La tesis básica que he desarrollado sostiene que el concepto de abstracción social provee un nuevo horizonte para retornar a la reflexión sobre los vínculos entre marxismo y psicoanálisis. Esa abstracción posee un alcance históricamente delimitado por el despliegue de la lógica capitalista de mediación generalizada constituyente del “mundo” como mercado mundial. La lógica globalizante convive con diversas temporalidades, irreductibles al tiempo del valor-que-se-valoriza en huida desesperada de su desvalorización. La negatividad es inherente a la dialéctica del capital, es decir, a su huida de la nada que lo acosa. Tal lógica habilita desplazamientos, como los analizados por Freud en su artículo de 1917 sobre las transposiciones pulsionales (Triebumsetzungen) en el erotismo anal, hacia ámbitos ajenos a la problemática psicoanalítica. La temporalidad capitalista —ella misma parasitada por secuencias complejas perceptibles en tiempos de crisis— pugna en transposiciones con otras temporalidades de diversa duración. Tales Umsetzungen deben ser objeto de estudios futuros.
Las temporalidades que me ha interesado destacar son las del patriarcado, de la dominación masculina y del monoteísmo. En el límite de lo pensable, pues esto requiere ser formulado como reflexión radical sobre el lenguaje, sobre la gramática que es la precondición de una historicidad a menudo consagrada como estructura lingüística. No hay mero paralelismo u homología entre esas temporalidades, según las alternativas que juzgaron adecuadas Althusser, el primer Goux, Jameson y Žižek. El tiempo del capital no es uno solo, pero mediatiza sin subsumirlas absolutamente y pone a producir las otras temporalidades de larga duración. La matriz social de lo inconsciente descansa en la imposibilidad de suspender las asincronías de las dominaciones en beneficio de un tiempo único perseguido por la producción capitalista.
En ese marco general, la adecuada investigación del nexo entre psicoanálisis y marxismo requiere una teoría de la historia advertida de la tentación de devenir en filosofía de la historia universal. El marxismo es decisivo en semejante investigación pues provee la noción crucial de abstracción social. Justamente por eso, es insuficiente para incorporar sin rebordes ni resistencias las inercias de temporalidades de larga duración. El psicoanálisis teórico introduce, gracias a la noción de posterioridad, una concepción plural y conflictiva del tiempo compatible con la dialéctica de la dominación característica del capital y con secuencias milenarias que obviamente exceden a la modernidad.
El entrelazamiento de temporalidades y lógicas de dominación, representable gracias a la proliferación global de la abstracción social, supone desafíos políticos para las izquierdas y la teoría crítica. A la consecuencia revolucionaria que se sigue de la detección de una lógica dialéctica capitalista se añaden otras demasías radicales ligadas a la destrucción de las dominaciones de larga duración del patriarcado, de la dominación masculina y del monoteísmo. La interconexión entre esos órdenes heterogéneos de dominación involucra aspectos transhistóricos como el lenguaje, pues el privilegio de la dimensión logocéntrica en detrimento de una diversidad de prácticas alternativas está vigorosamente conectado con el monoteísmo y la universalidad de dominación.
La actitud extrema de revoluciones permanentes emerge como un destino. A pesar de los reparos de la versión reformista y democrático-radical de la izquierda lacaniana, solo una aproximación revolucionaria —comunicable con el programa gramsciano de una transformación de largo plazo vinculada con una pragmática “guerra de posiciones”— es conteste con una renovada interlocución entre marxismo y psicoanálisis no patriarcal. Es previsible que en un contexto postcapitalista el marxismo pierda relevancia. No estoy seguro de que suceda lo mismo con las dominaciones que el psicoanálisis, el feminismo y el antiracismo ponen en la palestra.
El ensayo sobre León Rozitchner tornó evidente por qué la crítica de la abstracción social y de la universalidad se hace vulnerable si descansa en una verdad reprimida, en una esencia prediscursiva o presocial sin lenguaje. Del mismo modo que el lenguaje logocéntrico supone una primacía de lo aparentemente racional y universal sobre sus exclusiones, una vez desmontados sus rasgos de dominio prescindibles, habilita la emergencia de la crítica, la publicidad y la acción emancipatoria. El monoteísmo involucra la supresión de creencias paganas o heréticas, pero es condición de posibilidad de un igualitarismo que socava el universalismo opresivo. Solo una crítica dialéctica de la abstracción —y no su mero rechazo— es diestra para extraer de ella las potencias emancipatorias inherentes a su destitución.
Los marcos de referencias descriptos en el sendero de estudios del presente libro deberían dialogar con una enorme masa de estudios previos reinterpretables bajo la nueva problemática. Menciono, entre muchos otros, el clásico trabajo de Michael Taussig (1980) sobre el fetichismo de la mercancía y el pacto con el diablo entre trabajadores del azúcar y la minería en Colombia y Bolivia. Con modestia, esos marcos convergieron en el enfoque que he intentado desarrollar a propósito del primer peronismo (1945-1955) en el libro Crónica sentimental de la Argentina peronista. Sexo, inconsciente e ideología (2014). Mi investigación descubre otra cosa que los pliegues de una identidad, de una subjetividad, de un sí mismo peronista. Por el contrario, recorre los andariveles por los cuales la fractalidad del peronismo —una identificación con el “doble cuerpo de Perón” cohabitante del líder singular y su posición estatal— se instituyó inconscientemente en actores, sobre todo populares, que por eso no dejaron de ser agentes de una experiencia objetiva.
Requerimos numerosas otras investigaciones, situadas en múltiples espacios y temporalidades, tradiciones e historias, relaciones sociales de producción y clasificaciones raciales, sexuales y deseantes, para comenzar a captar las dialécticas y mecánicas de la dominación, sus complejidades y las posibilidades de una adecuada comprensión histórica. Los límites de la investigación son definidos por el desarrollo morfológico de la propia teoría social. Por ejemplo, una elucidación de la obra artística de Mark Bradford (y por cierto, no es la única) aportaría insights para repensar el warburguiano Nachleben der Antike en la pintura renacentista y la relación entre forma y abstracción.
La investigación sobre marxismo y psicoanálisis no es una faena exclusiva de la teoría. Tampoco solo de la filosofía, la historiografía, la sociología o la antropología. Es un enigma de la política emancipatoria, o más exactamente postemancipatoria, pues no hay origen al que regresar. La necesidad de crearse hace a lo revolucionario más radical que lo supuesto por el humanismo de la modernidad. Los caminos del bosque no son exclusivos del pensamiento. Una humanidad “liberada” estará condenada al inacabamiento de una existencia finita y peligrosa.









