear las reglas aprovechándose de las mismas herramientas comunitarias que se tienen a la mano para ir concretando sus deseos más personales.
Joan: Es como todo un hito en la historia de la familia, que mi abuelo haya ido porque en ese momento no teníamos mucho dinero. Mis abuelos ya no vendían, ya no comerciaban entre ciudades, pero tenían un taller de ropa, hacían ropa. (…) Hacían ropa, pero, digamos, la ropa de colegio de San Calixto y la ropa del Colegio Inglés Católico y la de San Antonio y la de… creo que es Sagrado Corazón, no me acuerdo en cuales colegios más, Don Bosco también. O sea, los de los colegios tienen contratos con fábricas, pero mis abuelos lo que hacían era piratear esa ropa y venderla más barata. Y vender otros deportivos. (…) Tenían varios trabajadores en su época más grande, tal vez unos 80 o 50. (…) Un taller grandote, era todo un edifico y en esa época mi abuelo viajaba mucho a comprar máquinas de Alemania y de Estados Unidos para cocer o para bordar, o para hacer esas máquinas que tejen lana. (….) Ha empezado como a morir esa empresa, este taller ha empezado como a morir, digamos, pero era como que en toda La Paz, no sé si en toda Bolivia, pero toda la producción nacional estaba comenzando a morir, no sé, supongo que era por las importaciones de China. (Ibid.).
En los años ’90 la familia materna de Joan había consolidado un negocio en el sector de indumentaria. Esta industria, les había permitido construir un capital consistente como para costear estudios de una de sus hijas en el exterior del país y cierta diversificación comenzaba a aparecer entre lxs miembros de la familia hacia inicios del nuevo milenio. Para poder tener un panorama más completo debemos indagar y analizar cómo está compuesta su familia extensa, qué relaciones se establecen entre sus miembros en términos personales pero también en términos de negocio. Preguntas obligadas al constatar que su trayectoria individual se encuentra indefectiblemente conectada a la de sus xadres, pero, fundamentalmente, a la de sus tíxs y abuelxs del lado materno. Hacia los 2000, se empieza a detectar una transformación en el mercado y es una de sus tías la que se aventura a dar el salto hacia China y explorar estas nuevas rutas y mapas del trajín que comenzaban a expandirse. Hemos comentado en extenso cómo entre los ‘90 y 2000 se da la expansión del comercio popular globalizado (Müller, 2022), ahora indagaremos en la historia de la familia de Joan cómo se activó concretamente esta reconversión económica y qué lugar ocupará Joan seguidamente en esta trama de negocios.
5.3.1 – Redes y trayectorias de circulación a nivel global
La más joven de sus tías, J., fue quien comenzó las incursiones en mercados chinos. En su narrativa, Joan conecta directamente imágenes de una infancia compartida en la misma casa con abuelxs, tíxs; en un vínculo que caracteriza como muy cercano. Cuando J. estaba iniciando los estudios universitarios de auditoría, vendía en la tienda con su abuela. Allí conoce a un hombre, de unos 30 años, de nacionalidad peruana, que vendía “poleras” (remeras) en la calle.
Joan: (…) Mi tía se embarazó y entonces se tuvo que casar, y se casó con mi tío. Entonces, mi tío empezó a cambiar de negocio porque ya lo de la polera no era tan bueno. Empezó a traer celulares de Perú de contrabando con mi tía. Traían en sus mochilas. Traían celulares, grabadoras y todas esas cosas y las vendían en el Eloy Salmon (…) en esa época para el dos mil, 1999 por ahí. (…) Y ahí nació mi prima, la hija de ellos (…) a mi tío se le ocurrió traer otras cosas, digamos, empezar a traer accesorios de celulares, pero de Perú. Entonces empezaron a viajar todo el tiempo, hacer contrabando hormiga digamos, mochilas y esas cosas, entonces pasaron unos dos años o tres. Y luego mi tía vio que no era tan buen negocio porque no ganaban mucho y vendían, o sea, vendían pero no ganaban mucho. Entonces, empezaron a ver de dónde era que los mayoristas traían las cosas, y parece que era de China, entonces empezaron ahorrar para viajar a China. (Enero de 2017).
El inicio de un nuevo negocio implica explorar un poco más allá, sabiendo que se cuenta con un respaldo material y de infraestructura popular trajinante para sostener la “aventura”. Lo veíamos en el caso de Alicia (Capítulo 4) como un rasgo propio del comercio popular: el análisis de lxs actorxs, las logísticas y formas de hacer llegar los productos a destino pero también de dar con los primeros eslabones de la cadena para la compra mayorista o la importación; son todos saberes que lxs comerciantes y productorxs populares ponen en juego -como un saber experto propio de comercio y la producción de la circulación en los Andes-, pero que al mismo tiempo van actualizando a medida que ingresan al negocio. Tal como advertíamos con Ali, las “aventuras” que permiten ampliar los mapas del trajín también tienen sus límites. No todos lxs comerciantes bolivianxs llegan a viajar a China e importar directamente de fabricantes. Se necesita mucho capital monetario e infraestructura consolidada para dar paso a la ampliación de redes transnacionales de negocios con productores chinos. La tía más joven de Joan, fue pionera en su familia y logró dar ese salto que será para ella y para todxs una transformación cualitativa y cuantitativa en las empresas familiares.
Joan: Creo que tenían como diez mil dólares, algo así, muy poco para traer cosas de China, digamos. Pero entonces igual se lanzaron porque le pidieron a mi abuelo, creo unos 30 mil dólares prestado y también se prestaron del banco y no sé, en total creo que juntaron unos 70 mil dólares. Entonces se fueron a China pero no tenían ni idea, no tenían ni contactos. En ese tiempo no había internet, o sea, había internet, pero no era súper. (…) Entonces trataron de averiguar por chismes. Les llegó el nombre de la ciudad que era Cantón, de donde traían las cosas de los celulares. Entonces dijeron “ya vamos” y se fueron a China. Empezaron a buscar pero la ciudad era inmensa, entonces no tenían ni la más remota idea de dónde iban a encontrar eso. Pero dice que en el avión antes de llegar a China se encontraron con un agregado de la embajada de Bolivia en China, que no sabían ni quien era, pero se hicieron amigos. Empezaron a charlar y no sé qué ¿no? y luego empezaron a caminar con este agregado (…) y no encontraban el bendito lugar donde vendían accesorios de celulares, o sea, porque el lugar es gigante, digamos, es como La Paz, 100 veces más grande. (…) Y bueno, estaban súper frustrados. Ya se habían quedado una semana y no habían encontrado nada, les quedaba una semana más y… nada, de repente estaban yendo a comer a Mc Donald´s o algo así, se tomaron un taxi y encontraron, o sea, como que vieron del taxi así un mercado gigante de accesorios de celulares, dijo “no, nos vamos a bajar acá” dijo, y se bajaron. (…) Con el agregado. Sí, pura casualidad y… nada empezaron ahí a caminar con su traductor. (…) Tenían un traductor y estaba este otro que trabajaba en la embajada también con ellos no sé porque la verdad. Bueno, al final lo encontraron y empezaron a comprar pero tuvieron un problema porque, como que gastaron mucho dinero y no tenían para pagarse el avión y entonces, este señor que trabajaba en la embajada lo que les dijo, era que “tengo una idea sino: Yo voy a, o sea, yo les voy a dar acá el dinero para que compren pero ustedes me pagan en Bolivia” lo que pasa es que hay un problema con el dinero de China es que, tú no puedes sacar más de 50 mil dólares al año de China, está prohibido por el gobierno, o sea, todo el dinero que sale de China está como súper anotado, los extranjeros no pueden sacar dinero de China, ni los chinos mismos, o sea, el dinero que puede entrar a China es infinito pero el que sale no. (…) Entonces este tipo, que trabajaba en la embajada de China, no tenía cómo sacar su dinero. Entonces él les dijo yo compro allá, o sea, ustedes compran acá con ese dinero y después me devuelven en Bolivia, digamos (…) y bueno pasó eso y entonces empezaron a traer sus cosas y les fue bien, entonces empezaron a traer más y más y empezó a crecer el negocio y ellos les dijeron a mis abuelos y a mis otros tíos que sería bueno que dejen de tener talleres, digamos ¿no? y que traigan. Entonces todos empezaron a traer. (Ibid.).
El viaje inaugural del negocio familiar, tuvo sus inconvenientes y complicaciones. Se esperaba que así fuera. En aquellos tiempos, no había aún tanta información ni circulaba de manera cierta como para prever algunas de las complejidades con que se encontraron. Otros relatos de pioneros en la apertura de estas rutas de intercambio transpacífico constata este punto (Müller, 2022, p. 240). Sin embargo, este panorama difícil fue sorteado, en el caso de lxs tíxs de Joan, por alianzas creadas “in situ”. Por fortuna o por algún tipo de causalidad, encontraron allí un aliado que fue pieza indispensable para aquel arranque de negocio. Un agregado diplomático -que según recuerda Joan del relato de su tía, conocieron en el avión rumbo a Cantón- colaboró en encontrar el mercado de celulares y accesorios y les aportó la herramienta de la traducción. Además complementa este apoyo con dinero en Yuanes a cambio de Pesos Bolivianos que él no podría haber sacado de China vía transferencia bancaria o algún tipo de envío bancarizado, es decir legalizado. Cierto es que este tipo de “aventuras” pueden no resultar exitosas y llevar a la pérdida y frustración del proyecto abierto con el viaje. Sin embargo, en este caso se trató de una primera incursión positiva que contó con suficiente respaldo de capital inicial y con un riesgo moderado; lo que les permitió alcanzar el objetivo propuesto. A partir de aquí todxs lxs integrantes de la familia materna de Joan comienzan a importar desde el país asiático para revender en distintas partes de Bolivia[26].
Es en 2015 cuando Joan decide sumarse al negocio familiar y pasar una temporada en Guangzhou para trabajar como intermediaria, traductora y persona de confianza de la familiar, cerrando acuerdos con fabricantes chinos. El trabajo como articulador de mercados entre China y Bolivia resulta ser una opción para hijxs, nietxs, sobrinxs de comerciantes populares. Lxs jóvenes aportan al negocio familiar ciertos conocimientos que sirven a los fines de profesionalizar los negocios y emprendimientos; al tiempo que se sirven de las infraestructuras de movilidad y negocio ya construidas por sus parientes para emprender un proyecto propio. En el caso de Joan se trata de un circuito de movilidad temporal (Tarrius, 2000) que le permitió proyectarse hacia otros horizontes de vida, trabajo y estudio. Lo que sucede con ella resuena en las trayectorias de sus primxs e integrantes más jóvenes de la familia.
Joan: Mis primos estudian auditoria, contaduría y eso, por ejemplo. A mi prima que está trabajando en otra cosa, según yo, que es otra cosa, ella está trabajando para mi tío, pero le hace las cuentas. Para mí ‘otra cosa’ es digamos no vender y no comprar. Es un trabajo más de oficina, pero sigue siendo el mismo trabajo casi.
Ana: Sigue estando dentro de la empresa, digamos…
Joan: Está haciendo lo mismo. Mis otros primos igual, todos están metidos en algo así. Ahora que me acuerdo, tengo otra prima que igual trae accesorios, pero para médicos: estetoscopio, esqueleto para enseñar, libros. (…) Sí, todos mis primos tienen algo que ver. (Enero de 2017).
De alguna u otra manera todxs sus primxs están vinculadxs a las empresas de su familia. Joan quería estudiar algo bastante distante del rubro del comercio, pero encuentra el borde por el que sus conocimientos y su objetivo, se conectan con una necesidad dentro de las empresas familiares. El manejo de varios idiomas le dio la posibilidad de funcionar como intermediaria clave. Contratada por sus tíxs, mamá y abuela, decide irse por un tiempo a trabajar en estos nuevos mercados en que la familia había incursionado.
Joan: Hay una ciudad que se llama Yiwu donde hay traductores bolivianos, en donde yo vivía [Guangzhou] no había. Creo que éramos dos, en el mercado donde yo trabajaba. En otros mercados hay más.
Ana: ¿Vos te fuiste a trabajar de traductora?
Joan: Sí, de traductora y hacía las cuentas digamos.
Ana: ¿De tu familia en general?
Joan: De mi tía, de mi mamá, de otro de mis tíos y de mi abuela. (…) Viajaban ellos a elegir, y yo mandaba el contenedor y hacía las cuentas y los documentos. (Ibid.).
Es preciso analizar la movilidad de comerciantes populares bolivianos a China no sólo por los lazos comerciales que las personas logran trabar en términos de redes sociales sino observando toda la infraestructura de movilidad en varias dimensiones (Xiang y Lindquist, 2014) que llevan a que los negocios efectivamente se consoliden (Müller, 2022, p. 238). Formas logísticas, sistemas de transporte y comunicación, normativas y reglamentaciones; requieren, para su articulación y correcto funcionamiento del ensamblaje, una serie de relaciones y conocimientos expertos que deben portar los diversos actores involucrados en los negocios: desde los fabricantes chinxs y comerciantes populares en Bolivia, pasando por lxs intermediarixs, traductores y administrativos. Dichos conocimientos han de ser más o menos profesionales para poder entablar las alianzas efectivas. Es interesante en este punto señalar que Joan funcionó para su familia como una agente profesional que contaba con conocimientos de idiomas y capacidad de administración y negociación que, sumado a otros saberes que fue adquiriendo durante su estancia; la convirtieron en pieza importante del entramado familiar de negocios.
