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Introducción

De geopoéticas y geopolíticas

Claudia Tomadoni, David Foitzick Reyes
y Claudia Hammerschmidt

De agua somos.
Del agua brotó la vida. Los ríos son la sangre que nutre la tierra, y están hechas de agua las células que nos piensan, las lágrimas que nos lloran y la memoria que nos recuerda.

   

Eduardo Galeano (2012: 102)

El tema del agua, o más precisamente el de su protección y aprovechamiento, se hace cada vez más presente en diferentes ámbitos de acción: académicos, ambientales, sociales, políticos y económicos. Desde una mirada geopolítica, el agua puede reconocerse como un compuesto esencial para la vida y, al mismo tiempo, como un recurso estratégico para el crecimiento económico. En ambos casos, las estrategias políticas no se hacen esperar: en el primer caso, hacia el cuidado y la defensa; en el segundo, hacia su explotación y mercantilización.

En el actual contexto del capitaloceno (Moore, 2017; Malm, 2020; Tomadoni, 2024) —cuyos antecedentes son premodernos, pero en América afro-Abya Yala datan de la conquista y la denominada “modernidad”—, la construcción de redes globales de explotación y apropiación, cálculo y crédito, propiedad y ganancia a una escala sin precedentes incrementó la acumulación de capital, el recrudecimiento del extractivismo y la explotación sobre los territorios. Esta situación pone en peligro la supervivencia de todo lo viviente. La tierra, el aire y el agua adquieren un nuevo valor en el marco de una transición energética que necesita de esos recursos para facilitar una provisión de energías basadas en recursos no fósiles que favorezcan la descarbonización. Así, la lucha por el control de los territorios donde se encuentran, por ejemplo, minerales como el litio, las tierras raras o el hidrógeno, lejos de promover una descarbonización a escala global, está promoviendo un agravamiento de las ya existentes desigualdades entre el Sur Global y el Norte Global y, específicamente, un agravamiento de las desigualdades sociales, culturales y geográficas en cada uno de los territorios. Más allá del concepto de European Green Deal, la evidencia muestra que, tras el principio de sustentabilidad, el sistema está mutando hacia una versión renovada de capitalismo verde o ecocapitalismo.

Así lo demuestran los actuales debates latinoamericanos sobre el extractivismo y la prolífica emergencia de movimientos locales por la justicia ambiental. En un libro reciente, Tittor (2025) muestra precisamente las conexiones entre el uso de grandes territorios y recursos y las estrategias posfósiles (bioeconomía y uso del hidrógeno). Allí cuestiona las promesas de sustentabilidad en cuanto a sus consecuencias socioambientales y la perpetuación de las estructuras fósiles, y aboga por la necesidad de una transformación justa.

La necesidad de una transformación justa, o de volver a un orden equilibrado destruido desde la llegada del capitalismo, se exige especialmente desde las comunidades, movimientos locales, producciones artísticas e intelectuales en torno al agua, que se manifiestan en los territorios de América afro-Abya Yala. A lo largo de este continente, el agua ha comenzado a considerarse un bien común y objeto de protección, especialmente considerado desde las manifestaciones político-estéticas de la región, a las que los estudios aquí reunidos se dedican desde una mirada geopoética.

Esta mirada visibiliza estrategias políticas alternativas en la defensa y preservación de los bienes comunes ante una neocolonización capitalista de los territorios. Es decir, los estudios geopoéticos, como aquí se proponen para América afro-Abya Yala, son también geopolíticos.

Como la historia lo ha demostrado largamente, la “geo/tierra” siempre ha sido objeto de acción política para su conquista, colonización y explotación. Ideas aprovechadas por la ideología nazi, como las del “espacio vital” (Ratzel, 1897) o las legitimaciones directas de la expansión territorial propuestas por Haushofer (1924), dieron origen al concepto moderno de geopolítica como acción para controlar, mediante el poder, la tierra y todos sus componentes (humanos y no humanos). Estas acciones de control tuvieron en muchos casos como estrategia la guerra y la destrucción.

No obstante estas aproximaciones, que inspiraron en variados casos acciones violentas en contra de los derechos humanos y de la naturaleza, surgieron otras que motivan acciones de convivencia pacífica con estrategias de encuentro y cuidado. Así reconocemos la emergencia de un campo relativamente reciente y multidisciplinario que explora la relación entre la tierra, el lugar, la cultura y la creación artística, especialmente la literatura. Se trata de lo que Kenneth White (2004) introduce con el término “geopoética”, buscando una profunda integración entre poesía, pensamiento y paisaje, realzando la conexión entre el mundo natural y el cultural. White describe la geopoética como un enfoque que “fuera de las esferas agotadas de la cultura establecida, abraza las energías del mundo y la realidad poética profunda”. Con anterioridad, y aunque no directamente etiquetada como geopoética, la obra de Gastón Bachelard (1958) sobre la poética del espacio influyó en el desarrollo de la geopoética al introducir el término “topofilia” como el sentimiento afectivo hacia los lugares y proponer el “topoanálisis” como el estudio de los sitios internos de nuestro ser. De manera parecida, Sergio Mansilla mantiene la intrínseca relación entre el territorio y un específico sentirse en el mundo, o “sentido de lugar”, como se expresa especialmente en la poesía (Mansilla, 2020). Lo mismo sucede con la obra de Lawrence Buell y Cheryll Glotfelty (1995), quienes no teorizan explícitamente desde la geopoética, pero que han influido en la consideración crítica del lugar y el paisaje en la literatura. Desde su postura ecocrítica estudiaron la relación entre la literatura y el entorno natural, explorando cómo el paisaje ambiental se representa y cómo se podía redimir la relación naturaleza-seres humanos. Por otra parte, la geopoesía de Ariel Dorfman, quien tampoco se etiqueta a sí mismo como geopoeta, explora en su poesía y prosa conceptos de tierra, exilio y cultura que resuenan con las preocupaciones de la geopoética. En obras como Máscara (1988), Dorfman medita sobre la identidad y el lugar, creando lazos entre el ser y el paisaje.

