Rodolfo Tomás Aldea (UAH/CONICYT)
Dentro de la Crítica de la razón pura es posible establecer tres momentos fundamentales que, en conjunto, compondrían la llamada doctrina del idealismo trascendental: en un primer momento, Kant sostiene que el espacio y el tiempo no son cosas –ni propiedades, ni relaciones– que existan independientemente de nosotros, sino formas de percibir objetos (A26, A33)[1]. En un segundo momento, que los objetos espacio-temporales de nuestra experiencia son meras representaciones, que no existen de manera independiente a nuestros modos de representar (A491/ B519). Por último, Kant distingue entre las cosas como nos aparecen y las cosas en sí mismas (A38 / B55) y sostiene que no podemos tener conocimiento de estas últimas (A239).
Ahora bien, desde su publicación en 1781, diferentes interpretaciones se han presentado con el fin de esclarecer el contenido exacto de esta doctrina (o conjunto de doctrinas). En el contexto de la filosofía analítica, se han desplegado dos posiciones interpretativas dominantes: aquella que califica al idealismo trascendental como una doctrina anti-realista, y aquella que niega que esta doctrina deba siquiera ser incluida en el debate realismo/anti-realismo.
Para explicar esta divergencia interpretativa, debemos empezar por analizar qué es lo que se entiende por “realismo” en este contexto, y desde ahí considerar los motivos que llevan a una posición a sostener que el idealismo trascendental vendría a negar lo que sea que el realismo implica, mientras que la posición alternativa excluye totalmente la doctrina kantiana de tal definición. En este marco, consideremos una de las citas más influyentes dentro de la Filosofía Analítica, acerca de los compromisos de una teoría realista, presentada por Hilary Putnam:
El mundo consiste en alguna totalidad fijada de objetos independientes de la mente. (Además) es posible dar con una descripción exacta, completa y verdadera, acerca de “como el mundo es”. La verdad involucra algún tipo de correspondiente relación entre palabras o signos-mentales y cosas externas y conjunto de cosas (Putnam 1981, 49).[2]
Podemos advertir dos partes sustanciales en esta cita. La primera parte involucra una tesis de existencia (hay algo que existe, “el mundo”) y una tesis de independencia (mental) respecto de aquello que existe. Por los conceptos involucrados, y por ser una teoría general acerca del mundo, la conjunción de estas dos tesis claramente se mueve en un terreno metafísico, y por esta misma razón no es de extrañar que la tradición –y el mismo Putnam– se refieran a esta definición de realismo como a la de un realismo metafísico (o externo).
Es evidente que la segunda parte, en cambio, se mueve en un terreno epistemológico, a propósito de una teoría de la verdad, y que involucra una tesis de univocidad (“una” descripción, completa y verdadera, de “cómo es el mundo”) y una tesis de correspondencia, donde se establece un lazo entre entidades mentales y estados de cosas independientes de la mente.[3] Así, el conjunto de las dos partes de la cita de Putnam, marcan una definición “metafísico-epistemológica” del realismo.
Ahora bien, el idealismo trascendental de Kant parece manifiestamente relacionado con la primera parte de la cita sobre el realismo –es decir, con la parte metafísica– y en particular con la tesis concerniente a la independencia mental. En efecto, si tal y como constituimos la doctrina, el espacio y el tiempo corresponden a nuestras formas de percibir objetos, y los objetos espacio-temporales solo tienen lugar como meras representaciones, y ninguno de estos elementos tiene lugar con independencia de nosotros, entonces Kant pareciera estar negando la tesis realista de que el mundo consiste en “alguna totalidad fijada de objetos independientes de la mente”, o al menos, que el mundo espaciotemporal no califica como tal. De ser así, esto lo convertiría, decididamente, en un anti-realista respecto de los objetos espaciotemporales.
De esta opinión son gran parte de las interpretaciones metafísicas sobre el idealismo trascendental, que anunciamos en un principio. En la mayoría de los casos, esta posición interpretativa no es más que una crítica a la doctrina kantiana, que suele ir acompañada del calificativo de “fenomenalista”[4], y no pocas veces se la relaciona –o incluso equipara– con la filosofía de Berkeley; en particular en lo relativo a la negación de la realidad de objetos extra mentales.[5]
Vale la pena destacar que esta suerte de “acusación fenomenalista”[6] tiene una larga trayectoria, que es posible rastrear incluso hasta la primera reseña que se presentó sobre la Crítica.[7] Sin embargo, si bien es cierto que existen elementos textuales que parecen efectivamente respaldar una interpretación anti-realista, lo cierto es que no todos van a compartirla, empezando por el mismo Kant.
