Bruno Latour[2]
(Una hermosa mañana de mayo de 2004, un martes, en los Jardines de Luxemburgo). (Cualquier parecido con personajes reales o con teorías sostenidas realmente es pura coincidencia).
Él —¿Llego tarde?
Ella —Sí, pero bueno, privilegio de los hombres.
Él —Antes eran las chicas las que tenían derecho a llegar tarde, ¿no?
Ella —Es lo que se llama “paridad”: reparto igualitario del descaro…
Él —No había terminado de preparar mi texto.
Ella —¿Qué estabas leyendo?
Él —Gabriel Tarde of course, siempre nos taladran la cabeza con su Tarde. Hay que hacer un ejercicio de escritura sobre un párrafo suyo. Siempre el mismo método.
Ella —¿Y qué escribió esta vez “su” Tarde, como vos decís?
Él —“El principio y la fuente de toda coordinación social reside en algún hecho muy general desde donde desciende de forma gradual –pero debilitándose significativamente– hasta los hechos particulares, y que, en suma, el hombre se mueve, pero que una ley de la evolución lo conduce”.
Ella —No veo la dificultad. El estructuralismo es lo más clásico que hay.
Él —Sí, pero eso es precisamente lo que critica Tarde, es lo que le reprocha a Durkheim: “… el hombre se mueve, pero una ley de la evolución lo conduce”. No te leí el principio del párrafo: “Sin embargo, bajo formas multiplicadas y con menos dimensión se comete siempre, de este modo, el mismo error: creer que, para ver que aparecen poco a poco la regularidad, el orden y el funcionamiento lógico en los hechos sociales, hay que salir de su detalle, esencialmente irregular, y elevarse muy alto hasta abarcar con una vista panorámica vastos conjuntos […]”.
Ella —Pero entonces, ¿qué opone él a esto?
Él —Es lo que dice a continuación: “En cierto sentido, creo lo contrario. […]. Así, al revés que los filósofos sobre los que acabo de hablar, constato que solo el detalle de los hechos humanos encierra adaptaciones sorprendentes, que ahí está el principio de las armonías menos perceptibles en un dominio más vasto y que, cuanto más se asciende de un pequeño grupo social muy unido […], menos perfecta y llamativa es la solidaridad”. Y continúa, escuchá esto, que es igualmente inaudito: “En general, hay más lógica en una frase que en un discurso, en un discurso que en una serie o grupo de discursos, en un rito especial que en todo un credo, en un artículo de una ley que en todo un código, en una teoría científica concreta que en todo un cuerpo de ciencia y en cada trabajo ejecutado por un obrero que en el conjunto de su conducta”.
Camarero —¿Qué le traigo?
Ella —Un expreso.
Él —Y para mí una cerveza con limón.
Ella —Es agradable este lugar. Los Jardines de Luxemburgo al sol. Es una ventaja del Centre de Sociologie de l’Innovation (CSI), poder disfrutar incluso de los jardines… Fijate que tampoco está lejos, solo hay que caminar por la calle Monsieur le Prince.
Él —Sí, pero además tenemos una parte de Luxemburgo solo para nosotros, justo detrás de los invernaderos. Por suerte tenemos eso, casi es la única ventaja.
Ella —Y de todas formas, ¿no te persiguen?
Él —No, en realidad no. Lo que pasa es que nunca entiendo lo que quieren. “En general, hay más lógica en una frase que en un discurso”, es todo lo contrario de lo que dice la lingüística: detrás de las frases particulares, detrás de la multiplicidad, hay una lógica inmanente que se expresa de manera calculable. Incluso, es todo el principio de la ciencia. ¿Por qué nos obligan a afirmar lo contrario? ¿Cómo hacer ciencia solo con lo particular?
Ella —A nosotros, en cambio, nos taladran la cabeza, como vos decís, con las gramáticas. Siempre hay que encontrar gramáticas, y yo tampoco entiendo nunca lo que se espera de mí… Lengua y habla, nunca estoy segura de entender.
Él —Al contrario, es genial: estudiás a los hackers, los escándalos financieros, las crisis de consciencia de los periodistas, las apariciones de la Virgen María, y, por lo menos, sabés adónde vas, cortás en pedacitos todas las entrevistas, todos los documentos, y buscás la gramática general de la que no son más que las expresiones significativas y reveladoras. Solo te preocupás por lo que la gente piensa, no por lo que pasó realmente. Es como estudiar una lengua, eso es ciencia. Te envidio, a tus hombres “una ley de la evolución los conduce”, basta con detectarla: la verdadera ciencia. La gente expresa algo que tiene sentido y que siempre está al alcance de la mano.
Ella —No estoy muy segura. Me cuesta mucho precisamente porque no logro seguir todo esto, no entiendo adónde lleva. Cada vez que entiendo un pedazo de entrevista, clac, se corta, y me encuentro con lo que sigue cien o ciento cincuenta páginas después, nada se sostiene por sí mismo, todo debe pasar por la estructura, la gramática, como dicen, que es lo que tiene que permanecer al final. A veces, incluso hacen desaparecer las entrevistas enteras, y todos los documentos, de los que solo quedan fragmentos. Lo ideal es que incluso no se sepa más si hemos hecho trabajo de campo o no. Me molesta. Todos hacen maquinarias complejas, y yo no sé hacer maquinarias complejas. Como dice Tarde, me gustaría más describir un artículo del código que un código entero.
Él —No podés decir que el Groupe de Sociologie Politique et Morale (GSPM) no hace trabajo de campo. En el CSI, a veces se llama “campo” a tres mediodías de entrevistas, algunas observaciones, y luego extraen de eso artículos de por vida.
Ella —No vamos a pelear por quién es el más empírico… El problema es lo que hacemos con los datos.
Él — Es normal que ustedes busquen establecer gramáticas si es la “ley de evolución” la que conduce a los humanos. Para nosotros, es al revés, “detalles, detalles, pedazos de vida sangrantes” es lo que siempre quieren. Lo pintoresco, les encanta lo pintoresco.
Ella —Sí, pero nunca se entiende nada de lo que decimos porque nunca se describe nada de manera continua. Nunca te presentan lo que ustedes llaman una “red”.
