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Entrevista

Gubernamentalidad y más allá

Colin Gordon, Martina Tazzioli y William Walters

Esta es la traducción de una entrevista publicada originalmente en el libro Handbook on Governmentality, editado por Martina Tazzioli y William Walters. Agradecemos a ambos, así como a Colin Gordon y a Daniel Mather de la Editorial Elgar Publishing Limited por permitirnos traducirla y publicarla en este libro. Colin Gordon es uno de los protagonistas de la introducción de M. Foucault al mundo angloparlante y ha tenido una importancia decisiva en la conformación de una perspectiva de trabajo focalizada alrededor de la noción de gubernamentalidad. Junto a otros colegas hemos tenido la oportunidad de traducir el capítulo introductorio que escribió para el libro fundacional, The Foucault Effect, y cuya publicación fue acompañada con una entrevista a su autor. Ambos materiales pueden consultarse en el volumen 10 de la Revista Nuevo Itinerario, del año 2015, disponible en https://revistas.unne.edu.ar/index.php/nit/issue/view/128 [Aldo Avellaneda y Guillermo Vega]


El trabajo de Colin Gordon ha sido fundamental para dar forma a la recepción y comprensión del pensamiento de Michel Foucault sobre el poder y la gubernamentalidad en el mundo de habla inglesa y en otros lugares. Su labor editorial, sus influyentes ensayos e intervenciones, y sus traducciones de Foucault han sido, durante más de cuatro décadas, decisivos para estimular los estudios sobre el pensador francés e influir en la forma en que innumerables investigadores han abordado cuestiones relativas a la gubernamentalidad y la genealogía. Esta conversación abarca una serie de temas que incluyen el papel de Gordon en la histórica publicación The Foucault Effect, sus pensamientos sobre el neoliberalismo y la política de la posverdad, su opinión sobre el surgimiento de los estudios en gubernamentalidad, sobre el trabajo de Foucault y su relación con una genealogía de lo político y de cómo nuestras nociones de política y poder (incluso la de gubernamentalidad) requieren actualizarse para comprender nuestro presente (hasta el Brexit).

La conversación comenzó con una reunión por videoconferencia que tuvo lugar el 7 de diciembre de 2021. El material que sigue ha sido ampliado significativamente por Colin Gordon y editado por nosotros (Martina Tazzioli y Williams Walters).

WW. The Foucault Effect es ampliamente considerado como la compilación que puso la temática de la gubernamentalidad en el mapa de las ciencias sociales de habla inglesa, llamando la atención sobre toda esta dimensión del pensamiento de Foucault. Rememorando el impacto de ese libro, treinta años después, ¿cómo describirías su efecto, o tal vez el efecto de la gubernamentalidad?, ¿cuáles fueron sus logros y cuáles sus defectos, si los hubo?

Tal vez sea más fácil responder volviendo a contar una historia. The Foucault Effect (en adelante TFE) fue una secuela y efecto secundario del volumen anterior que edité, que también fue publicado originalmente por Harvester Press, Power/Knowledge (1980). Cuando contacté a Foucault para proponerle una colección de traducciones de sus entrevistas recientes y escritos breves, me puso en contacto con los editores que acababan de hacer lo mismo en italiano: Giovanna Procacci y Pasquale Pasquino. Eran jóvenes investigadores italianos, ambos con sede en París, que participaban en el seminario de Foucault. Los contacté rápidamente y llegué a conocer su trabajo, y ellos a su vez pronto me presentaron a Jacques Donzelot y Robert Castel, dos sociólogos franceses que publicaron en esa época obras innovadoras estrechamente influenciadas por Foucault. Poco después conocí a Daniel Defert y François Ewald, compañero de Foucault el primero y asistente el segundo, así como sus respectivas investigaciones. Por casualidad escuché la conferencia de Foucault del 1 de febrero de 1978 sobre la gubernamentalidad, justo después de llegar a París para una estancia de investigación. Recuerdo haber intercambiado miradas con amigos presentes en el auditorio y compartido la misma reacción inmediata tácita de ‘¡esta es la próxima gran idea…!’. Junto con Graham Burchell, que fue mi supervisor de tesis en Oxford, y Peter Miller (que se interesó tempranamente en el trabajo de Castel), pudimos publicar y discutir la producción de este grupo parisino en torno a Foucault en una revista que coeditamos, y en la que publicamos además el trabajo de Ian Hacking, que conocía y tenía algunas claras afinidades con Foucault. Así que casi todos los ingredientes de The Foucault Effect fueron proporcionados a través de estas personas y proyectos interconectados, y lo fuimos descubriendo de manera acelerada en unos pocos años a finales de los 70, en parte traducidas para su publicación en la revista Ideology and Consciousness (Y&C).[1]

La década que transcurrió entre estos episodios y la salida de TFE fue un período de lo que ahora se podría llamar de curaduría y superación de obstáculos, el principal fue que Foucault tuvo la mala idea de morir en 1984, momento en el que no teníamos un contrato escrito para el volumen, y era probable que hubiera problemas sobre derechos y permisos para un trabajo extendido sobre sus conferencias, teniendo en cuenta lo que entonces se sabía de los términos de su testamento. No estaba nada claro en ese momento que habría ediciones autorizadas de las conferencias del Collège de France. Durante esos años continuaron apareciendo otros materiales importantes de Foucault, tardíos y póstumos, aunque entonces no teníamos los Dits et Écrits ni las excelentes ediciones autorizadas de los cursos sobre gubernamentalidad que aparecieron en francés recién en 2004. Todavía es un misterio la poca atención a estos cursos en Francia en los años siguientes, o incluso antes de la muerte de Foucault. Como sabemos ahora, Foucault estaba planeando en 1984 volver a los problemas de gubernamentalidad moderna y acababa de comprometerse a cosupervisar un conjunto de proyectos de doctorado en Berkeley sobre el gobierno en el siglo 20.[2] No está claro si Foucault estaba específicamente pensando en ese momento revisitar su trabajo anterior sobre el neoliberalismo.

Los autores reunidos en ese libro no habían publicado juntos luego de la muerte de Foucault, e incluso siguieron caminos diferentes y principalmente separados, cada uno produciendo distinguidas obras con diversos grados de parentesco o filiación abierta respecto al pensamiento de Foucault. Uno de ellos prometió no volver a hablar conmigo si incluía su trabajo en nuestro volumen junto al de otro colaborador, y me comentó irónicamente años después la sorpresa de descubrirse a sí mismo como un practicante de los “estudios en gubernamentalidad”.[3] El libro no se habría realizado sin muchas conversaciones reales e imaginarias, desde Tübingen y Cerdeña hasta el campo de batalla de Princeton, y algunas amistades preciosas y duraderas.

