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Introducción

El presente trabajo se propone abordar una noción fundamental en la historia de la filosofía occidental, como es la del sí mismo, analizando particularmente el sentido original que ésta adquiere en el pensamiento de F. Nietzsche a través de su crítica a las previas concepciones tradicionales. Para el cumplimiento de este objetivo indagaremos el sentido que esta noción adquiere en la Antigüedad clásica a partir del pensamiento socrático-platónico expuesto en el diálogo de Platón Alcibíades I o Sobre la naturaleza humana, que ha tenido una gran influencia en las consideraciones posteriores sobre la mismidad. Esto nos llevará a mostrar, en el primer capítulo, de qué modo la vinculación del sí mismo con el “alma” establecida por la filosofía socrático-platónica le dará a esta expresión una connotación espiritual y ética que será fuertemente cuestionada por F. Nietzsche en su entero corpus teórico, pero principalmente en su obra capital Así habló Zaratustra. Por esta razón consideraremos especialmente, en el segundo capítulo, las críticas que hace el filósofo alemán a la significación socrático-platónica del sí mismo como “alma” en el Prólogo y en la Primera Parte de la obra citada. Pero antes de ocuparnos de esta última cuestión analizaremos, en el primer capítulo, los orígenes de la noción y la creencia inmemorial en el “alma” como la parte “trascendente” del ser humano difundida y naturalizada por la “teoría animista inglesa”, concebida por H. Spencer y aplicada a la civilización griega por el helenista E. Rohde en su célebre texto Psyche. También tendremos en consideración, en este capítulo, las críticas que importantes especialistas, como L. Lévy-Bruhl, W. Otto, W. Jaeger, E. Bickel, B. Snell y C. Eggers Lan, dirigen al “animismo spenceriano”, como asimismo a las investigaciones realizadas por E. Rohde. Esto nos permitirá mostrar que la “auténtica” génesis de la concepción del “alma inmortal” en el mundo occidental proviene de las convergencias entre las creencias irracionales provistas por ciertas religiones y el pensamiento filosófico socrático-platónico. Para identificar estas convergencias analizaremos, en este mismo capítulo, la influencia que las fuentes mistérico-religiosas órficas y dionisíacas tienen en la concepción griega del “alma”, como sostiene F. Nietzsche en sus diversos estudios sobre religiones. También analizaremos, siguiendo la interpretación del filósofo alemán, la apropiación y resignificación por parte de la filosofía socrática, pero fundamentalmente platónica, de dichas fuentes. Por último intentaremos mostrar, al finalizar este primer capítulo, la relevancia de dichos análisis sobre el alma para la comprensión de la mismidad occidental.

En el segundo capítulo nos detendremos a analizar las críticas de F. Nietzsche a la acepción antigua del sí mismo concebida por el pensamiento socrático-platónico, y a la concepción moderna que tiene lugar con la filosofía cartesiana. Esta crítica se refleja principal aunque no exclusivamente en Así habló Zaratustra, por lo que nos centraremos en el estudio de esta obra haciendo ocasionalmente referencia a otros textos del corpus nietzscheano, especialmente del último periodo, tales como Crepúsculo de los ídolos y Más allá del bien y del mal. A la primera de las tradiciones mencionadas el filósofo de Röcken adjudica la responsabilidad de la construcción de la mismidad como “alma”, lo que tendrá a su juicio un doble impacto en la historia del pensamiento occidental (como veremos en este capítulo siguiendo las interpretaciones de E. Fink y M. Cragnolini): 1) una ontología dualista del mundo y 2) un dualismo antropológico centrado en la parte “espiritual” y “trascendente” del ser humano que implicará el silenciamiento y desprecio por el “cuerpo” en tanto éste expresa la naturaleza finita e imperfecta de aquel. La antropología platónica también tendrá una importante deriva en una ética ascética centrada en el “cuidado” del “alma” a través de una serie de “prácticas” o “ejercicios espirituales” –siguiendo en este punto los análisis de P. Hadot, M. Foucault, M. Santa Cruz y M. Casnati–. Esta deriva ética será motivo de las críticas nietzscheanas, al reducir la cuestión del sí mismo a la parte “espiritual” del existente humano. También en este capítulo analizaremos, como anticipamos, los cuestionamientos de F. Nietzsche a la noción cartesiana del sí mismo, especialmente en Más allá del bien y del mal. Para el estudio de dichos cuestionamientos a la mismidad de R. Descartes nos basaremos, fundamentalmente, en las interpretaciones de A. de Libera, quien intenta mostrar cómo la noción cartesiana del alma o del “yo pienso” (cogito) no alude, en realidad, para el pensador alemán, a ninguna realidad “ontológica” o “metafísica”. Finalizando este capítulo y basándonos en los estudios de G. Vigarello haremos algunas alusiones a las nuevas vivencias y experiencias del cuerpo en el siglo XVIII, reflejadas en la filosofía ilustrada, y su continuidad en el pensamiento del siglo XIX. Estas investigaciones del estudioso italiano nos resultarán muy importantes para mostrar cómo en dichas etapas históricas comienza a abandonarse la “metafísica del yo” instalada por el filósofo francés en el pensamiento moderno para ser reemplazada por la idea del sí mismo como “cuerpo”. Sin embargo, siguiendo la interpretación de G. Vigarello, será a partir de la filosofía afirmativa de F. Nietzsche que dicha acepción de la mismidad alcanzará mayor profundidad.

