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Etnometodología y etnométodos

Carlos Belvedere

Introducción

El objetivo de este texto es presentar algunos pasajes capitales de la obra del último Garfinkel (2002) sobre la relación entre la etnometodología y los etnométodos. De manera anexa, se expondrá la relación entre la etnometodología y las ciencias sociales –una cuestión polémica y que ha sido objeto de numerosos malentendidos–. Veremos que, a decir verdad, la etnometodología no tiene métodos propios ni es una metodología, sino que consiste en un estudio de la metodología. Ellos son más bien métodos para evitar el análisis formal que métodos de investigación propiamente dichos.

A título introductorio, digamos que Garfinkel concebía la etnometodología como una disciplina sociológica diferente, aunque no adversa, a las ciencias sociales. En su opinión, tanto la sociología profesional como la etnometodología se proponen descubrir los tópicos de orden como trabajo de la sociedad ordinaria, e insisten en que la producción de ese orden se resuelve en investigaciones reales y en que, para ello, la precisión descriptiva es primordial. Sin embargo, no están realmente de acuerdo porque, aunque ambas se preocupan por los estudios de la estructura, difieren profunda e irreconciliablemente en cuanto a los datos materiales de aquella preocupación. En este sentido, los estudios etnometodológicos contrastan con los de la sociología convencional como una tecnología inconmensurablemente alterna de análisis social, que pone un énfasis distinto en la producción del orden. Los estudios clásicos del orden permanecen indiferentes a los detalles producidos localmente. Sus investigaciones son conducidas como investigaciones naturalmente teoréticas, usando los métodos del análisis constructivo, y basándose en teorías lógicas establecidas. Aunque la etnometodología no cuestiona a las ciencias sociales establecidas, se pregunta insistentemente “qué más” hay. Así, el fenómeno fundamental del que se ocupa es cómo hacer observable la producción endógena, local y natural de las cosas de la sociedad ordinaria inmortal de Durkheim.

A fin de ilustrar esto, concluiremos con la descripción garfinkeliana de dos entornos sociales específicos. Ambas situaciones tienen que ver con encontrar el camino: primero, hacia un museo; luego, hacia la casa de una colega. Imposible no reconocer la huella de Heidegger (2023) en las alusiones reiteradas al ser-ahí, en la recurrencia a la facticidad, y a fortiori en la expresa, aunque indeterminada, alusión al “truco heideggeriano” (Garfinkel, 2002: 199; véase, por ejemplo, el inicio de Qué es metafísica [Heidegger, 2014]).

Seguiremos minuciosamente el texto de Garfinkel, apegados a la letra en pasajes extensos con una fidelidad cercana a la de una traducción. Por esta razón, mucho de las páginas que siguen puede tomarse como una glosa en lengua extranjera de fragmentos cardinales de esta obra capital. Algún día contaremos con la muy demorada traducción de este opus magnum, del cual hasta hoy tenemos disponible solo un capítulo (Garfinkel, 2019). Mientras tanto, poner al alcance del lector de habla hispana algunas de las ideas, siempre revolucionarias, de Garfinkel es una empresa que bien vale la pena, a pesar de su carácter provisional.

La etnometodología y las ciencias sociales

En sus últimos años, Garfinkel concebía la etnometodología como una disciplina sociológica diferente, aunque no adversa, a las ciencias sociales: “NO es una ciencia rival” (Garfinkel, 2002: 121; mayúsculas de Garfinkel), e incluso existen significativas convergencias entre ambas.

Efectivamente, la sociología profesional y la etnometodología coinciden en que persiguen la producción y la accountability[1] del orden en la sociedad ordinaria e inmortal y como esta sociedad ordinaria e inmortal misma. No se trata de cualquier sociedad inmortal y ordinaria, sino de la sociedad inmortal ordinaria en realidad, no imaginable (es decir, de la sociedad real, no de una supuesta sociedad), ni se trata de explicarlas de cualquier modo, sino de manera evidente, distintiva, y al detalle. En este sentido, tanto la sociología profesional como la etnometodología se proponen descubrir los tópicos de orden, razón, lógica, sentido y método como obra (o trabajo) de la sociedad ordinaria e inmortal de la que hablaba Durkheim (Garfinkel, 2002: 171).

