Leandro Prieto
Introducción
Este capítulo es un análisis integral de los resultados obtenidos de una encuesta realizada en el marco del Proyecto “Trayectorias LGBTIQ+”, presentado a la Convocatoria de Proyectos “Universidades por la Igualdad de Género” de la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) del Ministerio de Educación de la Nación. El objetivo general de dicha encuesta fue detectar el tránsito y permanencia de estudiantes de grado LGBTIQ+ de la UNSAM mediante sus trayectorias universitarias. Por estas nos referimos a acciones tan diversas como la experiencia de cursada (por ejemplo, la asistencia a clase, el cumplimiento de las tareas solicitadas y el rendimiento académico general), la socialización con pares, docentes y no docentes y posibles situaciones de discriminación por orientación sexual (OS), identidad de género o expresión de género (en adelante, OSIGEG).
Asimismo, se indagó sobre otros obstáculos al ingreso y permanencia no necesariamente relacionados con la vulneración de derechos LGBTIQ+ y las buenas prácticas implementadas por la UNSAM para garantizar que las trayectorias estudiantiles se den en un marco de igualdad, respeto y con acceso libre a la información. Finalmente, el uso del tiempo, otra de las categorías implementadas en el análisis, permitió evaluar la conciliación del tiempo entre el estudio y otras tareas (remuneradas y no remuneradas).
Para ello se diseñó e implementó una encuesta autoadministrada dirigida exclusivamente a estudiantes de grado que se autoperciben como LGBTIQ+, cuyo muestreo fue no probabilístico por autoselección, lo que implicó que respondieran quienes tuvieron acceso al formulario y decidieran hacerlo voluntariamente. Es decir que las personas participantes no fueron seleccionadas al azar. Las preguntas fueron, en su mayoría, de respuestas cerradas, con múltiples opciones de respuesta –con las variantes del Google Forms “varias opciones” (más de una respuesta) y “casillas” (solo una respuesta)–, típicamente encontradas en enfoques cuantitativos. En mucho menor porcentaje, se incluyeron también preguntas abiertas, que habilitan la inclusión de opiniones personales o experiencias vividas. Por tanto, aunque se observa el predominio de una metodología cuantitativa –con recolección de datos estructurados y analizables numéricamente–, la encuesta tuvo también componentes complementarios de tipo cualitativo, por lo que podemos definir al estudio como de enfoque mixto.
En síntesis, el presente capítulo se dispone a analizar de manera integral los resultados obtenidos en la aplicación de la encuesta, donde se incluyen la descripción de los datos cuantitativos y su análisis cualitativo cuando corresponda.
Análisis de la Encuesta sobre acceso y permanencia de estudiantes LGBTIQ+ en la UNSAM
Como producto principal del Proyecto “Trayectorias LGBTIQ+” adjudicado por la Secretaría de Políticas Universitarias (SPU) a la Dirección de Género y Diversidad Sexual de la UNSAM, la Encuesta sobre acceso y permanencia de estudiantes LGBTIQ+ en la UNSAM, de tipo autoadministrada y diseñada en Google Forms, fue lanzada el 23 de agosto de 2024 y estuvo vigente hasta el 31 de octubre de ese año.
A continuación se detallan las secciones que la conformaron, cuyos datos son sistematizados en los apartados de este capítulo:
- Sección 1. Datos generales
- Sección 2. Orientación sexual
- Sección 3. Identidad de género
- Sección 4. Inscripción a la UNSAM
- Sección 4a. Formulario de registro de nombre social o autopercibido
- Sección 4b. Becas
- Sección 5. Período de iniciación a la vida universitaria
- Sección 6. Período avanzado de cursada en la UNSAM
- Sección 7. Evaluación general de la experiencia en la universidad
- Sección 8. Uso del tiempo
La difusión de la encuesta fue producto de un trabajo articulado entre las áreas de Fortalecimiento Institucional y de Comunicación de la DGyDS, quienes diseñaron diversas estrategias para promocionarla y lograron posicionarla en los canales de comunicación propios y de la universidad. De este modo, se pudo captar la atención del público interesado.
Orientación sexual e identidad de género
Luego de los más de 2 meses de vigencia y mediante la difusión para promocionarla, la encuesta fue respondida por 131 estudiantes de la UNSAM que se autoperciben como LGBTIQ+[1]. De este grupo, 122 cumplieron con el requisito excluyente de ser estudiantes de grado, por lo que constituye nuestro verdadero marco muestral. De acuerdo con el Informe de Gestión 2023 (UNSAM, 2024), la totalidad de estudiantes de grado asciende a 20.342, con lo cual respondió un 0,59 %[2] de este grupo. Si bien este valor porcentual puede parecer bajo, hay dos puntos importantes a tener en consideración: la encuesta fue de carácter voluntario y estaba destinada exclusivamente a estudiantes de grado LGBTIQ+; es decir, no puede extrapolarse a la totalidad de la población LGBTIQ+ del claustro estudiantil para carreras de grado en la UNSAM.
Así, la herramienta queda definida como un muestreo no probabilístico por autoselección. Este tipo de enfoque es adecuado para trabajar con una población de estas características. Por el estigma y la discriminación que han atravesado históricamente los grupos de la diversidad de sexo-género, es menester garantizar entornos seguros si se convoca a este grupo a participar en una investigación, siendo de preferencia aquellas herramientas de tipo voluntario y confidencial. Pero ello implica que difícilmente responda la totalidad de dicho grupo. Además, precisamente las vulneraciones de derechos y el estigma vivenciados implican el ocultamiento de la OSIGEG en muchos casos. Con lo cual difícilmente las investigaciones que trabajan con población LGBTIQ+ puedan garantizar un número preciso de personas que se autoidentifican con este grupo. Estas vicisitudes impactan, entre otros motivos, en los datos deseados por una investigación, cuya muestra posiblemente esté subrepresentada.
En la pregunta sobre orientación sexual en la encuesta (sección 2), se ofrecieron las siguientes opciones de respuesta: lesbiana, gay, homosexual, bisexual, asexual, pansexual, demisexual y heterosexual[3]. También estaban las opciones “no lo sé”, “prefiero no responder” y “otra”. En el caso de la pregunta que indagó sobre identidad de género, en la sección 3 de la encuesta, las opciones de respuesta fueron las siguientes: mujer trans (transexual, transgénero), travesti, mujer cis, varón trans, varón cis, persona no binaria y género fluido, allende las mencionadas “no lo sé”, “prefiero no responder” y “otra”. En ambos casos, esta selección tuvo motivaciones estadísticas, tales como evitar la exhaustividad categorial que impacte en el análisis de los datos.
Por este motivo, la lista no exhaustiva implicó que no se desagregaran determinadas orientaciones sexuales e identidades de género. Precisamente para ello se encontraba la opción de respuesta “otra”, la cual permite introducir la opción manualmente. Algunas de las respuestas agregadas en ese casillero fueron “marica no binarie”, “demiboy” y “lesbiana” –esta última refiriéndose a una identidad de género–, lo que da cuenta de las disputas político-identitarias existentes en algunos casos contra las categorías “clásicas” de orientación sexual e identidad de género. Es decir, quienes optan por alguna de estas respuestas consideran insuficiente la autoidentificación ofrecida en las siglas.
Perfil de las personas encuestadas
Aquí se describen y analizan los hallazgos del primer eje temático de la encuesta, tendiente a describir la OSIGEG de las personas participantes. Asimismo, se detalla su edad y lugar de residencia, y se describe brevemente si son o no primera generación de estudiantes universitarios.
Población estudiantil según orientación sexual e identidad de género
Como se mencionó, las autopercepciones sexuales y de género declaradas en las respuestas han expuesto una gran diversidad de orientaciones e identidades, que sobrepasan las incluidas en la sigla LGBTIQ+. En relación con la orientación sexual, la mayor parte de las 122 personas que respondieron la encuesta se identifica como bisexual, lo que contabiliza alrededor de un 36 %. En segundo lugar, gays/homosexuales, con cerca de un 24 %. Y en tercera posición, las lesbianas sumaron casi un 14 %. Esta jerarquía demográfica coincide con algunas investigaciones que relevaron población LGBTIQ+. Por ejemplo, la encuesta Orgullo LGBT+ 2023 (IPSOS, 2023) indicó que un 5 % de la población[4] se autoidentificaba como bisexual ese año en Argentina, mientras que el grupo de lesbianas y gays/homosexuales sobre el que se indagó arrojó un 2 %, lo que ubica las orientaciones sexuales LG[5] en una segunda posición.
Gráfico 1. Estudiantes de grado según orientación sexual (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Al preguntar por la identidad de género, las identidades consideradas no cis dieron los siguientes valores: persona no binaria (15 respuestas), género fluido (6), varón trans (3) y mujer trans (2). A ello se suman categorías emergentes[6]: lesbiana (como identidad), con 2 respuestas, marica no binarie (1 respuesta) y demiboy (1). En términos porcentuales, el total de identidades no cisgénero (entre categorías predefinidas y emergentes) asciende a 23,1 % del total de respuestas. En tanto, la identidad cisgénero fue mayoritaria, y totalizó 80 personas entre mujeres cis (54 respuestas) y hombres cis (31).
Gráfico 2. Estudiantes de grado según identidad de género (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
El porcentaje de población TNB+[7] en nuestra encuesta es muy similar al desprendido del Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica (Manzelli et al., 2024), en donde se constató que el 22 % de les participantes del censo efectuado para dicha investigación (n= 15.211) se identificó como trans, persona no binaria y de género fluido.
Edad y lugar de residencia
La encuesta arrojó una edad promedio de 28,16 años, siendo la edad mínima de 18 y la máxima de 60, prácticamente coincidente con el de la población estudiantil general de la UNSAM, que es de 28 años.
La pregunta sobre lugar de residencia incluyó la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 40 municipios del Gran Buenos Aires, cuya suma conforma el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA[8]). El porcentaje de población participante en la encuesta residente en el Municipio de San Martín o en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) se distribuye equitativamente, siendo de 27 % para cada caso. Con un 54 % de estudiantes de grado LGBTIQ+ que respondieron esta pregunta viviendo en la capital de Argentina y el municipio en donde se ubica la universidad, este valor coincide con el provisto por el Informe de Gestión 2023 (UNSAM, 2024), en donde se constató que un 33 % de aspirantes a carreras reside en San Martín y un 21 % en CABA, lo que totaliza un 54 %.
En cantidad de residentes, le siguen dos municipios linderos a San Martín, ambos ubicados en el primer cordón[9]: Tres de Febrero (9 personas) y Vicente López (7). Esto representa el 7,4 % y el 5,7 % respectivamente. El resto de los municipios de residencia se reparte entre los diferentes partidos de manera más o menos equitativa, con la excepción de Tigre y La Matanza que, entre ambos, contabilizan 9 personas.
Estudios previos en el núcleo familiar
Cuando se indagó si alguien del núcleo familiar estudió o estudia en la actualidad una carrera universitaria, prácticamente las tres cuartas partes respondió afirmativamente (equivalente a 89 respuestas). En tanto que un 26,2 % declaró que no hay personas de la familia que hayan realizado una carrera, por lo que son la primera generación que estudia una carrera universitaria. Al comparar los números con el Informe de Gestión 2023 (UNSAM, 2024), un 45 % de estudiantes de la UNSAM son primera generación, lo que indica que hay casi 20 puntos por arriba del promedio declarado por estudiantes LGBTIQ+ en la encuesta. No obstante, el mencionado informe analiza la totalidad del estudiantado (pregrado, grado y posgrado), no solo de grado.