Entre los aprendizajes que logró consolidar como parte de su trabajo en Guangzhou, Joan narra una modalidades particulares de la “tecnología del container” (Arbona et. al., 2015) así como negociaciones con los fabricantes chinos en relación a las monedas involucradas en las transacciones y las modalidades de pago.
Joan: Los contratos o las compras se hacen en Yuanes. En realidad, los chinos en esa época, el 2015 cuando estaba por allá, no se hacían negocios en dólares. Ellos incluso pedían que los cambios fueran en Yuanes, a menos que tuvieran una cuenta de dólares en Hong Kong (…) Si había una cuenta en Hong Kong entonces ellos hacían. (…) Como que te daban una cuenta y algunos tenían negocios en otros países y también te aceptaban en Dólares. Pero después de eso, no había en Dólares, al menos no los chinos que no habían salido nunca de ‘Mainland China’[27], ellos generalmente cobraban en Yuanes. (…) A mí me decían por internet, por whatsapp: “Haz este acuerdo”, y yo los hacía. Pero también, por ejemplo, hubo un momento en el que yo hice… Hay un subsidio que les dan a los chinos, si es que ellos mandan un contenedor de solo un producto, por ejemplo cargadores de celulares en esa época. Si mandaban todo el contenedor lleno de cargadores de celulares, entonces lo que hacían era que el gobierno chino les devolvía el 30% de los impuestos es decir, que costaba menos 30 por ciento. O sea, les daban plata, les depositaban dinero, el gobierno chino a los chinos. Entonces el negocio que yo hice fue que digamos, claro, te voy a dar esta carga: el contenedor de cargadores, pero nos vamos a dividir la plata. Digamos, ¿no? O sea, ponte que era 30% donde queremos que nos des un 10% digamos de ahí, ¿no? Y ese 10% le rebajaban a mis tíos, digamos, ¿no? Eso fue una de las últimas cosas que descubrí allá así como leyendo en foros de gente que importaba de China así de otros países. Y dije “¡wow!”. Fue difícil porque tuve que preguntarle a un traductor y a otro y nadie quería hacer eso, porque bueno, obviamente ellos ganaban el dinero de ahí. Al final el mismo fabricante fue el que hizo el acuerdo y me dijo: “Ya, hagamos eso y yo te doy el 10% y yo me quedo con el 20”. (Junio de 2023).
Hemos desarrollado en el capítulo anterior cómo la movilidad del comercio transnacional ha ido configurando en las últimas décadas nuevos mapas del trajín que fortalecen circuitos de comercio popular en la región (Tassi y Poma, 2020). Resulta importante subrayar aquí tres cuestiones:
- Nos hemos referido ya a la centralidad de China en el fomento de la producción pero también debemos resaltar el rol del Estado en esta configuración geopolítica. Si bien creemos que han sido los productores chinos en alianza con los distribuidores, comerciantes, importadores y consumidores de países del llamado Sur Global quienes aprovecharon los incentivos estatales para expandir los mapas de circulación de mercancías por fuera de los circuitos hegemónicos (Alba Vega, et. al., 2015); no podemos dejar de prestar atención al rol estratégico del Estado como tal en la configuración de la economía global a principios del nuevo milenio.
- Deseamos enfatizar que en el mismo sentido, en América Latina los gobiernos progresistas desde la primera década del siglo XXI promueven políticas de consumo popular, apoyo a las logísticas e infraestructuras de transporte y comunicación regionales y transnacionales, subsidios, etc. que van en paralelo a las políticas económicas de producción y comercialización del otro lado del Pacífico.
- Finalmente, remarcamos cómo el contar con personas con capacidades específicas, como el idioma y el manejo de ciertas herramientas tecnológicas e informáticas, genera un beneficio para el crecimiento del negocio familiar y favorece el control de estos circuitos de comercio popular. En términos de Müller (2022) “hacer mercado” contando con agentes claves como Joan para su familia, por su saber experto de manejo del idioma y tecnologías de la información y la comunicación, marca una diferencia generacional sustancial entre el negocio de sus tíxs y ella.
Entonces, lo que vemos en la historia de Joan es cómo lxs comerciantes populares con más capital ya no importan desde Iquique, se aventuran a China y logran ir consolidando rutas de comercialización directa de productos que mayoritariamente ingresan vía Arica (al norte de Iquique, Chile). La consolidación de estas rutas se cimentó sobre el capital monetario disponible para estas incursiones (como bien advertíamos con Alicia anteriormente) pero también la posibilidad de contar con personas ubicadas en lugares estratégicos. Hablamos de un “manejo infraestructural” en el sentido de aquellos elementos comunitarios, sociales y culturales económicos que venimos nombrando desde el Capítulo 3; así como de una particular forma de trabar alianzas extensas en el territorio que permite hacer llegar los productos a destino con el menor riesgo posible; y, finalmente, un tipo de personas con conocimientos específicos, agentes expertos, que pueden cumplir el rol que ejecutó Joan para su familia. Ella era la intermediaria que garantizaba el lazo y la comunicación entre las partes involucradas en el negocio, permitiendo así asegurarlo y ampliarlo.
5.3.2 Lo comunitario y lo global: redes de intercambio entre Bolivia y China
Joan: Cuando mandas un contenedor es importante que tengas a alguien en Chile o en Perú digamos donde va a llegar el contenedor para que te saque el contenedor sin ningún problema. Siempre hay errores, o sea, siempre hay como que hay 99 productos donde tenía que haber 100 y eso es motivo de lío en la aduana. Es mejor siempre pasar en canal verde y generalmente lo que hace en mi familia algunos de mi familia que traen harto, hartos contenedores, para no estar ahí con el dolor de cabeza directamente sobornan a los aduaneros y hacen que pasen canal verde el contenedor. (…) El contenedor lleva muchas cosas, no solamente lleva un producto, pero generalmente si quieres un buen negocio y ganar mucho lleva un producto, pero ya tienes que haber tenido yo creo el monopolio de la del producto en Bolivia digamos, ¿no? Como es el caso de mi tía que trae accesorios de celulares. Ella es como la distribuidora más grande de Bolivia entonces ella se puede dar el lujo de traer contenedores llenos de un solo producto. (…) La compra generalmente se envía por Perú o por Chile lo más seguro es enviarlo por Chile y que vaya vía Arica tránsito. Y como te estaba contando, porque esa es mejor para que no se cobre doble impuestos. E ingresaba por Bolivia no sé por dónde te mentiría, te diría Colchane, pero no, no me acuerdo (…) no sé por qué frontera de Bolivia-Chile exactamente, no sé si es Colchane o este otro lugar donde hace frío. No estoy segura, te mentiría, creo que Charaña, porque hacen una fiesta ahí y generalmente está en la fiesta con los contenedores. (Junio de 2023).
El principal puerto para las importaciones bolivianas desde China es Arica (Müller, 2022). La frontera más directa para el ingreso desde Arica a Bolivia es Charaña y además allí se cuenta con una historia de mercado fronterizo y comunidades transportistas que han expandido las rutas de circulación de productos desde puertos en el Pacífico tanto de Perú como desde Chile y hacia Bolivia (Ibid.). Por allí circulan y de esta manera ingresan los productos importados por las empresas de la familia de Joan.
Joan: El cargo funciona así. Como que tú lo alquilas. El cargo se encarga del trabajo logístico digamos, de hacer subir el contenedor. Pero tú tienes que darle la ‘packing list’. Y la ‘packing list’ es como una lista de empaque, pero tienes que… Generalmente lo hace él o lo haces tú. Generalmente lo haces tú, ¿no? Como persona. Pero yo me acuerdo que el que nos hacía el cargo él hacía la ‘packing list’. Yo sólo le mandaba las facturas, digamos, de lo que había, y él hacía la ‘packing list’ -que tenía que ser hecha en Excel donde te dice qué producto, cuántas cajas hay y qué hay en cada caja-. Ahora, si esa ‘packing list’ está mal hecha y la aduana digamos, en Bolivia o en Chile o donde sea (…) te pueden hacer lío. Si tú dices que tienes 100 productos en una caja y caes en ‘canal rojo’ que te van a revisar todo (…) van a revisar por lo menos 20 cajas, con la ‘packing list’ van a ver el número de la caja y van a decir que tiene 100 productos y resulta que tiene 102, entonces te van a quitar todo el contenedor probablemente o la caja. Pero claramente haces más lío si entras a canal rojo y traes productos que tienen una marca que tiene representación en Chile o en Bolivia donde se ha abierto el contenedor. Entonces si es que tienes productos Adidas por ejemplo, te van a quitar todo el contenedor. Pierdes toda esa inversión, entonces es un poco jodido también y arriesgado traer productos con marca. Tenía una tía que traía falsificaciones de Nike y Adidas porque le salía muy buena la venta. Entonces a ella se le ocurrió hacer eso pero no le dijo al chino con el que estaba trabajando de cargo que estaba trayendo cosas de marca. Entonces el chino para hacerlo más barato lo mandó por Panamá y obviamente Panamá hay un control muy estricto de las marcas. Y además, si uno no tiene gente en la aduana donde va a caer el contenedor primero es todo un lío. (…) Cuando tú haces el documento para la naviera, digamos, lo que tienes que decir es que, sobre todo para cuando se acaban Bolivia, tienes que poner ‘en tránsito por Arica’ digamos, ¿no? Y que pise tierra directamente en Bolivia. Porque si tú no pones eso, los impuestos te cobran el doble. Porque el contenedor va a tocar suelo en Chile y eso significa que se te dobla el impuesto. Tienes que pagar el impuesto de Chile y el impuesto de Bolivia. Pero, si pones por tránsito en Arica y directamente en ‘land’, se dice, que aterrice el contenedor en Bolivia; ahí ya solamente te cobran el impuesto de Bolivia. Porque el contenedor va a tener que pasar del barco a una a un camión y el camión directamente lo va a llevar a Bolivia no va a tocar piso chileno. Entonces esa es una cosa que es así, que tienes que ponerlo así. (Ibid.).
Insistimos: el rol fundamental de Joan en articulación con el cargo y con la naviera -como vemos en el relato anterior- para la consolidación vínculos comerciales en China dentro de las empresas familiares no es un elemento anecdótico. Todas estas dimensiones hacen parte de las “infraestructuras de movilidad” que con Xiang y Lindquist (2014) entendemos como una combinación de varias dimensiones: comercial en la logística y transporte, en el despacho; infraestructuras técnicas y administrativas, regulatorias y normativas, así como formas de los vínculos sociales, económicos y políticos que configuran redes más o menos consolidadas para garantizar los negocios. Poder atender al trabajo cotidiano de lxs intermediarios es comprender en qué sentido estos actorxs hacen posible la circulación: detectan errores que puede haber en las “packing list”, ubican los productos en los contenedores de tal forma que no sean captados por los controles, negocian con los productores rebajas en los conteiners, negocian con agentes aduaneros y transportistas el paso por “canal verde” de las cargas. Todo esto pone en juego saberes, capacidades de lectura del territorio y del sistema: desde el régimen tributario chino hasta los pasos fronterizos alternativos entre Chile y Bolivia. Su articulación consolida infraestructuras populares trajinantes complejas que dependen de formas colectivo-comunitarias. Lo comunitario entra a jugar en lo global mientras que ciertos individuos son claves para el funcionamiento de todo el ensamblaje. Quienes despachan y quienes reciben en Bolivia son actorxs claves del ensamblaje transnacional que construyen lxs comerciantes populares globales.
Vemos aquí un poco más de cómo ha sido el trabajo de Joan como parte de estas redes de economías populares en el trajín. Ella era uno de los elementos más móviles y estratégicos de la familia en ese momento. Calificada y con posibilidad de circulación. Su cálculo individual como proyecto de trabajo era ir un tiempo, ahorrar y volver a Bolivia a estudiar. Para la familia, hacer base con ella en Guangzhou facilitaba los acuerdos, generaba lazos de mayor confianza con los proveedores chinos y les garantizaba menos pérdidas. Su narrativa sobre el trabajo y el modo de circulación nos brinda una actualización sobre cómo funciona el comercio transpacífico con parientes, familiares y personas de confianza en cada uno de los pisos territoriales que garantizan el ingreso de los productos a Bolivia. Joan en el mercado chino, despachando y trabando alianzas con vínculos estratégicos, garantizando la tecnología logística en origen; personas de confianza en Arica para recibir la carga y llevarla de destino final y lxs hermanxs y xadres en La Paz y en Santa Cruz para des-aduanizar, distribuir y aceitar redes de venta al por mayor y menor; pintan una cartografía actual del comercio popular global llevado adelante por estxs actorxs (Tassi y Poma, 2020), desde lo comunitario y a través del trabajo individual.
