La memoria del exilio
Agustí Alcoberro[1]
El exilio austracista y los patronatos reales
El exilio que siguió a la Guerra de Sucesión de España (1702-1715) afectó a unas 25.000 o 30.000 personas de todos los grupos sociales[2]; aproximadamente la mitad de ellos eran catalanes. Los reinos de Cerdeña, Nápoles y Sicilia, y también el Estado de Milán, contaron con una importante presencia de austracistas hispánicos a partir de su dominio efectivo por parte de Carlos III (el Archiduque, después emperador Carlos VI); y desde el verano de 1713 acogieron y mantuvieron un creciente número de exiliados.
Nápoles, en concreto, pudo ofrecer destinaciones políticas de nombramiento real, como cargos de forasteros en las instituciones de gobierno, como también lo hizo Milán para el Senado y sus Magistraturas[3]. Cerdeña, por su parte, dejó de ejercer dicha función con la conquista borbónica de 1717, mientras Sicilia, inicialmente vinculada al ducado de Saboya por los tratados de Utrecht y Rastadt, se incorporó a la Monarquía de los Habsburgo al final de la Guerra de la Cuádruple Alianza (1720). Todos estos cargos completaban el organigrama político y jurídico del exilio, que obviamente tenía su epicentro en Viena, alrededor del Consejo de España y de la Secretaría de Estado y del Despacho Universal y del Consejo de Flandes[4]. Por su parte, el personal militar en activo se organizó a partir de los tres regimientos de caballería y de los dos de infantería que de manera muy temprana fueron desplazados a la frontera con el imperio otomano en tierras de Hungría[5].
Sin embargo, la redes de poder del emperador en el estamento eclesiástico se circunscribieron a los reinos de Cerdeña, Nápoles y, sobre todo, Sicilia. En dichos reinos Viena heredó los patronatos reales ejercidos hasta entonces desde Madrid[6]. En el reino meridional transalpino, el patronato estaba formado por veinticinco diócesis, una cifra relativamente modesta sobre un total de ciento treinta, aunque en general se trataba de los obispados y arzobispados más ricos, de tal manera que recaudaban cerca de una cuarta parte de las rentas eclesiásticas del reino[7]. A pesar de ello, la tradición, que fue mantenida, tendía a nombrar para dichas mitras a napolitanos, con lo cual la presencia extranjera fue siempre menor. Por el contrario, el patronato real de Sicilia se extendía sobre la totalidad de las diócesis de la isla[8], y la presencia hispánica había sido, y siguió siendo, numerosa. Cabe destacar, sin embargo, que el dominio efectivo de Carlos VI sobre Sicilia a penas duró trece años, de 1720 a 1733.
Cambios y continuidades
En la Tabla 1 hemos anotado a todos los obispos y arzobispos de ambos territorios nacidos en los reinos ibéricos o con vínculos familiares con dichos reinos. En concreto, este último es el caso de Alessandro Burgos, natural de Messina, y de Michele Carlo (Michael Karl o Mihály Karl) Althan, nacido en Glatz, y miembro de la familia del conde Miguel Juan Althan, gentilhombre de cámara de Carlos en Barcelona y Viena, casado con la catalana Marianna Pignatelli i d’Aimerich, y del cardenal Michele Federico (Michael Friedrich), virrey de Nápoles entre 1722 y 1728.
La presencia hispánica en los reinos meridionales de Italia durante los años de predominio de Carlos VI (1707-1733) abarca, pues, un total de veinte diócesis y de diecisiete prelados, ya que tres de ellos (Vilana Perlas, Burgos y Cienfuegos) fueron sucesivamente nombrados para dos diócesis. La distribución geográfica es prácticamente paritaria (9 diócesis son napolitanas, y 11 sicilianas, incluyendo como tal el obispado de Malta, sufragáneo de Palermo), aunque, como ya hemos notado, la presencia de los Habsburgo en Sicilia fue muy breve.
Una primera conclusión de la lectura de estos datos nos permite establecer una línea de continuidad entre las políticas de Madrid y Viena en los patronatos reales. La tendencia, en ambos casos, fue a utilizar las mitras como instrumento de atracción clientelar, promocionando a las familias más próximas al monarca y, en el caso siciliano, sobre todo, a los prelados de origen hispánico.
