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Ni Una Menos:
el grito que movilizó a la Argentina contra la violencia machista

Análisis de las cifras de femicidio a 8 años del primer Ni Una Menos

Julieta Martinelli y Analía Morra[1]

Resumen

A raíz de la visibilidad que cobraron los femicidios en Argentina, producto de la acción del movimiento feminista, en diciembre del año 2012 se reformó el art. 80 del Código Penal mediante la ley 26.791, incorporando como un “tipo agravado de homicidio al cometido por un hombre en perjuicio de una mujer mediando violencia de género”. De esta manera, se logró incorporar en la agenda política argentina el concepto de “femicidio” para definir y nombrar los asesinatos de mujeres por su condición de género.

Pero no fue sino hasta junio de 2015, con el grito de Ni Una Menos en más de 200 ciudades del país luego de que se conociera el femicidio de Chiara Paez, que se tomaron medidas concretas en los distintos poderes del Estado: el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación creó la Unidad de Registro, Sistematización y Seguimiento de Femicidios y Crímenes Agravados por el Género; en el mismo sentido, la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación anunció la creación del Registro Nacional de Femicidios de la Justicia Argentina (RNFJA), el primer registro oficial de femicidios con el que hemos podido contar luego de seis años de sancionada la ley 26.485, norma que, dentro de sus preceptos, establece la creación de estadísticas que permitan elaborar políticas para prevenir, sancionar y erradicar la violencia machista en nuestra sociedad.

A pesar de lo estipulado en la ley, incluso hasta el día de hoy, se mantiene vigente la falta de datos oficiales actualizados y dados a conocer de manera permanente, ya que el informe del RNFJA se publica anualmente y en los meses posteriores al cierre de cada año. Ante esta realidad, una de las estrategias de visibilidad que nos dimos las organizaciones feministas y de la sociedad civil fue la de elaborar nuestros propios registros estadísticos para dar a conocer la magnitud de la problemática que estábamos denunciando a diario, siendo la ONG La Casa del Encuentro, a través de su Observatorio Adriana Marisel Zambrano, la primera en construir datos estadísticos de los femicidios en el país desde el año 2009.

En esta misma línea, desde el observatorio de las violencias de género Ahora Que Sí Nos Ven, nos propusimos relevar los femicidios ocurridos luego de la masiva movilización Ni Una Menos del 3 de junio del 2015 con el objetivo de visibilizar una de las formas más extremas que cobra la violencia por motivos de género y denunciar la ineficiencia de las políticas públicas destinadas a aplicar las leyes de protección de los derechos humanos de las mujeres vigentes desde hace años en todo el territorio nacional.

En consecuencia, el objetivo principal de este capítulo es repasar la trayectoria del Registro Nacional de Femicidios del Observatorio Ahora Que Sí Nos Ven, ofreciendo una hoja de ruta sobre el activismo feminista de datos y su relevancia en la construcción del discurso público en el caso particular de Argentina.

Evolución de la metodología de trabajo

Después de ocho años del primer Ni Una Menos, y a pesar de los importantes avances que se han obtenido a partir de la lucha en contra de la violencia machista, la pobreza y la desigualdad a las que somos arrojadas las mujeres y las diversidades en Argentina, continuamos observando con preocupación que los femicidios no disminuyeron. Según los datos obtenidos desde nuestro observatorio, que se analizarán detalladamente en este capítulo, en estos ocho años en la Argentina hubo 2.257 femicidios, cifra que se compone de valores anuales que no han sufrido variaciones significativas entre un año y otro desde que iniciamos nuestro relevamiento en el año 2015.

Desde el observatorio de las violencias de género Ahora Que Sí Nos Ven, realizamos un monitoreo diario de los femicidios ocurridos en todo el territorio argentino. Nuestra fuente de información son los artículos y las publicaciones que encontramos en los medios digitales y gráficos del país, en los que se observan hechos sobre la muerte violenta de mujeres por motivos de género, asesinatos que se dan como producto de las desigualdades estructurales que aún persisten en nuestra sociedad, ya sea que tengan lugar dentro de la familia o en cualquier otra relación interpersonal. Los datos son clasificados de la siguiente manera:

  1. Femicidios.
  2. Femicidios vinculados (de mujeres, niñas, varones y niños).
  3. Intentos de femicidios directos y vinculados.
  4. Travesticidios y transfemicidios.
  5. Casos que continúan en investigación.