Él —¡Ah! No me hables de redes, estoy harto, hasta pienso en redes cuando pido espaguetis.
Camarero —¿Para quién es la cerveza?
Ella —Para él, gracias. ¿Por qué se dice “amable como una puerta de cárcel” y no “amable como un camarero”?
Él —“Parisino”, hay que añadir “parisino”.
Ella —O “sartriano”.
Él —¿Sartriano?
Ella —¿El ser y la nada? No entendés… Nunca te presentan una situación particular, complicada, en todos sus pormenores. Si prestás atención, nunca han sido capaces de hacer una sola descripción antropológica completa. Leés El nuevo espíritu del capitalismo y al final no sabés nada de lo que se hace en una empresa, nada del mundo concreto, nada de…
Él —Estás exagerando, La justificación está lleno de objetos, de mundos. Y, además, no solo está La justificación. Hay otros regímenes ahora, precisamente para prestar atención a las técnicas, a las disposiciones, a los objetos, a los cuerpos.
Ella —Vistos por los humanos, para los humanos. La sucesión, siempre son los humanos los que la hacen pasando de un objeto a otro.
Él —Pero al menos, al final, sabés lo que es el espíritu del capitalismo, lo que dirige todo este desorden, la ciudad por proyecto. Precisamente, cuando tomás distancia, ves los conjuntos. En el CSI tuvimos dos tesis sobre los mercados financieros: no nos movemos de la silla giratoria del trader; nos sumergimos en los robots informáticos; nunca vemos el capitalismo y, además, todos esos capitalistas parecen muy simpáticos. Te digo que el árbol no les deja ver el bosque.
Ella —Te voy a confesar algo, no creo en absoluto que el capitalismo tenga un espíritu, y, además, me molesta decirlo, pero no creo que el capitalismo exista realmente… Si tuviera que hacer tu ejercicio, con tu Tarde, lo que me gustaría intentar es describir de forma concreta, continua, sin hacer nunca saltos bruscos hacia la “gramática”…
Él —Entonces te va a gustar la siguiente frase de Tarde: “En el fondo del se, si buscamos bien, no encontraremos nunca más que una determinada cantidad de ellos y de ellas que se han mezclado y confundido al multiplicarse”. Este fue el ejercicio de la semana pasada.
Ella —¿Qué? ¿Individualismo metodológico en Tarde?
Él —No, para nada, él y ella no son individuos, humanos, son multitudes, neuronas, diferencias, variaciones. No tiene nada que ver con una crítica de la sociedad cosificada. Solo que ¿cómo querés conseguir este efecto de composición con el capitalismo?
Ella —No sé, no es mi campo. ¿Me pasás esas tesis sobre los mercados financieros? A mí, en cambio, me parece genial, y completamente científico. En el GSPM todavía creen que el “uno” está en un plano y el “ellos” y el “ellas”, en otro, como si hubiera que elegir y abandonar la multitud empírica para ir hacia la gramática. El “uno” existe, pero enredado; por lo tanto, explica menos, y no más, eso es lo que dice tu texto.
Él —Decididamente, voy a dejar que hagas mi ejercicio de escritura: ¡te va a salir mejor que a mí! ¿No te parece que, si hay un caso donde son absurdos todos estos argumentos de redes, apegos, conexiones, de lo pequeño que explica lo grande es en el capitalismo, en la economía, etc.?
Ella —No te entiendo. Incluso yo sé que la “nueva sociología de la ciencia y la tecnología”…
Él —Vamos, eso no existe, es un mito, nos machacan con eso, pero nadie está de acuerdo, los science studies son un puro bla, bla… Son seis o siete y ni una vez me han dicho lo mismo, “el pensamiento CSI” es una invocación piadosa. No hay dos que estén de acuerdo.
Ella —¡Sí, eso es una gran diferencia! En el GSPM siempre están de acuerdo en todo… Armonía total.
Él —No seas sarcástica.
Ella —Te hablo de Tarde, vos mismo me lo explicaste, cuando toma el ejemplo de una buena sociología, donde todas las conexiones son rastreables, es la sociología de la ciencia a la que se refiere, ¿no? Me dijiste, cito de memoria: “En el monumento de las ciencias, se conocen todos los vínculos entre el laboratorio de Galileo y la vacilación de un joven campesino escolarizado que no sabe si debe creerle a su maestro que le asegura que la Tierra gira alrededor del Sol o lo que le muestran sus sentidos”. ¿Cómo era? ¿Era “el monumento científico”?
Él —Totalmente. Esperá, estoy buscando el pasaje. Acá está: “En cuanto al monumento científico, quizás el más grandioso de todos los monumentos humanos, no hay duda posible. Se ha edificado a plena luz de la historia, y estamos siguiendo su desarrollo más o menos desde sus inicios hasta nuestros días […]. Todo está allí en su origen individual, no solo todos los materiales, sino los planos, los planos de detalle y los planos de conjunto; todo, incluso lo que ahora está extendido en todos los cerebros cultos y que se enseña en la escuela primaria, comenzó siendo el secreto de un cerebro solitario, etc.”. Indiscutible. Para él, la sociología de la ciencia no es un caso aparte, es el caso ideal para todo el resto de la socio.
Ella —Bueno, en este caso, estás de acuerdo: detrás de todos los se, hay un él y un ella, tal laboratorio, tal tratado, tal cuerpo de doctrina, tal enseñanza, tal manual escolar, tal comisión de planeamiento, tal día de escuela. Comienza en Galileo y termina en una escuela de Saint Paul le Froid en la perdida región de Lozère. Por lo menos, en el caso de la historia de la ciencia, no nos pasa, las estructuras son visibles al mismo tiempo que las redes, son visibles en las redes. Sin saltos, e incluso los se siguen siendo vínculos asignables, rastreables. Eso es lo que quiero hacer con mis malditos actores. Si se puede hacer para la ciencia, se puede hacer para el capitalismo, para la Virgen, para las crisis financieras, para todo. En todas partes, en lingüística, en moral, en política pueden contarnos historias de estructura porque hemos perdido las huellas, no hay más que se sin ataduras. La estructura es una red mal conocida.
