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4 La burla hipermediatizada[1]

El ciberbullying a Juan Sánchez

1. El ascenso de la burla a la hipermediatización

A lo largo de la historia de Occidente, la burla ha sido diversamente valorada. De ser un género disfrutado públicamente desde la Antigüedad, pasó a menospreciarse y regularse fuertemente a partir de la modernidad. Tal regulación pervivió en los medios de comunicación masiva, aunque la burla logró infiltrarse de la mano de la comicidad y la sátira de estereotipos sociales y personajes públicos como políticos, artistas y conductores. La burla cómica hiriente que recae en individuos comunes y constituye una operación fundante de la identidad colectiva en la vida social se mantuvo por fuera de la mediatización hasta la contemporaneidad. Pero el surgimiento del sistema hipermediático produjo una transformación inédita en su circulación. Individuos comunes pueden ser su blanco, alcanzando, por la interacción de las redes sociales y los medios de comunicación masiva, escalas de distribución comparables a las de los productos de la industria mediática. Ante esta masividad de la burla hiriente, se desatan nuevos procesos de censura colectiva e institucional que intentan regular su circulación.

Aquí nos proponemos dar cuenta de este nuevo fenómeno a través de la burla que recayó en Juan Sánchez, un adolescente de 12 años, que se convirtió en víctima de cientos de memes a pesar de que artistas destacados lo defendieron y de que su madre inició acciones legales contra Google y YouTube.[2]

2. La burla y su vida social

Para apreciar la novedad que pretendemos examinar, nos detendremos en las propiedades discursivas que distinguen la burla de otros fenómenos risibles y realizaremos un breve recorrido por la historia de su vida social. La burla es un género cómico que ridiculiza a alguien o algo con el fin de provocar risa. La ridiculización se expone como un hacer intencionado que ser disfrutado colectivamente. El enunciador le propone al enunciatario aliarse en la degradación de un tercero que se realiza mediante la palabra o acciones como las bromas pesadas. La burla, por lo tanto, se diferencia de lo cómico de situación e ingenuo o de cualquiera de sus variantes humorísticas[3], porque no se provoca por accidente ni posee piedad o reflexión. Ella embiste al tonto, torpe o feo, o convierte en eso al inteligente, hábil o bello. Desde un punto de vista sociológico, la burla es un operador constitutivo de la identidad colectiva. Burlarse de un blanco exterior al colectivo afianza la cohesión entre sus miembros, y hacerlo hacia el interior ratifica los lazos de pertenencia y amistad y construye jerarquías censurando ideas y acciones que reconfigurarían sus relaciones de poder (Martineau, 1972; Ford, 2015).

Históricamente, la burla ocupó un lugar central en la producción reidera de la vida pública. Desde la Antigüedad, la ridiculización no solamente fue habitual en las festividades populares, sino también en la bufonería de cortes y señores o en eventos como los simposios, en donde se expandió en calidad de técnica de debate para humillar a los adversarios. Sus formas pueden parecernos extremadamente groseras y crueles en la actualidad. Por nombrar dos prácticas habituales, en los carnavales medievales, formaba parte de la diversión arrojar excrementos para luego burlarse de la víctima, y en los castillos se acostumbraba a tener personas con discapacidades físicas o mentales para reírse de ellos (Bajtín, 1987). Tal extensión de la burla tenía su correlato en la conceptualización de lo reidero. Hasta el siglo xviii, la mayoría de los escritos no hacen diferencia entre “reírse con” y “reírse de”, sino que dan por sentado que lo reidero es “reírse de alguien” (Martin, 2007). Aristóteles, por ejemplo, asocia la risa a la agresión, y en la Biblia aparece relacionada con el desprecio y el escarnio, idea que pervive aún en el siglo xvii en la teoría de lo reidero de Hobbes, que afirma que la risa se funda en un sentimiento de superioridad.