Socialización de la OSIGEG
Si bien la categoría OSIGEG es transversal a la encuesta, dedicamos este apartado a indagar en qué medida las personas encuestadas han dialogado sobre ello con sus familias, amistades y otros entornos. Comprender la socialización de la OSIGEG y el impacto de la “salida del armario”[10] –para aquellas personas que toman la decisión de hacerlo– permite comprender la calidad de vida del grupo LGBTIQ+, su relación con el entorno y las posibles consecuencias psicológicas y sociales (tanto por salir del armario como por no hacerlo). Con esto no pretendemos instalar la idea de que la salida del armario es condición necesaria para el desarrollo de las personas de este grupo social. Lo que es útil, liberador para algunes puede no surtir el mismo efecto en otres. Incluso, en contextos de alta hostilidad, la salida del armario de personas LGBTIQ+ puede resultar en más violencia y discriminación. En contraste, será una acción con impacto positivo cuando existe al menos un mínimo estándar de seguridad en el entorno familiar, institucional o social con el que se decida compartir la salida del armario.
Más allá de las decisiones personales, es importante tener en cuenta que la propia idea de salida del armario nos habla de una desigualdad entre LGBTIQ+ y personas cis heterosexuales. Este último grupo no suele verse en la necesidad de reflexionar sobre cuándo, cómo y con quién compartir la orientación sexual o identidad de género frente a terceras personas, precisamente porque pertenecen a un grupo cuyas expresiones sexo-afectivas e identitarias constituyen la norma socialmente aceptada. La instauración de lo cis hétero como norma y jerarquía superior en la estructuración patriarcal de las sociedades contemporáneas ubica en contraste toda OSIGEG no normada en una posición de inferioridad. Por ello, el hecho de que las personas LGBTIQ+ deban evaluar una posible salida del armario, si bien en algunos casos pueda resultar liberador, es también una acción que da cuenta de lo opresivo del sistema sociocultural en el que están inmersas. Por ello, analizar si las personas salen del armario y cómo resulta la experiencia de hacerlo permite detectar posibles situaciones de violencia o discriminación de sus entornos cercanos, lo que da cuenta de una relación directa entre “orientación sexual y ansiedad” (Burleson et al., 2006; en Prieto, 2021, p. 94) como consecuencia de experimentar potenciales vulneraciones de parte del entorno social próximo. En el caso de quienes no salen del armario, podría estarse frente a ámbitos o entornos tan hostiles que no es una opción socializar la OSIGEG para esas personas, de modo que nos encontraríamos frente a un contexto inseguro.
Impacto al compartir la orientación sexual
En el caso puntual de la orientación sexual, la pregunta que indagó en la encuesta sobre su socialización con la familia nuclear permite observar si la salida del armario fue una estrategia viable, más allá de la propia inequidad existente en el hecho de que, por ser gay, lesbiana o bisexual, estas personas deban decidir si informar u omitir su OS[11]. Más de las tres cuartas partes de las 109 respuestas que tuvo esta pregunta (un 78 %) indicó que la madre, padre o persona a cargo de la crianza, o bien alguna hermana/o/e[12] tienen conocimiento de la orientación sexual. En tanto que un 20,2 % indicó no haber socializado su orientación sexual. Solo 2 personas prefirieron no responder esta pregunta.
Gráfico 3. ¿Tiene conocimiento de tu orientación sexual tu mamá, papá, hermana/s, hermano/s o hermane/s? (En valores porcentuales, n=109)

Fuente: elaboración propia (2024).
Luego se preguntó por las reacciones de familiares al comunicar la OS, optándose por un formato de cuadrícula de varias opciones[13]. Este cuadro de doble entrada estaba encabezado por la pregunta “Cuando compartiste o se enteró sobre tu orientación sexual, esta persona…”, cuyas opciones de respuesta para completarla eran: (i) reaccionó con preocupación; (ii) reaccionó con aceptación, amor y/o palabras de aliento; (iii) reaccionó con violencia y/o te insultó; (iv) lo aceptó con reservas.
Entendiendo que la opción (iii) es la más extrema en términos de violencia, es bastante alentador encontrar que 71 respuestas se inclinaron por el “no” en este escenario. Es decir, indicaron que no hubo violencia física o insultos de parte de familiares. Sin embargo, es un número para atender el de 11 personas que sí sufrieron hechos de violencia al compartir su orientación sexual. Y posiblemente también hayan atravesado este tipo de situaciones las 2 personas que marcaron “no lo sé / no lo recuerdo”. Es importante tener en cuenta que estos casos demuestran una vez más las desigualdades que atraviesan las personas LGBTIQ+, incluso en un país como Argentina, en donde existe un marco normativo robusto y mayor visibilidad y participación social y mediática de estos grupos. Como institución, debemos tener una actitud vigilante ante este tipo de hechos violentos y discriminatorios, los cuales pueden impactar directamente en las trayectorias universitarias de este grupo de estudiantes. Aunque se trate de situaciones extrauniversitarias, consideramos que las historias de vida de nuestro estudiantado deben ser entendidas como una totalidad. Su calidad de vida puede verse perjudicada por esta clase de eventos y la garantía de espacios seguros, una escucha activa y la implementación de políticas institucionales tendientes a garantizar la igualdad y no discriminación benefician sobremanera su paso por la universidad, además de que también pueden incidir favorablemente en sus trayectorias por fuera de esta; incluso si atraviesan hechos de violencia o discriminación.
En los enunciados (i) y (ii) (“reaccionó con preocupación” y “reaccionó con aceptación, amor y/o palabras de aliento” respectivamente), los resultados arrojaron valores bastante parejos entre las opciones de respuesta “sí” y “no”. Por ejemplo, en el escenario (i), hubo la misma cantidad de respuestas hacia un lado y otro: 41 personas consideraron que hubo reacciones de preocupación y 41 que no se toparon con la preocupación de su círculo familiar.
Gráfico 4. ¿Hubo reacción de preocupación al compartir
la orientación sexual con tu familia?

Fuente: elaboración propia (2024).
En el caso del enunciado (ii), la balanza se inclina levemente hacia el “sí”, lo cual es favorable. Es decir, hubo más personas que se encontraron con reacciones positivas de apoyo y afecto: 42 respuestas, aunque 37 personas no obtuvieron este tipo de reacción. Finalmente, quienes no sabían o recordaban cómo reaccionó su familia al momento de compartir la OS fueron 6 personas.
Gráfico 5. ¿Hubo reacción e aceptación, amor y/o palabras de aliento al compartir la orientación sexual con tu familia?

Fuente: elaboración propia (2024).
Impacto al compartir la identidad de género
Al indagar sobre el grado de conocimiento de la identidad de género en la familia nuclear, los valores difieren notoriamente respecto de aquellos encontrados en la pregunta homóloga sobre orientación sexual. Se advierte que la respuesta a la pregunta “¿Tiene conocimiento de tu identidad de género tu mamá, papá o persona/s a cargo de tu crianza? ¿O bien tu/s hermana/s, hermano/s o hermane/s?” acercó mucho más los valores entre el sí y el no en las 32 respuestas a esta pregunta. Un 46,9 % declaró que sus familiares no tienen conocimiento sobre su identidad de género (15 personas), mientras que más de la mitad declaró haberla socializado; es decir, un 53,1 % o 17 participantes.
Gráfico 6. ¿Tiene conocimiento de tu identidad de género tu mamá, papá, hermano/s, hermana/s o hermane/s? (En valores porcentuales, n=32)

En cuanto a las reacciones al compartir la identidad de género con el círculo familiar, los números también difieren con respecto a la misma pregunta en la sección sobre OS. A modo de recordatorio, la pregunta llevaba el encabezado “Cuando compartiste o se enteró sobre tu identidad de género, esta persona…”, y sus resultados fueron los siguientes: (i) “reaccionó con preocupación”, con 11 respuestas afirmativas y 6 negativas, observándose una clara inclinación de la respuesta hacia la preocupación como reacción; (ii) “reaccionó con aceptación, amor y/o palabras de aliento”: esta arrojó resultados casi diametralmente opuestos a la anterior: el “sí” tuvo 5 respuestas mientras que 12 personas consideraron que no hubo una reacción amorosa o de aceptación.
Gráfico 7. ¿Hubo reacción de aceptación, amor y/o palabras de aliento al compartir tu identidad de género con tu familia?
(En valores porcentuales, n=17)

Fuente: elaboración propia (2024).
Finalmente, destacamos la opción de respuesta (iii), “Reaccionó con violencia y/o te insultó”, que da cuenta de que la mayor parte de familiares que recibieron la noticia no reaccionó violentamente (11 personas). No obstante, 5 estudiantes manifestaron haber sufrido violencia física o verbal cuando compartieron su identidad de género y una persona declaró no saberlo o recordarlo.
Gráfico 8. ¿Hubo reacción de violencia y/o insultos al compartir la identidad de género con tu familia? (En valores porcentuales, n=17)

Fuente: elaboración propia (2024).
Al comparar estos datos con los del Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica en la Argentina (Manzelli et al., 2024), las “reacciones de padre/s, madre/s o persona a cargo de la crianza” dieron por resultado[14]:
En aquel relevamiento también se indagó por la expulsión del hogar de personas TT y NB[17], y se contabilizó un 13,3 % de personas que declararon haber atravesado dicha situación. Asimismo, se evaluó la aplicación de terapias “correctivas”[18], con casi un 20 % de respuestas que indicaban el sometimiento a estas.
En síntesis, se observan dificultades que deben afrontar las personas cuya identidad de género no se atiene a la norma, que implican vulneraciones incluso al expresarla entre su círculo cercano. Por más que una mayoría en ambos estudios indicó no haber sufrido violencia física al salir del armario, las respuestas que declaran situaciones violentas muestran personas que atraviesan situaciones de discriminación, incluso entre su círculo íntimo. Y el hecho de que ese porcentaje sea mayor en el relevamiento a nivel nacional que en el de la encuesta UNSAM manifiesta precisamente la complejidad del territorio argentino y las diferentes reacciones frente a un hecho según intersecciones de estrato social, origen, filiación religiosa, etc.
Inscripción a la UNSAM
Este apartado se vincula con la sección 4 de la encuesta, en la cual se indagó sobre la etapa en la que el estudiantado estableció los primeros contactos con la universidad. Puntualmente, se rastreó la experiencia en la presentación de documentación para la inscripción a la carrera escogida y todo lo vinculado a garantizar el acceso a la universidad. Más allá de solicitar una evaluación general de este período, también se indagó sobre posibles vinculaciones entre una experiencia negativa y si ello se debió a situaciones de discriminación por OSIGEG.
Acceso y permanencia en la universidad
El acceso y permanencia de estudiantes de grado LGBTIQ+ es parte constitutiva de este proyecto. Para poder garantizar la igualdad y no discriminación, principios vectores del derecho internacional de los derechos humanos, precisamos contar con políticas institucionales que atiendan situaciones específicas mediante acciones concretas. Trabajar con una población que tiene demandas particulares como la LGBTIQ+ implica comprender cómo se sienten estas personas en ámbitos públicos, cómo es su socialización en los ámbitos en los que circulan o realizan sus acciones cotidianas y en qué grado acceden a sus derechos. Este monitoreo permite distinguir en qué medida existe la igualdad y el reconocimiento suficientes. En el caso de nuestra universidad, esto se ve reflejado en el ingreso y, sobre todo, en la permanencia de las personas LGBTIQ+ en la carrera elegida.
Unidad académica de pertenencia, carrera escogida y año de ingreso
Conocer la unidad académica de pertenencia del estudiantado LGBTIQ+ de la UNSAM nos permitió comprender la elección por la carrera, y así observar qué cantidad de personas de este grupo tiene cada escuela o instituto. De cara al futuro, esto puede optimizar las alianzas con dichas unidades académicas para la implementación de políticas específicas, continuando el trabajo articulado en donde ya exista y procurando su fortalecimiento en donde se presenten más desafíos para estas poblaciones.
