A lo largo del libro, hemos descripto propiedades del Humor Hipermediático que nos permitieron sostener la tesis de que con su aparición se inició una nueva era de la mediatización reidera. Ahora quisiéramos terminar este recorrido aventurándonos con un último postulado: que sus cualidades lo constituyen en un nuevo interpretante del acontecer social y la actualidad. Y aquí debemos comprender la actualidad con la diversidad que implica la hipermediatización. Carlón (2020) ha señalado que, con la constitución de los individuos y colectivos en hipermedios, la actualidad de ellos se ha sumado a la que construyen los medios de comunicación masiva, acrecentando y complejizando aún más el tiempo presente. Por otra parte, cuando decimos “nuevo”, no estamos afirmando que lo reidero mediático previo no operaba como interpretante, sino que no se presentaba como una disponibilidad constante habilitada para el conjunto de los actores sociales sin límites temáticos claros.
Si los discursos, en calidad de signos, manifiestan el mundo, el Humor Hipermediático pone a disposición de manera continua una manifestación enmarcada en los inestables juegos polisémicos reideros. En términos de Peirce (1974), podríamos decir que, con el Humor Hipermediático, el tratamiento mediático de objetos dinámicos[2] presenta siempre la posibilidad de que emerja su carácter risible. Emergencia que implica una particular semiosis. Andacht (2021) sostiene que los signos humorísticos quiebran las certezas que soportan las convenciones, la regularidad, la categoría fenoménica de la Terceridad, lo que habilita la exploración del posibilismo imaginativo.
Esa clase de experiencia es la que corresponde a la Primeridad, la categoría fenomenológica que da cuenta del “libre juego del sentimiento” (CP 6.201), y que anima la emoción sentida al sonreír y al reírnos como efectos de algunos signos sobre nosotros (209).
Tal interpretación semiótica coincide con los resultados de investigaciones sobre el funcionamiento neurológico que supone el reconocimiento de algunas expresiones reideras. Los estudios han mostrado que, ante los chistes gráficos y las escenas audiovisuales cómicas, el cerebro opera como lo hace cuando resuelve conflictos (Mobbs et al., 2003; Iwase et al., 2002; Watson et al., 2007; Weems, 2015). Esos discursos promueven ideas y sentimientos frecuentemente contrapuestos o de asociación absurda que motivan al cerebro a realizar una elección que solucione la tensión o el dilema,[3] lo que libera dopamina, sustancia química primaria del placer reidero. La convivencia de ideas y sentimientos discordantes como posibilidad de lo reidero también se halla en las teorías psicológicas del alivio y la incongruencia (Rod, 2007). Lo reidero pareciera desarrollarse, entonces, en el conflicto, la complejidad, y en ese instante de indeterminación, de la categoría peirceana de la Primeridad, anterior a una solución; un instante en el que las reglas que organizan la vida seria quedan suspendidas. Ese momento de placer y semiosis es el que pareciera extenderse como una disponibilidad permanente con el Humor Hipermediático.
Ahora bien, aquí sostenemos que el Humor Hipermediático no se agota en ese instante, sino que afecta al conjunto de la discursividad. Sus circulaciones del sentido lo entraman en la compleja red semiótica que genera la hipermediatización. De hecho, frecuentemente, actúa como un interpretante que simplifica la complejidad. Vimos, por ejemplo, cómo sucedía esto con el humor político del live tweeting, en que, ante la complejidad de un discurso presidencial, rápidamente se hacían memes que lo sintetizaban mediante la expresión de críticas y apoyos. Esa capacidad de síntesis y de generación de placer pareciera ser lo que impulsa su circulación hipermediática entretejiéndolo con lo serio y ampliando lo decible, lo visible y la participación ciudadana. Las burlas a Juan Sánchez y el humor político sobre Santiago Maldonado generaron reflexiones y discusiones en la que participaron enunciadores que no son convocados por los discursos serios. Y esto se presenta como una tendencia que se consolida con el paso del tiempo. En una investigación reciente sobre prácticas culturales de estudiantes universitarios (Dumm, 2022), se hallaba que asiduamente ellos se enteran de las noticias por los memes. El encuentro con esos discursos da comienzo a un proceso informativo en el que los estudiantes van a buscar las noticias a las que refieren los memes para comprender su gracia.
