Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

VI. Conclusiones

Para generar indicadores de evaluación es importante identificar las nociones, funciones, política pública, etc., esto es, tener noción de manera general de promoción de la salud. Los indicadores son instrumentos analíticos que permiten mejorar el conocimiento de distintos aspectos de la promoción de la salud en los cuales estamos interesados, o acerca de los cambios que están teniendo lugar. Y, gracias a la información que dan estos indicadores, ayudan a dar respuesta a problemas de salud pública y tomar decisiones de políticas públicas sustentadas en evidencia empírica.

La evidencia de la promoción de la salud es un factor altamente determinante para identificar las líneas de acción que deben impulsarse o modificarse para influir en las determinantes de la salud pública.

Las evaluaciones de cualquier estrategia de promoción de la salud deben ser sistemáticas para poder disponer así de información sobre efectividad, impacto y alcances de acuerdo a las políticas públicas de cada país. Solo a través de un diagnóstico basado en metodologías sustentadas se podrán identificar aquellos casos exitosos de estrategias, que pueden servir como modelos a seguir en aplicaciones similares. Existen distintos tipos de evaluaciones y cada diagnóstico debe aplicarse a los casos específicos de las necesidades de la promoción.

La evaluación debe incluir criterios y elementos de planificación, así como la relación entre los distintos actores involucrados; como se vio a lo largo de este trabajo de investigación, diversos autores e instituciones han validado ya el diagnóstico de la promoción de la salud y han generado modelos y guías de la evaluación de esta y sus elementos.

Es importante señalar la aportación de Gómez & González (2009) en relación con los aspectos formales, donde señalan cinco requisitos que la evaluación de la promoción de la salud debe cumplir:

  • Promover la participación consciente y libre de los individuos en todo el proceso.
  • Promover la transdisciplinariedad en las aproximaciones, para que la evaluación pueda responder por información de muy diferente índole (epidemiológica, social, económica, psicológica, médica, administrativa). Los métodos y las técnicas de evaluación aplicables a ambos tipos de intervención deben ser multidisciplinarios para dar cuenta de su complejidad. Una de las aproximaciones más comunes suele ser la evaluación económica, que presenta pocas dificultades importantes cuando el acercamiento teórico al programa y la evaluación del costo y los beneficios se confinan dentro del contexto del individuo. Los análisis centrados en el individuo (individualismo metodológico) tienen una larga historia en economía, y las técnicas de microeconomía suelen satisfacerse con el examen de programas enfocados al cambio individual de conducta. Sin embargo, los nuevos desarrollos en la salud pública proponen desafíos especiales al evaluador. Los programas de salud pública tienen al colectivo como centro de interés y consideran que la comunidad significa algo completamente diferente de la suma de individuos. El empoderamiento de la comunidad y la promoción de la capacidad que esta tenga para controlar sus problemas de salud (que son las metas de tales programas) escapan a los enfoques tradicionales de la economía utilitaria individualista, cuyas conclusiones pueden desorientar a los artífices de las decisiones en salud sobre el valor y el potencial de las intervenciones.
  • Definir un horizonte de cambio apropiado para el proceso que se evalúa. Este horizonte se refiere al tiempo para el cual se asumirá la evaluación.
  • Garantizar la eficiencia y eficacia de la evaluación misma. Esta consume recursos y debe justificarse, y, para optimizar los esfuerzos que demanda, debe centrarse en los factores críticos de éxito de la situación que se evalúa. En el caso de la prevención de la enfermedad, la evaluación tiene que propender por la reducción efectiva de los eventos desfavorables. En el caso de la promoción de la salud, debe velar por el empoderamiento. En ambos casos, el proceso y los resultados de la evaluación tienen que, en última instancia, mejorar el grado de control de los individuos y las comunidades frente a los principales determinantes de su salud.

Complementario a esto, Díez (2010) indica que otra cuestión fundamental es el diseño evaluativo. Un diseño en el que solo se mide lo que pasa después de la intervención es francamente débil, y resulta difícil –incluso para el investigador– extraer conclusiones de él. En general, se adoptan diseños pre-post, que miden variables antes y después de la intervención, tanto entre los participantes como por medio de encuestas poblacionales. Si bien son bastante informativos y fáciles de llevar a cabo, presentan una debilidad asociada a esta pregunta: ¿hubiera ocurrido lo mismo sin nuestra intervención? Los diseños con grupo control protegen de esta limitación.

A partir de lo analizado, la propuesta es el desarrollo y aplicación de lineamientos generales de la promoción nacional de la salud, basados en metodologías y teorías aplicadas. En un primer término, se propone la capacitación de todas las áreas vinculadas con promoción de la salud, con la finalidad de generar diagnósticos locales que permitan analizar las problemáticas de las determinantes en salud. Una vez realizada la acción, se sugiere adoptar las líneas del Plan Nacional de Desarrollo, para generar una planeación de cada estado en lo particular.

Trabajar en la planeación, persiguiendo los mismos objetivos, clarificando metas particulares, significará a nivel nacional la posibilidad de generar evaluación, supervisión en la promoción de la salud.

Actuar en lo local para un mismo beneficio nacional generará un impacto en las determinantes de la salud pública. Dicho impacto debe ser medible, por lo que, asimismo, se propone de manera sistemática la evaluación basada en la evidencia de todos los programas de promoción de la salud.



Deja un comentario