Él —Pero es todo lo contrario: la red es una estructura muerta al nacer… No estás entendiendo hasta qué punto nuestras redes no tienen forma. No tienen lógica. Yo solo sé que no logro seguir a los míos. Sin embargo, con los adictos, esto debería ser fácil. No hay datos. Simplemente eso.
Ella —Esperá, esperá, no es lo mismo. Decir: “Estoy buscando una red y no puedo tener los datos; hay agujeros, lagunas, brechas”, está bien, de acuerdo, lo admito, pero no es en absoluto la misma cosa el hecho de tener descripciones concretas, pasar años en el campo y después cortar los datos voluntariamente, interrumpirlos, para ubicarlos en categorías gramaticales donde los fragmentos de las entrevistas se convierten en expresiones, ejemplos, instancias que vamos a recoger en una misma bolsa para darles continuidad.
Él —Parece lo mismo.
Ella —¡Pero no! En un caso, es una falta de información: en principio, todo está por describirse como una red, siguiendo las conexiones; en el otro, es una voluntad, incluso cuando tenemos las informaciones, la voluntad de atenerse a la red y la de romper la continuidad de la red para ir a buscar la organización oculta, la que actúa sin el conocimiento de los “actores mismos”… Te vas a dar cuenta de que, por ejemplo, nunca presentamos una entrevista de seguimiento o una descripción continua de un curso de acción.
Él —No seas injusta. De hecho, el GSPM se definió por la lucha contra la explicación estructural. Contra el desconocimiento. De lo contrario, todavía estarían en Bourdieu. Todo lo que hacen depende de eso, los actores saben lo que hacen y deben justificar su acción. Aun así, no podés culparlos de volver a las estructuras ocultas, ya que todos sus actores justifican explícitamente su acción. Ex-plí-ci-ta-men-te, mi querida, todo está allí. Y aquí, a ambos lados de Luxemburgo a los “actoresmismos” se los consideran iguales.
Ella —Mirá, cada vez soy más escéptica con eso. Fingen haber roto con la sociología crítica, pero, si se mantiene el tipo de explicación estructural, se cambia el papel de la estructura, pero no se cambia realmente de sociología: los “actoresmismos”, en lugar de tener una ley de la evolución que los conduce sin que lo sepan hacia su conocimiento, Bourdieu, Durkheim, se siguen teniendo muy en cuenta, pero esta vez guiados por una gramática en la que deben elegir, que los separa entre un número limitado de posibilidades, seis ciudades, o siete u ocho, tres ontologías, nueve regímenes de acción. ¿Sabés qué?, los seminarios siempre me recuerdan a la China de Mao: “los tres pasos”, “las seis virtudes”, los “siete pecados capitales” and so on.
Él —Estás yendo demasiado lejos, no es porque tengas problemas con tu director de tesis por lo que tenés que confundir la sociología crítica y la sociología de la crítica. Actores que no saben lo que hacen y actores que justifican sus acciones, no es para nada lo mismo.
Ella —Para un bourdieusiano, la diferencia es importante, de acuerdo, pero visto desde tu señor Tarde, o desde el CSI…
Él —Esperá, soy yo el que está en el CSI…
Ella —… precisamente, desde su punto de vista, quiero decir, desde el punto de vista de las redes, la diferencia no es tan grande, ya que, en los dos casos, piden una explicación en términos de gramática. Es exactamente tu frase de Tarde,“Una ley de la evolución lo conduce”, pero en el fondo, el actor humano no hace nada, nada en absoluto. Estructura social igual a Bourdieu; gramática moral igual al GSPM; es parecido al menos, en ambos casos los actores no actúan realmente.
Él —Depende de lo que llames “acción”. ¿No creés que la gente común está destruida? ¿Creés que lo pueden todo, que son demiurgos reinventando el mundo a cada segundo? Como los “actores-héroe”, digo, los “actores-red”…
Ella —¡Oh, qué feo lapsus! Están destruidos, dudan. Sí, estoy convencida de eso. Los dividen mil “duelos lógicos”, como dice Tarde. Pero, exactamente como decías, esos duelos son los de tu joven campesino escolarizado: es un evento particular del que se pueden seguir los pormenores, sin saltar en ningún momento una estructura social o, una vez más, sin tener que pasar por una gramática moral, ni por un régimen de acción hasta el laboratorio de Galileo. Por el hecho de que los actores duden, no hay ninguna razón para concluir que están tironeados entre un número finito de posiciones posibles.
Él —Así que están tironeados entre un número indefinido de nudos, de situaciones, de particularidades sin forma, como mis adictos, ¡y no voy a terminar mi tesis! El problema de las redes es que nunca se sabe dónde comienzan o dónde terminan. Las gramáticas son una manera de poner orden en los datos innumerables y heterogéneos que, sin esto, en realidad constituyen un montón sin forma.
Ella —“Tesis terminable, tesis interminable”. Lástima que Freud no haya escrito un opúsculo sobre eso.
Él —Es lo que siempre nos repite nuestro director de tesis: “Una buena tesis es una tesis terminada”.
Ella —Sí, como el eslogan del Lejano Oeste: “Un indio bueno es un indio muerto”.
Él —Por cierto, un poco racista su eslogan, e incluso colonialista.
Ella —Escuchame, con respecto a eso, debemos ser iguales. En ninguno de los dos laboratorios, se terminan rápido las tesis; nosotros hacemos maquinarias complejas, ustedes hacen desórdenes, en cualquier caso, no se termina…
Él —Pero estos son los dos únicos centros que hacen sociología interesante en Francia, que se llevan bien, que intercambian a sus estudiantes, que se citan todo el tiempo, que están de acuerdo en todo, al menos contra los demás y, en lo que decís, parece como si no estuvieran de acuerdo en nada.
Ella —Es que tengo exactamente la impresión de que, en el fondo, no están de acuerdo en nada. Tal vez se llevan bien, tienen mil cosas en común, pero, al final de todo, sencillamente no creen lo que los otros dicen. Sencillamente, no los influye.
Él —Ahora estás siendo muy GSPM. Creés que, si los principios son diferentes, no tenemos nada en común. Ascendés demasiado en generalidad. En la práctica, es todo lo contrario, los dos centros no han dejado de colaborar mutuamente.
