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Revolución o no revolución, esa es la cuestión[1]

Un estado de la cuestión sobre el concepto
de revolución militar

David A. Abián Cubillo[2]

La configuración del concepto de revolución militar

Roberts situaba entre 1560 y 1660 un cambio que supuso una división entre la sociedad medieval del mundo moderno. Este cambio se debió a los intentos de las monarquías y repúblicas por solventar un problema táctico que había generado, o potenciado, la introducción de las armas de fuego portátiles. Todo ello terminaría implementando unos ejércitos permanentes y profesionales y habría tenido una repercusión más allá de la batalla. Estos nuevos ejércitos, mucho más numerosos, permitían implementar estrategias más ambiciosas con movimientos de varios ejércitos coordinados, con una consecuente escalada bélica en Europa. Como resultado de estos cambios, la guerra tuvo un mayor impacto en las sociedades, por el mayor nivel de destrucción, unos mayores gastos económicos y la necesidad de enfrentarse con el desafío de una mayor administración. Además, esta Revolución Militar tuvo también efecto sobre las relaciones y el derecho internacionales, así como sobre las reflexiones militares

A pesar de que Roberts puso en la táctica el énfasis del cambio, el mismo matizó este punto al señalar que los desarrollos puramente militares, de tipo estrictamente técnico, eran los agentes y auxiliares del cambio constitucional y social. Además, aunque reconoció que los combates europeos se “globalizaron”, señaló que los efectos de estos cambios no tuvieron una repercusión en la balanza de poderes en las “Indias Orientales”, porque los europeos no contaban con los medios logísticos para poder proyectarse en esta parte del globo, produciéndose desarrollos “unsystematic”. También matizó una evolución “lineal”, al señalar que algunos de los aspectos tácticos no se producirían durante el siglo XVIII por cuestiones culturales[3].

Uno de los primeros críticos con el concepto de Revolución Militar fue Geoffrey Parker, cuya obra terminaría expandiendo este término. En 1976, Parker publicó un artículo titulado “The ‘Military Revolution’ 1560-1660 a Myth?”, que sería el punto de partida de su redefinición del concepto partiendo de una serie de críticas a la teoría de Roberts. Uno de ellos era la cronología y el espacio en el que Roberts apreciaba la revolución. Para Parker, la revolución tenía su origen décadas antes y no se situaba en el norte de Europa, sino en el sur. Por otra parte, no cuestionaba el axioma guerra-estado, sino que redefinía algunas de sus causas. Parker consideraba que el crecimiento de los ejércitos no partía de cuestiones tácticas, sino de diversos factores, siendo la aparición de nuevas fortificaciones uno de los principales. Además, el crecimiento de los ejércitos se debía también a factores ajenos al mundo propiamente militar, como la necesidad de gobiernos capaces de organizar y controlar grandes fuerzas, ciertas mejoras tecnológicas elementales para mantener esas tropas, un cierto nivel de riqueza en la sociedad y formas de movilizar esa riqueza. Estas críticas iban encaminadas a perfilar un concepto que consideraba correcto para mostrar los cambios producidos en la Edad Moderna.

En 1988 Parker publicó The Military Revolution: Military Innovation and the Rise of the West, 1500–1800, obra que sin lugar a duda contribuyó a la difusión del concepto Revolución Militar. Este libro expandía algunas de las ideas antes señaladas, pero sobre todo basaba la Revolución Militar en los siguientes aspectos: las nuevas fortalezas, las guerras de sitios, las armadas y la capacidad de los estados para financiar y movilizar tropas y recursos. Además, alejaba en cierto sentido el argumentario principal de Roberts, centrado en explicar la construcción de los estados modernos, y Parker introducía un nuevo aspecto, ligando esta revolución con el auge de Occidente. La revisión de la obra en 1996 fue incorporando algunas de las críticas recibidas, por ejemplo, sobre el término revolución. El empleo de esta palabra había generado bastante debate en la década de 1990, como se aprecia en las actas publicadas tituladas La révolution militaire en Europe: (XVe-XVIIIe siècles)[4]. En este aspecto, Parker aceptaba que el periodo cronológico de la revolución era amplio, pero si se hacía una comparativa con otros procesos históricos que recibían ese término y con amplitud temporal superior, consideraba que podía emplearse para su teoría. En este apartado también respondía a las críticas sobre la homogeneidad del término, señalando que las transformaciones en este periodo no fueron lineales e invariables a lo largo de Europa, señalando algunos ejemplos. Parker planea una nueva edición completamente revisada para adecuar su tesis a las últimas investigaciones.

