La necesidad de nombrar nuevos vínculos
Mariela Rossi y Estela Chardon
En las últimas décadas, hemos presenciado cambios sustanciales en lo que se denomina como “modelo hegemónico de familia”. Algunos cambios legislativos, como la formalización del divorcio, dieron lugar a la conformación de familias ensambladas. A su vez, los avances tecnocientíficos facilitaron la inclusión y multiplicación de formatos familiares como el monoparental o el homoparental, y la incorporación de figuras como gestantes o donantes de gametos. Estos nuevos modos de concebir plantean un desafío al actual sistema de parentesco y cuestionan categorías tales como maternidad, paternidad y fraternidad (Guzzo y Hayford, 2020). Producto de estos cambios, profesionales de diversas ciencias sociales se han visto en la necesidad de replantearse conceptos tales como el de “familia” y “filiación”, y las modalidades vinculares que se establecen con la incorporación de la biotecnología al armado de una familia (Golombok, 2015), así como también de reformulación de un lenguaje que permita aprehender este cambio de paradigma en los lazos de parentesco.
Se ha investigado en muchos países acerca de los vínculos parentales establecidos con niños/as nacidos/as por TRHA homólogas y heterólogas (Golombok et al., 2013, 2015), pero poco se ha dicho acerca de los vínculos fraternos, especialmente aquel que se da entre niños/as que comparten material genético, pero no crianza.
Este escrito intentará abordar la necesidad de descentrar la mirada de la díada niños/as-figuras parentales y dar lugar a pensar nuevos modos de constitución de lazos o vínculos desde la perspectiva de los/as nacidos/as y sus modos de relacionarse entre ellos. En particular, nos referiremos a la aplicación de TRHA con donantes de gametos o a los casos de gestación subrogada (GS), dado que estos/as niños/as podrían vincularse con otros que comparten material genético y/o biológico.
Investigaciones en diferentes países destacan que las relaciones entre nacidos/as, donantes y familias son dinámicas y fluidas (Blyth et al., 2012; Hertz et al., 2013). En un artículo publicado en el Journal of Family Issues, “Donor-Shared Siblings or Genetic Strangers: New Families, Clans, and the Internet”, Rosanna Hertz y Jane Mattes planteaban que las relaciones que se habían formado a través del uso de redes sociales entre las madres que habían utilizado el mismo donante de esperma para concebir tenían el potencial de transformar el parentesco social, aunque en ese momento las relaciones se generaban y sostenían fundamentalmente de manera virtual. Un nuevo estudio, donde participaron 2 217 madres y 419 nacidos/as (Hertz, Nelson y Kramer, 2017), ofrece una comparación de la manera en que se desarrollan estas relaciones y señala que el movimiento de lazos latentes a activos se produce en un momento diferente que el estudio anterior. Según las autoras, madres, padres, hijos/as y donantes interpretan las relaciones con los otros vinculados genéticamente en algunos aspectos que son similares. Sin embargo, los/as nacidos/as tienden –más que los padres y madres– a ver a los/as hermanos/as por donantes como miembros de su familia extendida.
La experiencia de la Donor Sibling Registry (DSR) demuestra el interés de algunos/as de los/as nacidos/as y donantes por conocerse. Hasta la fecha ha logrado más de 18 057 contactos, cifra que está en continuo aumento, como puede observarse en la página de DSR. La voluntad de encontrarse o conocerse supera las barreras legales y enfrenta, entonces, las socioculturales o religiosas. En nuestro país, el estilo latino y los estereotipos familiares derivados de la influencia de la religión católica retrasaron la visibilización de la existencia de estas relaciones y profundizaron la dificultad de conceptualizar lo que significan los vínculos fraternos en estas nuevas modalidades familiares.
Será responsabilidad de los Estados y de los/as profesionales de distintas disciplinas el dar lugar y facilitar que los/as nacidos/as por estas técnicas tengan el reconocimiento de diferentes derechos que permitan construir, desde su singularidad, el tipo de vínculos y la manera de cómo deseen nombrarlos.
