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Expediciones cartográficas desde el Departamento Marítimo del Callao (1801-1804)

Jorge Ortiz Sotelo[1]

En 1802 los tenientes de navío José Ignacio Colmenares y José de Moraleda fueron comisionados por el comandante del Departamento Marítimo del Callao para llevar a cabo levantamientos cartográficos desde Chiloé hasta Sonsonate. Colmenares zarpó hacia el sur con el bergantín Peruano y la goleta Extremeña, y Moraleda se dirigió al norte con la corbeta Castor y la goleta San Juan de Mata, alias Alavesa. Ambas expediciones reunieron una gran cantidad de información, pero debieron concluir sus trabajos en setiembre de 1804, cuando la Extremeña fue capturada por el bergantín británico Harrington en el puerto de Caldera, cuyo capitán, erradamente, pensaba que se habían reiniciado las hostilidades entre su país y España.

Con base en documentación poco conocida, esta ponencia analiza ambos esfuerzos exploratorios, así como su abrupto final.

Contexto general

Desde mediados del siglo xviii, la Real Armada Española había asumido las funciones de defensa marítima del Pacífico Sur, teniendo como base el puerto del Callao. Para ello, dependiendo de las circunstancias, destinaba algunos buques que cumplían las diversas funciones que esa defensa requería. Hasta 1799 el mando de este apostadero fue ejercido por el oficial más antiguo presente, pero, a partir de ese año, se designó a un brigadier para dicha función, estableciendo su puesto de mando en tierra y elevando al apostadero a la condición de departamento marítimo. Además de los medios a flote, dicho comandante contaba con algunas dependencias reunidas en el Arsenal de Marina, que debían brindar el apoyo logístico a los buques, mientras que la salud de sus tripulaciones era atendida en el hospital naval de Bellavista. Como parte de sus funciones, debía también controlar la actividad marítima, para lo cual contaba con las capitanías de puerto del Callao, Valparaíso, Concepción y Guayaquil. Dependiente de la primera de ellas, se encontraba la Academia Real de Náutica de Lima.

Esta última tenía entre sus funciones acopiar información marítima, entre ella diarios de navegación de la marina mercante, levantamientos cartográficos e hidrográficos, y toda clase de noticias útiles para la seguridad de la navegación, en lo que vino a ser conocido como el Depósito Hidrográfico de Lima.

Concluida la guerra del Rosellón (1793-1795), España y Francia mejoraron sus relaciones y, en agosto de 1796, acordaron actuar conjuntamente contra Gran Bretaña, su común rival. Poco después estalló una nueva guerra contra esta última potencia que habría de prolongarse hasta la firma del Tratado de Amiens, en marzo de 1802. Si bien las principales acciones se llevaron a cabo en aguas europeas, no faltaron las que tuvieron lugar en aguas americanas, donde la presencia de un considerable número de balleneros británicos los convirtió en víctimas o actores de las hostilidades.

A mediados de 1801, el Pacífico sur estaba relativamente en calma, por lo que en junio se ordenó al brigadier Tomás de Ugarte, comandante de Marina en el Callao, que, para mejorar la seguridad de la navegación desde Chiloé hasta Panamá, el teniente de navío José Ignacio Colmenares actualizara los levantamientos cartográficos existentes; y para hacer lo mismo en las aguas centroamericanas, en octubre se dispuso que el teniente de navío José de Moraleda realizara una labor similar en dicho ámbito.[2] En cumplimiento de esas órdenes, el 1.º de julio de 1802, Colmenares asumió el mando del bergantín Peruano, mientras que Moraleda hizo lo propio con la corbeta Castor en agosto.[3]

El bergantín tendría como auxiliar a la goleta Extremeña, mientras que la de igual clase San Juan de Mata, alias Alavesa, colaboraría con la corbeta. Ambas goletas habían sido construidas por León Aycardo en Guayaquil, con material recuperado de la fragata Santa Leocadia, perdida en la punta de Santa Elena en noviembre de 1800, el reunido para la proyectada fragata Ciudad de Lima y el que se le envió desde el Callao, siendo puestas en servicio a principios de 1803.[4]

