El devenir consciente es la tercera forma de ser con la sombra que, según Jung, comprende el momento de integración, encuentro entre opuestos y por ello, de aceptación. Aunque en un primer momento la sombra es una proyección de aquello que no puede reconocerse como propio y encarna lo rechazado, abyecto y/o desechable; a partir de su visualización y su consecuente aceptación, es que pueden emerger nuevos sentidos y encarar cualidades positivas: “La fuerza que surge del movimiento que proviene de la aceptación puede convertirse en un impulso para la creación de nuevos símbolos” (p. 379).
Cuando en el mundo surgen movimientos sociales que cuestionan las relaciones sociales, como lo son los múltiples feminismos, también surgen nuevas imágenes mercantiles de signo contrario que, frente a esa constante sensación de cambio continuo, buscan estabilizarlo o reducirlo[1]. Dicha estabilización es un proceso que termina afectando directa e indirectamente a los cuerpos femeninos es una presión ejercida principalmente sobre los cuerpos a través de sus imágenes.
La sombra que supo ser la representación de una ausencia, la marca del tiempo en la imagen, se convierte en la actualidad en uno de los principales “enemigos” de la publicidad al desestabilizar el canon que prescribe: porque quiérase o no la sombra sigue siendo una apertura a lo no enunciable, al misterio y a la muerte.
Tanto Naomi Wolf como Rita Segato finalizan sus respectivos ensayos argumentando que una primera forma de enfrentar las violencias que el capitalismo imprime sobre los cuerpos femeninos, es comenzar por la modificación radical del discurso mediático, la relación de la cámara y sus objetivos en los medios.
Al comienzo de este presente trabajo nos preguntábamos por los límites de la tolerancia, de la democracia y lo social; por otro lado, habíamos dicho que su límite no era otro que el de su sombra. Ahora ya estamos en condiciones de dar un paso más y formular que, frente a la ideología occidental del progreso, que intenta dominar todos los rincones de la existencia humana, la sombra se vuelve su límite ético.
Pensar en una ética de la imagen tiene como finalidad pensarnos, imaginarnos desde una visión humanista no mercantil. Si en algo coincidimos con las distintas autoras que tratamos en esta tesina es que nos encontramos nuevamente frente a un momento crucial para reinventar el mundo, no por las posibilidades que pudiera brindar la era digital en sí misma, sino porque la construcción del mundo como tal es un proceso que nunca culmina, pues siempre lo estamos haciendo.
Si el rechazo a la sombra es una constante en la historia humana, también lo son los movimientos, actos y hechos que la han recuperado y circunscripto en sentido contrario. Hemos visto que, frente a la irrupción de discursos que buscan desestabilizar el canon hegemónico, surge la formación de contraimágenes y que, frente a la uniformidad surgen, por ejemplo, grupos contra-publicitarios como El Squatt, Adbusting, sólo por citar algunos, que subvierten el mensaje publicitario, dan cuenta de la manipulación de la imagen y colaboran en la toma de consciencia de la influencia de los medios en la vida cotidiana; ensayos feministas que exponen cómo la publicidad también funciona como forma de control social o madres que se replantean las maneras en que deben ser educadas sus hijxs para que crezcan en entornos libertarios y no sexualizados. También, a raíz del debate, la exposición de la feminización de la pobreza, y las nuevas formas de violencia sobre los colectivos LGTB, han surgido muchos colectivos fotográficos y artísticos que buscan incidir políticamente en este debate: sólo en nuestro país podemos citar al Archivo de la Memoria Trans que hemos incluido en este trabajo, M.A.F.I.A, Sub Cooperativa de fotógrafos, Muestra Borrador de un cuerpo intervenido (Arte por Arte) , Agencia FS, Agencia Presentes, Nosotras Proponemos, arteMA colectivo de artistas, y tantos más proyectos personales, volviendo imposible citar a todos.
Hace más de medio siglo, el ensayista y escritor de teatro alemán, Bertolt Brecht, encontraba en la figura del exiliado la búsqueda de subvertir el mensaje publicitario de la guerra. Procuraba el extrañamiento más que como una herramienta, como una forma de vida, hacer extraño aquello que consideramos normal, cotidiano. Desmitificar el mundo, parafraseando a Barthes, devolver el espesor histórico a lo que se presenta como Natural.
