Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

¿Una nueva era de lo reidero mediático?

Antes de comenzar este libro, tómese unos segundos y trate de recordar algún día en que no haya recibido un meme en WhatsApp. O piense en qué campaña electoral los candidatos no compartieron tuits satíricos sobre sus oponentes. O intente, aunque sea, encontrar algún evento importante sobre el que no se hayan hecho stickers y videos cómicos. Difícil, ¿no? Pareciera ser que el humor se ha ganado el derecho de llegar sin que lo llamemos, irrumpir en cualquier actividad e invitarnos a reírnos de cualquier cosa, desde las más triviales hasta las más temibles y dolorosas. Sobre esto trata este libro. Sobre esta nueva mediatización de lo reidero que se ha instalado con la interacción de los medios de comunicación masiva y los medios con base en Internet y la telefonía móvil: el Humor Hipermediático.

Aquí intentaremos dar los primeros pasos para conocer cómo opera su producción de sentido, en qué se diferencia de las mediatizaciones anteriores y qué nos dice de nuestras sociedades contemporáneas. Pero, antes de comenzar con esta tarea, haremos algunas aclaraciones sobre la perspectiva desde donde parten nuestras indagaciones.

En primer lugar, habrá notado el lector que escribimos “lo reidero” en lugar de “humor”. Sabemos que no es un término habitual, pero elegimos hacer ese reemplazo con el fin de reservar “humor” para designar una manera particular de provocar risas, sonrisas y sus placeres y disgustos asociados. Esta propuesta la tomamos de Oscar Traversa (2009), uno de los primeros investigadores que se atrevieron a dar a lo reidero un estatus académico en Argentina. Así, usaremos reidero” y “risible” para designar todo aquello que puede generar risa, y solo utilizaremos Humor” con mayúscula con un significado equivalente cuando nombremos períodos históricos y mediatizaciones de gran extensión en la vida social, como el Humor Hipermediático.

También habrá notado el lector que utilizamos el prefijo “hiper-” para el carácter mediático del Humor. Esto no es algo original. Otros autores también lo usan para nombrar la mediatización contemporánea. En nuestro caso, remitirá al marco teórico en el que desarrollamos nuestras investigaciones. Nos referimos a la sociosemiótica de Eliseo Verón (1987a, 2013) y la apropiación que de ella hace Mario Carlón (2020). Continuando la periodización propuesta por Verón, que distingue las sociedades mediáticas de las mediatizadas[1], Carlón designa a la contemporánea como “hipermediática”. Una de sus cualidades principales es que, a diferencia de las anteriores, en ella, los medios de comunicación masiva ya no dominan la mediatización, sino que interactúan constantemente con los medios basados en Internet y la telefonía, lo que implica nuevas lógicas de producción y circulación del sentido. Vale aclarar que, en este libro, siempre que digamos “circulación”, nos referiremos a la diferencia entre la instancia de producción y reconocimiento de un discurso[2] (Verón, 1987a).

Este nuevo escenario mediático que describimos demanda algunos ajustes a la teoría de los discursos sociales de Verón por haber sido ideada previamente a la Web 2.0. El modelo analítico de Carlón tiene el fin de realizarlos centrándose en la circulación hipermediática, es decir, en la circulación generada en los intercambios entre los medios de comunicación masiva y los medios soportados en Internet y la telefonía.

Nuestra concepción del Humor Hipermediático está íntimamente vinculada a este modelo. Las investigaciones que nos llevaron a constituirlo en un objeto de estudio, como las que luego hicimos para describir sus operaciones, se realizaron compartiendo espacios de trabajo con Carlón mientras elaboraba su modelo teórico en la materia Semiótica de Redes, de la Carrera de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires, y en distintos proyectos UBACyT dirigidos por él en el Instituto de Investigaciones Gino Germani. Los años de intercambio continuo con Carlón y el equipo de trabajo han sido imprescindibles para alcanzar los resultados que aquí presentaremos. Desde esta semiótica adecuada al nuevo sistema mediático, dialogaremos con las principales teorías de lo risible.