Moraleda fue el primero en zarpar, haciéndolo el 24 de diciembre de 1802 con destino inicial a Guayaquil, donde se le debía unir su pequeña consorte, para pasar luego a Panamá a fin de iniciar su labor. Al igual que lo había realizado durante sus labores cartográficas e hidrográficas de las costas de Chiloé en la década precedente, Moraleda escribió un minucioso diario sobre los trabajos realizados en esa comisión que habría de prolongarse hasta 1804, lo que permite seguir con detalle la labor que llevó a cabo, que, en gran medida, consistiría en perfeccionar la cartografía levantada por la expedición Malaspina-Bustamante (1789-1794).[5]

Moraleda salió del Callao con una dotación de 90 hombres a su mando, entre ellos tres oficiales y dos guardiamarinas, llevando además al alférez de navío Antonio Quartará, un guardiamarina, un piloto y 24 hombres de mar para dotar a la recién construida goleta Alavesa, así como seis piezas de cuatro libras y pertrechos y víveres para dicha nave. También contaba con dos relojes de longitud Arnold, el n.º 154, de propiedad del brigadier Tomás de Ugarte, y el n.º 262.[6] Entre los pasajeros que llevaba a Guayaquil y Panamá, se encontraba el barón Alexander von Humboldt, quien había llegado a Lima en octubre, habiendo recorrido la costa entre Trujillo y Lima. Tanto en su viaje terrestre, como durante la navegación hasta Guayaquil, Humboldt realizó algunas observaciones de las corrientes y temperatura del mar, lo que eventualmente le permitirían comprender mejor el sistema de corrientes marinas y su impacto en el clima peruano.[7]

Tras describir y levantar un croquis de las islas de Lobos de Afuera, que había reconocido en 1800, Moraleda arribó a Puná el 1.º de enero de 1803, donde se enteró de que la Alavesa, que supuestamente debía unírsele en esa isla, aún no estaba lista, por lo que optó por ingresar a Guayaquil. Su arribo a este puerto se produjo en la noche del 2, y en las primeras horas del siguiente día, luego de saludar al gobernador Juan de Mata Urbina, se dirigió al astillero para ver el estado en que se encontraba la goleta. Por diversos motivos estos trabajos se habían retrasado, y solo el 5 de febrero ambos buques pudieron zarpar hacia Panamá. A bordo de la Castor, se embarcó Urbina y su familia, que se dirigía a ese puerto para relevar al mariscal de campo Antonio Narváez como comandante general de esa provincia, y arribaron a su destino a mediados de marzo.

Conforme lo señalaban sus instrucciones, durante su estadía en Panamá, Moraleda indagó entre los vecinos más notables de Panamá sobre el supuesto viaje llevado a cabo en 1640 por un almirante Bartolomé de Fonte desde el Callao en busca del pasaje del Noroeste. Luego de entrevistar a varios vecinos, y de hacer un extenso análisis de la información disponible, llegó a la conclusión de que dicho viaje no se había realizado, y que la traducción inglesa que circulaba de él, parte de la cual incluye en su diario, era una farsa.[8]

La permanencia en Panamá se dilató más de lo esperado, pues, además de no estar disponibles algunos instrumentos que debía recoger, tampoco estaba el práctico que había pedido para las costas de Veragua. A ello se sumó el que Moraleda cayese enfermo, lo que lo mantuvo inhábil por doce días. Finalmente, el 13 de abril, la Castor y la Alavesa zarparon hacia la isla de Otoque, donde se embarcó a Pedro Azabache, quien serviría de práctico hasta la boca chica de Chiriquí. De ese modo se inició el reconocimiento de las islas y costas del golfo de Panamá en dirección al suroeste, que dobló luego al oeste hacia la isla de Coiba, donde se instaló un campamento para llevar a cabo un minucioso levantamiento de la ensenada de Damas. Estando en esa labor, arribó el bergantín Nuestra Señora de las Mercedes, que había salido de Guayaquil hacia Panamá, pero, por enfermedad de su capitán, José de Lara, había quedado a cargo de un piloto indígena que se había extraviado en el golfo de Panamá. Se lo auxilió de la mejor manera, y Moraleda tuvo que desprenderse de uno de sus pilotos para que lo condujera a Panamá y luego a Guayaquil.[9]