Hasta donde recuerdo, el libro no tenía exactamente la intención de lanzar o crear algo llamado “estudios en gubernamentalidad”. Lectores astutos han notado a lo largo de los años que la noción de “gubernamentalidad” y las ideas en los cursos de Foucault no se evocaban específica ni explícitamente en la mayoría de las otras contribuciones contemporáneas. En el momento de su largamente esperada publicación, los borradores de los materiales más nuevos que la incluían habían circulado en privado durante un tiempo y es posible que hayan influido en algunas investigaciones y publicaciones. Fue Peter Miller quien tuvo la idea de subtitular el volumen “estudios en gubernamentalidad”, un brillante concepto de marketing que bien pudo haber ayudado performativamente a crear su referente. La intención del libro, tal como lo veía, era compartir de modo amplio un cuerpo coherente de contenido de investigación innovador, tanto de Foucault como de varias otras manos talentosas, y tratar de destilar de este trabajo la fórmula de un nuevo enfoque crítico del presente y su historia. También fue, al menos fugazmente, un intento de situar este estilo de investigación en una república ecuménica de diálogo con otros interlocutores contemporáneos relevantes, como Koselleck y los historiadores del pensamiento político de la escuela de Cambridge (particularmente el proyecto del King’s College sobre “riqueza y virtud”). El capítulo de Graham Burchell en TFE profundizó la exploración de las resonancias entre la gubernamentalidad y los paradigmas de investigación de Cambridge. Un colaborador del libro, Pasquale Pasquino, que trabajó estrechamente con Foucault durante un tiempo alrededor de 1978, desarrolló vínculos de cooperación con estos otros centros y corrientes, incluido un trabajo contemporáneo innovador en los estudios sobre Weber. Keith Tribe ha producido una obra significativa dentro y con respecto a este mismo campo de conexiones. Durante los años 80 escribí sobre los intereses y afiliaciones weberianas de Foucault como trasfondo del tema de la gubernamentalidad.[4] A partir de evidencia anecdótica y conversaciones a lo largo de los años, he tenido la impresión de que nuestro volumen ha sido bastante efectivo para comunicar estas perspectivas y resonancias a una nueva generación de investigadores. Los “estudios en gubernamentalidad” y aquello en lo que se han convertido son otra cosa, más diversa y variada, y otros están mejor posicionados para hablar al respecto.

La otra observación que haría sobre mi texto introductorio a TFE es que su ambición no era sólo capturar la originalidad metodológica y conceptual distintiva, la coherencia y la similitud de las piezas allí reunidas, y conectarlas con los desarrollos subyacentes en el trabajo posterior de Foucault, sino también proporcionar un marco histórico narrativo coherente en el que se pudieran ubicar diferentes estudios individuales, vinculados y puestos en comparación con otras líneas y otras agendas de investigación histórica contemporánea, estimulando así potencialmente nuevas investigaciones y conexiones. En varios intervalos en el período posterior ha habido algunos signos alentadores de que tales nuevas síntesis son realmente posibles.

MT. Para continuar esta reflexión sobre TFE a los 30 años, tu capítulo introductorio a la colección es uno de los primeros lugares donde los estudiosos de Foucault junto con un público lector más amplio habrían tomado contacto con algo que seguramente los llenó de sorpresa a principios de la década de 1990: el hecho de que Foucault pronunció una serie completa de conferencias sobre algo tan contemporáneo como las cuestiones del neoliberalismo. ¿Cuál es el significado de las reflexiones de Foucault sobre el neoliberalismo?, ¿y cómo le das sentido al neoliberalismo hoy?

En mi contribución al libro solo pude capturar, en el mejor de los casos, fragmentos del significado de las extraordinarias conferencias de Foucault de 1978 y 1979.[5] Eso también se aplica, por supuesto, a su tratamiento del neoliberalismo. Foucault estuvo décadas por delante de gran parte de la izquierda intelectual en su comprensión de aspectos clave del neoliberalismo y de la importancia y gravedad de sus desafíos. La izquierda de la época apenas reconoció el neoliberalismo, y como se ha visto obligada tardíamente a hacerlo, ha pretendido que el neoliberalismo apenas existía como una entidad descriptible en la época de Foucault, mientras que este ya estaba esbozando una historia que se remonta a más de cuatro o cinco décadas. Pero muchas otras historias académicas y críticas del neoliberalismo también han tardado mucho tiempo en llegar a la escena. La publicación posterior de las conferencias de Foucault se superpuso con la aparición de nuevas historias del neoliberalismo informadas por archivos, cuyos autores en muchos casos sólo entonces descubrieron a Foucault como un precursor significativo. Uno necesita aquí, por supuesto, recordar siempre que, aunque Foucault rutinariamente ahora recibe el elogio de la anticipación por esta parte de su trabajo, tal anticipación no es profecía y que no nos dio la historia del neoliberalismo desde 1979. Nadie es tan perfecto.[6] Incluso, debería decirse, ningún colaborador o sucesor de Foucault se comprometió a hacer esto.[7] Aquí hay un problema epistemológico delicado que también surge cuando se trata de discutir el Brexit. Nikolas Rose, el principal organizador de los estudios en gubernamentalidad, optó por rechazar el neoliberalismo como una categoría clave en el estudio de las racionalidades gubernamentales recientes, y decidió sustituirlo por la alternativa novedosa de “liberalismo avanzado”. Ahora sabemos que los propios neoliberales tomaron la temprana decisión de rechazar el uso público del término neoliberalismo. Hasta hace muy poco se decía que esta era una etiqueta polémica, no científica, utilizada solo por críticos de izquierda mal informados de lo que de hecho es la corriente principal, la economía neoclásica ortodoxa. Este camuflaje defensivo ha sido abandonado y después de la crisis de 2008 el debate ahora tiende a centrarse no en si el neoliberalismo es una cosa (o varias cosas), sino en si es una cosa o una ex-cosa cuyo tiempo ha terminado o está terminando (spoiler: la respuesta es no). También sabemos ahora, desde la aparición del innovador volumen colectivo The Road from Mont Pelèrin (2009), que los neoliberales se organizaron desde el período inmediato de la posguerra como una red internacional coordinada y semiprivada de instituciones que implementaban un programa de ideas, desarrollo de políticas públicas y propaganda explícitamente destinado a penetrar y colonizar la política en concertada oposición a las orientaciones del New Deal y el Estado de Bienestar. Desde la década de 1940, pero cada vez más a partir de los años 60 y 70, esta agenda transgeneracional contínua fue impulsada por fondos a gran escala provenientes de una serie de magnates de negocios estadounidenses, súper ricos, proactivos e ideológicamente motivados; los más conocidos y significativos de los cuales durante un período prolongado (y continuo) fueron Charles y David Koch, magnates del petróleo, el gas, la industria y la minería. La periodista de investigación que ha escrito la principal historia existente de esta red, Jane Mayer, la ha llamado, en reconocimiento a su tentacular multiplicidad y alcance, Kochtopus.

Foucault dijo poco o nada sobre la contribución del neoliberalismo al surgimiento de la Unión Europea, que de hecho no se estableció por tratado bajo ese nombre hasta casi una década después de su muerte. Estableció ciertas distinciones claras entre la variante alemana del neoliberalismo de posguerra y aquella algo posterior en Norteamérica. Sus comentarios sobre el papel clave del ordoliberalismo alemán en la formación del nuevo estado de Alemania Occidental claramente también tienen relevancia y aplicabilidad al desarrollo posterior de un orden de mercado institucional europeo compartido.[8] Investigadores recientes han destacado que las respuestas neoliberales a la Unión Europea han sido variadas y muy diversas.[9]