¿Qué son los vínculos fraternos?
Nos hemos propuesto intentar abordar el tema de la fratría de un modo interdisciplinario, introduciendo las diferentes perspectivas para poder deconstruir y construir nuevos conceptos más abarcativos que den lugar a la individualidad y la subjetividad de estas personas, las cuales están conectadas por lo genético o la biología, pero en su mayoría desconectadas desde lo social y lo legal.
Desde la perspectiva de la medicina
El foco está puesto en la reproducción de la especie; por lo tanto, esta ciencia avanza al generar desafíos que requieren, por parte de las otras disciplinas, realizar aportes teóricos ante situaciones no normativas y dinámicas.
Los avances biotecnológicos, en particular en materia de avances genéticos (test de ancestría), permiten que una persona pueda acceder a conocer su origen genético con tan solo una muestra de saliva. En los últimos años, aparecieron en el mercado una serie de este tipo de test, como el 23andme, Ancestry, My Heritage, que permiten que de manera muy simple una persona pueda acceder a conocer su ascendencia e historia familiar al decodificar y analizar su ADN (Harper, Kennet y Reisel, 2016).
Esta forma de acceder a la información que ofrece la medicina podría alentar a las personas receptoras de gametos a revelar a sus hijos/as sus orígenes, permitiendo –o, por lo menos, no obstaculizando– el acceso a las relaciones entre personas nacidas o gestadas mediante TRHA con donación o por GS.
Desde la perspectiva antropológica
La legalidad social establece una determinada pertenencia, la cual, según establece Schneider (1968), en nuestra sociedad occidental se determina por lo que llamamos “lazos de sangre o vínculos genéticos”. Es necesario destacar que este concepto es ancestral y podría remontarse a las primeras civilizaciones, donde el recién nacido era aceptado o no dentro del grupo o clan según el parecido físico o la pertenencia a determinado grupo. Pero el contenido de la frase ha quedado como herencia simbólica internalizada, más allá de los cambios socioculturales, legales o tecnológicos que atravesaron a la humanidad, y aparece subyacente cuando se sugiere una TRHA con donación, la cual entra en contradicción con esta creencia en relación con el origen y trascendencia familiar. En este libro, en el capítulo escrito por la Dra. Smietniansky, se desarrolla de manera exhaustiva cómo el parentesco y los lazos de sangre tambalean ante el surgimiento de las familias constituidas por las tecnologías reproductivas.
Desde la psicología
Según Minuchin (1974, 1984), los/as hermanos/as funcionan dentro del sistema familiar como un subsistema, en el cual los/as niños/as pueden establecer, desarrollar y consolidar sus relaciones entre coetáneos. Dentro de este subsistema, aprenden a desarrollar diferentes habilidades sociales requeridas en la relación filial, compiten, cooperan, negocian, luchan y se reconocen o no mutuamente, por lo que la convivencia ha sido considerada muy significativa para el establecimiento de las relaciones o vínculos de la fratría (Arranz, 1998). No obstante, el mero hecho de compartir “lazos de sangre”, e incluso la misma crianza, no garantiza que estos/as niños/as se parezcan entre sí o sean capaces de construir relaciones funcionales y duraderas (Arranz, 1989). La pregunta de por qué los/as hermanos/as son tan diferentes aunque compartan en muchos casos material genético y crianza da cuenta de la tensión histórica entre aquello que viene dado y lo nuevo o inherente a la subjetividad de cada niño/a. Desde la teoría sistémica, se habla de los vínculos familiares como componentes constituyentes de la personalidad, en los cuales confluyen lo genético, lo biológico y la interacción. Esto nos retrotrae a la ya conocida interacción nature/nurture.