Al día de hoy su tío mayor, JS., tiene un modelo de negocio híbrido de ropa deportiva y accesorios. Produce en un taller textil en La Paz donde personaliza algunas prendas y otras las confecciona desde cero. El tío R. se dedica al sector de la electrónica e importa equipos musicales y para producción de sonido. Él se fue a vivir a Estados Unidos, está casado con una mujer cubana y viven en Miami. Sin embargo, tiene una tienda en León de la Barra, un depósito en El Alto y también comercializa en la 16 de Julio. La mamá de Joan en un tiempo importaba lámparas de lujo pero no logró consolidar ese negocio. Ella a su vez es médica entonces su trabajo va en ese sentido. Sus tías E. y G. también se dedican al comercio e importan de China: “Eli vendía en la ‘Los Pozos’, tenía dos tiendas y tenía sus depósitos ahí como por el quinto anillo [Santa Cruz] y Kumar y por ahí. Después vendía en la Buenos Aires y también tenía un puesto en la Tumsula y su depósito era en su casa. Tía G. vende en Santa Cruz tiene una galería que se llama ‘Platino dorado’, es en Los Pozos. Se compró lo que era un hotel antes y construyó una galería. Después tiene otra tienda gigante donde es la galería de mi abuela de la Tumusla [La Paz]” (Entrevista con Joan, Junio de 2023). La abuela, por su parte, mantiene el local de venta de ropa en la Tumusla, es propietaria de una casa allí y recibe renta de varios locales y puestos. Además: “…en su casa también vende cuando llegan sus contenedores llegan directo a su casa porque tiene un depósito gigante así subterráneo. La gente llega, o sea sus caseros, digamos, llegan directo a comprarle por mayor” (Ibid.). Finalmente, la tía pionera, J., sigue en el negocio de accesorios de celulares y otros artefactos tecnológicos: “…es como la número uno en Bolivia de eso. Ha estado diversificando los últimos años, ha traído varias cosas: muebles, así como accesorios de computadoras, también ha traído accesorios así como para la tecnología. Sobre todo trae todo tipo de tecnología que te imaginas” (Ibid.).
5.3.3 – El despliegue de una estrategia económico política individual con base en lo comunitario: mandatos y des-obediencias
Dentro de esta articulación entre empresas familiares con estrategia de negocios cuentapropistas, en que a su vez todos mantienen relaciones de importación con productores en China; en 2015 Joan encuentra una propuesta laboral que le permite proyectarse como parte de tal comunidad-familia de negocios comerciales y al mismo tiempo marcar su individualidad desde las capacidades específicas que pone en juego y que sus familiares aprovechan. Su deseo y plan era hacer una experiencia breve y regresar con ahorros para continuar sus estudios.
Nos extenderemos en algunos fragmentos del relato de Joan que en 2017 presentaban de modo genuino imágenes muy personales de la experiencia vivida en China. Nos proponemos mostrar cómo dichas escenas contrastan esta trayectoria de movilidad y trabajo exitosa con lo que para ella fueron momentos difíciles vividos en ese contexto. Su estadía en Guangzhou, significó transformaciones importantes en las relaciones de parentesco pero también de afecto entre lxs miembrxs de la comunidad-familia.
Joan: Pero bueno, al principio la verdad es que la pasé muy bien porque conocí otra cultura, aprendí más de mi familia entonces pude conectarme más conmigo misma y de alguna manera siento que necesitaba explotar ese lado. Porque sé que tengo un lado comercial, o sea, es como que lo tuviera. Para mí es muy fácil vender y comprar cosas. Entonces comprar cosas para mí, era como un alivio, porque era como para lo que estas hecho en la vida. Cuando no lo haces como que te sientes mal. (…) Yo me acuerdo, cuando éramos niños teníamos juegos de vender, teníamos un juego que se llamaba la venta bendita (risas). Con mis primos y se trataba de que nosotros, vendíamos y comprábamos, y nos hacíamos rebajar. Sí, era así, eran nuestros juegos creo que nos la había enseñado nuestra abuela. Que es una forma de aprender igual. Por algo siempre estábamos en las tiendas, o sea, hemos crecido ahí, esa zona. (Enero de 2017).
Desde su joven recorrido de vida, socializada en una familia de comerciantes, la idea de migrar a China por un tiempo para comprar y vender resulta un “devenir natural” y en algún punto actualiza un legado familiar que ella asume muy simplemente.
Joan: Es que no sé, yo pienso que, en realidad, la oportunidad de ir era también una forma de mandarme a otro lado. Porque siempre he sido como una presencia incómoda para mi familia, pero porque soy lesbiana y… entonces como que, no les gusto mucho. Entonces mandarme allá era como perfecto porque era productiva y no estaba aquí. (…) Porque la verdad es que yo puedo aprender idiomas muy fácilmente entonces…
Ana: Ya sabías ruso, español, ¿aprendiste chino?
Joan: Si aprendí chino muy rápido y… pero no sé, yo me fui por dinero. Sí, sobre todo por el dinero
Ana: ¿Se ganaba bien?
Joan: Mi mamá ya estaba divorciándose. Sí, se ganaba en porcentaje, me pagaban el 5% del dinero que se invertía en el contenedor. (Ibid.).
Al mismo tiempo, según presiente, el plan que ciertos actores de la familia tenían para ella estaba ligado a otro tipo de “proyecto mandatado”. Algo similar como lo que sucedía con su mamá de joven, que relatábamos al principio, se repite en su historia. El querer estudiar literatura y a su vez explicitar su orientación homosexual, no se condecía con el proyecto esperable para ella dentro del marco comunitario-familiar: “Siempre he sido una presencia incómoda para mi familia, pero porque soy lesbiana”, “si eso igual es complicado con mi familia ¿no? como que piensan que no estoy haciendo nada, como que leer es hacer nada, todo lo que no genera dinero es hacer nada…” (Ibid.). En este sentido, podemos pensar que su proyecto individual, se monta sobre una lógica de generación de riqueza que aprovecha el tejido comunitario de infraestructura trajinante ya consolidada y del status de su familia -que combina la acumulación fractal con la generación de otros proyectos económicos y de vida ligados a la familia-; con un propósito personal específico. Sin embargo, en otro sentido, esa misma familia establece el modo en que deben darse esos proyectos: además de ser la plataforma con la que Joan cuenta para moverse y trabajar, también es la mirada que la impulsa a irse como modo de no ver lo que ella realmente es y desea hacer. Su respuesta a este cúmulo de planes y mandatos es irse a China bajo condición de seguir su deseo, lejos de la vista de sus familiares, y aprovechar la infraestructura trajinante que le brinda toda la historia y construcción colectivo-comunitaria que hemos relatado hasta aquí, para beneficio de su plan.
5.3.3.1 Des-obediencia familiar y potencia vital
Joan: Lo que pasa es que yo estaba en China y estaba trabajando y no sé, yo tenía que… o sea, mi plan era volverme en un año digamos ¿no? y entonces, pensaba tener unas vacaciones con el dinero que tenía con mi ex pareja digamos. Ella iba a ir a China a visitarme o algo así. Entonces, bueno, les dije a mis tíos que iba a ir ella y entonces mis tíos se enloquecieron un poco porque pensaron que ya no iba a ser lesbiana, como estaba en otro mundo. Entonces, nos empezamos a pelear, porque yo quería que ella vaya a visitarme, ¿no? Y que vayamos a pasear, que tampoco había salido mucho a pasear porque estaba trabajando. Me dijeron que si ella iba que me iban a echar y bueno, ni modo digamos, porque ya se había cumplido, según yo, el año. Y dije: ‘¡ya!’. Y entonces, bueno igual hubo todo un problema porque no me querían pagar. Me debían todo el dinero que había estado allá. Y bueno, entonces hicimos cuentas y pagaron. Luego, mi tía me pagó y luego tuvo un problema con mi tío porque mi tío le dijo que no estaba bueno que me pague, porque estaba solo un año y que tal vez después de cinco años podríamos pagarme. Era sobre todo homofobia yo creo (…) Pero bueno, peleamos. Mi tía apareció en China dos días después de que peleamos y peleamos más. La familia peleó, o sea, no sé, todo se hizo muy grande. (…) Porque mi tío me pagó digamos, mi abuela me pagó, mi mamá y mi papá. Pero bueno, el punto es que tuvimos un problema, peleamos, luego nos arreglamos… (Ibid.).
La extorsión con una supuesta falta al acuerdo establecido entre las partes generó un momento muy conflictivo con su familia. Quienes estuvieron apoyándola desde siempre fueron su mamá y su abuela. Sin embargo, este episodio llevó a que Joan regresara sola y estuviera por lo menos un año alejada de gran parte de sus tixs, en una situación compleja de angustia y tristeza.
Joan: Mi mamá no sé, mi mamá está feliz sin conflictos con esto de la familia, antes se conflictuaba mucho porque no sabía para qué lado tirar. Porque a veces como que yo, siempre me he peleado mucho con mi familia, entonces ella siempre tenía un conflicto muy grande entre ser madre o ser parte de su familia. Porque yo creo que mi familia es como un clan, es muy difícil salir de la familia. Somos no sé, todo tenemos que hacer como juntos, nadie puede hacer algo que la familia desaprueba, digamos. Y si alguien hace algo, que ha pasado en la historia de mi familia que alguien hacia algo que no iba con el plan y era exiliado digamos, supuestamente para siempre, pero era un tiempo. Y bueno, el exilio igual es algo que se siente horrible cuando creces en una familia. Cuando has visto, es decir ¿la nación clandestina? Es así como cuando te exilian como que no te sientes no sé, parte de la vida y te pones muy triste.
Ana: ¿No has escrito nada en eso?
Joan: No porque ya lo superé, (risa) pero podría hacerlo, pero la verdad es que ya es como si me hubiera… O sea, ha sido todo un proceso de salir de mi familia, pero creo que lo estoy logrando. O sea, que no me afecte tanto lo que piensen, lo que digan, es muy difícil… yo creo que es muy difícil en mi familia, en mí, o sea, donde has crecido. (-énfasis mío-, Ibid.).
Resaltamos y hacemos énfasis en el uso de la idea de ‘exilio’ que enuncia Joan propiamente. La experiencia de conflicto familiar vivida entre 2015/16 en comparación con la trama de la película “La nación clandestina” resulta sumamente ilustrativa. Este film boliviano de 1989, dirigido por Jorge Sanjinés, cuenta la historia de una persona de origen aymara que se aleja de su comunidad para ir a “probar suerte” a la ciudad. En el derrotero de la historia suceden algunos eventos que hacen que su proyecto no resulte exitoso. Al regresar a la comunidad ya no lo reconocen y asume como una especie de castigo-sacrificio el bailar hasta morir. El exilio aparece como una especie de aventura que puede convertirse en tragedia que asedia a todo individuo que decide de forma personal alejarse de lo comunitario. Subsiste aquí una imagen de lo comunitario como entidad cerrada sobre sí misma, con relaciones y reglas vistas como estancas -caracterización de lo comunitario como forma cerrada que ya hemos puesto en cuestión en capítulos anteriores-. Al mismo tiempo, se cristaliza la idea de que el individuo no es nada sin el respaldo de lo comunitario y no es posible alejarse de la comunidad sin sufrir ciertas consecuencias.
En el caso de Joan, la evocación a esta trama trágica tiene que ver con ilustrar el sentimiento de tristeza al romper lazos comunitario-familiares, que a la vez ponen en cuestión la propia lógica de mandatos familiares. En su derrotero, Joan no se aleja de la comunidad, más bien se sumerge en ella y asume parte de un proyecto colectivo para desplegar uno individual cimentado sobre sus bases. Sin embargo, el decidir vivir su vida, desplegar su deseo individual, mostrar su orientación sexual, “hacerlo a su manera”, constituye un modo de romper con parte de las “reglas” que la comunidad-familia establece. El enfrentamiento con su tía resquebraja el acuerdo de trabajo y su participación en el negocio como pieza importante de la trama comunitaria.
Aquí emergen de otro modo ciertos elementos importantes que fuimos subrayando a lo largo de las narrativas, tanto de Delia como de Joan, en relación a lo comunitario y el uso de formas de la movilidad para salir y abrir esas tramas. Profundizaremos en ellos en los apartados siguientes.
- Insistimos, la movilidad como necesidad y como estrategia, adquiere en estas trayectorias una fuerza particular en la idea política de exilio.
- Hay una lógica intrafamiliar y comunitaria que implica afectos, relaciones de reciprocidad, de parentesco que involucra reglas y mandatos. Allí se visualizan formas de desigualdad en la historia de cada una en relación al género. Ambas utilizan la movilidad para salir de esas lógicas y en sus trayectorias vemos como el irse redunda en transformaciones que vuelven a la comunidad en forma de mutación.
- En el caso de Joan desobedecer el mandato le permitió tomar distancia de una dinámica familiar-comunitaria absorbente, que, en este sentido, resulta funcional a lógicas extractivas del capital. ¿Por qué? Porque configura subjetividades sumisas y obedientes de las que se sirve el capital para seguir reproduciéndose, mientras extrae valor de trabajos reproductivos invisibilizados realizados por mujeres y disidencias en las casas (y en las casas-talleres, como veíamos en la caso de Delia), pero también en las comunidades y en las familias extensas que, en su caso, garantizan circuitos globales de importación y comercio. Profundizaremos en este aspecto en lo que sigue, pero cabe hacer un resaltado aquí: Joan simboliza la desobediencia a los mandatos patriarcales y capitalistas que encorsetan el deseo de mujeres y disidencias. La distancia de lo familiar-comunitario cerrado, agobiante, le permitió marcar una cuña diversa respecto de los modos de relación al interior de la familiar. Des-obedecer fue un modo de abrir que le permitió salir de la familia para volver desde otro lugar; conectando con su deseo más genuino como brújula.