Durante este prolongado período, la circulación de la burla fue objeto de una compleja regulación estilística e institucional. En el tratado de retórica De oratote, Cicerón admite que las deformaciones del cuerpo son un buen blanco para ridiculizar al oponente, pero el orador debe ser prudente con su uso o, de otra manera, se arriesga a ser él mismo blanco de burlas o a ofender a su público (Graf, 1997). En el Galateo o sea de las costumbres, un manual de comportamiento aristocrático del siglo xvi, monseñor Giovanni della Casa sostiene que, en la fatigosa vida mortal, resulta imprescindible la risa y que solo la burla puede provocarla. Pero advierte que el hombre culto debe realizarla de una manera elegante, alejada de los ademanes del juglar y las bufonadas (Burucúa, 2001). En su primera etapa, la Iglesia cristiana rechazaba lo reidero por considerarlo un fenómeno denigrante y peligroso, pero luego, entrado el siglo xii, comenzó a distinguir formas admisibles e inadmisibles (Le Goff, 1997). Aprobó, por ejemplo, la introducción de breves historias cómicas como exempla aleccionadores, pero rechazó la burla por considerarla maliciosa (Gurevich, 1997). Incluso existiendo esas regulaciones estilísticas e institucionales, las burlas eran apreciadas estéticamente, en el sentido de que una buena burla era estimada por su ideación, recordada y deseable de repetir, como lo testimonian los libros de los secretos, especie de manuales sobre “cómo hacer las cosas” del siglo xvi, que incluyen instrucciones de cómo burlarse con bromas pesadas (Burke, 1997). Una anécdota que ilustra esta valoración es la broma que le jugó la princesa Beatrice d’Este, de la corte de Milán, al embajador de Ferrara en 1492, a quien puso en ridículo cuando las aves de su jardín fueron comidas por animales salvajes que ella introdujo en secreto. En el siglo xix, este tipo de actitudes eran inverosímiles para los representantes públicos.

A lo largo del proceso de civilización europeo, lo reidero fue disciplinado. La burla fue expulsada de las instituciones y se llamó a su censura en la vida social. Ya en el siglo xvii, las bufonerías de la corte y el carnaval entraron en decadencia, y, para el siglo xviii, la burla y las bromas pesadas quedaron fuera de las prácticas deseables del hombre cultivado. Esa nueva regulación sobre lo reidero se trasladó en la constitución del sistema de géneros de los medios masivos del siglo xx. Las instituciones mediáticas introdujeron la burla de manera contenida y moderada, ligándola a lo cómico y la sátira de estereotipos sociales y figuras públicas (artistas, políticos, conductores de programas, etc.).

La burla que recae sobre individuos comunes quedó excluida de lo mediático hasta que apareció en la televisión el género de la cámara oculta, que en Argentina se expandió en 1990 (Palacios, 2010). Sus diversos formatos cómicos compartieron la exhibición de grabaciones en las que uno o más individuos caían en bromas pesadas preparadas por los realizadores del programa. En todos ellos, se aseguraba de dejar en claro que las víctimas de las jugarretas daban su consentimiento para publicitar las bromas y hasta llegaban a presentarse en el plató para exhibir cómo se reían de sí mismos al verse ridiculizados en las grabaciones. En Argentina, el éxito del género duró aproximadamente una década, para luego convertirse en una práctica marginal de la producción risible mediática.

Esta modalidad de administración institucional de la burla mediática permaneció estable hasta la emergencia de las redes sociales. Como enseguida veremos, su aparición no solo produjo que la burla se hipermediatizase, sino que lo hiciera a escalas que impiden la regulación institucional, lo que significa un cambio notable en su circulación.

3. El advenimiento de lo reidero mediático no institucionalizado

Existen dos cualidades del sistema mediático contemporáneo que son condición de posibilidad del fenómeno que analizamos: la emergencia de Enunciadores Hipermediáticos y la multiplicación de direcciones comunicacionales. Como ya hemos señalado, cuando el mando de la comunicación mediática lo tenían los medios masivos, existía una notable asimetría entre la instancia de producción y la de reconocimiento. En la instancia de producción, se encontraban las instituciones mediáticas y, en el reconocimiento, los receptores. Con la aparición de las redes sociales de medios, cualquier individuo o colectivo que abre una cuenta puede constituirse en un medio de comunicación (Carlón, 2012), es decir, puede ubicarse en instancia de producción, lo que acarrea una proliferación de Enunciadores Hipermediáticos, entre los que se encuentran los amateurs, enunciadores individuales que exponen su no profesionalismo en la producción discursiva mediática. Junto con esta mediatización del conjunto de los actores sociales, se produjo la multiplicación de direcciones comunicacionales. Si en el sistema de medios masivos predominaba la dirección comunicacional descendente (desde las instituciones mediáticas hacia los receptores), en el sistema hipermediático se suman las direcciones ascendente (desde los individuos y colectivos mediatizados hacia los medios masivos) y horizontal (comunicación entre pares) (Carlón, 2016).

