Al comienzo de nuestra investigación, nos hemos planteado la posibilidad de abordar el estudio de una causa criminal del período tardo-colonial rioplatense desde la perspectiva del análisis del discurso, con la intención de indagar el modo en que el poder se insinúa a través del lenguaje, se instala en el uso de la palabra y la convierte en un instrumento de dominación para lograr sus fines. La hipótesis de estudio era ambiciosa, y el camino para su realización, arduo y difícil: afrontar desde una óptica interdisciplinar un sujeto histórico que carecía de obras de referencia en los estudios filológicos y diplomáticos. Lentamente, los escollos bibliográficos y metodológicos fueron convirtiéndose en el desafío que motivó cada paso de este recorrido. Para poder desarrollar esta investigación, hemos formulado objetivos, trazado estrategias de trabajo y parcelado el conocimiento en aquellos saberes que nos consentían abordar el tema en su complejidad. Como hemos anunciado en la introducción, la nuestra es una historia de crímenes y de castigos y, agregamos, de amoríos y sentimientos contrastados, de mujeres marginales y de diversa condición étnica, de encierro y soledad, de miradas indiscretas y maliciosas detrás de las puertas, de oídos tendidos y tantos comentarios. Palabras que pasan de boca en boca, que ruedan, tropiezan y se agigantan… y llegan a manos de la justicia. Esto y mucho más se recoge en la causa criminal que hemos analizado, la que, por sus características, ha requerido un estudio centrado en sus distintos aspectos: histórico, diplomático y filológico.
La contextualización histórica del expediente judicial nos ha permitido encuadrar en su justa medida el corpus documental objeto de análisis. El estudio de la sociedad tardo-colonial bonaerense, de la condición femenina, de la organización del aparato de justicia criminal criolla, y de los límites imprecisos del concepto de “delito-pecado”, nos ha brindado instrumentos para comprender las bases culturales y el imaginario de una época; de un sistema político, jurídico y social en el que las diferencias jerárquicas y las relaciones asimétricas constituían un límite que no debía ser superado. A lo largo de los folios de la causa, el Antiguo Régimen se despliega en toda su magnitud. También nos hemos detenido en el conocimiento del lugar en el que acontecieron los hechos que dieron vida al proceso contra el sargento Calvete: la Casa de Recogidas de la Residencia o, simplemente, la Casa de Reclusas, un rincón marginal de Buenos Aires en los Altos de San Pedro, hoy zona turística por excelencia, ayer, barrio orillero.
Sucesivamente, nos hemos centrado en el análisis diplomático del expediente judicial: la causa depositada en el legajo de Guerra y Marina se presentaba como un manojo rebelde e indisciplinado. Era difícil penetrar, identificar y clasificar documentos que comparten hasta un mismo folio y, en ciertos casos, aparecen escritos en otra dirección. La falta de estudios dedicados al tema frenó el avance de la investigación: gracias al encuentro con la obra de Lorenzo Cadarso (1999a), nos fue posible establecer una relación entre las fases del proceso criminal y las tipologías documentales que cada una de ellas generaba, es decir, poner orden en ese mundo de márgenes imprecisos que es la documentación judicial. Los resultados del análisis confirman las impresiones preliminares: la aproximación era el modus operandi de la administración de la justicia criminal criolla. Por un lado, la instrucción del sumario comportaba idas y venidas que condicionaban la progresión continua de las formas documentales. Como hemos podido comprobar en la reconstrucción que hemos efectuado, la información de los testimonios hacía retroceder los careos a nuevas declaraciones, lo cual daba como resultado ese aspecto caótico que a nuestros ojos presenta el expediente. Del mismo modo, la imputación de los cargos no precede a la confesión del reo, sino que se incluye en ella, al menos por los documentos que han llegado a nuestros días. En fin, el curso sinuoso del proceso resentía los efectos de una justicia lega que, lejos de los estrados, procedía con su saber práctico.
