Polarización e inestabilidad democrática en la política argentina (1958-1962)
Nicolás Azzolini[1]
Poco después le envié mi libro, con una dedicatoria en donde lo felicitaba como político aunque no como gobernante. Tremendo error el mío, porque las cosas habían sido al revés […] Su respuesta estaba en una carta que me envió a los pocos días. “Quiero advertirle (me refiero a la dedicatoria), que no he querido ser el mejor político, ni el mejor presidente. Una y otra personalidad se confunden (el presidente no dejó de ser político) y en ambas la meta fue ─sigue siendo─ ser un buen argentino, factor de la unión de todos, para realizar en conjunto una empresa que les corresponde a todos los sectores sociales: realizar la Nación, integrándola en todos sus términos”.
Hugo Gambini, Frondizi. El estadista acorralado
Introducción
La figura de Arturo Frondizi resurgió en la política argentina de los últimos años. Se ha “convertido en el modelo de estadista preferido por la casi totalidad del sistema político argentino”, afirmó Clarín (16/04/2015) en “Frondizi y el desarrollismo están de moda” durante la campaña presidencial de 2015. Su resurgimiento, en términos generales, adquirió un sentido valorativo positivo sintetizado en la expresión “Frondizi fue un gran estadista”. Así, por ejemplo, el texto que introduce una compilación de sus mensajes presidenciales afirma que hoy se lo considera “mayoritariamente como un gran estadista, cuyo gobierno fue interrumpido por la fuerza para impedir que concretara el programa que puso en práctica durante su gestión”. Esto era, “un proyecto que perseguía superar las falsas contradicciones que entonces dividían a los argentinos” (Frondizi, 2012: 11). Las frases del texto introductorio, cabe agregar, son más que una referencia que ejemplifica el sentido valorativo positivo que adquirió el resurgimiento de Frondizi en la política argentina reciente. En sintonía con las palabras de Gambini y las que él cita de Frondizi, allí encontramos algunos elementos que nos parecen importantes para pensar sobre la figura de Arturo Frondizi y su gobierno. Tanto la imagen de “falsas contradicciones que dividieron a los argentinos” como la relación entre “el político” y “el gobernante” o “el presidente” y “el político” suponen un planteo dualista o binario. Es decir, donde ambos polos se encuentran en una relación de tensión o conflicto. Asimismo, en las citas está presente un intento de resolución de la tensión generada por los términos en oposición. La “superación” que buscaba el programa interrumpido por la fuerza, el “error” que se atribuye Gambini o la “meta” de Frondizi postulan la “unión” de los términos opuestos como solución de la tensión o conflicto. Pero, finalmente, en las tres referencias se vislumbra la incapacidad de resolución de la oposición o tensión. El programa “interrumpido por la fuerza”, el mea culpa y el subtítulo del libro de Gambini o la “meta” aún sin alcanzar en Frondizi dan cuenta del intento fallido que signó a su figura. Como podemos apreciar, oposición, intento de superación e incapacidad son tres elementos vinculados a la figura de Arturo Frondizi y su gobierno. En efecto, sobre ellos hemos basado las dimensiones analíticas para abordar lo que aquí denominaremos como transcendencia imposible. En este sentido, los modos en que Frondizi gestionó la otredad y su fallido intento de trascender la oposición entre peronistas y antiperonistas nos permitirán analizar el “proyecto” de Frondizi, su relación con dicha polarización y, al mismo tiempo, repensar la tesis sobre la inestabilidad del régimen democrático argentino.
1. La trascendencia como superación
El día que Frondizi aceptó su candidatura para presidente de la nación pronunció un discurso ante la Convención Nacional de la Unión Cívica Radical (UCR) reunida en Tucumán el 12 de noviembre de 1956.[2] Aunque el contexto de enunciación operó en el carácter “partidario” del discurso de Frondizi, nos interesa rescatar algunos de los planteos que allí hizo porque se inscriben en un registro que excede el contexto de enunciación y, fundamentalmente, porque a partir de ellos se pueden trazar algunos ejes centrales para pensar lo que aquí llamamos trascendencia como superación. Tras asumir la responsabilidad de luchar por el “restablecimiento de la libertad” que el partido le había asignado, Frondizi sostuvo que él y su compañero de fórmula, Alejandro Gómez, eran “apenas abanderados circunstanciales en esa gran tarea del radicalismo”. Por eso, los que estaban presentes serían quienes los juzgarían si no eran “capaces de defender, con mano firme y cabeza serena, la realización de un programa” que iba a “salvar al pueblo argentino” (Frondizi, 2012, t. 4: 41).
La tarea de Frondizi, en efecto, era trascendida por un programa, y éste, a su vez, por la función atribuida a la UCR dentro de la historia política argentina. En efecto, agregaba, el radicalismo tenía un “significado como fuerza permanente de la realización argentina”. De tal modo, la doble trascendencia, la del programa y la del partido, era inscripta en la tonalidad del radicalismo de la época que afirmaba, retomando la prédica de Alem e Yrigoyen, que la UCR no estaba en una “pequeña apetencia electoral”, sino que aspiraba a “transformar de raíz la realidad nacional”. El radicalismo representaba “un sentimiento y una idea nacional en medio de la descomposición de grandes sectores” (ibid.: 43) que olvidaban que la Argentina tenía un espíritu nacional. Así, su aceptación del cargo era trascendida, en última instancia, por la realización de la nación. Ciertamente, la tonalidad del radicalismo de la época se caracterizaba por la predominancia de los documentos fundacionales del Movimiento de Intransigencia y Renovación en la década del cuarenta. Por eso, retomando los lineamientos de la “Declaración de Avellaneda” (1945), el “Manifiesto de los tres” (1946), la “Profesión de fe doctrinaria” y las “Bases de acción política” (1948), el discurso de Frondizi se inscribía en la línea de la UCR que se reivindicaba como heredera de la “tradición popular” y “antiimperialista” del yrigoyenismo.[3]
El contexto de enunciación, evidentemente, operó sobre el discurso de Frondizi. La doble trascendencia se inscribía en el marco de proclamación de una candidatura presidencial del partido y, además, en las líneas programáticas y de acción predominantes en el radicalismo durante los años del peronismo y los posteriores a su derrocamiento. Ahora bien, más allá de la contextualización que en clave de historia política podría determinar la doble trascendencia de Frondizi al clima de época, en esa serie de desplazamientos aparece un elemento central en la tradición de la UCR. El radicalismo no era un actor más en la historia política argentina. En efecto, el discurso de Frondizi no sólo era un “reflejo” de las posiciones del radicalismo durante aquellos años, sino que también se reinscribía en una tradición que excedía a dicho contexto. En este sentido, decía Frondizi:
el radicalismo no se conforma con ser una afirmación nacional. Es también una afirmación popular, porque partimos de aquel viejo concepto: del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Esta concepción popular nos une con nuestro pasado histórico, nos permite no equivocarnos en el presente y nos asegura la posibilidad de proyectarnos hacia el futuro (ibid.).