Tras reconocer la isla Coiba o Quibo y las islas aledañas, a mediados de mayo, dio por concluidos los trabajos de esa primera temporada, pues la estación de lluvias tornaba impracticable continuarlos, y se dirigió a Guayaquil. En esa navegación Moraleda recaló en la isla Gorgona, cuyo croquis y descripción también incluyó en su diario.[10] Separadas ambas naves entre dicha isla y Manta, la Castor arribó a esta localidad el 5 de junio, y continuó su viaje cinco días después hacia Santa Elena, donde embarcaron los doce cañones de doce libras y algunos otros elementos que habían sido rescatados de la Santa Leocadia, y se puso al habla con la fragata mercante Teniente, alias Peñita, del capitán Pascacio Letona, que, habiendo salido de Sonsonate, se dirigía a Guayaquil y Valparaíso. Cumpliendo las instrucciones de Ugarte, en la noche del 23 de junio, la Castor arribó a Puná, donde desembarcó la artillería de la Santa Leocadia, y prosiguió luego a Guayaquil, donde fondeó el 25, tras lo cual se le unió poco después la Alavesa.[11]

Ambas naves permanecieron en Guayaquil hasta el 9 de enero, cuando volvieron a zarpar para continuar con el reconocimiento de las costas centroamericanas. Llevaban esta vez 19 indígenas enviados por la Audiencia de Quito para ser confinados en el presidio de Chagres, además de diez desertores de balleneros ingleses que debían ser entregados al gobernador de Panamá.[12] Luego de una breve recalada en Puná, ambas naves se separaron, y la Alavesa arribó a Panamá el 9 de febrero, y la Castor a Perico, un día después. En ese lugar pudieron efectuar algunas reparaciones a la corbeta, que había estado embarcando agua desde su salida de Puná, encontrando algunos tablones del casco afectados por la broma.

Luego de embarcar a Esteban Muñiz, práctico de la costa hasta el golfo de Nicoya, y de reabastecerse de víveres frescos, las naves zarparon el 18 de marzo y arribaron a Coiba, dos días después. Durante el reconocimiento del río San Juan, en dicha isla, el práctico Muñiz fue atacado por un caimán, tras lo cual quedó a punto de perder una pierna. Finalmente, los primeros días de abril, Moraleda se embarcó en la goleta para reconocer la ensenada de Montijo, ubicada frente a Coiba, labor que les tomó unos veinte días; luego de los cuales reasumió el mando de la Castor y ambas naves iniciaron el retorno a Guayaquil, a donde ingresaron el 5 de junio.

Allí debían invernar y realizar las reparaciones necesarias para continuar con su comisión hidrográfica, pero, el 18 de noviembre de 1804, Moraleda recibió instrucciones del capitán de fragata José Pascual Vivero, quien había relevado a Ugarte como comandante de Marina del Callao, de zarpar hacia Pisco, donde debía unirse al Peruano para iniciar la búsqueda del bergantín británico Harrington, que había capturado a la goleta Extremeña y a algunos buques mercantes, y realizado otros actos hostiles.[13]

Durante su expedición Moraleda dibujó algunas cartas, entre ellas una de las costas de Panamá y Veragua entre las puntas de los Naranjos y la de Chame, que incluye a la isla de Coiba; otra con los surgideros de Perico y Taboga; y una tercera del puerto de Damas en la isla de Coiba.[14] Asimismo, la información que recogió sirvió para que el piloto Andrés Baleato, maestro de la Academia Náutica de Lima, rectificara la carta de la ensenada de Panamá levantada por la expedición Malaspina-Bustamante.[15]

La Alavesa, por su parte, fue despachada por Moraleda para que levantara un plano de la boca del río Santiago, en la costa norte del actual Ecuador, y, a mediados de 1805, se encontraba en Guayaquil, donde fue armada con doce cañones de cuatro libras, pues ya se había iniciado una nueva guerra con Gran Bretaña.[16]