A lo largo de estos años, hemos intentado mejorar el alcance de nuestro monitoreo, y actualmente contamos con información provista por medios de comunicación masiva y medios autogestionados, tanto de cobertura nacional como local, y también medios comunitarios. Consideramos la posibilidad de que existan femicidios que no se publiquen en estos medios, o que no sean informados como tales, por lo que entendemos que el número de casos podría ser aún mayor. Pero, sabiendo que en nuestro país contamos con un movimiento feminista que puso en agenda política y mediática a la violencia de género sufrida históricamente por las mujeres y personas LGBTIQ+, sobre todo, como ya lo mencionamos, a partir del primer Ni Una Menos, confiamos en que los datos que construimos, y que aquí presentamos, son representativos de esta realidad.

Sin embargo, nos parece importante resaltar que esto aún no sucede con los casos de travesticidios y transfemicidios, que permanecen invisibles a la mirada de los medios tradicionales de comunicación, por lo que, desde el año 2020, hemos iniciado la tarea de su monitoreo y registro, a sabiendas de que dicho número dista mucho de la realidad.

Apoyadas en nuestro sistema de alertas y organizado nuestro equipo de trabajo de Monitoreo y Registro de Femicidios de modo que podamos recorrer cada uno de los artículos, que en promedio son entre cuatro y cinco por cada caso, la primera decisión que debemos tomar frente a la lectura es si se trata de un caso de femicidio, es decir, si entra en algunas de las categorías anteriormente mencionadas, o de un asesinato o intento de asesinato que no configura la categoría de femicidio. Una vez tomada esta decisión, recorremos cada uno de los elementos informados en cada artículo a fin de tomarlos y volcarlos a nuestra base de datos. Esta base de datos en los primeros años de nuestra tarea consistía en una sencilla hoja de cálculos sobre la cual enumerábamos los casos por fecha, acompañados por el nombre y la edad de la víctima, la localidad y algún dato sobre el agresor. Con el paso del tiempo, la profesionalización de nuestra tarea y la capacitación de todo el equipo en sistematización y análisis de datos, hoy podemos volcar muchos elementos en un formulario prediseñado, que luego genera no solo las planillas con el total de la información cargada, sino que también alimenta a una serie de gráficos con distintos indicadores. La información que actualmente procesamos de cada artículo publicado es la siguiente:

  • Fecha del femicidio o transfemicidio.
  • Nombre y edad de la víctima.
  • Nombre y edad del agresor.
  • Vínculo de la víctima con el agresor: pareja, expareja, conocido (amigos, familia de expareja, vecinos, etc.), familiares (tíos, hijos, primos, hermanos, padre, padrastro), extraños, desconocidos, sin datos.
  • Lugar físico del femicidio (vivienda propia, vivienda del agresor, vivienda compartida, vía pública, otros), incluyendo localidad y provincia.
  • Método utilizado para quitar la vida a la mujer: arma de fuego, arma blanca, asfixia, golpes, otros.
  • Conducta del agresor luego de haber cometido el femicidio: si se suicidó, si intentó suicidarse, si se dio a la fuga, si se entregó, si pidió ayuda.
  • Acceso a la justicia: existencia de denuncias realizadas por las mujeres o medidas judiciales asignadas por la Justicia.
  • Agresores pertenecientes a las fuerzas de seguridad.
  • Niños o niñas que perdieron a sus madres víctimas de femicidios.

Sin embargo, consideramos importante resaltar que, con el análisis detallado de los datos año a año y atentas a las variaciones, los posibles cambios en legislaciones, las modificaciones en las tendencias de los casos y otros elementos, evaluamos constantemente la necesidad de sumar nuevas variables o redefinir las existentes.

La tarea comprometida y emocional de monitorear noticias registrando femicidios

La producción de datos en torno a la violencia de género ha sido, históricamente, una estrategia relevante dentro de los feminismos para visibilizar la situación de las mujeres en torno a estas violencias. En los últimos años, y frente a la falta o a la incompletitud de los datos oficiales, muchas activistas latinoamericanas hemos encarado la tarea de producir esos datos. Lo hacemos desde la convicción de que nuestro trabajo es fundamental no solo para visibilizar lo que ocurre con la violencia de género en nuestros territorios, sino también para ofrecer datos relevantes que puedan funcionar como insumos frente a la planificación y ejecución de políticas públicas. Pero llevar adelante esta tarea requiere altos niveles de implicación mental, emocional e incluso física que muchas veces no es visibilizada ni valorada.