Esa función histórica que se le atribuía a la UCR anclaba en la dimensión temporal que supone toda perspectiva de la tradición.[4] La UCR encarnaba al pueblo en el desarrollo de la nación. Dicha dimensión nos resulta relevante porque desde ella se puede trazar una línea general sobre el modo en que el discurso de Frondizi articuló pasado, presente y futuro. Esta dimensión, la temporal, es importante porque además de posibilitar una reconstrucción del contexto desde una mirada más propia de la historia política, permite analizar el modo en que la reconstrucción que hizo Frondizi de la tradición de la UCR operó en la reconfiguración del antagonismo entre peronistas y antiperonistas. En otros términos, pensar cómo la temporalidad, esto es, la articulación de pasado, presente y futuro, tuvo efectos en la estructuralidad de los antagonismos políticos. Entonces, asumiendo que la función histórica de la UCR anclaba en la dimensión temporal ligada a toda perspectiva de la tradición, volvamos sobre el discurso de Frondizi.
Después de mencionar lo que señalamos como doble trascendencia, Frondizi sostuvo que el radicalismo quería “una historia en movimiento, para barrer, precisamente, todas las formas de privilegio y de la regresión en el pueblo argentino” (ibid.: 44). Este fragmento es significativo porque incorpora el tiempo futuro y la imagen de “movimiento”, los cuales no fueron irrelevantes en la “apuesta” de Frondizi. Hugo Gambini se refirió al uso del futuro en el discurso de Frondizi. Al respecto, cuando describe su primer discurso “oficial” como presidente de la nación, señala que “Frondizi no se aferró al pasado, no buscó en este la forma ocasional y pasajera de lograr el consenso”. Sentenciando, “[h]abló del futuro” (Gambini, 2006: 167). Entendemos que Gambini, con dicha sentencia, alude a que Frondizi intentó escapar de la dicotomización entre peronistas y antiperonistas. Ese intento, sin embargo, se construyó a partir de un explícito uso del pasado. Desde nuestro punto de vista, el intento de Frondizi no se puede entender sin considerar la importancia que allí tuvieron los usos del pasado. Es sobre esos usos, más precisamente, en su articulación de los tiempos pasado, presente y futuro, donde se puede pensar su “apuesta” por un “consenso” que no fuera “ocasional” y “pasajero”.
En este sentido, en su discurso de aceptación de candidatura, Frondizi consideró importante preguntarse dónde se encontraba el país en aquel momento histórico. Como respuesta formuló un relato en el que fijaba tres bisagras que le permitían entender cómo se había llegado al estado actual en aquel entonces. Fechaba el golpe de 1930 como el comienzo de un período que iba hasta 1943, donde el radicalismo, decía Frondizi, “peleó contra todas las formas de fraude y violencia electoral”. De 1943 a 1955, los años peronistas, donde el radicalismo había luchado por la libertad. Finalmente, aunque en 1955 se había iniciado “un nuevo período histórico”, Frondizi demarcaba que la libertad no sería “el amparo de los privilegiados, sino el destino que el pueblo” tendría “para realizar sus grandes destinos” (Frondizi, 2012, t. 4: 44). Así, los golpes de Estado de 1930, 1943 y 1955 funcionaban como bisagras en el devenir de la nación y determinantes del rol histórico de la UCR en él. En cierta forma, esas tres bisagras actuarían como una triple frontera en el discurso de Frondizi. Es decir, las demarcaciones temporales tenían una función concreta, inscribían al radicalismo en el desarrollo de una acción inconclusa, lo separaban del peronismo, pero además le permitirán recuperarlo y separarse del antiperonismo. De tal modo, la demarcación que establecía Frondizi tenía la particularidad de inscribirse como un nuevo comienzo, pero al tiempo que se separaba del pasado reciente, recuperaba ese pasado en una empresa superadora que vendría a trascender todo tipo de particularismo. Sobre esas demarcaciones se iba a sustentar la “empresa” o “programa” frondicista.
En un marco por fuera del ámbito partidario, pero en la misma tónica, Frondizi habló por radio El Mundo el 14 de enero de 1958. El de aquel entonces era un “Mensaje para veinte millones de argentinos”. Allí también delineó algunos de los puntos sobre los que se basó la trascendencia como superación. Al comienzo, señalaba que su fórmula era la de “un partido, con un claro programa de gobierno, pero las circunstancias históricas determinaban” que sus candidaturas no eran una “expresión exclusivamente partidaria, sino la solución integradora”. Era el “anhelo del pueblo”, puesto que éste ansiaba “volver a la normalidad institucional alejado de los riesgos de una lucha sangrienta entre hermanos” (ibid.: 61 y 62). En ese marco, la idea de unidad es central para entender la trascendencia como superación en el proyecto de Frondizi. La unidad no sólo era presentada para superar divisiones sino también para alcanzar el desarrollo de la nación. La problemática económica, el rol de los trabajadores y el de los empresarios fueron algunos de los puntos centrales en su “programa”, puntos en los cuales la figura de la unidad era fundamental para entender los juegos de desplazamientos hacia la realización de la nación. Sobre el proyecto desarrollista, la relación con los sectores productivos y el movimiento obrero se ha escribo bastante,[5] por eso en estas páginas nos interesa detenernos en lo que cabe considerar la trascendencia como superación más importante en la empresa frondicista: el intento de superar el binarismo entre peronistas y antiperonistas.
¿En qué consistía la unidad política del proyecto frondicista? Una respuesta rápida podría aventurar que la idea de unidad frondicista pretendió constituirse como el justo medio entre peronistas y antiperonistas. Es decir, una especie de síntesis entre dos campos completamente heterogéneos entre sí, donde la mezcla entre opuestos daría como resultado un nuevo elemento. En este caso, la idea de síntesis parecería tomar lo mejor de cada uno de los polos opuestos. En cierta forma, esta idea se corresponde con la visión de que la “empresa” de Frondizi quedó a mitad de camino. No sólo por el hecho de haber sido imposibilitada por el golpe de Estado de 1962, sino también porque tanto peronistas como antiperonistas habrían acusado a Frondizi de quedar en el campo opuesto. El mismo Frondizi hizo alusiones al respecto. Así, por ejemplo, días antes de las elecciones que lo consagrarían presidente, Frondizi sostuvo:
[s]e nos ataca y dice que somos comunistas por haber recibido el apoyo del Partido Comunista. Cada vez que un hombre público argentino se dispuso a servir a la causa del desarrollo económico del país, de la elevación del hombre que trabaja y de la soberanía nacional, se ha tratado de invalidarlo acusándolo de fascista o de comunista (ibid.: 98 y 99).
En esta línea, Frondizi inscribía a Yrigoyen en el relato de la triple frontera que señalábamos previamente. Es decir, de una historia marcada por los golpes de Estado de 1930, 1943 y 1955. Allí ubicaba el derrocamiento de Yrigoyen y decía que a “treinta años la historia volvía a repetirse” y que el “pueblo volvería a derrotarlos”. Después de decir que era lo que separaba al radicalismo del comunismo, Frondizi agregó, “[t]ampoco nos preocupa que se nos llame clericales e instrumentos de la Iglesia, como lo hace un partido político que ha ejercido influencia sobre el actual gobierno” (ibid.: 100). Paso seguido, Frondizi detallaba por qué no era clerical y continuaba su discurso diciendo, “[a]sí como se nos acusa de ser comunistas y clericales, se nos acusa también de ser peronistas” (ibid.: 101).