El análisis paleográfico y diplomático de las fuentes de archivo permitió, en primer lugar, construir un corpus de trabajo y, en segundo lugar, apreciar ciertos aspectos del documento que a simple vista pasan inobservados, detalles que hacen la diferencia. El estudio de sus caracteres internos nos ha obligado a reflexionar sobre el alcance del término “expediente” y sobre su conmutabilidad con la voz “sumaria”, la cual constituía el reflejo material de una fase central y específica del proceso y que, por extensión, se adoptaba como denominación común para el entero conjunto de documentos. Asimismo, nos ha consentido apreciar su disposición final en forma de cuadernillo, observar las huellas de los pliegos y, con ello, intuir que circulaban sueltos dentro y fuera de los despachos del Tribunal. También nos ha sido posible discernir entre documentos incluidos y externos a la sumaria y observar que, además de la documentación judicial propiamente dicha, se incorporaban todos aquellos escritos de distinta naturaleza gestados durante el proceso. Pero, fundamentalmente, hemos prestado atención a la data tópica y crónica, observado con detenimiento los saltos temporales en el expediente y, mediante el estudio de los otorgantes, autores materiales y destinatarios, comprendido quién escribía a quién y para qué. La transcripción ordenada y clasificada por tipologías ha dado un nombre a los actores sociales que intervienen en el proceso: chinas, reclusas criollas, personal castrense, correctoras y, los más importantes, el juez Calvete, y el escribano don Pedro del Castillo, verdadero protagonista de nuestro estudio.
Por último, el análisis de los caracteres externos del expediente nos ha permitido apreciar la forma en que está escrito, identificar su sistema de foliación, acercarnos al tipo de escritura y a los diversos amanuenses que han intervenido en su extensión. En síntesis, si la contextualización histórica nos ha dado conocimientos suficientes para evitar anacronismos interpretativos, la diplomática nos ha tomado de la mano y acompañado hasta el umbral de la lingüística, parte central de nuestra investigación.
Como hemos explicado al presentar nuestras herramientas de trabajo, el análisis del discurso ha sido realizado uniendo perspectivas de estudio y abordajes metodológicos: el análisis crítico del discurso y el enfoque modular de la lingüística pragmática. El primero nos ha habituado a una dimensión del discurso que estudia el modo en que el poder y sus relaciones “se manifiestan en las diferentes estructuras del texto y [en] la conversación de los ‘poderosos’” (Van Dijk, 2009: 76). Cómo no reconocer en las palabras del capitán Sotoca, juez encargado del procedimiento, la línea sutil que separa el “Nosotros y Ellos” (ídem: 77), el mundo de los grupos privilegiados y el de los humildes, el de las autoridades virreinales y el de la plebe urbana; como así también el universo de relaciones humanas en el que prevalece la dominación masculina (Bourdieu, 2011):
No creyéndosele las negaciones que a echo en cuanto a las presas, que esta berificado en esta Sumaria ha tratado, se le hacen los cargos del escándalo que ha ocacionado en el Pueblo cuyas especies no ha sido posible atajarlas, ni el sixilo con que el señor virrey ha querido se execute esto, desacreditándose por ellas enteramente una casa pública que daba principios a formarse, de lo que ymaginará el bulgo que las que ponía allí saldrían más relajadas hácesele cargo del trato con Dionisia Silva, cuya especie dibulgada entre tantos, es regular llegue u haya llegado a los oydos de su marido, y por esto dibidirse el matrimonio, que según ha referido el exponente dicho marido la hiba a ber, lastimándose la familia conocida de que depende dicha Dionisia, evidenciándose su escandaloso obrar en ponerse a tratar carnalmente una mujer en medio del día, en donde pudiera haber sido bisto y notado según dice entre la puerta de la calle y la de las recojidas[1].
El enfoque modular de la lingüística pragmática ha sido la herramienta efectiva con la que hemos penetrado en el corpus, realizando, previamente, el reconocimiento de las tipologías documentales. Como nos recuerda Wesch (1998), al que hemos citado al comienzo de nuestro estudio, la diplomática es una lingüística textual ante litteram que ofrece un interesante punto de partida para individualizar las tipologías que presentan los documentos jurídicos y administrativos. En síntesis, sobre la base de la clasificación diplomática de los documentos que hemos elaborado (tabla 1), hemos procedido primero con su identificación y luego los hemos sometido al análisis del discurso.
La extensión y riqueza de los materiales nos ha obligado a efectuar restricciones y, por lo tanto, a seleccionar aquellos que, por sus características y contenido, nos permitían alcanzar los objetivos que hemos trazado. De este modo, nuestro estudio se centra en los documentos dispositivos y en los probatorios y, dentro de estos últimos, en las pruebas testificales, es decir, en las declaraciones, las ratificaciones, los careos, y en la confesión del reo.