A fin de desarrollar este programa, sendas disciplinas construyen los infinitos tópicos de orden como fenómenos de orden. Ambas lo hacen agregando a un tópico de orden el sufijo: en-acerca-y-como-sociedad-ordinaria-inmortal. Más aún, ambas insisten en que ha de incorporarse cierto énfasis en el trabajo técnico de reespecificación, enfatizando que la producción y accountability del orden, en y como trabajo de la sociedad ordinaria, se resuelven en investigaciones reales y no de otro modo, de acuerdo con los compromisos de la sociología profesional y de las ciencias sociales con el problema del orden social (Garfinkel, 2002: 171).

Garfinkel considera que, por estos compromisos, el analista profesional debe especificar seriamente (es decir, describir detalladamente) la producción y la accountability de los fenómenos de orden en la sociedad ordinaria e inmortal en cuanto esta sociedad ordinaria e inmortal, y a la vez debe consultar las cuestiones controvertidas (vexed issues) de la objetividad y la observabilidad práctica de la sociedad ordinaria e inmortal cuando resuelva cuestiones de adecuación, justamente por ser cuestiones controvertidas. Entre ellas, se encuentra la cuestión omniprevalente y dominante de la precisión descriptiva (Garfinkel, 2002: 171-172).

Sendas disciplinas entienden por “precisión descriptiva” que su preocupación primordial por la adecuación ha de incluir la verificabilidad del análisis social. Ambas descripciones insisten en eso, entendiendo por “verificabilidad” que una cuestión determinada puede resolverse (Garfinkel, 2002: 172). Y existe acuerdo unánime, tanto en los estudios clásicos de las actividades ordinarias y los estudios de etnometodología, como en las ciencias sociales, respecto de que, sea cual fuere la cuestión de adecuación a la que se refieran, la precisión descriptiva es primordial y es inevitablemente así (Garfinkel, 2002: 172).

Más allá de las ciencias sociales

Pareciera, entonces, que los estudios clásicos y los estudios de etnometodología están completamente de acuerdo en que, cuando se abordan cuestiones de adecuación, la precisión descriptiva es un asunto absolutamente primordial. Es verdad que tienen mucho que ver, y este es el caso cuando cumplen su trabajo. Sin embargo, no están realmente de acuerdo (Garfinkel, 2002: 172). Por ejemplo, tanto los estudios clásicos del orden como los estudios etnometodológicos se interesan, cada cual a su manera, por los estudios de la estructura, pero difieren profunda e irreconciliablemente en cuanto a los datos materiales de aquella preocupación (Garfinkel, 2002: 192). También concuerdan en que esta alternatividad asimétrica inconmensurable (es decir, esta diferencia insalvable) es un fenómeno de orden por derecho propio y en que, porque esto es así, su reconciliación no tiene sentido (Garfinkel, 2002: 193).

Los estudios etnometodológicos, entonces, contrastan con los estudios analítico-formales como una tecnología inconmensurablemente alterna de análisis social porque ponen un énfasis distinto en la producción y la accountability del orden en las actividades ordinarias y en cuanto actividades ordinarias (Garfinkel, 2002: 169). Los estudios clásicos del orden permanecen indiferentes a los detalles producidos localmente. Tales investigaciones componen los bienes técnicos de las infinitas artes y ciencias de la acción práctica, incluida la sociología (Garfinkel, 2002: 172).

Las investigaciones sociológicas clásicas saben de la existencia del trabajo vivido de la producción del orden y hacen uso de él; más en particular, hacen uso de su método (orderliness). Además, dependen de su existencia para fundamentar su adecuación demostrable. Pero, como tópico de investigación, son indiferentes a este método. En todos estos respectos, y precisamente a estos respectos, aunque sus investigaciones sean inevitable e irremediablemente encarnadas, son conducidas: (1) como investigaciones naturalmente teoréticas; (2) con las políticas y los métodos del análisis constructivo; y (3), en lo que respecta a cuestiones de accountability adecuada de los fenómenos de acción práctica, usan teorías lógicas establecidas para determinar su verdad y corrección (Garfinkel, 2002: 172).