¿Qué hay detrás de cada número?

Al presentar nuestros informes, lo que hacemos es comunicar una serie de números acompañados de un breve análisis de cada categoría y algunas conclusiones y reclamos al Estado y a la sociedad. En la mayoría de los países del mundo, estos números ya son costumbre y pierden, en muchos casos, la fuerza que deberían tener si prestamos real atención a lo que representan.

Detrás de cada número, hay, obviamente, una mujer. Con su historia, su vida previa, su familia, sus amigos y amigas, trabajos, hobbies, gustos, anécdotas. Un nombre. Toda esa individualidad queda perdida en titulares dentro de otros cientos de historias. Sin embargo, quienes tenemos la tarea de registrar femicidios debemos repasarlos una y otra vez para poder armar de manera sólida cada uno de los indicadores. Este trabajo requiere de una gran cantidad de horas semanales de lectura de notas periodísticas. Como mencionamos anteriormente, en la mayoría de los casos, se requiere leer entre cuatro y cinco para obtener la información necesaria. Esto genera un desgaste emocional que las activistas gestionamos en comunidad con otras compañeras y que necesariamente debe ser tenido en cuenta al momento de revalorizar las tareas de registro de femicidios.

Esta gestión se basa en estrategias de autocuidado individual y grupal que, como indican Sara Ahmed y Audre Lorde, son en verdad estrategias de autopreservación. Estas estrategias van desde evitar entrar al registro los días en que el estado anímico no acompaña, hacer turnos cortos de registro y retomar después de haber dejado pasar un tiempo, conversar con otras compañeras sobre los casos y recordar por qué es que se realiza esa tarea.

La violencia simbólica en la cobertura de los femicidios

Si bien, a fuerza de la lucha feminista, se han conseguido algunos avances en torno a la forma en que los medios masivos de comunicación comunican los femicidios, la violencia simbólica es casi intrínseca a estos. En algunos casos más, en otros menos, la espectacularización y la morbosidad siguen siendo protagonistas.

En este sentido, al registrar femicidios, no solo es necesario enfrentar cada uno de los casos conociendo a su víctima, sino que, además, esto se hace en un ámbito sumamente hostil que incluye titulares que cuestionan a la víctima, investigaciones sobre su vida y la de su familia, detalles escabrosos sobre la forma en que fue asesinada o qué ocurrió con sus restos. Este tratamiento de los medios tiene dos consecuencias negativas para el proceso: por un lado, revictimizan, deshumanizan y estigmatizan a las víctimas y, por otro lado, dificultan el trabajo de quienes los registramos.

Las palabras de quienes registran

El resultado de nuestra tarea son datos e indicadores que ponemos en conocimiento de toda la sociedad para que no existan dudas de que las violencias machistas existen y se pueden medir. Pero el trabajo diario de las compañeras que forman parte de este equipo de “monitoreo y registro” está cargado de nombres, de vidas, de sueños y de proyectos de vida arrebatados que nos atraviesan y nos movilizan como seres humanos y nos llenan de angustias y miedos como mujeres. Por eso, cuando nos preguntamos qué nos motiva a ser parte de este equipo de trabajo, nos encontramos con algunas respuestas como estas:

Me motiva contribuir a la formación de datos estadísticos, a visibilizar a las mujeres que ya no tienen voz, a que salga a la luz la violencia machista y patriarcal. La carga de datos llega un punto que, de tanta automatización, perdés la noción de que registrás vidas, infancias, etc. Es doloroso leer noticias, genera bronca leer cómo comunican, desinforman o cuando dan detalles innecesarios. Considero que mi tarea es una acción movilizante, cargada de tristeza, angustia, enojo, frustración… (Natalia).