Ella —Sí, es verdad, cada uno busca lo que más le falta. Como la respuesta del corsario Surcouf cuando los ingleses lo tenían prisionero: los ingleses decían “Ustedes los franceses luchan por el dinero, nosotros por el honor”. Y Surcouf respondió: “Milord, cada uno lucha por lo que no tiene”.
Él —No te das cuenta de que nuestras redes, o más bien sus redes, no tienen ninguna forma estable, y además no permiten ningún juicio de valor. Anything goes.
Ella —Pero esos son clichés. No vas a reactivar la acusación del GSPM contra el CSI de nietzcheanismo, deleuzismo, deleuzianismo, no sé, ¿cómo se dice? ¿Por qué no “hacer una sociología de ingenieros”?
Él —Pero hay algo de eso. Sí, se parece mucho. No es un cliché. Incluso, nunca antes vi surgir una posición crítica del CSI, un fundamento ético cualquiera. Siempre se trata de una celebración desenfrenada de la pura multiplicidad, una connivencia con el mundo tal como va, un gusto fascinado por lo heterogéneo. En este sentido, son los que más se parecen a Bourdieu: de la moral no se habla nunca. Y cuando por fin se ocupan de la moral, es puro Habermas: nos sentamos a una mesa y hablamos hasta que lleguemos a un acuerdo. Tenés que admitir que incluso esto no va muy lejos.
Ella —¿Querés decir que el CSI está más cerca de Bourdieu que del GSPM?
Él —Pero sí, creo que tienen una especie de relación decepcionada con la sociología crítica. La única diferencia real es entre las sociologías que toman la moral en serio y aquellas a las que no les importa. Los humanos justifican su acción. No se puede hacer nada.
Ella —Bueno, ¿quién dice que no?
Él —El CSI y los bourdivinos…
Ella —¿Es una broma? La vacilación continua ¿acaso no es moral?
Él —Pero no, porque nunca hay dos planos, el del mundo y el del ideal. Si quitás el ideal, no tenés más sociología seria.
Ella —Es platonismo, ¿por qué habría dos planos, lo real y lo ideal y no dos mil setecientos cuarenta y nueve planos? ¿De verdad afirmás que no hay dimensión normativa en el CSI?
Él —Es complicado. No hay distancia crítica, pero al mismo tiempo pretenden encontrar, no sé cómo explicarlo… Decías antes que en el GSPM había una ruptura de plano entre el “uno” y los “ellos” y las “ellas”, mientras que la red sigue sin romperse nunca, continuamente. Tengo la impresión de que es lo mismo con el juicio ético, querrían obtenerlo, una vez más, sin romper el plano, sin saltar hacia la justificación, un fundamento diferente de la multiplicidad pura. El problema es que esto no es posible, y la mejor prueba es que, al final, cuando tienen que moralizar, de repente cambian de opinión y hacen de la democracia participativa todo lo que hay de más clásico. Y, en esto, el GSPM me parece diez veces más astuto.
Ella —¿No es posible o no se parece a lo que se llama “justificación moral”? La sociología de la traducción no me parece inmoral. Solamente que, otra vez, no es una gramática la que la produce, no es un salto hacia la moral después de los hechos, que son diversos. Es verdad que a menudo se parece a la connivencia. Pero, aun así, la proximidad ¿no proporciona tanta capacidad crítica como la distancia?
Él —¿Una “proximidad crítica”? No estaría mal.
Ella —Por cierto, tu campesino de antes, el que miraba la puesta de sol en Lozère, dudaba: por lo tanto, la descripción en términos de red, a lo Tarde, es una hermosa prueba de moralidad. El campesino está confundido, ¿qué debe creer? ¿Qué puede saber? Y, sin embargo, es el punto de culminación de una red continua.
Él —Sí, pero eso no ofrece ninguna base nueva para decidir, para elegir la buena teoría, heliocéntrica o geocéntrica.
Ella —¿Mientras que apelar a las ciudades o a los regímenes de acción ayudaría?
Él —Sí, enormemente. Eso permitiría añadir a la simple experiencia la llegada de una norma. Parece que no te das cuenta de lo que les falta a las redes. Además, ese es tu problema, ¿no? Si no llegás a nada con tus actores, es porque todavía no descubriste su régimen de justificación. Ahora bien, en algún momento vas a tener que hacerlo.
Ella —Pero vos, aunque estás dentro del CSI, parece que no lo ves. Yo no hago más que seguir tu ejemplo, el de la frase de Tarde que citaste antes, que la red transporta también ciudades, conglomerados, “los planos de detalle y los planos de conjunto”, si hay más “lógica en un artículo de ley que en todo un código”, ¿acaso no es porque el código también circula y pesa, pesa mucho, aunque tenga menos realidad que el artículo, que la particularidad?
Él —¿Querés hacer circular los códigos, las ciudades, las estructuras, las justificaciones, los regímenes en el mismo plano que las redes?
Ella —Sí. No estoy en el CSI, pero, visto desde lejos, me parece que es la idea, la moral inmanente, la justicia inmanente, ¿no? Permanecer en el plano de inmanencia.
Él —“Plano de inmanencia”, te recuerdo que es a lo que se opone la sociología moral y política. Es solo un recordatorio. Puro Deleuze. “Irreducciones”, and all that. Siempre falta algo.
Ella —¿Pero entonces qué? ¿Trascendencia? Decilo. Admitilo.
Él —Bueno, sí, trascendencia. De todas formas, no es una mala palabra. Con las redes simplemente vas only so far. Llega un momento en que hay que agregar algo.
Ella —¿Desde el exterior? Ahí es donde siento que no estoy de acuerdo. Ahí es donde falta algo. Me incomoda lo que siento en el GSPM. Precisamente, lo que falta es cercanía, la descripción fina de las vacilaciones que generan los vínculos continuos entre los objetos. Tu campesino está posicionado en dos definiciones diferentes del sol, y en realidad pueden ser más que dos. El sol de Copérnico de los manuales de la escuela primaria también pesa mucho y circula, se transporta. Mis hombres están obsesionados con sus centrales nucleares, sus bosques devastados, sus ballenas perseguidas. Si me acerco más, las diferencias abundan aún más. Si me alejo hacia la gramática que da sentido a su acción, es horrible, pero siento que estoy perdiendo el sentido, justo cuando, según mis profesores, debería encontrarlo. Es ahí donde tengo problemas. En todo caso, no me encuentro nunca con dos planos.