Desde nuestra lectura, la propuesta de unidad de Frondizi puede entenderse como un intento de trascender esta idea de quedar al medio. Es decir, lejos de ser una síntesis del binarismo entre peronistas y antiperonistas, el intento de su “empresa” buscó desplazar el eje del debate. En este sentido, sostuvo que el “gran mal nacional de los últimos años” había sido la pretensión de resolver “los problemas de la Argentina con la mitad de los argentinos” (ibid.: 102). Uno podría pensar que esta apuesta de unidad política de Frondizi, o su idea de “gobernar con todos”, suponía una construcción no antagónica. No obstante, la propuesta de unidad de Frondizi sí partía de una construcción antagónica, sólo que buscaba desplazar los términos en oposición. Ese desplazamiento trataba de “poner” el antagonismo en otra oposición, lo que supondría una superación de la dicotomización entre peronistas y antiperonistas. Aquí es donde la inscripción de la UCR en la reconstrucción del pasado que hacía Frondizi es central. Esa inscripción en el tiempo que supone toda perspectiva de la tradición tendría efectos en los modos en que Frondizi buscó definir el antagonismo de aquel contexto. En otras palabras, los usos del pasado en Frondizi tendrían efectos sobre la estructuralidad, ya que en dicho relato las posiciones antagónicas “fundamentales” eran otras. Al respecto, es ilustrativo cómo cerró el discurso que estamos citando. Para Frondizi, la división entre peronistas y antiperonistas no era la propia dentro de la lógica del desarrollo de la nación. Al respecto, como señala María Estella Spinelli, desde el frondicismo se consideraba que había un “falso diagnóstico sintetizado en la antinomia peronismo/antiperonismo”, puesto que, en su interpretación, ese diagnóstico “sólo encubría intereses de favorecer el ‘retorno oligárquico’ y la preeminencia de la economía agraria” (Spinelli, 2005: 220). Al respecto, Frondizi sostuvo que las elecciones planteaban “una alternativa más honda y más perdurable que ninguna otra de los últimos tiempos” (Frodizi, 2012, t. 4: 105). Dos días después, en el acto de cierre de campaña, señaló que en la Argentina había un enfrentamiento histórico, de un “lado estaba el pueblo que buscaba en la tradición argentina el rumbo de su destino” y del otro “las minorías que han estado siempre disociadas de lo nacional y lo popular” (ibid.: 109). Por eso, anteriormente decíamos que los usos del pasado son importantes para pensar cómo Frondizi intentó escapar de la oposición entre peronistas y antiperonistas, y cómo la reconstrucción que hizo de la tradición de la UCR operó en la reconfiguración de esa oposición.
En este sentido, es posible considerar que la propuesta de unidad de Frondizi buscaba trascender la posición de quedar al medio, es decir, no ser una síntesis del binarismo establecido en la oposición entre peronistas y antiperonistas. A diferencia de una lógica de síntesis, de quedar al medio por ser un poco de cada extremo, o bien no ser ni unos ni otros y al mismo tiempo acusado desde ambos lados, cabría inscribir a la lógica frondicista en un tipo de superación “dialéctica”. Es decir, donde la oposición entre peronismo y antiperonismo era inscripta en otra relación, en una totalidad que los ponía en unidad. Esto es precisamente lo que aquí entendemos por trascendencia como superación. En la medida en que esos opuestos eran unidos en una totalidad que remitía a la contradicción entre pueblo-nación y (anti)pueblo-(anti)nación, en el discurso de Frondizi la tensión entre peronistas y antiperonistas sería superada en el “momento” representado por la construcción de una tradición nacional y popular. Desde esta lógica podemos interpretar el “proyecto” de unidad que intentó llevar a cabo el gobierno de Frondizi. En este sentido, por ejemplo, podemos leer la afirmación de que ni él ni su compañero de fórmula serían “instrumentos de revancha, contrarrevanchas, ni de pasiones de ningún sector”, porque su “empresa” no era una “plataforma de un partido”, era “el programa de un pueblo en marcha” (ibid.: 107). Allí se inscribía el fuerte contenido teleológico vinculado al discurso del desarrollo de la nación. Por eso, la “empresa” frondicista fue una gran generadora de horizonte de expectativas.
2. La imposibilidad de su “empresa”
Es historia conocida que Frondizi fue derrocado en 1962, por ende, que su “empresa” quedó trunca. En los términos de la introducción a la compilación de sus mensajes presidenciales, su “programa” fue interrumpido por la fuerza. La imposibilidad de que Frondizi lograra la superación mencionada, sin embargo, no está ligada a una cuestión de tiempo. Es decir, la imposibilidad no remite a que no lo dejaron terminar su mandato. Sí, en cambio, podemos decir que no lo dejaron terminar su mandato porque le fue imposible la trascendencia buscada. Una explicación factible sería considerar que dicha imposibilidad era un rasgo estructural, pero no en sentido ontológico, sino más bien, como sostuvo Robert Potash, porque “los acontecimientos revelaron que el abismo entre peronistas y antiperonistas ─escisión que afectaba por igual a civiles y militares─ era demasiado grande para que las medidas políticas y las promesas del gobierno de Frondizi pudieran superarlo” (Potash, 1985: 502).
Ahora bien, si la polarización entre peronistas y antiperonistas fue un elemento estructural en aquel contexto, planteada en esos términos la lectura del abismo supone algunos puntos que son problemáticos. Por un lado, cierto determinismo continuista. Es decir que no habría ningún tipo de cambio entre los años peronistas y los que siguieron a la Revolución Libertadora. Por ende, las causas explicativas estarían en el pasado y no se podría ver cómo la reconstrucción de ese pasado operó en un contexto distinto. Por otra parte, un abismo así planteado imposibilita pensar una frontera porosa entre los espacios antagónicos.[6] De tal modo, la vinculación de Frondizi con distintos sectores del peronismo y del antiperonismo sólo podría concebirse a partir de la especulación y del cálculo racional de los actores, vetando cualquier posibilidad de vínculos de identificación generados en torno a, por ejemplo, la reconstrucción de una tradición nacional y popular.[7] Finalmente, un abismo así planteado supone una visión homogénea de los espacios enfrentados, en otras palabras, una mirada monolítica de lo que era el peronismo y de lo que era el antiperonismo. Allí también opera el determinismo continuista. Ambos espacios serían homogéneos hacia su interior e idénticos a su pasado. Sin embargo, lecturas más recientes han mostrado que no fue así. Daniel James, entre otros, destacó las diferencias entre el “sector gremial” y el “sector político” dentro de las filas peronistas. Por eso, si cada vez es más difícil sostener que el peronismo fue uno solo, más aún lo es en el contexto de su proscripción y con Perón exiliado. Por otro lado, Cecilia Szusterman señaló que el “frente antiperonista en el que la Libertadora había puesto sus esperanzas estaba irremediablemente roto” (1998: 85). En la misma línea, María Estella Spinelli subrayó las diferencias entre los sectores que define como antiperonismo tolerante, antiperonismo optimista y antiperonismo radicalizado.[8]
Entonces, sin dejar de considerar la importancia estructural del antagonismo entre peronistas y antiperonistas, pero alejándonos de una lectura en clave de abismo insalvable, nos interesa volver sobre el contexto de realineamiento del orden político producido hacia mediados de 1957.[9] Creemos que allí se puede inscribir la lógica de transcendencia como superación y su imposibilidad. En efecto, asumiendo que las “causas” de esa imposibilidad son múltiples, aquí nos detendremos en los modos en que el discurso de Frondizi operó en dicho realineamiento del orden político. Por eso, optamos por dejar de lado una reconstrucción de los hechos que fueron tensionando la relación de Frondizi con distintos sectores peronistas y antiperonistas.[10] Asimismo, optamos por no abordar la especificidad de la frontera. Aquí nos interesa analizar el modo en que Frondizi tematizó dicho antagonismo.