Por último, quisiéramos apartarnos de algunos presupuestos habituales con respecto a lo reidero. El primero es la idea común en las ciencias sociales de que es un objeto de estudio banal, sin verdadera importancia para la vida social. En otro lugar nos hemos ocupado del carácter biológico y antropológico de lo reidero (Fraticelli, 2019), pero vale la pena repetir: no existe sociedad conocida que no posea manifestaciones risibles. Sus formas y regulaciones varían de sociedad en sociedad, y entre los colectivos y segmentos que las conforman, pero siempre se hallan discursividades ligadas al placer de la risa (Apte, 1985). La vida en sociedad se sostiene si existen momentos de escape, de juego, de reelaboración de lo serio. Quien no atienda a lo reidero podrá tener una compleja teoría de lo social, pero de una sociedad que no existe. Esto se evidencia aún más si quiere comprenderse nuestras sociedades contemporáneas. Lipovestky (2010 [1983]) ha observado que, durante la posmodernidad, lo reidero invadió el conjunto de las prácticas sociales. En las sociedades contemporáneas, este fenómeno se ha potenciado con las redes sociales mediáticas y los soportes tecnológicos que permiten mediatizar discursos de manera sencilla y económica.

Lo reidero, entonces, no se trata de un objeto que podría ser dejado de lado por su excepcionalidad, sino todo lo contrario, su ubicuidad hace necesario su estudio. Quien se interese en abordarlo debe estar atento a no caer en una trampa tendida por los verosímiles académicos. Son habituales las investigaciones que se presentan interesadas en lo reidero, pero que acaban estudiando cómo este representa temas serios: contextos históricos, conflictos sociales, identidades de género, etc. El placer risible es olvidado, como las maneras en que los discursos operan para generarlo. Esta no es una desatención menor, porque si algo define la vida social de lo reidero es que genera risa. Sobre esa facultad se emplaza su representación, conformación de identidades colectivas, etc. Por supuesto que es lícito y necesario estudiar esos objetos, pero no habría que olvidar su emplazamiento risible, porque los sentidos que promueve lo reidero raramente son equivalentes a los que se dan en lo serio, debido a que, en ambos, operan lógicas distintas. En nuestras indagaciones, nos ocupamos de esta cuestión y esperamos convencer al lector de la importancia de tenerla en cuenta.

Otro presupuesto del que nos distanciaremos es el que concibe a lo reidero como ontológicamente liberador y creativo. Es verdad que lo reidero suele ser un espacio de experimentación y renovación. Lo demuestran su presencia en las vanguardias históricas o el rol fundamental que juega la parodia en las transformaciones de los géneros literarios (Tinianov, 1967; Hutcheon, 2000 [1985]; Rose, 1993). El propio McLuhan (1967) señalaba a los humoristas como agentes que alteraban los ambientes culturales, y es conocido el papel liberador que observó Bajtín (1974) en lo cómico carnavalesco de la Edad Media y el Renacimiento. Pero lo reidero también puede ser conservador, reforzando verosímiles de colectivos y mayorías, como lo había señalado Eco (1998) con respecto a lo cómico, o como muestran nuestras investigaciones. Por ello, aquí no presupondremos ninguna cualidad política intrínseca de lo reidero, sino que ella estará supeditada a cada caso de análisis.

Finalmente, la última observación que haremos es el papel primordial que le daremos a lo mediático. En los estudios de lo reidero, es frecuente la desatención sobre esta dimensión aun cuando la mayoría de las veces se analizan casos que se despliegan en discursos mediáticos. La mediatización no aparece problematizada, como si fuera equivalente un chiste en la radio, la televisión, Twitter, TikTok o cualquier otro medio. Sin embargo, si se recuerda que la producción de sentido se asienta en la materialidad, sus cualidades son condición de posibilidad de lo reidero y de los modos que adopta. Desde allí, convoca placeres y disgustos y se abren sus producciones de sentidos. La atención en lo mediático nos obligará a realizar ajustes constantes a las teorías psicológicas, antropológicas y sociológicas de lo reidero, que frecuentemente se basan en intercambios cara a cara. Y esto se debe a que la mediatización habilita y restringe saltos de escala espaciales o temporales, intercambios e interacciones, materias de la expresión, prácticas y discursos vinculados que afectan a la producción y circulación del sentido.

Hechas estas aclaraciones, sinteticemos ahora el recorrido que proponemos en este libro. En el primer capítulo, definiremos el Humor Hipermediático y lo diferenciaremos de mediatizaciones risibles anteriores: el Humor Mediático y el Humor Mediatizado. Describiremos sus propiedades principales con el fin de sostener que nos encontramos ante un nuevo momento de la historia de la mediatización de lo reidero.

En el capítulo segundo, expondremos el herramental metodológico con el que abordamos la producción de sentido de lo reidero. Distinguiremos tres niveles de observación, uno concentrado en la propuesta enunciativa de la interfaz digital de las redes sociales, otro abocado al sistema de intercambio de la cuenta con su colectivo hipermediático, y el tercero, dedicado a la circulación hipermediática. El lector atento advertirá que este esquema de tres niveles puede ser útil también para investigar otros tipos de producciones discursivas más allá de lo risible.