Él —A pesar de todo, ¿no te impide dormir este asunto del GSPM versus el CSI…?
Ella —Sí, no me deja dormir.
Él —Dejá de tomar café, entonces. No es bueno para vos. Yo también estoy molesto, pero por la razón contraria. No digo que me impida dormir, pero, cada vez que presento a mis adictos, me preguntan: “¿Y qué hacen las moléculas químicas en esta historia?”, “¿Cuál es el papel de los actantes?”. ¡Ah, cuando hablan de “actantes”! ¿Qué querés que hagan las moléculas?
Ella —Y bueno, son adictos, ¿no? La química tiene que jugar un papel en este asunto.
Él —Pero ¿cuál? No lo puedo entender. Hace dos años que me acosan con los “no humanos”. En serio. ¿Qué te parece esta historia de no humanos? Es una broma, ¿no? ¿Es para hacerse los ingeniosos? No lo creen de verdad, ¿no?
Ella —Ahora me sorprendés. ¿Estás en el CSI y no creés en los no humanos?
Él —En serio, nunca hablamos de ese tema en realidad. Siempre hacemos como si entendiéramos lo que es un ser no humano, y en los seminarios es lo mismo. A decir verdad, deep down, no, no lo creo. Se hicieron famosos por eso, pero siento que es una manera que encontraron para volverse interesantes, para hacerse los payasos. Deep down, este asunto de no humanos no me lo trago.
Ella —Te ponés pesado con tus anglicismos. Deep down, como vos decís, si les sacás eso, no queda nada de su sociología.
Él —Precisamente, eso es lo que me preocupa… y me embarcaron en este asunto; después, en el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y en el Conseil National des Universités (CNU), hacen falta años para olvidar que uno hizo su tesis ahí. Y cada vez, nunca falla, es debido al rol de los no humanos: “Ah, ¿son ustedes los que piensan que una puerta automática tiene los mismos derechos civiles que un refugiado afgano?”.
Ella —Entonces, ya no te entiendo del todo. Pasaste por ellos para evitar la sociología estándar, la sociología crítica, y te das por vencido con los no humanos. Tendrías que haberte quedado en lo tuyo, entonces. Yo te voy a confesar lo contrario, vivir en un laboratorio donde el mundo no existe es mucho más inquietante.
Él —¿Cómo es que el mundo no existe en el GSPM?
Ella —¡Pero no! Si estuviéramos en el siglo xii, ellos harían la misma sociología. Es como si Darwin no hubiera escrito. Los cuerpos no existen, ni los árboles, ni las vacas, ni los productos químicos, ni los bosques, ni las multitudes de agentes, de actantes, como ustedes dicen. Creeme, no sabés la suerte que tenés. Vos podés pasar tres horas evaluando los matices entre la morfina, la endorfina, la naloxona y la metadona, discutiendo la diferencia entre la seguridad intrínseca y la seguridad extrínseca en el subterráneo, los matices entre las vieiras de Saint-Jacques de la bahía de Saint-Brieuc y las de la bahía de Brest, a mí eso me parece genial. Nosotros siempre estamos en los regímenes de acción, en lo humano, detrás del cristal, encerrados en lo simbólico, obligados a interrumpir nuestros datos para darles sentido; ustedes deambulan por todas partes. Ayer, estaban en las nanotecnologías, mañana en los vinos finos. Tienen una libertad de maniobra increíble.
Él —Pero eso ni siquiera es ciencia. Es solo para impresionar al sociólogo medio, no saben nada. Me revolotean en la cabeza las “controversias científicas”, los actores, las “ontologías variables”. Cuanto más me sumerjo ahí, menos veo el final de mi tesis. Juegan a las matemáticas, pero no saben de ciencia.
Ella —Se diría que nunca los leíste, o yo los leo de manera muy diferente. Seguro que no se parece a las ciencias, ya que no son hechos positivos, hechos a la antigua. Realmente descubrieron algo nuevo, los science studies. Estás sugiriendo que no inventaron nada.
Él —Vos también usás el spanglish, querida mía… Siempre se habla de science studies en el CSI, pero de ahí a hablar de “descubrimiento”… De todos modos, la sociología de las ciencias no es física cuántica. Ellos criticaron el cientificismo, de acuerdo, pero hicieron nada muy diferente con las ciencias.
Ella —Al menos, me parece, no soy especialista, por primera vez nosotros, la gente de las ciencias sociales, podemos conectar el mundo social con los seres, los actantes, como ustedes dicen, que no son estúpidos matters of fact. En cualquier caso, ahora hay un conducto; son sociedades conectadas a otras sociedades, como dice Tarde. Eso lo cambia todo, ¿no? Por fin el sociólogo puede salir del simbolismo, acceder al mundo, pasar al otro lado del vidrio… Claro que no es ciencia cientificista, ¿cómo decirle?
Él —Claro, ese es el problema, nunca se sabe cómo decir… A la vez, es más que lo social de los sociólogos y mucho menos que la ciencia de los científicos. Quizás, te lo dije de manera superficial, es una buena idea, pero inutilizable, porque si se puede invocar a los no humanos, y no se privan de hacerlo, no se puede hacerlos actuar de otra manera. Al final, siempre están los hechos a la antigua, como decís.
Ella —¿Te parece? Si tenés razón, sería muy grave. Yo creía que con los science studies (es cierto que este anglicismo es irritante) la sociología social o moral tenía por fin su sociología física, de la misma manera como la geografía, la antropología o la psicología también tienen sus dos ramas, sus dos formas de involucrar a los no humanos. ¿No pensás que es así?