Si se ha señalado que el “primer semestre de 1959 puso punto final a las expectativas de aquellos sectores que ─desde el interior de la UCRI o el peronismo─ se habían inclinado por fórmulas de reconciliación política e integración” (Tcach, 2003: 33), podemos agregar que desde el segundo semestre de 1958, en el propio Frondizi aparecen mecanismos argumentales en tensión con la lógica de transcendencia. Así, por ejemplo, en el discurso que pronunció el 28 de septiembre de 1958, titulado “Cinco meses de gobierno”, sostenía que “el país se encontraba estancado y en grave crisis económica”, debido a “un largo y doloroso período de apartamiento de la ley, de profundas divisiones internas, de desarticulación de las organizaciones básicas de la producción y el trabajo” (Frondizi, 2012, t. 1: 127). En sus usos del pasado, ese largo período se inscribía en la triple frontera de 1930, 1943 y 1955. En relación con su lógica inicial, cabría señalar que esos obstáculos eran previsibles, ya que serían consecuencias de los “conflictos profundos” en la historia nacional. No obstante, más adelante agregaba que su gobierno había “debido enfrentar problemas creados artificialmente para entorpecer la marcha y hacer fracasar la gestión del Gobierno” (ibid.). El objetivo de éstos, según Frondizi, era “impedir que el programa nacional y popular” pudiera llevarse a cabo. Aunque lo “artificial” podría asociarse con la supuesta “falsa contradicción”, allí la gestión de la otredad dejó de remitir a figuras abstractas para hacer referencia a dos grupos concretos. Según Frondizi, estaban quienes querían “la restauración del gobierno depuesto” y quienes querían “una nueva dictadura invocando la democracia, pero siempre con la finalidad de someter al pueblo” (ibid.: 128). Los primeros eran los peronistas y los segundos los antiperonistas. De tal modo, la gestión de la otredad perdería abstracción en el discurso de Frondizi, y ambos espacios dejarían de ser polos de una falsa contradicción para ser inscriptos dentro de los “otros” del gobierno nacional y popular. En efecto, cuando Frondizi comenzó a precisar a peronistas y antiperonistas como los “otros” del gobierno nacional y popular, los mecanismos de diferenciación en sus discursos fueron perdiendo generalidad y “bajaron” al terreno de las particularidades. Este desplazamiento, creemos, entró en tensión con la lógica de trascendencia como superación del antagonismo entre peronistas y antiperonistas.
En la misma línea, con el transcurrir de los meses Frondizi incluyó a un nuevo actor preciso dentro de las figuras del “otro”: el comunismo.[11] Dadas las tensiones entre el gobierno de Frondizi y el movimiento obrero, el comunismo empezó a ser parte de aquellos que se oponían, en su visión, al desarrollo de la nación. La inclusión del comunismo, además de su participación activa en los conflictos entre el gobierno y el movimiento obrero,[12] estuvo directamente ligada al realineamiento del orden político que devino con el derrocamiento del peronismo. La idea de infiltración de comunistas dentro del peronismo pasaría a jugar un rol central en el discurso frondicista y antiperonista. Así, por ejemplo, al cumplir un año de su mandato, en el mensaje de apertura de sesiones de 1959, Frondizi sostuvo que el objetivo de la unidad nacional no se había logrado por la acción violenta e insurreccional de ciertos grupos. En efecto, tras afirmar que una de las primeras medidas del gobierno había sido “el restablecimiento pleno de las libertades democráticas”, agregaría que respecto “de los sectores peronistas y comunistas”, que perseguían “fines de caos y anarquía, el gobierno”, había “debido restringir sustancialmente sus actividades” (Frondizi, 2012, t. 1: 281). La declaración del estado de sitio y la implementación del Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado) fueron las primeras medidas que el gobierno aplicó contra comunistas y peronistas, las cuales, junto con la ley anticomunista de 1960 y el proyecto de ley de defensa de la democracia de 1961, marcaron los límites del discurso democrático de aquellos años.[13] En este sentido, durante su exposición de apertura de sesiones ordinarias del año siguiente, Frondizi volvería a hacer explícitos dichos límites. La actividad insurreccional y los actos de terrorismo que, según Frondizi, impulsaban “los dirigentes comunistas y los sectores peronistas” los excluía “de la convivencia democrática argentina” (Frondizi, 2012, t. 2: 49). De tal modo, en la noción misma de democracia, por ejemplo, se encontraban límites a su proyecto de trascendencia como superación. La precisión del peronismo y del comunismo como “otros” que se oponían a la consolidación de un gobierno nacional y popular supuso una modificación en los mecanismos de diferenciación que habían caracterizado el discurso inicial de Frondizi. Esos cambios en la gestión de la otredad, la “bajada” al terreno de las particularidades, incorporaban elementos en tensión con el proyecto de trascendencia como superación. En efecto, la idea de “falsa contradicción” entre peronistas y antiperonistas se fue diluyendo cuando Frondizi tuvo que enfrentar las tensiones que generaba el conflicto entre ambos sectores, y las propias de su gestión con cada uno de ellos. En cierta forma, esos cambios no sólo obligaron a Frondizi a ser parte de la “falsa contradicción”, sino que al precisar a peronistas y antiperonistas como los “otros” del gobierno nacional y popular, Frondizi también operaría en la reconstrucción de ambos espacios. Es decir, en un marco de realineamiento del orden político, los mecanismos de diferenciación particular, como los procesos de exclusión que se aplicaban en nombre de la democracia, operaron en la unidad de los espacios fragmentados. En consecuencia, los usos del pasado en Frondizi se encaminarían hacia una reorganización y unificación de los polos en tensión. Por eso, en su tematización del antagonismo estructural, Frondizi quedaría inmerso en un conflicto que pretendía superar.