En la obra de 2005 The Cambridge History of Warfare editada por Parker, y en la que participó como autor, volvió a incorporar algunas de las críticas, sin alterar las bases del concepto. Parker incluía la importancia de la cultura en la forma de hacer la guerra, señalando que la cultura de guerra occidental, más agresiva y basada en el control, se diferenciaba de otras como las del sudeste asiático “que luchaban para esclavizar a sus enemigos, más que para exterminarlos”[5]. Otra diferencia, según Parker, residiría en que “Occidente acostumbró a juzgar las innovaciones militares en función de criterios de eficacia, mientras otras civilizaciones de otras regiones rechazaron determinadas tácticas o técnicas de demostrable superioridad por motivos culturales o religiosos”[6]. Además, negaba, aunque esto ya lo había señalado anteriormente, tanto que Occidente hubiera contado una superioridad tecnológica universal, como que la “técnica” fuese suficiente para garantizar la victoria, incluso en la actualidad. La capacidad de las potencias occidentales para conseguir una superioridad a finales de la Edad Moderna habría sido, además, principio del formulario de técnica, disciplina y una tradición militar agresiva, “en su singular capacidad tanto para cambiar como para mantener sus prácticas militares en función de la necesidad; y, en segundo lugar, por su destreza para financiar esos cambios”[7]. Esta fácil adaptación y desarrollo de la capacidad de financiación encontraba su origen, según Parker, en la continua competencia entre estados europeos a lo largo de todo el periodo moderno, que había llevado a la necesidad de ir redefiniéndose y adaptándose para poder “sobrevivir”. Por lo tanto, la Revolución Militar, pero la historia militar en general, estaría ligada a la dinámica de desafío y respuesta, que el propio Parker comparada con “modelo biológico del ‘equilibrio puntuado’, en el cual la evolución avanza mediante breves estallidos de cambio rápido intercalados por periodos más largos de alteración más lenta y gradual”[8].

La revisión del concepto

La revisión del concepto propuesto por Geoffrey Parker comenzó prácticamente a la par que la publicación de su obra. En la década de 1990 comenzaron a publicarse numerosos estudios y obras que matizaban la teoría de Parker, principalmente en la cuestión del espacio y del tiempo. No todas las obras defendían la tesis de Parker, pero es cierto que no solían criticar la esencia del concepto Revolución Militar. Por lo general, se intentó aplicar la teoría general de Parker a los diversos espacios, principalmente europeos, aunque algunos autores eran críticos con la teoría. Por otra parte, sobre la cronología, autores como Clifford J. Rogers señalaban la necesidad de hablar de la revolución desde el periodo medieval o Jeremy Black, en sus publicaciones en los años 90, situando cambios revolucionarios durante el siglo XVIII. De hecho, muchos de estos autores participaron en la obra editada por Rogers en 1995 The military revolution debate Readings on the Military Transformation of Early Modern Europe.

Durante el siglo XXI comenzaron a hacer las primeras críticas más incisivas contra el concepto, más allá de límites cronológicos o espaciales. Por ejemplo, David Parrot señalaba que la vinculación guerra-estado debía ser, cuanto menos, matizada ya que el siglo XVI y el XVII fue el siglo de los empresarios militares, señalando la importancia que tuvieron los agentes privados en la financiación y movilización de recursos[9]. Aunque esta crítica no era del todo nueva, ya que la labor de los empresarios privados había sido ya señalada por Parker y Roberts. Irving Anthony Alexander Thompson a lo largo de su carrera, pero también más recientemente, ha criticado que se esté ignorando del debate sobre la Revolución Militar los elementos no militares, sociales, culturales y políticos de su argumento, así como que no se esté profundizando en el concepto de estado que manejamos (diferenciando entre el weberiano y marxista)[10].

