Parábola humana y política de Miguel José de Azanza (1746-1826)
Vincenzo Barra[1]
La construcción “normal” de una carrera “trascendental”
En noviembre de 1784 Miguel José Azanza Narvalaz y Alegría, Encargado de Negocios del Real Servicio de Carlos III en Rusia, recibió en San Petersburgo una carta del conde de Floridablanca[2] anunciándole su traslado a Berlín. Venía a sustituir a Simón de las Casas[3], embajador en Prusia, oficialmente en licencia por un año[4]. Las relaciones diplomáticas con Prusia no se habían establecido hasta diciembre de 1780, y gran parte de ese éxito diplomático se debió a la hábil labor de Casas. En realidad, este se enteraría solamente una vez llegado a Viena, en diciembre, de que se le había encargado de una misión mucho más delicada: la de ministro Plenipotenciario en Nápoles con el objetivo de restablecer las relaciones entre Carlos III y su hijo Fernando, cada vez más crítica debido a las evidentes y escandalosas maniobras de desvinculación de Sus Majestades Sicilianas de la órbita española[5].
En realidad, Azanza fue un personaje que, en el mundo hispánico de la segunda mitad del siglo XVIII, encarnó identidades múltiples y diferentes que encajaban bien en el sistema diplomático de la España de la segunda mitad del siglo XVIII[6].
Personalidad olvidada durante mucho tiempo, junto con muchos de los de su generación que siguieron la trayectoria política que los llevó a ser despreciados tanto por los legitimistas absolutistas como por los liberales españoles, Azanza sólo ha sido redescubierto recientemente por los estudiosos[7]. La compra de su archivo privado en el año 2000 por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, mediante subasta, le dio un fuerte impulso. Los papeles se encuentran en el Archivo General de Indias, en la sección “Diversos”[8], y constituyen la principal fuente documental de esta contribución.
El objetivo principal de este estudio es investigar las vías de ascenso administrativo y político en la España de finales del siglo XVIII a través de la carrera política, administrativa, diplomática y militar de Azanza. Su experiencia es especialmente significativa porque si por un lado encaja dentro del itinerario normal de una carrera de la época, por otro lado, es significativa por el nivel alcanzado por Azanza, que llegó a lo más alto de la política y de la administración en la España primero borbónica y luego napoleónica. Así, en la exploración de los mecanismos de construcción del poder político y administrativo a ambos lados del océano en la segunda mitad del siglo XVIII, que proponemos, la carrera de Azanza se convierte para nosotros en el paradigma de la construcción “normal” de una carrera trascendental y “excepcional”.
Desde los oscuros orígenes al América: aprendizaje administrativo y carrera militar
Miguel José Azanza Narvalaz y Alegría nació el 20 de diciembre de 1746 en Aoiz, pueblo navarro que vivía principalmente de la ganadería y del comercio de la lana. Sus padres (Pedro José Azanza Narvalaz y Jiana María Alegría Egüés) pertenecían a la baja nobleza hijodalga. Su apellido es toponímico, ya que Azanza es también una localidad navarra.
Probablemente autodidacta, el joven Miguel José partió de España hacia Cuba a la edad de diecisiete años, en 1763, para ayudar a su tío materno, Martín José de Alegría, en sus asuntos comerciales. Su caso, por tanto, encaja plenamente en el flujo migratorio que, desde Navarra, a mediados del siglo XVIII, se dirigía a América en busca de fortuna, a menudo a la llamada de parientes y coterráneos[9]. Fue, además, precisamente la nueva dinastía borbónica la que animó a nuevos grupos familiares de la baja nobleza a hacer carrera dentro de la estructura administrativa y política del Estado, respaldando el proyecto de la monarquía de crear una nueva clase dirigente laica, no noble, caracterizada por el sentido del deber, la competencia, el mérito, y la lealtad absoluta a la dinastía misma[10]. Sin embargo, Martín José Azanza jugó un papel fundamental en las fases de aprendizaje y formación de su sobrino. Pues gracias a él, Miguel José tuvo la oportunidad de conocer el Nuevo Mundo, pero también la ocasión de ser incluido en un circuito de amistades y clientelas que pronto llevaron al propio Martín José a ocupar puestos de cierto relieve en las Indias, hasta convertirse en administrador general de la Caja de Veracruz y luego de la Aduana de México.