Veamos ahora lo que sucedió con la segunda división hidrográfica. Al mando del teniente de fragata Mariano Isasbiribil, la Extremeña zarpó de Guayaquil hacia el Callao en noviembre de 1802 con nueve piezas de artillería y otros efectos de la siniestrada Santa Leocadia, pero se vio obligada a arribar a Santa a principios de enero de 1803, en donde la encontró el bergantín Peruano los primeros días del siguiente mes, navegando juntas hacia el Callao. En este puerto ambas naves se alistaron para iniciar su comisión, y zarparon hacia Valparaíso a fines de abril, donde, luego de invernar y levantar un plano del puerto,[17] iniciaron su primera campaña hidrográfica el 1.º de octubre. Se dirigieron primero a reconocer y levantar planos de Quintero, Papudo y Pichidangui, antes de retornar a Valparaíso en los primeros días de noviembre.[18] Dos semanas después iniciaron su segunda campaña, y reconocieron Chiloé, Valdivia, Talcahuano y las islas Mocha y Santa María, antes de retornar a Valparaíso a finales de marzo de 1804.[19]

El 20 de junio, ambas naves se hicieron nuevamente a la mar, acompañadas por el falucho San Juan Bautista, dirigiéndose a Coquimbo para continuar con los trabajos cartográficos, pero, en la noche del 27, en medio de una tormenta, el bergantín perdió el mastelero de gavia y algunos obenques, por lo que se vio obligado a arribar a Valparaíso. Por su parte, la Extremeña continuó hacia Coquimbo y, tras llevar a cabo el levantamiento respectivo, pasó a hacer lo propio en Herradura de Quintero, Tongoy, Guanaquero y el tramo de costa entre Lengua de Vaca y punta de Teatinos.[20] A pedido del capitán general de Chile, a fines de julio, debió retornar a Coquimbo para alejar de la costa a la fragata francesa Teresa y a otros buques que se presumía estaban introduciendo mercancías de manera ilegal, y pasó luego a Huasco; y, a mediados de setiembre, inició los trabajos en Caldera, Caldereta de Copiapó y Ramada.[21]

Estaba en esas labores cuando, el 30 de setiembre, fue atacada por el bergantín británico Harrington, al mando del escocés William Douglas Campbell. No era la primera vez que este bergantín estaba en costas chilenas, pues en 1802, habiendo zarpado de Port Jackson, había tratado de introducir carga ilegal por cuenta de una casa comercial bengalí.[22] En mayo de 1804, Campbell volvió a dirigirse a las costas sudamericanas, con 52 tripulantes y seis obuses de doce libras, seis cañones de seis y dos de tres. La intención formal del viaje, al igual que el precedente, era la caza de ballenas, pero también llevaba carga que pensaba vender si se presentaba la ocasión. Tocó primero en Tahití, donde un capitán norteamericano le habría informado que España y Gran Bretaña se encontraban en guerra. Partiendo de esa aseveración, y considerando que su comisión como capitán de infantería de marina de la East India Company lo autorizaba a ejercer el corso, Campbell puso proa a Más Afuera, donde se informó de la presencia del bergantín Peruano y la goleta Extremeña en las costas chilenas, tras lo cual inició su búsqueda con intenciones hostiles.[23]

El Harrington arribó a la altura de la punta Lengua de Vaca, en la bahía de Tongoy, y avistó en ese lugar al bergantín San Francisco de Paula, alias Maulino o Amiento, al mando de Ramón Eraso, al que siguió hasta ingresar a Coquimbo el 24 de setiembre. Las autoridades locales enviaron un bote a reconocer la nave y a advertir a su capitán que debía alejarse de la costa, pero Campbell no solo detuvo a los comisionados, entre los que se encontraba Félix de Varleta, sino que también capturó al San Francisco de Paula. Las dos naves zarparon esa misma noche y arribaron el 27 a Huasco, donde tomaron trescientos quintales de cobre de la Real Hacienda y otros cien pertenecientes a Juan Manuel de la Cruz. En ese lugar desertó un marinero irlandés que, conducido a Coquimbo, fue interrogado por el teniente Colmenares a su arribo a dicho puerto en los primeros días de octubre.[24]