En el tercer y último capítulo del presente trabajo nos proponemos analizar la propia concepción nietzscheana del sí mismo tal como la formula el filósofo alemán en Así habló Zaratustra. Intentaremos mostrar por qué la misma constituye un cambio radical en el abordaje de la mismidad, lo que implica una ruptura con los previos paradigmas socrático-platónico y cartesiano. Para comprender la concepción nietzscheana del sí mismo nos centraremos en dos nociones fundamentales expuestas por F. Nietzsche en el Prólogo y en la Primera y Segunda Parte del Zaratustra: el “cuerpo” y la “voluntad de poder”. Ambas nociones darán lugar a la “transformación” o “conversión” del existente “híbrido” concebido, a juicio del pensador alemán, por la tradición platónica y cartesiana. Sin embargo, como veremos, no hay en el filósofo alemán una llana adhesión al evolucionismo de su tiempo, como algunos intérpretes como G. Simmel creyeron reconocer en el pasaje del hombre tradicional (el “último hombre”) al “superhombre”. Como bien advierte E. Fink, a quien seguiremos en este punto, este cambio también implicará un estrecho vínculo del sí mismo con la “tierra”. Esta última noción será considerada muy especialmente en este capítulo, dado que permitirá resignificar la crítica nietzscheana al dualismo metafísico cosmológico que fue sustento del ascetismo ético platónico y de la ética cristiana de la redención. La revaloración de la tierra o del mundo terrenal que plantea F. Nietzsche en el Zaratustra será fundamental, a nuestro juicio, para comprender la noción de la vida como “voluntad de poder” –ambas dependientes, a su vez, como lo mostraremos en este capítulo, al conocimiento de la “muerte de Dios”–. Para el análisis de la “voluntad de poder” nos basaremos en las interpretaciones de M. Cragnolini y de M. Gómez porque consideramos que ambas aportan claridad respecto de las dos significaciones que tiene esta noción en la filosofía afirmativa nietzscheana. En este capítulo también abordaremos críticamente la interpretación de la “voluntad de poder” propuesta por M. Onfray ya que reconduce, como intentaremos mostrar, a la significación que le había otorgado la metafísica tradicional claramente cuestionada por el filósofo de Röcken en su filosofía. Una vez analizada la concepción de la “voluntad de poder” en tanto “auténtica” expresión del “cuerpo” o del sí mismo, nos ocuparemos de su estrecha relación con otro concepto fundamental de la filosofía afirmativa nietzscheana como lo es el de la temporalidad, entendida como “eterno retorno de lo mismo”. Consideramos que la noción de la “voluntad de poder” alcanza su verdadero sentido al ser comprendida en su estrecho vínculo con el tiempo del “eterno retorno”. Como también mostraremos en este capítulo, la entidad que se concibe a misma como “voluntad de poder” y acepta el sinsentido de su eterno retornar es el “superhombre”. Esta última noción dará lugar, como veremos en el tercer capítulo, a algunas interpretaciones a nuestro juicio inexactas, como las de los filósofos E. Fink y M. Onfray, dado que las mismas reconocen en ella una nueva figura metafísica del sí mismo. Sin embargo, como nos proponemos mostrar en este capítulo, la doctrina del “superhombre” implica un nuevo abordaje de la experiencia del sí mismo al carecer de condicionamientos metafísicos, ontológicos o morales. Al mismo tiempo, tal doctrina abre nuevas perspectivas para pensar la cuestión de la mismidad en el pensamiento filosófico occidental.



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