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Presentación

Aunque el presente escrito no trata de asuntos educativos –ante todo me ocupo de lo que aparece en el título–, se encuentra alojado en una colección dedicada a esos temas, lo cual reclama una justificación suficiente, que será mínima.

  1. Como ocurre también en otros discursos, el universo del discurso educativo ya desde hace tiempo incluye amplios desarrollos en torno a las nociones de «innovación» y «creatividad». Junto a algunas aportaciones de indudable interés, también es de notar la tendencia a la logomaquia que conduce a convertir en un mantra la apelación a ellas, así como a fatigar ritualmente al oyente o lector cuando no se tiene mucho que decir, o cuando lo que se tiene que decir no se ha madurado aún lo suficiente. El recurso a estas dos nociones tiene su origen, su manadero originario, en el discurso sobre arte moderno. De ahí que el esfuerzo por reducir la inflación semántica de estas palabras a su justa medida en el terreno artístico –es este uno de los principales propósitos del presente escrito– pueda rendir igualmente en forma de una aportación a la tarea, completamente necesaria, de reconducir la actual logorrea pedagógica a una dimensión más tolerable. Desde luego, el fenómeno no es nuevo. Desde que surgió la aún denominada «Escuela Nueva» –que ya no lo es tanto– se viene armando todo un universo discursivo que a día de hoy ha terminado eclosionando en una neolengua en la que casi todo consiste en marear la perdiz en torno a esas dos palabras, que han llegado a convertirse en palabras mágicas, en talismanes lingüísticos que parecen decirlo todo o casi todo sin decir nada o casi nada en concreto.
  2. En particular, el nervio del discurso –o al menos uno de sus aspectos más neurálgicos– que desarrolla el presente librito lo constituye la tentativa de aclarar de la forma más precisa las analogías y diferencias entre creatividad (humana) y creación (divina), algo que en el seno del cristianismo se ha pensado con todo rigor hasta una época reciente, en la cual a muchos, incluidos cristianos, parece por completo irrelevante, o una mera cuestión de palabras. No es en absoluto una «mera» cuestión de palabras. Precisar en lo posible esas dos nociones –digamos, el sentido preciso de ambas dentro del campo semántico que evidentemente comparten– es una urgencia vital por muchos motivos, entre los cuales no es el de menor relieve la recta comprensión del significado de «cultura». La voz inculturación es una de las formas de expresar el objeto de la educación.
  3. No tan urgente, a mi juicio, como lo que acabo de mencionar, pero no menos importante, de cara a las finalidades de la educación, resulta ser la labor de indagar en la concomitancia entre sensibilidad estética y sensatez moral, así como en la importancia de educar el buen gusto de cara a que se facilite una percepción más intuitiva de lo valioso, i.e lo que nos ayuda a crecer humanamente, que es de lo que en definitiva trata la educación.


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