En los pueblos indígenas de América afro-Abya Yala existen distintas filosofías y epistemologías presentes en sus matrices simbólico-culturales que permiten entender estas relaciones geopoéticas como una multiterritorialidad en constante desplazamiento o una aluvialidad (Foitzick Reyes, 2023).

Estas matrices simbólico-culturales, aun cuando fueron y son víctimas de la violencia colonial y neocolonial, no desaparecieron, ya que sus semillas estaban esparcidas por todo el territorio, esperando el momento en que —tal como el nombre Abya Yala lo indica— vuelven a florecer con renovadas fuerzas. Este hecho ocurre —de manera más notoria— durante las conmemoraciones de los 500 años de la conquista de América afro-Abya Yala en octubre de 1992, cuando:

Las protestas indígenas y los activismos contra el genocidio que provocó, señalaron a la vez la culminación y el estallido del discurso nacional eurocentrado. Esto resultó en el ascenso de la movilización étnica y la visibilización de estrategias de resistencia que hicieron posible la sobrevivencia indígena y los reclamos de sus derechos en la actualidad. Las luchas de los pueblos indígenas por su identidad (el reconocimiento de sus propias onto-epistemologías; la representación política y constitucional de sus derechos; la restitución material-cultural de sus territorios usurpados durante las conquistas europeas o las invasiones militares posindependentistas en tiempos de la construcción de los Estados nacionales; la preservación o recuperación de sus lenguas, costumbres y cantos) lograron, a la vez, hacer visibles identidades tradicionalmente ninguneadas, poner en crisis las hegemonías identitarias eurocentradas y propugnar otro modelo de convivencia (Hammerschmidt / Foitzick Reyes, 2025: 8).

En este nuevo modelo de convivencia, los reclamos exigen que la tierra deje de ser vista como una pertenencia, que la naturaleza deje de ser mercantilizada y que se adopte un concepto y un modelo más integrador que cambie las relaciones, como el de “Madre Tierra” o su respectiva denominación según los diferentes pueblos (Pachamama, Ñuke Mapu, Tonantzin, Taita Inti, Mama Quilla, Amaqalha, Mãe Terra, entre otros), el cual, tal como una madre o un todo integral, incluye el aire, el agua, el subsuelo y la vida en su conjunto, sin separar entre los entes, humanos y no-humanos, que lo habitan. Esta concepción de la “Madre Tierra” obviamente se alía con el concepto de geopoética, y podemos encontrar sus bases también en conceptos como el itrofill mogen[1] (Spíndola Cárdenas, 2021; Hammerschmidt, 2024) o el Pluriverso[2] (Escobar, 2015).

Planteados estos sintéticos recorridos históricos de producción, queda claro que la geopolítica y la geopoética persiguen objetivos diferentes, pero ambas comparten un interés esencial por comprender las complejas relaciones entre los seres humanos y el espacio geográfico (Tomadoni, 2007, 2024), ya sea a través de una mirada política y estratégica o desde una mirada emocional y creativa pero no por ello menos política. Ahora bien, señalemos que mientras la geopolítica se enfoca en las interacciones estratégicas y de poder influenciadas por el espacio geográfico, la geopoética se dedica a explorar los aspectos emocionales y creativos de nuestra relación con el entorno, trascendiendo hacia su comprensión poética.

En este contexto, focalizamos el interés de este libro en uno de los bienes comunes fundamentales para la vida: el agua. Entender el agua desde una mirada geopoética con base en la América afro-Abya Yala es partir del sentipensar (Fals Borda, 2000; Escobar, 2016) que conceptúa al territorio como un entramado de seres vivos y al agua como el compuesto vinculante que les otorga fluidez y circulación entre ellos.

La invitación a participar en este libro partió de la idea de ponderar el agua como compuesto fundamental del sustento para la vida y la preservación de los derechos de la naturaleza (Acosta y Viale, 2024). Por ello reúne historias, relatos, luchas, demandas y sus variadas y renovadas dinámicas de resistencia frente a lo que denominamos capitaloceno. Este libro reúne trabajos de investigadorxs, académicxs y activistas que trabajan estos temas desde y en diversos países del continente América afro-Abya Yala, a partir de la convocatoria lanzada por el Instituto de Filología Románica y el Centro Internacional de Estudios Transdisciplinarios Argentina/Cono Sur (ARCOSUR), ambos de la Universidad Friedrich Schiller Jena, Alemania.