Dar cuenta de la sombra, ponerla en el centro de la imagen es un paso fundamental para integrarla a la vida, pero no es la única manera. Considerar que hay una única manera de dar cuenta de las propias sombras también es cosificarla. Jung decía que el devenir sombra es una manera de hacer visible lo invisible, de dar cuenta de aquello que es rechazado en lo social y en lo individual, pero ello no supone una integración de las sombras en nuestras vidas. Incluso hemos visto cómo la deconstrucción ha sido cooptada y servida al discurso hegemónico que ha transformado el error, la falla, lo rechazado en mercancía. Fruto de ello son los sitios de chimentos y programas televisivos que muestran los “antes y después” de alguna celebridad que utilizó excesivamente el airbrush, o publicidades donde el empoderamiento femenino se realiza a través de la compra de una mercancía, como una zapatilla o una toallita femenina.
Por eso, a título personal, considero que la mejor manera de colaborar en la reconciliación de nuestras sombras es cuando el arte no se posiciona desde un punto de vista pedagógico, de querer enseñar algo, sino cuando es propositivo y busca crear nuevos sentidos que superen la deconstrucción de la mirada en el espectador y que subviérta lo establecido a través de la creación. Si el rechazo al canon establecido también es una reacción, la pregunta sobre cómo integrar las sombras en nuestras vidas tiene un final abierto. En “El encuentro con la sombra”, el libro escrito por los discípulos de Jung, el primer paso a dar es reconocer cuáles son nuestras sombras, que rechazamos; y reconocer como propio aquello que proyectamos en otro.
Continuamente, en las publicidades, en las redes sociales vemos carteles que insisten en asegurar que hay nuevos cuerpos. Y, entonces, vemos el cuerpo de una chica joven, blanca, en ropa interior, con unos kilos más que las modelos de turno, con iguales siluetas, y curvas, pero estéticamente iguales. O como el trabajo de Natural Beauty, chicas jóvenes con vello pero que utilizan la misma iluminación, mismas poses. Seguimos sin ver cuerpos con celulitis, con grasa, con carne que cae por delante después de un parto (como mostró Cindy Crawford), gordxs y diversos.
Por eso decimos que uno de los principales problemas que enfrenta la imagen actual es el de una lenta batalla contra la sombra. Hemos dicho que en el largo proceso de desencantamiento del mundo, el humano fue perdiendo, entre otras cosas, su capacidad para conectarse con algo muy suyo, que es la producción simbólica. “Los símbolos son intentos naturales para reconciliar y unir los opuestos dentro de la psique” (p. 96). Cuando los símbolos pierden esa capacidad, y las imágenes pierden lo mágico en detrimento de la eficacia de mercado, la sociedad comienza a evidenciar sus síntomas.
“Lo que llamamos conciencia civilizada se ha ido dividiendo, de forma constante de sus instintos básicos. Pero esos instintos no han desaparecido. Simplemente han perdido su contacto con nuestra conciencia. Y por lo tanto se han visto obligados a hacerse valer mediante una forma indirecta. Esto puede ser por medio de síntomas físicos, en el caso de la neurosis, o por medio de incidentes de diversas clases como inexplicables raptos de mal humor, olvidos inesperados o equivocaciones al hablar” (p. 80).
El olvido de la sombra es uno de los síntomas sociales que, como dice Jung, puede significar un simple cambio de atención, un descuido, una manifestación del inconsciente o incluso, un acto de represión y negación. Es que el problema con la sombra es que nos sitúa; nos vuelve carne y quiérase o no, más temprano o más tarde, la carne se pudre. Olvidarse de la sombra es silenciar el tiempo y toda posibilidad de cambio.