Jenkins, Ford y Green (2015) ya habían señalado la potencia de lo reidero para propagarse en su trabajo sobre la cultura transmedia, y los estudios del live tweeting lo han corroborado. En nuestra propia investigación, pudimos ver que el retuiteo de las publicaciones reideras llega a octuplicar al de las serias. Y esa propagación no se limita a Internet, sino que da saltos hipermediáticos que generan cambios de estatuto de los enunciadores y giros del sentido. De allí que Carlón (2020), cuando señala el poder[4] que adquieren los discursos con la hipermediatización, lo ilustra con un caso de circulación reidera. El autor indica que el poder de los discursos ya no depende únicamente de los enunciadores tradicionales, como las instituciones o los grandes medios corporativos, sino que cualquier discurso puede acceder al espacio público, y los reideros presentan una gran potencia para hacerlo, porque activan múltiples gramáticas que los reconocen en función de criterios de noticiabilidad.
A estas condiciones de propagación, debe agregarse la existencia de los sistemas de cuentas de las redes sociales mediáticas. Desde tiempos remotos, se ha afirmado que lo reidero se manifiesta en la interacción con un otro que comparte los presupuestos de los que se efectúan las incongruencias. Es sobre esa Terceridad compartida, del mundo dado por sentado, carente de sorpresa y por ende de gracia, sobre la que irrumpe la Primeridad, lo espontáneo que asombra; requisito indispensable para que surja lo reidero, como observa Andach.[5] Los sistemas de cuentas conforman colectivos hipermediáticos que, en parte, operan como aquellas parroquias que describía Bergson (2009), necesarias para que se diera la risa cómica. Aunque también en ellos opera ese otro que la limita, regula y hasta busca su eliminación. Pero el destinatario privilegiado de lo reidero es con quien se comparten los presupuestos, como lo demuestra el análisis que hicimos del humor político. La mayor parte de su producción se destinaba al propio colectivo de identificación, afirmando los lazos de pertenencia.
Tales propiedades del Humor Hipermediático, como las descriptas a lo largo de libro, nos permiten sostener que dicho Humor afecta al conjunto de la semiosis y por eso lo constituye en un objeto de estudio que debe ser atendido, si queremos comprender las producciones de sentido de nuestras sociedades contemporáneas.
- Este capítulo es resultado de los intercambios que mantuvimos con Fernando Andacht, a quien agradecemos su tan valioso diálogo.↵
- Peirce (1974) afirma: “El signo está en lugar de algo, su objeto […] no en todos los aspectos, sino sólo con referencia a una suerte de idea, que a veces he llamado el fundamento del representamen” (CP 2.228). Esa representación limitada a un aspecto hace que Peirce distinga al Objeto Inmediato del Objeto Dinámico. El Objeto Inmediato es el representado por un signo particular. El Objeto Dinámico, en cambio, “es la Realidad que por algún medio consigue determinar el Signo para su Representación” (CP. 4.536). O, como expande en la correspondencia con Lady V. Welby “el objeto dinámico no significa algo fuera de la mente. Significa algo forzado sobre la mente en la percepción, pero que incluye más de lo que la percepción revela” (SS 197). ↵
- Weems (2015) describe este proceso neurológico identificando tres etapas suscitadas en el procesamiento de chistes: una primera en la que el cerebro construye las posibles soluciones ante el conflicto que plantea el chiste; una segunda en la que el cingulado anterior gestiona las conjeturas elaboradas; y una tercera en la que se plantea la resolución. El autor sostiene que, más que el contenido de los chistes, lo que provoca la risa es la manera en que el cerebro elabora el conflicto planteado por él.↵
- Para su planteo, Carlón retoma la concepción de “poder” de Verón, quien lo define como el “sistema de relaciones de un discurso con sus efectos, cuando las condiciones de reconocimiento conciernen a los mecanismos de base de funcionamiento de una sociedad” (Verón, 1987, p. 134). A diferencia de las definiciones tradicionales, la suya tiene la ventaja de iluminar una dimensión del poder ligada al sentido y no determinada por los actores que enuncian los discursos. ↵
- Comunicación personal, 11 de julio, 2022.↵