Un 27 % estudia en la Escuela de Ciencia y Tecnología (ECyT), lo que contabiliza 33 personas. Dentro de las carreras que ofrece la escuela, la Licenciatura en Biotecnología contabilizó 8 estudiantes e Ingeniería Biomédica, 4. La segunda unidad académica con mayor cantidad de estudiantes LGBTIQ+ según la encuesta es la Escuela de Política y Gobierno (EPyG), que totaliza 20 respuestas. Esto es equivalente a casi el 17 % del total de participantes. En tanto, 19 personas estudian en la Escuela de Arte y Patrimonio (EAyP), lo cual la posiciona tercera, con más de un 15 %. Luego le siguen las unidades académicas con carreras de ciencias sociales y humanidades: 13 estudiantes (10,7 % del total de respuestas) provienen de la Escuela de Humanidades, mientras que 12 personas (9,8 %) estudian carreras de la Escuela Interdisciplinaria de Altos Estudios Sociales (EIDAES). Otra unidad académica destacada es la Escuela de Economía y Negocios (EEyN), que aporta 11 estudiantes (8,5 %). En total, las escuelas mencionadas alojan a más del 95 % del estudiantado que respondió la encuesta.
En cuanto al año de ingreso a la universidad, el v lo hizo en 2020 o antes, en contraste con el 9,8 % que ingresó en 2024 (el año en el que se realizó la encuesta). Es apresurado sacar conclusiones respecto a esta diferencia en los datos, pero encontrar tanta proporción de personas ingresantes hace por lo menos 4 años a la universidad da cuenta de que la institución contó con mecanismos para garantizar la permanencia en sus carreras. Y que estos pueden estar vinculados tanto a logros de parte de la escuela a la que pertenece la carrera, a la Secretaría General Académica y a las políticas de género y diversidad implementadas por la DGyDS.
Experiencias durante el período de inscripción
La primera pregunta[19] que indagó directamente sobre la trayectoria como estudiante en la UNSAM tuvo por objetivo rastrear la experiencia de inscripción en la universidad. Puntualmente, se analizaron los primeros contactos con la universidad, que abarcan desde la experiencia en la presentación de documentación, el proceso de inscripción hasta los trámites iniciales para garantizar el acceso a la carrera elegida.
En términos generales, la evaluación sobre aquella etapa arrojó resultados bastante favorables en las 122 respuestas a esa primera pregunta: un 81,1 % consideró que esta etapa constituyó una experiencia positiva, mientras que un 15,6 % la consideró regular. Solo 2 personas la describieron como negativa, lo que equivale al 1,6 %.
Gráfico 9. Valoración del período de inscripción en la UNSAM.
(En valores porcentuales, n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Entre las dificultades mayormente expresadas por quienes no indicaron como positiva su experiencia, las opciones ofrecidas en la pregunta “Considero que tuve dificultades en el período de inscripción en la UNSAM porque…”[20] nos permitió identificar los principales obstáculos: un 38,1 % consideró que no le facilitaron información al acercarse a la universidad para consultar sobre la carrera a estudiar. Un 42,9 %, que los trámites fueron largos y difíciles. Como categorías emergentes, una persona manifestó no haber podido visualizar las fechas del CPU[21] y otra indicó “incomodidad social”. También hubo un comentario sobre el abordaje inadecuado del personal respecto al uso de los pronombres según la autopercepción personal. De estas 3 categorías emergentes, la última está directamente vinculada a la no adecuación a la Ley de Identidad de Género (Ley N.° 26.743), lo cual puede socavar el acceso de las personas TT y NB a la universidad.
De las categorías preestipuladas en la encuesta, la opción “me miraron despectivamente” fue marcada dos veces. Aunque no podemos afirmar que ello se debiera necesariamente a la OSIGEG, sí pudo haber habido un destrato en función de la expresión de género. En sintonía con esta respuesta, la “incomodidad social” –mencionada más arriba– parece estar indicando algo en este sentido.
La siguiente pregunta, “¿Considerás que esta experiencia negativa se dio por tu orientación sexual y/o identidad de género?” (cuyas respuestas constituían categorías mutuamente excluyentes), acercó la idea de la “experiencia negativa” a una posible situación de discriminación por OSIGEG. Sin embargo, de las 21 personas que respondieron esta pregunta, una mayoría no asoció la experiencia negativa vivenciada durante el periodo de inscripción con situaciones de discriminación basadas en la OSIGEG. De hecho, el 81 % de las respuestas dieron por resultado otros motivos como experiencia negativa. Solo una persona consideró que ello se debió a su OSIGEG, mientras que dos marcaron “no lo sé / no lo recuerdo” y una prefirió no responder.
Gráfico 10. ¿Considerás que la experiencia negativa durante el período de inscripción se dio por tu orientación sexual y/o identidad de género? (n=21)

Fuente: elaboración propia (2024).
En síntesis, es positivo para la institución constatar que, por lo general, hubo una tendencia a considerar como positiva la experiencia de inscripción. Asimismo, es favorable que la gran mayoría de quienes no la consideraron una etapa positiva no hayan declarado situaciones de discriminación en función de la orientación sexual o la identidad de género.
Acceso al formulario de registro de nombre social o autopercibido
Dentro de la sección 4 de la encuesta, “Inscripción a la UNSAM, se encontraba la sección 4a, denominada “Formulario de registro de nombre social o autopercibido”. El acceso a este formulario es un derecho, y como tal es importante rastrear en qué medida dicho acceso existe y cuán clara es la información que la institución provee al respecto. La Ley de Identidad de Género (Ley N.° 26.743) garantiza el reconocimiento pleno según la identidad de género autopercibida de cada solicitante, la cual constituye una vivencia individual y más allá de la reasignación genital, los procesos de hormonización o el cambio de nombre en el DNI. Es decir, la expresión del género autopercibido no es una obligación para transicionar, como tampoco lo es efectivizar el nombre social[22] en la documentación. No obstante, existe la posibilidad de hacerlo mediante el mencionado formulario, independientemente de que se tome la decisión de rectificar la partida de nacimiento y la documentación oficial para adecuarla al nombre social. Dicho de otro modo, este instrumento garantiza el trato digno para aquellas personas que utilizan un nombre social y, en paralelo, no las obliga a tener que cambiarlo en su DNI.
Al preguntar por el acceso al formulario en la UNSAM, 9 personas (de un total de 122 respuestas) indicaron que sí lo utilizaron. Luego se explayaron sobre la experiencia al solicitarlo, según las cuales se destacaron las categorías emergentes “buena experiencia”, “muy buena” y “muy positiva”. También se indicó que fue “sencillo de completar”, que no hubo incomodidad y que hubo una buena gestión por parte del Departamento de Servicios Académicos. Alguien enfatizó que fue en la UNSAM la primera vez que se le llamó por el nombre acorde con su identidad de género.
Por el contrario, una de las personas que respondió esta pregunta expresó una situación de vulneración de su derecho. Indicó que, al solicitar el formulario, el personal le indicó que el DNI tenía que tener el nombre autopercibido para poder avanzar con el trámite. Más allá de esta vicisitud, al ir por segunda vez, le indicaron lo correcto: que no era necesario tener el DNI rectificado para avanzar en el formulario. Si bien es solo un caso, es importante reforzar la información sobre leyes como las de Identidad de Género, capacitando al personal administrativo para que conozca los diferentes procedimientos y poder garantizar el trato digno.
Gráfico 11. ¿Accediste al formulario de registro de nombre social o autopercibido en la UNSAM? (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Algo importante a tener en cuenta en esta sección de la encuesta es que el alto porcentaje de personas que no solicitaron el trámite está comprendido por personas cis que no requieren hacerlo. Puntualmente, un 48,4 % (46 personas) indicó este motivo. Luego, un segundo grupo de no solicitantes corresponde a quienes utilizan el nombre que figura en su documentación, que contabiliza un 25,3 % (24 personas). Este refuerza lo mencionado anteriormente respecto a la flexibilidad de la Ley de Identidad de Género de Argentina: que la vivencia identitaria es personal y compleja y, por tanto, la ley no se construyó como una relación causal entre transición identitaria y rectificación de la documentación, como así tampoco obliga a someterse a otro procedimiento que “borre” los trazos de la identidad previa. Es decir, este grupo se identifica con el nombre asignado al nacer, o bien no desea hacer el cambio registral.
Continuando con quienes no accedieron al formulario, hubo un 5,3 % que manifestó experiencias negativas. Dentro de este grupo, se dividen entre quienes declararon que no les facilitaron la información o desconocían la existencia del formulario (3 personas) y quienes no se animaron a consultar (2 personas). Aunque constituyen 5 casos (de un total de 95 respuestas a esta pregunta), es menester recalcar que el desconocimiento del formulario por parte de la institución vulnera el derecho de estas personas. Y no solo ello: puede impactar en el acceso mismo a la universidad. En el caso puntual de quienes no se animaron a preguntar, posiblemente este miedo esté relacionado directamente con los estigmas y prejuicios que habitualmente enfrentan las personas LGBTIQ+ en el cotidiano. Por lo que, aun si una institución garantiza espacios seguros y capacita a su personal con un enfoque de derechos humanos, la representación negativa que se tiene de la institucionalidad en este grupo es una barrera para el acceso a sus derechos.
Es llamativo observar que un 11,6 % de las personas desconocía la existencia del formulario. Es cierto que, de este grupo, posiblemente algunas de las respuestas correspondan a personas cis que no lo requieren. Pero dado que este grupo tenía una opción de respuesta específicamente diseñada –la cual fue debatida más arriba–, puede resultar que la mayoría de las personas que manifestó no conocer este derecho fueran TT y NB. En este sentido, es importante reforzar la comunicación para garantizar una difusión más sólida de este tipo de instrumentos, sobre todo para que quienes recién ingresan a la universidad la sientan como un espacio seguro.
Solicitud de becas
La sección 4b de la encuesta, “Becas”, preguntó por el acceso a estas. Es considerable el número de estudiantes de grado LGBTIQ+ que accedió a ellas. Un 42,6 % de los participantes en la encuesta, lo que equivale a 52 personas (de un total de 122 respuestas), solicitó algún tipo de beca para continuar con sus estudios.
Gráfico 12. Solicitud de becas para estudiar en la UNSAM (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
La mayoría solicitó la Beca de Apoyo Económico UNSAM (21 personas). La beca PROGRESAR se ubicó en la segunda posición, con un total de 20 personas, seguida por las Becas Estratégicas Manuel Belgrano (10 respuestas).
El contexto económico en la Argentina actual es complejo y ello dificulta el acceso a los estudios, sobre todo en estratos bajos o deprimidos monetariamente en donde el sustento económico se convierte en una prioridad. Como dato, el 48,5 % de estudiantes de universidades públicas actualmente se encuentra por debajo de la línea de pobreza, según la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC (INDEC, 2024). A ello se suman las vulneraciones sufridas por el grupo LGBTIQ+ históricamente, que, en muchos casos, les ha mantenido al margen del acceso al empleo formal. En este sentido, es imperativo el sostenimiento de becas por parte del Estado y la universidad, dado que estas democratizan el acceso a la educación.
Iniciación a la vida universitaria
La sección 5 de la encuesta, “Período de iniciación a la vida universitaria”, evaluó la etapa comprendida entre el CPU y hasta un año de estudios cursados. Durante ese año como estudiantes, las trayectorias de cada une difieren entre sí, en función de sus posibilidades como así también según la lógica de cada carrera y unidad académica. Por ejemplo, existen casos en los que se cursan solo materias de primer año durante este periodo, aunque también se observan trayectorias en donde se combinan con materias de años posteriores, siempre que la correlatividad no constituya un impedimento para la implementación de ese tipo de esquemas.
Esta sección incluyó preguntas sobre la experiencia de socialización con docentes y estudiantes en clase o durante los recreos; o bien al hacer trabajos grupales, circular por el espacio público, realizar trámites o consultas que involucren la interacción con personal no docente, entre otras situaciones.
Valoración del período
En líneas generales, hay una valoración positiva del periodo inicial de cursada. De las 122 respuestas, las tres cuartas partes consideró que esta etapa fue positiva (92 respuestas), mientras que 6 personas la evaluaron negativamente. En tanto que un 18,9 % la consideró regular.
Gráfico 13. Valoración del período inicial de cursada en la UNSAM.