Este nuevo escenario trajo una novedad significativa que ya hemos tratado en el primer capítulo: la producción discursiva mediática no institucionalizada a gran escala. Si bien es cierto que las redes sociales de medios son instituciones mediáticas, la regulación sobre la producción discursiva que en ellas se genera dista de ser semejante a la que realizan las instituciones de los medios masivos. En ellos, existen condicionamientos, como la línea editorial o el manual de estilo, que restringen los contenidos y las modalidades enunciativas. Los espacios de imprevisibilidad se dan cuando transmiten en directo, pero, aun en esos casos, reaccionan rápidamente para atenuar los efectos que prevén negativos. Las instituciones de las redes sociales mediáticas tienen reglamentos que buscan regular los contenidos generados por los propietarios de las cuentas y hasta poseen programas informáticos que chequean automáticamente que estos no se incumplan. Sin embargo, la cantidad de discursos y la velocidad con que se producen escapan de un control efectivo. El ascenso de la burla que estamos analizando es un ejemplo de ello. A pesar de esto, no puede afirmarse que la discursividad de los internautas no esté sujeta a regulaciones y censuras; como enseguida veremos, su circulación dispara complejos procesos sociales que las realizan.

4. La burla a un adolescente

En julio de 2014, el noticiero de Canal 7 de Bahía Blanca emitió, en su sección de “El personaje del día”, una entrevista a Juan Sánchez, un adolescente de 12 años que asistía al taller de arte de la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia. La entrevista duró dos minutos, y en ella el adolescente habló sobre su gusto por el arte y la literatura y se declaró admirador del humorista gráfico Liniers y el ilustrador Pablo Bernasconi. Casi un año después, comenzó la primera fase de la circulación hipermediática que generó la burla de Juan. En el gráfico de abajo, pueden advertirse los continuos saltos intersistémicos que involucró.

Gráfico 7. Circulación hipermediática de la burla a Juan Sánchez

Fuente: elaboración propia.

En lo que sigue, describiremos cada una de sus fases.

4.1. Primera fase: el inicio de la burla

El 19 de junio de 2015, la página de Facebook Repesada, dedicada a hacer comicidad con diversos productos mediáticos, subió la entrevista a Juan (D1), lo que fue festejado por su colectivo de seguidores (RD1). Ya en los primeros comentarios aparecía la burla al modo de hablar del adolescente, no solo por el tono particular de su voz, sino por la incongruencia entre su edad y las formas adultas y educadas con las que se expresaba. Los internautas reían porque decían que hablaba como una señora y por el modo en que pronunciaba algunas frases, especialmente “Me gusta el arte” y “Me gusta Liniers”. A partir de ese momento, el video se propagó en Facebook, YouTube, Instagram y Twitter. En poco más de diez días, la entrevista que el Canal 7 de Bahía Blanca había subido a su canal de YouTube contaba con más de 390 mil reproducciones. Junto con la propagación del video, se produjo su transformación en meme.

La entrevista fue apropiada por los internautas e intervenida de múltiples maneras con el fin de ridiculizar a Juan (D2), desde collages de su rostro pegado sobre el de La Gioconda hasta memes que lo muestran aspirando cocaína con un cartel diciendo “Me gusta la merca”, y videos donde aparece cantando un reggaetón con el estribillo “Me gusta colarte juguetes [en el ano]”. A la vez, se realizaron eventos cómicos por Facebook como “El taller de collage de tela con Juan Sánchez” y cuentas fake con su nombre en Twitter e Instagram, donde se concentró una verdadera burla colaborativa que en su hacer se expuso plenamente contemporánea[4].

Ante esas burlas, tres posiciones de reconocimiento aparecieron en los colectivos de los sistemas de cuentas que se mantuvieron a lo largo del desarrollo del caso. La primera fue la que gozó de la burla sin reparo. Propia de lo cómico, degradó a Juan para obtener placer con su ridiculización. El comentario de abajo ejemplifica este tipo de reconocimiento.

Imagen 19. Captura de pantalla de comentario de kawaii:3 en YouTube

La segunda posición fue la que obtuvo placer con la burla, pero no ya de manera cómica, sino humorística. Su enunciador acepta que no está bien reírse de un menor, pero, aun así, no puede evitar disfrutar de ello. Expone, de alguna manera, la tragedia de lo reidero: incluso sabiendo que es incorrecta, la risa es incontrolable.