Él —¿Cuál es la ventaja si no se puede aprovechar esta apertura? Los otros, los positivistas, pueden conectar el naturalismo social y el naturalismo natural. ¿Pero ellos? O si no, hacen esta conexión, y es exactamente la sociología de ingenieros lo que se les reprocha, una especie de sociobiología un poco mejorada. Pero, como rechazan la naturalización, terminan en un verdadero pastiche. En el GSPM, quizás ustedes están limitados a los seres humanos, a sus pensamientos, acciones, actitudes, pero al menos pueden ir hasta el final de sus investigaciones.
Ella —Pero, sin embargo, dado que la acción de los no humanos ya no es tan solo la causalidad física, este hecho debería cambiarlo todo, precisamente para comprender tus moléculas químicas: por fin podés conectarlas con sus adictos. Antes, con los hechos positivos, no podías, eran inconmensurables.
Él —Entonces, en síntesis, ¿los receptores de metadona son los mismos que los de la morfina? ¿Cuál es la diferencia en el consumo de drogas de los pobres adictos que quieren salirse con la suya?
Ella —¡Dejá de fumar como una chimenea, estás en la cincuentena! Y la nicotina ¿no te hace nada?
Él —Eso no tiene nada que ver.
Ella —Todo lo contrario. Si yo viviera con vos y me fumaras en la habitación, me gustaría llegar hasta el final de las controversias acerca de la nicotina, al revés.
Él —¿Vivir con vos? ¿En serio?
Ella —Hablamos de sociología. No delires, es un ejemplo. ¿Puede la sociología dar acceso al mundo? Eso es lo que me interesa. Los humanos y “las leyes de la evolución que los conducen” solo me apasionan a medias. Sobre todo, cuando estudio a apasionados en derecho ecológico, tipos que se harían cortar en cuatro por bananas y ballenas. Tengo más que suficiente de humanos equipados con regímenes de acción, con su mochila llena de moral, de estructuras en las que hay que meter mano para garantizar la continuidad de los cursos de acción. Que me dejen un poco en paz. Me interesa el mundo, no lo que piensan los humanos. Si cortás todas las conexiones que establecen con las cosas, es evidente que su acción carece de justificación: se transformaron en zombis.
Él —Sos muy injusta. Vos tampoco leíste nunca a tus profesores. No podés pretender que corten los datos continuos para dejarlos sin forma y que luego busquen un principio de coordinación en el pensamiento de los actores porque no lo encontraron en las cosas…
Ella —Sí, eso es exactamente lo que nos dicen: “El CSI cree que se puede describir el mundo social, mientras que en el GSPM nos conformamos con describir la manera en que los humanos piensan el mundo”.
Él —Lo decís como si todos fueran kantianos extremos.
Ella —¡Pero son kantianos extremos! Para ellos el mundo es efectiva, real e intrínsecamente amorfo; no dejan de repetirlo: dejado a sí mismo, el mundo no tiene forma, y son los seres humanos quienes vienen a darle la lógica, el orden, la moral, el sentido.
Él —Mirá, creo que vas demasiado lejos, no pueden afirmar que el mundo es amorfo…
Ella —Sin humano, no hay categoría. ¿Eso no es Kant puro y simple?
Él —Igual, un poco de razón tienen. Como Kant, por cierto, ya que, de todas maneras, no sabemos qué hacer con el mundo fuera de lo humano. En el CSI, gesticulan hacia él; no saben involucrarlo realmente. La sociología es la ciencia de lo social, de lo social.
Ella —¡Me estás diciendo eso cuando tenés que preparar un ejercicio de escritura sobre Tarde, que dijo que “todo es una sociedad, todo fenómeno es un fenómeno social”! ¿Nuestro trabajo es describir el mundo o las categorías disponibles en el pensamiento de los actores comunes?
Él —De las personas comunes.
Ella —Perdón, las personas.
Él —No podés basarte en Tarde. Primero, dice todo y también lo contrario. Luego, lo que hicieron sus sucesores fue aprovecharse del abuelo. Tarde no está ahí, para nada. En mi opinión, puro folclore. Un caso ideal de invención completa de tradición. Mejor que la pollera escocesa que dibujó Walter Scott. ¿Cómo querés que establezca una continuidad entre las uniones químicas de la morfina y organizaciones de adictos como “Limitar el daño” con el pretexto de que “todo es sociedad”?
Ella —Te voy a dar una respuesta muy al estilo del CSI: ¿se relacionan o no en las entrevistas? ¿Hablan de química, neurociencia, limpieza de jeringas, militancia, organización, acción espectacular?
Él —Sí, claro, todo el tiempo, pero eso ¿qué prueba? De hecho, vos hacés CSI de manera admirable, es decir que producís cadenas de asociación exacta y literalmente sin forma, palabras sin gramática, estás hablando raro: “yo”, “endorfina”, “inyectarse”, “peligro”, “camión”, “trabajadora social”, “sida”. Pronto me vas a dar un golpe de Leximappe, palabras asociadas, una proyección al estilo de Andrei Mogoutov. En el GSPM, quizás es el mundo el que es amorfo antes de la categorización, pero en el CSI son nuestros resultados… Sin estructura, sin ciencia, sin cierre, sin borde y, por lo tanto, sin tesis terminable. Y, además, el mercado, sin juicio moral. Me gusta mucho más ser kantiano.
Ella —¿Así que creés que sus conexiones con los no humanos no funcionan nunca?
Él —Eso es lo que trato de que entiendas. Seguir una red es como leer en la borra del café, lo que se obtiene es como el Scrabble, pero no cuando está escrito en el tablero: el Scrabble tal como está todavía en el montón de letras sin repartir… Hacer CSI es hablar raro y en voz baja, y al final, para salirse con la suya, incluso añadir estructuras, pero sin atreverse a decirlo.
Ella —Sí, lo sé, es molesto ese paquete, pero tengo la impresión de que el orden surge de otra manera. En todo caso, es lo que veo desde la calle Monsieur Le Prince, no desde los bordes, ni desde el exterior, tampoco por encima, ni por debajo, sino desde una ubicación particular, un “plano de conjunto” que, sin embargo, es como en tu frase de hace un rato: local y, en el fondo, más pequeño, menos real, menos importante. Es verdad que es raro, pero no me parece sin orden. Simplemente el orden es algo aparte, una reunión en medio del resto. Por un lado, es un poco más fuerte, pero al mismo tiempo menos real. Exactamente lo que dice Tarde, o como en Alfred North Whitehead…
Él —¡Ah, Whitehead no! Isabelle Stengers vino al CSI a hablar de él y no entendimos nada.