Sin embargo, aparecen dos factores nuevos. El uno, vinculado inevitablemente a las coyunturas y a los cambios políticos o bélicos. El otro hace referencia a los reinos peninsulares de origen de los nuevos prelados.
En el momento de la extensión de la guerra en el sur de Italia había un total de cinco prelados hispánicos, tres de ellos en Nápoles y dos en Sicilia. Por ahora, tan solo podemos precisar algunos aspectos del comportamiento político del valenciano Josep Gasch (nacido en Alcora en 1653). Miembro de la Orden de los Mínimos (O. M.), fue nombrado arzobispo de Palermo por Felipe V en 1703, y tan solo abandonó la isla en 1715, en el período de la dominación saboyana. Entonces residió en Roma. Pero en 1723, ya bajo el dominio de Carlos VI, retornó a su diócesis, donde murió algunos años más tarde. En este período se restituyó en Palermo la pirámide de la Inmaculada que los barceloneses habían erigido en el Borne para celebrar la ruptura del primer sitio borbónico de 1706, y que había sido derribada por las nuevas autoridades tras la conquista de 1714[9].
Por su parte, el cambio dinástico acaecido a partir de 1733 afectó directamente a tres prelados con una clara vocación política. El cardenal Juan Álvaro Cienfuegos, S.J., a la sazón arzobispo de Monreale, abandonó la isla y fue nombrado administrador del obispado de Pécs (Hungría) el 15 de noviembre de 1735. Sin embargo, es muy probable que su presencia efectiva en dicho territorio fuese escasa o incluso nula; de hecho, murió en Roma en 1739. Cienfuegos era un austracista de primerísima hora, consejero del Almirante de Castilla Juan Tomás Enríquez de Cabrera, y actuó como embajador imperial en Lisboa durante la guerra, y luego ejerció una importantísima influencia en el colegio cardenalicio de Roma. Por su parte, Michele Carlo Althan, obispo de Bari, fue nombrado arzobispo (a título individual) de Vác (Hungría) en 1735, sustituyendo al cardenal y exvirrey Michele Federico Althan, muerto un año antes; Althan escogió Viena como residencia habitual, y murió en la capital imperial en 1756. Finalmente, el aragonés Blas Antonio Olóriz (Barbastro, 1677) fue nombrado a toda prisa obispo auxiliar de Monreale en diciembre de 1733, pero ya no pudo tomar posesión del cargo; como compensación fue nombrado para el puesto honorífico de obispo titular de Thagaste (hoy Suq Ahras, Argelia).
Los prelados nombrados por Carlos VI
Son nueve los prelados hispánicos nombrados bajo el dominio del emperador Carlos VI. Sin embargo, su origen territorial marca un cambio de rumbo muy significtivo respecto a la política seguida por los Austrias de Madrid. Si hasta entonces la inmensa mayoría de los prelados provenían de la Corona de Castilla, en la nueva etapa se marca una clara hegemonía catalana y, más en general, de los reinos de la Corona de Aragón.
En concreto, cuatro prelados fueron catalanes. Por orden de nombramiento: Pau Vilana Perlas, hermano del todopoderoso secretario de Estado Ramon, marqués de Rialp, que fue arzobispo de Brindisi desde 1715[10] y de la opulenta diócesis de Salerno desde 1723, en cuya catedral se conserva su magnífica sepultura; el carmelita Francesc Bataller, prior del convento del Carmen y profesor de la Universidad de Barcelona, que fue nombrado en 1725 obispo de Ugento[11], una de las diócesis más pobres de Nápoles, situada en la punta del talón de la bota italiana; el cartujo Ramon de Rubí i de Boixadors, hermano del marqués de Rubí, quien fue el último virrey de Mallorca, de Cerdeña y, finalmente, incluso de Sicilia, que en 1727 fue nombrado arzobispo de Catania; y el cisterciense Tomàs Vidal i de Nin, que fue abad del monasterio de Santes Creus, y obtuvo el arzobispado de Messina en 1730. Tres de ellos pertenecían a familias relevantes y habían abandonado Cataluña en 1711 o en 1713, con la marcha del emperador Carlos VI y de su esposa María Cristina, y fueron nombrados arzobispos; el cuarto, el carmelita Francesc Bataller, fue desterrado por el primer decreto de expulsión de eclesiásticos de Cataluña firmado por Berwick el 2 de octubre de 1714.
