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¿Dónde están las feministas?

Resonancias de los feminismos en las experiencias de participación juvenil en Argentina

María Victoria Seca[1]

Resumen

El período 2015-2020 puede ser caracterizado como un ciclo de visibilización de las movilizaciones del movimiento de mujeres y feministas en Argentina, con alcances, repercusiones y vínculos con un proceso latinoamericano y global. A partir de la puesta en la escena pública de las demandas históricas del movimiento feminista y de nuevas demandas de la mano de diversos actores y actrices sociales con este trabajo buscamos responder cómo estas acciones y demandas repercutieron en diferentes experiencias de participación juvenil en la provincia de Mendoza. Las preguntas que guían este trabajo son: ¿Cuáles han sido las resonancias de los discursos y las prácticas de las movilizaciones feministas dentro de los espacios de participación juvenil? ¿Cómo se traducen y gestionan los alcances de la interpelación de este ciclo en las experiencias de participación juvenil? ¿Cómo se va configurando la participación juvenil en este escenario?

Para responder a las mismas se trabaja con una metodología cualitativa, con entrevistas a jóvenes involucrados en diversos colectivos, análisis documental y observación participante. A lo largo del texto, reconstruimos tanto las tramas de sentido sobre las que los y las jóvenes reconocen las resonancias e interpelaciones de los feminismos en sus espacios de organización, como los intereses, demandas y prácticas que plantean en torno a este tema. Esta metodología nos permite acercarnos a las narrativas, las miradas y las construcciones de sentido de los y las jóvenes para comprender las dinámicas organizativas, el repertorio de acciones y los modos en que se cruzaban los argumentos feministas con la especificidad temática de las organizaciones.

   

Palabras clave: juventudes, activismos, movilizaciones feministas, Argentina.

Introducción

En agosto del 2023 nos reunimos en la ciudad de Comodoro Rivadavia en el marco del 1er workshop denominado “Juventudes, experiencias, prácticas y políticas en Patagonia”. El mismo fue un espacio de encuentro, intercambio y reflexión conjunta donde tuve el gusto de compartir una versión previa de este capítulo. En función de las preguntas y los puntos en común con los trabajos de las demás expositoras nace este capítulo cuyo título apela a una pregunta (despectiva y confrontativa) presente en la escena pública en los últimos años[2] en post de resignificarla.

A partir del año 2015, las movilizaciones del movimiento de mujeres y los feminismos en Argentina, y en el mundo, han ganado lugar en las calles, en los medios, en las redes, en las escuelas, los sindicatos. Entendemos al período 2015-2018 como un momento de inflexión en relación con la lucha de las mujeres y feministas que evidenció “una potencia de cambio creativa y organizada”. Un lenguaje y prácticas novedosas inscriben una nueva gramática de las luchas” (Gutiérrez, 2018). De la mano de demandas específicas contra los femicidios, las violencias machistas, la legalización de la interrupción voluntaria del embarazo, el cumplimiento de la ley de educación sexual integral, entre otras. En este ciclo de movilizaciones y experimentación política las mujeres jóvenes tuvieron un fuerte protagonismo, cuya activa participación en la escena pública se dio en un marco de diálogo y vinculación intergeneracional con las “pioneras” en la lucha por sus derechos (Elizalde, 2018).

Esta situación se enmarca en un proceso, iniciado hace varios años, de protagonismo juvenil en las organizaciones, las acciones colectivas y las protestas sociales y con ello, ha sido clave su reconocimiento como un sujeto político diferenciado con demandas y acciones propias (Vommaro, 2015; Preyers, 2018). Las dinámicas de participación joven se nos presentan como una puerta de ingreso a la comprensión de las movilizaciones feministas y las resonancias significativas de este fenómeno macrosocial en la singularidad de los territorios locales. A la vez que estas transformaciones sociales nos brindan elementos para comprender las dinámicas contemporáneas de politización.

Este trabajo surge en el marco de mi investigación postdoctoral que articula los estudios de juventudes, el campo de la movilización y acción colectiva y los estudios feministas para comprender los alcances de la interpelación del ciclo de movilizaciones feministas y del movimiento de mujeres desarrollado en Mendoza a partir de 2015. El período de estudio va del 2015, marcado por el surgimiento del #NiUnaMenos hasta el 2023, atendiendo al trastocamiento radical de la cotidianidad y la vida social en su conjunto, como consecuencia de la pandemia del covid-19, que en la provincia de Mendoza –como en una gran parte del país–, requirió la aplicación del aislamiento social preventivo (ASPO).

Particularmente, al período que va desde el 2015 al 2020 lo caracterizamos como un ciclo de visibilización de las movilizaciones del movimiento de mujeres y feministas en Argentina (y con alcances, repercusiones y vínculos con un proceso latinoamericano y global). A partir de ahí, de esta puesta en la escena pública de las demandas históricas del movimiento feminista y de nuevas demandas de la mano de diversos actores y actrices sociales con este trabajo buscamos responder cómo estas acciones y demandas repercutieron en diferentes experiencias de participación juvenil.