Foucault, hasta donde sabemos, trabajando a partir de las fuentes primarias y secundarias entonces disponibles, no conocía plenamente las actividades y estrategias contemporáneas de la Sociedad Mont Pelèrin, aunque mostró un gran interés en las biografías, conexiones e interacciones de los primeros neoliberales. Sin embargo, hay un comentario interesante, breve y poco notado en su discusión sobre el neoliberalismo estadounidense, cuyo significado comprendí mucho más tarde y después de leer el libro Democracy in Chains (2017) de Nancy MacLean. Aquí es donde Foucault menciona al American Enterprise Institute (AEI), uno de los primeros actores importantes en la red de think tanks fundamentalistas de mercado, y su “cinismo de mercado” [cynisme marchand] con respecto a los motivos e intereses de los gobernantes y actores del servicio público. Esto parece ser una alusión muy condensada a una tesis clave de la “escuela virginiana” del neoliberalismo, también conocida como teoría de la “elección pública”, cofundada por el economista y teórico político James Buchanan. De hecho, la teoría de la elección pública propagó una visión radicalmente cínica de los motivos e intereses venales de los funcionarios estatales electos y los burócratas, a quienes consideraba principalmente interesados en explotar sus posiciones públicas monopólicas para la extracción de ganancias privadas (o “rentas”). Algunas de las opiniones de Buchanan sobre la corrupción pueden haber sido influenciadas por un año que pasó en su carrera temprana como investigador visitante en Italia. Buchanan llamó inicialmente la atención pública ofreciendo un dispositivo económico para facilitar la integración escolar en Virginia por medio de un programa de privatizaciones escolares. La cuasi equivalencia que la drástica crítica económica de la escuela de Virginia propuso entre la acción estatal y la corrupción fue reforzada por una posición teórica que negaba la realidad de un interés público y la legitimidad de una esfera institucional de decisión democrática vinculada a este. La breve referencia de Foucault al AEI remite ajustadamente a la conexión entre las doctrinas neoliberales y los antagonismos económicos a los impuestos empresariales impulsados por el Estado, las leyes antimonopolio, la salud pública, la acción climática, el principio de precaución, la protección del medio ambiente y los derechos sindicales.[10]

Uno de los temas importantes del notable libro de Nancy Maclean es la gran dificultad y el largo esfuerzo que implicó para la derecha empresarial estadounidense hacer retroceder el apoyo público y la demanda de un Estado de Bienestar activo y protector en las décadas de posguerra. En años más recientes, el descrédito público de lo político, de los políticos, de la agencia y de la acción pública, se ha convertido en un cuasi hecho incuestionable y axiomático del discurso mediático y de la ciencia política. Lo que tanto Mayer como Maclean nos muestran es que esta realidad o pseudo-realidad es, de hecho, el resultado de esfuerzos prolongados e intensos para influir y cambiar las opiniones. Cualesquiera que sean sus otras fuentes, la sospecha pública de lo público ha sido el objetivo y, al menos en parte, el producto de una campaña ideológica persistente y con muchos recursos que se dirigió no solo al electorado de masas, sino también a las instituciones y actores del derecho, la economía y el propio gobierno. La campaña masivamente financiada y sostenida de las ideologías de “elección pública” y sus exponentes logró una doble victoria que aún impide seriamente la resistencia a las ofensivas Brexit-trumpianas: mediante una especie de operación globalizada de astroturfing, en primer lugar comunicando con éxito al público una desconfianza hacia la política y la acción pública, y, en segundo lugar, creando una suposición coincidente entre los comentaristas de que este cambio de actitudes populares es un hecho profundo e incuestionable de la vida colectiva contemporánea.

Los investigadores han encontrado una gran cantidad de evidencia de fuertes filiaciones estratégicas y personales entre un grupo de presión y think tanks patrocinados por Estados Unidos con sede en Londres que impulsaron el Brexit y el conjunto más vasto de máquinas de proselitismo y posverdad (apoyadas en décadas de experiencia en desinformación organizada adquirida por las industrias del tabaco y los hidrocarburos, entre otras) reunidas en los Estados Unidos por los Koch y otros.[11] El neoliberalismo es, más de lo que a menudo se reconoce, esencial para la comprensión del Brexit, pero a menudo también puede ser una fuente de ofuscación y confusión. El voto Brexit ha sido comúnmente enmarcado como una revuelta nacional populista por víctimas económicas de un orden internacional de globalización, del cual la UE fue percibida como la encarnación regional y el neoliberalismo como la ideología dominante; para algunos en la izquierda, la UE también representaba un régimen neoliberal intrínsecamente hostil a la igualdad y la solidaridad. La mayor parte de los negocios, las finanzas y la industria del Reino Unido, que opera con éxito dentro del mercado único, se opuso al Brexit. La UE, con su inmenso mercado único, implementa ciertos elementos del neoliberalismo, tiene algunas ideas ordoliberales escritas en su orden fundacional, y ha sido, como la mayoría de los Estados, permeable a las “reformas” neoliberales y a los sistemas de gobernanza de maneras que la izquierda ha denunciado a menudo. Sin embargo, se ha prestado relativamente poca atención a la importancia estratégica clave de una red de vínculos que conecta la campaña Brexit del Reino Unido con una red global centrada en Estados Unidos de intereses proempresariales, hidrocarburos, fundamentalistas de mercado y antiestatales, cuyos motivos para el antagonismo hacia la Unión Europea han sido evidentes y múltiples. No describiría el Brexit como un conflicto de gubernamentalidades, pero podría no ser erróneo verlo en parte como un conflicto entre fuerzas globales y proyectos diversamente influenciados por agendas e ideas neoliberales. Lo que nosotros, los británicos, en nuestra vana complacencia post-imperial, todavía no registramos es hasta qué punto el proyecto ostensiblemente nacionalista del Brexit ha sido impulsado y patrocinado por actores oligárquicos y cleptócratas externos: en particular, la dura derecha empresarial liderada por Estados Unidos y Vladimir Putin (él mismo el producto, jefe y rentista de un estado mafioso facilitado por Estados Unidos y atendido por el Reino Unido).

Un proyecto como el Brexit o la presidencia de Trump no es una guerra dentro de la gubernamentalidad, es una guerra contra la gubernamentalidad. En la notoria frase de Steve Bannon, es “la deconstrucción del Estado administrativo”. Este es el gobierno del desastre, el despliegue militante y la aplicación del capitalismo del desastre. La existencia de la UE en esencia ofende a los Koch, Mercers y Murdoch, exactamente como el gran Estado estadounidense de mediados y finales del siglo 20, porque es una institución de gubernamentalidad fundada en la ley. El mercado único es un espacio regulador y fuertemente regulado. Restringe (hasta cierto punto) el poder del monopolio (incluida la tecnología y los datos), limita la contaminación, persigue la evasión fiscal y el lavado de dinero, y generalmente impide el saqueo y el robo de bienes y activos públicos por parte de actores privados.[12] Se dice que Rupert Murdoch explicó concisamente su objeción a la UE de la siguiente manera: “Cuando entro en Downing Street hacen lo que digo; cuando voy a Bruselas no se dan cuenta”. Como ahora es obvio, el propósito del Brexit nunca fue restaurar la soberanía o la independencia del Reino Unido, o conferir beneficios a sus ciudadanos, es desarmar y deconstruir la UE, y, a través de la UE, muy probablemente todo el orden internacional regulatorio capaz de impedir un poderoso interés comercial. El Brexit encaja muy bien con el modelo descrito por Naomi Klein en The Shock Doctrine (2007): los mercenarios del golpe del Brexit (algunos extraídos de una industria de consultoría de servicios del Reino Unido que exporta habilidades en operaciones psicológicas, políticas y de fraude electoral), los personajes similares a Oliver North como Dominic Cummings de Vote Leave, la receta de la sorpresa, la conmoción, la intimidación, la fuerza material y técnica, la autoridad privatizada, la ilegalidad despiadada y la amenaza violenta. Para una mejor comprensión de los elementos de violencia siempre inherentes al neoliberalismo, estamos en deuda con una generación de académicos activos desde que Foucault nos dejó, al menos uno de los cuales también es un lector reflexivo de Foucault, Will Davies.

