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Prólogo

Alejandro de Oto

Me une con Paola Gramaglia una larga amistad forjada en conversaciones, seminarios compartidos y arduas discusiones para tratar de rastrear las pistas de por dónde se puede volver relevante o no pensar en las claves de la filosofía latinoamericana. Como las proveniencias no nos definen, pero de alguna manera marcan nuestros acentos, reconozco que en esos encuentros el problema de la historia, en particular de la historia de las ideas, ese viejo y muy vapuleado artefacto, fue el motivo que nos reunía. En ese vaivén, que sumaba autores y autoras, y que intentaba suturar las distancias no tan importantes en distintas prácticas y contextos, siempre tuve la impresión de que estábamos ayudando a forjar una lengua, una que resaltaba las diferencias, pero reclamaba por los lugares comunes como un claro acto político. Allí estaban entonces, por ejemplo, la filosofía de la liberación y un pensamiento poscolonial acuñado en habla inglesa, o una larga identificación de qué era lo que separaba o reunía, al fin y al cabo, la historia de las ideas y la historia intelectual, las tensiones con el archivo, o cómo se podría leer a alguien como Homi Bhabha, con sus textos acuñados en conversaciones diferentes pero cercanas (y por ello no es casual que se mencione a Stuart Hall en uno de los ensayos), entre otros, o cómo disponer la escucha ante cierta condición inefable en la que se sumen las epistemologías ante la diferencia.

El punto importante de este recuerdo, y para conectarlo con lo que acontece en el libro, es que Paola, como coordinadora del volumen, concibe estas discusiones y recorridos como parte crucial del despliegue del proyecto de investigación “Interpelaciones críticas a la ciencias sociales y a las humanidades desde América Latina”. Y entonces allí lo obvio no lo es tanto. Quiero decir que las intervenciones que forman parte de este volumen son objetos de uso, piezas de conversación y de estudio que recorren el espinel de lecturas cruciales que en los últimos años han estado sistemáticamente obsesionadas con las tramas de las colonialidades. No es casual que una nota para pensar el trabajo de María Lugones abra el libro y que a ella le siga una pregunta por los procesos de subjetivación, abordados aquí desde el análisis interseccional. Tampoco es casual que las derivas del pensamiento heterárquico permitan pensar la idea misma de una democracia decolonial. Las historias de la filosofía latinoamericana se encuentran en buena forma para pensar aquí estos debates, pero también las historias políticas de lugares sociales y culturales bien situados como Bolivia. O las tramas de una reflexión sobre el problema del presente desde el pasado, o los sentidos comunes comunitarios, las pedagogías freirianas o las geopolíticas del indianismo, todas ellas concurren en este volumen cuidadosamente articulado en cuatro interpelaciones: interpelaciones desde los feminismos, interpelaciones desde lo político-democrático, interpelaciones desde lo ecológico-político, e interpelaciones desde las epistemes andinas.

En un prólogo o en una breve introducción, siempre se invita a la lectura del libro prologado. Aquí no hay novedades al respecto, pero, lejos de ser una invitación que norme el modo de acceso a este volumen, la recomendación es simple. Se puede entrar por cualquiera de los ensayos porque las tramas sutiles que los conectan nos llevarán inevitablemente al viaje completo. Entonces, como los capitanes de barco, sugiero tener un libro de bitácora para recordar por dónde nos movimos. Pasado y presente son un nudo que no se desata fácilmente.

                              

San Juan, 9 de mayo de 2022



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