Pero, sobre todo, el joven Azanza heredó de su tío la protección del marqués de la Torre[11], a quien probablemente había conocido en Italia durante los años de la Guerra de Sucesión Austriaca, y que estaba destinado a ocupar los cargos de gobernador y capitán general de Cuba.
En cuanto a la efectiva carrera administrativa, sin embargo, el joven Azanza dio sus primeros pasos en México, como secretario del visitador José de Gálvez. Azanza adquirió así un vasto conocimiento del mundo colonial y sus peculiaridades, de que luego habría aprovechado en los años de su virreinato. Esta etapa terminó de forma amarga y dolorosa, pues Gálvez le hizo encarcelar con otros tres secretarios, culpables de haber firmado una carta denunciando el precario estado de salud mental de Gálvez mismo quien, en una crisis provocada por estrés, había mostrado inequivocables signos de desequilibrio en el ejercicio de sus funciones.
El traumático y desagradable final de su experiencia en la administración hizo que Azanza decidiera emprender la carrera militar. Así, en 1770 pasó a ser cadete y luego alférez en el regimiento de Lombardía mandado por el marqués de la Torre, con quien abandonó México en 1777 para regresar a España.
La etapa militar debió ser importante para Azanza, aunque breve, porque le permitió aprender técnicas de dirección del ejército, tácticas militares y, sobre todo, forjar nuevas relaciones en el mundo castrense. Pero, de repente, el camino de la diplomacia se abrió cuando el marqués de la Torre fue nombrado ministro plenipotenciario en Rusia por Floridablanca el 9 de noviembre de 1780.
La protección de Floridablanca
El marqués de la Torre llevó consigo a Azanza a Rusia. De hecho, las cualidades de Azanza destacaron a los ojos de José Monino y Redondo, I conde de Floridablanca, quien le tomó bajo su protección. Floridablanca debió de apreciar tanto esta habilidad y su compromiso, que fue por la pericia que demostró en Rusia que Azanza fue nombrado Encargado de Negocios en Prusia (1784-1787), en sustitución de Simón de las Casas.
De manera repentina, la carrera diplomática de Azanza llegó a su fin cuando fue llamado a España en 1787. Lo más probable fue la intervención del poderoso ministro de Indias Gálvez, contra el que Azanza se había enfrentado en Nueva España cuando era muy joven. Pero, aunque Floridablanaca tuviera que ceder en el momento, ya había preparado para su protegido el nombramiento de Intendente[12], en cuyo cargo habría tenido la oportunidad de expresar sus dotes de administrador. Precisamente mientras Azanza ocupaba este cargo en Valencia, Floridablanca se vio obligado a poner fin bruscamente a su carrera política, siendo primero destituido fulmíneamente y luego aun detenido y sometido a juicio.
De repente, Azanza se encontró sin referencia política y sin protector. Además, estaba especialmente comprometido con Floridablanca, lo que le exponía a las represalias y venganzas de sus enemigos políticos. Fue gracias a la Guerra de la Convención que, como intendente del ejército del Rosellón se encargaba de coordinar las operaciones militares y la defensa de Cataluña, pudo entrar en contacto con Godoy[13] y ganarse al fin su confianza[14].