Las prácticas de “crítica de mercado” del sector público que Foucault menciona en 1979 evolucionan posteriormente hacia procesos de penetración, transformación y captura. A partir de la década de 1980, la “Nueva Gestión Pública” prescribió lógicas y normas basadas en el mercado para la acción pública; en el Reino Unido, una flotilla de importantes empresas de consultoría se adjudicó contratos estatales para la prestación y gobernanza de sectores crecientes de servicios públicos. Abby Innes comenta: “muchas de las responsabilidades centrales del Estado británico se han subcontratado a las empresas que ahora constituyen el ‘sector de la industria de servicios públicos’. Un tercio del gasto del gobierno central está actualmente tercerizado. Como resultado, el Estado es poroso a los intereses comerciales en un grado que es excepcional entre las democracias establecidas”. “El problema es estructural… La ‘captura corporativa del Estado’ es el punto más alto de la corrupción política, cuando los intereses privados pueden manipular el proceso legislativo a su favor”.[13] Acompañando a la captura del Estado, nos encontramos con nuevos episodios de fracaso estatal: el abandono explícito del principio de prevención, la degradación de las precauciones pandémicas, la subcontratación corrupta y fallida de la provisión de EPP Covid-19 y el servicio de seguimiento y localización del NHS, y, por supuesto, la suspensión total de la racionalidad económica del estado en la negociación e implementación del Brexit. Los “cínicos del mercado” de Foucault están ahora en el poder, incrustados en el corazón del Estado.

WW. Sus respuestas han tocado varias veces el Brexit. Usted ha estado muy involucrado no solo en el análisis académico del Brexit, sino en el movimiento político en su contra. ¿Cómo ha influido esa difícil experiencia en tu pensamiento sobre el poder y la política?

El Brexit interrumpió algunos proyectos que tenía entonces entre manos, incluidas cosas que venimos discutiendo. Algunos de esos proyectos han llegado a parecer un poco menos urgentes o importantes a la luz de lo que está ocurriendo ahora. En el momento en que el voto Brexit rompió nuestra paz arcadiana, estaba coordinando con Patrick Joyce un grupo de discusión sobre Foucault, la vida política y la historia, y tuvimos discusiones teñidas de Foucault con una amplia gama de excelentes colaboradores sobre Brexit, neoliberalismo, “populismo” y estudios poscoloniales.[14] Soy uno de los que el impacto del Brexit ha llevado recientemente a la campaña política organizada de maneras a veces nuevas y no acostumbradas. Muchos de nuestros mejores observadores políticos contemporáneos –Timothy Snyder, Roberto Saviano, Judith Butler, Ece Temelkuran– han reflexionado, basándose en la experiencia y la investigación de primera mano, sobre las técnicas contemporáneas de corrupción política y defensa democrática. Estamos pensando en una nueva situación de crisis importante y tenemos que pensar esta crisis para elaborar una respuesta política. El Brexit es un desafío tanto intelectual como político, una experiencia que también es una prueba. Los ciudadanos del Reino Unido ahora están experimentando a través del Brexit su variante de algo que viene en forma relacionada, asociada con varias fuerzas, en todo el planeta: Trump, Salvini, Zemmour, Bolsonaro, Erdogan, Modi, Johnson, Bannon, Orban, Farage. ¿La gubernamentalidad nos ayuda a entender el Brexit? Algunos de nosotros aprendimos de Foucault en los años 70 o después a pensar en las políticas de la verdad, ¿nos ha ayudado esto a pensar en la política de la posverdad?

Creo que, con honrosas excepciones, la respuesta académica, intelectual y política al Brexit en el Reino Unido ha sido bastante débil, y es una cuestión de opinión si esto se debe más al debilitamiento o a la intimidación, y si esto se debe a su vez a un vaciamiento prolongado de la cultura pública nacional, o vicios inherentes que un largo período de buena fortuna había permitido que permanecieran latentes y relativamente inofensivos. No diría que la comunidad de estudios de Foucault ha sido una excepción notable a esta generalización.

Los libros que he encontrado que arrojan más luz sobre la naturaleza y los orígenes del Brexit no son principalmente sobre el Reino Unido, no son sobre Brexit y no mencionan a Foucault.[15] Una labor importante que aborda las fuentes y los actores del Brexit a menudo ha sido el trabajo, a veces bajo riesgo y costo personal, de periodistas de investigación no académicos, informantes y trabajadores de campaña.[16]

La excelente corresponsal de televisión alemana con sede en Londres, Annette Didott, tuiteó, respondiendo a una reciente osadía del actual régimen del Brexit en el Reino Unido: “no hay gobierno en este gobierno”. De la misma manera, se puede decir que no hay gubernamentalidad en el Brexit, ni gobierno ni racionalidad. En los pasos de Quentin Skinner[17] podríamos volver al vocabulario del gran fresco de Siena, de Ambrogio Lorenzetti: lo que tenemos es malgoverno, mal gobierno: no un poder pastoral, sino un poder que es intrínsecamente depredador, que es a la vez esencialmente extractivo y criminal, mendaz e indiferente o maligno para la vida. Achille Mbembe introdujo el término “necropolítica”, con referencia principalmente a ciertos regímenes poscoloniales. Hoy también deberíamos estar hablando de una incidencia cada vez mayor de cleptopoder necropolítico, y no sólo en lo que respecta al mundo poscolonial. En este momento, en el corazón de los genocidios europeos del pasado, somos testigos de un retorno de la guerra genocida agresiva. En algunas partes de nuestro mundo contemporáneo puede parecer que nos estamos moviendo hacia una era de post-gubernamentalidad.

Sin embargo, si consideramos que el Brexit, como el episodio trumpiano en Estados Unidos (incluido el ataque al Capitolio), pertenece a la categoría de golpes de estado (como también a la categoría superpuesta de intervenciones de la doctrina del shock), ¿se coloca fuera del campo de inteligibilidad de la perspectiva de la gubernamentalidad? Escuché una charla dada poco después del Brexit en el St Antony’s College, en Oxford, por el ex alto funcionario Sir Ivan Rogers, el recientemente defenestrado jefe experto de Europa y embajador ante la UE del gobierno del Reino Unido, contando la conmoción de encontrar, instalado en el corazón del gobierno, la mentalidad revolucionaria de los ideólogos del Brexit de núcleo duro. Confrontado por revolucionarios en la oficina ejecutiva capturada, este sumo sacerdote de la racionalidad gubernamental aplicada no encontró otra alternativa a la salida. Uno de estos ideólogos, Dominic Cummings, un charlatán y sociópata autodidacta polímata, se inspira en la doctrina táctica de los pilotos de combate de la USAF ideada por el coronel John Boyd, la doctrina de una técnica de ataque rápido que supera e interrumpe el ciclo de percepción, decisión y acción del oponente.[18] En sus conferencias de 1978, Foucault describe el Estado policial moderno temprano como un “golpe de estado permanente”, citando las Consideraciones sobre los golpes de estado del siglo XVII, de Gabriel Naudé: “con los golpes de Estado, vemos el rayo antes de escucharlo retumbar en las nubes”. En los golpes de Estado, “los maitines se dicen antes de que suenen las campanas, la ejecución precede a la sentencia, el que pensó golpear recibe el golpe, el que se creía a salvo muere, otro sufre males que nunca soñó, todo se hace de noche, en la oscuridad, en la niebla y la sombra”.[19] Según Albert Hirschman, los golpes de Estado cayeron en desgracia durante la Ilustración porque la economía política enseñó que los actores estatales siempre carecerán del conocimiento preciso y exhaustivo necesario para que las intervenciones ejecutivas detalladas logren el efecto deseado.[20] En la era de Facebook, con el advenimiento de la microsegmentación y el matrimonio de las tecnologías militares y publicitarias, tales limitaciones supuestamente ya no se aplican. La élite gubernamental, académica y mediática británica, ya parcialmente corrompida y agotada por décadas de asalto neoliberal y cleptócrata, de hecho parece haber tenido sus capacidades de respuesta sobrecargadas por el ataque sorpresa del Brexit.[21] Sin embargo, los fundadores del neoliberalismo de entreguerras, un siglo antes de Cambridge Analytica e incluso antes del Tercer Reich, ya eran muy conscientes de las potencialidades desestabilizadoras de la manipulación tecnológica de la opinión pública de masas. Walter Lippmann y sus amigos se preocuparon precisamente por el uso inquietantemente efectivo de la propaganda de guerra del gobierno durante la 1ª Guerra Mundial, y por el peligro de un populismo demagógico armado con técnicas similares. Su solución fue un régimen oficial de verdad determinada por expertos, difundida para lograr la “fabricación del consentimiento” a través del “arte de la persuasión”. La excelente historia del neoliberalismo de Angus Burgin se titula acertadamente The Great Persuasion (2012).