(En valores porcentuales, n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Adicionalmente, en esta sección se efectuó la pregunta “Considero que tuve dificultades en el período de iniciación a la vida universitaria en la UNSAM porque…”[23] para obtener respuestas ampliatorias sobre la experiencia negativa durante el primer año de cursada en la UNSAM. Con un n=29, un 58,6 % expresó sobrecarga horaria por trabajo, tareas de cuidado, etcétera. En números absolutos, constituyen 17 respuestas. Le sigue el enunciado “La universidad me queda muy lejos de casa”, que totalizó 9 respuestas o un 31 %. Finalmente, un 10,3 % (3 personas) declaró no haber tenido plata para viajar, comer en la universidad o comprar materiales de estudio.
Es interesante rescatar algunas categorías emergentes expresadas por les participantes, entre las que destacan aquellas que hacen alusión a la pandemia de covid-19. Enunciada como “pandemia” y “cuarentena”, las dificultades de este periodo parecen estar relacionadas con la falta de socialización presencial producto de las disposiciones gubernamentales[24] que obligaron a la población a permanecer en el hogar y migrar a la virtualidad muchas de las actividades presenciales. En sintonía con ello, otra categoría emergente surgida de esta pregunta fue “virtualidad”. Es evidente que hay una valoración de las instancias presenciales de aprendizaje, entendiendo que estas abarcan no solo contenido sino también socialización entre pares. Contra todo pronóstico, a pesar de la errática aceptación social de personas LGBTIQ+ en ámbitos mayoritariamente cis heterosexuales –básicamente, la casi totalidad de los espacios públicos e instituciones–, producto de una estructuración social cis heterosexista que obstruyó la inserción social de estas poblaciones y les negó una activa participación en la vida pública, el estudiantado LGBTIQ+ de la UNSAM, por lo general, siente que su universidad es un espacio seguro y valora la experiencia presencial y de socialización en sus instalaciones.
En sintonía con secciones anteriores, esta también buscó posibles asociaciones entre evaluaciones negativas o regulares durante el primer año de universidad y la discriminación o violencia por OSIGEG. Afortunadamente, los números son nuevamente bastante favorables para nuestra institución, dado que se obtuvieron 23 respuestas de un total de 29 (casi 80 %) que no encuentran motivos discriminatorios por la pertenencia al grupo LGBTIQ+ en su valoración negativa. Ahora bien, debemos siempre atender a las respuestas que dicen lo contrario, entendiendo que detrás de ellas hay personas que vieron vulnerados sus derechos. Hubo 3 personas (un 10,3 %) que sí consideraron que su OSIGEG repercutió negativamente en su tránsito por esta etapa de cursada.
Gráfico 14. ¿Considerás que la experiencia negativa durante la etapa inicial de cursada se dio por tu orientación sexual y/o identidad de género? (n=29)

Fuente: elaboración propia (2024).
La pregunta “¿Qué argumentos reflejan mejor la experiencia negativa que atribuís al periodo de iniciación a la vida universitaria en la UNSAM?”, precisamente, buscaba indagar más exhaustivamente en esta relación causal entre la pertenencia al grupo LGBTIQ+ y la experiencia negativa sufrida. Aunque estamos hablando de solo 3 respuestas a esta pregunta, insistimos en que nuestra metodología mixta aboga por reconocer trayectorias de vida detrás de las cifras, independientemente de su contundencia estadística. Una de estas personas confesó que “1 o más compañeras/os/es hacen comentarios discriminatorios por mi orientación sexual y/o identidad de género”. Las otras dos se expresaron mediante categorías emergentes, indicando sobrecarga por tareas de cuidado y un trato diferencial por parte del equipo docente.
La última pregunta de esta sección solicitaba comentar el desenlace de la situación discriminatoria, pudiendo seleccionarse más de una opción de las provistas. Una de las personas indicó que habló con el personal directivo de la carrera para comentar lo sucedido. En tanto que otra de las personas que respondieron esta pregunta tomó una decisión más drástica: abandonó la cursada[25]. La tercera persona respondió utilizando una categoría emergente que indicó que comentó la situación con compañeras/os/es de clase. Es llamativo que en ningún caso se haya mencionado haber acudido a la DGyDs para asesorarse e intentar resolver la situación, aunque una respuesta indicó haber hablado con el personal directivo de la carrera para comentar lo sucedido. Nuevamente, reflexionamos sobre la importancia de difundir más contundentemente el trabajo que efectúa nuestra dirección, apelando a estrategias comunicacionales y actividades que den cuenta de la diversidad de líneas trabajadas. En este sentido, es menester generar conciencia en la comunidad universitaria sobre las políticas institucionales que inciden directamente en la población LGBTIQ+ de nuestra universidad, a la vez que construir nuevos instrumentos para garantizar sus derechos.
Período avanzado de cursada
La sección 6, que indagó sobre el periodo avanzado de cursada en la UNSAM, abarca desde el segundo año como estudiantes en adelante. Es decir, quienes estaban en tercer año o los subsiguientes también debían responder esta sección. Incluso contemplaba a quienes cursaron todas las materias de su carrera y solo debían exámenes finales o la tesis al momento de realizar la encuesta.
En sintonía con lo preguntado en la sección anterior, se indagó nuevamente sobre la socialización con el equipo docente y estudiantes, tanto en clase como en momentos extraáulicos. También se recabaron datos sobre la experiencia al realizar trabajos grupales, la circulación por el espacio público y la interacción con personal no docente (por ejemplo, al realizar trámites o consultas).
Valoración del período
En sintonía con los datos resultantes de la sección “Iniciación a la vida universitaria”, la valoración general de esta etapa tendió a ser positiva. De hecho, los números fueron bastante similares: un 77 % (vs. un 75,4 % en la etapa inicial) de las 100 personas que respondieron esta pregunta definieron esta etapa como positiva. Es decir, la buena evaluación de esta etapa no solo se sostuvo, sino que incluso mejoró sus valores con respecto al primer año. En cuanto a las apreciaciones que abarcan desde “regular” hasta “negativa”, totalizaron un 23 % (23 respuestas). Ahora bien, solo 3 (3 %) de esas respuestas se inclinaron por la opción negativa, un porcentaje incluso menor al de quienes habían evaluado de este modo la etapa inicial (4,9 %).
Gráfico 15. Valoración del período avanzado de cursada en la UNSAM.
(En valores porcentuales, n=70)

Fuente: elaboración propia (2024).
En la pregunta a continuación, “Considero que el período avanzado de cursada en la UNSAM fue difícil porque…”, se obtuvieron 23 respuestas. Al igual que en su homóloga en la sección anterior, el formato de casillas permitía marcar más de una opción. Destacamos la sobrecarga horaria por trabajo, tareas de cuidado u otros motivos como las responsables de la dificultad en la cursada avanzada en 15 personas o un 65,2 %. La distancia entre el hogar y la universidad fue otro de los motivos de valoración negativa, en un 34,8 % u 8 personas. En tanto que la dificultad en los modos de vinculación, tanto con docentes como estudiantes, también sumó 8 respuestas (que se dividen en 5 que la atribuyeron al equipo docente y 3 al estudiantado). Finalmente, las dificultades económicas –falta de dinero para viajar a cursar, comer en la universidad o comprar los materiales de estudio– obtuvieron dos respuestas, lo que equivale a un 8,7 % (inferior al 10,3 % que se inclinó por esta respuesta durante el periodo inicial de cursada).
Entre las categorías emergentes, nuevamente se hizo mención de las consecuencias de la pandemia de covid-19, aunque esta vez solo en una respuesta. Puntualmente, esta persona expresó sobrecarga de tareas de cuidado durante aquella época y las repercusiones que ello tuvo en su salud mental. Consecuentemente, reflexionó sobre la pérdida de ritmo en las dinámicas de grupo y, al retornar la presencialidad, una sensación de soledad.
Otras dos respuestas también indicaron dificultades de socialización y vinculación con el estudiantado. Por ejemplo, se mencionaron las “dinámicas grupales”. En estos casos, no se hizo alusión a la pandemia y sus efectos en las relaciones sociales, aunque estas declaraciones podrían haber encontrado en dicha etapa la raíz de su experiencia negativa. Pero la dificultad para encontrar anclaje en la grupalidad pudo haberse debido a la OSIGEG en estos casos que, como venimos mencionando, implican desafíos adicionales para personas LGBTIQ+. Tal como indica Blanco (2014), las trayectorias académicas están reguladas por el sistema de sexo-género, por más que la universidad se presente como un ámbito de socialización con historias de vida diversas.
Aun cuando podamos argumentar que el espacio áulico no es un ámbito en donde comúnmente se discuta la sexualidad propia o ajena, la convivencia universitaria implica más que el proceso de aprendizaje y el debate de contenido durante la cursada. Incluso allí, sobre todo en clases en donde se trabaje con temas de las ciencias sociales o humanas, la sexualidad podría ser un tema de análisis. Si no se aborda con perspectiva de género y diversidad sexual, las valoraciones de la diversidad de sexo-género por parte de docentes y estudiantes podrían incurrir en una visión peyorativa. Esto posiblemente impacte negativamente en las trayectorias estudiantiles LGBTIQ+.
Por otra parte, los momentos de socialización por fuera del momento de clase implican un intercambio de carácter más informal. Son momentos para compartir algo de la vida personal con otres. Pero lo que para ciertas personas puede constituir un momento de distensión, para algunas personas LGBTIQ+ puede encender una alarma: se está frente a la necesidad de declarar –u omitir– la OSIGEG. Por ejemplo, para las personas LGB, existe una reflexión permanente sobre una posible salida del armario en nuevos ámbitos de socialización. O bien delinean una estrategia de disimulo o evitación del tema en ámbitos en los que no sienten seguridad, que, en palabras de Pecheny, generan un “doble estándar” (2001, p. 31). Como consecuencia, la ansiedad y la angustia que estas vicisitudes generan en personas de la diversidad de sexo-género demandan estrategias convivenciales para garantizar el respeto a la intimidad y la diversidad de formas de vida.
La encuesta continuaba con la pregunta “¿Considerás que esta experiencia negativa se dio por tu orientación sexual y/o tu identidad de género?”, la cual, al igual que en la sección anterior, buscó posibles asociaciones entre la experiencia negativa y la OSIGEG no cis heteronormada. Respondida por 23 personas (solo quienes manifestaron haber vivenciado una experiencia negativa o regular en la pregunta anterior), los porcentajes demuestran bastante optimismo en relación con las políticas institucionales para la igualdad y la no discriminación. Un 65,2 % (15 respuestas) no asoció la experiencia regular o negativa con situaciones de discriminación. Ahora bien, este es un porcentaje inferior al 79,3 % de la etapa inicial de cursada. Es cierto que esta sección abarca un período más prolongado en la vida universitaria (vs. un único año de la etapa inicial). Mas allá de esta alerta, por otra parte la asociación entre negatividad en la experiencia de cursada en el periodo avanzado y la discriminación por pertenencia al grupo LGBTIQ+ fue adjudicada a solo dos respuestas (8,7 %). A ello deben sumarse otras dos personas que prefirieron no responder, posiblemente porque atravesaron situaciones de vulneración de sus derechos pero consideran revictimizante manifestarlo.
Gráfico 16. ¿Considerás que la experiencia negativa durante la etapa avanzada de cursada se dio por tu orientación sexual y/o tu identidad de género? (n=123)

Fuente: elaboración propia (2024).
Las categorías empleadas por las personas encuestadas para argumentar la asociación entre OSIGEG y la experiencia negativa vivenciada durante la cursada arrojaron valores equitativos: tanto la opción “1 o más compañeras/os/es hacen comentarios discriminatorios por mi orientación sexual y/o identidad de género” como la opción “Siento un trato despectivo por cómo me visto o me expreso (tono de voz, vocabulario, etcétera)” tuvieron una respuesta cada una. Una de estas personas (de las dos que respondieron esta pregunta) añadió una categoría emergente para manifestar el “poco respeto” recibido.
En sintonía con lo declarado en la sección anterior, en ninguno de estos dos casos las personas acudieron a la DGyDS para tratar de resolver la situación. Y en este caso, tampoco dialogaron sobre lo sucedido con el personal directivo, el equipo docente o el centro de estudiantes.