Dentro del campo de los estudios de juventudes en Argentina, que caracteriza Luciana Lago en este libro, nos interesa destacar los aportes sobre las múltiples formas del involucramiento juvenil, los sentidos que se construyen, los procesos de subjetivación política y sus prácticas, lo que Mariana Chaves (2006) denominó el enfoque de la participación, junto con el enfoque de género. Mientras que los primeros tienen una larga trayectoria y han estudiado, por un lado, las experiencias participativas dentro de las estructuras formales de la política institucional, como los partidos políticos, los sindicatos, los centros de estudiantes y otros espacios de participación en las instituciones educativas (Núñez y Litichever, 2015; Pérez y Natalucci, 2012; Larrondo y Mayer, 2018). Por otro, también se han analizado las experiencias de participación en espacios no institucionales, como los movimientos de desocupados/as, espacios culturales, asambleas barriales, asambleas socioambientales, colectivos y acciones contra la violencia institucional, espacios feministas. Entendidos como espacios de politización (Bravo, 2012; Vommaro, 2015; Bonvillani, 2018). Además, encontramos aquellos que abordan comparativamente ambos tipos de prácticas (Vázquez y otros, 2021).

Los estudios que abordan la dimensión genérica y sexual de las experiencias juveniles han tenido un menor desarrollo -en comparación con otros abordajes (educación, participación, trabajo)-. En particular, aquellos que trabajan participación y género de manera articulada son aún menores y la indagación de muchos aspectos de este cruce permanecen vacantes. Notamos que han experimentado un rápido crecimiento a partir de la visibilización de las mujeres jóvenes en el escenario público y político de los últimos años. Es una línea que está en pleno desarrollo y a la que esta investigación busca aportar. Dentro de estos, destacamos los trabajos sobre activismos feministas jóvenes en América Latina (la compilación realizada por Larrondo y Ponce, 2019), sobre jóvenes y participación en la lucha por el aborto (Elizalde, 2018; Seca, 2019) y sobre los activismos feministas en los ámbitos educativos (Blanco, 2016; Tomasini, 2020; Núñez, Seca y Arce Castelo, 2023).

Finalmente, queda aclarar que de los diferentes enfoques que se han generado para el estudio de las juventudes en esta investigación la entendemos como una noción relacional, situada, plural, históricamente construida, inmersa en las relaciones sociales de poder y en permanente reconfiguración atravesada por clivajes de género, clase, etnia, entre otros (Pérez Islas, 2000; Vommaro, 2015). De esta manera, proponemos el análisis de las juventudes como una categoría situada, una construcción sociohistórica, cultural, en clave generacional (Bonvillani et. al., 2008) a partir de las prácticas y los discursos de los/as/es protagonistas.

Las preguntas que guían este trabajo son: ¿Cuáles han sido las resonancias de los discursos y las prácticas de las movilizaciones feministas dentro de los espacios de participación juvenil? ¿Cómo se traducen y gestionan los alcances de la interpelación de este ciclo en las experiencias de participación juvenil? ¿Cómo se va configurando la participación juvenil en este escenario? Para ello, proponemos una metodología de trabajo de carácter cualitativo, que se basa en diversas investigaciones realizadas en los últimos años (Seca, 2019; 2021; 2023; Seca y Salomone, 2023). Como insumos tendremos en cuenta las entrevistas de carácter de no-sexistas: a) jóvenes (que se identifican como varones y mujeres) y forman parte de espacios barriales de participación (una biblioteca popular y un centro cultural[3] que fueron los casos de mi tesis doctoral, cuyo trabajo de campo se realizó entre 2014-2015 y se actualizó en 2020); b) jóvenes que participan en organizaciones socioambientales[4] de Mendoza (varones y mujeres realizadas durante el 2023). Además, observación participante en acciones colectivas y análisis documental (generados por los espacios de participación juveniles -en papel y digitales-, notas en medios de comunicación, etc.). También son tomados como insumo de este trabajo, aquellas investigaciones producidas en nuestro país en torno a los feminismos y las juventudes movilizadas.

Organizamos el capítulo en tres momentos, sumada a esta introducción. En el primer apartado presentamos una contextualización de las juventudes argentinas hoy, con especial detalle en las experiencias participativas y los hitos que nos ayudan a comprender el período 2015-2020 como un ciclo de movilizaciones feministas. Luego nos adentramos en el análisis de las experiencias juveniles y buscamos comprender las mismas y responder las preguntas orientadoras. Para, finalmente, compartir las reflexiones finales.

Postales de época: el contexto de socialización juvenil entre 2015-2023

Estudiar las juventudes de manera situada requiere que nos detengamos en el análisis de las condiciones sociales. No solo pensando cómo están las juventudes sino también qué pasó en ese período sociohistórico, ya que ambas preguntas nos brindan elementos para comprender los procesos de socialización. Partimos de la premisa de que no hay una sola juventud ni modo de ser joven, es heterogénea. Siguiendo la propuesta de Vommaro (2022), reconocemos dos rasgos constitutivos de este grupo social en América Latina, en general y en Argentina en particular: las desigualdades como condición y las diversidades como marca generacional.

