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Introducción

La teorización feminista tiene una trayectoria reconocida en las Relaciones Internacionales, que suele centrarse en el nivel global de análisis (Enloe, 1989; Tickner, 1991 y 1992; Zalewski, 1993; Van der Vleuten, 2015). La inclusión del género, como variable y como perspectiva, en la literatura sobre regionalismo comparado y gobernanza regional continúa siendo poco explorada (Acharya y Johnston, 2007 y Shaw, et al, 2011; Söderbaum y West 2003) o quedando a las sombras de otros temas, frecuentemente más priorizados, como los económicos o productivos por ejemplo. Primordialmente, quienes abrieron camino en esta línea y le han dado relevancia al tema, fueron las investigaciones de Andrea Ribeiro Hoffmann (2006 y 2020); Paloma Azar, Alma Espino y Lilian Celiberti (2005); Elizabeth Jelin y Teresa Valdés (2003); Elisabeth Jay Friedman (2009); Anna Van der Vleuten (2015 y 2018); Anna Van der Vleuten, Conny Roggeband y Anouka van Eerdewijk, et al (2020), sobre las cuales me baso para el desarrollo de esta tesis.

Si bien la indagación sobre género en la Organización de los Estados Americanos (en adelante OEA) y en el Mercado Común del Sur (en adelante Mercosur) ha sido emprendida desde distintos enfoques por separado; este estudio propone un abordaje novedoso por los siguientes motivos: porque se estudian ambas organizaciones de forma conjunta ya que, a pesar de su composición tan disímil entre una y otra, debido a sus objetivos y composición, hallamos semejanzas en la construcción de sus agendas de género que aportan a la gobernanza sobre estos temas. Asimismo porque el estudio se realiza desde la perspectiva analítica de la gobernanza regional, entendida como aquel proceso de coordinación más allá de la autoridad centralizada del Estado, que involucra una variedad de actores y, en donde las organizaciones intergubernamentales suelen ser el centro de las interacciones regionales y principales vehículos para la generación de reglas y consensos (Rosenau, 1987; Herz, 2013).

El surgimiento de esta conceptualización sobre las nuevas dinámicas de coordinación social para la formulación de reglas y consensos a nivel global tiene sus cimientos en los años setenta, pero su instalación en América Latina y el Caribe se produjo dos décadas después por medio de las agencias regionales para el desarrollo, a través de los organismos internacionales como la Organización de Naciones Unidas y el Banco Mundial (Hufty, 2011). En este sentido, la relevancia del período tiene que ver con que, por un lado, a partir de la década de 1990 las regiones cobran un notable protagonismo principalmente debido a que se configuran como espacios provechosos para el intercambio de conocimiento y experiencias entre los diversos actores de la sociedad civil, la cual a partir de estos años, irrumpe en el escenario regional como pieza clave para la incidencia y formulación de políticas sociales, (Tussie y Botto, 2003) en espacios “más allá del Estado” (Börzel y Risse, et al, 2015) en busca de crear y articular estrategias que propongan soluciones a problemas comunes. Por otro lado, porque durante estos años, se produjo un impulso transnacional para terminar con la violencia por razones de género, en particular las violencias contra las mujeres (Van der Vleuten, et al, 2020). De modo que, la gobernanza regional de género como aquella coordinación específica para lograr políticas de igualdad de oportunidades, de trato, condiciones y distribuir los beneficios equitativamente entre los géneros (Van der Vleuten, 2015), resulta cada vez más necesaria por dos razones principales. En primer lugar, la nueva globalización de los mercados nacionales limita la capacidad de los Estados para desarrollar políticas sociales efectivas en el nivel doméstico de autoridad; a la vez que, el nivel regional permite la coordinación para lograrlo, aunando la incidencia de y entre distintos grupos que tengan más restringido el acceso y la participación en sus países (Van der Vleuten y Ribeiro Hoffmann, 2010).