En opinión de Garfinkel, aunque las ciencias sociales les prestan cuidadosa atención a sus métodos –muchos de los cuales son deliberadamente diseñados para dar cuenta de las contingencias del mundo social, sus recurrencias, y el detalle de sus estructuras—, ellos van inevitablemente acompañados de interesantes incongruencias que señalan, ponen de manifiesto y muestran un orden alterno existente en los mismos asuntos ordinarios que las disciplinas analítico-formales toman como objeto de estudio. La etnometodología está obsesionada con este orden alterno (Garfinkel, 2002: 121-122).

Garfinkel considera que no tiene sentido discutir los resultados alcanzados por las ciencias sociales, y piensa que sus resultados pueden tomarse seriamente. La etnometodología no cuestiona a las ciencias sociales, sino que se pregunta insistentemente “qué más” hay que lo que los analistas formales saben y cuya existencia reclaman (Garfinkel, 2002: 122-123).

Hay prácticas que quienes hacen análisis formal conocen y reconocen en cada caso como inevitables, irremediables y sin alternativa. Son prácticas que les resultan indispensables. Precisamente en cada caso estas prácticas especifican el trabajo de sus practicantes y lo hacen observable de manera instructiva (Garfinkel, 2002: 123).

El “qué más” de la etnometodología tiene que ver principalmente (y quizás totalmente) con los procedimientos; y, para ella, “procedimiento” no significa “proceso”, sino “trabajo” (Garfinkel, 2002: 123). Su obsesión principal es proporcionar descripciones procedimentales alternativas de orden –es decir, métodos– sin sacrificar cuestiones de estructura; esto es, sin sacrificar las cosas de la sociedad ordinaria e inmortal en su ubiquidad. Las cuestiones de estructura a las que se refiere son las grandes recurrencias, reconocibles y descriptibles, de generalidad y de comparabilidad de las producciones de cosas ordinarias. Esto no significa una indiferencia hacia las estructuras ni hacia la generalidad de las cosas, sino un interés por la estructura como fenómeno de orden producido y encontrado metódicamente, como fenómeno especificador de orden (Garfinkel, 2002: 123).

A la etnometodología le interesa saber en qué cosa mundana consiste la sociedad inmortal y ordinaria: en qué otras cosas mundanas más relativas a las actividades familiares y ordinarias consiste, en cuanto locus, origen, y contexto de todo tópico de orden, de lógica, de sentido, de método, reespecificado y reespecificable como las cosas durkheimianas más ordinarias del mundo. El fenómeno fundamental de la etnometodología y la permanente preocupación técnica de sus estudios son encontrar, recoger, especificar y hacer observable de manera instruida la producción endógena local y la accountability natural de las cosas organizacionales más ordinarias del mundo de la sociedad inmortal y familiar, y estipularlas simultáneamente como objetos y, procedimentalmente, como métodos alternos (Garfinkel, 2002: 123-124).

Sin embargo, un fenómeno específico del orden social de la sociedad inmortal ordinaria es que una colección astronómicamente masiva de fenómenos escapa a la accountability de las grandes recurrencias de la actividad ordinaria. Escapan allí donde y cuando se usa el análisis formal para describirlos. Escapan exactamente en todo caso real en que se usa el análisis formal para describirlos. No escapan porque se usen métodos descriptivos pobres. Al contrario, los medios de su escape son los mismos métodos cuidadosos del análisis formal que se emplean para describirlos (Garfinkel, 2002: 133).

Los fenómenos que escapan son empíricamente el caso y son empíricamente investigables. Su escape no se puede simplemente imaginar. Escapan a la teoría social analítica fundada (grounded) empíricamente y cuidadosamente diseñada y administrada. Que escapan y cómo exactamente escapan es algo observable instructivamente, e instructivamente reproducible. Exactamente qué escapa y cómo escapa es un fenómeno de la sociedad ordinaria inmortal. Su escape es socialmente sistemático. Los fenómenos que escapan especifican la sociedad inmortal ordinaria de Durkheim. No exclusivamente, sino probatoriamente, inevitablemente y sin remedio ni alternativa (Garfinkel, 2002: 133).

