Cuatro casos de libros españoles
enviados a Nueva España en 1600
Juan Pablo Bubello[2]
En su viaje al Nuevo Mundo de 1509, Hernando Colón (1488-1539) llevó consigo dos manuscritos: el Sedacius totius alchimie Guillelmi Sedacerii y la Summa de Geber[3]. Ambos se relacionaban con la alquimia medieval: el primero, escrito por el carmelita catalán Guillermo Sedacer (¿-1383); el otro, integrado por la Summa perfectionis y Summa magna Alchimie, era atribuido a Ŷabir ibn Hayyan (circa 721-816) -latinizado “Geber”.
Casi centuria después, un enorme cargamento de libros fue enviado en 1600 desde Sevilla hacia Nueva España por el comerciante Luis de Padilla[4]. Continuando con el análisis histórico de esta fuente, aquí abordaremos otros cuatro textos de aquel acervo libresco –escritos por autores ibéricos, relativos en sus contenidos a la magia natural y/o alquimia y/o astrología y cuyas primeras ediciones rondan mediados del siglo XVI-: nos referimos a la “Silva de varia lección” (1540), a la “Chronographia…” (1548), al “De re metálica” (1569) y al “Diario y juicio del grande cometa…” (1578).
Los cuatro ejemplos remiten a uno de los focos de nuestra investigación actual: la difusión ultramarina libresca de saberes sobre el esoterismo occidental desde Europa hacia América colonial durante el período temprano-moderno[5].
# Silva de varia lección
En el Caxon N°. 4 del registro de libros enviados por de Padilla se consignó “Silba de baria lesion de Pedro Mexia. En romance”. Estas referencias se relacionan a la “Silva de varia lección” (1540) del (cronista real del emperador Carlos V y) astrólogo Pedro Mexía (1497-1551); libro célebre sobre el cual demostramos contenía capítulos relativos al uso de anillos con fines mágico-medicinales y a la práctica de la magia natural[6], así como expresas menciones a “Hermes Trismegisto” –representado como autoridad en materia de astrología[7].
Si en nuestra fuente no se identifica la edición de la Silva enviada en 1600, para entonces este objeto-libro había tenido diversas ediciones desde 1540.
A la primera, “Libro llamado silva de varia lecion… en el qual a manera de silvas sin guardar horden en los propositos, se tratan por capitulos muchas y muy diversas materias, historias, exemplos y questiones de varias lecion y erudición” (Sevilla, Dominico de Robertis, 1540), le siguió una segunda (con modificaciones) el mismo año, titulada “Silva de varia lecion compuesta por… segunda vez lmpressa y añadida por el mismo auctor” (Sevilla, Juan Cromberger, 1540). Tras esas dos, Mexía continuó hasta su muerte publicando ediciones subsiguientes, que fueron impresas con añadidos y/o alteraciones efectuadas de propia mano: “Silva de varia lecion…” (Zaragoza, George Coci, 1542); “Silva de varia lecion… Nuevamente agora corregido, y emendado, y añadidos algunos capitulos por el mismo Autor” (Sevilla, Juan Cromberger, 1542); “Silva de varia lecion…” (Sevilla, Juan Cromberger, 1543); “Silva de varia lecion…” (Amberes, Martin Nucio, 1544); “Silva de varia lecion… Agora nuevamente impresa” (Zaragoza, Bartholome de Nagera, 1547); “Silva de varia lecion, ultimamente agora emendada y añadida por el autor” (Amberes, Martin Nucio, 1550); “Silva de varia lection compuesta por… nuevamente agora en el año de mil e quinientos e cinquenta y uno. Añadida en ella la quarta parte por el mismo auctor: en la qual se tractan muchas cosas y muy agradables y curiosas” (Valladolid, Juan de Villaquiran, 1551). Tras su fallecimiento, el libro fue publicado reiteradamente hasta fines del siglo XVI: “Silva de varia lecion. ultimamente emmendada y añadida por el auctor y con diligentia corregida y adornada de algunas cosas utiles que enlas otras impressiones le faltavan…” (Venecia, Gabriel Giolito de Ferrariis y hnos., 1553); “Silva de varia lecion, ultimamente agora emendada, y añadida la quarta parte della por el autor”. (Amberes, viuda de Martin Nudo; 1554 y 1555); “Silva de varia lecion agora nuevamente emendada, y añadida por el autor de la quarta parte, con diligencia corregida. y adornada de algnas