   

Hace mucho que sigo el registro, siempre me interesó saber estas cifras para poder hacer algo al respecto, sobre todo a partir de la sanción de la ley para erradicar la violencia de género, me parece que es muy importante tener cuantificados los casos para poder hacer políticas públicas y para poder afrontar esta situación que, como sabemos, es el último eslabón de la violencia de género, el femicidio, los femicidios vinculados. Me motiva poder buscar soluciones a este grave problema que no baja nunca, las estadísticas se mantienen. Las emociones son muchas y también depende cómo esté yo en el momento, siempre intento separarme un poco cuando lo hago, no pensar tanto en lo que estoy haciendo y, una vez que termino, me pongo a analizar los casos, lo que sucedió, cómo sucedió, qué hizo el Estado. Pero a veces, cuando estoy más sensible, repercute, por suerte hoy en día somos varias las que estamos registrando, así que, si sé que el día mío personal es caótico, mejor no entro. Lo que más bronca me da es que nos damos cuenta con nuestro monitoreo que, para los medios de comunicación, pareciera que hay vidas que importan más que otras. Cuando un caso es muy mediático, casi todas las notificaciones son en relación a ese caso y se pierden muchos otros casos que, si no nos estamos informando, se pierden muchos casos. La otra vez nos perdimos el caso de una mujer que vivía en situación de calle porque la nota no lo decía y buscando por otros lados nos enteramos que era una mujer en situación de calle. Te das cuenta cómo los medios tratan a los feminicidios y cómo son usados. Y cómo ciertas mujeres son invisibilizadas aun siendo víctimas de femicidio (Emilia).

   

Me motiva la necesidad de visibilizar a las mujeres y diversidades que han sido asesinades. Siento que hacemos un poco de justicia dándolas a conocer e interpelando a la sociedad, mediante datos, a la Justicia y al Estado. No solo me interesa casos nuevos, sino que me mueve la necesidad de saber más, de continuar los casos, de reconstruir y entrecruzar datos y saber qué pasó luego del femicidio, por eso me parece fundamental realizar seguimiento de los juicios. Muchas veces, la “noticia” es cuando ocurren los femicidios, y ¿después? Por otra parte, suelo mirar varios portales de un mismo caso para tener la mayor cantidad de información posible y corroborar. Sin lugar a dudas, a mi profesión de periodista la llevo al registro. No es una tarea sencilla, pero el imperativo de visibilizar sus historias y voces es mayor. Al igual que seguir el reclamo al Estado, a la Justicia por más perspectiva de género y políticas públicas para que nos dejen de matar.

Es un trabajo en equipo, con lo cual una sola persona no es conveniente para cargar los casos. Ni siquiera creo que estar mucho tiempo en el día en el registro haga bien. Es mucha la carga emocional si consideramos que son mujeres y disidencias que han sido asesinades de manera tan cruel y de que, detrás de esos números, hubo historias, sueños. El rol que cumple nuestro observatorio es trascendental, profesional, humano, a conciencia y en equipo. Somos personas, mujeres que quizás nos tocó perder a un familiar de esta manera y eso no lo podemos correr a la hora de cargar, pero este es nuestro granito de arena para que todo cambie (Alfonsina)

   

Pese a ser un trabajo arduo y no grato, integrar el registro de femicidios me llena de orgullo, porque lo que no se muestra/ve no se puede cambiar, y nosotras visibilizamos los casos de femicidio para tener incidencia en ese cambio. Me motiva realizar este trabajo porque, con la información de las cifras de femicidios, intentos de femicidios y transfemicidios/travesticidios, y las características de estos, podemos romper con mitos que nos enseñaron alguna vez para que nos quedemos en nuestras casas y no participemos del ámbito público, además de problematizar sobre lo que se está haciendo bien o mal desde el Estado, el ámbito privado y la sociedad en general. En síntesis, la participación en el registro es impulsada por un deseo de transformación para vivir más libres, sin violencias y con los mismos derechos. El trabajo del registro es una tarea donde debemos poner atención y tener precisión a la hora de cargar la información. Se basa en leer las noticias sobre femicidios, intentos de femicidios y transfemicidios y travesticidios que se publican en medios gráficos y digitales de todo el país, y, con la información disponible, se va cargando a un sistema de datos. En muchos casos debemos buscar información complementaria en otros medios de comunicación para que la carga del caso sea más correcta. Este trabajo se hace todo el mes. Cuando se corta el registro, en general el último día del mes, se realizan las placas con los datos y luego un análisis de las cifras y las variables. A partir de este análisis, se elabora un informe donde se interrelacionan todas las variables y el contexto social, económico, político y cultural para dar cuenta de un escenario que se acerque a la realidad. Registrar femicidios y leer artículos sobre este tema es una tarea ardua, pesada y angustiante. Cuando relevamos un caso, estamos registrando una historia de violencia hacia una más de nosotras, es imposible que no nos interpele en lo personal. En este sentido, realizar el registro angustia y da bronca (en todos los casos, pero sobre todo en los que las instituciones por acción u omisión desprotegieron a la víctima), a veces asusta. Sin embargo, ese dolor que sentimos motoriza a seguir haciendo el registro. Cada caso, lejos de frenarnos, nos impulsa y fortalece para seguir haciéndolo y transformarlo todo (Laura).