Etnometodología y metodología

Los métodos de la etnometodología no son los mismos de la sociología convencional, sino fenómenos de orden descubribles de suyo (es decir, fenómenos naturales, que se manifiestan por sí mismos), consistentes en los detalles fenomenales del campo en que son dados. Los fenómenos a los que nos referimos se especifican en detalles fenomenales del campo de su aparecer explicable (accountable) y procedimentalmente ordenado.

El hecho de que los fenómenos de orden sean descubribles de suyo resulta central para el tratamiento etnometodológico de la metodogénesis; es decir, entre otras cosas, de la relación de los métodos etnometodológicos con el conocimiento etnometodológico, su posición acerca de los fenómenos de orden como anteriores e independientes de su estudio etnometodológico, y el lugar de las competencias como elementos constitutivos y reflexivos del trabajo al cual se aplican. Los rasgos mencionados son expresados parcialmente en el requisito de adecuación singular de los métodos etnometodológicos y en el uso de entornos perspicuos (Garfinkel, 2002: 169).

La expresión “entornos perspicuos” (o “claros”) (perspicuous settings) reúne las políticas y los métodos de la investigación etnometodológica en situaciones de investigación real, in vivo. Refiere al hecho de que los estudios etnometodológicos están insertos (embedded) en una cultura local y, bajo esa condición, el analista examina distintos objetos pertenecientes a ella. El término “inserto” se utiliza como sinónimo y como equivalente a fenómenos de orden dados en, y solo en, casos reales, mediante la administración de políticas etnometodológicas y con el uso de métodos etnometodológicos que permiten especificar las preguntas “¿qué hicimos?” y “¿qué aprendimos?”. Un entorno perspicuo pone a disposición revelaciones materiales de prácticas de producción local y accountability natural en detalles técnicos mediante los cuales encontrar, examinar, elucidar, mostrar y enseñar el objeto organizacional como un lugar de trabajo in vivo y aprender de él (Garfinkel, 2002: 181).

Por su parte, el requerimiento de adecuación singular de los métodos es una política etnometodológica que acompaña la política de que los fenómenos de orden solo están disponibles en la producción local en curso vivida y su accountability natural (Garfinkel, 2002: 175). Según observa Ann Warfield Rawls (en Garfinkel, 2002: 173, n.º 2 del editor), la accountability natural refiere a una cohorte poblacional y a una escena en la cual uno hace algo, mientras que la accountability clásica refiere a la cohorte poblacional a la cual uno reporta una descripción de lo que ha hecho. El análisis formal solo atiende al segundo tipo de accountability, mientras que la etnometodología atiende a ambos; además, le brinda al segundo tipo una atención claramente distinta, pues no reconoce los métodos formales como formas de legitimación de las descripciones. En este marco, Garfinkel distingue dos tipos de uso de la política de adecuación singular de los métodos, uno débil y otro fuerte.

En su uso débil, el requerimiento de adecuación singular de los métodos es idéntico al requerimiento de que –para reconocer, identificar, seguir el desarrollo o describir fenómenos de orden en la producción local de detalles coherentes– el analista debe ser vulgarmente competente en la producción local y la accountability natural del fenómeno de orden que estudia. Debe estar, con otros, en una competencia concertada de métodos con los cuales reconocer, identificar, seguir, mostrar, describir, etc., fenómenos de orden en producciones locales de detalles coherentes. Estos métodos son singularmente poseídos en, y a partir de, la endógena producción local y la accountability natural del objeto (Garfinkel, 2002: 175-176).

En su uso fuerte, el requisito de adecuación singular de los métodos es idéntico a los siguientes hallazgos específicos del corpus de estudios etnometodológicos. Un descubrimiento disponible para la investigación etnometodológica es usado y administrado localmente como la siguiente instrucción: Precisamente, en cualquier caso real, un fenómeno de orden ya posee todo lo que los métodos para encontrarlo requieren, si es que se trata de métodos para encontrarlo. Asimismo, un fenómeno de orden ya posee todo lo que los métodos para observarlo, reconocerlo, contarlo, reunirlo, tematizarlo, describirlo, etc., en y como la producción local vivida in vivo y la accountability del fenómeno, si es que se trata de observarlo, reconocerlo, contarlo, reunirlo, tematizarlo, o describirlo (Garfinkel, 2002: 176).