En efecto, existen pasajes centrales dentro de la Crítica, en los que Kant rechaza explícitamente las interpretaciones no-realistas de su obra. En particular, en la “Refutación al idealismo” (B274–279)[8], Kant objeta aquellas tesis que sostengan que los objetos en el espacio no existen con independencia de la mente (idealismo dogmático) o que, desde la subjetividad, no podemos saber si dichos objetos existen o no (idealismo problemático).
Sin embargo, lamentablemente la “Refutación” destaca por su ambigüedad y oscuridad. Prueba de ello, es que hasta el día de hoy no hay consenso sobre qué quiso decir Kant en este pasaje, más allá de su intención por atacar posiciones escépticas. Es por este motivo que, como dice Paul Abela: “La mera indignación de Kant con las interpretaciones no-realistas no es, en sí misma, evidencia de que su análisis, incluso en la segunda edición, sea genuinamente realista”. Y más adelante “no cabe duda de que uno puede desarrollar una interpretación plausible del enfoque kantiano que lo sitúe como un idealista” (Abela 2002, 3-4).
Pero Abela negará, en la misma obra que hemos citado, que la interpretación anti-realista sea la correcta. El motivo de esto es que Abela –junto a otros, como Georald Prauss, Henry Allison y Graham Bird– pertenece a la segunda posición interpretativa que anunciamos en un comienzo, esto es, a aquella que niega que la doctrina del idealismo trascendental deba ser incluida en el debate realismo/anti-realismo. El punto radicaría en que, no solo la doctrina del Idealismo Trascendental, sino que la obra completa de la Crítica, sería un tratado relativo exclusivamente a la teoría del conocimiento, y no a la metafísica.
Por ejemplo, Allison, el más influyente y conocido de los tres intérpretes mencionados en el párrafo anterior, en uno de los trabajos más importantes del siglo XX dentro del estudio académico de la Crítica, sostiene lo siguiente:
Según la versión convencional, el idealismo trascendental de Kant es una teoría metafísica que afirma la incognoscibilidad de lo “real” (cosa en sí) y relega el conocimiento al reino meramente subjetivo de las representaciones (apariencias) (Allison 1992, 30).[9]
Y más adelante:
La interpretación del idealismo que pretendo desarrollar en este estudio, en contraste con la concepción convencional, enfatiza la conexión con las tesis kantianas referentes a las condiciones del conocimiento humano. Sostendré que la tesis de que el conocimiento humano posee tales condiciones es la tesis revolucionaria de la filosofía kantiana, y que el idealismo trascendental no es, en el fondo, más que la consecuencia lógica de su aceptación (Allison 1992, 39).[10]
Según Allison, la Crítica, en su conjunto, es un tratado sobre las “condiciones epistémicas” (condiciones para representar objetos -o un mundo objetivo) y no condiciones metafísicas (condiciones de lo que es, y de su dependencia o independencia mental). En este sentido, sostener que no podemos conocer cosas en sí mismas, por ejemplo, no es sostener que hay, de hecho, una “realidad” de cosas independiente de nosotros que no podemos conocer, sino que representa un concepto límite, cuya función es mostrar la mera posibilidad de poder pensar abstractamente objetos más allá de nuestras condiciones cognitivas. De ahí que –sostienen autores como Allison– resulta equivocado leer a Kant como un anti-realista, dado que sus conceptos refieren a condiciones de representación epistémica y no a condiciones de existencia.
Como podemos ver, esta posición epistemológica es una posición metafilósofica, en la medida en que limita y restringe los problemas a un campo específico, en oposición –y a veces franco rechazo– a la intromisión de otro campo, como el metafísico. Ahora bien, más allá de esta aparente hostilidad de esta posición interpretativa metafilosófica, lo cierto es que contamos con evidencia textual –del mismo Kant– que nos lleva a pensar que su programa no es uno que, justificadamente, pueda ser calificado de “metafísico”.
En efecto, basta con leer el prólogo de la Crítica –ya sea en la edición A o B– para observar la noción problemática –y hasta pesimista– que Kant tiene con respecto a la metafísica, donde a veces es calificada en términos de una otrora “reina de todas las ciencias”, devenida “matrona rechazada y abandonada” (AIX), como un campo de batalla de “interminables controversias” (AVIII), o simplemente como un modo de proceder que ha consistido en un “mero andar a tientas” (BXV), en oposición a la ciencia empírica o a la lógica.
Ahora, si bien es cierto Kant aborda el concepto de metafísica en términos negativos, no es menos cierto que apunta sus dardos a una idea muy particular de metafísica, que no necesariamente corresponde a la idea que hoy tenemos de este concepto. El concepto de metafísica que Kant considera en su evaluación es un concepto histórico, ligado a temas tradicionales –como Dios, la libertad y la inmortalidad– respecto de los cuales muchos metafísicos contemporáneos coincidirían con Kant en sostener que son asuntos en los que el conocimiento no es posible para nosotros.