Desde el Príncipe de la Paz a José Bonaparte
La inclusión de Azanza en la clientela de Godoy dio frutos inmediatos: nada más terminar la guerra, fue nombrado consejero de Estado. Godoy, que había logrado el título de “Príncipe de la Paz” el 5 de septiembre de 1795, le nombró ministro de la Guerra el 11 de diciembre del mismo año. Inmediatamente antes, como condición previa, Azanza fue recibido en la orden Militar de Santiago[15], certificación indispensable de pureza de sangre y nobleza para ocupar altos cargos en el Estado. El año después Azanza fue nombrado virrey de Nueva España (19 de octubre de 1796), en sustitución del cuñado del todopoderoso Godoy, el siciliano marqués de Branciforte[16], que pasó a la historia como uno de los más corruptos.
El conocimiento del territorio y las dotes administrativas, financieras y militares de Azanza le convertían sin duda en el candidato ideal, hasta el punto de que se le recuerda como uno de los mejores virreyes que ha tenido México, a pesar de que no pudo llegar a América hasta dos años después, el 17 de mayo de 1798, debido al bloqueo naval británico[17].
El 19 de mayo 1798 recibió el bastón de mando de manos del marqués Branciforte[18] en Orizaba, y tras el oficio religioso en Guadalupe, el 10 de julio entró en Ciudad de México con toda la pompa que prescribía el rito de entrada del virrey y el viaje ceremonial desde Veracruz[19] “entre los solemnes repiques haciéndole la artillería las salves de Ordenanzas, y con general regocijo del inmenso gentío que ocupaba las calles”[20].
Virrey ilustrado, su actividad fue especialmente reformista[21], pero no faltaron las dificultades; Azanza, por ejemplo, fue el primer virrey que tuvo que reprimir un movimiento independentista, la “Conspiración de los machetes”[22], considerado un preludio de la independencia mexicana.
Siempre repentinamente, Azanza fue destituido en 1800. Pero, a su regreso Europa estaba profundamente cambiada por el auge del Imperio napoleónico y España desgarrada por la lucha entre godoystas y fernandinos. Tras un largo periodo de ostracismo en Granada, el motín de Aranujez del 18 de marzo de 1808 hizo posible el regreso de Azanza a la gran política. De hecho, el nuevo rey Fernando VII le nombró ministro de Hacienda. A partir de ese momento, Azanza se vería arrastrado por la vorágine de turbulentos acontecimientos que en muy poco tiempo le transformaron desde ministro de Fernando VII hasta ministro de José Bonaparte.
A través de las abdicaciones de Bayona, a los 62 años, Azanza decidió abandonar la causa borbónica, a la que había servido durante toda su vida, para ser leal a la nueva dinastía, en cuya implantación trabajó activamente desde el primer momento. Fue el propio Napoleón, de hecho, quien le nombró presidente de la Asamblea de Bayona.
La crisis dinástica y el levantamiento popular habían provocado el colapso del Estado y dado lugar a un espantoso vacío de poder, de modo que la revolución española no nació “de las ideas o de conflicto entre el poder y la sociedad; nació como consecuencia de una situación de guerra, y la guerra determinó el curso de los acontecimientos”[23]. El propio orden colonial no sobrevivió a la ruptura del vínculo dinástico[24].
Significativo del entusiasmo y confianza con que Azanza vivió aquellos momentos excepcionales es la carta “muy reservada” que el entonces todavía secretario de Hacienda dirigió al consulado de Lima, el 15 de mayo de 1808, para informar de «los sucesos ocasionados por las discordias entre la Familia Real y la llegada del reinado de José I:
Han acaecido otros tan extraordinarios que acaso tendrán poco exemplares […]. Se muda solo la dinastía pero se conserva a la nación su integridad e independencia, y el Gran Napoleón, que quiere ser el protector y restaurador de las Españas, ayudará con energía a mantener la tranquilidad de esas Provincias, su unión con la Metrópoli, y a que se estrechen más los vínculos indisolubles de relaciones íntimas de familias, identidad de religión, leyes, mos, costumbres, lengua, e intereses que hacen de la España y sus Colonias una de la Nación destinada para la Providencia a ser siempre unas de las primeras del mundo. […] Todos los sugetos sensatos lo piensan así […][25]
Exponiéndose personalmente y convirtiéndose en hombre de confianza del emperador y del nuevo monarca, Azanza fue el español más cercano a José I y uno de los miembros más leales de su “Govierno Paternal”, destinado a fomentar el desarrollo de España en “su Comercio, Agricultura y Artes”[26]. Azanza ocupó entonces diversos cargos oficiales y relevantes: fue ministro de Indias, de Negocios Eclesiásticos, embajador extraordinario a Francia, ministro de Negocios Extranjeros. En este último cargo, más tarde sería sospechoso de fomentar las revoluciones independentistas de las colonias americanas[27]. De hecho, la intención de Azanza era conseguir la adhesión de las colonias americanas a la causa bonapartista. Para ello, envió emisarios a Perú, Nueva España y Buenos Aires, que trajeron consigo cien ejemplares de la Constitución de Bayona[28].