Los etnométodos como tópicos

Warfield Rawls (en Garfinkel, 2002: 122, nota n.º 3 del editor) observa lúcidamente que la etnometodología no tiene métodos propios ni es una metodología, sino que consiste en un estudio de la metodología. Además, según Garfinkel, los métodos de la etnometodología son más bien métodos para evitar el análisis formal que métodos de investigación, aunque también le planteen requerimientos al investigador.

Uno de estos requerimientos es que las tareas de investigar y argumentar provean la objetividad y la observabilidad prácticas de las estructuras de acción y razón prácticas, en y como actividades ordinarias, ejercitando una indiferencia[2] hacia las políticas del teorizar natural que deje de lado el estatus de corpus de los hechos descriptivos analíticos formales, evite el diseño y la administración de representaciones genéricas y sus dopados metodologizados, y no haga uso de los métodos de análisis constructivo (Garfinkel, 2002: 171).

En este sentido, la etnometodología no tiene métodos propios, sino políticas para el tratamiento de los etnométodos. El modo en que ella los ha abordado es presentado por Garfinkel como “temas” o “tópicos” en vez de como métodos (ver Garfinkel, 2002: 125-129). En breve, el abordaje de los etnométodos es el estudio de ciertos tópicos. Recuérdese la importancia que Garfinkel le asigna a la identidad entre métodos y objetos: para la etnometodología, un etnométodo es un tópico (u objeto) de estudio.

En efecto, para Garfinkel resulta clave la identidad de objetos y métodos. Estos métodos están encarnados en la sociedad familiar. Allí son singularmente adecuados a los fenómenos cuya producción describen sustantivamente en detalles materiales (Garfinkel, 2002: 124).

La etnometodología aborda estas estipulaciones como descripciones empíricamente adecuadas, evitando los métodos del análisis formal, y sin perder ni sacrificar cuestiones de estructura, sin censurarlas, ignorarlas, ni cambiar de tema. Lo cual significa que la etnometodología no sacrifica la ubicuidad en la vida cotidiana de las recurrencias de las acciones prácticas y del razonamiento práctico, las cuales son accountable y reconocibles en detalles coherentes, ordenados y singularmente adecuados de generalidad, de comparabilidad, de clasificación, de tipicidad, de uniformidad y de estandarización. Son recurrencias de las producciones de las cosas ordinarias inmortales fenómenos que exhiben (junto con sus otros detalles endógenamente accountable) las poblaciones (que también son endógenamente accountable) que conforman el personal que las produce (Garfinkel, 2002: 124).

Las investigaciones etnometodológicas, por su adecuación empírica, describen prácticas que son reconocibles por quienes las practican como realizables, hechas, verdaderas, relevantes para las partes, e incluso como verosímiles. Los estudios etnometodológicos se ocupan de prácticas que están encarnadamente encadenadas de manera quiasmática a un entorno de detalles fenomenales continuamente ordenados. Proporcionadas descriptivamente, son sobre todo un lugar común, notablemente ordinario, de detalles que no son interesantes, aunque sí indispensables, y que de algún modo –y esto es crucial– específicamente no son mencionados en las descripciones establecidas (Garfinkel, 2002: 126).

La etnometodología exige que los hallazgos de los analistas etnometodológicos sean tomados seriamente por la disciplina del análisis formal. Esto significa que, en el lugar de trabajo, los practicantes han de exigirles a los hallazgos de la etnometodología –así como se lo exigen a los hallazgos del análisis formal– que satisfagan el estatus de corpus específico del lugar de trabajo y de la disciplina de investigación. Además, han de exigir que o bien los hallazgos etnometodológicos sean incorporados al trabajo del análisis formal, o bien que se explique por qué razón no se lo hace (Garfinkel, 2002: 127).

