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Ellas y sus circunstancias

¿Cómo son las historias de las mujeres que llegaron a la cárcel? ¿Por qué tomaron esas decisiones? ¿Qué sucesos resultaron determinantes? Estas y otras preguntas guiaron las entrevistas realizadas y fueron abordadas con el objetivo de conocer en profundidad sus circunstancias de vida.

En este sentido, se analizaron las trayectorias entendiendo que las vivencias de las personas se producen en contextos sobredeterminados por marcas como “origen y clase social, historia familiar, etapa del ciclo de vida en que se encuentran, relaciones de género establecidas en el universo en que habitan” (Heilborn; 2006: 39), que se entrelazan y de donde provienen los significados de las acciones como el delito. Como señala Beatriz Kalinsky, “centrarse en el castigo para el ofensor ignora el hecho de que el delito refleja eventos que han ocurrido antes de la acción delictiva” (Kalinsky, 2011: 217).

También se analizó la otra cara de la problemática; es decir, las formas de funcionamiento del crimen organizado a partir de las cuales algunas mujeres serán especialmente seleccionadas como sus víctimas. Y ya sobre la situación de encierro, se indagó sobre el ejercicio de la maternidad en esa etapa, la percepción que las mujeres tienen sobre su responsabilidad en los acontecimientos, las características propias del encierro y el estigma, aspectos que emergen como las principales categorías de análisis para comprender las emociones, tensiones y conflictos que expresan las mujeres en relación con sus vivencias.

Las voces

Para responder a estos y otros interrogantes, se consultó a diez mujeres que habían estado presas en distintas instituciones penitenciarias –tanto bonaerenses como federales– en algún momento de su vida por delitos relacionados con drogas, pero que ya habían recuperado la libertad al momento de la entrevista. Ellas son (por orden alfabético y con nombres y algunos datos menores de su vida cambiados para proteger su identidad):

Azul, perteneciente a clase media, fue detenida cuando tenía 24 años mientras trabajaba en un ámbito nocturno en el cual la circulación de drogas era habitual. Su pareja también trabajaba allí. Según relató alguien les pidió que le guardaran un bolso por unos días. Este favor se convirtió en delito y encarcelamiento para ambos.

Carla tenía 18 años cuando fue detenida por primera vez. Relató que su madre estaba en pareja con un narcotraficante y, al haberse involucrado en delitos de drogas, fue apresada en un país extranjero, y perdió contacto con su hija por años. Debido a esta ausencia, Carla vivió algunos años con su padre, por parte de quien sufrió violencia. Por esto se fue de su casa, comenzó a consumir sustancias y robar para comprar droga, por lo que fue detenida. Más tarde, ya con un hijo, por una nueva causa, cumplió condena en una cárcel común.

Estela, oriunda de un país limítrofe y con una hija pequeña, llegó a Argentina en busca de trabajo. Acá conoció una familia, se vinculó con un hombre que formaba parte de una banda de narcotraficantes. Ella se enteró de eso al poco tiempo. Por este delito fue detenida cuando tenía 26 años.

Inés, madre de dos hijos, vivía en un país europeo y sufría situaciones de violencia por parte de su marido. Esto la llevó a irse de su casa con los hijos y buscar trabajo de forma perentoria. Una amiga de su confianza le ofreció uno, que luego resultó ser mentira. Fue obligada a transportar droga y así llegó a Argentina, donde más tarde, luego de tener aquí otro hijo, fue detenida. Tenía 29 años.

Jimena tenía 26 años cuando vino de un país de centroamérica con sus hijas y su marido, supuestamente por el trabajo de él. Al poco tiempo, luego de sufrir situaciones de violencia, él comenzó a amenazarla y obligarla a hacer llamados telefónicos. Esto la llevó a ser considerada cómplice por parte de la justicia de un delito cometido por su marido y que ella desconocía.

Karen tenía 26 años al ser detenida, estaba casada y tenía tres hijos. Relató que ella era la encargada de mantener el hogar, ya que su marido consumía y por lo tanto gastaba el dinero que tenían. A partir de la necesidad económica, comenzaron a transportar drogas a través de las fronteras.

Lucía describió haberse criado en un contexto de pobreza en el conurbano bonaerense, y estar a cargo de cinco hijos. Estando embarazada y con un trabajo precario aceptó trasladar drogas por vía aérea a un país europeo. Así, a los 32 años, fue detenida en Ezeiza.

Luz pertenecía a una familia de clase media de Buenos Aires, contaba con un buen pasar económico y estudiaba una carrera universitaria. Consumía cannabis de forma recreativa y fue encarcelada, a los 21 años, por tenencia de esa sustancia.

Paula se crió en el conurbano bonaerense en un contexto de pobreza. Al estar en situación de calle hizo amistad con gente que consumía drogas. El consumo problemático de cocaína la llevó a vender, a robar para comprar y, de esta manera, cuando tenía 34 años, al encarcelamiento.

Verónica era madre soltera con dos hijos. Tenía un trabajo precario que no le alcanzaba para mantenerse económicamente y sostener a los niños. Un conocido le ofreció la posibilidad de vender droga como salida laboral, comenzó a desarrollar esta actividad en su casa, hasta que fue denunciada. Tenía entonces 29 años.

Características socio-demográficas

De las diez entrevistadas, siete eran de nacionalidad argentina, una provenía de un país europeo, otra de uno limítrofe y otra de una centroamericano. En cuanto al área de residencia, seis de ellas vivían en provincia de Buenos Aires, dos en Capital Federal y dos no respondieron.

En relación al nivel educativo, tres contaban con un nivel bajo (primario completo e incompleto), cinco con nivel medio (secundario: dos incompleto y tres completo; y de las tres que contaban con secundario completo, dos lo habían cursado y finalizado en la cárcel). Sólo dos contaban con nivel alto (terciario/universitario completo e incompleto).

Respecto de la situación laboral ninguna de las entrevistadas contaba con trabajo formal al momento de la detención. Según su relato, tres eran “ama de casa” o empleadas domésticas, dos eran estudiantes, una estaba desempleada y el resto tenía trabajos esporádicos. Esto resulta coherente con lo que señalan los datos oficiales. Según el Informe Anual de la Comisión Provincial por la Memoria Buenos Aires, en 2016 el 68,2% de las mujeres detenidas se encontraba desempleada al momento de su detención, y un 20,7% tenía un trabajo de tiempo parcial (CPM, 2018).

Al momento de su detención, siete de las diez entrevistadas eran madres, un tercio de ellas tenían tres hijos o más y todas tenían al menos uno de menos de cuatro años. Una de ellas cumplió la condena con su hijo de menos de un año en la institución penitenciaria y sólo una entrevistada pudo acceder al régimen de arresto domiciliario.

En lo referido a sus detenciones, el mayor tiempo en cárcel reportado por una de las mujeres fue de 5 años. Además, seis de las diez entrevistadas informaron que estuvieron más de tres años en la cárcel y las cuatro restantes se distribuyeron: dos menos de un año y dos entre dos y tres años. Quienes se involucraron en delitos relacionados con drogas como medio de subsistencia o por motivos relacionados con el uso de sustancias cumplieron condenas de más de tres años y para las que habían llegado a ese punto por haber sido engañadas las condenas fueron de menos de tres años.



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