En todo modo, Azanza, creado duque de Santa Fe por José I, protagonizó la destrucción del Antiguo Régimen mediante la puesta en marcha de las reformas ilustradas, que pretendían hacer de España un Estado moderno que superara las limitaciones del reformismo borbónico y el atraso del país, al tiempo que lo resguardaba de los excesos de la revolución.
Nuevas perspectivas de investigación
El vínculo masónico que unía a Azanza y a José I también desempeñó un papel importante en el cambio de capa. Pero, sobre todo, el cambio de lealtad de Azanza es también una señal de que el advenimiento de los Bonaparte había provocado la subversión de todos los lazos clientelares que hasta entonces habían apoyado, o intentado de bloquear, la carrera de Azanza. Sin duda, la cuestión del clientelismo nos remite también a los objetivos que esta contribución se proponía alcanzar, a saber, el estudio de la construcción de la carrera “trascendental” de Azanza en la España de la segunda mitad del siglo XVIII: aparece cómo efectivamente dentro de la monarquía borbónica el parentesco y las relaciones familiares y territoriales eran fundamentales, así como los lazos sellados por vínculos más estrictamente clientelares. Pero también emerge cómo la pericia y la experiencia, complejas y en distintos sectores, que Azanza pudo adquirir y practicar durante las distintas etapas de su carrera desempeñaron un papel decisivo. Fue también gracias a estas competencias transversales que la carrera de Azanza pudo ser a la vez duradera y de tan alto nivel, aunque en tiempos extremadamente difíciles.
Tras la Restauración, Azanza se convirtió en un punto de referencia para los afrancesados[29] e intentó justificar su traición publicando una autobiografía en 1815[30]. En efecto, en el intento de ganarse el perdón de Fernando VII, explicó que había decidido apoyar la causa bonapartista con la única intención de salvar a España de la guerra civil y de la anarquía, evitando al mismo tiempo que su país fuera gobernado directamente por los franceses[31]. La única opción, según Azanza, había sido abandonar el país a la violencia, o intentar frenar la desintegración del Estado y, por así decirlo, “remonter la machine”[32].
Con el fin de encontrar elementos útiles para nuestro análisis, se ha estudiado el texto de las memorias de Azanza con la ayuda de Sketch Engine[33], uno de los softwares más utilizados por los lingüistas para el análisis de corpus, y se han comparado los datos con los de AntConc[34] para afinar los resultados. Esta operación aporta datos interesantes cuando se leen desde la perspectiva de un análisis cualitativo del texto.
Entre las palabras con una frecuencia absoluta superior a 10, de hecho, se pueden identificar tres núcleos lexicales fundamentales más presentes en las memorias de Azanza, que se pueden definir como: el léxico “del poder”; el léxico “de la identidad ”; el léxico “de la violencia”.