Evaluación general de la experiencia en la universidad
Habiendo analizado en las secciones anteriores de la encuesta etapas específicas de la vida estudiantil, la sección 7, “Evaluación general de la experiencia en la universidad”, monitoreó la experiencia general como estudiante de la UNSAM. Esto incluyó realizar una autoevaluación de la situación con el estudio (por ejemplo, el tiempo que se le dedica), la convivencia con compañeras/os/es de estudio y el equipo docente, el uso de los espacios comunes, entre otras cuestiones. Si bien estas dimensiones ya fueron cubiertas en las secciones previas, en este caso se diseñaron una serie de preguntas tendientes a valorar la experiencia como estudiante en términos globales.
Valoración de la calidad estudiantil
La pregunta “En líneas generales, dirías que tu experiencia como estudiante en la UNSAM, desde que comenzaste a estudiar a la actualidad…”[26] pretendía monitorear si la experiencia generalizada mejoró, empeoró o se mantuvo igual desde los inicios estudiantiles hasta el momento de responder la encuesta. El 53,3 % consideró que su tránsito por la universidad mejoró, esto equivale a 65 personas (n=122). Es un buen punto de partida que permite comprender una tendencia hacia la mejora progresiva en la experiencia de cursada, socialización y aprendizaje.
Por otra parte, 48 personas consideraron que la experiencia como estudiante “se mantuvo igual”, lo que da un valor porcentual cercano al 40 %. Teniendo en cuenta que hubo una tendencia favorable a valorar positivamente las etapas inicial y avanzada en las secciones anteriores, las respuestas que manifiestan que la experiencia se mantuvo igual dan cuenta de que continuaron siendo positivas. Dicho de otro modo, aun cuando estas personas no indicaron una mejora en la valoración generalizada en la pregunta que analizamos aquí, podemos inferir que la mayor parte del grupo que indica que la experiencia se mantuvo igual representa un grupo que había previamente valorado positivamente las demás etapas específicas en secciones anteriores.
Gráfico 17. En líneas generales, dirías que la experiencia de tu tránsito como estudiantes en la UNSAM… (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Continuando, la siguiente pregunta[27] dio como resultado una diversidad de categorías emergentes. Por ejemplo, aquellas personas que consideraron que hubo una mejora en la experiencia general de cursada hicieron hincapié en los vínculos con estudiantes y docentes en clase:
“Me relaciono más y mejor con mis compañerxs y docentes”.
“Al ambiente estudiantil, desde las clases y les profesores hasta les amigues que hice”.
“Al apoyo de docentes y compas”.
“A la comodidad que se siente. A la calidad humana”.
“Mayor conocimiento entre pares”.
“A los amigos que me hice a lo largo del camino”.
“Encontré un grupo de personas con quienes compartir la cursada”.
Posiblemente, la consolidación de los vínculos se relacione con el conocimiento mutuo, la convivencia y las tareas compartidas en un espacio en el que, a priori, todes tienen objetivos comunes. Pero tal como venimos argumentando, esta ganancia en seguridad solo se logrará si existe un marco habilitante. Es decir, si la UNSAM genera acciones que garanticen espacios seguros y la buena convivencia inter- e intraclaustros. Por ello, no es solo el paso del tiempo el responsable de la madurez en los vínculos, sino que las políticas institucionales tendientes a respetar las diversidades y la protocolización para canalizar situaciones de discriminación y violencia son, en gran parte, responsables de una socialización fortuita entre personas LGBTIQ+ y cis heterosexuales.
Por otro lado, es importante advertir sobre la inherente relación de poder existente al comparar docentes y estudiantes. Aun a sabiendas de que incluso entre compañeres de clase pueden manifestarse desigualdades en los modos de socialización, las inequidades son mayores al comparar el vínculo entre este grupo y su equipo docente. Además, en términos interseccionales, se añaden a ellas las desigualdades por OSIGEG, lo cual da cuenta de las múltiples opresiones (Davis, 1981; Jones, 1949) que puede atravesar el estudiantado LGBTIQ+. Por tales motivos, es destacable que algunas personas expresen que no atravesaron situaciones de discriminación; o al menos, que recalquen la consolidación de espacios seguros:
“Me encontré con profesores más atentos y respetuosos”.
“Formas de escritura, expresión oral, formal y autoconocimiento de mi persona e historia de mi amada comunidad LGBTNBIQ”.
“También la presencia mayoritaria de docentes mujeres muy amables, maternales y con un fuerte liderazgo. Mis profesoras son una fuente importante de inspiración diaria, me hacen sentir cómoda y segura en la universidad”.
“A la comodidad que se siente. A la calidad humana”.
En los últimos fragmentos se destacan los ambientes respetuosos como habilitantes de una mejora de la calidad de vida, tanto entre estudiantes como con el equipo docente. Y si bien no se asocian intrínsecamente, los conceptos de comodidad, respeto y seguridad parecen estar directamente relacionados con la igualdad y la no discriminación deseada por estudiantes LGBTIQ+ para garantizar su permanencia en los espacios áulicos y extraáulicos.
Y aunque conceptos como el compañerismo quizás no estén necesariamente vinculados a la camaradería entre estudiantes LGBTIQ+ y cis heterosexuales, su puesta en práctica es, sin dudas, un aliciente que tracciona favorablemente hacia el respeto mutuo de las diversidades:
“El ambiente de compañerismo ayudó bastante”.
El compañerismo indica que los espacios seguros se construyen colectivamente, precisamente porque la discriminación y la violencia pueden ser desactivadas cuando se ha forjado una grupalidad contenedora, que no aprueba ese tipo de acciones. De este modo, si se dispara una situación de LGBTIQ-odio, la actitud reprobatoria de parte de la mayoría podrá, de algún modo, regular la situación. No obstante, es importante aclarar que esto no debe ir en detrimento de utilizar los canales institucionales para tal fin, tales como los disponibles en la DGyDS de nuestra universidad.
Otras categorías emergentes detectadas en las respuestas también llamaron nuestra atención. Son aquellas que se vinculan con la salud mental. Es cierto que pretendían remarcar que el acceso a esta incidió en la mejora en la experiencia como estudiantes. No obstante, la fragilidad encontrada en muchas personas LGBTIQ+ por las situaciones de discriminación y exclusión vivenciadas en sus trayectorias de vida demandan prestar especial atención a las consecuencias psicológicas y sociales devenidas de aquellas. Por ello, recuperamos algunos fragmentos que expresan cómo los procesos terapéuticos incidieron positivamente en el desarrollo académico y social:
“Atribuyo la mejora a la atención psicológica que empecé a consultar luego de la pandemia”.
“Me adecué mejor a la vida universitaria y empecé terapia en 2020”.
“Fui a terapia psicológica por mi cuenta, lo cual me permitió empezar a vincularme más con mis compañeres y docentes”.
“Estar en un mejor momento mentalmente”.
“Acompañamiento psicológico y apoyo en facuamigos”.
Más allá del tratamiento terapéutico escogido, en general parece haber contribuido para la continuidad en la carrera. En algunos casos, vuelve a aparecer la pandemia como un momento crítico para la estabilidad psíquica. Y en fragmentos anteriormente recolectados, la mención al apoyo entre pares parece haber incidido favorablemente en la permanencia en la universidad. En este sentido, es interesante la categoría nativa facuamigos, que ubica a quienes comparten los ámbitos de estudio como algo más que compañeres de clase. Sin dudas, la buena relación entre pares contribuye favorablemente a la autoestima de estudiantes LGBTIQ+ en la universidad, dado que impacta positivamente en su rendimiento académico y garantiza su continuidad en la UNSAM.
En contraste, debemos detenernos en las 9 personas que, en la pregunta inicial de esta sección[28], indicaron que la experiencia general como estudiantes en la UNSAM empeoró. Si bien es cierto que esta pregunta no indagó sobre discriminación con base en la OSIGEG, el 7,4 % que se inclinó por esta opción expresó algunas categorías emergentes que debemos analizar. En términos generales, los tópicos seleccionados coinciden con los de las categorías emergentes recabadas en la pregunta sobre la mejora en la experiencia de cursada. Naturalmente, en este caso son utilizados para expresar una experiencia negativa, y permiten advertir que lo que opera favorablemente para algunas personas puede impactar negativamente en otras. Por poner un ejemplo, uno de los comentarios hace alusión a los vínculos entre pares en la universidad:
“Hay personas con las que curso que no entienden la grupalidad. Son extremadamente individualistas y perjudican al grupo”.
En contraste con los comentarios positivos sobre la vinculación con estudiantes, en este caso algunas relaciones sociales parecen tener un impacto obstructivo en el rendimiento y el bienestar. Además de este comentario, también se hizo mención a una “situación de exclusión” de parte de la universidad.
Nuevamente, el tópico de la pandemia parece indicar los efectos negativos de la falta de socialización e intercambio presencial producto del confinamiento, así como la dificultad para restablecer los vínculos al retomar la presencialidad. El estrés también constituye un tópico mencionado por quienes respondieron la encuesta, atribuido a la “carga horaria” y la conciliación en el uso del tiempo. Este tipo de vicisitudes son analizadas en el apartado “Uso del tiempo”. También destacamos nuevamente la coyuntura económica como un obstáculo al rendimiento y la calidad de vida estudiantil, en sintonía con menciones a este factor en otras partes de la encuesta.
Finalmente, nos encontramos con la reaparición de la mención a la salud mental:
“Problemas de salud mental”.
No hay mucho para agregar a este tópico, que ya fue analizado. Y si bien se indicó por la negativa en solo un comentario en esta sección (el resto fue indicado para manifestar una mejora, precisamente por atravesar procesos terapéuticos), es importante destacar que la institución debe velar por la integridad psicológica de quienes circulan y habitan la universidad. Para ello, cuenta con dos dispositivos. Por un lado, el Centro de Atención Psicoanalítica (CAP) ofrece psicoterapia al estudiantado de la UNSAM, además de a les estudiantes de la Escuela Secundaria Técnica de nuestra universidad. Asimismo, la DGyDS cuenta con dispositivos de contención y, si bien no ofrece procesos de psicoterapia, sí ofrece asesoramiento con perspectiva de género y diversidad. Por ejemplo, asesoría y contención por vulneraciones psíquicas relacionadas con la violencia y discriminación por OSIGEG.
Tiempo dedicado al estudio
Como parte de la sección para evaluar la experiencia general de cursada, la pregunta “¿Cuál de los siguientes enunciados definen mejor el tiempo que dedicás al estudio?” obtuvo 122 respuestas. Como pregunta de opción múltiple –que solo permite seleccionar una respuesta–, los rangos provistos para autoevaluar el estudio iban desde “Siempre logro hacer lo que me piden” hasta “Rara vez logro hacer lo que me piden”[29]. Afortunadamente, al juntar las dos opciones más optimistas –además de la primera mencionada arriba, le seguía “Casi siempre logro hacer lo que me piden”–, observamos que una contundente mayoría de estudiantes de grado LGBTIQ+ logra cumplir con los requisitos académicos. Traducido en valores porcentuales, más de un 70 % se inclinó por alguna de ellas, lo que equivale en valores absolutos a 20 personas que siempre logran cumplir con los requisitos y 66 que lo hacen casi siempre. Mientras que un nada despreciable 26,2 % optó por la respuesta “a veces”, que equivale a 32 respuestas. Solo 4 personas confesaron atravesar una situación de mayor dificultad en el cumplimiento de los objetivos académicos, sintetizada en la categoría “Rara vez logro hacer lo que me piden”.
Gráfico 18. Autoevaluación sobre el tiempo dedicado al estudio.
(En valores absolutos, n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
La siguiente pregunta[30] permitió conocer los principales obstáculos para el cumplimiento del tiempo dedicado al estudio, disponible exclusivamente para quienes habían marcado los rangos “a veces” o “rara vez” en la pregunta anterior. De las 36 respuestas[31], hubo 19 que manifestaron que no logran congeniar ese tiempo con el trabajo remunerado (un 52,8 % de los casos). En cantidad de respuestas, le sigue la categoría “Se me hace difícil congeniar ese tiempo con las tareas de cuidado y trabajo no remunerado”, con 16 respuestas o un 44,4 %.