Este tipo de tensiones también pueden verse con sectores antiperonistas. Por ejemplo, las ideas y vueltas en su relación con las Fuerzas Armadas estuvieron marcadas por el doble movimiento de vinculación que Frondizi entabló con el peronismo.[14] La hegemonía de los sectores antiperonistas y anticomunistas dentro de las fuerzas fueron erosionando la legitimidad que Frondizi tenía dentro de los sectores antiperonistas vinculados al “Gobierno de la Revolución”. Así, frente a la constante amenaza de una nueva irrupción de las fuerzas militares en el escenario político, Frondizi recalcaba que ellas habían cumplido su función y compromiso. Esto era que el pueblo expresara su voluntad. De tal modo, daba legitimidad al accionar de las Fuerzas Armadas, pero, a su vez, allí terminaba su vinculación con éstas. Por ello, la recurrente manifestación de que ni él ni su gobierno eran instrumentos de los sectores revanchistas era usada para diferenciarse de ciertos sectores antiperonistas. En efecto, con un doble movimiento se acercaba y distanciaba de los sectores antiperonistas dentro de las Fuerzas Armadas; al tiempo que remarcaba que ellas habían cumplido su palabra, se las separaba de la construcción de una nueva era. Su rol fundamental formaba así parte del pasado, un pasado que había sido cerrado por la expresión de la voluntad popular. En los usos que Frondizi hacía del pasado, el pueblo y su gobierno eran los responsables de encaminar el desarrollo de la nación. Por eso, “la democracia implicaba, en primer lugar, acatamiento a la ley”. Nuevamente, en nombre de la democracia se establecía un mecanismo de exclusión que daba entidad a un “otro” particular. Sin embargo, en la constante utilización que hacía en sus discursos de la noción de “sectores revanchistas”, Frondizi terminaría dando relevancia al campo antiperonista en cuanto tal. Es decir, como sucedía con el peronismo, ambos espacios, lejos de ocupar un lugar marginal en tanto polos de una “falsa contradicción”, pasarían a ocupar un lugar central. En efecto, la expresión de la voluntad popular, según Frondizi, le permitía “afirmar con honda convicción, a los argentinos de 1958, que el pueblo” no quería “ni viejos ni nuevos dictadores”. Hombres e instituciones estaban “sujetos al cumplimiento de la ley y, dentro de las instituciones”, se debía “obediencia a las normas” que regían su funcionamiento (Frondizi, 2012, t. 1: 89). Como señalábamos en el primer apartado, Frondizi se acercaba y distanciaba en un solo movimiento de los sectores más antiperonistas. La revolución del 55 había tenido “como propósito declarado restablecer un régimen de libertad y evitar el enfrentamiento entre los argentinos […]”. Pero, para distanciarse, Frondizi afirmaba que “el pueblo, en su conjunto, fue quien conquistó la paz” (ibid., t. 3: 373). En sus usos del pasado, Frondizi terminaría inserto en las tensiones que generaba la “falsa contradicción”. Este movimiento ambiguo, si en un principio le posibilitó presentarse como una superación, con el trascurrir de los meses fue socavando las expectativas generadas por su “empresa”.
En este sentido, las tensiones entre el intento de trascendencia como superación y su imposibilidad aparecen claramente en el discurso que pronunció 21 días antes de ser derrocado en 1962. Allí, si por un lado su “empresa” remitía a la superación de la “falsa contradicción”, por el otro no podía escapar del antagonismo entre peronistas y antiperonistas. Titulado “Los dos extremismos: peronista y antiperonista”, su discurso insistía en la construcción de una “historia que comenzaba con un acto de intolerancia: la quiebra de la institucionalidad en 1930”. En este primer acto, según Frondizi, los “políticos habían instigado a algunos militares para que salieran de los cuarteles a fin de asegurar el ejercicio de la democracia” (ibid.: 371). Sin embargo, en lugar de la democracia prometida, una minoría se había establecido en el poder por medio del fraude. De tal modo, su relato comenzaba con la primera demarcación temporal que señalamos en el apartado inicial. Después del golpe del 30, nuevamente, Frondizi ubicaba la revolución de junio del 43, la cual, en su visión, había tenido la finalidad de “crear las condiciones de retorno a la esencia popular y nacional”, sin embargo, la “empresa” general del peronismo, del “movimiento nacional que realmente era”, “pasó a ser una facción” (ibid.). Finalmente, seguía la revolución del 55, que en su relato también habría tenido el propósito general de restablecer “un régimen de libertad y evitar el enfrentamiento entre los argentinos”, pero, según Frondizi, al margen del “sentimiento del pueblo” habían quedado “definidas dos posiciones, cruelmente antagónicas y que pronto tuvieron nombre propio: el extremismo antiperonista que se llamó a sí mismo ‘gorila’, y el extremismo peronista que se autodenominó ‘duro’”. El primero, agregaba Frondizi, “aspiraba a borrar todo rastro de peronismo, como si no hubiera existido”. El segundo, por su parte, “aspiraba a borrar todo rastro de la Revolución Libertadora, como si no hubiera ocurrido” (ibid.). En conclusión, para Frondizi, ambos se nutrían del pasado y aspiraban a volver a él.
Como podemos apreciar, el relato de Frondizi buscaba inscribir su “empresa” en un proceso de mayor alcance, por eso la importancia de las tres bisagras o la triple frontera que señalábamos al principio, pero al momento de hacerlo terminaría dando protagonismo central al antagonismo entre peronistas y antiperonistas. Su relato establecía fronteras en las cuales el desarrollo de la nación se perdía en los particularismos de quienes habían llevado adelante los golpes de Estado de 1943 y de 1955. Frente a estos particularismos, su “proyecto” fue un intento de superación, pero el carácter antagónico de la polarización y la forma en que Frondizi la tematizó hicieron que su “empresa” terminara siendo un particularismo más dentro de la coyuntura. Así, en su último discurso, Frondizi sostuvo que la crisis política que vivía la Argentina en ese momento llegaba a su “máxima gravedad”. Frente a la imposibilidad de trascender, Frondizi ya no podía posicionarse diciendo “[t]enemos la legalidad; tenemos el respaldo del pueblo y tenemos la historia que, como proceso dinámico, tiene sus raíces en el pasado y vive en el presente con proyección de futuro”. Ley, pueblo e historia, en su “empresa”, ya no formaban una muralla indestructible contra cualquier “intento regresivo” (ibid., t. 1: 93). En aquel entonces, Frondizi sólo podía afirmar su “irrevocable determinación de no renunciar y de permanecer en el gobierno” (ibid., t. 4: 31) hasta que lo derrocaran por la fuerza.