En sus conferencias de 1978, Foucault señala cómo la temprana invención moderna de la razón estatal y un pastorado secular van de la mano desde el principio con la gestión de las noticias estatales, la censura y los esfuerzos del régimen en la vigilancia y el control de la conducta y la opinión personal.[22] Arlette Farge, coautora de Foucault en Disorderly Families, la antología anotada de lettres de cachet (cartas de ciudadanos comunes solicitando al monarca que internara a un cónyuge o hijo errante), escribió un excelente libro vinculado a todo eso, Subversive Words, sobre la opinión pública del siglo XVIII y el rumor capturado y, a veces, contraproducentemente avivado por los esfuerzos de los espías de la policía. La gubernamentalidad, como conducción racional de las conductas, no había estado acompañada antes de artes controvertidas de mensajes y censura.[23]

Una respuesta de investigación adecuada al Brexit deberá incluir la explicación de la falta o el fracaso de las defensas sistémicas contra los ataques generalizados a la verdad y la razón pública. Si uno reconoce adecuadamente la relación especial entre la operación Brexit de captura estatal y la máquina de guerra oligarca estadounidense, tiene que abandonar dos creencias centrales de la élite del Reino Unido:[24] la creencia en la autonomía esencial de la política británica y la creencia en su resiliencia esencial frente a la invasión y captura conspirativa, y más aún, la negación efectiva de la existencia fuera del ámbito de la imaginación de los teóricos de la conspiración, de las empresas conspirativas como un factor significativo en los principales eventos históricos. La escuela de política de la Universidad de Cambridge llevó a cabo recientemente un proyecto de varios años sobre teorías de la conspiración;[25] parecería que cualquier estudio equivalente de conspiraciones políticas contemporáneas hubiera sido epistemológicamente prohibido. Tal vez un consenso en la negación de la conspiración demuestre haber sido uno de nuestros errores más debilitantes. Ahora tenemos una historia útil de la Sociedad Mont Pelerin 50 años después de los eventos fundacionales. Sabemos que Suez fue una conspiración oculta realizada por una mentira organizada, la brecha de misiles de Kennedy una mentira orquestada, el incidente del Golfo de Tonkin expuesto por Johnson otra, todo definitivamente revelado sólo décadas después. ¿Cuándo sabremos cómo se consiguió y organizó el Brexit?, ¿qué tan pronto decidiremos averiguarlo?

Junto a la producción organizada y la imposición de la posverdad, la experiencia del Brexit hasta la fecha pone en primer plano un tema que contrapuntísticamente acompañó al de la gubernamentalidad en la obra tardía de Foucault, el tema de la parrhēsia o discurso veraz [fearless speech], y su ausencia: fracasos para hablar libremente vinculados a la corrupción, la obediencia, el conformismo y la intimidación, extendiéndose a la colusión activa en materia de desinformación. El acertijo democrático expuesto por los atenienses todavía tiene que ser consultado, ahora como una cuestión de urgencia práctica: ¿cómo se puede distinguir a un charlatán de un sabio, a un adulador de un amigo?, ¿y qué condiciones internas o externas (valor para los accionistas, juventud, vejez o proximidad de la jubilación) permiten o inhiben el discurso veraz de una persona determinada en un momento dado?

Contrarrestando la posverdad, surgen nuevos narradores de la verdad. El Diógenes de hoy, un galés estentóreo con un sombrero de copa, un megáfono gigante y un par de pancartas, merodea por las calles fuera de Westminster e interroga o interpela a cada político del gobierno que pasa a pie o en automóvil. Las personas organizan una red de periódicos ciudadanos comunitarios, realizan, planifican y publican, en cantidades significativas, periodismo de investigación ciudadana. ¿Son estas contraconductas y voces ciudadanas un posible correctivo a los principales medios de comunicación domesticados y silenciados, o un antídoto contra el diluvio del spam pagado del régimen en las redes sociales?, ¿con qué prácticas se detiene y se revierte el robo de una democracia?

WW. Nos parece que una gran parte de la erudición de la gubernamentalidad se ha centrado en cuestiones de regulación y gobernanza, y bastante menos en la política y lo político. Has escrito y dado conferencias sobre la idea de una genealogía de la política. ¿Podrías explicar esta idea y comentar si ofrecería algo de correctivo a este desequilibrio?

Como una observación cruda de la sociología académica, la penetración departamental de la agenda de gubernamentalidad, al menos en la mayor parte de la angloesfera, parece haberse realizado principalmente en sociología junto con áreas adyacentes y superpuestas en estudios literarios, de género, feministas y poscoloniales, y mucho menos a través de la política, la historia, la economía o la filosofía. Los sociólogos pudieron en cierto momento haber internalizado esta demarcación al anunciar que la gubernamentalidad era esencialmente sobre la política y el poder en el trabajo, la vida y la sociedad, más allá del Estado y las instituciones políticas formales. (Esto puede haber ayudado inadvertidamente a alentar una opinión contraria entre los estudiantes y exponentes de la política de que la agenda inspirada en Foucault es, en efecto, si no también en intención explícita, despolitizante y políticamente desmovilizadora y, por lo tanto, en última instancia, más hostil que útil para la izquierda; una subvariante tenaz de esto, popular entre un sector de la izquierda académica, fue la afirmación mal informada de que Foucault degradó o ignoró la importancia política de la ley).[26] Hay un momento ahora famoso en las conferencias de 1979 donde Foucault dice muy sin disculpas que no tiene ni cree en una teoría del Estado, porque el Estado “no tiene esencia”, pero luego agrega que todavía se puede hacer perfectamente una historia del Estado, como una realidad específica que es resultado y efecto de múltiples factores y fuerzas, incluyendo concepciones y prácticas de gobierno.[27] Hay otro pasaje igualmente importante, pero mucho menos citado, donde Foucault se distancia de varias formas (que se encuentran tanto entre la izquierda como entre la derecha conservadora y neoliberal) de crítica radical del Estado como sede y centro del mal histórico y político.[28] (Esta observación clave parece haber sido pasada por alto por algunos comentaristas recientes, invirtiendo el punto de vista de Foucault del de un crítico agudo al de un adherente de la tendencia que él denominó “fobia al estado”).