Imagen 20. Captura de pantalla de comentario de Martin Augusto en YouTube[5]

La tercera posición es la seria. En ella no hay rastros de goce de lo reidero, sino censura de la burla, que, a veces, es acompañada por una demanda de reflexión que toma el caso como un síntoma de la degradación moral y educativa de la sociedad.

Imagen 21. Captura de comentario de Florencia Vispo en Twitter

Esta tercera posición la asumió el portal de noticias Mundo TKM cuando el 26 de junio trató el caso[6] (RD2)1, y fue, luego, la adoptada por el resto de las instituciones mediáticas cuando la circulación saltó a los medios de comunicación masiva, lo cual inició una nueva fase. Pero, antes de adentrarnos en ella, nos queda por señalar otra dirección que tomó la circulación. Junto con el ascenso que se dio en la red por la propagación, se produjo una circulación transversal desde “afuera hacia adentro”, porque ingresó desde las redes hacia dos instituciones de la vida de Juan: su familia y la escuela. En la primera, se produjo el efecto de que la madre del adolescente comenzó a pedir, sin éxito, a Canal 7 de Bahía Blanca, Facebook, YouTube, etc., que sacaran la entrevista y el material que ridiculizaba a su hijo. En la escuela, Juan sufrió que los compañeros lo burlaran en las clases y que lo grabaran con sus celulares para ridiculizarlo en nuevos videos que subían a la red, lo que produjo otra circulación transversal desde “adentro hacia fuera” de la institución escolar.

4.2. Segunda fase: el resarcimiento de la institución

El 28 de junio, Canal 7 de Bahía Blanca emitió una nueva entrevista a Juan donde habló de las burlas que estaba recibiendo, de su familia y sus actividades preferidas (R2/D3). La institución, por medio de su periodista y trazados gráficos, se indignó de la incorrección y falta de educación de los burladores y resarció al adolescente con una operatoria de larga vida en los medios masivos: contactó al fan con su ídolo. En medio de la entrevista, el canal sorprendió a Juan con la presencia de Liniers a través de Skype, quien le dio su apoyo y se sumó a la indignación de la institución. La entrevista no fue subida a YouTube por pedido de la familia, pero, cuando acabó de emitirse, Liniers tuiteó al respecto, lo que hizo que la circulación descendiera nuevamente a las redes sociales.

4.3. Tercera fase: el humorista serio

Liniers publicó el siguiente tuit (D4) con el hashtag #hayqueserhijodeputa:

Imagen 22. Captura de pantalla de tuit de Liniers

El tuit recibió mucho apoyo, pero también numerosas burlas, que ya no solo ridiculizaban al adolescente, sino además al propio Liniers. El intercambio duró tres tuits más en los que el humorista intentó detener las burlas, pero sin lograrlo (RD4). No obstante, sus publicaciones generaron un nuevo ascenso de la circulación porque, al día siguiente, Pablo Bernasconi, el ilustrador admirado por Juan, también lo defendió por Twitter, múltiples portales de noticias trataron el caso (RD4)1 y lo mismo hicieron los medios de comunicación masiva de alcance nacional (RD4).

4.4. Cuarta fase: reflexión institucional

Entre el 29 de junio y el 1 de julio, algunos medios masivos se hicieron eco del tuit de Liniers y hablaron de las burlas que sufría Juan. Este reconocimiento continuó con la modalidad de reprobación del accionar de los internautas, pero ancló el sentido en dos nominaciones que luego se mantuvieron en el tratamiento de la noticia a largo del caso. Se realizó una operación sinecdóquica sobre Juan, y, de la rica variedad de gustos y actividades de la que hablaba en sus entrevistas, solo quedó que le gustaba Liniers. Los medios masivos comenzaron a llamarlo el “fan de Liniers”. Por otra parte, las burlas de los internautas se identificaron con el bullying y cyberbullying, anglicismos que utilizaron los medios de comunicación masiva y portales desde ese momento en adelante. Un mes después, las burlas a Juan siguieron creciendo en escala y un medio de comunicación masiva abrió un espacio de reflexión al respecto.

El 31 de julio, el programa Una tarde cualquiera, del canal Televisión Pública Argentina, dedicó una emisión al bullying y cyberbullying con el hashtag #NoAlBullyingUTCQ (RD4)2/D5. Liniers apareció como un invitado especial y habló del caso de Juan. Durante una hora, el artista, el conductor, especialistas y una tribuna de adolescentes reflexionaron sobre lo nocivo de las burlas, las razones que las originan y cómo deben actuar la víctima y su entorno para controlarlas.