En cuanto al primer grupo, los términos más presentes en absoluto son “Junta”, “Rey”, “Señor”, “Emperador”, “Gobierno”. Especialmente significativo en un texto que tiene el objetivo declarado de justificarse a los ojos de Fernando VII, es el hecho de que paradójicamente el término “rey” se utiliza casi en su totalidad para referirse a José Bonaparte y sólo dos veces para referirse a Fernando VII. La palabra más utilizada para acompañar el nombre de los reyes Borbones es “Señor”. Las contradicciones entre las intenciones declaradas del texto y el uso del léxico pueden ser una clave para adentrarse mejor en ese proceso de “thechnology of the self”[35], en que el autor intenta remodelar su subjetividad y su identidad y adaptarlas al contexto político de disciplina y control vigente, haciéndoles socialmente aceptables y aceptadas.
El segundo grupo de léxico es el que hemos denominado de la “identidad”, y está compuesto por palabras como “España”, “Nación”, “Francia”. Como para hacer más evidente la finalidad y el sentido del trabajo de Azanza en el nuevo régimen, el verbo que más acompaña al término “Nación” es, significativamente, “salvar”. De forma significativa, pero también paradójica en un texto cuyo objetivo es ganarse el favor de un monarca absoluto, el protagonismo de la nación también destaca en el ámbito terminológico.
El léxico de la Memoria se articula entonces en un tercer núcleo fundamental, que hemos denominado “de la violencia”, y utiliza las palabras “guerra”, “tropas”, “ejercito” y “perfidia amenaza”.
Por último, la extracción de las palabras clave del texto destaca los verdaderos protagonistas de la Memoria: “nuevo orden de cosas”, “nuevo orden”, “nueva dinastía”, “mutación de dinastía”, “nación española” y “conducta política”. Es el cambio, tanto dinástico como del orden político social, lo que resulta como el núcleo de la autonarración de Azanza, aun cuando sólo lo utilizará para justificar su conducta política y conferirle legitimidad. Se confirma, en efecto como era inútil, para Azanza y O’ Farrill profesar su lealtad de “verdaderos españoles”, solo porque los acontecimientos que les habían sobrecogido no habían sido el resultado de su propia iniciativa deliberada de traicionar a la dinastía[36].
Este intento de justificarse fue inútil porque fue precisamente ese cambio, tanto dinástico como del orden político y social, del que Fernando VII no pudo ni quiso enterarse. No se trataba de considerar poco importante la responsabilidad de Azanza en el régimen del rey intruso, porque era el propio “nuevo orden” lo que se pretendía cancelar, junto con las personas que habían contribuido a su instauración.
Teniendo siempre presente la advertencia de que “la vita emozionale deve necessariamente essere riguardata da molte angolazioni; fonti, approcci, e metodi devono necessariamente essere inquadrati entro una prospettiva interdisciplinare”[37], en el estudio de esa fuente excepcional que es para nosotros la autonarración relativa a los últimos y decisivos años, en la que Azanza explicó los factores que le llevaron al desarrollo de su nueva lealtad a la dinastía del “rey intruso”, también será interesante un análisis del vocabulario emocional[38] y de las estrategias retóricas utilizadas, porque aportará las herramientas útiles para adentrarnos en las tensiones entre sociedad y política, entre aspiraciones individuales y obligación social, entre emociones y afiliación política[39].
En el fracaso del esfuerzo de Azanza por reivindicar su memoria individual como legítima, la idea misma de fracaso puede desempeñar un papel central. De hecho, la Memoria no logra su intento de hacer legítima la existencia de un grupo marginado y oprimido por la restaurada monarquía absoluta española. Será de interés, en esta perspectiva de investigación, la utilización del concepto historiográfico de “vita fallida”[40], aplicado al estudio de los acontecimientos personales y políticos de Azanza. Su destino individual refleja el de una generación de intelectuales, políticos y administradores reformistas ilustrados españoles. De hecho, no se trata sólo del fracaso del destino individual de Azanza en su ascenso político y social, sino del fracaso de sus esfuerzos por salvar a España de la guerra civil y de la condena al atraso, en contraste con las naciones europeas más modernas y modernizadoras. Incorporando la noción del fracaso individual de Azanza en un marco conceptual propio, a través del estudio de su egodocumento, se podrá resaltar mejor lo que hizo de su figura política una figura discordante con su época, incomprendida y finalmente derrotada y olvidada por la gran historia.