Este libro inicia la serie Geopoéticas de América afro-Abya Yala, que contiene un total de cinco libros que quieren mostrar, en su conjunto, un posicionamiento político, académico y territorial respecto de los debates internacionales en torno a la policrisis en el contexto del capitaloceno a través del diálogo con y entre territorialidades comunitarias de la América afro-Abya Yala; integrar la lucha por los bienes comunes en un contexto de fortalecimiento de los derechos de la naturaleza, la justicia socioambiental y ayuda al combate contra la desigualdad social; repensar las relaciones con los bienes comunes naturales y culturales, frente al cambio climático, los procesos de descarbonización y transición energética que continúan obedeciendo a modos de vida imperiales (Brand, 2021); e integrar diferentes saberes ancestrales, afrodescendientes e indígenas en la gestión sustentable de esos bienes comunes.

La biodiversidad del continente está amenazada frente a la expansión colonial-capitalista por un hecho que nos parece especialmente preocupante y que es la creciente mercantilización del agua. La matriz del poder que sostiene el patrón de acumulación capitalista genera conflictos de uso y abuso en torno de la posesión de la tierra y del agua en los territorios.

Las disputas por el futuro en las narrativas e imaginarios de saberes y prácticas en torno al agua desafían las percepciones que tenemos de ella como un bien común y normalizan sus privatizaciones. Un caso paradigmático en este sentido es Chile, donde bajo el régimen de la dictadura cívico-militar se promulgó la Constitución de 1980 —que rige al país hasta el presente de este libro— y el Código de Aguas de 1981 (que ha tenido algunas modificaciones), según los cuales los derechos de aprovechamiento de agua eran considerados derechos privados, lo que significaba que podían ser comprados, vendidos y transferidos como propiedad privada a empresas transnacionales que promueven necropolíticas (Mbembe, 2003) extractivistas globalizadas en el contexto del capitaloceno.

La intención de esta publicación en particular es visibilizar los debates más relevantes y las líneas de investigación desarrolladas por distintxs investigadorxs que trabajan en la actualidad temáticas relativas a las diversas representaciones del agua, a los roles que se le asignan como sustancia vital, como compuesto sustancial en la cadena de producción o como fuerza extractora de recursos. El agua puede ser un compuesto vinculante y/o delimitador, productor de energía o medio de transporte, pero, además, el agua —desde las concepciones indígenas de América afro-Abya Yala— puede ser considerada una entidad espiritual, cultural o simbólica.

El libro está organizado en cuatro partes. La primera parte, “Sentipensares, expresiones artísticas e imaginarios del agua”, contiene cuatro capítulos que evidencian una preocupación compartida por el rol del agua y el territorio en la identidad, las resistencias y el arte, así como un compromiso con la promoción de la diversidad cultural y la lucha contra las injusticias ecológicas y sociales. Los cuatro textos abordan la importancia del agua y cómo su gestión y defensa es crucial para las comunidades indígenas. Tienen como enfoque común resistir ante las prácticas extractivistas y neoliberales que amenazan este bien común. Desde perspectivas indígenas (particularmente la mapuche) en relación con el agua, presentan visiones que consideran el agua y los territorios como entidades vivas y con agencia, enfatizando la importancia de las prácticas y saberes indígenas en la conservación del ambiente. El uso del arte como herramienta de resistencia es un tema recurrente para todas las autoras. La producción artística es presentada como un medio para desafiar narrativas hegemónicas y colonialistas, desde la poesía y la producción multimedial y performática con amplias conexiones sociales y políticas en Hammerschmidt y Enders hasta el arte textil de creación colectiva en el caso de Cerda Becker et al. o la producción musical en el caso de Mariluan. En los casos de Hammerschmidt y Enders se subraya la importancia de las identidades líquidas y pluriversales, mientras que Cerda Becker et al. y Mariluan muestran la diversidad a través de producciones artísticas. No obstante, todas reconocen la agencia de las mujeres en liderar cambios socioculturales y ambientales y enfatizan la necesidad de reconocer y valorar múltiples cosmovisiones que coexisten dentro de un marco de diversidad cultural a partir de una crítica a las visiones antropocéntricas que consideran los recursos naturales simplemente como recursos económicos, contrario a las visiones indígenas que promueven entender el agua como un bien fundamental y dinámico para el ecosistema.