   

Lo que siempre hablamos con las chicas que hacemos el registro, hacer el registro es emocionalmente muy duro. El único balance que se puede encontrar en esto es que parte del aporte que nosotras podemos ofrecer y regalando y ofreciendo nuestro tiempo podemos aportar a esta causa y a esta lucha. Es poner un poquito de justicia y ponerle nombre, apellido e historia a cada una de las víctimas. Hay momentos en los que físicamente genera dolor de panza, mareos, malestar, realmente, porque a veces hay que leer cosas que son muy perturbadoras. Emocionalmente es muy duro, hacerlo muy seguido durante mucho tiempo afecta bastante y genera una bronca, por un lado, y una tristeza, por otro, y un sentimiento de injusticia todo junto. Pero se balancea con entender y sentir que es nuestra forma de poder acercar un poco de justicia a tanto horror (María del Mar).

Datos que derriban mitos, y nos muestran la realidad

Entre junio del 2015 y mayo del 2023, en Argentina ocurrieron 2.257 femicidios[2]. Y, a pesar del esfuerzo del movimiento feminista por definir las características de estos crímenes, el patriarcado ha tenido relativo éxito en crear imaginarios sobre cómo se ve la violencia de género, dónde ocurre, los motivos por los que ocurre y quiénes la perpetran, entre otras cosas. Sin embargo, a la hora de revisar los datos, en la mayoría de los casos nos encontramos con una realidad bastante diferente.

  1. Nuestra casa, el lugar más inseguro. Muchas veces se presenta “la calle”, especialmente en determinados horarios del día, como el escenario donde las mujeres corremos mayores riesgos. Sin embargo, el 64 % de los femicidios ocurrieron en la vivienda de la víctima, y, si sumamos los acontecidos en la casa del agresor (4 %), se alcanza el 68 %. Mientras que solo el 25 % sucedieron en la vía pública[3].
  2. Quien dice amarnos es quien nos asesina. De la mano del mito del callejón oscuro, durante mucho tiempo se ha creído que el mayor peligro para las mujeres está en aquellos hombres desconocidos que un día nos cruzamos por la calle y nos asesinan. Esto sirve también en muchos casos para reforzar el mito de que los femicidas son monstruos, varones marginados de la sociedad que eligen a su presa y la atacan. Pero, nuevamente, al acudir a los datos, estos nos muestran otra cosa. Tomando, como en el caso anterior, la totalidad de los femicidios ocurridos entre junio de 2015 y mayo de 2023, el 43 % fue cometido por la pareja actual de la víctima, mientras que el 21 % fue cometido por la expareja de la víctima, es decir, en conjunto pareja y expareja alcanzan un 64 % de los femicidios cometidos en este periodo. El resto de los datos se desagregan de la siguiente manera: 13 % un familiar, 11 % un conocido, 10 % sin datos. Es decir que, si ampliamos el análisis, el 88 % de los femicidios son cometidos por un varón que tiene algún tipo de relación con la víctima. Mientras que solo el 2 % es cometido por un desconocido.
  3. Las asesinadas no son las únicas víctimas. El femicidio es el eslabón final de una serie de violencias. La inmensa mayoría de las mujeres que son asesinadas en estas circunstancias ya venían siendo víctimas de otro tipo de violencias, y, en muchos de los casos, esto ocurre frente a sus hijos o hijas. Estas infancias transcurren inmersas en contextos de extrema violencia y es probable también que presencien el asesinato de sus madres o sean víctimas de femicidios vinculados. Pero, incluso después del hecho, siguen siendo víctimas. En el periodo mencionado, al menos 1.932 niños y niñas se quedaron sin madre por un femicidio.
  4. ¿Quién nos cuida?
    1. Femicidas y fuerzas de seguridad. Desde el año 2020, decidimos sumar como variable la pertenencia a las fuerzas de seguridad de los femicidas. En el periodo que abarca entre enero de 2020 y mayo de 2023, 44 femicidas fueron policías y 8 militares. El 33 % de estos femicidios se llevaron a cabo con el arma reglamentaria. Es importante destacar también que, al acceso casi irrestricto a armas de fuego, se les suman las complicidades que estos criminales pueden tener dentro de la fuerza a la que pertenecen, y, en este sentido, esto puede implicar desde dificultades para radicar una denuncia por complicidades internas hasta desvío de las investigaciones una vez cometidos los delitos.
    2. Acceso a la justicia. Así como las fuerzas de seguridad se traducen en muchos casos en un factor más de riesgo, acudir a la Justicia no siempre es una opción para quienes sufren violencias, y, a la vez, muchas veces las medidas adoptadas tampoco son suficientes. En el periodo analizado, solo el 17 % había realizado al menos una denuncia y únicamente el 10% tenía una medida de protección en su favor. Los casos en los que la víctima efectivamente había denunciado y fue igualmente asesinada ejercen un fuerte desaliento para quienes sufren violencia.
  5. Travesticidios, transfemicidios y una historia de invisibilización. La incorporación de las categorías transfemicidios o travesticidios nos permiten leer nuevas construcciones de sentido en las cuales la violencia de género cometida por los varones hacia las distintas identidades demuestra cómo la violencia machista es un hecho que responde a causas de desigualdad entre las diversidades de género. Pero, al hacerlo, nos topamos con la gran invisibilización que existe sobre estos crímenes. Desde enero de 2020 hasta mayo de 2023, registramos 29 travesticidios y transfemicidios.