En dicho contexto, prevenir, sancionar, erradicar las violencias contra las mujeres e incorporar un enfoque de género en el diseño de las políticas, se configuran como los principales ejes de los debates sobre estos temas en el ámbito global. Las declaraciones internacionales como la de Naciones Unidas en 1993 para eliminar esta violencia, indican un consenso mundial emergente sobre la naturaleza del problema como así también las Conferencias Internacionales y, las redes regionales de activistas conformadas durante la época. Si bien, las organizaciones regionales intergubernamentales no son intrínsecamente sensibles al género, en este período comenzaron a prestarle mayor atención, en gran medida por la creciente influencia del movimiento de mujeres y feministas que incidió en estos ámbitos. En América Latina y el Caribe, estas cuestiones tienen una resonancia más fuerte debido a que registra uno de los índices más altos de violencia y desigualdad por razones de género en comparación a otras regiones del mundo (PNUD, 2019; CEPAL, 2019). Y a su vez, esta argumentación, se traduce en un compromiso social y una responsabilidad intelectual con el tema, que invita a incorporar la perspectiva de género en el estudio sobre regionalismo y gobernanza.

La OEA y el Mercosur no son ajenas a estos procesos y forman parte del complejo entramado regional. Por lo tanto, la presente investigación se propone identificar y analizar los aportes que hacen estas dos organizaciones a la gobernanza regional de género entre 1990 y 2015. La hipótesis sostiene que la OEA y el Mercosur contribuyen a la gobernanza regional de género, principalmente porque han logrado construir herramientas útiles para la promoción y protección de reglas para erradicar las violencias contra las mujeres y fomentar la igualdad y equidad de género. La selección de estas dos organizaciones se debe a que, la OEA es el organismo de cooperación política hemisférico para la paz y la igualdad y, el Mercosur es el bloque subregional de acuerdo económico que ha tenido un desarrollo particular de cooperación política a diferencia de otros. Este estudio forma parte de mi investigación doctoral en curso que busca profundizar el análisis. Por esto, no pretende dar cuenta de manera exhaustiva la lógica regional de la gobernanza de género, sino contribuir desde el método a un primer estudio más acotado, brindando algunos aportes para futuras investigaciones.

El trabajo se estructura en tres capítulos. El primero plantea una revisión de los acontecimientos más significativos que hacen a los antecedentes y el estado del arte de la temática en el escenario internacional, regional y su retroalimentación. El recorrido responde a una genealogía de avances intergubernamentales guiado por orden cronológico según los hitos en la construcción institucional de ambos niveles. Allí se muestran los efectos que generan los sucesos de una en la otra, puesto que como veremos, resulta desacertado pensar y analizar estos procesos de manera aislada, por ello la consideración del vínculo entre ambos niveles es elemental. La selección de acontecimientos estuvo orientada por un interés analítico en señalar los eventos que implicaron un reconocimiento y/o reivindicación desde los derechos humanos de las mujeres y su inclusión en torno al principio de igualdad y no discriminación, hasta el pasaje conceptual de la categoría género como clivaje en la historia. En la última parte de este primer capítulo se enumeran los principales enfoques de la literatura que han abordado la agenda de género desde distintas aristas de las Relaciones Internacionales y los regionalismos. Seguidamente, el Capítulo dos establece en primera instancia el marco teórico y la precisión conceptual del estudio, claves para la lectura. Aquí es importante señalar el límite que conlleva referirse en los términos del sistema binario construido socioculturalmente, a sabiendas de que las relaciones desiguales que el género categoriza, incluyen todas las identidades que no respondan a la norma de lo cis-hétero-patriarcal[1]. No obstante, hacemos referencia en particular a las sistemáticas violencias que se ejercen contra las mujeres y, a los derechos que este sujeto político ha conquistado en pos de una mayor equidad social. Citando a la escritora feminista cubana que dejó su legado a fines del Siglo XIX “la cuestión de la mujer es un prisma de infinitas caras que revela las múltiples fases del problema”[2]. Y del mismo modo si a esta categoría se le adhieren otras que hacen al sistema de opresiones como la clase, la etnia, el lugar de residencia o la edad, el aherrojo a la violencia es aún mayor. La segunda parte de dicho capítulo propone el abordaje metodológico estructurado por medio de la identificación en primer lugar, de los actores que impulsaron los temas dentro de cada organización, atendiendo a la incidencia de mujeres y feministas organizadas. En segundo lugar, de las agendas construidas en base a los temas priorizados para ser atendidos intergubernamentalmente y, en tercer lugar, la identificación de las instituciones creadas en términos de compromisos, normas, acuerdos o políticas que prueban avances en la materia.