La obra de Jeremy Black, Rethinking Military History (2004), puede considerarse un punto de partida sobre los mayores replanteamientos sobre la Historia Militar en general, pero con el foco puesto en el concepto Revolución Militar. Esta obra quería poner el foco en la teorización asumida e implícita dentro de la historia militar, particularmente la divulgativa, pero también la científica. Concretamente la obra de Black señalaba los siguientes aspectos. La tendencia eurocentrista, al estudiar de la historia militar desde el punto de vista europeo como si se tratara de una historia de éxito frente al resto del mundo que debía imitarle. Además, dentro de este eurocentrismo, habría una tendencia a emplear como paradigma de referencia a las potencias líderes como espejo en el que debían reflejarse el resto. Otro aspecto sería, el uso de la tecnología como referente para estudiar la guerra, en detrimento del resto de aspectos, posicionándola como un elemento “objetivo”. A la par se debería ampliar el concepto de guerra, no como algo exclusivo entre dos estados, sino incluyendo otros conflictos como las guerras civiles, y no excluir los conflictos marítimos[11].

Black también abogaba por alejarse de la batalla como ejemplo de éxito en la guerra, y enfocarse en las causas y objetivos de la guerra, así como analizando otros factores como calidad de lucha, cohesión de la unidad, moral, liderazgo, tácticas, estrategia y otros factores a través de un tratamiento teórico comparativo. Junto a esto, se debían tener en cuenta las capacidades y límites de los estados, por cuestiones técnicas, culturales, sociológicas o políticas. Por último, entre los muchos aspectos que señalaba Black, se situaría la revisión del enfoque de la estructura militar, éxito militar etc. desde un enfoque político y cultural, no solo por “efectividad”. Por lo tanto, lo que proponía Black era situar el foco en la diversidad, tanto rompiendo el binomio Occidente-no Occidente, como dentro de cada uno de estos bloques. Además, el cambio debería ser analizado dentro de la lógica y contexto de cada sociedad o estado y no desde una perspectiva mecanicista de difusión evolutiva. Por ejemplo, la difusión de armas de fuego debería valorarse no en términos de progreso militar, sino según las necesidades y estrategias a las que se enfrentaban las diferentes estructuras políticas, porque cada la respuesta óptima a un problema era la que se ajusta a las necesidades, no por seguir un modelo empleado por la potencia dominante. Es decir, se aprecia claramente en todos estos aspectos una crítica a la base de la Revolución Militar de Parker.

Una visión global y comparada

Se puede apreciar que en el siglo XXI la historiografía no ha marcado una postura sobre los postulados de Parker. No se pueden crear línea exactas y totalmente definidas en las tendencias actuales, pero podríamos dividirlo entre aquellos que quieren reformular el concepto, adaptándolo a la luz de las nuevas preocupaciones e investigaciones, y quienes consideran que su formulación fue realizada en un contexto estructuralista que carece de aplicabilidad en cuanto se emplea una visión no eurocéntrica, basada en la historia lineal y con el progreso como guía. Lo que está patente es que en ambos casos la historia global ha sido un elemento común y central en el debate[12].

Entre los primeros podemos englobar aquellos que han realizado una serie de estudios concretos en regiones no europeas, pero no creen que el término revolución deba desaparecer o sea inoperativo. Un ejemplo sería The Asian Military Revolution: From Gunpowder to the Bomb (2008) de Peter Lorge, en la que defiende una visión no eurocéntrica del concepto Revolución Militar. Aunque considera que debe primarse una visión cultural sobre el empleo de la tecnología y alejarse de convertir la tecnología en condición sine qua non de la dominación occidental y como la base de la modernidad. La crítica a la teoría de Parker se centra en que, si se acepta que la introducción de nueva tecnología causa cambios en la guerra, que a su vez causaron cambios en la política y la sociedad, supondría aceptar una historia lineal, ya que adoptar esa tecnología debería provocar un mismo desarrollo y una misma forma de entenderla. La base del libro de Lorge es probar que las culturas hacen “concesiones” para adoptar y adaptar nuevas tecnologías, siendo los desarrollos políticos e instituciones los que convirtieron la tecnología en instrumentos militares efectivos.

A esta visión, según Lorge, se añade el desconocimiento sobre la historia de Asia unido a la visión eurocéntrica. Para el autor, la guerra moderna fue creada en China durante los siglos XII y XIII, gracias al desarrollo de un sistema político y burocrático por parte de la dinastía Song. De esta forma, habría que indicar que Europa iba con “retraso” y que fueron los estados europeos los que tuvieron que imitar la fórmula china, es decir, contar con unas instituciones burocráticas tan desarrolladas como la de la dinastía Song. Por lo tanto, para Lorge era la tecnología y la cultura asiáticas las que estaban en el corazón de la transición europea a la modernidad. Por lo tanto, el binomio estado-guerra, no era alterado. De hecho, Lorge termina su libro “There was a military revolution in Asia, and it was followed by a military revolution in Europe”[13].

