La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la promoción de la salud como el proceso de capacitación de las personas para aumentar el control sobre su propia salud y mejorarla (WHO, 1986). Se trata de un proceso complejo en el que interaccionan estrategias como la educación para la salud, la puesta en marcha de políticas saludables y la movilización social (Regato, 1998). Es decir, la promoción de la salud capacita a los individuos fortaleciendo sus conocimientos, actitudes y habilidades, considerando también los entornos políticos, sociales, económicos y ambientales en los que se desarrollan la salud y el bienestar.
Es así que la promoción de la salud integra diversos elementos, como los agentes que intervienen en la planificación, ejecución y financiación, y la metodología de actuación, los escenarios y las áreas de trabajo. Además, es necesario incluir en el diagnóstico el impacto sobre cambios y comportamientos en la población y su inferencia para la construcción del entorno saludable (Hawe, 1993; Fernández-Merino et al., 2000). Para ello, se requiere que las medidas de la eficacia sean pertinentes a la intervención, así como también que el método de investigación utilizado para la evaluación sea adecuado.
Bacigalupe et al. (2009) indican que la evaluación del impacto en la salud (EIS) es entendida como una combinación de procedimientos, métodos y herramientas mediante la cual una política, un programa o un proyecto pueden ser evaluados en relación con sus efectos sobre la salud de la población y la distribución de tales efectos sobre ella, por lo que asumen que en la actualidad este proceso (EIS) resulta útil para que se considere la salud en las intervenciones del ámbito de la salud y la administración pública (WHO, 2001). Es decir, la evaluación del impacto en la salud se entiende como la valoración de los efectos generados por determinadas acciones sobre la salud de la población.
La base de la evidencia de la promoción de la salud debería estar constituida por datos provenientes de diversas fuentes, que pueden combinarse y compararse, incluyendo estudios experimentales y de observación, con información cualitativa y cuantitativa. Además, la evidencia debería tener una importancia práctica que sirva de orientación para crear condiciones que conduzcan al éxito de una intervención (UIPES, 1999).
Una recomendación general proveniente de los fundamentos teóricos de la promoción de la salud abogaría por metodologías simplificadas que permitan, hasta donde sea posible, la participación de las comunidades y de quienes hagan parte del proceso; esta práctica constituiría por sí misma un espacio de empoderamiento de las comunidades (Goméz y González, 2009)
Asimismo, en la Quinta Conferencia Mundial de Promoción de la Salud de la OMS y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), titulada “Promoción de la salud: Hacia una mayor equidad” y celebrada en el año 2000 en la Ciudad de México, se abordó de manera enfática el tema de la evidencia y la evaluación, con el objetivo de aclarar y definir el papel de la evaluación de la promoción de la salud e identificar las brechas con mayor necesidad de análisis.
Para ello, el equipo multidisciplinario responsable conformado por participantes pertenecientes a diversos grupos y sectores de la sociedad que son responsables directa o indirectamente de los factores determinantes de la salud, como funcionarios públicos, organismos nacionales e internacionales, organizaciones no gubernamentales y comunitarias, el sector empresarial, científicos y académicos, así como profesionales y expertos de diversas áreas y en evaluación y comunicación, debatieron en sesión plenaria de dicha conferencia varios desafíos en torno a la evaluación de la promoción de la salud. Entre ellos se destacó la importancia de continuar con la discusión y la labor entre distintas regiones y escuelas de pensamiento alrededor de esta temática, como también en la creación de infraestructura y técnicas concretas para evaluar la promoción de la salud (OMS/OPS, 2000).
La OMS también abordó, en el marco de esta conferencia, la relación que tiene la salud con el desarrollo humano, señalando que la evaluación comparativa es un instrumento que permite a los gobiernos de todos los niveles valorar la contribución de cada sector en el fomento y mantenimiento de la salud. Además, destacó la relevancia de considerar el vínculo que existe entre el desarrollo socioeconómico y humano con la salud. Al cabo de este discurso, surgieron cuatro temas para el análisis: la inversión en el desarrollo humano y social; el logro de inversiones integradas y multisectoriales en favor de la salud; una mejor comprensión de la relación entre inversión y salud; y el mejoramiento de la calidad de los indicadores empleados para evaluar el desarrollo en los países (OMS/OPS, 2000).
Con respecto al último punto, que hace referencia a los indicadores de evaluación, la OMS/OPS (2000) reconoce que sigue existiendo carencia en términos de indicadores de salud con respecto a los indicadores de enfermedad utilizados a nivel global y local, enfatizando que, debido a la estrecha relación entre el desarrollo socioeconómico, la inequidad en el acceso a los recursos y la salud, esta última se convierte en un indicador del desarrollo. Argumenta la necesidad apremiante de la elaboración y construcción de indicadores de equidad en salud, no obstante los que existen actualmente para estimar la inequidad.









Con respecto al libro, reconoce y evalua carencias en términos de indicadores de salud importantes para una desición.