Por su parte, dos eran valencianos: Domingo (o Damià) Palou, nombrado arzobispo de Reggio Calabria en 1727; y el dominico Tomàs Marín (o Marino), nombrado obispo de Siracusa en 1724. Y uno aragonés: Blas Antonio Olóriz, a quien ya nos hemos referido.
En términos estrictamente cronológicos, cabría añadir a la lista a un mallorquín: Joaquim (o Jaume) Cànaves, miembro de la Orden de San Juan de Jerusalén, nacido en Pollensa en 1640, que accedió al cargo de obispo de Malta en setiembre de 1713, cuando ya se había iniciado el sitio de Barcelona, aunque éste aún lo fue a propuesta de Felipe V [12].
Frente a los siete prelados provenientes de la Corona de Aragón nombrados por Carlos VI, tan sólo dos eran naturales de la Corona de Castilla, aunque de origen no propiamente castellano: el jesuita asturiano Juan Álvaro Cienfuegos quien, siendo cardenal, fue nombrado consecutivamente obispo de Catania (1721) y arzobispo de Monreale (1725), una de las sedes eclesiásticas de mayores rentas; y el benedictino gallego Anselmo de la Peña, que fue nombrado sucesivamente obispo de Crotone (1719) y arzobispo de Agrigento (1723). De hecho, fue el único prelado que obtuvo dignidades en ambos reinos meridionales de Italia.
En otro sentido, si nos atenemos a su adscripción religiosa, cabe constatar una gran equidad. Comprobamos que los nueve escogidos corresponden respectivamente a la Orden de San Benito (Vilana Perlas, aunque liberado de las temporalidades, y de la Peña), a la Compañía de Jesús (Cienfuegos), a la Orden de Predicadores (Marín), a la Orden del Carmen (Bataller), a la Orden Cartuja (Rubí), a la Orden Cisterciense (Vidal i de Nin) y que tan solo dos pertenecen al clero secular: Palou y Olóriz.
Las huellas del exilio en España
Resulta harto difícil reconstruir la relación de los eclesiáticos exiliados con las parroquias o comunidades de origen, donde habían ejercido un importante papel hasta 1714. De hecho, la correspondencia entre España y los territorios bajo soberanía de Carlos VI fue estrictamente prohibida, con pena de muerte, hasta la firma de la Paz de Viena (1725). Dicha situación se repitió de nuevo en el período 1733-1736 como consecuencia de la Guerra de Sucesión de Polonia y de la invasión borbónica del Reino de las Dos Sicilias.
Sin embargo, pudo haber dos motivos de moderación de dichas medidas. Por una parte, los periodos de paz, a partir de 1725, abrieron la posibilidad de contacto entre ambas realidades sociales. Por otro, incluso en la etapas de enemistad entre las monarquías, las estructuras de funcionamiento de las órdenes regulares pudieron abrir vías de relación entre sus miembros.
En todo caso, nos centraremos por ahora en los ecos que hemos encontrado en Barcelona alrededor de tres prelados exiliados con motivo de su defunción. La primera referencia necrológica se refiere a Francesc Bataller, y es de carácter manuscrito. Bataller había nacido en Perpiñán en 1659, el año en que se firmó el Tratado de los Pirineos. La documentación del exilio nos informa que el 5 de diciembre de 1714 se hallaba ya en Roma, y que le fue asignada una pensión de cien florines anuales a cargo del Estado de Milán[13]. El libro de óbitos del convento del Carmen de Barcelona[14] nos explica que la noticia de su muerte llegó a Barcelona el 12 de enero de 1736, casi un mes y medio después de su defunción, y que ese día, a las 10 de la mañana, se hicieron “tres tochs de campanas tocant a morts”[15]. En los días siguientes se construyó un túmulo mortuorio “molt gran, ab 24 atxas y 70 ciris ab cera blanca, y molt ben adornat de caps de mort pintats, alguns llibres y altres papers ab las suas armas, y tot cubert de negra”[16], y el día 30 de enero se hicieron diversas manifestaciones fúnebres con presencia de religiosos de otras órdenes en la iglesia del convento de Carmen y también en la catedral. El texto nos da un muy breve retrato biográfico del prelado:
[…] fou desterrat dels dominis de Espanya per dit Felip quint, y per lo sisè emperador de Alemània creat bisbe de Ugendo, en la provínica de la Pulla del regne de Nàpols. Fou cathedràtich de prima y perpètua en la Universitat de Barcelona[17].