cosas utiles, que en las otras impressiones le faltava…” (León de Francia, herederos de Jacobo Junta, 1556); “Silva de varia leccion… Nuevamente agora añadida en ella la Cuarta parte por el mismo Autor, en la cual se tractan muchas cosas y muy agradables y curiosas” (Sevilla, Sebastián Truxillo, 1563); “Silva de varia lecion ultimamente agora enmendada y añadida la quarta parte della por el autor” (Amberes, viuda de Martin Nucio, 1564); “Silva de varia Lection,… Nuevamente agora añadida en ella la cuarta parte por el mismo autor, en la cual se tratan muchas cosas y muy agradables y curiosas” (Sevilla, Hernando Díaz, 1570); “Silva de varia lecion agora nuevamente emendada y añadida por el autor de la quarta parte con diligencia corregida y adornada de algunas cosas utiles que en las otras ediciones faltava” (Lerida, Pedro de Robles, 1572); “Silva de varia lecion… Agora nuevamente impressa y corregida” (Sevilla, Fernando Díaz, 1587 y 1596); “Silva de varia lecion ultimamente agora emendada, y añadida la quarta parte della por el autor” (Amberes, Martin Nutio a las dos Cygoignas, 1593)[8].
Hemos de enfatizar que, antes de su cruce transatlántico en 1600, la historia de este objeto-libro se caracterizaba por su celebridad dentro de la propia península ibérica, donde hallamos registros de su amplia circulación.
En Sevilla, al inventariarse los bienes de “doña Elvira de Guzmán” en 1548, se registró un ejemplar que fue identificado como “libro de molde la Sylua de Pero Mexia” [SIC][9]. En 1578, otro “… intitulado silva de baria liçión” se identificó en el inventario de la biblioteca de Pedro de Zuazola (1516-1578), diputado de Guipúzcoa[10]. Al fallecer el canónico de la Catedral de Sevilla, Alonso Mudarra (¿-1580) se inventariaron sus bienes (1580) entre los que se consignó uno titulado “Silua de varia leçión”[11]. Un ejemplar también aparece nominado como “Silva de varia lection” en la biblioteca de Cristóbal de Salazar (¿-1587) –de quien poco se sabe de su vida, excepto que durante algunos años cumplió funciones en la embajada de España en Venecia[12].
Diversos ejemplares del libro también se remitieron al mundo colonial hispánico incluso antes (pero también después) del envío por de Padilla hacia Nueva España en 1600.
En una remisión libresca hacia el Perú, datada en 1591, se asentó un ejemplar titulado “silba de baria lection”[13]; mientras que, al año siguiente, el comerciante Gaspar de Perales envió a Lima una caja portando dieciséis libros, con uno denominado “Silva de varia lizion”[14]. Ya casi década antes, en el “Protocolo del escribano Alonso Hernández” (1583), aparecen también en Lima “6” ejemplares identificados como “silba de baria licion en pergamino y añididas”[15]. A inicios del siglo XVII, cuando murió el célebre poeta Gómez Suárez de Figueroa –el “Inca Garcilaso de la Vega” (1539-1616), se inventarió su biblioteca de Córdoba (1616) registrándose un “Silba de baria lesión”[16]. Y, en 1728, se remitió desde Sevilla para “hazer biage a buenos Ayres” de, entre otros, un ejemplar registrado como “Silba de baria lección”[17]. Por último, según inventario de 1737 sobre la biblioteca privada de quien se desempeñó como obispo de Santiago de Chile entre 1735 y 1743, Juan Bravo del Rivero y Correa (1685-1752) -integrada por dos mil libros y formada mientras vivió en Charcas entre 1708 y 1735-, se registró un “Silva de varia lección”[18].
# Chronographia
En el Caxon N°. 4 del cargamento enviado en 1600 surge un “Repertorio de Chaues. En romance”. Remite al célebre “Chronographia, ò reportorio de los tiempos, el mas copioso y preciso q hasta ahora ha salido á luz. Compuesto por Hierónymo de Chaves, astrólogo y cosmógrafo” (Sevilla, J. de León, 1548). Este libro, con sucesivas ediciones posteriores (1550, 1554, 1561, 1566, 1572, 1576, 1580, 1581, 1584, 1585, 1586, 1588[19]), fue escrito por quien, desde 1552 (y hasta circa 1568-1569), sería primer “catedrático de Arte de Navegar y Cosmografía” de la Casa de la Contratación de Sevilla: el sevillano Jerónimo de Chaves (1523-1574)[20].