Quizá la obra de Tonio Andrade, de las pocas traducidas al castellano, Gunpowder Age: China, Military Innovation and the Rise of the West in World History (2016), sea que mejor ejemplifica esta redimensión del concepto desarrollado por Roberts y Parker. La obra tiene por objetivo abordar “la Gran Divergencia entre China y Occidente con la guerra como eje central”[14]. Su minucioso estudio, amparado en documentación china y una variada bibliografía, sobre la historia militar china le lleva a señalar que debería hablarse de una revolución de la pólvora, que se inició con la dinastía Song (960-1279). En este sentido, Andrade considera que los europeos a lo largo de la Edad Moderna no contaron con una superioridad tecnológica constante, de hecho, muestra como cuando la dinastía Ming entró en contacto con las armas y tecnología europeas a comienzos del siglo XVI las incorporó rápidamente.

En este sentido, para Andrade, el sistema de competencia estatal y constantes guerras, parte de la tesis de la Revolución Militar de Parker, estaría presente en China en toda la edad moderna, salvo en la segunda mitad del siglo XVIII cuando la dinastía Ming, debido a sus éxitos militares, entró en un largo periodo de paz que lo “descolgaría” de las innovaciones militares. De hecho, Andrade finaliza su libro defendiendo el concepto Revolución Militar, al señalar que la importancia del barco con artillería lateral y la traza italiana daban una cierta ventaja a los europeos. Además, se alejaba de la visión puramente cultural de la historia militar:

Sin embargo, si bien es cierto que el mundo era un lugar complejo y que cada contexto exigía soluciones locales, lo interesante es que los avances militares en Asia oriental mostraban sorprendentes paralelismos con los de Europa occidental. Las fuerzas chinas derrotaban a las europeas no tanto porque hicieran las cosas de otra manera, sino porque hacían las mismas cosas igual de bien o mejor[15].

La revolución militar: un concepto eurocentrista e inexistente

Por otra parte, dentro de los que abogan por señalar que no debe emplearse el término Revolución Militar y niegan cualquier tipo de cambio revolucionario caben destacar a Frank Jacob, Gilmar Visoni-Alonzo, Jason Sharman y, sobre todo, Jeremy Black. Por ejemplo, Sharman ha intentado dar una “estocada” final a la Revolución Militar en su obra Empires of the weak (2019). A pesar de sus intentos, muchos de los puntos que señala ya son críticas empleadas anteriormente. Asimismo, a pesar de que en su introducción pretende dar una visión/perspectiva cultural sobre la guerra, en la práctica muchas veces emplea el binomio éxito-fracaso para desacreditar la teoría de la Revolución Militar, resaltando las victorias de fuerzas no europeas para demostrar su fortaleza frente a la expansión europeo, a veces realizando comparaciones un tanto un tanto “débiles”[16].

Por otra parte, Frank Jacob y Gilmar Visoni-Alonzo han realizado una serie de publicaciones en 2016, recopiladas bajo el título The Military Revolution in Early Modern Europe: A Revision, tampoco consigue realizar un “golpe mortal” a las tesis de Parker, a veces realizando estudios comparados un tanto “frágiles”[17]. De hecho, Alan James lo ha denominado como “most strident attempt to write the final obituary of the thesis described the Military Revolution”[18]. Los autores centran sus críticas en señalar la Revolución Militar como algo eurocéntrico que conlleva a una historia lineal. Su tesis se basa en un cierto reduccionismo de la teoría de Parker, y trata de rebatir cualquier tipo de superioridad tecnológica europea. Además, alternan negaciones de la importancia de la tecnología en la guerra con resaltar lo rápido que eran adoptados aspectos técnicos por los “no europeos”. Finalmente aceptan poder hablar de revoluciones (en plural) a lo largo de la historia, y en la Edad Moderna en particular, siempre que sea global. Podríamos señalar, que estos autores caen en lo que Hobsbawm señaló en Historia del Siglo XX, parafraseando a E. P. Thompson, “la gran condescendencia” de Occidente hacia otras áreas. Centrando muchas veces el concepto de Revolución Militar en la supuesta superioridad militar de Occidente, alejándose de muchos de los puntos originales de Roberts, sobre la vinculación de la guerra con la sociedad, el estado o la economía, y rebatiendo la teoría de Parker ensalzando las victorias de los estados no occidentales[19].