Ramon de Rubí i de Boixadors había fallecido anteriormente, el 21 de marzo de 1729. Pero la primera referencia impresa a dicho personaje en Barcelona se publicó diez años más tarde, cuando la coyuntura política internacional se relajó de nuevo. La iniciativa provino de Francesca de Fiviller i de Rubí, hermana del difunto, quien se hizo cargo de los costes de edición. Se trata de la oración fúnebre que dictó don Giacinto Maria Paterno Castillo, barón de Bicocca, ante el claustro universitario de la Sapienza de Catania, “traducida de italiano en español”. La obra, impresa por Juan Piferrer, cuenta con una dedicatoria, a modo de prólogo, escrita por el monje de la cartuja de Montalegre Antoni Monfar[18]. Curiosamente, el texto se reeditó medio siglo más tarde, en 1788, en Segovia, con un título especialmente elogioso: Modelo de un seglar, de un monje y de un obispo perfecto[19]. La edición segoviana, realizada a iniciativa de la orden, especifica que la traducción corrió a cargo de un monje cartujo.
El lema que encabeza el discurso de Paterno, “Naturaleza, Fortuna y Virtud” resume las tres etapas vitales de Rubí: “La Naturaleza en el Siglo, la Fortuna en el Claustro, y la Virtud en la Mitra y en el Solio”. Hay una referencia muy explícita a su itinerario en el exilio, tras abandonar la cartuja de Montalegre en 1713, que, como en otros casos, se inicia en la isla de Mallorca, donde todavía era virrey su hermano Josep Antoni, marqués de Rubí:
Passa, con licencia de su prior general, y permuta la clausura jurada de Mont-Alegre, transfiriéndose a la Cartuxa de la isla de Mallorca, y de aquí a la de Pavía, en que después de aver estado dos años, muy poco menos, fue en el capítulo general electo prior de Milán, que governó por espazio de diez años, haziéndose en todo digno de alabanza muy insigne, y a un mesmo tiempo creado visitador de las cartuxas de Lombardía, benemérito de toda la orden cartuxana.
El texto destaca también su estudio “en las comunes bibliothecas de Mont-Alegre, de Mallorca, de Pavía y de Milán”, y da cuenta de la redacción de una biografía de San Bruno, el fundador de la orden, que no hemos localizado. De su etapa como obispo de Catania destaca su dedicación a los pobres y a los colectivos más desfavorecidos, pero también su aplicación a su Universidad, donde ejercía como canciller,
[…] digna del título y honor de Athenas de toda la isla, pues con real fundación goza la preeminencia de Academia Universal de todo género de ciencias, a las quales abre un magnífico y sumptuoso liceo, lleno de cáthedras, y dotadas de muy crecidos salarios, en donde se distribuyen las láureas según el mérito de los candidatos, y a donde en gran número confluyen de todas partes del mundo.
Otro prelado catalán tuvo también un obituario impreso en Barcelona, y en este caso en una edición de lujo, que cuenta con un magnífico retrato grabado por Ignasi Valls, sin duda el mejor grabador de su tiempo en la ciudad condal. Tomàs Vidal i de Nin fue catedrático de Teología en la Universidad de Tarragona y lector de Sagrada Escritura en su catedral y, como hemos avanzado, fue abad del monasterio de Santes Creus a partir de 1706. Según el historiador coetáneo Francesc de Castellví, Vidal i de Nin “pasó antes del año de 1711 a Italia”[20]. Nombrado arzobispo de Messina en julio de 1730, murió en dicha ciudad el 29 de junio de 1743, a causa de una epidemia que hizo estragos en la isla. El texto, escrito por “un religioso del mismo sagrado orden cisterciense” fue traducido al español por el dominico Pedro Mártir Anglés e impreso en Barcelona también por Juan Piferrer probablemente en 1749, aunque sin fecha de impresión[21]. El instigador de la edición fue Josep Vidal i Amargós, sobrino del arzobispo e hijo de su hermano Bonaventura, quien fue ennoblecido por Felipe V en 1702; Josep fue regidor de Tarragona entre 1760 y 1769.