Ella —¡Sí! Yo también estuve ahí. Me queda muy cerca. Ustedes tienen una ontología, nosotros solo tenemos representaciones.
Él —¡No podés decir eso! ¡Sabés muy bien que ustedes rechazan por completo la palabra “representación” social!
Ella —Es solo una evasión: han sustituido “representaciones” por “la manera en que las personas dan cuenta de lo que hacen” o por “categoría”. Si encontrás la diferencia con la palabra “representación”, te invito el café.
Él —De acuerdo con lo del café. Decididamente, la paridad tiene algo bueno. Siento que ustedes, en el GSPM, son mucho más modestos y tienen razón: solo tratan de comprender lo que “los actores” piensan del mundo, mientras que nosotros pretendemos entender lo que la sociedad…
Ella —Lo colectivo.
Él —… mil perdones, lo colectivo, en realidad, se hace sin tener en absoluto los medios para probar esa verdad. Y así terminamos nuestros argumentos por pura suerte.
Ella —Pero ¿acaso es interesante lo que piensan los humanos? Una ciencia de lo social, una ciencia a secas ¿no debe permitirnos entender la realidad? No sabés la suerte que tenés. Ustedes tienen el derecho de hablar de la realidad colectiva, de descubrir de qué está hecho realmente el mundo.
Él —Al menos, ustedes no pretenden hacer más de lo que pueden. Nosotros, con el pretexto de la ontología –odio esa palabra–, siempre caemos en una especie de darwinismo o nietzscheanismo vago, fangoso. Es evidente que no se puede hablar del mundo. Solo se puede hablar de las categorías…
Ella —¿Porque el mundo no tiene categorías?
Él —Bueno, obviamente no. Categorizar es humano.
Ella —¿Y las vieiras de Saint Jacques no categorizan?
Él —No. Y creer lo contrario es una pose, o una metáfora. No es sociología. Ni ciencia social.
Ella —Entonces, vos nunca pecaste.
Él —Sí, mucho… “Aquel que no tenga ningún pecado, ¡que tire la primera piedra!”.
Ella —El primer anzuelo, querrás decir… Bueno, ¡pensá la sociología como pensás la pesca! ¿Qué pescador se creería el único en categorizar? ¿Tal vez el que pesca truchas no categoriza?
Él —Estás metaforizando. Jugás con las palabras. Exactamente eso es lo que me molesta tanto en el CSI.
Ella —Pero por supuesto que el salmón categoriza, ya que sobrevive. Es Whitehead. Hay que compartir la categorización con todo lo que existe, es lo que le permite al CSI hablar de los seres y los apegos. En nosotros, incluso la Virgen María, al final, se transforma en gramática para resolver un conflicto de estructura en la cabeza de los padres de la Iglesia y los peregrinos.
Él —Tengo que haber leído mal entonces, porque nunca vi respetar tan finamente, y durante tanto tiempo, las apariciones sobrenaturales como en ese trabajo de Elisabeth Claverie, que, por otra parte, es muy cercana al CSI. Por lo menos en lo de las apariciones, los dos centros están de acuerdo. Salimos bien de la denuncia crítica. No suponemos creencias en algo. No hacemos explicación social. La Virgen sostiene la paz, la guerra, la nación, las subjetividades, los trenes de peregrinos, y la mar en coche. Seguimos bien las redes, deberías estar muy contenta.
Ella—Excepto que en el capítulo final…
Él —En el capítulo final, ¿qué?
Ella —Al final, la Virgen María desaparece de nuevo, solo ha hecho apariciones breves en el libro. De acuerdo, al principio solo es una creencia, no se pone entre paréntesis, pero en el GSPM no se llega a sostener su forma de existencia durante mucho tiempo. En última instancia, inevitablemente no tiene otro peso existencial que el que permite resolver un problema cognitivo.
Él —Pero ¿en qué mundo querés que se quede larga y sostenidamente? Ni siquiera es su objeto, su naturaleza, su eficacia propia el hecho de ser sostenible y continuo.
Ella —No, por supuesto, eso lo entiendo perfectamente, es admirable, está por naturaleza “eclipsada”, hace aparecer una multitud de identidades, pero, al final de cuentas, no tiene existencia propia, es un juego de diferencias en un conjunto de posiciones estructurales que vienen de los problemas puramente humanos. Insisto, representaciones, no ontología.
Él —¡Ahora sos vos la que se queja de no tener suficiente trascendencia! Hace un rato, pensabas que el CSI era genial porque permanecía en el plano de la inmanencia, como dice el otro. Y ahora, cuando el GSPM precisamente no recurre a nada más, te das cuenta de que hay una falta, ¿ahora te gustaría que viniera a salvarte la Virgen María en una nube de querubines? Su régimen de acción, por lo menos, está descrito.
Ella —Esa puede ser la diferencia. Estás hablando de regímenes de acciones o, mejor dicho, nosotros en el GSPM hablamos de eso, mientras que me parece que en el CSI ustedes hablan de “modos de existencia”, vehículos para transportar o fabricar la existencia. No sé explicarte bien. Tengo la impresión de terminar en gramática, eso no es digno de una Virgen María que viene a interceder por la salvación del mundo. De acuerdo, es mucho mejor que ser una simple creencia, pero todavía no es una ontología.
Él —La ontología, como dice tu amigo Whitehead, no es nuestro trabajo como sociólogos. Tratamos de entender lo social. Sí, estamos, o más bien ustedes están, tienen la suerte de estar, en las representaciones –o más bien, los pensamientos–, en aquello que los seres humanos dicen acerca de lo que hacen.
Ella —¿Y si nos equivocamos? ¿Realmente creés que se puede describir la llegada al mundo de seres humanos sin las sociedades biológicas, sin el pulular de seres que nos poseen? Sin embargo, esa es la definición de Tarde, en Monadología y sociología, vos mismo me la enseñaste: “¿Qué es la sociedad? Podríamos definirla desde nuestro punto de vista: la posesión recíproca, bajo formas extremadamente variadas, de todos por cada uno”.