Más allá de los inconvenientes en la conciliación en el uso del tiempo, el espacio físico fue otro motivo que incide en la dedicación al estudio. Hubo 9 personas que expresaron la falta de un lugar apropiado para estudiar, lo que da como resultado dificultades para la concentración en el hogar u otros ámbitos utilizados para el estudio. También se destaca la categoría que hacía alusión a la dificultad para abordar el material de estudio, lo cual fue indicado por 6 personas. Finalmente, las categorías emergentes retomaron una temática abordada con antelación, la “salud mental”. Otras hicieron mención de la procrastinación y la dificultad para concentrarse, mientras que una respuesta hizo alusión a la “discapacidad cognitiva”.
En síntesis, observamos que el grupo de estudiantes LGBTIQ+ logró, por lo general, hacerse del tiempo y espacio suficientes como para avanzar en sus objetivos académicos. No obstante, existe un considerable número de personas que atraviesan dificultades para cumplir con esas tareas, enraizadas tanto en la falta de tiempo/espacio como en las dificultades psicosociales y cognitivas.
Asistencia a clase
La segunda pregunta[32] de esta sección requería reflexionar sobre inconvenientes que pudieran incidir negativamente en la asistencia a clase. Con un total de 122 respuestas, las opciones para responder y sus valores son los siguientes[33]:
- No me da el tiempo (por el trabajo, tareas de cuidado, etc.): 33 respuestas (27 %).
- Vivo muy lejos de la universidad: 15 respuestas (12,3 %).
- No tengo plata para pagar el transporte público y/o comer en la universidad: 6 respuestas (4,9 %).
- No me siento segura/o/e de moverme en transporte público o caminar por la calle: 4 respuestas (3,3 %).
Aquí observamos nuevamente algunos patrones que se vienen repitiendo en otras secciones de la encuesta. Por ejemplo, se advierte la dificultad para conciliar el uso del tiempo, bien por la carga horaria del trabajo o las tareas de cuidado. De manera complementaria, la distancia entre el hogar y la universidad es otro factor que impacta en la rutina cotidiana. En tanto que el factor económico impacta negativamente en el sostenimiento de la asistencia a clase en algunos casos. Y finalmente aparece la seguridad como una traba al cumplimiento de ir a clase. En este caso, ello se debe no solo al transporte utilizado para trasladarse desde y hacia la universidad, sino también al espacio público por el que este grupo de estudiantes LGBTIQ+ circula.
En contraste, la opción “No me siento afectada/o/e por ninguna situación que me impida ir a cursar” fue escogida por 56 personas, lo que en términos porcentuales significó un 45,9 % de respuestas. Entendiendo que es una categoría que indica una buena performance en lo que respecta a la asistencia a la universidad, es positivo observar un número considerablemente alto de respuestas para esta opción. Es decir, cerca de la mitad de les participantes en la encuesta no declara impedimentos a la adherencia a la cursada.
Espacios físicos preferidos en la UNSAM
Antes de analizar los resultados de la siguiente pregunta, es importante explayarse brevemente sobre la categoría de espacio físico, entendiendo que en el caso de la universidad son parte de lo que denominamos espacio público.
El análisis del espacio público es muy útil para comprender a las poblaciones LGBTIQ+, dado que su circulación por este puede impactar tanto favorable como negativamente, puede ser un espacio para la visibilidad pero también para la discriminación. Por ejemplo, el espacio público ha servido para que el activismo por los derechos de la diversidad de sexo-género se posicionara como grupo de influencia para su consagración, lo cual les otorga una mayor legitimidad (Figari, 2010; Figari et al., 2005; Moreno, 2008; 2010; Settanni, 2013; en Prieto, 2021). En última instancia, el uso estratégico de ciertos espacios públicos en momentos clave –como por ejemplo, las marchas del orgullo– les permitió instaurar una agenda, además de haber ubicado a estos grupos en lugares de mayor centralidad en la esfera pública. Pero precisamente esta mejora en la estructura social –argumento que, no obstante, debe tomarse con cautela– ha generado actitudes reaccionarias. Ciertos grupos y personas influyentes (y no influyentes) sienten aversión por el mayor protagonismo de algunos sectores LGBTIQ+, que los hace “políticamente y culturalmente visibles” (Parrini et al., 2011, p. 148). Y cuando este rechazo se radicaliza, la violencia aumenta y podemos encontrarnos frente a crímenes de odio motivados por la pertenencia al grupo LGBTIQ+, de modo que se vulnera incluso el derecho a la vida de estas personas.
Un ejemplo de prácticas manifestadas en el espacio público también sirve para reflexionar sobre la vulnerabilidad de las poblaciones de la diversidad sexo-genérica, incluso en contextos de mayor aceptación social. Las disposiciones públicas de afecto (PDA, por sus siglas en inglés)[34], tales como besarse, acariciarse, abrazarse o ir de la mano, suelen causar rechazo cuando son practicadas por personas LGBTIQ+. Así, una pareja de lesbianas o de varones gays posiblemente atraviese mayores efectos negativos que las parejas heterosexuales en la vía pública o espacios de socialización, debiendo enfrentar mayores grados de marginalización (Kent y El-Alayli, 2011). Las estrategias de disimulo y evitación de ciertos espacios u horarios confirma que “los territorios no estaban pensados ‘para’ los homosexuales; al contrario, eran apropiados y explotados por estos mientras el resto de la ciudad no lo advertía” (Meccia, 2019, p. 11). Ahora bien, este doble estándar (Pecheny, 2001) acarrea, sin dudas, consecuencias psicológicas negativas y exclusiones a ciertos ámbitos de socialización.
Por lo dicho hasta aquí, es fundamental rastrear qué sienten las personas LGBTIQ+ al circular por los espacios de la universidad. En la medida en que sientan seguridad y confianza al transitarlos y usarlos, podemos afirmar que la universidad constituye un espacio seguro.
Pasando al análisis de la pregunta “De haber algún espacio físico de la universidad que te guste, ¿podrías indicarnos cuál es y por qué?”, esta constituyó una pregunta de texto largo[35], en contraste con la mayor parte de las preguntas analizadas en este capítulo. Para situar geográficamente los espacios seleccionados en las respuestas, compartimos el plano del campus Miguelete[36] de la UNSAM:

Fuente: Gerencia de Comunicación – UNSAM (2024).
Si bien la selección de espacios predilectos en la UNSAM no pretendía asociarlos intrínsecamente con la idea de espacios seguros para personas LGBTIQ+, la preferencia por espacios de tipo comunal da cuenta de que, efectivamente, el grupo de estudiantes de grado LGBTIQ+ socializa en la arquitectura del campus. Esto, a priori, parece indicar seguridad y bienestar en su tránsito y permanencia.
El espacio nombrado más veces en las respuestas es el Edificio Tornavías, ubicado en el campus Miguelete. Con un total de 28 menciones, destacaron su patio interno, las escaleras contiguas y los espacios en donde da el sol. Asimismo, se valoró la posibilidad de distenderse y el hecho de constituir un lugar de encuentro con compañeres de clase. La biblioteca fue el segundo lugar más mencionado, con 22 comentarios. Se valoró su tranquilidad y comodidad. También se destacó por ser un espacio rodeado de libros. La sala silenciosa que se encuentra allí también fue valorada, en más de una oportunidad.
Respecto a las áreas verdes del campus, se apreció que la universidad cuente con zonas parquizadas para “tirarse al solcito”, “estudiar o pasar el tiempo libre” y “despejar la cabeza entre clase y clase”. Este tipo de espacios son considerados como de relax y aptos para la socialización, además de constituir ámbitos necesarios, según los participantes de la encuesta. Finalmente, algunos comentarios destacaron el campus como un espacio preferido en su totalidad. En estos casos, valoraron su extensión, cuya vista abierta permite observar los edificios y su amplitud, así como la vegetación.
En síntesis, hay una tendencia positiva en la valoración de los espacios de la universidad, los cuales son apreciados por su arquitectura y funcionalidad, la integración con el entorno y la posibilidad de socializar, relajarse y concentrarse para estudiar. Si bien los comentarios, por lo general, no mencionaron expresamente los ámbitos públicos de la UNSAM como “espacios seguros” para las personas LGBTIQ+, el optimismo encontrado en los comentarios en esta pregunta permite inferir que, al considerarlos como espacios confortables para socializar y distenderse, el estudiantado LGBTIQ+ hace uso de éstos sin miedo a enfrentar situaciones de discriminación.
Mediante estos ejemplos, observamos que las políticas de género y diversidad implementadas por la DGyD impactan también en el espacio urbano. Aun cuando la infraestructura no fue necesariamente concebida con perspectiva de género, los valores de igualdad, reciprocidad y respeto mutuo adjudicados a la agenda LGBTIQ+ implementada por la UNSAM tienen un impacto positivo también en los espacios de circulación y socialización.
Discriminación por orientación sexual o identidad de género
Una pregunta de refuerzo en la misma sección que estamos analizando aquí sirvió para repreguntar sobre posibles situaciones de discriminación en función de la OSIGEG, esta vez sin necesariamente asociarla a ninguna etapa de la carrera en particular. El 9 % de las respuestas fueron afirmativas, lo que equivale a 11 personas de un total de 122 que respondieron esta pregunta. En tanto que dos personas (1,6 %) se inclinaron por la opción “prefiero no responder” que, por la magnitud de la pregunta, posiblemente indique que sí atravesaron una situación discriminatoria pero optan por no hacer comentarios al respecto. Luego, un 4,1 % marcó “no lo sé / no lo recuerdo”, que equivale a 5 personas.
Más allá de que debamos prestar atención a estos valores porque, efectivamente, observamos que un grupo de estudiantes LGBTIQ+ efectivamente atravesó este tipo de situaciones en nuestra universidad, por otra parte es ampliamente favorable observar que, de las 122 respuestas, 104 nos indican que no hubo situaciones de discriminación por OSIGEG. Dicho de otro modo, un 85,2 % no atravesó este tipo de vulneraciones de sus derechos, al menos por estos motivos, en la UNSAM.
Gráfico 19. ¿Te sentiste discriminada/o/e alguna vez por tu orientación sexual y/o tu identidad de género en la UNSAM? (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Para los 11 casos que manifestaron haber experimentado actos discriminatorios, se encontró disponible la siguiente pregunta: “¿Podrías indicar el claustro al que pertenece la persona o grupo que ejerció la actitud discriminatoria hacia vos?”[37]. Si bien era una pregunta obligatoria para este segmento de participantes (derivados de la pregunta anterior, al responder afirmativamente), la intensidad del tópico podría causar revictimización. Por ello, dentro de las opciones de respuesta se ofrecía la posibilidad de marcar “no lo sé / no lo recuerdo” y “prefiero no responder”. Dos personas optaron por esta última opción. Dentro de quienes indicaron los claustros, las respuestas apuntan mayoritariamente hacia el claustro estudiantil: 6 de las 11 personas que respondieron esta pregunta indicaron que las situaciones discriminatorias sufridas acontecieron entre pares. A priori, este dato nos hace reflexionar sobre la necesidad de reforzar nuestras estrategias de sensibilización, precisamente con este claustro, así como fortalecer los lazos con las autoridades de las diferentes unidades académicas.
Los otros dos claustros mencionados en las respuestas fueron los siguientes: claustro docente, marcado por 2 personas; claustro no docente, marcado por 1 persona. Nadie indicó haber sufrido discriminación por parte de las autoridades.
Gráfico 20. Claustro al que pertenece la persona/grupo que ejerció la actitud discriminatoria (n=11)

Fuente: elaboración propia (2024).
El Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica en la Argentina (Manzelli et al., 2024) también indagó sobre situaciones de discriminación y agresión, en este caso en ámbitos educativos en general[38]. Un 16,7 % de quienes asistían a algún establecimiento educativo al momento de responder la encuesta señaló haber sufrido discriminación o agresiones por parte del equipo docente, autoridades o personal administrativo. Al observar los números sobre actos discriminatorios o de violencia ejercidos por compañeres de clase, el porcentaje asciende a un 20 %. En sintonía con la encuesta realizada en la UNSAM, el relevamiento a nivel nacional da cuenta de mayores índices de violencia y discriminación entre pares.