    Todos los datos mencionados resultan alarmantes y ponen sobre la mesa una realidad que no parece estar presentando grandes cambios. El número de femicidios no sufre grandes reducciones de un año a otro a pesar de los esfuerzos del movimiento feminista y de los avances a nivel estatal en Argentina.

    Incidencia de la construcción de datos en la sociedad a través de los medios de comunicación

    La movilización masiva del Ni Una Menos del 3 de junio de 2015 no solo consiguió visibilizar a los femicidios como una problemática urgente por resolver, sino que puso en evidencia que la violencia machista es una deuda histórica de la sociedad hacia las mujeres e identidades feminizadas. Esto favoreció la creación de espacios que, como Ahora Que Sí Nos Ven, se encargan de mantener en el debate público la agenda urgente del feminismo, al mismo tiempo que propició el escenario para que el feminismo entrara en cada casa y en cada familia argentina. Es igual de cierto que los números de femicidios, y de violencia de género en general, no decaen y por ende nos acostumbramos a ver en las noticias casi a diario nuevos casos. Es ahí donde vemos la mayor oportunidad de aporte desde nuestro espacio. Creamos datos que nos permitan incidir en la agenda pública y disputar sentidos sobre la violencia de género en aquellos espacios que por su alcance tienen la posibilidad de generar cambios concretos sobre la realidad de las mujeres.

    Nuestros datos buscan interpelar a la sociedad, mostrar cómo la violencia machista es un entramado arraigado en los orígenes de nuestras sociedades y que requiere de todos y todas para erradicarse. Consideramos que poder estar presentes en medios masivos de comunicación no solo sirve para mantener la agenda y que no se deje de hablar de la violencia machista más allá de algún caso puntual, sino que también nos permite ser parte activa del cambio necesario complejizando los debates contemporáneos alrededor de la violencia.

    Cómo trasladar los indicadores a los reclamos

    Como mencionamos previamente, nuestra intención de imponer en la agenda mediática y por ende en la social y política la violencia machista es uno de nuestros objetivos principales porque consideramos que de esa manera alcanzamos a la sociedad en su conjunto. Al mismo tiempo buscamos interpelar al Estado y sus funcionarios. Consideramos que nuestros datos son un insumo sumamente valioso para la creación de políticas públicas basadas en evidencia.

    Del análisis de nuestros datos, identificamos algunas áreas de gobierno que podrían crearse, modificarse o consolidarse para contribuir al descenso de casos de femicidio. En principio, de nuestros datos se desprende la necesidad de garantizar el acompañamiento integral de las víctimas. No alcanza con instancias aisladas donde el Estado brinde herramientas, sino que es necesaria la creación de una red de instituciones que permita acompañar a las víctimas de violencia en todo el proceso para salir de ese círculo. En este punto resulta fundamental llevar adelante una reforma feminista del Poder Judicial. En Argentina los poderes del Estado están obligados a capacitarse en perspectiva de género a través de la Ley Micaela, pero, sin embargo, el único poder que se rehúsa a esta capacitación es el Judicial. Esto se traduce, como vimos previamente, en dificultades para afrontar los procesos judiciales desde el momento de la denuncia y hasta los fallos dictados por tribunales, muchas veces cargados de sesgos machistas. Un caso emblemático de esto es el primer fallo por el femicidio de Lucía Pérez en la ciudad de Mar del Plata. Afortunadamente, este caso se pudo revertir, y su asesino fue condenado a cadena perpetua.