Especificidad del trabajo etnometodológico

El fenómeno fundamental, el tema principal, y el resultado distintivo de la etnometodología consiste en los desatendidos detalles del campo fenomenal de los fenómenos de orden de la sociedad inmortal, ordinaria de Durkheim. En cada caso, y caso tras caso, estos fenómenos se especifican, en los detalles fenomenales ordenados de su producción y accountability, como propiedad del campo fenomenal de apariciones ordenadas y procedimentalmente accountable. El corpus de los estudios etnometodológicos proporciona evidencia de fenómenos de orden, lógica, razón, sentido, método, etc., que son producidos localmente y naturalmente accountable en, y como, las ecceidades[3] inevitables e irremediables de la sociedad inmortal ordinaria (Garfinkel, 2002: 169).

El distintivo trabajo técnico de la etnometodología, su oficio, consiste en las tareas in vivo de descubrir fenómenos de orden en cuanto logros instruibles en sus detalles coherentes y desde ellos. Los resultados de la etnomentodología son idénticos a los fenómenos radicales de orden (Garfinkel, 2002: 170).

Los detalles del campo fenomenal son exhibidos mediante el trabajo de tratar las descripciones como instrucciones. Hay que comenzar con la primera lectura y luego hacer aquello que se puede leer instruccionalmente como el curso instruido del hacer (es decir, hay que seguir la indicación de…). La indicación podría ser también la descripción. No “es” la descripción, sino que “podría ser también” la descripción, porque es el trabajo de seguir lo que la transforma en un objeto del campo fenomenal.

Un buen ejemplo que ofrece Garfinkel es el de su caminata desde la estructura 5 del estacionamiento hasta el museo Fowler cuando su empresa (es decir, la cosa que está haciendo) es encontrar el camino a aquel mirando el dedo que señala como un detalle constituyente de esa empresa (Garfinkel, 2002: 178). El dedo que señala es un detalle diestro porque es un detalle fenomenal. Parte de su caminata hacia el museo Fowler consiste en consultar el dedo que señala y encontrar, desde ese punto de vista, que está aquí, en camino, en camino hacia allí, adelante, consultando el dedo que señala para encontrar que ese dedo tenía la propiedad de ser un punto direccional, un indicador. Es decir que es un punto orientado. Y Garfinkel está en un campo de objetos orientados tomando el camino que seguirá a partir de aquí: el camino desde el cual llegó, para estar aquí y encontrar “qué más hay que…”; y el próximo “hay que…”, el cual el abre camino. Y ahora ve una escalera, señalada o apuntada, adelante (Garfinkel, 2002: 178).

Lo que Garfinkel propone acerca de estas acciones instruidas es que el fenómeno hay un trabajo de seguir que el fenómeno exhibe. La descripción no corresponde a un fenómeno que está disponible de otro modo o monódicamente. En cambio, es un “logro” exhibidor que está pasando. Es en eso, en el camino en el que estoy trabajando, donde se exhibe el fenómeno. No existe de otro modo (Garfinkel, 2002: 178).

Un estudio sobre el seguimiento de mapas

Garfinkel recomienda que quien quiera aprender qué son los objetos orientados intente seguir un mapa por primera vez hacia un destino en una ruta que nunca haya recorrido antes, cuyo hacer sea específico de la vista (sight-specific) (Garfinkel, 2002: 179); es decir, que se dirija hacia un destino al que no pueda llegar con solo cerrar los ojos, imaginándolo. En este marco, relata su experiencia de haber viajado a la conferencia de Lucy Suchman. Este es su account, que reproducimos en primera persona del singular, retomando la palabra de Garfinkel.

El conductor tenía un mapa. Pero no necesitaba un mapa. “Se acordaba” de las instrucciones que le habían dado. No hacía ninguna diferencia que olvidara si se trataba del nombre de una calle o del nombre de otra. Estaba más o menos seguro del camino al empezar con, o al salir a, la ruta que lo llevaría al lugar donde comenzaba el desvío. Era noche cerrada. ¡Negra! Era una colina negra. Sin luces de calle. Sin casas. Él hacía su camino, recordando la descripción como algo que se puede tomar en serio (es decir, con lo que no estamos bromeando). No nos estaba guiando deliberadamente por un sendero sin fin de modo tal que, en definitiva, al final, estuviéramos perdidos en la cima de lo que de otra manera sería una montaña completamente familiar durante el día (Garfinkel, 2002: 179).