Las desigualdades generacionales constituyen las condiciones en las que muchas y muchos jóvenes despliegan sus vidas cotidianas y el modo en el que las experimentan y construyen sus experiencias configura sus prácticas de adaptación y resistencia (Vommaro, 2017c; Chaves, Fuentes y Vecino, 2016). (Vommaro, 2022, p. 22)

En este escenario, como expresa Marina Medan en uno de los capítulos de este libro, hay sectores juveniles que viven en condiciones de vulnerabilidad socioeconómica, cuyas vidas se encuentran atravesadas por diversos discursos y dinámicas de producción socio estatal de las juventudes. Un Estado que está presente (y ausente) de modos, a veces, contradictorios (Llobet, 2015). En los últimos veinte años, se han desplegado leyes, programas y planes orientados a los jóvenes, desde diferentes enfoques y definiciones de juventud. Nos queremos detener en dos: los relativos al género y a la participación política.

Como ya hemos analizado (Seca, 2023), el lugar que ocupan hoy en día los y las jóvenes en el orden social y de género está vinculado a un conjunto complejo de transformaciones culturales, económicas, políticas y normativas[5] anteriores y en curso. A través de estos procesos, se reconoce a los y las jóvenes como sujetos sexuales, con derechos y receptores de políticas públicas.

Si bien el reconocimiento formal que otorga la legislación no implica que los cambios se producen inmediatamente, habilita nuevos marcos interpretativos para las relaciones sociales, promoviendo procesos de exigibilidad que abonan transformaciones socioculturales. En este sentido, cuestiones que eran significadas como asuntos de la esfera privada, vienen siendo formuladas como problemas de orden público: la violencia contra las mujeres y cuerpos feminizados y las desigualdades en la asunción de tareas de cuidado, entre otras. (Tomasini y Morales, 2022, p. 3)

Hemos sido testigos de una mayor visibilidad de las demandas del movimiento de mujeres y feministas en la escena pública, que interpeló a los sectores juveniles (especialmente mujeres y disidencias). Quienes se hicieron presente en las calles, las escuelas, las redes y distintos ámbitos de la vida cotidiana y adquirieron visibilidad como sujeto político. Junto con lo anterior, hay condiciones nacionales que configuraron un clima de politización juvenil. Por un lado, en Argentina desde comienzos del dos mil, continuando el proceso de la década del noventa, se produjo una multiplicación de espacios de participación alternativos, caracterizados por la búsqueda de la horizontalidad en las relaciones y en las tomas de decisiones, por su vinculación con el territorio y por su rechazo a las formas tradicionales de hacer política; muchos de ellos con una impronta juvenil. Por otro lado, durante los gobiernos kirchneristas (2003-2015) hubo un llamamiento a la juventud como nuevo sujeto de la política, una fuerte apelación a su militancia y un renovado ciclo de incorporación de las juventudes a la política (Kriger, 2016). Esto estuvo acompañado de cambios normativos como la ley de voto joven, la ley de promoción de centros de estudiantes y otras políticas de promoción de la participación; en un escenario de debate público sobre el sentido de la participación juvenil (Vázquez, 2015). En los últimos años, vemos que la noción de “militancia juvenil” empezó a ser disputada por otros sectores políticos, vinculados a proyectos partidarios de centroderecha y derecha como las juventudes del PRO (Grandinetti, 2015 y 2021) y libertarias (Vázquez, 2022; Stacchiola y Seca, 2023).

Ahora, nos vamos a detener en presentar algunos hechos históricos que pueden ser analizados como hitos de referencia en las trayectorias activistas de los/as jóvenes y nos ayudan a comprender el período 2015-2020 como un ciclo de movilizaciones feministas.

En varias ciudades y pueblos de Argentina, el 3 de junio de 2015, tuvo lugar la primera manifestación de Ni Una Menos (NUM), que simbolizó un momento importante en la lucha de las mujeres. Este fenómeno puede ser examinado desde diferentes perspectivas: como un lema, un colectivo y un movimiento social que amplifica las voces de aquello que el relato oficial y patriarcal tiende a invisibilizar. Junto con Elizalde (2022) entendemos esta movilización como un punto de inflexión, “como un mojón relevante del inicio de un ciclo de movilizaciones juveniles en nuestro país, que asumió los asuntos de género y sexualidad como principal bandera de sus reivindicaciones” (p.70). El cual no puede ser leído por fuera de la genealogía de los activismos de género y feministas (Elizalde, 2022; Seca, 2023) que se ha caracterizado por cuatro vertientes -a partir de la propuesta de Di Marco, 2011 y Gago, 2021-:

(…) la participación en los movimientos de derechos humanos protagonizado por Madres y Abuelas de plaza de mayo, las acciones colectivas de las mujeres de sectores populares que se desarrollaron frente a la crisis neoliberal (esta línea de los movimientos sociales, especialmente liderada por el movimiento de desocupadas) y las mujeres del movimiento feminista (cuya principal referencia son los encuentros nacional de mujeres desde 1986 y la campaña nacional por el aborto legal, seguro y gratuito desde el 2005). (…) el movimiento de las disidencias sexuales: “una larga historia del movimiento de disidencias sexuales que va de la herencia del FLH (frente de liberación homosexual) de los 70 a la militancia lésbica por el acceso autónomo al aborto y el activismo trans, travesti, intersexual y transgénero” (p.17). (Seca, 2023, p.4)