La primera parte abre con el texto de Claudia Hammerschmidt, “Sentipensar con el agua. Imaginarios líquidos y resistencias poéticas en Daniela Catrileo y Seba Calfuqueo”. Partiendo del “sentipensamiento” y de la “ontología relacional” como los describe Arturo Escobar, la autora destaca puntos de convergencia poético-política entre la reconstrucción del az mapu, la lucha territorial del activismo político mapuche contemporáneo y una estética líquida explícitamente champurria, como la practican especialmente la poeta, narradora, feminista, activista y artista performativa mapuche Daniela Catrileo y la artista multimedial mapuche trans Seba Calfuqueo. Hammerschmidt analiza cómo estas artistas mapuche escenifican su posición contrahegemónica y resistencia artística a través de una hibridización resemantizada que expone al mismo tiempo un sentipensar con el agua, la fluidización identitaria y la representación y reafirmación de identidades étnicas subalternizadas. Asimismo, destaca cómo su producción champurria altamente autorreflexiva y sofisticada se funda en las luchas interseccionales contra la discriminación racista, sexista y clasista y la explotación megacapitalista-extractivista del ambiente, y apoya especialmente la defensa del agua y la tierra. De esta manera, da a leer el trabajo artístico-intelectual de Catrileo y Calfuqueo como asentado en identidades líquidas y como producto de una lucha anticolonial basada tanto en el itrofill mogen y az mapu del pueblo mapuche como en la disolución de los binarismos, a la manera de la estética champurria y queer a la que pertenece.

El texto “Sentipensar con agua desde lo audiovisual: perspectivas decoloniales mapuche en Cuentos de la tierra (2023)”, de Christina Enders, se centra en el análisis del largometraje ficcional de Pablo Nisenson, que aborda diversos aspectos de la vida contemporánea del pueblo mapuche. La película destaca las dificultades de los mapuche de vivir, en el capitaloceno, dentro de una sociedad racista que los ha marginalizado y subalternizado, así como su resistencia y la defensa de sus territorios en Wallmapu, en el sur de Argentina y Chile. En concreto, Enders analiza cómo la película problematiza el tema del agua y sus significaciones para los mapuche, mostrando su alejamiento de los conceptos occidentales (y eurocentristas), y muestra cómo el largometraje no solo expone la amenaza constante del agua como víctima en el contexto de (necro)políticas y prácticas neoliberales y extractivistas (como la construcción de presas), sino también la visión alternativa propuesta por la película. Esta se desvía de la concepción antropocéntrica del agua como “recurso” natural y bien común, y se enfoca más bien desde una perspectiva relacional y holística, de modo que constituye un ejemplo del “giro líquido” (o “ecología líquida”) descrito por Lisa Blackmore y Liliana Gómez (2020). Retomando los conceptos de Thinking with water (Chen, MacLeod, Neimanis, 2013) y Sentipensar con la tierra (Escobar 2014), Enders examina cómo Cuentos de la tierra, desde lo cinematográfico, pretende “senti-pensar el agua” desde la perspectiva mapuche, cómo representa la visión de ko (“agua” en mapuzungun) —al que considera un ente con agencia propia— y cómo contribuye a visibilizar las miradas pluriversales dentro del capitaloceno. Finalmente, el análisis de Enders rescata cómo los mapuche (senti)piensan las crisis del mundo actual y, en particular, la crisis del agua, y cómo la película no solo desafía los discursos coloniales hegemónicos, sino que contribuye a la visibilización de identidades históricamente homogeneizadas y subalternizadas en Abya Yala. Mediante un shooting back, la autora clasifica el largometraje dentro del cine de resistencia que colabora en decolonizar la mirada.

Claudia Cerda Becker, Ximena Lagos Morales, Alejandra Rojas del Canto y Carolina Vega Ramírez abordan en “Trai Trai ko ‘sonido del agua’: escuchando el susurro del agua / de nosotras mismas. Poemario textil colectivo en defensa del agua” la sistematización colaborativa de la creación e intercambio del poemario textil Trai Trai Ko, realizado por la Agrupación de Arpilleristas de Angachilla y la Asamblea Textil del Valle de Elqui en Chile. Las autoras demuestran cómo a través de la técnica de la arpillera en formato libro, estas agrupaciones fomentan conversaciones sobre las problemáticas hidrosociales de sus territorios, estableciendo lazos de acción conjunta entre mujeres. El texto, escrito por integrantes de ambos colectivos, explora la conexión entre cuerpo, territorio y memoria, considerando humedales y ríos como entidades vivas con memoria ancestral. Denuncian el extractivismo y presentan el bordado como resistencia poética contra la mercantilización hídrica, promoviendo una política del cuidado y defensa de la diversidad de la vida.

Esta primera parte finaliza con el ensayo “La canilla de la esquina y el agua que se nos fue de las manos”, de la cantautora e investigadora mapuche Anahí Rayen Mariluan, quien, desde memorias afectivas, desanda los modos de construcción de la escucha para el trayecto creativo del álbum musical Pu ko/Aguas (2024), dedicado íntegramente a la defensa del agua y valiéndose del mapuzungun, la lengua del pueblo mapuche. La particularidad de la composición de Mariluan ancla en esta lengua como herramienta político-decolonial que enfrenta, desde la voz cantada, discursos hegemónicos. En su desarrollo sirven como notas de campo sucesos de la infancia y del presente que, declara la autora, obran como disparadores colectivos comunitarios del tiempo de las aguas libres.