Cada hijo/a llega en un momento particular de la vida de los padres, y muchas veces se le otorga un lugar específico. De allí que Dunn y Plomin (1990) afirmen que cada hermano/a crece en una familia diferente. Al citar a Arranz (1989), las diferencias entre hermanos/as se explican poniendo el foco en variables estructurales como el orden de nacimiento, la diferencia de edad o el tamaño de la familia, entre otras. La búsqueda de semejanzas y diferencias entre los/as nacidos/as por donación sería, por lo tanto, un fenómeno esperable y espontáneo en el desarrollo familiar, y que adquiere distinta magnitud o significado según los momentos del ciclo vital familiar.
Nuevos aportes, como el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1987), consideran que la familia es el sistema que define y configura el desarrollo de la persona. Este modelo aporta una base que permite ver cómo la persona se relaciona con el entorno, en particular con el microsistema familiar que es el más cercano durante los primeros años de vida. Pero el mesosistema familiar, el conjunto de sistemas con los que la familia interactúa y mantiene intercambios directos, es una dimensión importante porque puede incluir a los nuevos vínculos fraternos generados por las TRHA. En la estructura familiar hay diferentes subsistemas, como la familia nuclear y la familia extensa, pero la familia siempre se define socioculturalmente; por lo tanto, el concepto de “familia extensa” puede ser muy variable.
Desde el lenguaje
Ferdinand de Saussure es el padre de la lingüística moderna, al haber establecido una teoría con rigor científico sobre el lenguaje, e intentó delimitar su objeto de estudio, la descripción y la explicación de la lengua entendida como un sistema de signos autónomo. Por lo tanto, se puede estudiar el lenguaje en un sentido general, enfocado en su naturaleza y en las pautas que lo rigen, o bien de manera particular, orientándose al estudio de lenguas; pero, en lo que se refiere al tema específico, correspondería una mirada sobre los aspectos asociados a la evolución de la lengua. El mayor desafío del lenguaje es que se encuentra en permanente construcción y modificación, que es dinámico y debe adaptarse a las necesidades del hablante.
La principal función del lenguaje hablado suele ser el establecimiento de las relaciones sociales; por lo tanto, la función de interacción y comprensión o el compartir un código común es central (Moré Pelaez y otros, 2005). El lenguaje hablado tiene, asimismo, una función primaria de transmisión de información. En el caso de la búsqueda o conexión entre la fratría, se combinan ambas funciones: la fratría se comunica para establecer relaciones, para recibir información; por lo tanto, de algún modo, debe nombrarse a sí misma.
Es por esto por lo que, cuando personas que nunca se conocieron o tuvieron contacto se autodenominan “medio hermanos” o “hermanos por donante”, se requiere de un nuevo modelo conceptual para comprenderlos (Kramer y Moore, 2018). Otros autores (Tapia, 2008) también mencionan la importancia del lenguaje en la conformación de los vínculos más allá de los aspectos legales, sino enfocado en la creación de las relaciones interfamiliares entre quienes comparten donantes y, por lo tanto, una base genética (al igual que en la GS, donde también se incluye lo biológico). Un análisis sobre las diferentes denominaciones y su implicancia en el idioma inglés es presentado por Edwards en “Donor siblings participating in each other’s conception”, al comentar el libro What kinship is—and is not (2013) de Marshall Sahlins, específicamente sobre el uso del término “hermanos por donante” o “diblings”, el cual es rechazado por un grupo de nacidos/as por considerarlo infantilizante y minimizar la importancia de estas relaciones.
¿Qué dicen las investigaciones?
Si bien la donación de esperma es una técnica muy antigua (Ombelet y Van Robays, 2015), las investigaciones sistemáticas sobre el impacto de las técnicas de reproducción heterólogas (con gametos de terceros) se inician con posterioridad a la implementación masiva de la fertilización in vitro. Se ha investigado sobre las relaciones entre receptores, hijos/as y/o donantes y la búsqueda de contactarse (Scheib y Ruby, 2008; Jadva, Freeman, Kramer y Golombok, 2010; Kramer, 2018), sobre la adaptación de las familias (Golombok, Ilioi, Blake, Roman y Jadva, 2017), sobre la apertura acerca del origen (Daniels y Thorn, 2001; Visseret et al., 2012), el anonimato o no de los donantes (Schalff y McGovern, 2018), la legitimidad o no de la comercialización de gametos (Brandt, Wilkinson y Williams, 2017) y el debate sobre las necesidades de los/as nacidos/as (Ravelingien, Provoost y Pennings, 2015).