   
Lucy no está a la vista en ningún lugar. Se la busca por todos los lugares, pero no se la encuentra en ningún lugar. Ahí donde había que buscar la casa de Lucy, ahí Lucy atestiguadamente, visiblemente, buscadamente, observablemente, no está. Ese es un rasgo fenomenal. La casa de Lucy debería estar en el lugar. Hay un camino sinuoso sin fin, y un lago. Así que hay más acerca de los detalles fenomenales propios de la empresa de viajar a la casa de Lucy. Habiendo sido descrita, su exposición objetiva coherente, factual y contingente a través de la conducción no está disponible de otra manera, porque el resto de los pasajeros estamos aferrándonos a nuestros asientos (Garfinkel, 2002: 179; cursivas de Garfinkel).

   
Más que eso. Porque el camino, según supe luego, produce náuseas leves. Caso tras caso. Anoche me las producía. Y tengo miedo de estar enfermándome. Ya no soy joven. Me van a sacar en un ataúd. Estoy esperando el próximo presagio. ¿Qué pasará luego? Y nuevamente estamos hablando de los detalles del campo fenomenal de El Viaje a la Casa de Lucy. Esa es la empresa. Ese es el objeto. Esa es la cosa de Durkheim. La coherencia de la cosa es lo que estamos haciendo como el trabajo de conducir hacia ahí. El trabajo de conducir hacia ahí es accountable. Es accountable de acuerdo con la descripción que se le dio al conductor, de acuerdo con el recuerdo de una cosa tras otra, pero el conductor no puede llevarlos a su ser-ahí- observable. Aunque esa es una manera boba de hablar. No es el ser-ahí observable sino: “Dónde Diablos está la Entrada a Su Casa”. Y eso es que la búsqueda es una búsqueda de algo (Garfinkel, 2002: 179).

Así, lo que Garfinkel propone es que “acción instruida y objetos orientados” son un nombre del problema en el asiento trasero del auto. Estoy del lado derecho. El auto apunta hacia adelante. El camino (viajar por el camino) corre bajo el auto, aproximándose desde delante con una iluminación fija que viaja con nosotros dejando la oscuridad detrás. Los arbustos en el lateral son solo arbustos típicos: van pasando (Garfinkel, 2002: 180).

Como parte de la descripción de la empresa de viajar a la casa de Lucy, Garfinkel ofrece la siguiente observación acerca de izquierda, derecha, arriba, abajo, adelante, atrás –no en general, sino aquí, en la ocasión de, acerca de la empresa de, viajar a la casa de Lucy que está adelante, dejando de lado la desgracia de un posible error cometido con anterioridad que ya no es posible corregir–. Esa es una propiedad de la cosa que veníamos atestiguando. El conductor está incómodo. Se disculpa. Le está llevando más tiempo de lo que debería. No lo perdonamos (Garfinkel, 2002: 180).

La cosa a la que Garfinkel se enfrentaba aquella anoche era encontrar el camino realmente, no imaginablemente; objetivamente (factually), entendiendo por eso: de manera tal que se pudiera explicar al detalle, la accountability, cómo llegaron –a modo de un procedimiento instruido– a exhibir la cosa que estaban haciendo. Estaban mirando el camino. Y lo estaban encontrando (todavía no habían llegado). Y vieron en el camino que todavía no habían llegado (Garfinkel, 2002: 180).

Años después, el caso analizado por Garfinkel fue retomado por renombrados etnometodólogos. Entre ellos, resulta esclarecedor el comentario de Liberman respecto de la importancia clave que tuvo la confianza del conductor, quien supuestamente “recordaba” las instrucciones a pesar de que se olvidaba del nombre de las calles porque “más o menos” confiaba en el camino. En este sentido, “la frase ‘más o menos’ es una descripción precisa de esta confianza, ya que los viajes en que se busca un camino comienzan con ‘más’ confianza, la cual, a medida que avanza el viaje, se va volviendo ‘menos’” (Liberman, 2013: 62) En efecto, si bien los destinatarios tienen una confianza ubicua en las indicaciones que reciben, “es una confianza que se desvanece en el instante mismo en que quien da la indicación ya no está presente”; por eso suele ocurrir que, tras caminar apenas unos pasos por la calle, su certeza “se evapora” (Liberman, 2013: 63).