4.5. Quinta fase: homenaje a Juan

Aunque las burlas a Juan continuaron creciendo en las redes, los medios de comunicación masiva y los portales de noticias no se refirieron a ellas durante más de un mes y medio, hasta que, el 24 de septiembre, Liniers y el cantante Kevin Johansen subieron a sus cuentas de Instagram una fotografía de ambos con Juan sosteniendo un cartel que decía “Me gusta el arte. No me gusta el bullying” (D6). Pocas horas antes, ambos artistas habían dado un espectáculo en Bahía Blanca en donde el humorista gráfico hizo un dibujo en vivo que obsequió a Juan, haciéndolo subir al escenario. Canal 7 de Bahía Blanca les realizó una breve entrevista en la que los artistas elogiaron a Juan y exigieron a los internautas que suspendieran sus burlas. Acción que no sucedió, sino todo lo contrario. Cientos de comentarios burlones les respondieron a los artistas (RD6). Aunque la entrevista no fue subida a YouTube por pedido de la familia, las publicaciones de los artistas tuvieron su repercusión en los portales de noticias (RD6)1 y los medios masivos (RD6). Ambos se hicieron eco del evento destacando el encuentro entre Liniers y el fan que sufre el bullying de las redes.

4.6. Sexta fase: ¿un final feliz?

Habíamos señalado que, acompañando las circulaciones ascendentes y descendentes que trajeron las burlas a Juan, se dieron circulaciones transversales de “afuera hacia adentro” en su familia y el colegio, y de “adentro hacia fuera” en este último. Estas circulaciones condicionaron la vida de Juan, quien tuvo que cambiar de colegio y se convirtió en un personaje “público” a quien le resultaba complejo salir de su casa sin que lo grabaran o le pidieran sacarse selfies con él. Durante ese tiempo, su madre no logró que Facebook, Instagram, YouTube, etc., quitaran el material ofensivo, hasta que, a principios de octubre, consiguió que la Defensoría del Pueblo Bonaerense interviniera e intimara a YouTube y Google para que bloqueara todas las producciones vinculadas a Juan. En su portal el organismo aclaró, el 14 de octubre, que la demanda “no se trató de un reclamo de naturaleza jurídica, sino un imperativo humano y moral, el cual buscó proteger y garantizar los derechos del adolescente” (D7). El pedido fue exitoso, pero no tuvo repercusión en los medios de comunicación masiva, y pocos portales de noticias se refirieron a él (RD7)1. YouTube y Google programaron filtros en sus buscadores para bloquear los videos y las imágenes humillantes. Este accionar disminuyó el acceso a las burlas a Juan relativamente, porque no impidió que los internautas siguieran produciéndolas en otras redes e implementaran nuevas tácticas para subirlas a YouTube. Aún en el momento en que realizamos esta investigación, tres años después de ocurrido el hecho, las burlas a Juan continuaban encontrándose en la red.

5. La hipermediatización de la burla

Realizado el análisis del caso, podemos arribar a algunas conclusiones. En primer lugar, se fortalece nuestra hipótesis de que nos encontramos ante una transformación significativa de lo reidero. La burla es un operador fundante de la identidad colectiva en la vida social. Aunque su circulación siempre estuvo sometida a diferentes regulaciones, durante gran parte de la historia de Occidente, lo reidero se producía y concebía desde su práctica. Con el proceso civilizatorio, lo reidero fue disciplinado, y la burla, expulsada de las instituciones. Esa regulación, adoptada por los medios masivos, hizo que la burla de individuos desconocidos quedara fuera del sistema de géneros mediáticos.

Actualmente, la hipermediatización transformó este escenario. La producción mediática no institucionalizada incorporó la burla que había sido excluida de la mediatización. Tal introducción no es pasivamente aceptada, sino que despierta alertas arraigadas en las gramáticas de reconocimiento occidentales. El caso de Juan Sánchez nos permite observar la compleja interacción que se da entre enunciadores de distinto estatuto con el objetivo de regular su circulación. Como en la modernidad, las instituciones y el Estado cumplen un rol significativo en esa actividad. La Defensoría del Pueblo Bonaerense logró que YouTube y Google bloquearan las ofensas. Los medios de comunicación masiva y los portales de noticias defendieron y premiaron a Juan, abriendo un espacio de reflexión sobre la burla en el que participaron artistas, especialistas y adolescentes. Sin embargo, debemos aclarar que las instituciones mediáticas no siempre operan de esa manera. En un caso similar estudiado por Carlón (2017), fomentaron la burla a una adolescente, y solo recién cuando su padre aclaró, en una entrevista, que su hija tenía un atraso madurativo, los medios masivos y los portales de noticias condenaron el ciberbullying.