En adelante, las manifestaciones del NUM cada 3 de junio fueron ampliando sus consignas y se articularon con otros hitos. Por un lado, el primer Paro Nacional de Mujeres, el 19 de octubre de 2016 y los Paros Internaciones cada 8 de marzo desde el 2017. En este contexto de movilización se produjo un aumento de las denuncias de violencia, tanto en los organismos institucionales -junto a las demandas de correcto funcionamiento- y en las redes sociales -en formato de escraches- (Faur, 2018; Palumbo y Di Napoli, 2019) y un crecimiento de los grupos de mujeres y feministas a lo largo y ancho del país.

Así las cosas, en 2018 llegó al Congreso Nacional el debate por la legalización del aborto y la visibilidad pública de la marea verde, “mediante un abanico de acciones colectivas simbólicas y performativas donde el cuerpo fue el instrumento de visibilización del conflicto” (Seca, 2023, p. 5). En Argentina, la lucha por la legalización del aborto tiene una larga historia, el trabajo de las “pioneras” fue fundamental, se amplificó en los encuentros nacionales de mujeres y con la creación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito desde el año 2005 (Accossatto, 2023; Bellucci, 2014; Di Marco, 2019; Zurbriggen y Anzorena, 2013), en el marco de una larga lucha por los derechos sexuales y (no) reproductivos, que analiza Rodríguez en este libro. En ese momento el proyecto no fue aprobado. Recién a finales del 2020 se aprobó un nuevo proyecto de ley, en un contexto ceñido por el aislamiento y el distanciamiento social decretados a nivel nacional por la pandemia desatada por el COVID-19.

Por todo lo dicho, vemos que, si en el primer NUM la participación de mujeres jóvenes había sido una novedad, en estas movilizaciones el protagonismo es mayor. En esta línea, Elizalde (2022) afirma:

Para muchos jóvenes -en especial, para las chicas- el salir a la calle a protestar contra los abusos, el acoso y las formas múltiples que asumen las violencias sexistas en sus vidas, y por las causas que siguieron luego (paros de mujeres, legalización del aborto) significó asimismo una experiencia encarnada de alto contenido político, simbólico y emocional. (p.71)

Finalmente, queremos hacer referencia a las transformaciones en la cotidianidad producto de la pandemia por COVID-19 y las decisiones tomadas por los gobiernos para la gestión de esta. Por un lado, la pandemia significó para muchas jóvenes una intensificación de las tareas de cuidado en el ámbito del hogar como así también una mayor exposición a las situaciones de violencia en dicho ámbito (Segatore y Seca, 2021; Elizalde, 2022). Frente a esta nueva situación, los espacios feministas construyeron prácticas y discursos que pusieron en foco en la intensificación de las tareas de los cuidados (en mujeres y disidencias) y la necesidad de gestionar medidas específicas para quienes sufren violencia en el ámbito del hogar (Belli y Suárez Tomé, 2021; Fernández Hasan, 2022).

Como contrapartida, observamos desde el 2018 pero con mayor intensidad desde el 2021 una reacción[6] patriarcal y abiertamente misógina tomó el feminismo como objeto central de la pugna política. Se fortaleció una avanzada conservadora que impugna los avances en los derechos sexuales y (no) reproductivos y en temas de género (Morán Faúndes, 2018). En el año 2023, en el marco de las elecciones presidenciales, tomó cuerpo en la figura del ultraliberal Javier Milei (representante del Partido La Libertad Avanza). Así las cosas, se configura un escenario de politización donde jóvenes de diferentes sectores llevan adelante experiencias organizativas -como las que tomamos en cuenta en este estudio- y a partir de los cual buscamos comprender los alcances y las resonancias del ciclo de movilizaciones feministas en las mismas.

Resonancias de los feminismos en las experiencias organizativas juveniles: heterogeneidades, tensiones y desafíos

Los y las jóvenes entrevistados cuentan con diversas trayectorias vitales y militantes, sus momentos de ingreso a la política también son heterogéneos. Los temas y las agendas que los convocan forman parte de un crisol de causas militantes presentes en la escena actual, desde lo socioambiental, barrial, educativo y feminista, con una impronta joven. Desde allí, van tejiendo sus trayectorias personales con sus proyectos organizativos juveniles y nos invitan a preguntarnos: cuáles han sido las resonancias de los discursos y las prácticas de las movilizaciones feministas dentro de los espacios de participación juvenil, cómo se traducen y gestionan los alcances de la interpelación de este ciclo en las experiencias de participación juvenil y, así nos ayudan a comprender las configuraciones generacionales de la política en este escenario. Para ello, pusimos el foco en tres dimensiones de análisis -que se presentan articuladas en el análisis-: los discursos que se construían en torno a la agenda de género, mujeres y feminismos, las prácticas organizativas y los cruces entre feminismos y sus demandas específicas en el proceso de construcción de una identidad colectiva.