- Cabe agregar algo más que desarrollaremos a continuación. En el caso de Delia -lo dijimos enfáticamente-, poder salir de situaciones de violencia física y psicológica vividas en su casa de origen le permitió reconocer, desde la propia experiencia, los mandatos machistas de sumisión y dominio sobre los trabajos y cuerpos femeninos y feminizados en cada uno de los espacios productivos en que trabajó y vivió. Su trayectoria nos sirve para ilustrar esa capa más que develan en la lucha los feminismos populares, migrantes, comunitarios. Sus voces y experiencias, representan al mismo tiempo el cuestionamiento al sistema capitalista neoliberal que superpone capas de explotación que son al mismo tiempo coloniales y patriarcales.
Cuestionando la norma familiar, Joan pudo tomar distancia de esta lógica que la violentaba, y regresó a Bolivia a estudiar. En 2019 terminó la carrera y hoy escribe poesía. Actualmente también trabaja en proyecto familiar pero desde otro lugar. Entre varixs de lxs tíxs y la abuela están proyectando la creación de una empresa de indumentaria y accesorios de deporte que congrega colaboraciones y acciones de todxs. Con local en la casa de calle Tumusla y venta por redes e internet, este nuevo proyecto involucra a Joan y a una de sus primas en el emprendimiento familiar como comunicadoras, diseñadoras, trabajando en las redes y marketing de la marca.
Joan: Están ahora intentando, planificando invertir creo que a 20 mil dólares cada uno de los hermanos para esa tienda y convertirla en una tienda como de cosas deportivas. Estoy ahorita trabajando con una de mis tías que es ingeniera comercial y yo estudié literatura, pero digamos que sé hacer estrategias de comunicación y estoy armando la estrategia de comunicación. Y mi prima que es diseñadora gráfica, ella está armando el branding, digamos, de la marca. (…) Quieren hacer para invertir entre todos y ser accionistas entre todos y darle también mucho tiempo a mi abuela para traer ropa deportiva, accesorios deportivos y tipo ropa de viaje y tipo de esas cosas. (…) Yo creo que a fin de año se consolida esa cosa. (Junio de 2023).
Sin duda Joan fue la pieza individual de la familia que permitió poner en cuestión dinámicas desiguales al interior de lo comunitario. Su experiencia generó rupturas en este ensamblaje complejísimo de actores: entre parientes y actores económicos con poder local y articulación global. Fue un quiebre que puso en cuestión la comunidad como estructura cerrada sobre sí misma que no permite la expresión del deseo y proyecto más genuino de la individualidad. Por el contrario, Joan logró desafiar esa lógica y desde allí su trayectoria nos plantea nuevamente una llave diversa para entender lo comunitario como horizonte (Gutiérrez Aguilar, 2017) más que como forma inmutable. En esta línea, y lo veremos en conexión con la crítica de Delia a la forma comunitaria de la familia y el taller textil; radica una fuerza transformadora de lo comunitario desde las nuevas subjetividades que configuran las tramas contemporáneas de economías populares en el trajín.
Imagen 14 – Secuencia visual de la trayectoria de Joan

Montaje visual elaborado por Joan en el marco del Curso de Verano “Sociología de la imagen” dictado por Silvia Rivera Cusicanqui, La Paz, enero 2017.
5.4 Otra generación de mujeres y diversidades migrantes: deseos y luchas
Delia y Joan son una nueva generación de mujeres migrantes-trajinantes, que continúan parte de la historia de migración hacia Buenos Aires en los ’80-’90 y que también conectan con el trayecto globalizado del comercio transnacional de los ’90-2000, encontrando en el trajinar una empresa que toma dimensiones transpacíficas. Ellas son la generación siguiente a las dos estrategias de movilidad, migración y comercio global, que analizamos en los casos de los capítulos 3 y 4. En este apartado nos proponemos analizar ambas trayectorias en tándem, intentando responder a las preguntas que nos hacíamos al inicio del capítulo: ¿qué tipo de movilidad aparece?, ¿qué uso hacen de lo comunitario y qué nos invitan a pensar? Y ¿qué forma de subjetividad inauguran? Comenzaremos presentando sucintamente algunas ideas generales que desarrollaremos en respuesta a lo largo del apartado.
En primer lugar, las estrategias de movilidad que ambas trayectorias presentan tienen parecidos con las de los períodos anteriores en tanto transitan los mismos ejes del trajín, aunque al mismo tiempo, adoptan características propias de un contexto en que el capitalismo a nivel global facilita herramientas de conexión entre territorios (transporte y logística, tecnologías de la información y la comunicación, a partir de los 2000) y por otro lado, acelera los ritmos de expulsión de personas de sus territorios en búsqueda de mejores condiciones de vida (Sassen, 2015). Los recorridos de Delia y Joan están montados sobre infraestructuras populares que desarrollaron las generaciones anteriores, sus propias familias y comunidades; apelando a la movilidad como modo de sostener y expandir comunidades transnacionales para garantizar la vida, el trabajo y el progreso en tiempos neoliberales. Al mismo tiempo, vemos como ellas van haciendo mutar dichas comunidades transnacionales, planteando desacuerdos (Rancière, 1996) dentro de las dinámicas y lógicas estructuradas en las estrategias de economías populares en el trajín hasta este período[28].
En segundo lugar, a través de las historias de vida analizadas en este capítulo, pero también en conexión con las anteriores, es posible entender de una vez “lo comunitario como una teoría del cambio” (Gago, 2018), en tanto se desvanece completamente su figura estereotipada o la forma romántica ideal; dando paso a una acepción operativa que reconocemos ya abiertamente en las trayectorias. Tanto porque lo comunitario es base de dinámicas reproductivas y del sostenimiento de la vida en común en la crisis, cuanto porque se visualiza como forma fundamental de la lucha y confrontación contra los despojos que opera el capital en tiempos de ajuste neoliberal, también porque se vuelve pieza de ensamblaje con formas transnacionales del trabajo y dinámicas flexibles de los modelos productivos tipo taller textil (Ibid.) y del comercio globalizado. Lo comunitario constituye un espacio de disputa y visibilización de trabajos, conflictos y deseos colectivos e individuales.
Como tercer punto, entendemos que desde los itinerarios que venimos presentando en este capítulo, podemos fundamentar en qué sentido las nuevas subjetividades migrantes/trajinantes disputan dentro de lo comunitario su mutación (Ibid.) y la visibilización de todos los trabajos y la producción de valor que allí se realiza. Ellas hacen mutar (en un sentido de expandir, problematizar y potenciar) la comunidad porque se abren a más conexiones transnacionales. Porque siguen fortaleciendo mapas del trajín hacia el sur, pero también hacia el pacífico y amplían escalas transnacionales. Porque desde saberes específicos como el idioma y ciertos conocimientos del mundo comercial (ya desarrollados a partir de esas estrategias anteriores) prueban hasta donde pueden ir con una migración temporal que permita desarrollo y ampliación de negocios individuales y colectivos. Pero, también hacen mutar lo comunitario porque continúan utilizando la comunidad transnacionalcomo infraestructura móvil y, al mismo tiempo, ponen en cuestión ciertos modos de hacer en su interior. En este sentido, como señalábamos unas líneas más arriba, politizan modos de producción y las dinámicas de reproducción de la vida en común y desafían los mandatos de género vigentes en la familia, el taller y la comunidad.
El gesto desobediente en ambas trayectorias genera aperturas de sus respectivos espacios comunitarios y sacude las relaciones y formas de los vínculos al interior. Cuando se visibilizan los trabajos femeninos y feminizados que son condición necesaria para el sostenimiento de lo común-comunitario y se problematizan múltiples dimensiones violentas que se engarzan en su seno; se desarman las definiciones cerradas y arcaicas de comunidad para dar lugar a su visualización como lugar de producción de valor y disputa por su apropiación (Ibid.).
Es importante enunciar que estas subjetividades femeninas migrantes-trajinantes develan de qué modo opera la invisibilización de trabajos y violencias al interior de las propias comunidades y que desarrollan estrategias, alianzas y nuevos modos de saber-hacer para fortalecer nuevos entramados comunitarios (Gutiérrez Aguilar, 2017). “…el torrente de luchas de heterogéneos grupos de mujeres contra todas las violencias machistas –capitalistas y coloniales– ha relanzado el entre mujeres como fértil camino de enlace, lucha y creatividad…” (Navarro y Gutiérrez Aguilar, 2018, p. 48). Fortaleciéndose en grupos de auto-cuidado entre mujeres al interior del taller, espacios de auto-formación y organización asamblearia, en la calle y en la lucha feminista, popular y migrante; estas mujeres desafían las relaciones de dominación y los mandatos de género. Tomando distancia de comunidades cerradas que encorsetan su imaginación política y proponiéndose abrir la comunidad y la familia; producen lo común (Ibid.) con otros horizontes de deseo individual y colectivo. También desde allí vuelven a las comunidades y familia de origen para vincularse de otros modos.
Ellas dan forma a otros horizontes comunitario-populares: “conjunto de esperanzas y prácticas de transformación y subversión de las relaciones de dominación y explotación” (Gutiérrez Aguilar, 2017, p. 67). Son subjetividades políticas que enuncian, ya con voz propia y públicamente, el lugar que ocupan en la trama de sostenimiento de la vida y la movilidad. Se trata de una “política en femenino” (Ibid., p. 71) que garantiza la reproducción de la vida entre seres humanos y no humanos. Dicha reproducción, como veíamos desde las trayectorias de Beti, Mercedes, pero también en Alicia y ahora con Delia y Joan, está en manos de mujeres y disidencias. Las más antiguas han hecho y consolidado tramas de vida, movilidad y negocio; las más jóvenes las están reivindicando, poniendo en valor y enunciando pública y políticamente como estrategias para sostener la vida en común frente a las lógicas de muerte, expulsión y extracción que el capital opera en el neoliberalismo.
5.4.1 Migración transnacional: ¿estrategia o exilio?
Como venimos relevando en el recorrido de esta investigación, existe una diversidad amplia de modos de utilizar la movilidad con fines diversos. Lo que efectiva y evidentemente nos aportan las dos trayectorias en este capítulo, es un panorama heterogéneo de motivaciones y necesidades, pero también deseos, que se ponen como punta de lanza para abrir caminos a través del movimiento. Nos plantean una doble pinza: por un lado el migrar es evidentemente producto de una situación o un conjunto de situaciones críticas vividas en el lugar de origen y, a su vez, la movilidad se vuelve estratégica y funciona como herramienta para concretar proyectos personales y transformar condiciones críticas de existencia. Desde aquí entonces, haciendo énfasis en la subjetividad migrante/trajinante, analizamos los deseos, los comportamientos, los imaginarios y expectativas de lxs migrantes y su protagonismo político y social; sin quitarle relevancia a las causas “objetivas y estructurales” de la migración, sino priorizando la dimensión subjetiva (Cordero, Mezzadra y Varela, 2019).
La investigación feminista ha señalado los límites de los modelos “push out y pull up” de análisis de las migraciones (Kofman et. al., 2000 citado en Mezzadra, 2005) poniendo el acento en señalizar motivaciones y factores “no unilateralmente económicos en las migraciones femeninas” (Ibid.). Aquí queremos recordar que, tal como establecimos desde el inicio de esta tesis, no entendemos que lo que se nombra como “no unilateralmente económico” sea secundario respecto de lo “económico”. Más bien, debemos hacer intervenir la perspectiva de la economía feminista que nos ayuda a re-establecer el carácter económico de dimensiones de la vida, la subjetividad y las formas de organización familiar y comunitaria de las que depende toda economía-política (Federici, 2018). Es menester señalizar que una perspectiva feminista de las migraciones y de las tramas de movilidad en las economías populares, debe enfatizar en los motivos subjetivos, políticos y de conflicto en territorios de origen que en un mismo sentido expanden la idea de “lo económico”; y visibilizan distintas dimensiones de violencia de las que escapan las mujeres y disidencias a través del uso del “derecho de fuga” (Mezzadra, 2005).
Lo hemos dicho y lo reiteramos, el capitalismo se funda sobre la base de cercamientos y desplazamientos de personas; premisa que nos lleva a pensar la movilidad como estructural (Ibid.). Pero también se funda sobre la base de la “guerra contra las mujeres” tal como lo ha explicado Silvia Federici ([2004] 2010), sosteniendo que aquel momento inaugural de cercamiento y configuración de la figura del trabajador libre que vende su fuerza de trabajo en el mercado, estuvo acompañando de la reclusión de mujeres al ámbito doméstico. El disciplinamiento femenino conllevó una descarga de violencia patriarcal que obligó a las sabias y poderosas (las “brujas”) a morir en la hoguera o a fugarse de sus territorios de origen.
Siguiendo el pensamiento de otra teórica feminista sumamente relevante para los estudios de economía feminista, María Mies ([1999] 2018), se puede establecer además que los inicios del capitalismo se forjan sobre la base del despojo de tierras y recursos de las colonias. La guerra colonial contra los territorios, las comunidades y sus saberes y formas de hacer, fue el movimiento de acumulación originaria que dio origen al capitalismo, pero que a su vez se reitera en cada nueva fase de colonización del capital sobre nuevos territorios. Siguiendo a ambas pensadoras, el capitalismo nace de la violencia colonial y patriarcal que expulsa comunidades de territorios para conquistar sus tierras y extraer recursos naturales; violencia que disciplina trabajadores/as sobre la base de la obligatoriedad de la venta de la fuerza de trabajo en el mercado (tanto asalariado como esclavizado); violencia del mandato de garantizar los trabajos de reproducción dentro del hogar, que recae sobre las mujeres. El capitalismo es un fenómeno que se re-edita a lo largo de la historia sobre la base de despojos coloniales y patriarcales. Federici, Mies y Mezzadra nombran ese origen del capitalismo reactualizándose en el tiempo; en sintonía con la idea acumulación por desposesión de Harvey (2003).