3. Imposibilidad de trascendencia e inestabilidad democrática
La imposibilidad de trascendencia como superación a la que nos hemos referido también puede inscribirse dentro de la tesis general sobre la inestabilidad democrática que signó el período de la historia argentina que va desde la Revolución Libertadora hasta 1983. Como sabemos, dentro de la ciencia política argentina, la concepción de “juego imposible” de Guillermo O’Donnell sentó algunas de las bases de un importante debate sobre los modos de entender y explicar el período que siguió al derrocamiento del peronismo. Contra la lectura de O’Donnell, la tesis sobre la inestabilidad democrática fue abonada, desde distintos marcos analíticos, con términos como “empate hegemónico”, “parlamentarismo negro”, “semidemocracia”, “juegos múltiples y yuxtapuestos” e “imposibilidad de articulación hegemónica”. De aquellos debates, aquí nos interesa retomar el referido a “la pregunta por la democracia argentina alrededor de una salida política”.[15] Dicha pregunta, acorde al contexto en que fue planteada, puso en discusión el sentido de la democracia. Así, por ejemplo, Kvaternik sostuvo que la lectura de O’Donnell partía de una concepción de la democracia “preliberal o posliberal”. En su respuesta, O’Donnell afirmaba que, desde el comienzo, debía establecerse la conceptualización de qué democracia se anhelaba para la Argentina. Ahora bien, los debates que se dieron en relación con la pregunta sobre la democracia argentina estuvieron signados por modelos normativos en pugna. Es decir, las diferentes interpretaciones acera de la inestabilidad se establecían según las conceptualizaciones sobre la democracia asumidas por cada uno de los participantes del debate. En efecto, si bien se coincidía en afirmar la inestabilidad del régimen democrático tras el derrocamiento del peronismo, se disentía en los argumentos explicativos que posibilitan dicha coincidencia. De tal modo, según cada autor, la inestabilidad se comprobaba a partir de la distancia entre el modelo normativo de lo que era o debía ser la democracia y de aquello que habría acontecido en el proceso histórico. Por eso, en buena medida los debates que abonaron la tesis sobre la inestabilidad de la democracia en la segunda mitad del siglo XX fueron debates entre modelos normativos de la democracia. La inestabilidad y sus causas eran comprensibles y explicables desde los marcos que determinaban qué era o qué debía ser la democracia para cada uno de los autores allí comprometidos. Desde nuestra mirada, aquellos debates fueron importantes en el contexto en que sucedieron, sin embargo, inmersos en el problema de una salida política, perdieron de vista la relevancia de los debates en torno a los sentidos de la democracia durante los años inmediatos al derrocamiento del peronismo. Estos últimos debates, creemos, son fundamentales en una interpretación de mediano y largo alcance sobre el régimen político argentino en el siglo XX. Reconstruir y analizar qué se ponía en juego cuando los actores del contexto que siguió al derrocamiento del peronismo pensaban qué era o debía ser la democracia puede permitirnos establecer nuevas dimensiones analíticas para pensar la imposibilidad de la “empresa” de Frondizi y su relación con la tesis sobre la inestabilidad del régimen democrático argentino. Ahora bien, como aquí nos interesa la imposibilidad de trascendencia y su relación con la tesis sobre la inestabilidad democrática, retomaremos los discursos del propio Frondizi, y dejaremos para otra ocasión una reconstrucción detallada de los debates en torno a la democracia en los años de su gobierno.[16]
La lógica de trascendencia en la “empresa” de Frondizi, como hemos mencionado, se inscribía en la tradición intransigente de la UCR. Esto significaba, entre otros rasgos, un modo particular de representación de lo popular. En consonancia con la prédica yrigoyenista, la UCR no era un partido entre otros sino la fuerza política que encarnaba al pueblo argentino. En este sentido, allí se ponía en juego una dimensión, permítasenos, sustancialista de la democracia. Es decir, una concepción que remite a la expresión comúnmente aceptada de “gobierno del pueblo”, basada en el concepto fundamental de “voluntad general” y que forma parte de lo que se considera tradición democrática “propiamente dicha”. De tal modo, la figura de pueblo que estaba presente en el discurso de Frondizi y en la tradición intransigente estaba asociado a la figura del pueblo como sujeto soberano. Allí, el pueblo aparecía como la única fuente legítima de poder y, en tanto principio político de la democracia, se presentaba como único e indivisible. En ese principio político[17] el discurso de Frondizi subsumía la “falsa contradicción” entre peronistas y antiperonistas. En el desarrollo de la nación, la dicotomización “real” sería la establecida entre el pueblo argentino y aquellos que estaban en su contra.
El pueblo como principio político, sin embargo, ocupa en lugar importante en los debates y discursos políticos argentinos de la primera mitad siglo XX. Sobre este principio, por ejemplo, se fundamentaron golpes de Estado. En nombre de la democracia era posible destituir a un gobierno elegido por procedimientos considerados democráticos, ya que el pueblo como principio político permitía legitimar una acción destituyente.[18] Volviendo a la idea de triple frontera en el discurso de Frondizi, la reconstrucción histórica que hacía de los golpes de Estado de 1943 y 1955 enfatizaba esta dimensión ligada a la democracia, es decir, los golpes estaban vinculados al supuesto accionar del pueblo como sujeto soberano. El problema, en su lectura, era que finalmente ambas revoluciones, en desmedro de la “voluntad popular”, terminaron siendo la expresión de una particularidad.
En el discurso de Frondizi, no obstante, esta dimensión “sustancialista” de la democracia convivió con otra dimensión. Por ejemplo, hemos mencionado que Frondizi, ante la siempre latente posibilidad de un nuevo golpe de Estado (que finalmente ocurrió en 1962), sostuvo que “la democracia implicaba, en primer lugar, acatamiento a la ley”. Aunque la referencia citada en el apartado anterior corresponde a un discurso de Frondizi frente a las Fuerzas Armadas, en distintas ocasiones esa vinculación le permitió establecer límites con relación al peronismo y al comunismo. Aquí nos interesa destacar la vinculación entre democracia y “acatamiento de la ley” porque pone en juego otros sentidos que permiten abordar no sólo las tensiones internas en el discurso de Frondizi, sino también un nuevo aspecto para repensar la tesis sobre la inestabilidad del régimen político.
Por un lado, el “acatamiento de la ley” remitía a la relación entre “voluntad general” y “decisión de la mayoría” en tanto fuentes de legitimidad de la democracia, y en términos puntuales, de su mandato. Aquí, siguiendo a Rosanvallon, podríamos decir que en el discurso político argentino del siglo XX, y en el discurso de Frondizi en particular, la noción de democracia aparejó una tensión entre un “principio de justificación” y una “técnica de decisión”.[19] En otras palabras, entre la democracia entendida en relación con el pueblo como sujeto político soberano y la democracia entendida como un procedimiento práctico de elección. Entonces, decíamos, frente a la constante amenaza de un nuevo golpe de Estado a la que estuvo sometido su gobierno, Frondizi apeló a la idea de democracia como “acatamiento de la ley”. “Acatar la ley” significa, por un lado, la asimilación entre pueblo y mayoría. En los términos de Frondizi, las urnas habían sellado “el encuentro de la voluntad popular y el poder político”, “el pueblo” había utilizado “el sufragio libre como acto de presencia en el gobierno y como instrumento de una idea nacional” (Frondizi, 2012, t. 1: 88).
Por otro lado, con “acatar la ley” se identificaba el régimen democrático con sus condiciones de establecimiento. Por eso, en el mismo discurso, decía Frondizi, “[h]ombres e instituciones” estaban “sujetos al cumplimiento de la ley y, dentro de las instituciones”, se debía “obediencia a las normas” que regían “su funcionamiento”. Eso era lo que se llamaba “‘Estado de derecho’ y ningún pretexto”, según Frondizi, era “válido para apartarse de esos principios” (ibid.: 89). Este doble sentido de la vinculación entre democracia y “acatar la ley” también generó tensiones en su lógica de trascendencia y, además, creemos que permite repensar la tesis sobre la inestabilidad más allá de las categorías de juego y actores. Decimos que generó tensiones en su lógica porque el segundo desdoblamiento ligado al “acatamiento de la ley” suele basarse en una lógica que puede ser contradictoria con la de la trascendencia. En tanto Frondizi vinculaba “acatar la ley” con la asimilación entre pueblo y mayoría, la lógica de la transcendencia remitía a la dimensión “sustancial” de la democracia. En tanto Frondizi vinculaba “acatar la ley” con las condiciones de establecimiento de la democracia, lo que aparece es una lógica más bien particularista que separaba el gobierno del pueblo y sus otros.