La temática de las violencias, de la mano de la primera movilización de ni una menos y, en línea con el análisis de Palumbo y Di Napoli (2019) reconocemos que el contexto sociocultural actual:

(…) ha propiciado una coyuntura en la cual es posible enunciar y visibilizar experiencias de violencia de género que sufren las mujeres de forma abierta y masiva, teniendo repercusiones en los medios de comunicación y en el público en general. Esta nueva sensibilidad en torno a la temática se expresa en publicaciones en redes sociales, media que ha proliferado en este nuevo milenio (Brea, 2007). (p. 12)

Esta sensibilidad está presente en las experiencias juveniles estudiadas, que articulan demandas en torno a sus temáticas específicas (como lo socioambiental, barrial, estudiantil) con las de la lucha contra la violencia de género. Las temáticas de los feminismos fueron incorporadas y fueron traídas a los espacios por las inquietudes de las mujeres jóvenes:

Han estado re presentes. Han estado presentes en las interpelaciones de las compañeras para con los compas varones. Desde la militancia también, incluso esto de pensarlo como interseccional (A, hombre, 24 años, FFF)

Cuando yo estaba en JOCA, en el 2020, no lo tratamos tanto. No tocábamos el tema bien, bien. Lo llegamos a tocar el año pasado, con lo del tema que podías ir a lo de la movilización, la convocatoria que se hizo del feminismo acá en San Luis. (M, mujer, 20 años, JOCA)

La adhesión a la lucha contra la violencia de género, de la mano del grito de ni una menos, se hizo presente en los espacios. En uno de los colectivos barriales la vivencia de un femicidio en la comunidad años antes llevó a que se movilizaran y comenzaran a trabajar en talleres de género, participar de los encuentros nacionales de mujeres y, desde el 2015, comenzaron a participar en las movilizaciones del colectivo Ni Una Menos y los 25 de noviembre. Si analizamos las consignas que llevaron en sus carteles el 3 de junio de 2015, podemos reconocer cómo hacen un anclaje del lema “Ni una menos” a sus experiencias cotidianas barriales, corporalizando las violencias que sufren las mujeres que habitan esos territorios.

“¿Soy del Barrio La Gloria y una muerta por aborto clandestino”, “¿Soy del B° Tres Estrellas y me quemó mi marido”, “Soy del B° Las Palmeras y tus piropos me matan”, “Soy de La Gloria y no me toman la denuncia”, “Soy del Barrio Nueva Generación y la discriminación y el abuso laboral me mata”, ¿“Soy del B° Huarpes y la policía me preguntó qué le hice?”, “Soy del B° Alicia Moreau de Justo, soy abusada por mi padre, hermano, tíos, primos…”. (Notas de campo, junio de 2015)

Por su parte, en las organizaciones socioambientales vemos como las chicas jóvenes tienen una identificación con la posibilidad (o con la certeza) de vivir un hecho de violencia que las impulsa que articular esta demanda en sus prácticas colectivas:

Creo que fue Guadalupe, no sé, una de las pibas que estaba desaparecida y yo decía: “ay, no, voy a terminar como esa piba”. O sea, llegaba al punto de decir, y en un momento se hizo como una lista de acosadores. (N, mujer, 20 años, JOCA)

Yo me sentía re identificada con él ni una menos. En el 2018 gasté mis energías de una forma. Era pelearse constantemente porque no te daban pelota, decir: “¡Loco, se están muriendo mujeres, pueden por favor darle bola!”. (M, mujer, 19 años, JOCA)

En muchos casos, la identificación como feministas representó un punto de viraje en sus trayectorias vitales, al alterar las estructuras significativas fundamentales (Seca, 2019). Les proveyó las herramientas necesarias para repensar sus prácticas y significados desarrollados dentro de las lógicas patriarcales y resignificarlos desde una lógica feminista. Y esto claramente repercute en sus prácticas activistas. No solo por parte de las mujeres jóvenes sino también están presente en algunas experiencias en los varones que se enuncian abiertos a repensar la masculinidad hegemónica y estas dinámicas genéricas llevan a tramas particulares de construcción de feminidades y masculinidades en las prácticas políticas.

Esto se tradujo en debates internos y en la participación en acciones convocadas por el movimiento feministas. No participaban en una columna específica -socioambiental feminista- aunque en algunos casos expresaron que hubiera sido interesante y ni llevan banderas de las organizaciones. A esto se le suma la participación, desde el año 2022, en el encuentro plurinacional de mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries que se realizó en la provincia de San Luis. Allí, la participación si articulaba las demandas feministas con las socioambientales.

Del encuentro de Mujeres y Disidencias también participamos. Después como se ha intentado, al 8M, al 25N que vayan organizaciones ambientales y hagamos una columna, pero no se pudo (…) A la marcha del 8M fuimos como organización, pero no usamos bandera. (M, mujer, 18 años, FFF)

Las movilizaciones y los encuentros son prácticas históricas del movimiento de mujeres y feministas que en este escenario de mayor visibilidad y sensibilidad hacia las temáticas se vuelven espacios de articulación y de experimentación política de las mujeres y disidencias jóvenes que participan en colectivos barriales, socioambientales y estudiantiles -como estudian Larrondo (2023) y Otero (2023)-. La agenda de cuestiones vinculadas con el género, las diversidades, disidencias y sexualidades se constituyen como una cuestión bisagra o articuladora entre la participación en la escuela y fuera de ella (Núñez, Blanco, Vázquez y Vommaro, 2021) y múltiples trabajos dan cuenta de esta politización (Chervin, 2020; González del Cerro, 2020).