El relato impreso tiende a enmascarar las causas del exilio del prelado: “passó en el año 1714 a Roma por cierto pleito, gobernando la Iglesia Clemente XI, y en tiempo de Clemente XII, su sucesor, le nombró el emperador Carlos VI arzobispo de Messina”.
Sin embargo, la oración fúnebre, que aparece en forma de anexo, destaca el origen tarraconense y catalán del arzobispo:
Tenía, señores míos, una porción en sus venas de sangre de esplendor, que pudo resplandecer entre las más conspicuas familias de la siempre ilustre y antiquíssima Tarragona. Sangre, pero, quanto más apta a lucir, tanto más pronta a arder, pues era de nación catalán, nación que quanto más animosa, fuerte y valiente en todos siglos, más pronta en hervir.
Dicha oración fúnebre fue predicada en la catedral de Messina por el párroco de San Lorenzo y profesor de Artes y Teología en la Universidad de Messina Giovanni Giorlando, en un acto presidido por su sucesor Tomás de Moncada.
Como no podía ser de otra forma, el texto biográfico subraya su buen gobierno y sus obras de piedad, pero también destaca la continuidad de sus vínculos con Santes Creus:
En el año 1736 remitió a la iglesia de su monasterio de Santas Cruces (como a primer nido espiritual de su santo noviciado) un rico pontifical bordado de oro y una cruz de finíssima plata, sin que pudiesse ver cumplido el gran deseo tenía de acompañarla con seis candeleros también de plata finíssima y valor considerable.
También nos habla, aunque sin referencias precisas, de su vida intelectual y de la autoría de un libro que no hemos logrado identificar:
No solamente de día, en las horas alexadas de su corte, sino también de noche passaba algunas veces leyendo libros, para recoger doctrinas. En efecto, compuso un libro en idioma español con noticias de muchas ciencias curiosas y raras, pertenecientes no solo al estado místico y político, sí también al estado doctrinal y eclesiástico.
En definitiva, las noticias sobre los prelados Bataller, Rubí y Vidal i de Nin abren una línea de trabajo que esperamos poder profundizar en próximos estudios.
Tabla 1: arzobispos y obispos de origen o con lazos familiares hispánicos en Nápoles y Sicilia, 1707-1733
| Diócesis | Fecha de nombramiento / fecha de finalización / (+) defunción | Nombre |
Nombrados por Carlos II | ||
Agrigento | Febrero 1689 (+) 27.08.1715 | Francisco Ramírez O.P.* |
Gaeta | Abril 1693 (+) 26.03.1720 | José Guerrero de Torres OESA |
Tropea | Enero 1697 (+) 21.10.1726 | Juan Lorenzo Ibáñez de Arilla |
Nombrados por Felipe V | ||
Palermo | Noviembre 1703 (+) 11.06.1729 | Josep Gasch OM |
Ugento | Febrero 1705 (+) 9.05.1709 | Pedro Lázaro y Terrer OFM Obs |
Malta | Setiembre 1713 (+) 3.06.1721 | Joaquim (Jaume) Cànaves O.S.Io.Hieros. |
Nombrados por Carlos VI | ||
Brindisi | Diciembre 1715 Febrero 1723 | Pau Vilana Perlas |
Crotone | Octubre 1719 Octubre 1723 | Anselmo de la Peña 0.S.B. |
Catania | Enero 1721 Febrero 1725 | Juan Álvaro Cienfuegos, S.J. ** |
Salerno | Febrero 1723 (+) 6.05.1729 | Pau Vilana Perlas |
Agrigento | Octubre 1723 (+) 4.08.1729 | Anselmo de la Peña 0.S.B. |
Siracusa | Febrero 1724 (+) 2.05.1730 | Tomàs Marín (Marino), O.P. |
Monreale | Febrero 1725 Abril 1739 (+) 18.08.1739 | Juan Álvaro Cienfuegos, S.J. |
Ugento | Agosto 1725 (+) 1.12.1735 | Francesc Bataller, O. Carm |
Catania | Nov. 1725 (+) 20.07.1726 | Alessandro Burgos, O.F.M. Conv |
Reggio Calabria | Febrero 1727 (+) 4.05.1756 | Domingo (Damiano) Palou |
Catania | Marzo 1727 (+) 20.12.1729 | Ramon de Rubí i de Boixadors, O. Cart |
Bari | Setiembre 1728 (+) 1756 | Mihály Karl von Althan |
Messina | Julio 1730 (+) 29.06.1743 | Tomàs Vidal i de Nin, O. Cist |
Monreale | Diciembre 1733 | Blas Antonio Olóriz*** |
Letra redonda: Reino de Nápoles, letra itálica: Reino de Sicilia, letra negrita: Arzobispado.