Él —Pero eso está en un libro de filosofía loco sobre las mónadas de Leibniz. No hacemos filosofía, por supuesto que sí hacemos, pero… Lo que parece que no entendés es que el CSI nunca pudo siquiera comenzar a realizar lo que pretende con sus famosas asociaciones y traducciones. Los no humanos no son más causas físicas de acuerdo, pero tampoco hacen nada realmente comprensible. En el fondo, no actúan sus actantes. En todo caso, no de una manera que yo pueda ver.
Ella —Si tenés razón, entonces es trágico. Voy a tener que volver a mis gramáticas. Y, sin embargo, lo que me interesa es esto: ¿puede la sociología captar los regímenes de existencia que hacen existir a los seres de los que depende esta entreposesión que llamamos “sociedad”? (Por cierto, Whitehead también llama a esto “sociedades”).
Él —Inmensa aclaración… le hace mucho bien al asunto.
Ella —Si estudiaras ecología y a los ecologistas, no te reirías. Igual, empiezo a dudar de lo social, de los regímenes de acción, del antropocentrismo, de la moral, de las justificaciones, de las estructuras y, por cierto, del proyecto mismo de una sociología moral y política.
Él —Yo dudo cada vez más de las redes, no creo que debamos confundir sociología con filosofía. Los regímenes de existencia todavía no entiendo lo que son; en los no humanos, no confío, o incluso es ciencia y no estamos formados. De verdad, extraño las estructuras. Dudo terriblemente de la “nueva sociología de la ciencia y la tecnología”, que, además, hace casi un cuarto de siglo que es nueva… Y encima, se me terminó la beca y tengo que terminar mi tesis.
Ella —Sí, en eso también estoy de acuerdo, yo también tengo que terminar la mía.
Él —Me pregunto si no deberíamos intercambiar directores de tesis…
Ella —Demasiado tarde, demasiado tarde.
Él —En todo caso, ¿podríamos retomar la discusión con los demás?
Ella —Sí, en el fondo, estar en desacuerdo en este punto ¡nos acerca!
Él —¿Ves que yo tenía razón? Los dos centros no están tan alejados. Bueno, en todo caso ya podemos empezar: ¿me hacés vos este ejercicio de escritura?
Ella —Sí, pero vos me ayudás a presentar mis datos el próximo viernes, ya que parece que entendés mejor que yo nuestras gramáticas.
A diferencia del artículo académico, un diálogo no se refiere a notas a pie de página. Para compensar el carácter necesariamente alusivo de este intercambio, mencionamos a continuación, por orden de entrada en escena, la lista de las obras a las que los dos protagonistas parecen referirse:
Tarde, G. (1999). Les lois sociales. París: Les Empêcheurs de Penser en Rond. [trad. esp.: Las leyes sociales. Traducción de Eduardo Rinesi. Barcelona: Gedisa, 2013].
Boltanski, L. y Chiapello, E. (1999). Le nouvel esprit du capitalisme. París: Gallimard. [trad esp.: El nuevo espíritu del capitalismo. Traducción de Alberto Riesco Sanz, Marisa Pérez Colina y Raúl Sánchez Cedillo. Madrid: Akal, 2002].
Boltanski, L. y Thévenot, L. (1991). De la justification. Les économies de la grandeur. París: Gallimard.
Lépinay, V. (2003). Les formules du marché. Ethno-Economie d’une innovation financière: les produits a capital garanti. Tesis de doctorado. París: École des Mines.
Muniesa, F. (2004). Des marchés comme algorithmes: sociologie de la cotation électronique à la Bourse de Paris. Tesis de doctorado (bajo la dirección de Michel Callon). París: École des Mines.
Boltanski, L. (1990). “Sociologie critique et sociologie de la critique”. Politix. Revue des Sciences Sociales du Politique, 10-11, pp. 124-134.
Latour, B. (2002) [1984]. Les microbes, guerre et paix, suivi de Irréductions. París: A.-M. Métailié-La Découverte. [trad. esp.: Pasteur. La guerra y el mundo de los microbios. Con la aplicación “Irreducible”. Universidad Europea de San Petesburgo, 2015].
Gomart, E. (1999). Surprised by Methadone. Tesis de doctorado. París: Ecole des Mines.
Mucchielli, L. (2000). “Tardomania? Réflexions sur les usages contemporains de Tarde”. Revue d’Histoire des Sciences Humaines, 3, pp. 161-184.
Cambrosio, A., Keating, P. y Mogoutov, A. (2004). “Mapping Collaborative Work and Innovation in Biomedicine: a Computer Assisted Analysis of Antibody Reagent Workshops”. Social Studies of Science, 34(3), pp. 325-364.
Callon, M., Courtial, J.-P. y Penan, H. (1993). La scientométrie. París: PUF Que sais-je?, 2727. [trad. esp.: La cienciometría. Traducción de Vicente Arenas. Gijón: Trea, 1995].
Stengers, I. (2002). Penser avec Whitehead: Une libre et sauvage création de concepts. París: Gallimard. [trad. esp.: Pensar con Whitehead: Una creación de conceptos libre y salvaje. Traducción de Andrés Abril. Buenos Aires: Cactus, 2020].
Callon, M. (1986). “Eléments pour une sociologie de la traduction. La domestication des coquilles Saint-Jacques et des marins pêcheurs en baie de Saint-Brieuc”. L’Année Sociologique, 36, pp. 169-208. [trad. esp.: “Algunos elementos para una sociología de la traducción: la domesticación de las vieiras y los pescadores en la bahía de Saint Brieuc”. Iranzo, J. M. y otros (coord.) (1995) Sociología de la ciencia y la tecnología. Madrid: CSIC, pp. 259-282].
Claverie, E. (2003). Les Guerres de la Vierge: Une anthropologie des apparitions. París: Gallimard.
Tarde, G. (1999). Monadologie et sociologie. París: Les Empêcheurs de Penser en Rond. [trad. esp.: Monadología y sociología. Traducción de Pablo Ires. Buenos Aires: Cactus, 2006].