En relación con la temática de la interrupción voluntaria del embarazo el despliegue de adhesiones y prácticas fue diferente. El punto en común entre los colectivos es que frente al reconocimiento de posiciones de apoyo y rechazo buscaron gestionarlas en el interior. Apelaron a charlas, debates y, en algunos casos, sin posicionamiento público colectivo que llevó a una participación diferenciada en las actividades (Seca, 2023). Un elemento interesante se da al analizar los testimonios de los varones y las mujeres de las organizaciones ambientales en torno al debate del aborto en el año 2020 -cuando finalmente se promulgó la ley-. Los primeros lo presentan como un momento de aprendizaje y debate, las chicas muestran una adhesión casi “natural”, obvio, a la ley.

Hubo un compa que tiraba argumentos raros respecto al aborto, no terminábamos de entender. Y las compas lo pusieron en su lugar. (A, hombre, 24 años, FFF)

   

Fue un periodo de aprendizaje, en cuanto al grupo lo que fue diciembre de 2020 estuvo más abocado a eso. Mucha teoría me acuerdo en su momento, teníamos una compañera que aportaba mucho. Fue un periodo de aprendizaje donde entendimos que había una relación muy profunda y que tenía que ver con las lógicas del capitalismo y demás, nos mostró aproximaciones que yo no había hecho. (I, hombre, 23 años, JOCA)

  

Las asambleas muchas se dividieron por el tema del aborto porque hay muchas personas. Acá sí hubo acuerdo. Como siempre fuimos jóvenes, siempre estuvimos a favor. O sea, nunca hubo una disputa no sé qué. Nos parecía algo básico, ¿cómo vas a estar en contra del aborto? (M, mujer, 18 años, FFF)

Como anticipamos, también encontramos debates en torno a las masculinidades. Esta temática está presente en los espacios socioambientales, estudiantiles, pero no en los barriales. Los talleres para repensar las masculinidades aparecen desde dos ámbitos: por la militancia múltiple de los integrantes y por la propuesta de la organización a nivel nacional.

Yo venía de otro palo, que era más ligado a la militancia de masculinidades y todo. Y bueno, cruzar los dos era re importante para mí (A, hombre, 24 años, FFF)

  

Uno de los chicos era de los organizadores de un taller de nuevas masculinidades, al que yo nunca pude ir. Pero muchos chicos de Friday fueron. Era un taller de repensar las masculinidades y sí siempre lo hemos charlado. (A, hombre, 26 años, FFF)

  

Los hacíamos desde JOCA nacional y quienes podían participar iban. Llamaban a un profesional y daba la charla-debate. Estaba bastante bueno, a los chicos les re servía, llegaban a la reunión y lo contaban. Un compañero siempre nos contaba qué daban en la clase, o sea volvía feliz porque podían expresarse, tenían ese lugar para expresarse. (N, mujer, 20 años, JOCA)

De acuerdo con lo que propone Luciano Fabbri (2021) la masculinidad como dispositivo (y proyecto política extractivista) “está siendo fuertemente interpelada por una ole feminista que, al mismo tiempo, (se) cuestiona esa otra cara del orden cis hetero patriarcal” (p. 34). A la vez que, como analizan Jones y Blanco (2021) “abre una ocasión propicia para reflexionar en torno a las dinámicas de configuración de los géneros, especialmente en cómo nos construimos/somos producidos los varones, tal como lo vienen planteando los movimientos LGTB y de disidencia sexual” (pp. 58-59).

En este sentido, podemos reconocer que algunas de las interpelaciones se tradujeron en los modos y reflexiones en torno a la distribución de tareas y roles, especialmente en la elección de los y las voceras:

En su momento tuvimos discusiones porque un chico estaba yendo solo a muchas entrevistas, medio que me terminé involucrando yo. (…) y a esa persona le dijimos y tuvimos muchos problemas con ese chico y con otro más (…) Esos eran como los más machistas, por decirlo así, las masculinidades menos críticas que había. (M, mujer, 18 años, FFF)

  

En la organización todos los espacios que tenemos están conformados con paridad. Pero en realidad es una regla que está y que nadie se acuerda que verdaderamente está escrita. Termina sucediendo por una cuestión de que los grupos están conformados naturalmente así. En Mendoza tenemos mayoría femenina (…) yo soy de los más viejos y tengo 23, entonces ya este grupo joven tiene una cuestión incorporada de que no hay una cuestión estructural que deconstruir. Hay cuestiones sociales, culturales que tenemos todos pero una cuestión estructural no, somos toda gente que nació con una presidenta mujer. Entonces, ahí no es necesario hacer esa diferenciación, nosotros entendemos que es así. (I, hombre, 23 años, JOCA)

  

El tema de la representatividad en los medios cuando era más de una persona sí fue importante que vayamos una compa y un compa para poder llevar adelante ese principio, pero también porque la pluralidad de voces era uno de los valores. Fue un bajón el hecho de no contar con voces pata dejar de ser tan cis. (A, hombre, 24 años, FFF).