La segunda parte, “Cosmovisión y cosmopolíticas del agua”, incluye dos capítulos que exploran cómo las cosmovisiones culturales y simbólicas —de tecnologías cosmopolíticas de los pedimentos de lluvia y del arquetipo femenino de “Mãe D’água”— sirven como medios de resistencia para cuestionar y desafiar las imposiciones coloniales y extractivistas. Los textos presentan las complejas identidades de las comunidades afroindígenas “afro ñuu savi” en Oaxaca (México) y de la Chapada Diamantina en Bahía (Brasil). A partir del abordaje de conflictos socioambientales, derivados de prácticas económicas extractivistas que amenazan los bienes naturales esenciales (especialmente el agua) y las maneras de vida de las comunidades afectadas, las autoras realizan una crítica al extractivismo que se expresa en el ámbito de la agricultura y la minería en el texto de Bonilla Valencia, y en el ecoturismo y el “capitalismo verde” en el análisis de Moreira. Así, los dos capítulos abordan una crítica ecofeminista y contracolonial que recupera el valor de la participación y el liderazgo de las mujeres en la defensa de los bienes hídricos, el derecho al agua y la resistencia a las economías destructivas ante estructuras patriarcales, neocoloniales y sus dinámicas de poder que afectan a las comunidades.

Por un lado, Solange Bonilla Valencia, con su texto “Pedimentos de lluvia en la Costa Chica de Oaxaca. Tecnologías cosmopolíticas afro ñuu savi frente a la crisis ecosocial”, examina los pedimentos de lluvia de esta comunidad localizada en Santa María de Huazolotitlán, Oaxaca, como escenarios que reflejan preocupaciones multiespecies respecto al cambio climático, específicamente la sequía. Los pedimentos se ven como tecnologías que facilitan negociaciones cosmopolíticas (Stengers, 2005) para activar la lluvia, hacer duelo por las pérdidas causadas por la crisis (Gan et al., 2017) y cuestionar actividades extractivistas como los monocultivos y la ganadería extensiva. Tradicionalmente, estos pedimentos han sido clasificados por la antropología como prácticas religiosas relacionadas más con la fe que con la racionalidad. Sin embargo, retomando a Eduardo Viveiros de Castro (2013), Bonilla Valencia argumenta que los pedimentos son tecnologías complejas que desafían el paradigma naturalista, destacando enredos multiespecies que posibilitan la vida y la creación de futuros alternativos. Asimismo, señala que el término “afro ñuu savi” subraya la pluralidad ontológica de esta población, que, aunque comparte historias y relaciones con poblaciones afro, enfrenta fricciones y discriminaciones cruzadas en su cotidianidad, lo cual representa una condición de ser simultáneamente negros y originarios. El concepto se alinea con el término “afroindígena” como un contramestizaje que resalta diferencias sin anular particularidades (Mello, 2014; Goldman, 2021). La autora destaca que estos encuentros son importantes en Latinoamérica porque los proyectos nacionalistas han promulgado el mestizaje como factor identitario que aparentemente reconoce las distintas culturas y etnias, pero realmente ensalzan lo blanco; de allí la relevancia de los encuentros afroindígenas como líneas de fuga al racismo institucional (Goldman, 2021). Siguiendo esto, concluye que los pedimentos afro ñuu savi son líneas de fuga, primero, respecto del proyecto de mestizaje del Estado moderno mexicano, que reconoce a las poblaciones originarias y negras cuando le sirven a su folclor y pasado glorioso, pero no respeta sus cosmologías ni sus derechos. Y, segundo, respecto de las economías extractivistas que se han impuesto a nivel local y afectan su entorno.

Por otro lado, Gislene Moreira, en su capítulo sobre “Cuerpos hídricos: mujeres e imaginarios del agua en las luchas ecoterritoriales del semiárido de Bahía”, aborda la problemática del agua en el oasis del semiárido más poblado del planeta. Gracias a su rico y complejo ecosistema, a lo largo de milenios este oasis se ha convertido en la principal zona de producción hídrica que garantiza la reproducción de la vida en un área amenazada por la desertificación. Para los pueblos tradicionales afroindígenas de la Chapada Diamantina de Bahía, esa riqueza es una bendición de la Mãe D’água (Madre del Agua), una mujer-pez mística que vive en los manantiales. Moreira asevera que en varias culturas del mundo y atravesando variados tiempos históricos, se han registrado mitos de mujeres que entrelazan sus cuerpos con los ecosistemas hídricos. Los imaginarios sobre esos cuerpos hídricos, entendidos como las fluidas fronteras entre lo humano y lo no humano, se entrecruzan y son el punto de partida para comprender los conflictos por el agua en las sierras sertanejas. La autora trabaja las especificidades de la acción política de mujeres defensoras del agua en comunidades tradicionales afectadas por megaproyectos del capitalismo verde. Las describe como indígenas, quilombolas y campesinas que han asumido el rol de guardianas hídricas en una zona amenazada por la desertificación. Desde la investigación-acción-participativa con experiencias de reexistencia y soberanía ecológica, y de una revisión histórica e iconográfica de las representaciones de lo femenino, el trabajo profundiza la discusión sobre las interfaces entre el agua, la cultura y la perspectiva de las defensoras de la naturaleza. El texto resalta el poder de las narrativas y universos simbólicos de las luchas de resistencia como espacios de creación de otros imaginarios, estéticas y percepciones tejidos desde los pueblos tradicionales como factor clave hacia horizontes de futuros más amplios.