Ahora bien, si la vinculación entre “pueblo” y “mayoría” remite a la relación entre el intento frondicista de trascendencia y la dimensión “sustancial” de la democracia, cabe recordar que la figura del pueblo como sujeto soberano es una ficción. En efecto, es importante contextualizar dicha vinculación porque las disputas por la definición del pueblo fueron cardinales en los debates y discursos políticos argentinos del siglo XX. Frente a quienes en nombre del pueblo podían legitimar una acción destituyente, en el discurso de Frondizi la dimensión procedimental de la democracia no equivaldría a la parte con el todo. Por el contrario, el uso de la dimensión procedimental terminaría buscando legitimar su mandato como el gobierno de una particularidad. En efecto, decía Frondizi, “la Constitución dice que el pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes” (ibid.: 162). Así, en lugar de presentarse como la superación de cualquier particularismo, Frondizi terminaría reconociéndose como una particularidad, cuya legitimidad de gobierno estaría dada por el mecanismo electoral. De allí su asociación entre democracia y Estado de derecho. Sin embargo, en un contexto marcado por la disputa en torno a la representación del pueblo, la legalidad de los procedimientos asociados al Estado de derecho fue incapaz de sustituir a la legitimidad sustancial. Esta relación tensa entre legalidad y legitimidad socavaría las bases del intento de trascendencia frondicista y, al mismo tiempo, decíamos, nos permite repensar la tesis sobre la inestabilidad de la democracia en la Argentina del siglo XX.
Recapitulando
Partiendo de la vinculación entre la figura de Frondizi y su gobierno con los tres elementos presentes en las citas que referenciamos al comienzo de este texto, es decir, oposición, intento de superación e incapacidad, construimos las dimensiones analíticas que nos permitieron presentar lo que llamamos trascendencia imposible. Así, los modos en que Frondizi gestionó la otredad no sólo nos permitieron analizar su “proyecto” de superación, sino también la relación de éste tanto con la polarización entre peronistas y antiperonistas como con la tesis sobre la inestabilidad del régimen democrático en la política argentina. En este sentido, la articulación temporal que Frondizi puso en juego con sus usos del pasado fue un aspecto central. A partir de ella, vimos cómo en su reconstrucción de la tradición de la UCR ciertas demarcaciones temporales le permitieron presentar su “empresa” como un nuevo comienzo. En dicha reconstrucción, no obstante, si bien se separaba de su pasado reciente, en el mismo movimiento lo recuperaba en un intento de trascender todo tipo de particularismo. Allí, la triple frontera establecida por los golpes de Estado de 1930, 1943 y 1955 es central para interpretar su intento de superación de la tensión o conflicto entre peronistas y antiperonistas. Desde nuestra lectura, lejos de ser una síntesis del binarismo establecido en la oposición entre peronistas y antiperonistas, la trascendencia en la “empresa” de Frondizi puede ser pensada como una superación “dialéctica”. Es decir, donde los opuestos eran unidos en una totalidad que remitía a la contradicción entre pueblo-nación y (anti)pueblo-(anti)nación. De tal forma, la oposición entre peronistas y antiperonistas sería superada en el “momento” representado por la construcción de una tradición nacional y popular. En efecto, vimos cómo su propuesta de unidad buscó desplazar los términos de la tensión, en otras palabras, cómo intentó fijar los límites del antagonismo en otro lugar. Por ello, como decíamos, es importante la inscripción de la UCR en la reconstrucción que hizo del pasado, puesto que dicha inscripción en el tiempo tendría efectos sobre la estructuralidad.
Ahora bien, ese intento de trascendencia como superación estuvo signado por su imposibilidad. En efecto, asumiendo la existencia de múltiples causas de dicha imposibilidad, aquí nos detuvimos en los modos en que el discurso de Frondizi operó sobre el realineamiento del orden político que se produjo hacia mediados de 1957, fundamentalmente, porque nos permitieron ver los cambios en su gestión de la otredad. Cuando Frondizi comenzó a precisar a peronistas y antiperonistas como los “otros” del gobierno nacional y popular, los mecanismos de diferenciación en sus discursos fueron perdiendo generalidad y “bajaron” al terreno de las particularidades. Esos cambios en su gestión de la otredad entraron en tensión con su intento de superación del antagonismo entre peronistas y antiperonistas. La idea de “falsa contradicción” se fue diluyendo cuando tuvo que enfrentar las tensiones que generaba el conflicto entre ambos sectores, y las propias de su gestión con cada uno de ellos. Por tal motivo, esos cambios no sólo obligaron a que Frondizi sea parte de la “falsa contradicción”, sino que al precisar a peronistas y antiperonistas como los “otros” del gobierno nacional y popular, Frondizi también operaría en la reconstrucción de ambos espacios políticos. Es decir, en un marco de realineamiento del orden político, los mecanismos de diferenciación particular, como los procesos de exclusión que se aplicaban en nombre de la democracia, tendieron a unificar los espacios fragmentados. Por eso, los usos del pasado en Frondizi se encaminarían hacia una reorganización y unificación de los polos en tensión. Por ello, en su tematización del antagonismo estructural, Frondizi quedaría inmerso en un conflicto que pretendía superar.
Finalmente, alejándonos de los debates normativos, los modos en que Frondizi gestionó la otredad nos permitieron relacionar la imposibilidad de trascendencia que signó su “proyecto” con la tesis sobre la inestabilidad del régimen democrático en la argentina postperonista. Como pudimos apreciar, la propia noción de democracia que Frondizi puso en juego durante su gobierno permite abordar la imposibilidad de su “empresa”, y al mismo tiempo repensar la tesis sobre la inestabilidad del régimen político argentino. En este sentido, la vinculación entre democracia y “acatamiento” de la ley hizo visible la convivencia entre una dimensión sustancial de la democracia y una dimensión procedimental en el discurso de Frondizi. En sus modos de gestionar la otredad, la fijación de límites demostraría la tensión entre los sentidos de la democracia y su intento de trascender todo tipo de particularidad. De tal modo, como hemos señalado, en un contexto marcado por la disputa en torno a la representación del pueblo, la legalidad de los procedimientos asociados al Estado de derecho sería incapaz de sustituir la legitimidad sustancial. Esta relación tensa entre legalidad y legitimidad socavaría las bases del intento de trascendencia frondicista y, al mismo tiempo, decíamos, permite repensar la tesis sobre la inestabilidad del régimen democrático argentino durante buena parte del siglo XX. Recién con el desplazamiento conceptual que devino con la salida de la última dictadura militar, la vinculación entre democracia y Estado de derecho reconfiguró la tensa relación entre legalidad y legitimidad. Allí, lo que otrora fue la dimensión formal de la democracia pasó a definir su dimensión sustancial.