Las migraciones en tiempos contemporáneos, como lo eran en el pasado, nos hablan de esa característica del capitalismo que, trayéndola al presente, en su fase neoliberal globalizada despoja y desplaza. Al mismo tiempo, las diversas formas de la movilidad que vemos aparecer en el presente, muestran la capacidad de movimiento como estrategia de los pueblos y como herramienta de desobediencia y aprovechamiento de las condiciones que impone el sistema, hoy a escala global. Por su parte, si seguimos el hilo de investigación feminista con Federici y Mies, y miramos estas características generales desde las corporalidades femeninas y feminizadas, lo que vemos es que se multiplican los modos de salir, las fisonomías que adoptan esas “fugas” en los territorios y lo que estas trayectorias denuncian. Situándonos desde esta clave, la movilidad adquiere nuevas dimensiones que espesan la idea de migración como exilio que presentábamos desde el inicio, en un sentido político y no meramente económico. Vemos en el exilio una particular fisonomía de género que no es un dato anecdótico, sino que nos habla de nuevos momentos de acumulación por despojo en territorios latinoamericanos.
La violencia que las trayectorias aquí analizadas denuncian y expresan en diversos puntos de la narración de la propia vida no pueden ser tomados como hechos aislados. Coincidimos con Verónica Gago (2019) en que es menester conectar las violencias machistas al interior de los hogares y en los lugares de trabajo con el argumento histórico y conceptual que permite desentrañar las conexiones entre ésta y el nuevo ciclo de acumulación del capitalismo neoliberal global y financierizado. No es posible reponer aquí cabalmente la argumentación de Gago al respecto, pero sí debemos subrayar lo siguiente: la violencia contra las mujeres es el modo de manifestarse de esa guerra que se da en distintos planos dentro del sistema capitalista desde sus inicios. Guerra que se libra sobre cuerpos, territorios, formas del trabajo y de la que saca provecho el capital para acumular ganancias[29].
Las violencias que Delia relata, la necesidad de juntar dinero para ayudar económicamente a su mamá y sostener la vida con sus hermanxs, no puede ser entendida llanamente como “deseo de migrar”. La violencia ejercida por el padre (tanto física como psicológica hacia toda la familia) se mezcla con la violencia económica estructural de un tiempo marcado por la crisis del neoliberalismo en la región y la falta de acceso a trabajo y recursos en su ciudad. La estrategia de viajar en búsqueda de ingresos para salir de esta serie de violencias superpuestas, aparece como una “fuga”. Sin embargo, la fuga no es pensada como simple huida y no se aplanan los sentidos estratégicos que estas migrantes despliegan en tiempos neoliberales. Más bien se subraya su capacidad operativa, creativa y los usos y disputas con infraestructuras móviles, populares, migrantes, trajinantes, de las que se sirven.
En el libro de Luis Miguel Glave (1989), mencionado en capítulos anteriores, se hace referencia a un censo poblacional en la ciudad de La Paz del siglo XVII que develaba la composición migrante del trabajo doméstico. El modo en que el sistema colonial explotaba las redes comunitarias, extrayendo valor del tributo y del trabajo indígena; expulsaba a las mujeres de las comunidades en búsqueda de recursos para sostener la vida individual y colectiva. En ese momento, se contabilizan en La Paz 741 trabajadores de servicio doméstico para 213 casas de la aristocracia española-blanca o en conventos. 570 eran mujeres y 171 hombres, pero en total una población de 1223 personas entre todos los que dependían de ellxs (hijxs, adultxs mayores) (Ibid., p. 311). En un planteo hipotético que realiza el autor, conecta el aumento en la incorporación de personal femenino en casas particulares con el crecimiento del sector textil urbano (en obrajes) que requería mano de obra (Ibid., p. 319). Mujeres, niñas, indígenas migrantes desde las comunidades trabajaban, en condiciones precarias, pero liberadas de otras exacciones, como el tributo. Algunxs trabajadorxs, de igual modo, seguían aportando a sus comunidades de origen. Madres solas que habían perdido a sus compañeros, porque trabajaban en la mita o se dedicaban al trajín, lograban criar a sus hijxs y les heredaban el trabajo de servidumbre doméstica. Casas-talleres, casas-hábitat, casas-fábrica. Imágenes que se repiten conectando el presente que narraba Delia con el pasado colonial.
Uno de los aportes más relevantes de Glave (1989) es el poder pensar todas estas escenas como parte de la herencia colonial pero también de los modos de agenciar dinámicamente unas formas de resistencia cotidiana. Él habla de tácticas de administración de la explotación para referirse a las estrategias migratorias que utilizaron los pueblos para dispersar sus efectivos buscando ocultarlos de las exacciones fiscales, de las explotaciones laborales y en búsqueda de captación de recursos (Ibid., p. 348). Con este paralelismo de conexión entre tiempos coloniales y contemporáneos queremos sostener que entendemos en la trayectoria de Delia su “fuga” como una táctica de administración de la explotación. Las condiciones violentas de existencia en la casa familiar la llevaron a optar por una estrategia que le significaba una salida de aquel lugar y la promesa de generar dinero para regresar y ayudar a su mamá a romper el círculo violento. Sin embargo, al llegar también se encuentra con dinámicas complejas al interior del taller textil a las que debe enfrentarse de otros modos. La táctica que encierra el proyecto migratorio se encuentra con otras violencias en territorios de destino frente a las que también debe organizarse para resistir y cuidarse. La estrategia de construir un espacio de autodefensa y cuidado entre mujeres le permite permanecer evitando sufrir de modo directo la violencia. Al mismo tiempo, aparece el cambio de lugares de trabajo y vivienda por la ciudad y los modos colectivos de problematizar las relaciones internas al taller como elementos que dinamizan sus estrategias de resistencia. Todas estas formas de la movilidad en la trayectoria de Delia nos muestran que el movimiento se erige en herramienta fundamental de acción política para desarmar lugares fijos de obediencia al interior de unidades familiares y productivas.
En el caso de Joan, por su parte, la palabra exilio aparece explícitamente en su relato. Como un modo de salir del lugar establecido por la familia, en tanto “clan”, según ella misma lo nombra.
Desafiando mandatos y formas de condicionar los proyectos personales y deseos de quienes integran una comunidad determinada; Joan se presenta como la figura de la migrante exiliada que pone en cuestión las normas comunitarias-familiares. Como síntesis de este gesto, Joan corre el cuerpo de la violencia ejercida por su tía cuando ella aún estaba en Guangzhou y se exilia de la propia familia para cuestionar los modos de condicionar la propia subjetividad.
Previamente a este movimiento, que es el final de su narrativa, Joan había apelado a la movilidad en dos sentidos. Por un lado el migrar a China fue la posibilidad de concretar el plan de ahorrar para estudiar. La infraestructura popular trajinante que su familia había logrado construir hasta ese momento le permite proyectarse de esta manera. Allí Joan reúne características que son compatibles con los objetivos de la comunidad-familia y pone en juego estratégicamente dichas herramientas para ocupar el lugar de articuladora entre mercado Chino y la comercialización en Bolivia. Sin embargo, aparece otro elemento fundamental para entender aquella decisión de migrar temporalmente. Se trata de su necesidad de salir de la mirada acusadora y disciplinadora de parte de la comunidad-familia que veían como “una enfermedad” la orientación sexual de Joan. Allí se instala un juego particular: por un lado sus familiares “la quieren curar” enviándola a Guangzhou y aprovechando de ella su expertisse en el trabajo como persona de confianza entre mercados. Por otro lado, Joan aprovecha la oportunidad para concretar su deseo, pero también “obedece” la migración como forma de alejarse del mandato familiar (entiéndase el doble movimiento: mientras que integrantes de su familia creen que migrar le servirá para volver a “normalizar” su orientación sexual, Joan vive el viaje como un modo de alejarse de esa mirada y vivir su sexualidad libremente). Este juego de motivaciones, deseos y mandatos estalla cuando Joan decide invitar a quien era su pareja en ese momento a visitarla. Allí se desata una situación violenta que Joan termina definiendo por el exilio familiar.
Primero suceden una serie de escenas de desvalorización de su trabajo e injusticia respecto al pago de lo realizado; luego, la cuestión monetaria se resuelve pero persiste la distancia con gran parte de la familia dado que se visibiliza su rechazo a la orientación sexual de Joan. Entonces, encontramos dos momentos de exilio en su trayectoria: el primero cuando migra para poder vivir su sexualidad libremente y concretar el deseo de ahorrar para estudiar, lejos del mandato familiar de ser heterosexual y comerciante; en este caso Joan apela a la movilidad para seguir su deseo. Por otro lado, el segundo momento de exilio, es cuando habiendo “desobedecido el mandato” se desata una situación violenta en la familia de la que ella decide correr el cuerpo. Su huida finalmente es regreso al territorio de origen, pero constituye al mismo tiempo, un desplazamiento de los lugares económico-políticos compartidos con la familia.
Desde la economía feminista, sostenemos, que el desafío a estos mandatos de género prueba que la lucha feminista va más allá de la denuncia de una violencia femicida que contabiliza cuerpos asesinados. También va más allá de listar actividades y trabajos que realizan las mujeres y disidencias en los territorios y que son desvalorizados e invisibilizados. El horizonte de lucha feminista que trayectorias como la de Joan actualizan, tiene que ver con “desacatar, subvertir y transformar el orden colonial, capitalista y patriarcal” (Gago, 2019a) desde la manifestación y reivindicación del propio deseo. El deseo de cambiarlo todo (Ibid.), el deseo que nos mueve es a la vez individual y colectivo. Es la fuerza que impulsa la transformación de todo sistema opresor de las subjetividades femeninas y feminizadas. El movimiento, desde esta perspectiva, es entendido como exilio en tanto huida y fuga para seguir el deseo y la búsqueda de proyectos personales que desobedecen los mandatos patriarcales.
Entendiendo el movimiento como táctica de administración de la explotación en todas sus formas y sumando la desobediencia a los mandatos de género como forma de cuestionar toda explotación; vemos cómo se profundizan las dimensiones políticas de la movilidad, que hemos planteado radicalizando la categoría de “exiliadas del neoliberalismo” (Galindo, 2007). Nuestra intención principal es mostrar el poder profundamente problematizador que tienen las subjetividades de mujeres y disidencias migrantes como actores protagónicos de las economías populares en el trajín. Desde esta perspectiva podemos caracterizar con más elementos críticos los flujos migratorios y de movilidad en la realidad actual, pero también el modo en que se operan nuevos ciclos de acumulación, acompañados de violencias múltiples, en los territorios y en los cuerpos de lxs trabajadorxs. Porque salir de un territorio no es simplemente una respuesta reactiva a una serie de condiciones económicas y tampoco constituye un simple deseo o proyecto de la individualidad. Mas bien responde a configuraciones políticas, económicas y sociales complejas en las que lxs migrantes y trajinantes desde sus trayectorias son protagonistas de nuevos modos de configuración del trabajo y conflictividad política, económica y social a nivel global.
5.4.2 Abrir el taller, abrir la familia
En capítulos anteriores hemos conceptualizado la comunidad como un elemento fundamental de las infraestructuras populares tanto migrantes como trajinantes, que permiten el sostenimiento de la vida en común pero también la producción popular en la movilidad. Hemos visto como la comunidad opera sosteniendo proyectos de vida y trabajo. En el neoliberalismo, estas formas colectivas de sociabilidad nos permiten ver algo más que individuos-átomos conectados por cálculos e intereses particulares. A lo largo del recorrido de esta investigación hemos “desenmascarado” la figura del individuo liberal como empresario de sí, que puede subsistir por sí sólo y al que sólo lo mueve el cálculo económico-monetario. Hemos establecido que las individualidades son parte de tramas de interdependencia (Navarro y Gutiérrez Aguilar, 2018; Hernando, 2018) donde lo comunitario se materializa como su forma operativa: tanto para la reproducción de la vida en común, cuanto para la producción de sujetos libres que luego venden su fuerza de trabajo en el mercado; y también para ser ella misma lugar de producción. En esta última figura de la comunidad encontramos la continuidad entre la casa, el taller, la feria, el circuito transnacional de comercio como escenarios ensamblados en que lo comunitario se operativiza para fines productivos y logísticas de bienes que terminan en el mercado capitalista.
En las trayectorias de Delia y Joan la comunidad, en primera instancia, aparece figurada en las imágenes del taller y la familia. Además, en ciertos puntos de sus historias, el taller es prolongación de la familia y el mercado de la familia y de la casa. La familia es también la empresa que se vuelve transnacional. En este sentido, hay un modo de leer estas líneas de conexión entre espacios productivos y reproductivos como ensamblajes micro-macro (Gago, 2014) que permiten el desarrollo de diferentes estrategias económico-políticas en las economías populares en el trajín.