Mientras el Harrington y su presa se alejaban hacia el norte, el subdelegado de Coquimbo envió mensajeros para alertar a la Extremeña, uno de los cuales la encontró hacia el mediodía del 29 de setiembre en Caldera. Al haber despachado algunos hombres a sondar Caldereta, y otros a efectuar triangulaciones entre dicho punto y la playa de Puerto Inglés, Isasbiribil no pudo zarpar de inmediato, y solo al final de la tarde logró reunir a su dotación y traer a bordo la tienda y los instrumentos que tenía en tierra para realizar sus observaciones. Impedido de zarpar esa noche por falta de viento, utilizó esas horas para alistar su nave para el combate, sacando de bodega las cuatro piezas de artillería de cuatro libras que tenía, así como los escasos 21 proyectiles con que contaba para ellas. Al aclarar el 30, se avistó un bergantín, y, a las ocho y media de esa mañana, se reconoció que no se trataba del Peruano, sino de un buque británico que se dirigía hacia su posición. Viendo que dicha nave era claramente superior, movió su nave hacia la playa, fondeando sobre dos brazas de agua, y, a las nueve de la mañana, izó su pabellón y lo afirmó con un tiro. A su vez, el Harrington mostró la bandera británica y contestó el disparo, y así se inició el combate.

Una hora después, habiendo agotado sus proyectiles y viendo que se desprendían embarcaciones menores del buque contrario para cortarle el acceso a tierra, Isasbiribil convocó a sus oficiales y acordaron varar y quemar la nave para evitar que cayese en manos del atacante. Tras despachar la gente a tierra con los documentos de su comisión, él y un pequeño grupo prendieron fuego a una capa de azufre que habían esparcido en la cámara, y bajaron luego a tierra, sin poder impedir que los botes del Harrington alcanzaran a la Extremeña, se apagara el fuego y se la remolcara al lado del bergantín.[25]

El Harrington y sus dos presas partieron poco después hacia Port Jackson, pero, al llegar a la isla Norfolk, Campbell se enteró de que España y Gran Bretaña se encontraban en paz, pues la declaración de hostilidades solo tuvo lugar el 12 de diciembre. Al arribo de las tres naves a Port Jackson, en mayo de 1805, el gobernador Philip King dispuso que Campbell y su tripulación permanecieran bajo arresto a bordo de su nave, debiendo enfrentar cargos de piratería. Asimismo, mandó izar la bandera española en la Extremeña y en el San Francisco de Paula, y dispuso que el teniente Charles Robbins pasara al Callao con el cúter Integrity y presentara sus disculpas al virrey peruano, informándole de las acciones que había tomado y asegurándole que los interesados podían recoger sus buques. El Integrity zarpó en demanda de Valparaíso el 20 de junio de 1805, y se perdió durante la travesía. Solo se tuvo noticia de estos hechos a principios de 1807, cuando el bergantín norteamericano Venus llegó a Talcahuano y su capitán informó sobre ellos. Para entonces, habiéndose declarado la guerra, y al no tener noticias del paradero del teniente Robbins, el gobernador King puso en venta ambas presas.[26]

Este tema fue materia de un largo proceso diplomático entre el gobierno español y el británico, demandando el primero no solo el castigo de Campbell, sino además una compensación por el valor de lo tomado (12 000 pesos por el San Francisco de Paula, 3200 por el cobre sacado de Huasco, 25 000 por la Extremeña y unos 1000 más por los instrumentos científicos perdidos a bordo de esta última) y por los perjuicios causados.[27]

Retornemos ahora a Isasbiribil y sus hombres. Luego de que se alejaran el Harrington y sus presas, se dirigieron a la villa de Copiapó, desde donde el referido oficial escribió al teniente de navío Colmenares para informarle de lo sucedido. El 5 de octubre, apenas recibió ese informe, este último zarpó de Valparaíso y, al arribar a Coquimbo, despachó hacia el Callao al falucho San Juan Bautista, al mando del piloto Gaspar Bejarano, para que informara de estos hechos al virrey Gabriel de Avilés. Por su parte, el Peruano se dirigió a Huasco para recoger a Isasbiribil y a sus hombres, e inició luego un largo crucero en busca de la nave enemiga y sus presas, que lo llevó hasta Pisco. En dicho lugar desembarcó Isasbiribil, quien llegó a Lima el 20 de noviembre, mientras que el Peruano retornó a Valparaíso para patrullar las aguas del sur.[28]

