“Por causa de esto que me ha mandado Emilio, nos van a meter presos a todos”
El Aeropuerto Internacional de Ezeiza es el legado más conocido de Juan Pistarini, teniente general formado en el Colegio Militar de la Nación y ministro de Obras Públicas desde 1943 hasta 1952. Enfrentado a Juan Perón durante la dictadura de Edelmiro Farrell, mantuvo su cargo durante el primer gobierno justicialista y terminaría preso en la cárcel de Ushuaia cuando en 1956 se inició la persecución a líderes y funcionarios del peronismo.
En 1981, las vías de entrada y salida de Argentina eran variadas. Para algunas personas, las posibilidades de evadir los controles de la dictadura en cada una de ellas determinaban la elección, que podía estar entre la ilegalidad más absoluta y la legalidad más riesgosa. Tomar un vuelo internacional requería papeles en orden y valentía. Cada vez que algún integrante de los organismos viajaba era una conmoción: si se lograba entrar o salir, si los documentos pasaban la requisa, si se quedaba detenido.
Augusto Conte, Alberto Pedroncini y Graciela Fernández Meijide llegaron a Ezeiza a fines de enero de 1981. Arreciaba una tormenta de verano que la mujer recordaba como de “sapos y culebras”. El temporal afectaba varias provincias y la temporada veraniega en Mar del Plata peligraba luego de dos semanas de lluvia. Ellos viajaban a París a participar del coloquio sobre las desapariciones forzadas, que se realizaría en el Senado de Francia.
En la sala de espera del aeropuerto, Augusto comentó que había recibido amenazas anónimas: si participaba del coloquio, iba a ser tratado como “subversivo”. Graciela tenía dos sobres con idéntico mensaje. Alberto llevaba los suyos cerrados, porque supuso que se trataba de mensajes de clientes que no podría atender. Compararon los remitentes. Eran los mismos.
En el CELS trabajaban para explicar en detalle el sistema con el que se desplegaba la represión. Entre discusiones y análisis de documentos llegaron a una primera explicación. Conte la escribió con mirada jurídica. Mignone seguía reescribiéndola en un lenguaje más periodístico mientras su compañero viajaba a Francia. El escrito llegó a París vía postal, cuando los argentinos ya estaban allá.
Augusto era consciente del seguimiento que sufrían y escribió una carta a un amigo en Buenos Aires: “Por causa de esto que me ha mandado Emilio, nos van a meter presos a todos”. La carta llegó después del 27 de febrero de 1981, cuando los miembros del CELS habían sido detenidos por sospechas de actividades subversivas y toda la documentación que tenían había sido secuestrada.
Mignone no tenía dudas al recordarlo: ellos creían que nosotros teníamos una gran documentación, porque nuestra interpretación del sistema era correcta. En realidad, teníamos datos, producto de una recopilación.
- Basado en la entrevista a Emilio Mignone realizada por Michael Shifter y los testimonios de Alberto Pedroncini y Graciela Fernández Meijide del Archivo Oral de Memoria Abierta.↵