En los noticieros, diarios, redes sociales vemos fotos que contribuyen a la imagen de un mundo cada vez “más bárbaro”, donde asesinatos, violaciones, guerras, forman parte de las instantáneas que se nos muestran como “catástrofes”. Hechos donde premia la irresponsabilidad: nadie es culpable y nada se puede hacer. Un sin fin de imágenes anestesiantes y necesarias para volver a salir a la calle y ver la miseria, sí, pero con un poco de culpa, con la certeza de que no habrá ningún tipo de cuestionamiento acerca de los porqués de esa violencia, ya que ella fue asimilada a nuestro paisaje ordinario. Sólo en los casos en los que no hay identificación, el horror es desestimado: frente al dolor no hay lucha, frente al dolor hay inmunidad, de tal manera que prácticamente podemos tolerar prácticas de una violencia simbólica, política, cultural que se ejerce una y otra vez sobre los cuerpos. Violencia cuando mujeres compiten entre sí al exhibir sus cuerpos deslizándose por un caño; violencia cuando los parámetros de belleza van contra natura; violencia cuando programas de televisión promueven cirugías estéticas extremas para estar al último grito de la moda, pero no cuando una chicx trans quiere operarse. Violencia en la tele, en la cancha, en la calle, en el colectivo, en el trabajo, en las relaciones, en el norte, en el sur, en el oriente…en fin, violencia en espacios públicos y privados.
En los sueños, la sombra puede aparecerse escamoteada bajo la forma de un otro. Sabemos que ese mecanismo por el cual se produce ese desplazamiento es una de las formas en que opera el inconsciente. En lo cotidiano, eso se materializa en una pedagogía de la crueldad, la sombra se manifiesta a través del rechazo.
¿Ver la sombra es empezar a re-conocer nuestras proyecciones sobre los otros?, ¿es una forma de auto-conocimiento? Si fuera así, ¿empezar a re-conocer las sombras como propias habilitaría un principio de curación? Dice el artista Boris que si algo ha cambiado son las formas de representar a las personas. Ya no hay indicadores y ello nos coloca frente a una responsabilidad como artistas. El problema de la manipulación de la imagen no es la manipulación en sí, sino su función, o, mejor dicho, su límite ético.
“Una teoría de la imagen acompaña a todas las filosofías para las cuales la vida no es sino ilusión, y el mundo, apariencia. Y en un mundo sin dioses, el de la ciencia triunfante, se prefiere hacer caso omiso del hecho de que la imagen sigue siendo un artificio que busca su modelo y lo construye de acuerdo con nuestros intereses, un compromiso entre la imagen del mundo y la que nosotros querríamos que tuviera, y de la cual no es más que el cebo” (Melot, p. 20).
El encuentro con la sombra empieza con incorporar las sombras que nos rodean a nuestro horizonte. La sombra como horizonte reclama una nueva manera de mirar, una posición de calma ante el otro, a la vez que devuelve una dimensión del tiempo a la imagen. Para verla, no sólo debemos hacer que nuestra percepción no sea una reacción, romper con la lógica provocante de la técnica y asumir una forma producente del ser. Sólo a través de la calma podemos empezar a ver las sombras, remarcar los límites de lo pensable, perceptible e imaginable. Quizás no se trate tanto de certezas, sino de convivir con el misterio del cuerpo y del mundo.
La función de la publicidad es clara, la venta de un producto, de una idea, un estilo de vida capitalista y hoy entre un conjunto de opciones, el cuerpo, la belleza asume una forma y no otra. Y la forma de la belleza femenina estereotipada hoy se hace evidente en la fotografía.
Al separar la oscuridad y la sombra, la fotografía parece crear cuerpos por fuera de este mundo y satisface su deseo en imagen. El encuentro con sombra también trata de dejar aflorar la polisemia y potencia que anida en la imagen.
El proyecto moderno, tal como esgrimía Marshall Berman en “Todo lo sólido se desvanece en el aire”, sigue incompleto, pero no obsoleto. Aún hay un resabio, un mundo en el cual seguir navegando. Díganme moderna, pero, ante todo, la sombra es una promesa, aún guarda la potencia para romper con el círculo utilitario y devolver la ambivalencia creativa y generativa de la imagen. Crear desde las sombras puede llevarnos a caminos impensados, entre ellos está la apuesta de crear nuevos modos de ver, de ser con una, con otrxs y con la sociedad.
- A pocas semanas de entregar esta tesina se realizó el segundo paro internacional de mujeres en Argentina y en el mundo. Después que más de medio millón de personas se congregaron sólo en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, hecho que también se vio en los principales centros de la Argentina, el diario Infobae publicó una nota diciendo que “Argentina, país sin patriarcado y donde los varones dieron poder a las mujeres. En toda nuestra legislación, ya no existe ninguna norma que coloque a la mujer en dependencia del varón. Y las dos principales conquistas en materia de derechos políticos femeninos fueron promovidas por hombres” (Peiró, 2018). Copyright © www.infobae.com”↵