Si, en cambio, consideramos una idea más general del concepto de metafísica –como aquella que se desprende de la definición de Putnam sobre el realismo, y que hemos citado más arriba– entonces no queda del todo claro que Kant deba ser excluido, al menos en parte, de dicho terreno. En este sentido, tenemos evidencia textual, en la que el filósofo de Königsberg se refiere a su propio programa crítico, como un encauzamiento de la metafísica al curso seguro de la ciencia (Bxviii; pero también en A845/B873).[11]
El concepto kantiano crucial, en este caso, es el de “experiencia posible”, en la medida en que, si bien es cierto que Kant repite hasta el cansancio que su programa resuelve temas relativos al conocimiento (¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori? ¿cuál es el límite del conocimiento empírico? ¿cuál es el límite de la metafísica?, etcétera) también es cierto que extiende el campo de este proyecto, al considerar también un reporte de cómo comprender lo que llamamos “realidad”, en su relación con la subjetividad, que en conjunto conforman la experiencia. Dicho de otro modo, la metafísica trascendental, que él rechaza (que sería esta metafísica histórica), no anula una verdadera “metafísica de la experiencia”, que es tan parte de su programa, como lo es el problema del conocimiento.
Pero ¿significa esto que, al reconocer elementos metafísicos en la filosofía de Kant, debamos volver a una lectura fenomenalista del idealismo trascendental? Hasta hace dos décadas, la respuesta a esta pregunta era, indefectiblemente, “sí”. Sin embargo, en el último tiempo, ha surgido una nueva corriente interpretativa, que se presenta a sí misma como un punto intermedio entre las posiciones fenomenalista y las epistemológica. Dicha nueva corriente establecería, según sus defensores, una lectura metafísica moderada (Allais 2006, 8), que, a su vez, pretende rescatar elementos fundamentales de la posición epistemológica.
Dentro de esta reciente y promisoria corriente interpretativa, destacan Rae Langton y Lucy Allais, para quienes no solo es posible, sino necesario sintetizar las posturas “extremas” que se han desplegado al interpretar el idealismo trascendental, rescatando elementos metafísicos y epistemológicos, con el fin de ser fiel al programa que el mismo Kant pensó.[12] Tanto Langton como Allais, se preocupan particularmente por comprender la diferencia entre el mundo como nos aparece y el mundo independiente de la mente, que equivaldrían al mundo fenoménico y al mundo nouménico, a grandes rasgos.
Las estrategias desplegadas para hacerse cargo de la distinción mundo fenoménico / mundo nouménico, sin embargo, van a diferir. Mientras que Langton enfatiza la existencia de unas supuestas propiedades intrínsecas y extrínsecas de una “misma cosa” para explicar la diferencia entre fenómeno y cosa en sí, Allais fundamenta su causa a propósito de una perspectiva relacional (indirecta, no-representacionalista) de la percepción.[13] La pregunta fundamental para nosotros es si acaso, más allá de sus diferencias, estas estrategias implican o no un anti-realismo en relación con la doctrina del idealismo trascendental. Lamentablemente, la respuesta no es del todo clara.
En el caso de Langton, no queda claro cómo justificar nuestra relación con estas supuestas propiedades intrínsecas (que serían el aspecto nouménico de las cosas del mundo) ni que estatus ontológico deberíamos atribuirle. En el caso de Allais, por otra parte, queda abierta la pregunta de si su estrategia de interpretar el idealismo trascendental, desde el problema de la percepción, donde se ubica la perspectiva relacionalista (o indirecta)[14], aclara las dudas sobre el anti-realismo kantiano, o más bien las complica. Con todo, debido al poco tiempo de desarrollo en comparación con la posición fenomenalista y la posición epistemológica, resulta evidente que la fundamentación de esta nueva posición “intermedia” es algo en progreso, y que merece la pena su evaluación.
Para cerrar, nos preguntamos ¿es Kant un anti-realista? Pues, depende. Si usted sigue a las posturas fenomenalistas, entonces tenemos muy buenas razones para creer que va a terminar respondiendo que “sí”. Si, en cambio, sigue posturas epistemológicas, entonces es muy probable que considere que la pregunta no tiene sentido para el caso de Kant. Si, por último, piensa como yo, que la reciente propuesta “intermedia” abre caminos más provechosos, entonces le será preciso abordar los problemas de la percepción y en el problema del mundo externo, para saber la respuesta.
Bibliografía
Abela, Paul. 2002. Kant’s Empirical Realism. New York: Oxford University Press.