La tercera parte, “Perspectivas de género y el agua”, comprende dos capítulos de autores que exploran cómo las desigualdades de género y sus derivadas estructuras de poder afectan el acceso y la gestión de bienes naturales como el agua. Los trabajos destacan la importancia de integrar una perspectiva de género para abordar los impactos desproporcionados que enfrentan las mujeres y las comunidades marginadas debido al racismo ambiental y las desigualdades estructurales. Asimismo, coinciden en que la insuficiencia legislativa, tanto por acción como por omisión, y las prácticas extractivistas en Potosí, Bolivia y México priorizan intereses económicos sobre los derechos comunitarios, perpetuando la injusticia ambiental. Sin embargo, son las mujeres quienes emergen en ambos casos como líderes en la resistencia, organizándose para proponer modelos alternativos de gestión del agua que valoran los saberes locales, la equidad y la sustentabilidad. Un dato interesante para el lector y la lectora es que en ambos textos se aboga por reformas estructurales que no solo modifiquen las leyes, sino que también promuevan un cambio cultural que incluya las voces y experiencias de mujeres en la toma de decisiones sobre los bienes naturales en pos de gestiones más inclusivas y equitativas, que reconozcan el carácter vital y colectivo del agua y otros bienes.

Milenka Vanessa Almanza López y Oscar Ranulfo Ayala Aragón, en su texto “Identidad minera en el escenario de sequía en el municipio de Potosí, Bolivia. Abordaje desde los feminismos ecoterritoriales”, analizan la compleja situación de Potosí, Bolivia, una ciudad históricamente marcada por el extractivismo colonial y neocolonial, y actualmente afectada por la escasez hídrica. El agua, más que un recurso, es esencial para la vida en la región, y su apropiación refleja relaciones desiguales de poder. Partiendo de la perspectiva de los feminismos ecoterritoriales, señalan que estas desigualdades se entienden como parte de una estructuración histórica que explota no solo la naturaleza, sino también los cuerpos feminizados. Asimismo, afirman que contraviniendo lo que establece la Ley N.º 535 sobre los derechos de las comunidades locales al agua, la minería en Potosí ha configurado una territorialización política que favorece prácticas económicas extractivas. Sus argumentos basados en datos revelan que, mientras que la demanda hídrica de la población es alta, una parte significativa del agua se destina a la minería, lo cual agrava la contaminación y afecta la salud y el bienestar comunitario. En el análisis, dejan al descubierto que las mujeres son especialmente afectadas por esta situación, en tanto enfrentan las mayores cargas de trabajo y la exclusión en la toma de decisiones. Sin embargo, muestran cómo las mujeres de Potosí han desarrollado formas de resistencia y reexistencia, utilizando el arte y el activismo para denunciar y buscar cambios. Estas resistencias proponen no solo acceso al agua, sino también una reconfiguración del orden social que valora sustentabilidad, cuidado y equidad de género. En suma, el texto señala cómo Potosí ejemplifica las tensiones entre capital y comunidad, a la vez que subraya el potencial transformador de las luchas de base.

Gabriela Sarahí Ramírez Rivera, en el capítulo “Perspectiva de género y derecho humano al agua: necesidad de su integración en la legislación mexicana”, analiza cómo la omisión legislativa del Estado mexicano en torno al derecho humano al agua ha generado impactos diferenciados por razón de género, especialmente para mujeres y personas feminizadas en contextos de vulnerabilidad estructural, racismo ambiental y violencia estructural, destacando cómo las relaciones de poder en torno al agua reproducen sistemas de opresión. Desde una perspectiva crítica, la autora plantea que la integración efectiva de la perspectiva de género, interseccional y comunitaria en los procesos legislativos puede contribuir a la reducción de los impactos diferenciados de género resultado de desigualdades históricas, sistemáticas y estructurales. Ramírez Rivera, abogada de profesión, remarca que la reforma del año 2012 al artículo 4 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se realizó con la finalidad de reconocer el derecho humano al agua, en sintonía con estándares internacionales, y de establecer la obligación de expedir una ley que señalara las directrices para garantizar su acceso, disponibilidad y calidad. No obstante, afirma que, a más de una década, la ley no se aplica. En su lugar, se mantiene vigente la Ley de Aguas Nacionales, cuyo enfoque se limita a la administración de concesiones, priorizando la lógica mercantil, el extractivismo y los intereses privados, sin contemplar la gestión comunitaria, los saberes territoriales ni el carácter colectivo y vital del agua. El texto focaliza su análisis en cómo esta omisión legislativa agrava las condiciones de desigualdad que enfrentan mujeres indígenas, rurales, periféricas, precarizadas y vulneradas, quienes viven con mayor intensidad las consecuencias de la crisis hídrica y la injusticia ambiental. Frente a ello, la autora recupera en su texto experiencias organizativas de mujeres que, desde una mirada comunitaria, decolonial, interseccional y de género, construyen modelos alternativos de gestión del agua en sus territorios; prácticas que permiten repensar el rol del Estado y abren la posibilidad de construir una legislación con base en principios de justicia social, sustentabilidad y pluralidad epistémica. En este sentido, aboga por una transformación normativa y cultural que coloque los saberes comunitarios y las voces de las mujeres en el centro de las discusiones sobre el agua y su defensa.

