La primera forma de ser de la sombra
Una de las primeras maneras de relacionarnos con la sombra es a través de su proyección en un otro. El rechazo a la sombra es una manifestación del orden de lo inconsciente, una reacción que tiene sus raíces en el miedo: miedo a lo desconocido, a la pérdida de control, a la incertidumbre, en definitiva, a la muerte.
Dijimos que, frente al dolor y la muerte, el humano responde con la creación de símbolos y que cada cultura establece su forma particular. Nosotras analizaremos el rechazo a partir de la imagen del cuerpo femenino que ofrece la fotografía publicitaria, tanto porque la publicidad es la forma dominante al interior del campo fotográfico, como por el lugar que la fotografía ocupa dentro del imaginario social como “garante de verdad”[1]. Recordemos que el término mismo “fotografía” remite a “pintar con luz”, mientras que “foto” proviene de luz, “grafía”, de grafos, escritura o pintura.
En sus comienzos la fotografía –hablamos aún de su etapa analógica– supo ser la abanderada de una nueva concepción del mundo (Freund, 2006) al ser el único medio que permitía reproducir el mundo tangible (la realidad) de una manera técnica. Esa particularidad que en la jerga fotográfica se conoce como “huella”, ha llevado a algunos teóricos –cuyo principal exponente es Roland Barthes– a decir que la fotografía permite atestiguar que “eso” que vemos en una foto ha existido (Barthes, 1980)[2]. Como anticipamos en el Prefacio, el debate fotografía –post fotografía (Ritchin, 2010) no será nuestro problema, pues entendemos que, a pesar del cambio técnico que implicó la era digital para el medio, aún sigue siendo eficaz “ese poder inherente a su técnica”, es decir, la posibilidad de reproducir técnicamente el mundo (Freund, 2006) [3]; y porque al mismo momento en que se produce la llamada “crisis de representación”, se suscita una confianza ciega en ella. Este hecho, aparentemente contradictorio, en realidad, pone al descubierto uno de los mecanismos (inconscientes) del humano como es la necesidad de creer en la imagen aun cuando ella ya no establezca el mismo tipo de referencia con el mundo. Confiamos en nuestra percepción porque es nuestra; y al creer que, al igual que nuestro cuerpo es una posesión, ella nos pertenece. Creemos y confiamos en nuestra visión porque la vivimos como personal y propia, incluso cuando forma parte de una construcción social.
Más allá de los cambios técnicos y de formatos (de cámaras analógicas a tecnologías celulares) la fotografía, que sigue siendo un medio eficaz para percibir el tiempo, constituye una fuente de información vital en una sociedad donde el tiempo parece ser fugaz y efímero donde cada vez más parece que salvo en la memoria, un video o en una fotografía, en general no vemos el paso del tiempo. Percibimos momentos que se suceden unos tras otros en un presente continuo, desde el del sujeto que las mira. De esta premisa se desprende que la fotografía es “rememoración” y / o “evocación” de un pasado ausente pero presente a través de la imagen.
Si la fotografía es una huella del tiempo y, sabemos que con el paso del tiempo las personas envejecen, es esperable que al ver fotos de mujeres mayores, las arrugas, las “patas de gallo” y marcas propias de la edad, aparezcan reflejadas en sus rostros y cuerpos. Sin embargo, cuando la publicidad nos devuelve sus imágenes, aunque no sea un hecho exclusivo de este grupo etario, a menudo lo hace colocando ante nosotras una máscara (volveremos sobre este punto), un rostro cuyas huellas del tiempo han sido estilizadas, suavizadas, sobreimpuestas, cuando no borradas.
Para comprender los alcances de ello recurriremos a la historia del arte y la pintura al óleo, en particular, dos de sus principales antecedentes, no sólo en el aspecto estético sino como formas de disciplinamiento de la imagen del cuerpo femenino en la historia de la imagen.
- En su tesis final “La fotografía como documento social”, la ensayista y teórica marxista, Giselle Freund, quien estaba familiarizada con las de su amigo Walter Benjamin, analiza su característica de huella; el poder inherente a su técnica en tanto que una porción de la realidad, a través de la luz, tocó e imprimió su imagen sobre el negativo, placa, o superficie emulsionada (Freund, 2006).↵
- Para profundizar sobre la noción de huella, alcances, garantías ver Dubbois (Dubbois, 1994), Barthes (Barthes, 1980). ↵
- El debate sobre cómo impacta lo digital aún no está saldado, cfr. sobre fotografía y verdad, postfotografía, hiperfotografía Ritchin (Ritchin, 2010); Jean Fontcuberta (Fontcuberta, 1997).↵