Los/as jóvenes identifican algunos micromachismos que fueron problematizados. Como la apropiación masculina de la palabra en las reuniones, la (re) explicación de alguna idea que presentó anteriormente una mujer -definida como mansplaining- y hablar encima de las demás. Por otro lado, también se registraron situaciones en los inicios de uno de los espacios (en el año 2002) donde los varones se resistían a la incorporación de mujeres. Situación que cambió con el tiempo y desde el 2015 quienes sostienen a diario el espacio son en su mayoría mujeres.

Yo siento que en la organización hay mucha igualdad en ese sentido, pero es verdad que a nivel nacional e internacional hay ciertas cosas en las que las mujeres siguen siendo relegadas, por así decirlo, se le sigue dando más voz o más importancia a un hombre. Este tema también del mansplaining. (M, mujer, 19 años, JOCA)

  

Nosotras fuimos las primeras chicas que nos sumamos al grupo. Los chicos no querían chicas, pero después vieron que en una batucada había una chica tocando el redoblante o el repique. Y ahí quedaron impactados y pensaron ¿Por qué no sumar a chicas? (D, mujer, 29 años, Centro cultural)

  

A veces hablaba una compañera y le decían lo mismo, pero con otras palabras y todo el tiempo así. Y en ese momento era como, bueno ya está. (…) Llegaba ese punto que tratábamos de cortarlo y cuando volvía a ocurrir varias veces se llamaba a esa persona y le decíamos, mira está pasando esto (…) A nivel nacional había una mesa que era conformada por pibas de diversidades, también estaba el chico que hacía el taller de masculinidades y lo llamaban y le decían, bueno repensémoslo. A veces le hablaban sólo al chico del taller para que tuvieran esa confianza también de decirle ¿che, ¿qué está pasando? (N, mujer, 20 años, JOCA)

La identificación y el análisis de estas prácticas (masculinas) en las dinámicas organizativas, de manera colectiva, por parte de quienes integran los espacios constituye un aspecto clave en las formas en que los/as jóvenes construyen dinámicas de politización. En esta línea, las organizaciones socioambientales que tienen articulación nacional (con Jóvenes por el clima Argentina) e internacional (con Friday for future) han gestionado situaciones de violencia de género entre compañeros/as mediante la reflexión colectiva sobre la situación y un trabajo diferenciado entre quien la ejerció y quien la padeció. Resulta interesante seguir profundizando en próximos trabajos sobre esta dimensión, ya que también se expresó que años antes habían recurrido a la práctica del escrache. ¿Por qué propusieron estos cambios? ¿De qué lecturas se nutren para darle sentido a estas intervenciones? ¿Está la ESI operando en los modos en que se construyen y repiensan las relaciones intergéneros? Son algunas de las preguntas que nos surgen para continuar.

Acá en Mendoza, te cuento muy por encima, una chica se une, el chico ya la había acosado, se suma a la organización cuando la ve a ella y la chica dice “Está pasando esto, no puedo más, ayúdenme”. Y sabía que estaba como todo ese círculo para poder acompañarla. Y nada se resolvió, el chico la dejó de molestar, dejó de estar en la organización, pero por una cuestión de que ya la seguía y ya todo el mundo lo sabía. (…) Todo hablándolo con respeto. En otras situaciones los chicos se han quedado, pero no han estado más con esa persona, Trabajan desde otro ámbito. JOCA tiene eso que podés estar a nivel interno como a nivel nacional. Entonces te pueden poner en dos bases distintas y es más cómodo o te dicen bueno, vos te ocupás de redes sociales y tenés todo un equipo de comunicación atrás. Entonces te sentís contenido y no estás solo. (..) Y hay situaciones que se dieron y hay situaciones, como te digo, que se tuvo que ir porque ya se daba que no era apropiado que siguiera en la organización. (N, mujer, 20 años, JOCA)

Sumariamente, las narraciones de los/as jóvenes incorporan otra dimensión, la diversidad. Los espacios juveniles analizados (ambientales y barriales) están integrados por personas que se identifican como hombres y mujeres, en mayor número mujeres -en el marco de un proceso de feminización de las prácticas políticas juveniles en algunos ámbitos, como analiza Otero (2023) en el movimiento estudiantil-. Esta es una situación que, en algunos casos, les interpela:

Esto de no tener tanta presencia de la diversidad sexual, desde un lugar de quizás más compas trans o no binaries y demás, siempre fue algo que hablamos. De decir, ¿che, por qué no están les compas? ¿no les estamos atrayendo? (A, hombre, 24 años, FFF)

   

También participamos de la marcha del orgullo. Siempre fuimos muy abiertos en ese sentido, de que es necesario traer esas luchas. (A, hombre, 26 años, FFF)