- Università di Salerno.↵
- José Moñino y Redondo, I Conde de Floridablanca (1728-1808). Designado por Carlos III primer secretario de Estado en 1776 después de Grimaldi, había sido, entre otras cosas, ministro de España en Roma. OZANAM, D. (1998). Les Diplomates Espagnols du XVIIIe siècle. Introduction et répertoire biographique (1700-1808), Madrid-Bordeaux, Casa de Velázquez-Maison des Pays Ibériques, pp. 357-358; GIMÉNEZ LÓPEZ, E. (2008). Misión en Roma. Floridablanca y la extinción de los Jesuitas, Murcia, Universidad; MORENO GARCÍA, A. (2011). Hellineros ilustres, Albacete, Instituto de Estudios Albacetenses, pp. 76-93.↵
- Simón de las Casas y Agorri (1742-1798). Tras su escalada en la Secretaría de Estado, fue secretario de embajada en Viena. Entre sus misiones diplomáticas más importantes figuran las de ministro plenipotenciario en Prusia (1781) y Nápoles (1785), las de embajador en Venecia (1786) y Londres (1795). OZANAM (1998), pp. 220-221.↵
- Archivo General de Indias (AGI), Diversos, 57, N.9. Carta de 1 de noviembre de 1784: “[…] En estas circunstancias ha resuelto S.M. se ponga V.m. en marcha sin dilación y venga a Berlín a servir como Encargado de Negocios durante la ausencia de Don Simón de las Casas”.↵
- Todo el asunto está reconstruido por OLAECHEA, R. (1981). “Relaciones diplomáticas entre España y el reino de Nápoles a finales de ‘700”. En: M. DI PINTO (ed.), I Borbone di Napoli e i Borbone di Spagna, Vol. II, Napoli, Guida Editori. Carlos III y Floridablanca siempre creyeron que la actitud del reino de Nápoles de contradecir la política exterior española y el consiguiente curso de acercamiento a Austria solamente se debían a la debilidad de carácter de Fernando y a las intrigas de la reina María Carolina y de Acton, ministro de Guerra y Marina.↵
- HERNÁNDEZ FRANCO, J. (1986). “Diplomacia y diplomáticos a través de la correspondencia reservada de sus embajadores con Floridablanca”. Contrastes, vol. 2, pp. 121-139; SEBASTIÁN GARCÍA, K. (2012). “La evolución del servicio diplomático español en el siglo XVIII a través de la embajada de Viena”. En E. SERRANO MARTÍN (coord.), De la tierra al cielo: Líneas recientes de investigación en historia moderna, Vol. 2, Comunicaciones 2012, pp. 329-342.↵
- Se vea la recientísima y completa biografía (a la que también se remite para la bibliografía exhaustiva) de MORENO ALONSO, M. (2022). Las “grandes vicisitudes” del caballero Azanza (1746-1826). De virrey de México a ministro de José Bonaparte, Madrid, Silex.↵
- Archivo General de Indias en adelante (AGI), Archivo de Miguel José de Azanza, Diversos, S.4.↵
- IMÍZCOZ BEUNZA, J. M. (dir.) (2001). Redes familiares y patronazgo. Aproximación al entramado social del País Vasco y Navarra en el Antiguo Régimen (siglos XV-XIX), Bilbao, Universidad del País Vasco; IMÍZCOZ BEUNZA, J. M. (2005). La hora navarra del XVIII: relaciones familiares entre la monarquía y la aldea en Juan de Goyeneche y el triunfo de los navarros en la monarquía hispánica del siglo XVIII, Fundación Caja Navarra. Con relación a los siglos anteriores, véase también el reciente ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO, A., QUIRÓS ROSADO. R. y BRAVO LOZANO, C. (eds.), (2024). Las noblezas de la monarquía de España (1556-1725), Madrid, Marcial Pons.↵