A partir del tercer capítulo, nos ocuparemos de algunos de los principales problemas y novedades que trae el Humor Hipermediático a la producción de sentido contemporánea y la historia de lo reidero. La indagación siempre la realizaremos partiendo de casos de estudio, porque comprendemos que desde allí debe edificarse los postulados de las operaciones generales del Humor Hipermediático. Si lo hiciéramos de manera inversa, correríamos el riesgo de establecer gramáticas que no tienen asidero en la vida social (Fernández, 2021).

Comenzaremos entonces por preguntarnos acerca del particular dispositivo enunciativo que despliegan las cuentas fakes risibles analizando a la Dra. Alcira Pignata, una cuenta fake que entre 2010 y 2017 hizo sátira política en Argentina escandalizando con su humor negro, y las implicancias políticas que tuvo la denuncia de que su propietario era un funcionario del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Su análisis nos permitirá dar cuenta de la potencia de ataque que tiene la sátira de las cuentas fake en el debate cotidiano y cómo su anonimato puede caer por la acción de sus propios seguidores.

En el cuarto capítulo, estudiaremos el ciberbullying sufrido por Juan Sánchez, un adolescente de Bahía Blanca ridiculizado por cientos de memes, aun cuando artistas destacados lo defendieron y su madre inició acciones legales contra Google y YouTube. Con el caso, describiremos cómo la burla premoderna que había sido censurada por las instituciones mediáticas ahora asciende a la mediatización, lo que conlleva una promoción a gran escala de los placeres que genera y una institución de nuevos mecanismos de regulación de lo risible.

El quinto capítulo lo dedicaremos al humor político del live tweeting o tuiteo de las transmisiones televisivas de eventos políticos. Que lo risible participe de la construcción social de los acontecimientos no es novedad. Desde los inicios de la mediatización, existió la sátira política, pero, con los medios masivos, ella anticipaba los eventos o los comentaba luego de su aparición. Con el live tweeting, lo reidero construye el acontecimiento al tiempo que se desarrolla su televisación, y no lo generan únicamente las instituciones, sino también los internautas. Los eventos que analizaremos son el primer discurso de apertura de las sesiones legislativas del presidente argentino Alberto Fernández, en marzo del 2020, y el debate en el Senado argentino de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, en diciembre del mismo año. Con su estudio podremos delimitar cuatro modos principales del humor político del live tweeting y describir cómo se propagan en las redes y los medios masivos.

Los capítulos sexto y séptimo los dedicaremos al humor negro, no solamente por la expansión que ha tenido con las redes sociales, sino, también, porque evidencia las transformaciones que está sufriendo el sistema de géneros risibles. En el séptimo, observaremos cómo se desplegó en páginas de Facebook kirchneristas y antiperonistas con la desaparición de Santiago Maldonado. Podremos bosquejar una breve historia de su vínculo con la sátira política e identificar modalidades que se han instalado sin distinción partidaria.

En el octavo, estudiaremos cómo el humor negro procesó la pandemia del COVID-19. Analizando cuentas risibles desde las primeras noticias que llegaron a Argentina hasta el diciembre del 2021, describiremos cómo lo risible actuó ante las incertidumbres y los sufrimientos causados por la mediatización del virus hasta que fue apropiado por la lógica de la polarización política.

El capítulo final lo dedicaremos a unas últimas observaciones sobre cómo el Humor Hipermediático afecta al conjunto de la producción del sentido contemporánea.

Con la esperanza de que aún el lector siga interesado en este libro, lo invitamos a iniciar esta exploración por el Humor Hipermediático.


  1. Más adelante nos detendremos en esta distinción. Solo para presentarla, la sociedad mediática es aquella en que los medios operan y son concebidos bajo la lógica de la representación (ventanas al mundo). En la sociedad mediatizada, en cambio, estos se asumen y actúan como constructores de la realidad. El uso del término “sociedad” para tipificar transformaciones mediáticas se debe a que Verón sostiene que ellas afectan al conjunto de las prácticas sociales. La mediatización es un proceso estructural equivalente a la globalización, la civilización, etc. Ese es uno de los presupuestos de nuestro trabajo.
  2. Siguiendo con las definiciones de Verón, por “discurso” comprendemos un recorte espaciotemporal de la semiosis o de la dimensión significante de los fenómenos sociales. Un discurso puede ser un meme, un video, una transmisión televisiva, un emoticón, etc., es decir, cualquier materia significante que es investida por el sentido. Para analizar cómo produce sentido, es necesario estudiar los condicionamientos que posibilitaron su producción y reconocimiento, así como su circulación y las gramáticas que operaron.


Deja un comentario