Cabe señalar que, sin lugar a duda, ha sido Jeremy Black quien ha planteado las propuestas más trabajadas y coherentes contra el concepto Revolución Militar. Jeremy Black posiblemente ha sido el autor más prolífico a la hora de criticar las teorías de Parker y negar la utilidad del concepto en la actualidad. En los últimos años ya no trata de abordar cambios espaciales o temporales de la teoría, sino atacar la lógica conceptual de la teoría, empleando un amplio abanico de bibliografía y documentación para sustentarlo.

Black llama a abandonar el empleo de la tecnología como algo diferenciador y alejarse de la batalla como elemento empírico que demuestra la eficacia en la guerra. También aboga actualmente por realizar un estudio de la historia militar exclusivamente desde la cultura militar, entendida como algo que se basa en factores sociales e ideológicos, oportunidades ambientales, limitaciones geográficas y la percepción del pasado. Además, se debería abandonar, o redimensionar, los aspectos cronológicos para no caer en la historia lineal, por ejemplo, renunciando a establecer fechas como puntos de inflexión. Para ello no debería convertirse al cambio en un elemento central del análisis, ni tampoco la continuidad. Igualmente, cuestiona otros aspectos claves de la Revolución Militar, como la relación guerra-estado, señalando que la suposición de que la guerra es necesariamente la clave en el desarrollo de los estados puede ser engañoso, ya que en su opinión el conflicto debilitaba a los Estados[20].

Black también cuestiona la causa-efecto de la tesis de la Revolución Militar europea de principios de la Edad Moderna sobre el período posterior, independientemente de cómo se defina cronológicamente y, más en general, para la historia militar en su conjunto. Además, vuelve a señalar que la eficacia en la batalla no equivale a la eficacia en toda la gama de conflictos, especialmente en las guerras pequeñas, y el conflicto es sólo un aspecto de la coerción y la fuerza. Asimismo, Black indica, para cuestionar el carácter revolucionario de la Revolución Militar, que durante la Edad Moderna hay pocos signos de transformación en aspectos como el honor, la reputación o mostrar valor, desde un punto de vista antropológico[21].

Revolución en los asuntos militares (RAM)

En los últimos años al debate sobre la Revolución Militar se ha incorporado un concepto del ámbito militar: Revolution in military affairs (Revolución en los asuntos militares). Este concepto nació en la antigua URSS, pero fue redefinido y difundido en los años 90 dentro del ejército de los EEUU. Su definición sería la siguiente “una mejora de los procedimientos del arte de la guerra fundamentados en la aplicación de los medios tecnológicos y que induce profundos cambios doctrinales y organizativos en el ámbito de las Fuerzas Armadas. Son tres los conceptos fundamentales en una RAM: la tecnología, doctrina y organización”[22]. Su vinculación con la historia se ha producido en el siglo XXI y ha servido para señalar una serie de revoluciones a lo largo de la historia en tecnología, doctrina y organización. Para los historiadores la RAM ha servido para poder aplicar el término revolución en diversos periódicos históricos, pero sin el grado de “profundidad” que otorgaba la Revolución Militar, que iba más allá de implementar cambios tecnológicos y se relacionaba directamente con la sociedad y la configuración de los estados modernos.

Para eliminar el halo de “objetividad” que gozaba la tecnología dentro de la RAM se ha hablado de culturas estratégicas. Como señala Mark Charles Fissel, las RAM son sobre todo “endógenas”, por lo tanto, llevan las características de dicha sociedad. Además, también matizan la importancia de la tecnología a la hora de alcanzar la victoria en la guerra, dependiendo de si se tratan de guerras simétricas o asimétricas[23]. Por ello, el concepto, aunque útil, no puede servir más que para explicar una parte de la historia militar y tampoco resuelve el debate en torno a la Revolución Militar, ya que la RMA abandona algunos campos centrales, como política, economía o sociedad[24].