Con base en los criterios metodológicos que hemos adoptado, cada uno de los textos ha sido analizado interviniendo por niveles y planos. La identificación y caracterización de la superestructura nos ha permitido observar las analogías y las diferencias que presentan, y, cuando ha sido posible, esbozar un esquema o modelo que hemos expuesto en tablas. A su vez, el análisis de los diversos planos de la macroestructura, central para nuestro estudio, nos ha posibilitado identificar las figuras del emisor y del receptor y, con ello, observar el modo en que el primero maneja su discurso, el caudal informativo que ofrecen sus palabras y, sobre todo, sus intenciones. Por último, la microestructura ha sido un instrumento eficaz para identificar los rasgos que caracterizan al discurso jurídico y los materiales que a nivel oracional inciden en la economía del mensaje.
Por lo que respecta a la superestructura de los documentos dispositivos (autos, órdenes y decretos), el análisis confirma el predominio de las secuencias instruccionales. A pesar de la variedad y especificidad que estos presentan, son textos monologados que, en su mayor parte, poseen una superestructura heterogénea, pues combinan rasgos expositivos, argumentativos y hasta narrativos. A nivel macroestructural, el análisis de los planos enunciativo, informativo, modal y argumentativo nos ha permitido comprobar que, detrás del estilo formulario, ascético e impersonal que los caracteriza, en algunos de ellos el hablante se muestra abiertamente y expresa desde el poder de su rango su punto de vista sobre los hechos evaluados. La deíxis social constituye la marca común que establece las distancias jerárquicas que medían entre los actores que intervienen en los textos, y la argumentación es un medio eficaz con el que se expresa e impone la autoridad. De hecho, no faltan juicios éticos que testimonian modalidad.
Por último, la microestructura se caracteriza por la presencia de largos enunciados encadenados que recurren a la subordinación y coordinación de sus constituyentes, rasgo que provoca una sintaxis oscura que dificulta su interpretación. Los procedimientos formularios organizan el material lingüístico distribuyendo su contenido; la constante presencia de anafóricos mantiene vivo el referente y, junto al gerundio, y a otros conectores típicos de lo escrito, contribuyen a mantener la coherencia y cohesión textual. Los verbos de obligación demuestran el peso de la autoridad de quien escribe, mientras que las expresiones pertenecientes al ámbito procesal y los términos jurídicos manifiestan la preparación letrada de los funcionarios del Tribunal. En definitiva, los documentos dispositivos constituyen un claro ejemplo del modo en que la palabra se convierte en un instrumento coercitivo del poder que ordena, juzga y obliga.
El otro grupo de documentos que hemos analizado y que constituye la parte más consistente del trabajo es el conjunto de los probatorios. Desde el punto de vista metodológico, hemos potenciado el análisis pragmalingüístico con dos instrumentos eficaces: la cuantificación de los numerosos datos que emergen de su lectura y la sucesiva visualización de los resultados en gráficos y parrillas. Esto ha sido posible gracias a las características estructurales que comparten, las cuales nos han consentido un abordaje unitario en grado de aprovechar su riqueza y densidad.
El análisis de la superestructura de cada uno de los documentos inquisitivos, expuesta regularmente en tablas, nos ha permitido elaborar un modelo textual. En efecto, el aspecto que más los relaciona es su organización, mientras que se diferencian por el peso de sus componentes constitutivos. Como hemos afirmado en el análisis individual, los documentos inquisitivos son una reconstrucción narrada de los diversos pasajes del acto jurídico que conllevan; en otras palabras, la superestructura está definida por la secuencia narrativa que se organiza con base en los objetivos que cada uno de ellos persigue. De todos estos documentos, las ratificaciones son el grupo menos interesante porque buscan confirmar el contenido de lo que han dicho los testigos. En cuanto al resto, declaraciones, careos y confesión del reo, a los cuales hemos dedicado la mayor parte del análisis, el esfuerzo y la dificultad que su estudio significa han sido ampliamente recompensados por sus resultados. Sin dudas, el aspecto que más ha contribuido a alcanzar nuestras metas ha sido el análisis de la macroestructura. El estudio del plano enunciativo nos ha permitido reconstruir la organización de los intercambios sobre la base de los turnos de pregunta y respuesta. A su vez, hemos podido identificar las características de las preguntas, verdaderos