Las TRHA generan una multiplicidad de combinaciones en las que las personas nacidas se encuentran vinculadas de modos diversos: los/as nacidos/as por diferentes donantes dentro de la misma familia, los/as nacidos/as de donación simultánea de ovocitos y esperma, los/as nacidos/as de igual donante en distintas familias, los/as nacidos/as por embriodonación y los/as hijos/as de donantes y gestantes. Por lo tanto, sería pertinente el trabajo científico que considere estas relaciones. Pero, hasta el momento, poco se ha hablado sobre los vínculos que se establecen entre ellos.
Las investigaciones sobre la fratría son mucho más recientes (Hertz, Nelson y Kramer, 2017) y prácticamente nulas en lengua hispana. Cuando se investiga sobre personas nacidas e informadas sobre su origen, aparece el tema de la búsqueda no solo de la persona donante, sino además de los/as otros/as nacidos/as y de los/as hijos/as de los donantes (Crawshaw et al., 2015); cuando el proceso de aceptación y apertura es amplio, los receptores también han demostrado interés en contactar a las otras familias vinculadas genéticamente (Rodino et al., 2011). Las experiencias reportadas (Jadva et al., 2010) son positivas en relación con el contacto y el establecimiento de vínculos entre los/as nacidos/as. En algunos casos, los mismos receptores dan tanta importancia a la conexión genética y la existencia de otros/as posibles nacidos/as del mismo donante que expresan su preocupación intentando reservar gametos del mismo donante para un/a segundo/a hijo/a, cuando así lo desean (Somers et al., 2019).
En relación con esta carencia, debemos destacar –como señalamos anteriormente– la falta de legislación sobre TRHA en países latinoamericanos y las características de la ley española que, al mantener el anonimato de los donantes y no tener registros que vinculen nacimientos con donantes, dificulta enormemente la posibilidad de contacto entre nacidos/as y, por lo tanto, la investigación.
En Argentina la falta de datos locales que emergen de investigaciones y la poca cantidad de nacidos/as informados/as dejan también la duda sobre la forma en que desearían nombrarse en nuestro idioma. ¿Medio hermanos/as, hermanos/as por donante, parientes lejanos, nacidos/as por donación o gestación? Todavía no lo sabemos.
La importancia de visibilizar los nuevos vínculos fraternos por TRHA
El interés de las personas nacidas por TRHA en informarse sobre su modo de concepción, gestación y forma de nacimiento es variado, pero algunas de estas personas tienen un gran deseo por contactar, no exclusivamente a sus donantes, sino también a sus medio hermanos/as (Scheib, Ruby y Benward, 2017).
Esta tendencia es algo reciente, ya que, en sus inicios, los/as profesionales médicos sugerían a los receptores no contarles a los/as niños/as acerca de cómo habían sido concebidos, y mucho menos se los alentaba a contarles acerca del hecho de que un tercero había participado o la posibilidad de la existencia de estos nuevos vínculos. Han sido los mismos protagonistas los que llevaron su inquietud al plano legal, psicológico y conductual. Mientras reclamaban por sus derechos (Gollancz, 2001), abrieron un debate con posiciones contrapuestas (Anonymous Father’s Day, 2011). Pero, simultáneamente, muchos de ellos han comenzado a establecer contacto a través de las redes sociales y los test de ADN. Si bien es una tendencia que se está gestando en la actualidad, su existencia ha trascendido el campo académico y ha alcanzado la ficción –como en la serie Sisters (Banks y O’Donohue, 2017), transmitida por Netflix–, de modo que el debate alcanzará, en un futuro cercano, a sectores cada vez más amplios de la sociedad.
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