    Otro factor que resulta imperativo es garantizar la autonomía económica de las mujeres que sufren violencia. Como mencionamos en repetidas oportunidades, el propio hogar de las víctimas, que muchas veces comparten con sus victimarios, es el lugar más inseguro. En estos casos esas mujeres deben contar con los recursos económicos necesarios para poder abandonar ese hogar y establecerse nuevamente sin depender del violento para el sustento de sus vidas y las de sus hijos e hijas. Un plan de viviendas que pondere a las víctimas de violencia de género podría ser de gran ayuda para estos casos, más aún si tomamos en consideración las dificultades actuales en el acceso a la vivienda en todo el país.

    Un paso importante y que debe mantenerse es la sanción de los presupuestos del Estado con perspectiva de género. Esto se traduce necesariamente en la consideración de la perspectiva de género en todas las áreas del Estado, lo que sin dudas contribuye a la visión integral de la problemática.

    Por la profundización de la problemática, consideramos que es importante revisar la capacitación que reciben quienes forman parte de las fuerzas de seguridad. La perspectiva de género debe estar presente en todas las instancias de formación de las fuerzas, ya sea para su desempeño interno como externo. La posesión de un arma reglamentaria debe ser minuciosamente estudiada en cada caso, y se debe garantizar que las mujeres tengan espacios seguros de denuncia en los casos en los que sus parejas o exparejas pertenezcan a alguna fuerza de seguridad.

    Las oportunidades de mejora son infinitas cuando tenemos una mujer asesinada por día, pero nuestros datos echan luz sobre aquellas que se presentan con mayor asiduidad y que pueden funcionar como punto de partida para las decisiones de política pública en el corto y mediano plazo, al tiempo que generan los cimientos para el largo plazo. Y es en este punto en que encontramos especialmente relevante nuestro trabajo.

    A modo de conclusión

    Como hemos sostenido a lo largo de este capítulo, los femicidios son la expresión más extrema de las violencias de género ejercidas sobre los cuerpos feminizados. Visibilizar esta realidad resulta el primer y fundamental paso para poder erradicarla. En este sentido, consideramos que el trabajo de la militancia feminista ha sido un pilar esencial al poner en agenda mediática y política esta discusión y sostenerla en el tiempo.

    Al mismo tiempo resulta necesario remarcar que en este trabajo, como en tantos otros, somos las mujeres que, por convicción personal y colectiva, ponemos a disposición de la causa nuestro tiempo, nuestra energía, nuestra salud y nuestro conocimiento, a pesar de las consecuencias que esto puede generar en nuestras vidas. Y lo hacemos con la convicción de que nuestro trabajo influye de manera decisiva en las discusiones públicas y con la esperanza de que contribuya a que la sociedad en su conjunto tome dimensión de esta problemática, y también con el propósito de que los resultados de estas tareas sean un insumo para el diseño de políticas públicas que logren, finalmente, una mejora significativa en la calidad de vida de las mujeres.

    Por último, nos gustaría destacar especialmente el trabajo diario de nuestras compañeras de Ahora Que Sí Nos Ven y el de todas las compañeras feministas que, a lo largo y ancho de nuestro país y de nuestra región, ponen el cuerpo cada día, en tiempos difíciles, frente a la hostilidad de un sistema que no da tregua. Por las que ya no están, por nosotras y por las que vienen, Ni Una Menos, vivas nos queremos.


    1. Organización: observatorio de las violencias de género Ahora Que Sí Nos Ven. Correos electrónicos: julietaamartinelli@gmail.com, asmorra@gmail.com, ahoraquesinosven@gmail.com.
    2. Este número abarca los femicidios directos más los femicidios vinculados.
    3. El 7 % restante se divide entre aquellos que ocurrieron en otros lugares y aquellos sobre los que no se tienen datos.


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