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- CONICET-UNSAM-UNLaR.↵
- Posteriormente, tras el desconocimiento de la fórmula por parte de los sectores congregados en el Movimiento de Intransigencia Nacional, el partido se dividió en la Unión Cívica Radical del Pueblo (UCRP) y la Unión Cívica Radical Intransigente (UCRI). Esta última presentó la fórmula Frondizi-Gómez en las elecciones presidenciales de 1958, por su parte la fórmula de la UCRP fue encabezada por Balbín-Del Castillo. Sobre los conflictos que llevaron a la división del partido, véase Ana Virginia Persello, Historia del radicalismo, Buenos Aires, Edhasa, 2007, pp. 117-223.↵
- Esa doble trascendencia, cabe señalar, fue un rasgo que caracterizó a los radicales que se habían forjado en torno al MIR durante los años del peronismo. Aunque la escisión del partido después de la Convención de Tucumán supuso diferentes tipos de acciones frente al Gobierno de la Revolución, las líneas programáticas planteadas desde el MIR fueron compartidas por la UCRP y la UCRI. Al respecto, nos remitimos a María Estella Spinelli, Los vencedores vencidos. El antiperonismo y la “revolución libertadora”, Buenos Aires, Biblos, 2005, p. 220.↵
- Junto con las dimensiones analíticas de “alteridad” y “representación”, la de “perspectiva de la tradición”, señala Aboy Carlés, “tiene especial utilidad para abordar lo que […] llamamos su dimensión dinámica o diacrónica, es decir, el proceso de devenir de toda identidad”. En este sentido, agrega, “[t]oda identidad política se constituye en referencia a un sistema temporal en el que la interpretación del pasado y la construcción del futuro deseado se conjugan para dotar de sentido a la acción presente”. Gerardo Aboy Carlés, Las dos fronteras de la democracia argentina. La reformulación de las identidades políticas de Alfonsín a Menem, Rosario, Homo Sapiens, 2001, p. 68. ↵
- Sobre el particular, véase Daniel James, Resistencia e integración. El peronismo y la clase trabajadora argentina, 1946-1976, Buenos Aires, Siglo XXI, 2005, y “Sindicatos, burócratas y movilización”, en Violencia, proscripción y autoritarismo: 1955-1976. Nueva Historia Argentina, Tomo 9, Buenos Aires, Sudamericana, 2003; Mark Alan Healey, “Interior en disputa: proyectos de desarrollo y movimientos de protesta en las regiones extrapampeanas”, en ibid.; y Ricardo Aronskind, “El país del desarrollo posible”, en ibid., entre otros.↵
- Frente a este tipo de interpretación, que considera las identidades políticas como espacios regimentados con límites infranqueables, varios de los autores de este libro hemos avanzado en distintas posibilidades de pensar la porosidad de los espacios antagónicos. Sobre el particular, véase Gerardo Aboy Carlés, “La especificidad regeneracionista del populismo”, ponencia presentada en el VII Congreso Chileno de Ciencia Política, organizado por la Asociación Chilena de Ciencia Política, Santiago de Chile, 2006; Nicolás Azzolini y Julián Melo, “El espejo y la trampa. La intransigencia radical y la emergencia del populismo peronista en la Argentina (1943-1949)”, Papeles de Trabajo, año 5, N° 8, noviembre 2011; Gerardo Aboy Carlés, “De lo popular a lo populista o el incierto devenir de la plebs”, en Gerardo Aboy Carlés, Sebastián Barros y Julián Melo, Las brechas del pueblo. Reflexiones sobre identidades populares y populismo, Los Polvorines, UNGS-UNDAV, 2013; Julián Melo, “La frontera invisible. Reflexión en torno al populismo, el pueblo y las identidades políticas en la Argentina (1946-1949)”, en Gerardo Aboy Carlés, Sebastián Barros y Julián Melo, op. cit.; Nicolás Azzolini, “Enemigos íntimos. Peronismo, antiperonismo y polarización política en Argentina (1945-1955)”, Identidades, Dossier 2, año 6, abril 2016; y Nicolás Azzolini, Los tiempos de la democracia. Conceptos, identidades y debates políticos durante el primer peronismo (1943-1955), Villa María, EDUVIM, 2018.↵
- Sobre los vínculos de identificación generados en torno a la reconstrucción de una tradición nacional y popular, James sostuvo que luego de las negociaciones con el FMI para la obtención de un préstamo, “Frondizi pasaría la mayor parte del tiempo que le quedaba en el gobierno tratando de convencer a los dirigentes gremiales peronistas de su buena fe y su compromiso permanente con las ideas de desarrollo ‘nacional y popular’”. Daniel James, “Sindicatos, burócratas y movilización”, op. cit., p. 129.↵
- Al respecto, véase María Estella Spinelli, Los vencedores vencidos, op. cit., pp. 131-263. ↵
- En este sentido, Spinelli ha señalado que “es posible advertir una tendencia de creciente acercamiento al peronismo por parte de partidos y grupos que desde comienzos de la Revolución Libertadora habían apostado a la desperonización como camino hacia la construcción de un régimen político democrático”. María Estella Spinelli, De antiperonistas a peronistas revolucionarios. Las clases medias en el centro de la crisis política argentina (1955-1973), Buenos Aires, Sudamericana, 2013, p. 82.↵
- Para una reconstrucción, véase Hugo Gambini, Frondizi. El estadista acorralado, op. cit. ↵
- Si bien el comunismo fue un actor que estuvo desde el principio en los márgenes del discurso frondicista, ya que, por un lado, no era precisado como un “otro” estructurante dado el apoyo inicial que Frondizi recibió del comunismo, por el otro, el carácter internacionalista del comunismo chocaba con la prédica de lo nacional. ↵
- Sobre el particular, véanse textos referenciados en la nota 5. ↵
- En relación con el proyecto de ley de defensa de la democracia de 1961, hemos trabajado sobre la noción de límite espacial y temporal del discurso democrático en Nicolás Azzolini, “Los límites de la democracia argentina. Lecturas desde el proyecto de ley de defensa de la democracia de 1961”, Estudios Sociales, Santa Fe, Vol. 58, N° 1, 2018.↵
- Sobre el particular, véase Robert Potash, El ejército y la política en la Argentina (II), op. cit. ↵
- Sobre el particular, nos remitimos a Darío Dawyd, “El ‘juego imposible’ de la Argentina postperonista. El debate en torno de la inestabilidad democrática y sus aportes al desarrollo de la Ciencia Política Argentina”, STUDIA POLITICÆ, Córdoba, N° 26, otoño, 2012. Allí se puede encontrar una reconstrucción ampliada de los debates.↵
- Sobre este aspecto nos hemos ocupado parcialmente en Nicolás Azzolini, “Los límites de la democracia argentina”, op. cit.↵
- Sobre la noción de principio político, nos remitimos a Pierre Rosanvallon, La legitimidad democrática: imparcialidad, reflexividad, proximidad, Buenos Aires, Manantial, 2009.↵
- Al respecto, véase Nicolás Azzolini, Los tiempos de la democracia, op. cit. ↵
- Sobre el particular, véase Pierre Rosanvallon, La legitimidad democrática, op. cit. ↵