La idea de “más allá del Estado” que fue clave en el posicionamiento del proyecto de estudios de gubernamentalidad de Nikolas Rose (cofundador de la revista I&C) y Peter Miller (nuestro coeditor de la revista I&C y de TFE, y un importante comentarista temprano del trabajo de Robert Castel) implica un elemento de ambigüedad, dependiendo de si “más allá” significa “así como” o “en lugar de”. La conferencia de gubernamentalidad de Foucault cambió su enfoque de la microfísica del poder en las instituciones disciplinarias, la prisión, la escuela, la fábrica o el asilo, a la macrofísica del gobierno de las poblaciones nacionales por poderes soberanos e instituciones, al tiempo que afirmaba que era posible una continuidad y coherencia a través y entre los análisis en estos niveles respectivos. La retórica de “más allá del Estado”, por otro lado, pone un énfasis deliberado en el derecho a un estatus analítico semejante por parte del nivel microscópico de objetos y prácticas, una retórica de las “pequeñas cosas” del gobierno (la entrevista de trabajo social, la evaluación de la psicología clínica, las creaciones de profesiones y especialidades): modestos estudios de actores más humildes que los mundos e investigaciones de las grandes teorías políticas, hechos históricos, poderes y políticas públicas. Estos estudios gubernamentales del detalle y las pequeñas cosas se enmarcaron como una especie de disciplina subalterna, una investigación desde abajo, mientras que la negación de temas políticos altos, prestigiosos y reconocidos se convirtió en una insignia de virtud y diferencia. En cierto sentido, uno podría tomar los estudios gubernamentales así definidos como un marco enriquecido para continuar haciendo los mismos tipos de análisis que ya habían sido inspirados por Vigilar y castigar, ya que la propia idea de Foucault de una historia de la gubernamentalidad (en mi modo de ver) también contempla una historia del Estado y lo político. Una historia del presente debe incluir tanto lo último como lo primero.

He argumentado en otra parte que uno debe evitar exagerar hasta qué punto la aparición del tema de la gubernamentalidad marca (después de un año en que Foucault se tomó un descanso sabático en su serie anual de conferencias) una ruptura radical en el pensamiento de Foucault.[29] Creo que, en particular, se puede ganar mucho al tratar las conferencias de 1976 y las conferencias de 1978-9 como una trilogía. Durante los años 80 visité la biblioteca jesuita de París, donde Foucault había trabajado, para escuchar las cintas de sus conferencias de 1978 y 1979 depositadas allí. Más tarde supe que durante este mismo período Anne Stoler había escuchado allí con una incomodidad auditiva similar las conferencias de Foucault de 1976 que reseñó, usó y criticó en su Race and the Education of Desire.[30] La continuidad de 1976 a 1978-9 es ahora evidente particularmente en términos de las nociones de Estado, nación e imperio. En 1979, Foucault dice que el Estado no tiene esencia y la nación, considerada como una colectividad autoconsciente y autónoma, es una especie de reacción y resistencia a la ciencia policial de la población. En 1976 Foucault habla de la nación en el pensamiento moderno temprano concebida como un proyecto, aliada a nociones o herramientas de voluntad y agencia histórico-política. En una entrevista japonesa grabada en abril de 1978, señala que el Estado durante mucho tiempo existe más como una ambición o como un ideal, una norma trascendental, un objeto de deseo, más que como capacidad real, y hay “una especie de sed gigantesca e irreprimible que fuerza a volverse hacia el Estado”;[31] la nación de manera similar es algo que tiene que ser construido o que tiene que construirse a sí mismo, como en la afirmación histórica de Sieyès y otros en nombre del Tercer Estado burgués, que es la única clase histórica que es capaz de construir la nación, (capable de nation).[32] Se podrían establecer vínculos fructíferos entre estas sugerencias y los libros de contemporáneos cercanos de Foucault como Inventing the French Revolution (1990), de Keith Baker, y The Beginning of Ideology (1981), de Donald R. Kelley. La construcción de la nación procede en contrapunto con la construcción del Estado. El historiador británico Patrick Joyce se ha basado en Foucault y otras fuentes para proponer una historia material del Estado imperial británico y sus herramientas, conductas y prácticas.[33]

Si se puede sospechar que la gubernamentalidad como fenómeno histórico podría estar ahora en su ocaso, esto también podría ser una razón para volver a la historia del Estado antes de su gubernamentalización, donde podemos redescubrir factores y configuraciones que tal vez estén en proceso de recurrencia en nuevas formas: la violencia original del poder como fundamento de la pacificación y la justicia y el monopolio del derecho soberano instrumentalizado como sistema de apropiación y extracción.

Otra observación que se debe hacer sobre TFE y lo que se convirtió en los “estudios en gubernamentalidad” es que en Foucault casi siempre se trata de una historia: la historia de la verdad, la historia del Estado, la historia de la gubernamentalidad y, por supuesto, la historia del presente. A menudo se supone que Foucault siempre tuvo malas relaciones con los historiadores, algo que en realidad estaba muy lejos de ser el caso.[34] El trabajo que se define a sí mismo como perteneciente a los estudios en gubernamentalidad, por otro lado, aunque abarca el concepto de una historia del presente como un credo crítico, rara vez parece considerarse o presentarse como una investigación histórica y tiende a no perseguir particularmente el diálogo con campos más amplios de investigación histórica.

Se podría decir que los estudios en gubernamentalidad, en sus formas desarrolladas conscientemente sobre la base de la independencia de la erudición y el comentario filológico de Foucault, han resultado estar definidos y limitados por un conjunto de aspectos negativos: evita la economía neoliberal y la economía neoliberalizada, evita el Estado y evita la historia y el contexto nacional histórico. Como se sugirió anteriormente, un hilo que vincula algunas de estas opciones puede haber sido una cierta conciencia de clase académica subalterna neo-bourdieusiana posicionada en oposición a los centros académicos nacionales y sus planes de estudio de entrenamiento y reproducción de élite.

Como dices en tu pregunta cuando mencionas una genealogía de la política, he argumentado en otra parte y he reunido indicios de que el proyecto de Foucault implicaba observar los estilos de carácter, conducta y capacidad, y las formas de sociabilidad de los actores y sujetos políticos, y que todo esto está implícito y encapsulado en su tema posterior del gobierno del sí y de los otros.[35] Sigo pensando que esta es un área clave si uno quiere llevar el proyecto de Foucault más allá (si uno no piensa que es una ambición fantástica o vana), pero los acontecimientos recientes nos obligan a pensar en esto ahora de diferentes maneras.

MT: Mientras que los estudios en gubernamentalidad en el Reino Unido han sido el resultado de debates académicos, en Italia el compromiso con la gubernamentalidad y el trabajo de Foucault de los años 70 se ha basado históricamente más en movimientos políticos (por ejemplo, Basaglia y el movimiento de ‘psichiatria democratica’). ¿Cómo lees estas dos trayectorias históricas diferentes?, ¿han influido en la forma en que hoy en día se moviliza la gubernamentalidad como una red analítica?

De hecho, había vínculos materiales e intelectuales entre el importante movimiento de “psiquiatría democrática” fundado en Italia por Franco Basaglia y una fase anterior en el trabajo de Foucault que iba desde la recepción de la Historia de la locura hasta el tema del saber/poder y la política de las prisiones. Uno de nuestros colaboradores de TFE, Robert Castel, estuvo estrechamente involucrado, junto con su esposa, la psiquiatra Françoise Castel, en la Red Europea de Alternativas a la Psiquiatría, dentro de la cual Psychiatria Democratica fue una de las principales fuerzas. Me ha sorprendido la afinidad que la gente en Italia ha visto entre el movimiento de Basaglia y el trabajo de Mimmo Lucano, el alcalde de la aldea de Calabria que creó un nuevo modelo comunitario de acogida de asilo (y actualmente es una de las víctimas de un enjuiciamiento escandaloso y políticamente motivado). El trabajo de Basaglia estaba profundamente vinculado al antifascismo, y el trabajo de Lucano a las luchas de base antifascistas y antimafia, en la tradición de Danilo Dolci.[36] Para algunos, estas resonancias se relacionan con la memoria de Foucault (quien también actuó y habló a favor de los refugiados y solicitantes de asilo),[37] tal vez más en términos de un estilo de compromiso moral, de simpatía y resistencia, que de un análisis o agenda política particular. El reciente movimiento italiano de las Sardinas, una campaña ciudadana que resiste específicamente la ofensiva populista xenófoba de Salvini y la Liga, fue muy interesante y alentador para aquellos de nosotros que resistimos el asalto similar del Brexit, especialmente porque fue iniciado y dirigido por jóvenes sin afiliaciones ideológicas o teóricas previas.