Estas conexiones nos presentan las primeras “aperturas” mostrando formas en las que una dinámica vincular, social, comunitaria permea a otras y va engarzando espacios productivos, comerciales y logísticos haciendo visibles diversas escalas que toman estas economías. Ha sido posible visualizar así en los capítulos 3 y 4 cómo se fortalecen comunidades transnacionales en el ir y venir de migrantes y trajinantes; cómo se generan alianzas estratégicas a partir de formas de la institucionalidad popular como la fraternidad, los gremios, las asociaciones folklóricas. Así mismo hemos visualizado cómo existen algunos actores de estas tramas comunitarias que sostienen trabajos y gestionan la movilidad de manera indispensable. Las mujeres fundamentalmente son quienes cumplen esos roles y no siempre son visibles.
En el caso de las trayectorias de Delia y Joan, si bien se reconoce el lugar fundamental que ocupa lo comunitario para el sostenimiento de los proyectos individuales de trabajo y movilidad, también se plantean de modo explícito algunas problematizaciones que apelan a ir más profundo en el análisis de la forma comunidad en sus versiones sintéticas: taller y familia. El espacio del taller y de la familia como imágenes icónicas, se abren en sus relatos a disecciones particulares. Desentrañando dimensiones que nos interpelan a ver más allá de las conexiones que nombrábamos, las trayectorias de este capítulo nos invitan pensar el “abrir” como “des-naturalización”, y mostrar la complejidad que se encierra en ambos espacios, vistos desde adentro y entendidos como productivos/reproductivos.
Los talleres y las casas son espacios productivos que continúan en el mercado, en la calle, en el comercio transnacional; pero a su vez son espacios reproductivos en que se vive, se sueña, se sostiene la vida en común y se sufre. Estamos proponiendo no verlos como unidades cerradas, nuevamente, a través de plantearnos la pregunta: ¿cómo se sirve de esto el capital? Al mismo tiempo, consideramos que son estos lugares, las dinámicas comunitarias y de producción común, los que construyen efectivamente auto-organización, freno a las lógicas extractivas del capital y potencia comunitaria.
5.4.2.1 Politización de los modos de producción de valor comunitario, familiar y migrante
En el caso de Delia vemos cómo su historia de migración y trabajo muestra una politización de los modos de producir y reproducir la vida en lo comunitario y nos plantea una crítica práctica a la idea de comunidad autoexplotada desde la generación de comunidades autogestivas y libres (Gago, 2018). En esta parte nos interesa sintetizar de qué modo aparece la politización de los modos de producción y reproducción. Sostenemos, de dos maneras generales: visibilizando el valor que producen los trabajos comunitarios y el modo en el que son explotados por la propia comunidad y por el mercado capitalista -en cadenas de producción textil, por ejemplo que se sirven de su invisibilidad para seguir explotando y desvalorizando-; y, por otro lado, denunciando las violencias sufridas desde corporalidades femeninas y feminizadas que participan de las tramas comunitarias de organización de la vida, la movilidad y la producción.
Desde la participación en espacios colectivos-comunitarios como el Colectivo Simbiosis Cultural a partir de 2008, la trayectoria de Delia nos presenta un modo de “abrir el taller y la comunidad” como forma de visibilizar el valor que el capital extrae de las formas comunitarias hiper-explotadas de producción en el sector textil. Lo que subrayamos con bastante énfasis en su narrativa, es el momento en que ella comienza a relacionarse con otrxs jóvenes migrantes en grupos de estudio, en espacios culturales y sociales; donde Delia empieza a ponerle nombre a las violencias sufridas al interior del taller en conexión con una cadena productiva explotadora. Esta primer apertura del taller la lleva, junto con compañerxs costurerxs y migrantes, a des-naturalizar los modos de trabajo, a desarmar discursos victimizadores y criminalizantes de lxs trabajadores migrantes; y también, permite poner en cuestión las formas de sostenimiento de la vida en común al interior de la casa-taller, que aparece -al mismo tiempo- como unidad productiva y reproductiva.
Pero en Delia emerge una capa más: detrás de esta comunidad explotada (Ibid.) que comienza a problematizar desde adentro los modos de producción; aparecen las corporalidades femeninas y feminizadas migrantes como sostenedoras del entramado vital que está a la base del taller: cocina, limpieza, cuidado de niñxs; se vuelven visibles como territorios de disputa del control patriarcal del taller. Las mujeres migrantes sufren una serie de violencias superpuestas sobre su piel que garantiza cierta disciplina dentro de la unidad productiva. La afirmación de uno de los hombres al llegar al primer lugar de trabajo, que Delia recuerda nítidamente como “llegaron tus nuevas esclavas”; resume la alianza patriarcal entre la explotación operada por la cadena de valor en la industria textil, que recae sobre el taller como unidad; y la diferenciación interna entre trabajadorxs y corporalidades femeninas y masculinas en la jerarquía del taller.
Gracias a la experiencia vivida y al encontrarse entre mujeres y con compañeras migrantes de otros sectores de la economía popular, el espacio político migrante feminista Ni Una Migrante Menos fundado por Delia y otra compañeras, sintetiza la vuelta de profundización que las mujeres migrantes dieron a la “apertura del taller”. La “vuelta más” de problematización que Delia hace emerger desde la denuncia de las violencias sufridas al migrar, se presenta como des-naturalización de toda una serie de violencias superpuestas que experimentan las mujeres migrantes al interior de unidades productivas. Esta generación pone voz y cuerpo a las denuncias de violencia laboral, intrafamiliar e institucional. Las formas de organización política migrante y feminista que ellas impulsan desde la segunda década del nuevo milenio, vino acompasada con el estallido de las luchas feministas en Argentina y en la región. La participación de Delia y sus compañeras en las luchas feministas y migrantes abre un horizonte político que marca un hito de transformación política desde subjetividades otras: atravesadas por otras experiencias, encuentros y dinámicas políticas.
5.4.2.2 Las trayectorias de vida como entramados de elementos políticos
A diferencia del sub-apartado anterior, pero en complementariedad con él, nos interesa sintetizar aquí de qué modo opera, fundamentalmente en la trayectoria de Joan, la politización de los afectos y la desobediencia a los mandatos familiares. Algo que veíamos en el Capítulo 3 en la trayectoria de Joaquín-Beti; en la familia de Joan se reitera como naturalización. Vender y moverse son dos prácticas económicas y formas de vida ampliamente legitimadas en su comunidad-familia. A ella se le presenta como posibilidad naturalizada pero, al mismo tiempo, utilizará el movimiento para abrir dimensiones nuevas dentro de la estructura comunitaria.
Joan yéndose del seno de la familia-comunidad para desplegar el deseo de vivir libremente su sexualidad, abre un primer pliegue de la comunidad con la familia. La reducción de la comunidad a lo familiar y los mandatos ligados a la femeneidad y la heteronorma, son herramientas del capitalismo patriarcal desde sus inicios (Federici, [2004] 2010). El deseo y saber del cuerpo de las mujeres debió ser encorsetado para que se forjara sobre este gesto el capitalismo. La obediencia de las mujeres a la realización central de tareas de cuidado y procreación, requería de mujeres dóciles y obedientes. Pero no resultó universalmente así, en comunidades de Latinoamérica la fuerza comunal sostenida por mujeres (Tzul Tzul, 2019) y las mujeres desobedeciendo al patriarcado ancestral, colonial y capital (Cabnal, 2008); entre otras escenas, muestran que lo femenino no se pliega a esta lógica de comunidad como familia nuclear. Joan es un emblema de esta resistencia y abre la comunidad-familia para enunciar su deseo en femenino, como poder de crítica a lo que pretende encorsetar su potencia vital.
Hay una lógica comunitaria-familiar que implica afectos, relaciones de reciprocidad, de parentesco pero que también involucra reglas o mandatos; donde se visualiza desigualdad en los vínculos intracomunitarios. Salvando las diferencias respecto del tipo de violencia ejercida por el padre de Delia a la madre y toda la familia; aquí también encontramos situaciones violentas vividas por Joan. Alguien que dentro del entramado familiar y, particularmente, dentro del negocio; tiene y ejerce un poder contra ella como persona y, explícitamente contra su orientación sexual. La decisión de la tía de dejar de trabajar juntas, afecta la decisión del resto de los integrantes de la familia; y funciona como una condena ejemplar que genera un exilio dejándola fuera del negocio y de la propia familia.
¿Qué pasa cuando un cuerpo se sale de la norma que establece una comunidad para la pertenencia a la propia comunidad y a sus formas de negocio y trabajo? Como decíamos, un orden moral mandata la conducta de subjetividades masculinas y femeninas dentro de las tramas comunitarias que sostienen el mundo laboral. Entonces, la vivencia libre de una sexualidad homosexual interfiere en estas estructuras. El gesto de Joan constituye la desobediencia a esa norma dual del mandato heterosexual.
Además, la vivencia de la homosexualidad resulta ser un despliegue de potencia y deseo femenino que excede el nivel de visibilidad que una mujer puede ostentar en un mundo económico-político estructurado por dichos mandatos de género. Algo similar aparecía en el Capítulo 4 cuando nombrábamos la figura protagónica de Alicia en lugares donde se suponía que debía guardar otro perfil. La vivencia libre de la sexualidad para Joan implica el desafío a estos mandatos obedientes de un patriarcado introyectado en formas de los vínculos intracomunitarios. El armar una familia heterosexual, ocupar lugar de mujer reproductora invisible de la trama familiar y comunitaria y dejar el papel protagónico público al varón; son todos elementos reconocibles en las trayectorias analizadas hasta aquí y no es característica exclusiva de las formas de familia-comunidad andina; tienen que ver con configuraciones históricas de las subjetividades masculinas, femeninas y disidentes dentro del hetero-patriarcado-colonial-capitalista. Joan desafía estos imaginarios y normas morales y en ese gesto desafía a la comunidad-familia heteronormada en tanto pieza funcional a la explotación capitalista. Del mismo modo, existe una lectura en continuidad de la violencia ejercida por el papá de Delia hacia su mamá y toda la familia y la imposibilidad de ella de salir de ese lugar de subordinación; que el rotundo desafío a la obediencia patriarcal que logra hacer Delia a través de la migración, redunda en la independencia económica suya, de su madre y del resto del grupo familiar.
Contra la caracterización de subjetividades sumisas, obedientes y capaces de trabajar a destajo sin quejarse ni hablar; representada por los discursos racistas hegemónicos de los medios de comunicación y el Estado, las trayectorias que analizamos en este capítulo pintan una cartografía diversa de formas de organización comunitaria del trabajo productivo y reproductivo. La lucha contra distintas formas de opresión, la denuncia de distinto tipo de violencias y en especial violencias machistas y racistas sufridas particularmente por mujeres y disidencias migrantes; presentan deseos y búsquedas que despliegan una potencia vital que no se calla. En ellas la rebeldía se vuelve movimiento y sintetiza modos de resistir y existir en el sistema capitalista, colonial, patriarcal desde corporalidades femeninas y feminizadas; haciendo oír sus voces. Para decirlo en términos de Soledad Álvarez y Amarela Varela: en ellas el migrar se vuelve resistencia anticolonial (Morales Troya, 2021) y antipatriarcal. Sus formas de cuestionar y abrir las dinámicas de desigualdad al interior del taller y la familia se vuelven modos de des-naturalizar la violencia y de hacer mutar comunidades explotadas en comunidades autogestivas y libres (Gago, 2018).
5.4.3 Entre economía popular y economía feminista
En ambas trayectorias nos encontramos con formas de la subjetividad atravesadas por una mirada migrante y transfeminista de entender el mundo social contemporáneo. Tras años de lucha, los feminismos latinoamericanos populares se conectan con décadas movimientos sociales, indígenas, campesinos, afro que disputan sentidos políticos de los modos de existencia, organización y producción en el capitalismo contemporáneo.
En el cruce entre economías populares en el trajín y economías feministas queremos situar el operador “fiesta” para trazar una línea analítica de conexión entre estas trayectorias y las que analizamos en los capítulos anteriores. Habiendo entendido la fiesta como el territorio de ejercicio de la soberanía y generación de alianzas estratégicas para fortalecer comunidades transnacionales; en el caso de Delia y Joan, dicho ejercicio pasa por la pertenencia y la construcción de espacios de autonomía, donde las formas del deseo más diverso y la confrontación con mandatos que las encierran y oprimen, tienen un lugar privilegiado. Dando paso al despliegue de una subjetividad migrante transfeminista en toda su potencia; la calle, la marcha, los encuentros, las asambleas, el aquelarre feminista, las organizaciones de migrantes, las reuniones entre mujeres y disidencias, el amor entre mujeres; constituyen formas de romper la naturalización de los mandatos que pesan sobre sus proyectos de vida. Todas estas instancias consolidan espacios de acuerpamiento colectivo-comunitario que permiten desarmar tramas opresivas y cuestionar mediaciones capitalistas, patriarcales y coloniales para re-tramar lo común de otras maneras (Navarro y Gutiérrez Aguilar, 2018).
En sus gestos de desobediencia, de rebeldía, se resquebrajan los lugares que ellas han sido mandatadas a ocupar. Tanto en el caso de Delia como sostenedora de la trama familiar tras sufrir violencia física, psicológica, económica de parte del padre -hacia su madre, ella y toda la familia-; como en el caso de Joan que se ve impedida a vivir su sexualidad libremente en el marco de la norma familiar; ambas nos muestran que desde lo personal es posible romper lugares establecidos. Al mismo tiempo, ponen en evidencia que allí radica el poder transformador de la subjetividad en términos de freno a lógicas autoritarias y extractivas que muchas veces se vuelven funcionales a las lógicas de despojo que opera el capital.