Conclusión

El debate sobre la Revolución Militar está lejos de terminar, pero no cabe duda de que ha habido una multitud de estudios que han ido perfilando este concepto y que actualmente es mucho más amplio y abierto. Sin lugar a duda, el camino para continuar el debate debe basarse en una historia comparada y conectada, alejada de visiones eurocéntricas, analizando la guerra de forma compleja no solo por el resultado de alguna batalla, sin una narrativa entre vencedores y exitosos, pero tampoco ignorando la importancia de la tecnología y las batallas, ya que los propios contemporáneos le daban bastante importancia. Además, el debate sobre la Revolución Militar no debería centrarse sobre la no superioridad occidental, y volver a centrarse en otros aspectos como, por ejemplo, entender la guerra en su contexto o las conexiones con otras áreas. Si el concepto de la Revolución Militar puede adaptarse a estas nuevas premisas, es posible que siga vigente en el ámbito académico.


  1. Este artículo es parte del proyecto de I+D+i PGC2018-093841-B-C32, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033/FEDER “Una manera de hacer Europa” y “RESISTANCE: Rebellion and Resistance in the Iberian Empire, 16th-19th centuries”, Programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea, a través de la acción Marie Skłodowska-Curie RISE (Research and Innovation Staff Exchange), en virtud del acuerdo de subvención n.º 778076.
  2. Universidad de Cantabria.
  3. ROBERTS, M. (1995). “The Military Revolution, 1560-1660”. En C. ROGERS (ed.) The Military Revolution Debate: Readings on the Military Transformation of Early Modern Europe, Boulder, Westview Press, pp. 13-32.
  4. IEVA, F. (2022). “La Rivoluzione militare in Francia: recezione e attualità della tesi”. Dimensioni e problemi della ricerca storica, 2, pp. 55-68.
  5. PARKER, G. (2010). Historia de la guerra. Madrid, Alianza Editorial, p. 10.
  6. PARKER, 2010, p. 426.
  7. PARKER, 2010, pp.11-12
  8. PARKER, 2010, p.12
  9. PARROTT, D. (2012). The business of war: military enterprise and military revolution in early modern Europe, New York: Cambridge University Press.
  10. THOMPSON, I. A. (2020). The Military Revolutionary and the Trajectory of Spain: War, State and Society 1500-1700, Ten Studies. Northants, Paragon Publishing, pp 7-9.
  11. BLACK, J. (2004). Rethinking military history. New York, NY: Routledge, Taylor & Francis Group.
  12. BLACK, J. (2019). Introduction to Global Military History: 1775 to the Present Day, London, Routledge/Taylor & Francis Group.
  13. LORGE, P. A. (2008). The Asian Military Revolution: From Gunpowder to the Bomb, Cambridge, Cambridge University Press.
  14. ANDRADE, T. (2017). La edad de la pólvora: Las armas de fuego en la historia del mundo. Barcelona, Crítica, p. 6.
  15. ANDRADE, 2017, p. 309.
  16. SHARMAN, J. C. (2019). Empires of the Weak: The Real Story of European Expansion and the Creation of the New World Order, Princeton, New Jersey, Princeton University Press.
  17. JACOB, F. y VISONI-ALONZO, G. (2016). The Military Revolution in Early Modern Europe. London, Palgrave Macmillan UK. https://doi.org/10.1057/978-1-137-53918-2.
  18. JAMES, A. (2023). “Moving Beyond the Military Revolution at Sea”. En J. Black (ed.), Global Military Transformations: Change and Continuity, 1450-1800, Roma, Società Italiana di Storia Militare, p. 38.
  19. HOBSBAWM, E. (1998), Historia del siglo XX, Barcelona, Crítica, 1998, p. 204.
  20. BLACK, J. (2023). “Conclusions”. En BLACK, J., (ed.). Global Military Transformations: Change and Continuity, 1450-1800. Roma, Società Italiana di Storia Militare, p 532.
  21. BLACK, 2023, pp. 529-533.
  22. NIETO FERNÁNDEZ, I. (2012). “Revolución en asuntos militares (RAM)”. Revista general de marina, Vol. 262, 6 (Junio), pp. 851-858.
  23. FISSEL, M. C. (2023), “From the Gunpowder Age Military Revolution to a Revolution in Military Affairs”, en Fissel, M. C., (ed.), The Military Revolution and Revolutions in Military Affairs, De Gruyter Studies in Military History, Berlin; Boston, De Gruyter Oldenbourg, pp. 313-368.
  24. BRUNELLI, G. (2021). La guerra in età moderna. Storia e società, Bari, GLF editori Laterza, pp. 198-199.


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