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2 Los siete sabios y el saber gnómico

Los testimonios sobre Cleobulina sugieren una estrecha conexión entre sus enigmas y la tradición del saber gnómico que se conecta con los siete sabios, quienes representaban el ideal de la educación y moral griegas. La leyenda sobre estos personajes comprende dos ciclos de relatos diferentes: por una parte, el de la competencia en la que estos fueron elegidos como los más sabios entre los griegos y declinaron el premio para ofrendarlo a Apolo; por otra parte, el banquete de sabios que tuvo lugar en Delfos donde cada uno tuvo la oportuniad de exponer su conocimiento.[1]

Ahora bien, ¿qué tipo de saber encarnaban los llamados “siete sabios”? Los términos sophía, sophós y sophistés remiten en los testimonios más antiguos a un quehacer cuyo nombre integra el campo semántico del conocimiento y sus agentes. La sophía (“sabiduría”) expresa la conjunción entre el conocimiento teórico y el conocimiento práctico.[2] En tanto actividad cognitiva, tiene bases firmes en la experiencia orientada a una práctica artesanal específica, amparada por el saber de alguna de las divinidades protectoras, como se aprecia en los siguientes versos:

Como la plomada es utilizada para construir de forma recta el mástil de un barco, cuando está en manos de un experto carpintero, quien conoce bien toda su técnica (páses sophíes) gracias a los consejos de Atenea, del mismo modo el combate y la batalla entre ellos [scil. aqueos y troyanos] estaba igualado (Homero, Ilíada XV 410-413).[3]

El adjetivo sophós (“sabio”) y el sustantivo sophistés (“sofista”) son de aparición más tardía, según la datación de textos que los atestiguan. Sophós refiere a todo aquel que domina una técnica y se aplica a poetas, músicos, adivinos, conductores de carros y pilotos de embarcación, entre otros.[4] El adjetivo también refiere a quienes son diestros en asuntos políticos, por eso se usa para caracterizar a gobernantes, legisladores y toda persona prudente en asuntos prácticos, sentido en que se predica de los siete sabios. En lo que respecta al sustantivo masculino sophistés, este tenía originariamente un significado muy próximo al de sophós.[5] Sin embargo, a partir de la apropiación del nombre por oradores y maestros de retórica en los siglos V y IV, las críticas de Sócrates y la recepción platónica en diálogos del primer período, la pragmática ha desplazado sophistés hacia un uso en cierto modo despectivo para referir a los maestros itinerantes que prometían enseñar a los jóvenes la virtud a cambio de dinero.

2. 1. Los testimonios de Heródoto a Plutarco

Heródoto es la fuente más antigua que aporta datos significativos sobre la tradición relativa a los siete sabios. Este se refiere a la concurrencia en la rica y pujante Sardes, durante el reinado de Creso en Lidia, “de todos los sabios (sophistaí) de la Hélade”. Entre ellos se encontraba Solón de Atenas, quien desconcertó al monarca con su respuesta a la pregunta sobre la identidad del hombre más dichoso (olbiótaton), haciendo gala de un saber especial respecto de qué tipo de posesiones y bienes procuran la dicha, y sentando un antecedente de las reflexiones profundas y complejas mediante las que la literatura y la filosofía del período clásico han tratado el arduo tema de la condición humana (Historias I 29-33). Abundan en su extensa obra distintas menciones y noticias a propósito de los nombres que integran las distintas listas de sabios que han circulado en la Antigüedad, desde Tales de Mileto hasta el escita Anacarsis (Historias I 59, 74-75, 170). No obstante, la primera nómina completa de los siete sophoí es la que ofrece Platón en Protágoras 342e-343b: Tales de Mileto, Pítaco de Mitilene, Bías de Priene, Solón de Atenas, Cleobulo de Lindos, Misón de Quenea y Quilón de Lacedemonia.[6] Aristóteles consagra a Tales como primer filósofo en Metafísica 983b20-25 y no deja de tratarlo como sophós, a diferencia del prudente (phrónimos), en Ética nicomaquea 1141b1-5. También menciona en distintos contextos a Solón (Ética nicomaquea 1100a10-15, 1179a5-10; Política 1256b30-35), a Quilón (Retórica 1389b1-5, 1398b10-15) y a Anacarsis (Analíticos segundos 78b30-35, Ética nicomaquea 1176b35-1177a1). Aunque muy probablemente anterior a Heródoto, Heráclito también reconoce que “en Priene nació Bías, cuyo lógos es superior a todos los demás” (Diógenes Laercio I 88, DK 22 B 39). En Banquete de los siete sabios Plutarco refleja esta línea de testimonios clásicos y tiñe a sus sophoí con matices socráticos, cínicos, helenísticos y alejandrinos. Según el orden de aparición, los sabios que el de Queronea incluye en la lista son: Tales, Solón, Bías, Pítaco, Quilón, Anacarsis y Cleobulo (146c-148d). Periandro, el anfitrión del banquete, aparece en algunas nóminas, pero ni Platón ni Plutarco lo admiten formalmente como sophós, probablemente debido a su condición de tirano y a la impureza que debe saldar mediante un sacrificio (146d).