Pero una de las novedades que trajo la hipermediatización fue que el rol regulador ya no lo cumplen las instituciones de manera solitaria. Los medios individuales de enunciadores profesionales pueden actuar en el mismo sentido desde una enunciación emotiva sin mediación institucional; incluso, en el caso de Juan Sánchez, fueron ellos los que impulsaron el salto de escala. Por los tuits de Liniers y Kevin Johansen, su caso llegó y se mantuvo en la agenda de los medios digitales y masivos.

Por otra parte, también los colectivos hipermediáticos cumplen un rol fundamental aquí en la regulación. Si bien en este caso no se activaron, otras investigaciones demuestran que los colectivos hipermediáticos identificados a identidades de género están atentos a la producción reidera (Perdomo y Álvarez, 2022). Lo que es una novedad interesante sobre la regulación risible, porque, durante el imperio de los medios de comunicación masiva, los colectivos que tenían poder regulador estaban ligados a instituciones; en Argentina, a la Iglesia católica. En la década de 1990, por ejemplo, distintos colectivos católicos lograron la censura de una parodia al papa hecha por el programa cómico televisivo Kanal K, y lo mismo ocurrió con el personaje Peperino Pómoro del programa Cha-cha-cha, por parodiar el saludo sacerdotal con el que finalizaban la programación algunas emisoras de televisión. Con la hipermediatización, se multiplican los colectivos que no necesitan vincularse con instituciones para lograr censuras de lo risible.

Ahora bien, a pesar de estas regulaciones, estamos lejos del escenario mediático de la modernidad y posmodernidad, porque, ante la pervivencia de principios morales modernos, surge hoy una burla contemporánea de raíces premodernas que, gracias a la hipermediatización, se emplaza en el espacio público. Una burla colaborativa hiriente, plenamente cómica, en la que resuena la ridiculización carnavalesca de la Antigüedad y el Medioevo. Una burla que, a pesar de la alianza de enunciadores institucionales, profesionales y amateurs, sobrevive a la censura. Obsérvese que, a lo largo del período analizado, la burla se mantuvo en todo momento y ridiculizó no solo a Juan, sino también a los enunciadores que intentaban controlarla. Ella expone los límites de las instituciones para administrar la circulación mediática contemporánea y la validez de nuestra observación de partida. La burla, censurada por el pensamiento occidental civilizado, no solo se ha mediatizado, sino que lo hizo a una escala que escapa de la regulación institucional, lo que implica un cambio trascendental para la historia de la circulación de lo reidero.


  1. El escrito de este capítulo fue publicado previamente en la Rizoma en el 2019. Aquí presentamos una versión corregida. La anterior puede encontrarse en Fraticelli (2019).
  2. El análisis del caso parte de una investigación realizada por un grupo de alumnos de la materia Comunicación Visual (Sofía Hollander, Giuliana Tesoriero, Camila Tinajero y Lucía Lanusse) de la Carrera de Comunicación, Universidad de San Andrés. La perspectiva analítica fue desarrollada en la materia Semiótica de Redes de la carrera de Ciencias de la Comunicación (FSOC-UBA). Ambas materias tienen por profesor titular a Mario Carlón.
  3. Recordemos que el humor presenta una metaenunciación ausente en lo cómico. Freud indica un desdoblamiento del sujeto en el humor que le permite reírse de sí mismo ante una situación penosa (Freud, 2006 [1905]), y Eco (1998) encuentra que los textos humorísticos exhiben a modo de comentarios sus propias reglas. Esta propiedad integra al enunciador humorístico al objeto de la burla. En lo cómico, en cambio, el enunciador no solo está fuera del objeto de la burla, sino que adopta una posición de superioridad con respecto a él.
  4. Con esto queremos decir que se realizó mediante operaciones de apropiación, intervención, collage, etc., originadas en las vanguardias de inicios del siglo xx, que, en la posmodernidad, se extendieron desde el arte contemporáneo hasta los medios masivos y, en la actualidad, conforman gramáticas productivas habituales de los internautas (Carlón, 2014).
  5. Recuperado de bit.ly/3VbVf6S (18/09/2018).
  6. Recuperado de bit.ly/3OHFaDF (18/09/2018).


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