Por lo que sé, es justo decir que los estudios en gubernamentalidad (incluso, que yo sepa, en Italia, a menos que se cuente el infeliz caso reciente del filósofo Giorgio Agamben y el movimiento de resistencia a las preventivas y compulsivas de salud pública contra la pandemia de Covid-19) no han sido identificados o estrechamente asociados con un movimiento político radical específico, aunque sus exponentes son, en general, reconocibles en la izquierda progresista de centro en sus simpatías y compromisos. Esto no tiene por qué ser un reproche, pero tampoco es del todo sorprendente. Los estudios en gubernamentalidad pertenecen, aunque no sería justo asimilarlos a su ethos, a una era de triangulación, que abarca aproximadamente los puntos altos de los Nuevos Demócratas en los Estados Unidos y el Nuevo Laborismo en el Reino Unido. Los estudios en gubernamentalidad y los análisis críticos anteriores inspirados por Foucault habían tratado con las fuentes y componentes biopolíticos y disciplinarios del Estado de Bienestar socialdemócrata moderno; pero esto se hizo en un momento que resultó ser un período de crítica neoliberal significativa y retroceso de partes del Estado de Bienestar, además de una penalización y redisciplinarización cada vez más duras de las instituciones, profundizando la desigualdad, el empobrecimiento y la guerra de clases económica. Melinda Cooper cuenta esta historia sombría y actual en su mordaz y brillante estudio Family Values (2017). El libro de Cooper puede leerse como un juicio devastador sobre las ilusiones de una generación reciente de que la política socialmente progresista podría ser una aliada exitosa en nuestro tiempo de liberalismo económico agresivamente armado, más que representar los engañados y derrotados por este (dispuestos o no). En la otra cara de la moneda, el ex asistente de Foucault, François Ewald, cuya tesis doctoral de 1986 sobre el seguro y los orígenes del Estado de Bienestar ha sido publicada recientemente en traducción estadounidense (con un prefacio de Melinda Cooper; algunos borradores tempranos se incluyeron en TFE), dio un giro político hacia la derecha en los años 90 como propagandista de negocios neoliberal, incluso coqueteando por un tiempo con la negación del cambio climático. Hace unos años, el editor estadounidense de Foucault, Bernard Harcourt, organizó un diálogo en Chicago entre Ewald y Gary Becker, en el que el premio Nobel neoliberal, entonces de 82 años, se declaró en gran medida satisfecho con la representación de Foucault de sus ideas, mientras que Ewald afirmó el respaldo abierto de Foucault a Becker.[38]

En los últimos tiempos, algunos lectores de estas conferencias se han preguntado si deberíamos estar contentos con la satisfacción de Becker. Siempre me ha parecido que Foucault aquí representaba el neoliberalismo estadounidense a sus parisinos de tendencia izquierdista no como un modelo de emulación, sino como un conjunto de reinvenciones significativas de la gubernamentalidad capitalista, merecedoras de atención porque constituían un desafío intelectual al que la izquierda necesitaba ofrecer una nueva respuesta. Sugirió que esta respuesta requeriría la invención de una gubernamentalidad de izquierda distintiva, que ya no dependiera de préstamos tomados ni del liberalismo ni del Estado policial. Es de destacar que Foucault se abstiene aquí de aconsejar a la izquierda que encare sus desafíos políticos por medio de préstamos tomados del neoliberalismo.

MT. En relación con la pregunta anterior, nos parece que los estudios de gubernamentalidad han contribuido a llevar a Foucault más allá de la disciplina de la filosofía. La noción misma de “uso” (el uso de Foucault) ha ganado protagonismo en trabajos críticos en ciencias sociales que se han comprometido con Foucault para comprender los fenómenos contemporáneos. La llamada “caja de herramientas foucaultiana” se ha movilizado en diferentes campos disciplinarios. Sin embargo, nos parece que “el uso de Foucault” y, en particular, de la noción de gubernamentalidad, se han concebido principalmente como una operación de arriba hacia abajo: es decir, analizar el presente a través de la lente de la gubernamentalidad, más que movilizar a esta última basándose en los movimientos y reivindicaciones políticas existentes. Treinta años después de la publicación de The Foucault Effect, ¿cómo analiza esto?

La noción de “caja de herramientas” fue acuñada en un momento de voluntad política radical rebelde, cuando los actores militantes fueron imaginados como seleccionando y ensamblando conceptos instrumentales para sus causas y propósitos, en lugar de tener propósitos y conceptos prescritos por un liderazgo ideológico o filosófico (en mayo de 1968, estudiantes de París invitaron a Sartre a hablar, pero con la petición de ser breve). Por supuesto, la modesta, reutilizable y polivalente caja de herramientas siempre ha sido susceptible de mutar en una plantilla, un medio de reproducción mecánica y producción en masa. Un elemento de rutinización puede ser parte del destino de cualquier idea exitosa.

Ahora que las universidades son empresas neoliberales y los estudiantes están obligados por la deuda a maximizar urgentemente su capital humano antes de entrar en un mercado laboral altamente flexible, la conexión del estudio intelectual y la producción con la voluntad radical puede parecer cada vez más tenue y/o performativa. Foucault nos enseñó una idea y una cierta manera (que todavía valoramos y encontramos significativa) de interrogar nuestro presente. Pero los tiempos diferentes pueden requerir diferentes herramientas, que a su vez no están garantizadas para ser dispensadas ni por las cumbres de la teoría ni por procesos internos de innovación y reproducción académica. Como comenzamos a notar alrededor de 1980, la idea misma de un presente y una historia del presente (Foucault) está estrechamente relacionada con la idea de una historia de experiencias cambiantes del tiempo (Koselleck, Pocock). El historiador Christopher Clark, un perspicaz comentarista reciente sobre el Brexit, se ha referido a este vínculo en dos de sus libros.[39] Claramente, nuestra propia relación con el tiempo ha cambiado, ahora que debemos pensar en la próxima generación como la condenada por la nuestra a sufrir y lidiar con el desastre planetario. Hoy la experiencia del tiempo es inseparable de las relaciones morales entre generaciones. Para la gente de mi generación, es probable que continúe, sin duda merecidamente, siendo una experiencia incómoda. El mejor estudio sustentado en archivos hasta la fecha del último libro de Foucault, Las confesiones de la carne, publicado este año en traducción inglesa, sugiere que su finalización no dejó a su autor de ninguna manera abatido o agotado en espíritu, sino quizás más reservado sobre la eficacia de la genealogía como guía para el ser y la acción.[40]