Si en el apartado segundo, Chaves desplegaba profusas representaciones astrológicas sobre “cielos y planetas” y “[…] los doze signos, y con las qualidades y particular dominio que cada vno destos tiene”; en el cuarto, complejizó su texto introduciendo no sólo a la astrología cometaria, sino añadiendo representaciones astrales destinadas a la práctica médica tendientes a “[…] la obseruacion de las partes del tiempo, […] a saber de los días criticos o judiciales, considerados por los medicos en las enfermedades humanas” así como a “[…] las electiones del tiempo que son buenas para purgar y sangrar”.
Diversas fuentes documentales dan cuenta de la llegada de ejemplares de este objeto-libro específico a los dominios españoles en América, incluso, hasta un cuarto de siglo antes de 1600.
En cuanto a Nueva España, un “Reportorio de Chávez” arribó en 1576; otro en 1577 en la “nao Almirante San Salvador”; otros dos llegaron en 1578 y 1579 –en este caso, en la “nao Nra. Señora de Guadalupe”–; mientras que si en 1580 otro ejemplar se asentó llegando en la “nao Santa María de Tesús”; también arribaron dos ejemplares durante el bienio 1581-1582[21]. En 1586, Pedro García de Neira envió a “Tierra Firme” libros para entregar a Antonio de Montalvo (o a Francisco de Silva “vecino de Panamá”) entre los que se consignó un “Chorographía” [SIC][22]; mientras que, en los registros del “Navío de Honduras” (flota que unía Sevilla con puertos centroamericanos) –datados entre 1593 y 1604–, consta que el mercader Pedro de Mendoza intermedió para enviar a Guatemala diversos libros, entre los que hallamos al “reportorio de Chaves”[23]. Respecto al Perú, cuando el conquistador (y luego encomendero) Francisco de Isásaga (1500-1576) -uno de los peninsulares que acompañó a Francisco Pizarro (1478-1541) en su invasión al “Tawantinsuyu” (1532) y luego afincado en Lima desde 1561-, efectuó su testamento (1576), declaró “dos reportorios de Chavez”[24]. En el citado envío de libros hacia Perú de 1591, se asentaron “veynte e seys reportorios de Chabes”[25]. Y cuando el mencionado Gaspar de Perales, envió libros hacia Lima en 1592, uno se registró como “Repertorio de y chauel” [SIC][26].
Pero este libro de Jerónimo de Chaves también circulaba ampliamente por la península ibérica durante estas mismas décadas.
En 1580, en la biblioteca del canónico de la Catedral de Sevilla (el nombrado Alonso Mudarra), se consignó un “Reportorio de los tiempos”[27]. Cuando el comerciante trasatlántico canario Luis de Morales (1537-1591) fue enjuiciado (entre 1570 y 1582), los inquisidores señalaron (en acta labrada en 1580) que entre los trescientos once libros que integraban su biblioteca se halló un ejemplar que identificaron como “cosmografía de Chore [SIC]”[28]. Al inventariarse los bienes de la doncella Mariana de Angulo (1595), se registraron dos ejemplares del “Repertorio de Chaves”[29]. En 1602, cuando se inventariaron los libros de Fernando de Vergara (párroco de la Iglesia de San Marcos -Icod de los Vinos) tras su fallecimiento, se consignó un “Reportorio, de Chaves”[30]; mientras que en 1616, en la biblioteca del mencionado “Inca Garcilaso de la Vega” se registró un “Repertorio de Chaues”[31].
Durante los dos siglos siguientes hallamos también que la Chronographia continuaba llegando a la América hispánica.
Tras su muerte acaecida en Lima (1603), se inventariaron los libros del mercader segoviano Pedro Durango de Espinosa, registrándose “dos Repertorios de Chaves”[32]. Y si en la lista de bienes de la librería del licenciado Luis Mariano de Ibarra realizado en Nueva España en 1750 aparece “un tomo intitulado repertorio de Chaves”[33]; al efectuar su testamento en 1773, el astrólogo, astrónomo y matemático novohispano Felipe de Zúñiga y Ontiveros (1716?-1793) registró un conjunto de libros entre los que hallamos un “Chaves repertorio en un tomo bien tratado en un peso”[34].