- La nueva dinastía borbónica española se aseguró de que, a través de las relaciones familiares, ciertos grupos aprovecharan las nuevas oportunidades para avanzar en sus carreras dentro de la estructura administrativa de la propia monarquía.↵
- Felipe de Fonsdeviela y Ondeano, II Marqués de la Torre (1725-1784). Caballero de la Orden de Santiago, Gobernador de Venezuela y Capitán general de La Habana y Gobernador de Cuba entre 1771 a 1777. Se conserva su extensa correspondencia como capitán general en AGI, Papeles de Cuba, Cuba 1712-1872. Ver también: DE LA PEZUELA, J. (1863). Diccionario Geográfico, Estadístico, Histórico de la Isla de Cuba, vols. I y II, Madrid, Establecimiento de Mellado, pp. 168 y 198 y pp. 374-375.↵
- KAMEN, H. (1964). “El establecimiento de los intendentes en la administración española”. Hispania, 95, pp. 368-395.↵
- Manuel Godoy Álvarez de Faria Ríos Sánchez Zarzosa, príncipe de la Paz y de Basano (1767-1851). Hombre de Estado de gran influencia, consiguió el fin del poder de Floridablanca, y rigió los destinos de España a través de su sólida red clientelar casi ininterrumpidamente hasta 1808. La Paz de Basilea con Francia, en 1795, le valió el título de Príncipe de la Paz. Enemigo de Fernando VII, murió en desgracia en París en 1851. Para una reconstrucción biográfica equilibrada: LA PARRA LÓPEZ, E. (2020). Manuel Godoy. La aventura del poder, Booket.↵
- AGI, Diversos, 51/03/11, cartas a Godoy de 6 de mayo y 12 de junio de 1794.↵
- La documentación con los interrogatorios de testigos para averiguar las cualidades de Azanza y la pureza de su familia se encuentra en Archivo Histórico Nacional (AHN), Órdenes Militares, Santiago, Exp. 781 y 8651.↵
- Miguel de la Grúa Talamanca y Branciforte, Marqués de Branciforte (1750-1812). Siciliano, Orden del Toisón de Oro, fue virrey de Nueva España de 12 de julio 1794 a 19 de septiembre de 1798. ALCÁZAR MOLINA, C. (1946). Los virreinatos en el siglo XVIII, Barcelona, Salvat.↵
- El propio Azanza, dando cuenta de su toma de posesión como Virrey, escribió que había salido del puerto de Cádiz “burlando la vigilancia con que estaba bloqueado por la Escuadra Inglesa”. Archivo General de Simancas (AGS), SGU, Leg. 6840,92.↵
- La ruta seguida por Azanza está descrita por él mismo en AGS, SGU, Leg. 6840,92.↵
- MONTORIO LÓPEZ, J. (1991). Los virreyes españoles en América, Barcelona, Ed. Mitre; CHIVA BELTRÁN, J. (2012). El triunfo del virrey. Glorias novohispanas: origen, apogeo y ocaso de la entrada virreinal, Castelló de la Plana, Universitat Jaume I.↵
- “Gazeta de Mexico” del sábado 28 julio de 1798, n.6.↵
- ZUDAIRE HUARTE, E. (1981). Miguel José de Azanza Virrey de México y Duque de Santafé, Diputación Foral de Navarra, Dirección de Turismo, Bibliotecas y Cultura Popular.↵
- La conspiración estaba encabezada por el criollo Pedro Portillo, y su nombre proviene del hecho de que se incautaron 19 machetes.↵
- FUSI, J.P y PALAFOX, J. (1997). España 1808-1996. El desafío de la modernidad, Madrid, Espasa, p. 19; RÚJULA LÓPEZ, P. (2023). Religión, Rey y Patria: Los orígenes contrarrevolucionarios de la España contemporánea, 1793-1840, Madrid, Marcial Pons.↵
- ISABELLA, M. (2023). Southern Europe in the Age of Revolutions, Princeton University Press.↵
- AGI, Diversos,1, N. 92, carta de 15 de mayo de 1808.↵
- AGI, Diversos,1, N. 92, carta de 15 de mayo de 1808.↵