La cuarta parte, “Conflicto, gestión y defensa del agua”, abarca tres capítulos de autorxs con análisis situados en Campinhos (Canavieras), Brasil, en la región patagónica (río Chubut) y en la región del noroeste de Argentina. Los textos reflejan una convergencia temática en tanto destacan la importancia de integrar saberes tradicionales con estrategias modernas con el objetivo de abordar desafíos ambientales y sociales cruciales para la sustentabilidad y la gestión de los bienes naturales. En todos los textos, el agua es tratada como un bien central y vital, fundamental para la vida y la organización comunitaria, y vista como un compuesto clave que conecta los diversos aspectos sociales, culturales y ecológicos. Así se destacan la movilización de las comunidades para proteger bienes vitales como el agua, los ríos y los ecosistemas frente a amenazas externas como la privatización y el extractivismo propios del neoliberalismo y el neocolonialismo; se reconoce y valora el rol de las comunidades indígenas en la defensa de sus territorios y bienes, subrayando su conocimiento y prácticas sustentables tradicionales; se ponderan las colaboraciones interculturales e interdisciplinarias entre diferentes colectivos que incluyen comunidades locales, académicos y organizaciones ambientalistas. En los tres capítulos, hay una apuesta por la transformación política y social como herramienta para impulsar cambios en las políticas y estructuras sociales, promoviendo la inclusión y la justicia climática.

Con su texto “Comunidades pesqueras artesanales defendiendo el agua, bien común”, Roxana Ruiz Buendía y João Gonçalves de Santana presentan la situación de Campinhos, una pequeña comunidad tradicional dentro de la Reserva Extractiva (Resex) de Canavieiras, área natural protegida federal en la costa sur del estado de Bahía, Brasil. En ella habitan familias que viven de la pesca artesanal y la agricultura familiar gracias al manglar, ríos, estuario, vegetación ribereña, manantiales y acuíferos de la región. El manglar y sus componentes son bienes comunes fundamentales para la organización social de la comunidad: proporcionan agua dulce subterránea para beber y realizar actividades domésticas, mientras que el estuario y el manglar son espacios colectivos para la pesca y la caza. Roxana Ruiz Buendía y João Gonçalves de Santana, este último pescador artesanal del manglar, plantean que, hasta la primera década del siglo XXI, el uso tradicional de los bienes naturales en el territorio no presentaba problemas significativos. Sin embargo, la situación cambió tras la privatización ilegal de tierras y el drenaje de un estuario para la ganadería. Estas acciones provocaron un proceso de lainización que afectó el agua dulce subterránea, alteró caminos tradicionales y produjo daños en la pesca y la fauna local. Los autores analizan cómo la comunidad, a través de la Asociación de Pescadores y Agricultores de Campinhos (APEMA), la Asociación Madre de Extractivistas de la Resex de Canavieiras (AMEX) y la Red de Mujeres de Comunidades Pesqueras y Extractivistas del Sur de Bahía, inició un proceso de organización y búsqueda de información que logró que en 2014 se suspendan las licencias de drenaje de los canales que afectaban a la comunidad. No obstante, en 2023 las excavaciones se reanudaron con el apoyo de un dictamen técnico del ICMBio, a pesar de las amenazas y la presencia armada. Frente a la presión gubernamental de los tres niveles de gobierno para la privatización del agua, AMEX y la Red de Mujeres iniciaron una nueva serie de alianzas mediáticas y académicas, incluyendo un estudio de impacto por la Universidad Federal del Sur de Bahía (UFSB).

El capítulo Trekaleyiiñ ka inkaleyiiñ Chubut ñi lewfu (Caminando y defendiendo el río Chubut): la construcción de agencia política en la experiencia etnográfica de un foro/trawün itinerante”, de Valentina Stella, relata la realización de un foro/trawün (reunión) itinerante en defensa del río Chubut en Argentina promovido por comunidades mapuche-tehuelche y organizaciones ambientalistas motivadas por el interés común de defender los territorios y las aguas de los distintos proyectos económicos. Entre el 1 y el 12 de febrero de 2024, integrantes de comunidades, militantes ambientalistas, académicos/as y periodistas llevaron a cabo un itinerario de siete encuentros a lo largo de las orillas del río Chubut, desde las nacientes en la cordillera de la provincia de Río Negro hasta su desembocadura en el mar en la provincia de Chubut. Stella, como integrante del Grupo de Estudios sobre Memorias Alterizadas y Subordinadas (GEMAS), formó parte de la caravana y en este texto comparte la experiencia del recorrido y especialmente del trawün que, con el río Chubut como protagonista, fue testigo de las alianzas y compromisos mutuos entre los diversos colectivos participantes. El trabajo narra la iniciativa, no solo para visibilizar las diversas problemáticas de contaminación e impacto ambiental que padece el territorio y el río a lo largo de su recorrido, sino también para destacar el modo en que esta experiencia fue un evento novedoso de articulación política intercultural entre diversos colectivos, paisajes y ngen (dueños o entidades no humanas de esos entornos). El texto responde a una serie de preguntas que estructuran el escrito: ¿cómo se resignifica el devenir político de una lucha colectiva cuando el río es un actor participante en las conversaciones del trawün? ¿Cuáles son las historias del río, de las y los ancestros y de las y los demás vivientes —humanos y no humanos— que se fueron entramando a través del itinerario? ¿Y cuál es el potencial político de los vínculos entre esos entramados de memoria y las relaciones de alianza que se fueron gestando? Con su texto, Stella no solo comparte la experiencia etnográfica del trawün, sino que invita a pensar la política en un marco de consensos y expectativas a futuro y cuyos bordes, además de ser ideológicos, son interepistémicos e interexistenciales.