# De re metálica
En el Caxon N°. 3, hallamos arribado a Nueva España un libro que fue identificado como “Bernardo Peres de Bargas, De rre metalica.”
Esa mención remite al “Los nueve libros de re metálica, en los quales se tratan muchos y diversos secretos del conocimiento de toda suerte de minerales, de cómo se deuen buscar, ensayar y beneficiar, con otros secretos é industrias notables, assí para los que tratan officios de oro, plata, cobre, estaño, plomo, azero, hierro y otros metales, como para muchas personas curiosas. Compuesto por el magnífico caballero Bernaldo Perez de Vargas” (Madrid, Pierres Cosin, 1569). Fue escrito por el alquimista Bernardo Pérez de Vargas (circa 1530-1580) –oriundo de una familia noble de Coín (Málaga) y de quien casi se desconocen datos biográficos[35].
En este libro (con su referencia textual “1568” en la última página[36]), Pérez de Vargas expuso prácticas para encontrar, fundir y refinar metales y desarrolló representaciones sobre sus respectivas naturalezas, su clasificación y diversas formas de generación: al origen de los metales se lo representó apropiándose de las teorías humoral y aristotélico-meteorológica de los cuatro elementos, mientras que, a la transformación metalúrgica debajo de la tierra, la interpretó basándose en el principio mercurio-azufre y en la “virtud natural” de cada metal –difiriendo con aquellos alquimistas que tradicionalmente atribuían este proceso a la influencia astral[37].
Respecto a la circulación de este objeto-libro, hemos hallado que un ejemplar ya había arribado a los dominios españoles en América dieciocho años antes del envío por Luis de Padilla: en un registro de embarque confeccionado en Sevilla en 1582 aparece, entre los setenta y cinco libros pertenecientes a Antonio Dávalos (que viajaba para asumir como tesorero de Nueva Castilla, en Perú), uno identificado como “Vargas de re metálica”[38]. Asimismo, en la propia España, un “bargas de remetalica” surge entre los doscientos libros que componían, en 1723, la biblioteca de Francisco García de Vicuña (circa 1670-1723) –espagírico mayor de la Real Botica de Madrid[39].
# Diario y juicio del grande cometa
En el Caxon N°. 6 hallamos el registro “Josep Micon, Del cometa del año de 77”. La mención remite al “Diario y juicio del grande cometa que nuevamente nos ha aparecido hacia Occidente a las cinco y media hora de la tarde, a los 8 días de noviembre, año de
1577. En el cual se apunta con varia doctrina la naturaleza, lugar y otras cualidades dél y de los otros, y cómo no son cuerpos inflamados, como siente la común opinión, sino iluminados por el sol” publicado en Barcelona (Jayme Sendrat) en 1578 por José Micó (Iosepe Micon o Michó o Josep Micon, ¿-?).
Al publicar su libro, Micó (de quien casi se desconocen datos biográficos, aunque se sabe que estaba versado también en teología) ocupaba la cátedra de “Matemática y Astrología” creada en 1576 en la Universidad de Barcelona, permaneciendo hasta 1578 cuando renunció (para regresar a ese espacio académico entre 1582 y 1584).
En su libro, auguró que el paso del cometa podría traer “[…] sediciones, scismas, rebeliones de vasallos contra sus señores […]”, además de “frío y abundantes aguas”, siendo especialmente afectada África, ya que su cola “[…] fue extendida hacia el mediodía […] y aun el reino de Portugal, con dos o tres ciudades de España y algunas de Italia”[40]. Sin embargo, fue precisado que sus pronósticos astrológico-cometarios estaban lejos de ser planteados en términos de predicción certera del futuro y se situaban más en la interpretación tradicional cristiano-ortodoxa que representaba al suceso en términos de signo o mensaje divino (sin considerarlo consecuencia de un milagro sino más bien de un fenómeno natural celeste en el sentido aristotélico)[41].
La historia de este objeto-libro, casi ignoto, no es muy difícil de establecer: fue señalada la existencia de una impresión realizada en 1798[42] -referencia sobre la cual, se especuló, podría remitir a la edición de 1578[43]. La única certeza que tenemos –por el momento– es que, merced a nuestra fuente, podemos establecer que un ejemplar del libro fue enviado desde Sevilla a las colonias españolas en América (más precisamente a Nueva España) por Luis de Padilla en 1600.