Por su parte, Bejarano fue interceptado por dos fragatas británicas el 23 de octubre, a los 15º sur, por lo que se vio forzado a arrojar al mar la correspondencia que llevaba y a instruir a sus diez tripulantes para hacerse pasar por una embarcación mercante. Una de las fragatas era la Cambridge, y la otra, cuyo nombre no he podido encontrar, estaba al mando de Thomas Bebes, quien, junto al piloto de la nave mencionada, se encontraba en el bote que pasó al falucho. Ambos habían sido prisioneros, el primero en Guayaquil y el segundo en Bellavista, y reconocieron a Bejarano, quien fue llevado a bordo de la Cambridge, donde otro piloto, que tiempo atrás había sido apresado por la Castor, también lo reconoció. Le ofrecieron mercancía en venta, pero Bejarano rehusó la oferta, y fue finalmente liberado a medianoche, luego de lo cual continuó con su travesía hacia el Callao, a donde finalmente arribó el 25 de octubre.[29]

La pérdida de la Extremeña y el reinicio de la guerra con Gran Bretaña, pocos meses después, dieron por concluidos los trabajos de la segunda división hidrográfica. Pese a ello, su labor fue significativa, logrando reunir una gran cantidad de información que, junto con la de la primera división, fue remitida por Vivero a la Dirección de Hidrografía.[30] Asimismo, Colmenares elaboró un derrotero general desde el Callao hasta Chiloé, y tanto él como Isasbiribil produjeron varios planos de los puertos reconocidos, así como de las costas reconocidas.

Los trabajos de ambas comisiones produjeron valiosa información, así como varios mapas y cartas náuticas. El destino inicial de dicho material fue la Academia Real de Náutica de Lima, donde el piloto Andrés Baleato la utilizó para actualizar los datos disponibles sobre las costas chilenas y centroamericanas que con regularidad remitía a la Real Academia de Navegación de San Fernando, cuyos fondos eventualmente pasaron al Depósito Hidrográfico de Madrid y hoy se conservan en el Museo Naval, en dicha ciudad.

Las hostilidades llevadas a cabo por el Harrington interrumpieron la labor de ambas comisiones, y, si bien el capitán Campbell actuó convencido de que Gran Bretaña y España estaban en guerra, quedó en claro lo frágil de la paz alcanzada en 1802. Por otro lado, el gobernador de Port Jackson procuró evitar que el asunto escalara, pero la declaración de guerra entre ambos países hizo que el tema pasara a segundo plano.