Allais, Lucy. 2006. «Kant on Intrinsic Natures: a Critique of Langton.» Philosophy and Phenomenological Research 73: 143–169.
________. 2015. Manifest Reality. Oxford: Oxford University Press, 2015.
Allison, Henry. 1992. El idealismo trascendental de Kant: una interpretación y defensa. Iztapalpa, México: Anthropos.
Braver, Lee. 2007. A thing of This World, A History of Continental Anti-Realism. Evanston, Illinois: Northwestern University Press.
Christian Garve, Johan Georg Feder. 2004. «’The Gottingen Review’.» Kant, Immanuel. Prolegomena to Any Future Metaphysics. Trad. Gary Hatfield. Cambridge: Cambridge University Press.
Devitt, Michael. Realism and Truth. 2nd edn. Oxford: Basil Blackwell.
Kant, Immanuel. 2004. A Prolegomena to any Future Metaphysics that will Present itself as a. Ed. Gary Hatfield. Trad. Gary Hatfield. Cambridge: Cambridge University Press.
___________. 1998. Critique of Pure Reason. Ed. Paul Guyer and Allen. Trad. Paul Guyer and Allen. New York: Cambridge University Press.
___________. 1997. Lectures on Metaphysics. Ed. Karl Ameriks y Steve Narangon. Trads. Karl Ameriks y Steve Narangon. New York: Cambridge University Press.
___________. 1999. Philosophical Correspondence. Ed. Arnulf Zweig. Trad. Arnulf Zweig. New: Cambridge University Press.
Langton, Rae. 2006. «Kant’s Phenomena: Extrinsic or Relational Properties? A Reply to Allais.» Philosophy and Phenomenological Research 73 (1): 170-185.
Putnam, Hilary. 1985. Realism and Reason. Vol. 3. Cambridge: Cambridge University Press.
Putnam, Hilary. 1981. Reason, Truth and History. Cambridge: Cambridge University Press.
Strawson, Peter Frederick. 1966. The Bounds of Sense: An Essay on Kant’s Critique of Pure Reason. UK: Methuen, 1966.
Turbayne, Colin. 1955. «Kant’s Refutation of Dogmatic Idealism.» Philosophical Quarterly 5 (20): 225-244.
- En el De Mundi, Kant ya se había referido a estos conceptos de manera casi equivalente, donde ni el espacio ni el tiempo, dice, son “algo objetivo y real, ni una sustancia ni un accidente ni una relación” (Ak 2:400, 2:403)↵
- Esta y todas las citas que a continuación se hagan de Putnam, Abela, Strawson y Allais han sido traducidas por mí.↵
- Para un mayor desarrollo de estas y otras tesis implícitas en la teoría realista ver Braver (2007).↵
- Aunque este término es utilizado, en la actualidad, para caracterizar un grupo amplio y heterogéneo de doctrinas, es posible sostener que, en términos generales, el fenomenalismo refiere a la tesis de que algo mental (la mente, el espíritu, la razón, la voluntad) es el fundamento último de toda la realidad, o, de manera incluso más robusta, que eso mental es la realidad misma. En este sentido, es una tesis idealista.↵
- Ver Turbayne (1955). Strawson se expresa en similares términos cuando sostiene que Kant “está más cerca de Berkeley de lo que él reconoce” (The Bounds of Sense: An Essay on Kant’s ‘Critique of Pure Reason’ (Strawson 1966, 22).↵
- Algunos, como Michael Devitt, incluso van más lejos y sostienen que Kant no debe ser considerado un realista porque, de acuerdo con el idealismo trascendental, de alguna manera “creamos el mundo en el que vivimos” (Devitt, 1991, p.72).↵
- La célebre Reseña Göttingen. Garve, Christian, and Johan Georg Feder (2004).↵
- Pero también en los Prolegómenos, así como en cartas privadas. Ver la carta de Kant a Beck, 4 Dic. 1792 en Kant (1999).↵
- El énfasis es mío↵
- El énfasis es mío↵
- En otros textos kantianos sucede lo mismo, a veces Kant se refiere a la metafísica como una ontología relativa a preguntas que no podemos responder, mientras que por otra se refiere a la metafísica como una ciencia de principios a priori de la cognición. Ver (LM 29: 749-54).↵
- En este sentido no se trata de una suerte de “actualización” de la filosofía de Kant, sino que -sostienen sus defensores- se trataría de la interpretación correcta y fiel de ésta.↵
- Para conocer más sobre sus similitudes y diferencias, ver: Allais (2006); así como la respuesta en Langton (2006).↵
- Sobre el realismo relacional, ver Campbell, John (2002a).↵