Finalmente, el capítulo colectivo de Verónica Zuccarelli Freire, María Laura Pey, Bárbara Carboni y José María Vaquer, “Si el agua muere, todos los seres vivos en el Pacha morirán también: un diálogo entre la arqueología y las filosofías indígenas de crianza mutua en el Noroeste Argentino”, parte de un reconocimiento a las perspectivas indígenas y su influencia en la academia y en las políticas a escala mundial en el contexto del cambio climático y el capitaloceno. Las y los autores revalorizan a los pueblos indígenas, ubicándolos en la primera línea de defensa de la naturaleza contra el neoextractivismo al contribuir al mundo no solo con sus prácticas sustentables, sino también con sus conocimientos. Así plantean que pensadores sudamericanos, como Rodolfo Kusch (1976) y Silvia Rivera Cusicanqui (1984, 2018), promovieron una revitalización del pensamiento indígena con anterioridad a la de figuras como Haraway (2016), Davi Kopenawa (Kopenawa y Albert, 2015) y Ailton Krenak (2020). El texto, redactado desde la perspectiva de arqueólogos del Sur Global, propone conectar la arqueología con los desafíos contemporáneos del capitaloceno mediante un enfoque dialógico que reconoce el valor epistemológico de los saberes indígenas (Vaquer y Pey, 2018; Carboni, 2024). Este grupo de arqueólogos y antropólogos, con vasta experiencia de campo en la región andina del noroeste argentino, recupera en el escrito técnicas tradicionales de manejo de agua y suelo revelando un enfoque de “crianza mutua” (Uyway/Uywaña) que implica una relación de afecto y cuidado. Esta cosmovisión parte de la existencia de una red de reciprocidad entre seres humanos, animales, plantas y entidades naturales como las montañas (Apus) y la Madre Tierra (Pachamama). La creación y el manejo de humedales, estrechamente ligados a Uywaña, son descriptos por las comunidades indígenas locales como “crianza de vegas”, lo que pone de relieve estas relaciones recíprocas en la ontología andina. Las familias locales gestionan y mantienen activamente estos humedales, muchos de los cuales han perdurado durante siglos. El agua (yaku en quechua) es la fuerza vital que conecta los mundos andinos: Qanaq Pacha (arriba), Kay Pacha (aquí) y Uku Pacha (abajo), y constituye el eje de la cosmovisión andina (Bascopé Caero, 2021). Guiados por estos conceptos, trabajaron en colaboración con comunidades de Cusi Acero, ubicadas en la árida puna altoandina del noroeste argentino, donde evolucionó un complejo sistema agrícola entre los 3.800 y 4.300 metros de altitud. En este contexto, su texto explora cómo las perspectivas indígenas pueden enriquecer las interpretaciones tanto de las prácticas actuales como de las antiguas de manejo del agua, vinculándolas con problemáticas más amplias en torno al agua y la crisis climática. Al mismo tiempo, sostienen que abrazar ontologías plurales puede ser una herramienta poderosa para crear futuros inclusivos y un enfoque integral frente a la pérdida de biodiversidad y el respeto por la justicia climática.

Habiendo realizado el recorrido compositivo de este libro, resultado de las investigaciones individuales y colectivas de los autores y, sobre todo, de las autoras, que en esta publicación son mayoría, queremos destacar y agradecer sus aportes a la construcción de una geopoética del agua en América afro-Abya Yala, e invitamos a leer y seguir los diálogos necesarios para producir los profundos cambios que estos complejos tiempos requieren.

Queremos expresar nuestro profundo agradecimiento al Ministerio de Investigación, Tecnología y Espacio de Alemania (BMFTR) por la financiación de este libro a través del Centro de Estudios Avanzados Latinoamericano (CALAS), al Centro de Estudios Transdisciplinarios Argentina/Cono Sur (ARCOSUR) y a las autoridades de la Universidad Friedrich Schiller de Jena, Alemania, por su constante apoyo.

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  1. Concepto filosófico del pueblo mapuche que se refiere a la relación de todo lo viviente y lo no viviente.
  2. “Un mundo donde quepan muchos mundos”.


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