2. 2. Selección de apotegmas

El conocimiento de los siete sabios ha quedado plasmado en apotegmas (apophthégmata) o sentencias (gnômai) que fueron un importante vehículo de transmisión de los valores de la cultura griega. Según indica Platón, “todos ellos eran celosos admiradores, amantes y discípulos de la educación de los lacedemonios, y alguien podría comprender que su sabiduría era de la misma clase: frases breves, dignas de recordar, dichas por cada uno” (Protágoras 343a). Gnóme, término que suele traducirse por “máxima” o “sentencia”, denota un tipo de conocimiento reflexivo que se manifiesta mediante frases por lo general muy económicas, que se valen de la capacidad expresiva de algunas estructuras sintácticas y semánticas de la lengua griega, tales como su extraordinaria capacidad predicativa y prescriptiva, y su virtualidad metafórica, situación que vuelve difícil la tarea de traducirlas.

En las páginas que Diels y Kranz dedican a “Die sieben Weisen” se reproducen siete grupos de máximas o apotegmas, atribuido cada uno respectivamente a Cleobulo de Lindos, Solón de Atenas, Quilón de Lacedemonia, Tales de Mileto, Pítaco de Lesbos, Bías de Priene y Periandro de Corinto.[7] Dado que la nómina de sabios cambia y la autoría de los apotegmas también varía, presentamos a continuación algunas de las sentencias más conocidas. De Cleobulo: “cosa óptima la mesura” (métron áriston), “estar bien de cuerpo y alma”, “ser amigo de escuchar, no charlatán”, “aconsejar lo mejor a los ciudadanos”, “no hacer nada con violencia” y “educar a los hijos” [cfr. T 6]. De Solón: “nada en demasía” (medèn ágan), “evita todo placer, cualquiera fuere, que engendre aflicción”, “no mientas, di la verdad” y “respeta a los amigos”. De Quilón: “conócete a tí mismo” (gnôthi sautón), “no hables mucho cuando bebes, pues te equivocarás”, “que tu lengua no aventaje a tu mente”, “domina el ánimo” (thymoû krateî) y “obedece a las leyes”. De Tales: “recuerda a los amigos, tanto presentes como ausentes”, “cosa difícil conocerse a sí mismo”, “cosa dañina el desgobierno (akrasía)”, “enseña y aprende lo mejor”, “no estés inactivo, aun cuando fueres rico” y “no confíes en todos”. De Pítaco: “conoce el momento oportuno” (kairòn gnôthi) y “confiable la tierra, poco confiable el mar”. De Bías: “ama la prudencia”. De Periandro: “cuida el universo” (meléta tò pân), “democracia, mejor que tiranía”, “los placeres, mortales; las virtudes, inmortales” y “cuando estés en la desdicha, ocúltalo para no alegrar a tus enemigos”.


  1. Busine, Aude, Les sept sages de la Grèce antique. Transmission et utilisation d’un patrimoine légendaire d’Hérodote à Plutarque, París, De Boccard, 2002, p. 11.
  2. Cassin, Barbara (dir.), Vocabulaire européen des philosophies. Dictionnaire des intraduisibles, París, Seuil, 2004, s. v. sagesse.
  3. Cfr. Hesíodo, Trabajos y días 50-58, Teogonía 508-534 y Platón, Protágoras 321c-322a.
  4. Cfr. Chantraine, Pierre, Dictionnaire étymologique de la langue grecque. Histoire des mots, París, Klincksieck, 4 vol., 1968-1977, s. v. sophós y LSJ, s. v. sophós. Véase también Píndaro, Píticas 5. 115, Nemeas 7. 17 y Esquilo, Suplicantes 770.
  5. Cfr. Píndaro, Ístmicas 5. 28-29; Esquilo, Prometeo encadenado 62, 944; Heródoto, Historias I 29. 3, II 49. 6 y Platón, Protágoras 316d-e, República 596d.
  6. Cfr. Hipias mayor 281c y Cármides 164e-165a, donde hay referencias a algunos de los sabios y a las sentencias que se les han atribuido.
  7. Cfr. Diels, Hermann y Kranz, Walter, Die Fragmente der Vorsokratiker, Berlín, Weidmann, vol. 1, 1954 (1° ed.), pp. 61-66.


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