Conclusiones
Si en nuestra fuente no se identifica el lugar o la edición puntual, merced a su minucioso estudio estamos en condiciones de afirmar que, en 1600, arribaron al Nuevo Mundo ejemplares de la “Silva de varia lección” [1° edición, 1540; escrita por el cronista imperial, astrólogo y mago natural Pedro Mexía (1497-1551)], de la “Chronographia, ò reportorio de los tiempos” [1° edición, 1548; del cosmógrafo y astrólogo Jerónimo de Chaves (1523-1574)], del “De re metalica” [1° edición, 1569; del alquimista Bernardo Pérez de Vargas (circa 1530-1580)] y del “Diario y juicio del grande cometa que nuevamente nos ha aparecido” [1° edición, 1578; escrito por el astrólogo José Micó (Iosepe Micon o Michó o Josep Micon, ¿ – ? )]
Seguimos dando cuenta de la difusión libresca del esoterismo occidental desde Europa hacia América durante el período moderno. Si aquí referimos a cuatro libros (escritos por autores ibéricos en torno al marco cronológico que rodea mediados del siglo XVI) sobre magia natural y/o alquimia y/o astrología; dejamos abierto el estudio futuro de la re-significación, reapropiación, lectura y uso de estos objeto-libros por los habitantes de las sociedades criollas del Nuevo Mundo a los colegas americanistas.
- Este trabajo es continuación de uno anterior en el cual ya establecimos que, del total de seiscientos setenta y ocho (678) libros remitidos puntualmente en este envío del año 1600, un total de ochenta y siete (87) estaban relacionados al “esoterismo occidental” y, en ese marco, tras individualizarlos y listarlos, abordamos los siguientes diez casos: “Dioscórides” (en las versiones de Mattioli, 1554 y Laguna, 1555); “De proprietatibus rerum” (circa 1240-1259); “Ars magna” (circa 1273-1308); “Testamentum” (circa 1332); “De vita libri tres” (1489); “Speculum lapidum” (1502), “Compendium” (es decir, “De vita longa” de Paracelso en versión comentada de 1567 por Jacques Gohory); “Compendio de secreti rationali” (1564); “Dello specchio di scientia universale” (1564) y “Della Física” (1582). Cfr. BUBELLO, J. (2025) “Difusión ultramarina de libros esotérico-occidentales desde España hacia sus colonias en América (siglos XVI-XVIII)” en J. BUBELLO y M. PASI, (eds.), El Esoterismo occidental en Iberoamérica (siglos XVI-XX), Buenos Aires, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires (actualmente en prensa).↵
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- “[…] Luis de Padilla, vezino de Seuilla, que tiene cargado en esta dicha nao, que nuestro Señor salue y guarde, nombrada La Trinidad, de que es maestre Tomas de Anis Manrrique, que va a la prouincia de Nueua España en conserva desta flota de que va por general Pedro del Colon Melgarejo, los caxones de libros siguientes, marcados de la marca de afuera, para dar y entregar en el puerto de San Juan de Ulua a Martin de Yuarra, v en su ausencia a Francisco de Lara, y en la de ambos a Alonso de Velorado, para quel que los rrezibiere los venda de contado o fiado, como les pareciere y del procedido hagan la horden y boluntad del dicho Luis de Padilla cuyos son y por cuya quenta y rriesgo van. […]” Cfr. Registro de Luis de Padilla, vecino de Sevilla que tiene cargado en la nao la Trinidad, para dar en el puerto de San Juan de Ulua a Martin de Ibarra y en su ausencia a Francisco de Lara. En Archivo General de Indias (AGI), Contratación, legajo 1135, fols. 153r-169v, Sevilla, 1603 [extraído de LEONARD, I., (1992 [1949]). Books of the Brave: being an account of books and of men in the Spanish conquest and settlement of the Sixteenth-Century New World, Berkeley, University of California Press, pp. 361-384]↵
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- QUINTANA i MARI, A (1943). “Tablas cronológicas del Siglo XVI, (1943)”, Archeion, 25, 2-4, pp. 204–214 (pp. 210-211).↵
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