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  1. Dicha revista se vio obligada a cesar su publicación en 1982 debido a la disminución del nivel de suscripciones académicas. Para una discusión más detallada sobre esta revista, véase Tazzioli y Walters (2023).
  2. Por ejemplo, el trabajo de Stephen Kotkin y Keith Gandal.
  3. Véase Donzelot y Gordon (2008); véase también Donzelot (2008).
  4. Véase Gordon (1987). El tema de Foucault, Weber y la gubernamentalidad se revisa en Gordon (2014).
  5. Ver Gordon (2013a) donde me refiero a algunas omisiones específicas, y también sobre aspectos que pueden haber sido generalmente descuidados en la recepción y discusión posteriores.
  6. Durante la última década se han hecho algunos intentos de presentar las discusiones de Foucault sobre el neoliberalismo estadounidense como un respaldo y elogio entusiasta. Estos han incluido algunas críticas puntuales a mi capítulo introductorio en TFE. Respondí a estas polémicas en Gordon (2013b).
  7. Ver sin embargo Pierre Dardot y Christian Laval, The New Way of the World: On Neoliberal Society, Verso 2013.
  8. Cf. Walters y Haahr (2005).
  9. Slobodian y Plehwe (2019).
  10. Sobre esto, véase también el notable trabajo de Amadae (2016), cuya audaz y original investigación es una rica fuente para una comprensión más completa de algunas de las tácticas militaristas filosóficas y coercitivas de los Brexiters. Amadae tiene una breve pero importante discusión (2016, 207-12) del “derecho de expropiación” (eminent domain), la doctrina legal reinterpretada por el movimiento neoliberal de “derecho y economía” de Chicago para autorizar directamente al poder del dinero como base para el derecho de compra obligatoria de propiedad privada por parte de poderosos actores privados. Junto al conocido juicio que involucra a la organización Citizens United (2010), y que confirió al dinero derecho a ejercer una voz política pública como fondo de campaña, esta opinión marca una etapa en la política oligárquica de la riqueza que es un rasgo fundamental en la empresa del Brexit y de sus consecuencias.
  11. Ver Rabin-Havt y Media Matters for America (2016). Ver también la importante discusión de la agnotología, la producción organizada de desconocimiento, incertidumbre e ignorancia, en Mirowski (2013).
  12. El informe “Rusia”, publicado en julio de 2020 por el Comité de Inteligencia y Seguridad de la Cámara de los Comunes del Reino Unido, declaró: “parece que el Reino Unido ha sido visto como un destino particularmente favorable para los oligarcas rusos y su dinero. […] El Reino Unido dio la bienvenida al dinero ruso, y se hicieron pocas preguntas, si es que hubo alguna, sobre la procedencia de esta considerable riqueza. […] Lo que ahora está claro es que, de hecho, era contraproducente, ya que ofrecía mecanismos ideales mediante los cuales las finanzas ilícitas podían reciclarse a través de lo que se ha denominado la “lavandería” de Londres”. Véase Security Committee of Parliament (2020). También en julio de 2020, un alto funcionario de la policía del Reino Unido le dijo a otro comité de la Cámara de los Comunes que compartía la preocupación de que el Brexit pudiera resultar en una reducción de la cooperación policial entre el Reino Unido y la UE en la supresión del lavado de dinero y otros delitos financieros (Gordon 2020a).
  13. Innes (2021); véase también para una nueva visión general el notable estudio de David-Barrett (2022).
  14. Los estudios poscoloniales son un campo sobre el cual había poco en Foucault o The Foucault Effect, aunque se ha constatado que la noción de “gubernamentalidad” es ahora aplicable con resultados fértiles notables. Véase Legg y Heath (2018) y Teo y Wynne-Hughes (2020).
  15. Véase, por ejemplo, Jane Mayer (Dark Money, 2016), Nancy MacLean (Democracy in Chains, 2017), Rabin-Havt (Lies, 2016), Naomi Klein (Schock, 2007), Timothy Snyder (Road to Unfreedom, 2018), Oliver Bullough (Moneyland, 2018).
  16. Geoghegan (2020), Cadwalladr (2019), Wylie (2019).
  17. Skinner (1999).
  18. Sobre Cummings y Rusia, véase Gordon (2020b, c, d). Las ideas de Boyd también han sido muy influyentes en Rusia durante el régimen de Putin. Cummings puede haber recogido su interés en Boyd de fuentes rusas.
  19. Foucault (2007, 266). Como me recuerda William Walters, el pasaje de Naudé ha sido recientemente citado por Perry Anderson (2020) en una discusión sobre los “golpes de Estado” durante el desarrollo constitucional de la Unión Europea, como proferida por el historiador holandés Luuk Van Middelaar.
  20. Hirschman (1977). Sin embargo, un delegado británico citó en la reunión de 1978 de la Sociedad Mont Pelerin la observación de David Hume de que “aunque los hombres sean gobernados en gran medida por intereses, incluso el interés mismo, y todos los asuntos humanos, están completamente gobernados por la opinión.” https://www.libertarianism.org/publications/essays/mont-pelerin-1947-1978-road-libertarianism
  21. Para una comparación de primera mano de los componentes morales en las fallas del sistema defensivo, véase Marc Bloch (1968) sobre las causas de la caída de Francia en el ataque Blitzkrieg de 1940.
  22. “Richelieu inventó la campaña política por medio de libelos y panfletos, e inventó así mismo la profesión de manipuladores de la opinión, que en esa época recibían el nombre de ‘publicistas’. Nacimiento de los economistas, nacimiento de los publicistas. Esos son los dos grandes aspectos del campo de realidad, los dos elementos correlativos del campo de realidad que aparecen como un correlato del gobierno: la economía y la opinión” (traducción en español, Foucault, 2007b, p. 319).
  23. Para una exploración notable de la censura y la supervisión de la conducta a través de la fórmula neo-romana y moderna temprana de census et censura, véase Laurie Catteeuw (2013).
  24. En 1979, Gilles Deleuze estaba dando una conferencia en París sobre las nociones de appareil de capture y machine de guerre.
  25. Conspiracy Theories and the People Who Believe Them, José E. Uscinski, Oxford UP, 2018.
  26. Gordon (2012).
  27. Traducción en español, Foucault (2007a, 95).
  28. Traducción en español, Foucault (2007a, 94-95, 218-219, 220).
  29. Gordon (2013a).
  30. Sillas (1995).
  31. En español, Foucault (2012, p. 112). Sobre esto, ver el excelente trabajo de Arnault Skornicki (2015; 2017).
  32. Tras el surgimiento de los estudios gubernamentales poscoloniales, se ha vuelto más fácil discernir algunos puntos de conexión entre los comentarios de Foucault sobre la construcción de la nación europea en la modernidad temprana y los temas de Benedict Anderson. Imagined Communities: Reflections on the Origin and Spread of Nationalism. En trabajos posteriores, Anderson hace un uso prestado del término “gubernamentalidad”, sin citar o comprometerse con Foucault.
  33. Joyce (2014).
  34. Los malos historiadores, por supuesto, siempre están dispuestos a tener malas relaciones con Foucault. Pero con el tiempo y ayudado por importantes publicaciones y traducciones póstumas, se han hecho posibles nuevos diálogos importantes y fertilizaciones cruzadas. Entre los más importantes están los que han ocurrido con historiadores de la antigüedad y el cristianismo, en particular Peter Brown (2013). Sobre la experiencia histórica y el pensamiento, se puede ver también Mazower (2008).
  35. Gordon (2013a) y (2014).
  36. Caprioglio y otros (2021). Véase también Lucano (2020), Tazzioli (2018), Tazzioli y Walters (2019), y una serie de ensayos de Giovanna Procacci, «Solidaridad en juicio: Mimmo Lucano y el experimento Riace»; ‘Solidarity on trial: Mimmo Lucano and the Riace experiment’; ‘Solidarity on trial: The anatomy of a political trial’; ‘Solidarity on trial: Is integration a crime?’ and ‘Solidarity on trial: A judicial monstrosity’, disponibles en https://northeastbylines.co.uk/author/giovannaprocacci/
  37. Foucault (2015), Gordon (2015).
  38. Becker y otros (2012). Para mis comentarios, véase Gordon (2013b).
  39. Clark (2019a; 2019b; 2021). Las experiencias históricas alternativas y las concepciones del tiempo también son centrales en el importante trabajo reciente del historiador y pensador político Timothy Snyder (2018; 2022).
  40. Véase Chevallier (2022) sobre Foucault (2021). Véase también el video en https://foucaultsconfessions.org/philippe-chevallier/


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