En el cruce entre economías populares y feministas, lo económico definitivamente se amplía y no es posible de ser comprendido sino como político. Desde aquí podemos ver cómo aparecen otras corporalidades del trabajo (Gago, 2019a); otras figuras de producción de valor que están a la base de lo que la economía política clásica (marxista y liberal) consideró esferas de producción e intercambio. En esas “moradas ocultas” (Fraser, 2014) visualizamos comunidades y cuerpos femeninos y feminizados que son los protagonistas de la producción del sostén material de todo sistema económico-político, del mercado globalizado, del mercado bajo el neoliberalismo y garantía de la reproducción de la vida de las mayorías en tiempos de despojo, como los que ha operado y opera el capital en el presente. Y todo esto, ¿porque no es materia de la teoría económica? Dicen las economistas feministas, así como lxs teóricxs de las economías populares; que allí reside el poder de valorización, colonización y extracción que rige la lógica del capitalismo a escala mundial.
Un concepto fundamental que sirve a los fines de esclarecer la conexión entre economías populares y feministas es el de “diferencial de explotación” que define Verónica Gago en el libro La potencia feminista (2019a), referenciado ampliamente en este capítulo. Pensando el diferencial de explotación podemos entender los trabajos realizados por personas que no responden a la subjetividad hegemónica del varón asalariado, como actividades y corporalidades de las que se sirve el capital para extraer valor por el que no paga: “…al visibilizar y entender estas dinámicas específicas, se ilumina la explotación en general de un modo nuevo” (Ibid., p. 119.). Tal como hacíamos en las primeras definiciones de economía popular, podemos pensar que toda forma de trabajo asalariado constituye una forma de invisibilización del trabajo no asalariado que es su condición de posibilidad. Esto establece una condición necesaria y suficiente de la lógica del capital con base en dimensiones productivas que no son propiamente capitalistas, y nos permite, al mismo tiempo, ver lo que entendemos por trabajo en su heterogeneidad.
Un manifiesto feminista hoy es un mapa de la heterogeneidad actual del trabajo vivo capaz de exhibir, en términos prácticos, el diferencial de explotación que, como una geografía fractal, usufructúa todas las diferencias que se quieran abstraer en la hipótesis que universalizaba al proletario asalariado. (Gago, 2019a, p. 128).
En las trayectorias que visualizamos en este capítulo, la conexión analítica entre economías populares y feministas se da de tal forma que lo que veíamos en capítulos anteriores emerger como gestión de la vida en común, de los cuidados y de la movilidad; aquí lo vemos ya expresado de manera pública: las mujeres y disidencias jóvenes atravesadas por la lucha feminista logran desarmar los lugares naturalizados por estos discursos construidos históricamente sobre sus cuerpos y territorios. Poniendo en cuestión comunidades extractivas que sirven al capital en tanto reproducen el relato dominador del patriarcado; rompiendo por lo femenino y diverso ese relato, Delia y Joan son figuras de migrantes-trajinantes que al tiempo que se sirven de toda la infraestructura de movilidad y comercio construida en los períodos anteriores (de los ’80 a los 2000), son capaces de cuestionar las relaciones internas a la comunidad, desafiando los límites de los modos de producción de estas infraestructuras móviles. Los afectos, las relaciones comunitarias interpersonales y sobre todo las familiares, ya no aparecen con un halo romántico y purista; se pueden disputar y cuestionar.
“El patriarcado no tiene fronteras” dice el documento de convocatoria al 8M de 2018 de NUMM (Gavazzo y Penchaszadeh, 2021). Construir un transnacionalismo feminista migrante es un aporte para la lucha migrante y de las economías populares, pero también es central para diversificar, fortalecer y nutrir la trama diversa que configuran los feminismos en América Latina. Cadenas globales de cuidados, trabajos invisibilizados de cuidado, producción de alimentos, indumentaria, sostenimiento de las comunidades producidos por mujeres y disidencias migrantes; son todas escenas donde el transnacionalismo feminista migrante visibiliza y pone en valor los trabajos que realizan las mujeres y disidencias en las economías populares en el trajín. En Argentina y en América Latina el feminismo popular es una fuerza política transformadora que enfrenta la lógica neoliberal y la narrativa individualista (Gago, 2020). Refuerza frentes, entramados, articulaciones contra el capital. Denuncia el endeudamiento, abre la diversidad de violencias que sufren las mujeres y disidencias. Allí el movimiento migrante feminista ha sido un emergente que potencia y expande los feminismos, mientras hace intervenir otras discusiones al interior de las economías populares en el trajín. Las subjetividades migrantes que encontramos en este capítulo son emblema de nuevas politizaciones de las relaciones intracomunitarias y también de las formas de explotación del capital en tiempos contemporáneos.
5.5 Conclusiones
Después de los levantamientos de principios del nuevo milenio, de la crisis sobre crisis que enfrentan y en la que sostienen la vida las mujeres y disidencias en territorios latinoamericanos; la organización feminista, migrante, popular en las economías populares en el trajín nos presenta subjetividades que se constituyen desde nuevos vocabularios e imaginarios. Las trayectorias abordadas en este último capítulo nos ayudan a comprender los modos en que las tramas productivas y reproductivas en que las economías populares están insertas y constituyen economías políticas.
5.5.1 El abrir como crítica: modos de desnaturalizar y visibilizar
Mientras el capital extrae valor operando sobre la naturalización de trabajos que se muestran como “tareas propias” de algunxs sujetxs; las nuevas subjetividades migrantes feministas generan la apertura de comunidades, familias y unidades productivas, mostrando que estos espacios se han vuelto funcionales a tal extracción. En términos de visibilización y disputa política contra las lógicas de despojo y acumulación en el capitalismo neoliberal, esta des-naturalización impulsa un trastocamiento de los imaginarios y lleva a poner frenos concretos en dicha dinámica.
Luego de haber recorrido el análisis de las trayectorias de Delia y Joan, no podemos dejar de lado, como núcleo central de nuestra perspectiva crítica sobre las economías populares en el trajín, el modo en que aparece una cadena de violencias superpuestas que lxs trabajadorxs migrantes experimentan. El taller y la familia, en tanto lugares concretos donde el operador comunidad se materializa, aparece en estas trayectorias como terreno de visualización de relaciones sociales, laborales y personales que se vuelven funcionales a la extracción de ganancias para intermediarios, grandes empresas y toda una lógica de colonización de la vida y el tiempo vital a través de la hiperproducción y el trabajo a destajo. En este sentido, “abrir el taller y la familia” es un modo de volver la comunidad un espacio de disputa.
Actualmente, son lxs trabajadorxs migrantes lxs que se encargan de poner estas problematizaciones en agenda. Los organismos no gubernamentales y organizaciones sociales que antes tomaban la vocería, aparecen acompañando la lucha y organización. Pero son las mismas comunidades, las organizaciones de migrantes y las mujeres quienes disputan este “abrir” como desnaturalización y quienes enfrentan las configuraciones de ajuste y retroceso en materia de derechos que se experimentó fuertemente luego de 2015.
Hemos encontrado distintas figuras en que la mutación y disputa de/en lo comunitario se consolida como forma política. Las nuevas subjetividades políticas migrantes son encargadas de profundizar un dinamismo que potencia lo comunitario como espacio que sostiene a lxs individuxs que integran la comunidad y no que lxs oprime y somete. Encontramos subjetividades que se alejan ya completamente de los imaginarios miserabilistas y criminalizadores que condensaban los discursos sobre trabajo migrante a fines de los ’90 y principios de los 2000.
5.5.2 Formas de organización comunitaria y feminista para hacer habitable el mundo
Lo que hemos llamado desde el inicio “vidas sin salario” (Denning, 2011) son formas proletarias de existencia que, desde este punto de recapitulación e integración del recorrido de la investigación, ya podemos entender con más profundidad como formas de vida en relación de función y/o subsunción -aunque no siempre total- al capital. Los aportes de teóricas de la economía feminista así como desde las economías populares iluminan toda una reflexión cruzada que nos ayuda a ver lo que está oculto del discurso económico y a dilucidar el para qué de ese ocultamiento. Esta vuelta sobre la lógica de ocultamiento como lógica de valorización nos llevó a indagar, particularmente desde las trayectorias de este capítulo, el modo en que aparece en la actualidad el antagonismo social, político y económico. Es decir, aquello que en términos marxistas clásicos se sintetizaba en la figura del trabajador asalariado contra el patrón capitalista; hoy lo vemos desdibujado y emergen otros protagonismos. Se multiplican las formas del trabajo, la movilidad y las estrategias de economías populares y feministas y, en paralelo, se multiplican las formas del antagonismo social desde lxs migrantes trabajadorxs costurerxs, las mujeres y disidencias que sostienen la vida en la movilidad y que se nutren en espacios de lucha transfeminista y migrante. Hemos recuperado la idea de “diferencial de explotación” (Gago, 2019a) como parte de la comprensión del modo en que opera el capitalismo a la hora de extraer valor de las economías populares y del cuidado, que permiten la reproducción de la vida en común; pero también, en espejo, vemos un “diferencial de lucha y organización”.
La invisibilización es una relación política que ha llevado a desvalorizar los trabajos que realizan fundamentalmente mujeres y disidencias en el capitalismo, mientras se salariza y remunera el trabajo por fuera del hogar. Desde allí sostenemos que visibilizar estos trabajos también es una disputa por definir qué es trabajo y que a su vez implica tensionar relaciones de poder en la sociedad (incluso dentro de grupalidades en las que vivimos, unidades productivas y hogares); porque al final de cuentas está en juego quién se apropia del excedente social producido y cómo (Ibid.).
Esta misma dinámica de visibilización-invisibilización se aplica desde los trabajos en las economías populares; donde, por cierto, también la mayor parte de la producción es realizada por mujeres, lesbianas, travestis, trans (lo mostramos desde el inicio de esta tesis)[30]; hasta las diversidad de trabajos y actividades de cuidado familiar, en salud, educación y sostenimiento de la vida en comunidad, familia extensa, barrio y en la producción de movilidad. Es por toda esta complejidad y multiplicidad de formas de explotación y extracción de valor, que el antagonismo social que estos tiempos muestran, se caracteriza por un entramado político que se sostiene desde la calle, la plaza, la casa, el centro de salud, el taller. Y han sido las mujeres y disidencias las que han venido sosteniendo el enfrentamiento al avance del despojo neoliberal. Mujeres y disidencias en asambleas, en aquelarre, en reuniones y encuentros, en alianzas estratégicas, transfronterizas, representan las subjetividades políticas que hoy disputan abiertamente con las lógicas de muerte y precarización de la vida.
Abrir el taller y la familia es también abrir y nutrir el mapa conceptual, teórico y político de lo que hoy consideramos trabajo -cómo se valoriza o desvaloriza y cómo es explotado-. Pero además, es mostrar y denunciar las violencias que se superponen para que esa extracción siga siendo funcionando. Esto constituye un eje fundamental que las economías populares y feministas aportan a la comprensión del mundo económico-político actual. Aportan a la construcción de barricadas, de formas de ponerle frenos al capital, enfrentarlo y disputar sentidos y maneras de hacer en sus intersticios.
Quisiera cerrar las conclusiones de este último capítulo de análisis de trayectorias refiriendo palabras de Silvia Federici en el Conversatorio “Cuerpos y territorios: Nuevas fronteras extractivas del capital en América Latina” (10/09/2020)[31].
El extractivismo transforma un territorio de vida en un territorio de muerte. Son los trabajos de cuidado, producción de alimentos, conexión y construcción de redes comunitarias, políticas, de protección y defensa de nuestros territorios, de sostenimiento de vida en común; los que garantizan y garantizarán que en América Latina enfrentemos los avances cada vez más brutales del capital global extractivista (Federici, 10/09/2020).
Nos propone analizar las lógicas extractivas como lógicas de colonización interna y visualizar el rol central de los trabajos femeninos y feminizados para desarmar y re-tramar el tejido social deshecho por la colonización del capital. La diferencia con el pasado es que ya no lo hacemos de modo invisible, lo mostramos, lo enunciamos. Nos reconocemos sostenedorxs de esa trama vital y reivindicamos el valor que producimos.
- El texto que referimos de María Galindo está basado en una investigación de campo realizada con mujeres bolivianas migrantes en las ciudades de Madrid y Barcelona en el año 2004. El trabajo de investigación dio como resultado un documental de 50 minutos, que lleva el mismo nombre, y puede ser solicitado al colectivo Mujeres Creando de Bolivia (https://mujerescreando.org/). ↵
- El esquema que representa la trayectoria de Delia se trata de la misma ilustración que aparece en las trayectorias del Capítulo 3.↵
- Se conoce como “impuestazo” a la medida del gobierno nacional del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, de colocar un impuesto del 12,5% a los salarios de los trabajadores; que fue contestada con un levantamiento popular en febrero de 2003 en La Paz. En las manifestaciones que se realizaron en oposición el primer sector que se levantó fue la policía que concentró en Plaza Murillo, a ellos se sumaron lxs estudiantes y jóvenes militantes. Esta medida afectaba a todxs lxs trabajadorxs asalariadxs. En las jornadas de levantamiento hubo enfrentamientos con las fuerzas del ejército y una gran represión. Resultaron treinta personas fallecidas y más de doscientos heridos, el presidente tuvo que dar marcha atrás con la medida. Este es uno de los eventos anteriores a octubre de 2003 que anticipa lo que luego se va a masificar con los bloqueos y levantamientos de la llamada “Guerra del Gas”. ↵
- …no por nada hasta ahora estamos a dos de septiembre y ya tenemos 82 feminicidios, estamos cerca de los 29 mil casos o denuncias de violencia de género de distintos tipos. ¿Por qué? Precisamente por eso, porque la gente no se quiere meter, porque la gente sigue pensando que esto es un problema privado de la familia (Entrevista con Delia, Septiembre 2021).