Estas identificaciones ordenan el Capítulo tres que presenta el análisis de los casos, a partir de un estudio de tipo cualitativo tomando como principales fuentes la información de documentos oficiales de cada organización regional, la bibliografía producida al respecto y, aquellas memorias colectivas elaboradas desde el activismo que se han sistematizado sobre el tema. El desarrollo analítico se divide según las partes a identificar es decir, reconociendo en primera instancia a aquellas mujeres y feministas que impulsaron los temas, en segunda instancia caracterizando las agendas construidas y, por último se describen las instituciones creadas que aportan a la igualdad de género al interior de cada organización, comenzando por la OEA, continuando por el MERCOSUR y así aproximarnos a conocer una suerte de caja negra de cada uno de los casos al respecto de estos temas. Esto es, dar cuenta de la concertación experimentada en las organizaciones, que hace a la gobernanza comprendida tanto por una estructura compuesta de actores e instituciones diversas, formales e informales; así como por procesos que dan lugar a los mecanismos de coordinación social que también pueden ser formales e informales y que son promovidos por la estructura, de los cuales esta investigación prepondera aquellos elementos formales de institucionalización que prueban la construcción de herramientas útiles para el abordaje de la problemática. No obstante, también se tomaron en consideración ciertos actores y procesos informales como las redes y los espacios creados desde y para el activismo feminista porque dan cuenta del entramado de discusiones y temas como parte sustancial de la gobernanza.

Finalmente, los principales hallazgos y conclusiones explicitan cuáles han sido los aportes que hicieron ambas organizaciones, durante el período delimitado, a la gobernanza regional de género. Estos aportes los distinguimos en dos grupos, por un lado, aquellos que proporcionan avances en términos de contenido, es decir lo referido a los marcos conceptuales e interpretativos relativos a los consensos alcanzados sobre equidad de trato, condiciones y oportunidades, prevención y erradicación de las violencias contra las mujeres, niñas y adolescentes enmarcado en los grandes principios de igualdad y no discriminación en cada organización, así como lo concerniente a la transversalidad del enfoque de género. Por otro lado, aquellos aportes que han contribuido en términos de procedimientos, tales como, la conformación de instancias prácticas para la defensa y promoción de derechos que contribuyen a la gobernanza, incluyendo la apertura o ampliación de canales de participación de los actores no estatales y el instrumento de seguimiento más significativo para la región creado para monitorear la aplicación de la Convención de Belém do Pará. Por último, se mencionan dentro de las conclusiones algunos de los desafíos que enfrentan estos aportes con relación a la implementación, las voluntades políticas y las autoridades delegadas en los organismos por parte de los Estados; planteados a modo propositivo para pensar en el fortalecimiento de esta gobernanza y presentar algunas líneas para futuras investigaciones.


  1. Nos referimos a lo cis, cuando se corresponde la autopercepción con la asignación sexogenérica al nacer (Violeta Alegre para Agencia Presentes, 2018); hétero, refiere a la heteronormatividad y; patriarcal, da cuenta del sistema de opresión que reproduce las desigualdades y asimetrías entre las personas por condiciones construidas socialmente. También existen enormes trabajos que van más allá del género como las teorías queers que, si bien exceden a esta investigación, nos parece importante mencionarlas.
  2. María Luisa Dolz, Cuba 1894, extraído de Dania de la Cruz Martínez (1990).


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