En síntesis, las situaciones discriminatorias hacia estudiantes LGBTIQ+ existen en nuestra universidad, más allá de que los números absolutos sean bajos. La cotidianeidad compartida con el resto del estudiantado, que lleva a compartir también momentos extraáulicos, puede constituir una oportunidad para fortalecer lazos con pares. Pero también puede disparar situaciones discriminatorias que la institución debe vigilar.
Uso del tiempo
La sección 8, la última de la encuesta, indagó sobre el uso del tiempo mediante una serie de preguntas que contemplaron cómo utilizan/distribuyen las horas del día les estudiantes de grado LGBTIQ+ de la UNSAM. Si bien en la sección previa se consultó acerca del tiempo dedicado al estudio e ir a clase, esta sección pretendió analizar qué otras actividades realiza este grupo. Por ejemplo, trabajo remunerado, de cuidado o trabajo no remunerado, además de actividades de ocio, formación adicional, etc.
Situación de los ingresos personales
La primera pregunta en esta sección de la encuesta, “¿Estás realizando algún tipo de trabajo remunerado?”, buscaba conocer la situación laboral. Contemplaba trabajos fijos, eventuales, freelance[39], changas[40], entre otros. Con un n=122, el 66,4 % (81 personas) manifestó realizar algún tipo de tarea remunerada y el 33,6 % (41 personas) indicó lo contrario.
Gráfico 21. ¿Realizás algún trabajo remunerado? (En valores porcentuales, n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Los resultados de personas ocupadas en alguna actividad remunerada son inferiores en un 11 % a los compartidos en el Primer Relevamiento Nacional de Condiciones de Vida de la Diversidad Sexual y Genérica en la Argentina: “En lo que respecta a la condición de actividad, el 77,4 % de las personas que participaron del estudio se encontraban ocupadas” (Manzelli et al., 2024, p. 39).
No obstante, a diferencia de la encuesta llevada a cabo en la UNSAM, el universo poblacional del censo es transgeneracional, además de haber sido implementado en todo el territorio nacional. Tal como indicamos en el apartado “Edad y lugar de residencia”, la población participante en la encuesta tiene una edad promedio de 28,16 años, por otra parte prácticamente coincidente con los 28 años[41] promedio del universo total estudiantil de la UNSAM (UNSAM, 2024). Además de tratarse de población mayoritariamente joven, la población relevada en nuestra encuesta responde a un grupo particular, el universitario de grado. A priori, podríamos plantear que la menor tasa de ocupación puede deberse a dos motivos. Primeramente, puede haber un grupo que no se encuentre en la necesidad de realizar tareas remuneradas, que dedica su tiempo a actividades de estudio u otras.
Pero también es sabido que es más difícil la inserción en el mundo laboral en generaciones más jóvenes. Por ejemplo, al comparar la tasa de empleo entre varones de 30 a 64 años con la del grupo de entre 14 a 29 para el 2.º trimestre de 2024 en Argentina, observamos que esta es de 87,7 % para los de mayor edad y disminuye notoriamente en los más jóvenes, siendo de 44,8 % (INDEC, 2024). Las cifras empeoran al analizar los mismos rangos etarios para las mujeres[42]: la tasa de empleo del segmento de 30 a 64 años para el mismo período es de 67,6 %, y disminuye a tan solo el 35,5 % para el grupo etario 14-29 años. Con estos datos, no debe sorprender que parte de aquel 33,6 % de estudiantes de grado LGBTIQ+ en la UNSAM que no tiene trabajo se encuentre en la necesidad de realizar una actividad remunerada.
Finalmente, retomando la cifra del 66,4 % que indicó estar realizando alguna clase de trabajo, la siguiente pregunta indagó más específicamente sobre el tipo de inserción laboral. Del universo de 81 personas que respondió esta pregunta, un 48,1 % (39 personas) indicó que realiza un trabajo en comercio, empresa, institución pública, ONG, fábrica, etcétera. En tanto que un 28,4 % (23 personas) se considera trabajador/a/e independiente (que incluye los mencionados freelance, trabajos eventuales, changas, etc.). Es interesante observar que un 11,1 % (9 personas) es monotributista, categoría que incluyó a quienes, teniendo una relación laboral permanente con una empresa o institución, le facturan por servicios prestados en lugar de estar en relación de dependencia[43]. Finalmente, quienes están como pasantes o reciben alguna beca representaron el 8,6 % (7 respuestas).
Gráfico 22. Tipo de trabajo realizado como actividad principal (n=81)

Fuente: elaboración propia (2024).
Cuidados, trabajo no remunerado y actividades recreativas
La última parte de la sección 8 de la encuesta rastreó posibles tareas de cuidado no remuneradas[44] realizadas y actividades de tipo recreativo o de voluntariado (estas últimas, llevadas a cabo en la universidad). La primera pregunta solicitó indicar si se estaba o no al cuidado de niñeces/adolescencias, personas adultas mayores o personas con discapacidad (o una enfermedad o infección crónica que requiera asistencia). De las 122 respuestas, más de ¾ manifestó no realizar tareas de cuidado (76,2 %). De quienes sí ejercen esta actividad, la mayor parte está al cuidado de personas adultas mayores (9,8 %). El grupo “niñeces y adolescencias” se posicionó en segundo lugar, con un 8,2 %. En tercer lugar, se encuentra el grupo que enunció estar al cuidado de personas que requieren asistencia (por discapacidad, enfermedad, etc.). Fueron un 5,7 % de las respuestas.
Gráfico 23. ¿Realizás tareas de cuidado? ¿Cuál/es? (n=122)

Fuente: elaboración propia (2024).
Como puede observarse, una mayoría de estudiantes LGBTIQ+ en la UNSAM no se encuentra al cuidado de otras personas. Puede deberse, por un lado, a que el rango etario es predominantemente joven, además de constituir población universitaria. Existen diversos estudios que dan cuenta de los bajos índices de mujeres que, siendo estudiantes universitarias, deciden maternar. Por ejemplo, en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco de México, el rango de estudiantes que eran madres era menor al 6 % (Miller y Arvizu, 2016). Sumado a ello, al haber trabajado con población LGBTIQ+ en nuestra encuesta, la diversidad de géneros excede a la categoría mujeres o personas con deseo de maternar/paternar. Pero, fundamentalmente, existen particularidades al trabajar con población de la diversidad de sexo-género que la distinguen del grupo cis heterosexual. Por ejemplo, según una investigación de SAGE, las personas LGBTIQ+ tienen “cuatro veces menos probabilidades de tener hijos” (2021, sin p.) que sus pares cis heterosexuales. Esto, por ejemplo, podría ser una razón que justifique los bajos índices de cuidado de niñeces y adolescencias declarados en nuestra encuesta. Pero, otra vez, no debemos olvidar que el factor etario y el carácter universitario de nuestra población juega un papel importante en estas decisiones.
Finalmente, la segunda pregunta de esta sección solicitaba indicar si se realizaban actividades artísticas/culturales, deportivas o trabajo voluntario. Para responder afirmativamente, estas debían estar localizadas en la UNSAM. En general, una gran mayoría no participa en este tipo de actividades en la universidad. El porcentaje más alto se dio para las actividades artísticas/culturales, con casi un 23 %. Luego, las actividades deportivas son realizadas por aproximadamente el 13 % de participantes en la encuesta. Y en último lugar se encuentran quienes efectúan trabajo voluntario, en algo más de un 11 %.
Dados los bajos porcentajes de participación, es importante continuar aunando esfuerzos con la Dirección de Deportes (Secretaría de Extensión y Vinculación), Voluntariado UNSAM (Dirección de Bienestar y Extensión) y las diferentes áreas o unidades académicas que ofrecen talleres artísticos para fortalecer la difusión, garantizar los espacios seguros en donde se desarrollan y velar por una mayor diversidad de sexo-género en los ámbitos de participación. Por otro lado, si bien la mayor parte del grupo que respondió la encuesta no efectúa tareas de cuidado, la sobrecarga producto de la conciliación entre los tiempos dedicados a estudiar y asistir a clase con las tareas remuneradas (que muches sí realizan) posiblemente influye negativamente en la participación en estos ámbitos.
Para finalizar, la medición del uso del tiempo permitió observar que, si bien por lo general el estudiantado LGBTIQ+ de la UNSAM cumplimenta los requisitos académicos, la carga horaria laboral constituye el primer obstáculo a la hora de enfrentar los desafíos que demandan sus carreras. Asimismo, las tareas de cuidado y los tiempos invertidos en viaje implican desafíos adicionales, como también la falta de un lugar adecuado para estudiar. Teniendo en cuenta que la población LGBTIQ+ debe sortear barreras de acceso a derechos, discriminación y exclusión, es primordial asociar estas vicisitudes a los posibles obstáculos en sus trayectorias estudiantiles, allende los que se presentan para el total del estudiantado.
Conclusiones
Comprender la experiencia en el acceso y permanencia de estudiantes de grado LGBTIQ+ de la UNSAM constituyó el motor de la encuesta que dio origen a este capítulo. Como universidad pública, debemos velar por la continuidad en las trayectorias estudiantiles, garantizando ámbitos inclusivos y democráticos. Para ello, se requiere de políticas institucionales que no solo garanticen la buena calidad académica, sino también la convivencial.
El estudiantado LGBTIQ+, aunque parte del claustro estudiantil en su conjunto, forma parte de una comunidad históricamente vulnerada. La sistemática discriminación y violencia sufridas impactó fuertemente en el desarrollo socioeconómico, psicosocial y cultural de las personas cuyas OSIGEG no se corresponden con la norma cis heteropatriarcal. Este grupo ha sido muchas veces marginalizado del ámbito familiar, escolar, laboral e institucional. Pero también ha desplegado fuertes estrategias de resiliencia, aunque no sin costos. Como institución, este debe ser nuestro punto de partida para pensar en una agenda que atienda sus necesidades.
En líneas generales, los datos que arrojó la encuesta nos permiten concluir que existe una buena relación entre este grupo y la institución que les aloja. Por lo general, se constata una buena valoración de la UNSAM, en la que se destaca su calidad académica, un atractivo espacio físico para el esparcimiento y la concentración y buenos niveles de socialización entre pares, equipos docentes y personal no docente.
Este grupo de estudiantes eligió carreras de diversas escuelas de la UNSAM, campos disciplinares tan variados como ingenierías y tecnologías, ciencias sociales y humanas y disciplinas artísticas. Por lo general joven, este grupo no obstante expone una amplitud etaria considerable. La mayoría ha ingresado luego de la pandemia, aunque también hubo quienes lo hicieron durante aquel período, de modo que manifestaron las dificultades de socialización, la pérdida de espacios de convivencia y la dificultad para reincorporarse a la presencialidad.
Precisamente, la socialización fue altamente apreciada, especialmente aquella con compañeres de clase. Este dato no es menor, teniendo en cuenta los altos índices de acoso y exclusión que el grupo LGBTIQ+ debió enfrentar históricamente, sobre todo en instituciones educativas, que los dejó al margen de un íntegro encuentro con otres. Y en este sentido, aunque los casos confirmados de discriminación por OSIGEG en la encuesta hayan sido bajos, por lo general sucedieron con pares.
Respecto a las diferentes instancias como estudiantes de la universidad, por lo general les otorgaron buen puntaje a todas las etapas y también fue positiva la valoración general. El proceso de inscripción fue apreciado por su fluidez y, a excepción de algunas dificultades para acceder a la información, lograron la inscripción en tiempo y forma. Pocas personas asociaron dichas dificultades a la discriminación por OSIGEG. Al responder sobre el primer año cursado, la mayor parte recuerda que esta fue una buena etapa. Y aunque aproximadamente un tercio observó dificultades, generalmente estuvieron relacionadas con la socialización, la conciliación con otras tareas o con acoplarse al ritmo universitario.