* Arzobispo a título personal/ ** Cardenal desde el 30 de setiembre de 1720. Arzobispo a título personal./*** Nombrado obispo auxiliar. No tomó posesión del cargo.
Fuente: Elaboración propia a partir de: https://www.catholic-hierarchy.org
Foto 1. Obituario de Tomás Vidal i de Nin, con el retrato grabado por Ignasi Valls

Fuente: foto del autor.
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- ALCOBERRO, 2002, II, 48, 62.↵
- Biblioteca de la Universidad de Barcelona (BUB). Fons antic. Llibre en lo qual se dóna notícia dels religiosos que se són enterrats en la sepultura nova, pp. 99-100.↵
- “tres toques de campana tocando a difuntos” (traducción del autor).↵
- “muy grande, con 24 antorchas y 70 cirios de cera blanca, y muy bien adornado de cabezas de muerto pintadas, algunos libros y otros papeles con sus armas, y todo cubierto de negro” (traducción del autor).↵
- “fue desterrado de los dominios de España por dicho Felipe quinto, y por el sexto emperador de Alemania creado obispo de Ugento, en la provincia de la Puglia del Reino de Nápoles. Fue catedrático de prima y perpetua en la Universidad de Barcelona” (traducción del autor).↵
- BUB. Fons antic. Naturaleza, Fortuna y Virtud. Oración fúnebre en las honras y funerales exequias del ilustríssimo y rreverendíssimo señor don Fr. Raymundo de Rubí, cartuxano, obispo de Catánea, assistente del Sacro Solio Pontificio y gran canciller de la Universidad de dicha ciudad y de todo el Reyno de Sicilia. Barcelona, Juan Piferrer, 1739.↵
- BUB. Fons antic. Modelo de un seglar, de un monje y de un obispo perfeto, demostrado en la oración, que a la buena memoria del ilustrísimo señor don Raymundo Rubí, monje cartuxo, obispo de Catánea en Sicilia… Segovia, Antonio Espinosa de los Monteros, 1788.↵
- CASTELLVÍ, F. (1997-2002). Narraciones históricas. Edición de J. M. Mundet y J. M. Alsina, Madrid, Fundación Francisco Elías de Tejada y Erasmo Pèrcopo, 4 vols., II, 687.↵
- BUB. Fons antic. “Breve historia y narración de la vida y muerte del Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Don Fray Tomás de Vidal y de Nin, arzobispo de la ciudad de Mesina en el Reino de Sicilia, del Sagrado Orden Cisterciense; muerto en el año 1743 en dicha ciudad en el funesto y cruel contagio; con la fúnebre oración que en sus exequias se dijo. Escribióla un religioso del mismo Sagrado Orden Cisterciense en idioma italiano, y la tradujo en idioma español el R. P. Lector Fray Pedro Mártir Anglés de la Sagrada Orden de Predicadores. Dedícase al ilustrísimo y reverendísimo difunto prelado”. Barcelona. Barcelona, Juan Piferrer, s.d. Sobre Vidal i de Nin, véase: FORT I COGUL, E. (1954). “Noticias sobre Fray Tomás de Vidal y de Nin, Abad de Santes Creus”, Santes Creus. Boletín del Archivo Bibliográfico de Santes Creus, 1, pp. 3-26.↵