Bibliografía

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Garfinkel, Harold y Harvey Sacks (1986). “On formal structures of practical actions”, en Harold Garfinkel (ed.), Ethnomethodological studies of work. Londres: Routledge, pp. 157-189.

Heidegger, Martin (2023). Ser y tiempo. Madrid: Trotta, trad. Jorge Eduardo Rivera.

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Liberman, Kenneth (2013). More Studies in Ethnomethodology. Nueva York: State University of New York Press.

Ten Have, Paul (2004). Understanding Qualitative Research and Ethnomethodology. Londres: Sage.

Warfield Rawls, Anne (2002). “Editor’s introdution”, en Harold Garfinkel, Ethnomethodology’s Program: Working Out Durkheim’s aphorism. Maryland: Rowman & Littlefield, pp. 1-64.


  1. Accountability es un intraducible de la obra garfinkeliana. En consecuencia, emplearemos el vocablo original, lo mismo que sus variaciones (account, accountable, etc.). El término refiere a que los ordenamientos ordinarios de un conjunto de prácticas situadas están disponibles para sus miembros (Garfinkel, 1974: 17). Se trata de una noción capital de la etnometodología cercana a la idea de inteligibilidad o explicabilidad en el sentido de que los actores deben diseñar sus acciones de manera tal que su sentido sea inmediatamente claro o al menos explicable a pedido (Ten Have, 2004: 19-20). Bien puede decirse que los accounts son formulaciones que se exhiben, consistentes en dar explicaciones referentes a la orientación de lo que está ocurriendo.
  2. La indiferencia es una política etnometodológica que con frecuencia ha sido constantemente mal comprendida. En su formulación inicial, 35 años atrás, Garfinkel la definía como un intento por prestarle la misma atención y valoración a los métodos y razonamientos prácticos que a los métodos y razonamientos de la ciencia profesional (Garfinkel, 1994: 1). Es decir que se trataba de no hacer distinciones valorativas entre la ciencia y el conocimiento práctico de los “sociólogos legos”. Se buscaba “abstenerse de todo juicio” respecto de la adecuación, valor, importancia, necesidad, practicabilidad, éxito, y consecuencialidad de los accounts que los miembros hacen de las estructuras formales (Garfinkel y Sacks, 1986: 163). Al retomar aquí la cuestión, Garfinkel (2002: 170-171) la presenta como una política de indiferencia hacia las políticas y los métodos del análisis formal, consistente en el procedimiento de no tener que consultar el corpus de los métodos y descubrimientos clásicos con los cuales desarrollar las tareas de la investigación etnometodológica.
    Es decir que las tareas de investigación han de realizarse absteniéndose del uso del corpus clásico de descubrimientos, políticas, métodos, y demás. Sin embargo, esta política no propone el abandono de los estudios establecidos. Es solo una práctica de investigación. Se lo hace como una observancia. Administrar la indiferencia etnometodológica es una manera instruible de trabajar específica y deliberadamente por sobre las necesidades reales del investigador, sin prestarle una atención óntica preconcebida al corpus establecido de las ciencias sociales. Es no determinar de antemano en qué consiste el fenómeno con base en estudios analíticos formales previos (Garfinkel, 2002: 171).
  3. Según Warfield Rawls (2002: 21-22, 38), Garfinkel usa el término “ecceidad” como sinónimo de contingencia”, con la intención de enfatizar el carácter concreto y la “estidad” [just-thisness] de las cosas. En efecto, la etnometodología busca la ecceidad, entendiendo por tal: simplemente esto, justo allí, justo ahora, con lo que está a la mano, con quién está aquí, en el tiempo que tenemos este grupo [gang] local, en y con lo que el grupo local que formamos nosotros puede hacer con el tiempo justo que necesitamos (Garfinkel, 2002: 99n16).


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