Ahora bien, también hubo manifestaciones sobre situaciones discriminatorias, las cuales incidieron en la permanencia en la universidad. Por ejemplo, casos de interrupción temporaria en la cursada por estos motivos. Teniendo en cuenta que la encuesta estaba destinada a estudiantes regulares (al momento de responderla), posiblemente hayan existido casos de abandono por discriminación en años previos, sobre todo en momentos en los que había menos disponibilidad de políticas de género y diversidad. En este sentido, es bueno reflexionar sobre los cambios sociales favorables en nuestra comunidad universitaria, a propósito de la implementación de dichas políticas. Y de cara al futuro, en la ejecución de un monitoreo más exhaustivo de las trayectorias LGBTIQ+ que permita decidir qué políticas pueden implementarse para atender necesidades específicas de esta población.
Sobre la etapa avanzada de cursada, por lo general las respuestas apuntaron a que fue una “muy buena” o “buena etapa”; también hubo una valoración positiva respecto a la socialización. Aunque otra vez, hubo aproximadamente un tercio que manifestó haber vivenciado situaciones de agresión. Más allá de estas vicisitudes, el hecho de estar en un estadio avanzado de la carrera pareció ser bien recibido por les participantes de esta encuesta. El achicamiento de los grupos y el conocerse mejor con sus pares parece haber tenido un efecto positivo en un grupo social que, por su OSIGEG, ha sido más reticente a los espacios masivos de socialización. En este sentido, lograr vínculos sólidos con pares y docentes en ámbitos de menor masividad parece impactar en una mayor adherencia a la cursada, de modo que se alcanza el objetivo de garantizar la permanencia en la universidad.
Ahora bien, la institución no puede garantizar espacios con menos personas, sobre todo en los primeros años de las carreras. Por ello, debe sensibilizarse sobre la necesidad del respeto mutuo para fortalecer los vínculos desde las primeras instancias de la carrera, entendiendo que es allí en donde existe menos conocimiento de la institución, el equipo docente y el estudiantado; y ello puede elevar niveles de desconfianza, miedo y angustia que repercutan en sus trayectorias universitarias. Para ello, se necesitan acciones coordinadas entre las diferentes escuelas y la DGyDS, que detecten situaciones hostiles tempranamente, que fortalezcan la idea de camaradería y reciprocidad en los grupos y generen conciencia sobre los efectos negativos del acoso y otros actos violentos o discriminatorios en ámbitos educativos.
Finalmente, el uso del tiempo permitió comprender si existe sobrecarga horaria producto de las tareas realizadas y, de existir, qué impacto genera en relación con el estudio. El complejo contexto socioeconómico de la Argentina, con problemas estructurales y otros coyunturales, implica mayor pobreza, desigualdad y precarización laboral. Cuando se está frente a una economía doméstica deprimida como consecuencia del aumento del costo de vida, se presentan grandes desafíos –como la necesidad de trabajar más horas o tener múltiples trabajos–, que terminan por vulnerar el derecho a la educación. Sumado a ello, la realización de trabajo no remunerado en el hogar puede socavar aún más la permanencia en la universidad. Por ello, no es de sorprender que se encuentren referencias a la falta de tiempo para estudiar o hacer trabajos domiciliarios. Más allá de que estas vicisitudes no son exclusivas de estudiantes LGBTIQ+, las múltiples opresiones ejercidas sobre este grupo demandan especial atención institucional, especialmente en épocas de crisis. Por ejemplo, podría pensarse en becas específicas para estudiantes LGBTIQ+, entendido como un grupo vulnerado. También, la articulación con bolsas de trabajo que tengan búsquedas activas para la contratación de personal LGBTIQ+.
En síntesis, el trabajo de transversalización de políticas de género y diversidad sexual llevado a cabo por la DGyDS ha dado muy buenos resultados. La valoración positiva que se tiene de la universidad, allende la calidad académica, da cuenta de que la agenda de género implementada por dicho espacio, en articulación con otras áreas de la universidad, consolida a la UNSAM como una casa de estudios que garantiza ámbitos seguros y contiene las situaciones de violencia y discriminación con base en la OSIGEG.
No obstante, el hecho de que continúen presentándose situaciones de discriminación y violencia contra las personas LGBTIQ+ implica sostener las políticas que se encuentran activas, fortalecer aquellas que fuere necesario y diseñar nuevas que atiendan las vulneraciones específicas que atraviesa este grupo social, con sus particularidades y necesidades. Para ello, es menester fortalecer la difusión del trabajo realizado por la DGyDS, para tener una mejor llegada al estudiantado LGBTIQ+, sobre todo en la etapa inicial de cursada. La continuidad del trabajo de la DGyDS y la articulación con las unidades académicas son la garantía para obtener buenos resultados en el tránsito, permanencia y, en última instancia, graduación de este grupo de estudiantes.
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- Lesbiana, gay, bisexual, trans (transexual, transgénero)/travesti, queer y otras orientaciones sexuales e identidades de género.↵
- Puede presentarse alguna variación en estos datos, puesto que el dato total de estudiantes de grado provisto en el mencionado informe corresponde al año anterior al que fue efectuada la encuesta.↵
- Dado que la encuesta indaga sobre orientación sexual e identidad de género, la opción de la heterosexualidad se contempla para aquellas personas que, siendo no cis, se autoperciben como de esa orientación sexual. Por ejemplo, puede que una persona se autoperciba trans y heterosexual.↵
- Estimativo sobre el total poblacional.↵
- Lebianas y gays.↵
- Categorías que expresan las personas que responden la encuesta. No son categorías provistas por la encuesta, sino agregadas manualmente en un casillero para tal fin. ↵
- Travesti/transgénero/transexual y no binarie. El “+” incluye otras identidades (por ejemplo, género fluido).↵
- Zona urbana conformada por la CABA y 40 municipios de la provincia de Buenos Aires: Almirante Brown, Avellaneda, Berazategui, Berisso, Brandsen, Campana, Cañuelas, Ensenada, Escobar, Esteban Echeverría, Exaltación de la Cruz, Ezeiza, Florencio Varela, General Las Heras, General Rodríguez, General San Martín, Hurlingham, Ituzaingó, José C. Paz, La Matanza, Lanús, La Plata, Lomas de Zamora, Luján, Marcos Paz, Malvinas Argentinas, Moreno, Merlo, Morón, Pilar, Presidente Perón, Quilmes, San Fernando, San Isidro, San Miguel, San Vicente, Tigre, Tres de Febrero, Vicente López y Zárate.↵
- Es la denominación utilizada para los partidos que lindan con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, La Matanza (una parte), Morón, Tres de Febrero, San Martín, Vicente López, San Isidro. Para mayor información, puede visitarse https://atlasconurbano.info/pagina.php?id=170.↵
- “Salir del armario” (o “salir del clóset”) es una expresión utilizada para describir el acto voluntario y público de una orientación sexual o identidad de género por fuera de la norma cis heterosexual. El armario en la expresión da cuenta de la sensación de encierro que atraviesan las personas LGBTIQ+ por tener que esconder o disimular sus deseos sexo-afectivos e identitarios por miedo a la discriminación y los prejuicios sociales.↵
- Orientación sexual.↵
- De esta manera aparece mencionado el vínculo de hermandad en la encuesta: a/o/e para femenino, masculino y persona no binaria respectivamente.↵
- En las filas de esta pregunta se ubican diferentes escenarios que, en este caso, representan posibles reacciones al haber compartido la orientación sexual. En las columnas, están las opciones “sí”, “no”, “no lo sé / no lo recuerdo” y “prefiero no responder”. Las personas participantes en la encuesta deben marcar obligatoriamente un casillero en cada una de las columnas, lo que resulta en una respuesta por fila (es decir, por escenario; incluso si optaran por no responder deberán marcar la opción provista para tal fin). ↵
- N: 2192.↵
- Equivalente a la opción “reaccionó como aceptación, amor y/o palabras de aliento” de nuestra encuesta. ↵
- Equivalente a la opción “reaccionó con violencia y/o te insultó” de nuestra encuesta.↵
- Las siglas TT se refieren a personas travestis-trans, y NB a personas no binarias.↵
- El término es sujeto de debate, dado que buena parte de la literatura LGBTIQ+ y el activismo es crítica de su uso. ↵
- “¿Cómo definirías la experiencia de inscripción en la UNSAM?”. Pregunta de tipo “varias opciones”, la cual despliega una serie de respuestas y permite marcar solo una.↵
- Pregunta de tipo “casillas”, que permite marcar una o más opciones.↵
- Curso de Preparación Universitaria.↵
- Nombre escogido por personas TT y NB que sienten la necesidad de utilizar un nombre acorde con su identidad de género en los diferentes ámbitos e instituciones por los que circulan.↵
- Pregunta de tipo “casillas”, que permite marcar una o más opciones.↵
- Distanciamiento social, preventivo y obligatorio y aislamiento social, preventivo y obligatorio, Decreto 125/2021 / DECNU-2021-125-APN-PTE.↵
- No obstante, se infiere que la persona retomó sus estudios con posterioridad; caso contrario, no habría respondido la encuesta dado que esta estaba destinada a estudiantes regulares (no exestudiantes). ↵
- Pregunta de opción múltiple, las cuales solo permiten seleccionar una respuesta.↵
- En realidad, constituyeron dos preguntas diferentes, según la respuesta escogida en la pregunta anterior: “¿A qué atribuís esa mejora?”, para los casos que consideraron que la experiencia mejoró con el correr del tiempo; “¿A qué atribuís el empeoramiento?”, para aquellas personas que habían indicado que la experiencia como estudiantes empeoró progresivamente.↵
- A modo de recordatorio, la pregunta era: “En líneas generales, dirías que tu experiencia como estudiante en la UNSAM, desde que comenzaste a estudiar a la actualidad…”. Las opciones de respuesta eran “mejoró”, “empeoró” y “se mantuvo igual”.↵
- En total, se daban 4 opciones para responder, en grado descendente.↵
- Pregunta de tipo “casillas”, que permite marcar una o más opciones.↵
- El formato de casillas de esta pregunta implica que las 36 respuestas no necesariamente equivalen a 36 personas.↵
- Esta pregunta era de opción múltiple, lo que significa que solo se permitía marcar una respuesta por persona. ↵
- Se presentan en orden descendente, comenzando por la que tuvo mayor cantidad de respuestas.↵
- Categoría utilizada en el ámbito de las ciencias sociales y los derechos humanos para analizar las prácticas afectivas en la calle, el transporte público, espacios de ocio, etc. Sirve para monitorear las desigualdades entre personas LGBTIQ+ y cis heterosexuales, precisamente porque parten del supuesto de que existe un mayor rechazo cuando son practicadas por las primeras. ↵
- Este tipo de pregunta habilita respuestas abiertas, utilizando las propias palabras de quien responde en un espacio ubicado para tal fin. Además, permite explayarse en mayor detalle, precisamente por ello es de “texto largo”.↵
- Si bien la universidad tiene diversas sedes, el campus es su sede central.↵
- La pregunta hace alusión a los claustros docente, estudiantil y no docente (personal de la universidad). Asimismo, también a autoridades.↵
- El informe contempla establecimientos educativos como escuelas y universidades.↵
- Término del inglés utilizado para describir a trabajadores independientes que ofrecen servicios de manera autónoma, sin estar de manera fija en una empresa.↵
- Término coloquial que se utiliza para referirse a trabajos ocasionales, de tipo temporal y sin un contrato formal.↵
- El promedio en el informe de gestión representa al conjunto de estudiantes de pregrado, grado y posgrado.↵
- En este informe de INDEC, los datos se encuentran desagregados según el binarismo de género hombre-mujer. No se ofrecen datos que representen otras identidades de género. ↵
- Definición que describe un vínculo laboral formal entre trabajadores y empleadores, con tareas, horarios y normas definidas a cambio de un salario fijo. Contempla por ley protecciones laborales, vacaciones y licencias, e incluye contribuciones a la seguridad social.↵
- Actividades sin percibir ingresos económicos que involucran la atención y el cuidado de personas que lo requieran. También contempla tareas realizadas en el hogar para su mantenimiento.↵