- Se interceptaron cartas de Azanza del 1809 dirigidas al director general de la Armada, José de Mazarredo, para que del puerto de La Coruña salieran hacia el Perú, la Nueva España y Buenos Aires enviados. AHN, Estado, 54, G. La interceptación de las cartas comprometedoras debió pesar en la negativa de Fernando VII a indultar a Azanza.↵
- La Junta Central de Sevilla estaba enterada, gracias a las cartas comprometedoras de Azanza, de que: “El Gobierno intruso de José Napoleón tiene planos para la sublevación de las Américas”, y que “procura remitir à aquellos dominios gacetas llenas de falsedades y otros papeles sediciosos con sujetos de su partido a fin de alucinar y seducir a los pueblos. […] También tratan el enviar, o han embiado ya a los Estados Unidos de América un Agente con letra abierta, para que desde allí […] ganar partidarios para una revolución en el Reino de México”. Expediente de 22 junio 1809. Archivo Histórico Nacional, Estado, 54, G.↵
- Es significativo, por ejemplo, el llamamiento a Luis XVIII para que interceda ante Fernando VII, que había decretado el 30 de mayo de 1814 el exilio para los empleados civiles y militares del régimen josefista. Azanza figura entre los firmantes junto con otros importantes refugiados españoles en Francia. AGI, Diversos, 59, N.23.↵
- Memoria de Miguel José de Azanza y Gonzalo O’Farrill. Sobre los hechos que justifican su conducta política desde marzo de 1808 hasta abril de 1814, París, 1815.↵
- Ivi, p. 5.↵
- LUCAS-DUBRETON, J. (1946). Ce qu’a vu Goya. Napoleon devant l’Espagne, París, Fayard, p. 217; Memoria de Miguel José de Azanza, pp. 195-196.↵
- Se trata de una aplicación de investigación lingüística y gestión de corpora con numerosas funcionalidades, capaz también de identificar grupos temáticos y asociaciones ocultas entre temas y palabras: https://auth.sketchengine.eu↵
- AntConc es también un programa informático de consulta y análisis de corpora: https://bit.ly/4fXfsXQ↵
- FOUCAULT, M. (1988). Technologies of the Self. In MARTI, L.H., GUTMAN, H., HUTTON P.H. (eds.), Technologies of the Self, University of Massachusetts Press, Amherst, pp. 16-49; SUMMERFIELD, P. (2019). Histories of the Self. Personal Narrative and Historical Practice, Abingdon, Routledge, pp. 56-59.↵
- Ivi, pp. 4-5.↵
- MUSI, A. (2023). Malinconia barocca, Neri Pozza Editore 2023, Kindle Edition, pos. 1125.↵
- A modo de ejemplificación, destacamos cómo la palabra “felicidad” está asociada à “patria”, “reino”, “vida”, “paz”. A la palabra “violencia”, en cambio, se vinculan “repugnancia”, “perfidia” y “amenaza”.↵
- “Personal narrative offers researchers a window into the tension between familial and social claims and obligations and their associated emotion work. […] This tension is clear in times of perceived national emergencies like revolutions or wars”. BARCLAY, K, CROZIER-DE ROSA, S., STEARNS P.N. (Eds.), (2020). Sources for the History of Emotions. A Guide, Abingdon, Routledge, p. 105.↵
- El concepto historiográfico ha sido encuadrado y sapientemente utilizado de reciente en el volumen: ÁLVAREZ-OSSORIO ALVARIÑO, A., AMELANG, J., GONZÁLEZ MEZQUITA, M.L., y MARTÍNEZ BERMEJO, S. (Coord.), (2023). Vidas fallidas. Aproximaciones al concepto de éxito у fracaso individual en la modernidad, Mar del Plata, EUDEM.↵