  1. Universidad Nacional Mayor de San Marcos.
  2. Archivo General de Marina don Álvaro de Bazán, El Viso del Marqués, España (en adelante AGMAB), Expediciones a Indias, legajo 31, carpeta 2, Lima 23/2/1802, índice de reales órdenes recibidas por vía reservada.
  3. Ibidem, legajo 32, carpeta 6, Ugarte a Caballero n.º 253, Lima 15/8/1802.
  4. Ibidem, legajo 36, Vivero a Gil de Taboada n.º 23, Lima 23/6/1804; legajo 42, carpeta 2164, Vivero a Gil de Taboada n.º 154, Lima 30/4/1807. Biblioteca Nacional del Perú (en adelante BNP), ms 804, sesiones 51 (12/3/1803), 56 (11/7/1803) y 62 (22/12/1803).
  5. Museo Naval, Madrid, España (en adelante MNM), ms. 612/002, Diarios de los viajes desde el puerto del Callao a los de Guayaquil y Panamá, y de estos al reconocimiento y demarcación de las costas de Veracruz, Rica, Nicaragua y Guatemala, con la corbeta Castor, por su comandante José de Moraleda y Montero, teniente de fragata y ayudante del Cuerpo de Pilotos en el Apostadero del Callao.
  6. Ríos Llaneza, Macarena,Práctica científica en el Pacífico centroamericano. Los viajes de José de Moraleda (1802-1804)”, Revista de Geografía Norte Grande, n.º 51, 2012, p. 168.
  7. BNP, ms. 804, sesión n.º 87, Lima 10/1/1805. Ortiz Sotelo, Jorge, “Aportes de Humboldt a la náutica y a la oceanografía peruana”, HiN VIII, n.º 15, 2007, pp. 23-32.
  8. MNM, ms. 612/002, pp. 66-75. El supuesto relato de La Fonte apareció en el Monthly Miscellany, or Memoirs for the Curious, 1708, Londres, pp. 123-126, 183-186.
  9. MNM, ms. 612/002, pp. 96-98.
  10. Ibidem, pp. 123-127.
  11. Ibidem, pp. 160-162. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 33, carpeta 24/7/1803, Ugarte a Grandallana n.º 348, Lima 24/7/1803.
  12. MNM, ms. 612/002, p. 171.
  13. Ibidem, pp. 280-281.
  14. Ibidem, 13-D-10, 13D-5 y 13-D-9.
  15. Ibidem, 13-E-11.
  16. Ibidem, 33-B-06-a; ms. 96, Mar del Sur I, ff. 6-7, noticias dadas por la goleta Alavesa en su expedición de 1804. BNP, ms 804, sesión 95 (8/7/1805).
  17. MNM, 51-B-13.
  18. Ibidem, 51-A-9 y 51-B-2.
  19. Idibem, L D-5 y L D-9 (signatura antigua). AGMAB, Listas de Cádiz 8118/238, libro de tripulación del Peruano, 1804. AGN, GO-BI 3, doc. 49, f. 3, Urbina, Guayaquil 6/11/1802, lista de lo que conduce la Extremeña al Callao. Anrique R., Nicolás, Biblioteca geográfico-hidrográfica de Chile, Imprenta Elzeviriana, Santiago, 1898, pp. 3-9.
  20. MNM, 50-C-5, 50-C-3 y 50-C-2.
  21. Ibidem, 51-A-7. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 37, carpeta 8/6/1805, doc. 41, Avilés al secretario de Estado n.º 42, Lima 23/11/1804; anexo Isasbiribil a Grandallana, Copiapó 16/10/1804.
  22. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 37, 29/5/1805, Vivero a Grandallana n.º 40, Lima 26/10/1804. Estensen, Miriam, The life of George Bass: Surgeon and sailor of the Enlightenment, Allen and Unwin, St. Leonards, 2005, p. 186.
  23. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 36, Vivero a Grandallana n.º 44, Lima 26/11/1804.
  24. Ibidem, legajo 36, Vivero a Grandallana n.º 44, Lima 26/11/1804; legajo 37, carpeta 29/5/1805, doc. 39, Vivero a Grandalla­na n.º 40, Lima 26/10/1804, anexo Bejarano a Vivero, Callao 25/10/1804; legajo 38, Ruiz Huidobro a Grandallana, Montevideo, 2/1/1805. MNM, ms. 2601/53, Nicolás de la Cruz y Bahamonde al Príncipe de la Paz, Cádiz, 13/2/1805.
  25. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 36, Vivero a Grandallana n.º 44, Lima 26/11/1804; legajo 37, 8/6/1805, doc. 41, Lima 23/11/1804 n.º 42, Avilés al secretario de Estado, anexo Isasbiribil a Grandallana, Copiapó 16/10/1804.
  26. Ibidem, legajo 42, carpeta 2164, Vivero a Gil de Taboada n.º 154, Lima 30/4/1807, anexo declaración del capitán Benjamín Kelly, Talcahuano, 17/2/1807. The Sydney Gazette and New South Wales Advertiser, 10/3/1805, p. 1; 14/4/1805, pp. 3-4; 26/5/1805, p. 1; y 30/6/1805, p. 2. Estensen, Miriam, The life of George Bass… op. cit., p. 187.
  27. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 37, 8/6/1805, doc. 41, Avilés al secretario de Estado n.º 42, Lima 23/11/1804.
  28. Ibidem, legajo 36, Vivero a Grandallana n.º 44, Lima 26/11/1804; legajo 37, carpeta 29/5/1805, doc. 39, Vivero a Grandallana n.º 40, Lima 26/10/1804, anexo Bejarano a Vivero, 25/10/1804. BNP, ms 804, sesión 84 (22/11/1804).
  29. AGMAB, Expediciones a Indias, legajo 37, carpeta 29/5/1805, doc. 39, Vivero a Grandallana n.º 40, Lima 26/10/1804, anexo Bejarano a Vivero, 25/10/1804.
  30. MNM, ms. 96, ff. 4-5, noticias dadas por el bergantín Peruano en su expedición de 1806; y ms. 98, Mar del Sur III, ff. 48-48v, situación de algunos puntos de la costa determinados en la expedición del Peruano.


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