instrumentos de la pesquisa, y, de este modo, comprobar que el interrogatorio en manos de la justicia durante el Antiguo Régimen era una manifestación del poder. El análisis lingüístico de las estructuras ha puesto al descubierto el abundante uso del discurso referido indirecto y, tras ello, la increíble densidad polifónica de estos textos. En ellos, el locutor se convierte en un enunciador que cita a otros sujetos, reproduce con claridad sus palabras, y en diversas ocasiones las imita, se apropia de ellas, es decir, las propone en estilo directo. En fin, las voces emergen de los folios del expediente: el análisis lingüístico las ha librado de las ataduras del tiempo y de los materiales en que han sido conservadas. Junto a esta manifestación abierta de oralidad, el texto se esfuerza por mantener los rasgos de una prosa despersonalizada: si las técnicas inquisitivas son un medio para incriminar al acusado, o para obligar a los declarantes a deponer en favor de la tesis de la justicia, la aparente austeridad lograda con el constante recurso a la nominalización y a la despersonalización también está al servicio de los objetivos que vienen desde lo alto. Nada ha sido librado al caso: detrás de la objetividad aparente, subyace la voluntad de demostrar que los hechos, así como vienen presentados y sin un sujeto aparente que los realice, confirman, por sí solos, la culpabilidad del imputado. Y esto nos lleva al deus ex machina que mueve los hilos del escrito, al hacedor de palabras que detenta el poder y maneja el discurso. En varias oportunidades hemos reflexionado sobre el papel central del escribano, el que, como hemos advertido, no se limita a transcribir textualmente lo que escucha, sino que, fundamentalmente, toma nota, sintetiza, reelabora y, sin querer, reinterpreta. ¿Cuánto de lo dicho por cada uno de los intervinientes corresponde a la verdad? Por la oficialidad del acto, suponemos que la mayor parte haya sido respetada, si bien filtrada desde la óptica de la justicia. No olvidemos que el proceso se concluye con la lectura del memorial que el relator de la Audiencia elabora a partir del contenido del expediente, sobre el cual los magistrados pronuncian la sentencia. A pesar de ello, los textos abundan de expresiones coloquiales y presentan diferencias importantes que ponen de manifiesto estilos, registros y sociolectos. El estudio de la modalidad y de la argumentación nos ha permitido observar las habilidades discursivas de los testigos y, principalmente, del reo, cuya ironía y comicidad desentona con la situación en la que se hallaba. Por otro lado, el análisis de la estructura informativa ha medido el compromiso individual de cada uno de los declarantes, nos ha permitido observar cuánto hablan y cómo justifican la veracidad de lo dicho, si se responsabilizan abiertamente de sus palabras o se esconden en la fuerza del colectivo, esa masa anónima que todo lo sabe y que, en manos de la justicia, bien se presta como argumento de autoridad para avalar la razón del magistrado. Por último, la deíxis social, omnipresente en estos textos, refuerza el valor de las diferencias. En cuanto a las características microestructurales que hemos rastreado en el análisis, comprobamos nuevamente la presencia de enunciados extensos unidos por unidades que facilitan la construcción: el gerundio, la anáfora y, principalmente, la conjunción “y” y el nexo “que”, disponibles a la ocurrencia del escribano para mantener la unidad del discurso. Junto a los conectores de lo escrito, individuamos también tantas formas que nos acercan a la oralidad, a la inmediatez de la escritura, a los tiempos breves y frenéticos del quehacer judicial.
A través de esta síntesis apretada, hemos intentado demostrar la rentabilidad de un análisis que privilegia la perspectiva interdisciplinar. La lingüística pragmática nos ha permitido abordar nuestro objeto de estudio en manera global, reconstruir las diversas dimensiones del discurso y penetrar en los entresijos de la intencionalidad de la palabra, conscientes de que en nuestro intento no hemos pretendido agotar los aspectos tratados y explorar todas las posibilidades que el material ofrece.
Las últimas líneas de esta investigación van dedicadas a los protagonistas de nuestra historia: el sargento Calvete, Dionisia, y las reclusas, hombres y mujeres de la colonia cuyas vidas han sido objeto de nuestro análisis. Vaya, a todos ellos, mi profundo respeto y gratitud por haberme permitido hurgar en sus sentimientos con tanta facilidad y apropiarme de sus palabras. Sepan que sus historias hoy contribuyen al enriquecimiento del estudio del pasado, de su lengua y del discurso.
- Documento n.º 66: CONFESIÓN.↵