En 2021 se registraban esos niveles de violencia femicida y denuncias que se condicen con datos en otros países de la región. Tal es el caso de Argentina que en el mismo período registró 231 víctimas directas de femicidio y transfemicidio (CSJN, Oficina de la Mujer, 2021). Las estadísticas no hacen más que corroborar lo que se experimenta dolorosamente en nuestras sociedades. Sin negar los números, creemos necesario subrayar en este punto que la visibilización que Delia hace de la violencia de género en Bolivia no es atributo sólo de este país y es una problemática que afecta e implica a la sociedad en su conjunto. ↵ - Según la OIT, actualmente existen en el mundo 232 millones de migrantes (3,1 por ciento de la población mundial) de lxs cuales las mujeres representan casi la mitad. OIT (2020) “Trabajadores migrantes”. En línea: https://bit.ly/3Kwa9oE. Consultado: 10/05/2021. Con María Galindo (2007) entendemos que esto es más que un dato estadístico. ↵
- Más adelante, en el Apartado 5.4, ingresaremos en este punto para desarrollar la idea de “diferencial de explotación” que aporta el pensamiento de Verónica Gago (2019) para comprender desde la economía feminista en intersección con la economía popular cómo opera el capital capturando un tipo de valor específico de la diferencia de los cuerpos trabajadores. ↵
- Conectando el relato de Delia sobre este período, recordamos que Mercedes (Capítulo 3) también comentaba que ellxs ya teniendo su casa con depósito y taller (Av. San Pedrito), mandaban a costurar cerca dentro del barrio de Flores. En ese año se da una inflexión y deben comenzar a enviar a provincia, lo que hace aumentar los costos de producción.↵
- El conflicto por la autonomía de Santa Cruz estalla en 2008, como relata Delia. Lo que quería presentarse como una confrontación entre habitantes de tierras altas (collas) y bajas (cambas) fue verdaderamente la utilización por parte de poderes empresariales y económicos de una serie de diferencias entre ambos territorios que tiene larga data. En 2008 cuando las transformaciones económicas, políticas, sociales y culturales que estaban comenzando a darse en Bolivia, por el cambio de gobierno producto de un ciclo de luchas que ya hemos descrito (entre 2000-2005), estaban logrando consolidar un proceso constituyente para sancionar la nueva constitución del Estado Plurinacional; los intereses de empresarios agrícolas, ganaderos y de los hidrocarburos de la zona de la llamada “Medialuna fértil” (Santa Cruz principalmente), comenzaron a fogonear las diferencias entre unxs y otrxs. Así el reclamo de “autonomía” cobró gran relevancia en levantamientos populares en distintos puntos del país. El proceso finalizó ese mismo año y en 2009 la Asamblea Constituyente sancionó la nueva constitución.↵
- Según nombra Delia, el Centro Educativo “Jaime Escalante”, el Colectivo Situaciones, la Casona de Flores, el Centro de Formación Profesional nº24 son algunos de los espacios colectivos que trabajaron en conjunto con Situaciones en aquel tiempo post-incendio del taller textil de la calle Viale (Entrevista con Delia, 2021). Es importante señalar asimismo que este hecho generó una gran movilización de organizaciones, coordinadoras y asociaciones de y para migrantes, que en este tiempo comenzaron a denunciar los modos de producción y las violencias sufridas por lxs trabajadorxs migrantes en estos contextos. Dichas organizaciones fueron interlocutores con quienes el Colectivo Simbiosis Cultural emprendió diálogos y contrapuntos respecto del modo de comprender las dinámicas migratorias y de trabajo al interior del taller textil (Groisman, 2019). Algunas de estas son: La Alameda, la Coordinadora de la Colectividad Bolivian (COCOBO) que luego se disolvió y conformó la Asociación Civil Federativa Boliviana (ACIFEBOL). Estos diálogos y perspectivas diversas se encuentran presentados con gran claridad en el libro colectivo de Colectivo Simbiosis Cultural y Colectivo Situaciones (2011) De chuekistas y overlockas. Una discusión en torno a los talleres textiles. ↵
- Para mayor información sobre el proceso ver: https://juicioluisviale.wordpress.com/ ↵
- Esta frase integra la temporalidad del trabajo en el taller textil junto con la resistencia a su opresión absoluta. Se trata de una consigna que lxs trabajadorxs costurerxs del Colectivo Simbiosis Cultural elaboraron para expresar y denunciar el modelo-taller (Colectivo Simbiosis Cultural, 2011).↵
- El ajuste implementado por el gobierno de Mauricio Macri desde sus inicios en 2015 implicó el cierre de fábricas, despidos masivos y aumento de tarifas. Este período, que comentamos tanto en el capítulo 1 como en el 3, marca una re-edición del neoliberalismo en clave de programa de ajuste estructural. En los siguientes apartados comentaremos medidas específicas que afectaron a lxs trabajadores migrantes dentro de la economía popular en Argentina durante el período 2015-2019 específicamente.↵
- El trágico incendio en un taller textil ubicado en la calle Paez en el barrio de Flores, Ciudad Autónoma de Buenos Aires; le costó la vida a dos niñxs. ↵
- Para un desarrollo profundo sobre la genealogía de construcción de CACT “Juana Villca” y sus planteos críticos construidos como debates colectivos al interior, recomendamos el trabajo de Alioscia Castornovo (2018 y 2019).↵
- Tomamos esta declaración de Delia en el marco del Conversatorio Virtual “Trabajar y producir en tiempos de Covid 19” organizado por Centro Cultural Casa de la Solidaridad Proyecto de Vida, 6/10/2020. Disponible en: https://bit.ly/4oVxj5S, consultado el 7 de mayo de 2021.↵
- Imillia Bandida (2021) “Mujeres emprendedoras, una repuesta en plena pandemia”, disponible en línea: https://bit.ly/3YuqQUx, consultado el 7 de mayo de 2021.↵
- Volvemos a hacer referencia al trabajo de Alioscia Castronovo para subrayar estas discusiones y debates al interior, que son un insumo fundamental para la construcción de modos de hacer distintos en el sector. También cabe mencionar, tal como subraya Castronovo, el espacio de cuidados y la confección de pañuelos para la “Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito” como decisiones “emblema” en ese proceso (Castronovo y Bustos, 2022). La primera habla de la transformación de las lógicas de trabajo al interior del taller que implica también pensar cómo gestionar colectivamente los cuidados y, la segunda, plantea la necesidad de politizar aquello que se confecciona, en este caso pañuelos icónicos de lucha feminista que tomó las calles en 2018-2020.↵
- La primera movilización masiva que llevó la consigna Ni Una Menos fue el 3 de junio de 2015. “Esta consigna desbordó las interpelaciones previas del feminismo, desde donde la violencia machista se viene denunciando hace décadas” (Ni Una Menos, 3 de junio de 2017).↵
- Gago, V. (2021) “El primer paro a Macri se lo hicieron las mujeres”, en: Diario Página 12, Buenos Aires. 22 de octubre de 2021. Consultado el 22/10/23. Disponible en línea: https://bit.ly/3MwlUMq ↵
- Vanesa Gómez fue expulsada del país con su hijo menor, dejando a dos hijxs sin su madre en Argentina. Para conocer más sobre su caso recomendamos: https://bit.ly/4pyJruA ↵
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Hemos visto también de qué manera el DNU ha ido vulnerabilizando más el derecho de las mujeres en situación de violencia, porque muchas de ellas no se han animado a hacer las denuncias hacia el violento ¿no?, hacia la persona que conscientemente las está sometiendo. Porque tienen miedo de que sean expulsados, por lo tanto, terminan perdiendo ese apoyo económico que algunos de estos les dan. O también para no desestructurar la familia, es una cuestión bastante compleja. Y que se ha visto que se han terminado deportando algunos de estos violentos que tenían la denuncia de hace muchos años atrás, pero que se terminó desestructurando la familia, ya no pudiendo ni siquiera recibir esa ayuda económica de esta persona. Pero también las mujeres con ese temor de quedar mal con sus hijos porque fueron las culpables de que sus maridos o los padres de sus hijos fueran expulsados. Entonces eso termino frenando a muchas mujeres que ahora no se animan a denunciar (…) y están retirando inclusive o fueron retirando, inclusive, hasta el año pasado varias de estas denuncias que ya las habían hecho, pero por las amenazas de que no sean expulsados sus violentos (Entrevista con Delia, mayo de 2020).
↵ - El DNU 70/2017 fue derogado el 5 de marzo de 2021 por el presidente Alberto Fernández. El decreto vulneraba el debido proceso, el derecho de defensa y a la unidad familiar. Por estos motivos, tras un período largo de lucha y organización contra esta medida injusta y violenta; desde las calles y desde dentro del propio Estado se logró su derogación.↵
- Se trata de un espacio colectivo en que se realizan diversas actividades de autoformación y educación popular. Algunas actividades de este grupo son coordinadas por la socióloga Silvia Rivera Cusicanqui. El Tambo se encuentra ubicado en la zona de Tembladerani en la ciudad de La Paz.↵
- Es pertinente aclarar por qué durante este apartado narrativo sobre la vida de Joan opto por el uso de la primera persona para ubicar mi autoría en diálogo con su trayectoria. Esto se debe a que fue desde un plano más personal que me vinculé con ella y llamó mi atención su historia de vida. Agradeciendo su apertura y la forma sincera y espontánea con la que Joan abrió su vida a los fines de esta investigación; aprovecho aquí para subrayar su incentivo a mirar detrás de las estrategias colectivas una serie de rasgos individuales, personales que son también políticos, puestos en juego a la hora de entender las tramas complejas de las economías populares en el trajín.↵
- Paradójica y a su vez significativamente, la primera historia de vida con que me topé en el camino de investigación resulta ser la última que aquí presento. Tal vez haya sido por empatía generacional o simplemente por simpatía narrativa, algo en la trayectoria de Joan me llevó a conectar configuraciones macro que estaba comenzando a indagar dentro del tema de investigación (rutas de movilidad hacia el Sur que se expandían hacia el Pacífico, estrategias comunitarias transnacionales, etc.); con un tipo particular de proyecto de vida que ponía en juego el movimiento como estrategia funcional en un contexto familiar-comunitario complejo.↵
- Desarrollaremos luego con más detalle a qué se dedica cada unx. Ahora cabe subrayar que todxs son parte de un entramado de negocios ligados a la importación de diversos productos de China como indumentaria deportiva, tecnología y accesorios; que se venden al por mayor y menor en Bolivia: principalmente en La Paz, El Alto y Santa Cruz.↵
- Puede traducirse como “China continental”, es un término geopolítico que refiere al territorio administrado por el Gobierno Comunista Chino de la República Popular de China. Se incluyen allí también algunas islas, pero por ejemplo Hong Kong queda excluido del término porque se rige por un régimen administrativo diferente. El sentido de lo que Joan comenta en este punto tiene que ver con que la cuestión monetaria y de impuestos y devoluciones, por ejemplo, involucra a productores de la China continental y no funciona del mismo modo en Hong Kong. ↵
- El período anterior va de los ’80 a los 2000, tiempos de desarrollo del neoliberalismo en la región, hasta su crisis. En términos de movilidad vimos desplegarse estrategias de movilidad para la conquista de territorios distantes para ampliación de control territorial, Capítulo 3, y estrategias de trajín para ampliación de los mapas transnacionales del comercio popular, Capítulo 4. El período que Delia y Joan inauguran inicia con la crisis y la impugnación popular del neoliberalismo en América Latina y viene hasta la actualidad (2000-2020).↵
- Para comprender la relación entre violencia machista y violencia del capital seguimos el hilo de argumentación de Verónica Gago (2019) en el Capítulo 2 “Violencia: ¿hay una guerra en y contra el cuerpo de las mujeres?” en: La potencia feminista. Nutren su línea argumental los análisis de teóricas feministas fundamentales para comprender los postulados más importantes de la economía feminista: Federici, Mies, Fraser, Rolnik, Segato.↵
- Recordamos aquí los datos en Argentina. Según números que mencionábamos más arriba, desde organismos de gobierno, muestran cifras contundentes. Durante 2021, se constató que las mujeres representan un 57,1% de lxs trabajadorxs totales registrados de la economía popular (ReNaTEP, 2021) (Ver capítulo 1).↵
- Ciclo de debates feministas organizados por la Fundación Rosa Luxemburgo, la Red de Género y Comercio, el Instituto Equit y el Grupo de Investigaciones e Intervenciones Feministas. Video disponible en línea: https://bit.ly/3MEM2Vh (Consultado 3/11/2023).↵