Otro de los temas que se puso en agenda fue el del lenguaje. El cuestionamiento del masculino como universal, el uso del @, la x o la e como estrategias de nombrar las experiencias generizadas se hizo presente también en las organizaciones juveniles. En las entrevistas realizadas a jóvenes de espacios culturales-barriales no era extendido el uso -también cabe aclarar que las mismas se hicieron en 2015 y se actualizaron en 2020, en el marco de la pandemia-, sin embargo, en las publicaciones en redes sociales se nota una progresiva incorporación de este desde el 2018 en adelante. En las entrevistas hechas durante el 2023, a jóvenes de colectivos socioambientales, la mayoría al hablar hacía uso del lenguaje no sexista. En algunos casos usando la e, en otros mediante los y las. Además, la mayoría de las publicaciones realizadas en redes sociales lo utilizan.

Para finalizar, retomando el título de este trabajo, nos seguimos preguntando dónde (más) están las feministas. Tal y como afirma María Martínez (2019, citada por Gómez Nicolau, E., 2023) la identidad no es estática ni esencial sino un proceso dinámico y abierto en el que la sujeción y la agencia convergen. Entonces ¿podemos encontrar en los procesos identitarios resonancias de los feminismos? En el caso de las organizaciones barriales, podemos identificar que hacia mediados del 2015 se comenzaron a desarrollar espacios específicos donde las mujeres se enunciaban desde un “nosotras”. El cual referenciaba a las mujeres organizadas del espacio, sin romper con la organización mixta y sin decirse feministas, como evidencia el testimonio:

En un momento como yo estaba harta, yo siempre he tenido muchos amigos varones, siempre, de hecho, en el centro cultural eran bocha de varones. Entonces armamos el grupo de percusión de mujeres. Un desafío, armar un grupo donde nosotras también compartamos cosas que nos pasan solamente a nosotras, viste que podés decirle che sabes que esto, que el otro, que todas las vivimos también porque me pareció un espacio de muchas riquezas que tienen que ver con intercambios entre nosotras (R, mujer, 32 años, centro cultural)

Por su parte, en los colectivos socioambientales, todos nacidos después del 2018 proponen una articulación entre las luchas feministas y ambientales.

Ninguna lucha es excluyente porque detrás (y delante) del capitalismo feroz y despiadado que vulnera a les más desfavorecidos de la sociedad; y detrás (y delante) del extractivismo que saquea comunidades enteras en beneficio de unos pocos y que destruye a la naturaleza, está el sistema cultural patriarcal que cree que a la naturaleza hay que domarla y conquistarla, como a las mujeres, a las disidencias, a los pueblos originarios y a tantes otres (Notas de campo: @pibesautoconvocades, en Instagram 3 de enero de 2020).

   

Cuál es el sistema patriarcal, cómo se transparenta en los cuerpos y cómo se transparenta en los territorios y en la discriminación y en el consumismo y en la capitalización y la acumulación permanente. Entonces, buscamos cómo dar cuenta de eso y la interseccionalidad es una manera, con el feminismo y también diversidades, pueblos originarios. (A, hombre, 24 años, FFF)

   

Jóvenes por el clima naturalmente es feminista, no hay otra manera porque es la base de lo que buscamos. (…) El sentido capitalista y machista de conquista sobre la naturaleza es el mismo que hay sobre la mujer, con eso también podemos encontrar otras vinculaciones. (I, hombre, 23 años, JOCA)

  

No es lo mismo ser une joven pasive que dice que sí a todo, que une joven que tiene una perspectiva interseccional y posmoderna. No es lo mismo y requiere mucho más debate ser lo segundo que ser lo primero. Nosotres buscamos ser lo segundo.

   

E: ¿A qué haces referencia con lo de “con la mirada posmoderna”?

M: Al género. A tomarlo como un constructo social que es performático y que se va construyendo según el contexto y que no sólo responde a parámetros biológicos. (M, mujer, 18 años, FFF)

La construcción de una identidad interseccional, con sus tensiones y desafíos, puede ser explicada por las dimensiones abordadas con anterioridad, tanto por sus prácticas y discursos como por las demandas y agendas presentes en este proceso de politización juvenil (Seca y Salomone, 2023). Trabajar desde un enfoque procesual nos permite comprenderlas en continua transformación. Las identidades se “hacen” en las interacciones sociales y en el estudio de las experiencias participativas se encuentran en un diálogo constante las identidades individuales y colectivas (Gómez Nicolau, 2023). Por lo tanto, con esta definición, no buscamos cristalizarla sino comprenderla a la luz de los procesos sociopolíticos recientes; lo que también nos podría ser útil para comprender otras dinámicas de politización en torno a otras demandas o de “des” politización.

Reflexiones finales

En este capítulo reconstruimos las tramas de sentido sobre las que los y las jóvenes reconocen las resonancias e interpelaciones de los feminismos en sus espacios de organización colectiva, así como los intereses, demandas y prácticas que plantean en torno a este tema. La metodología de trabajo cualitativa nos permitió acercarnos a las narrativas, las miradas y las construcciones de sentido de los y las jóvenes para comprender las dinámicas organizativas, el repertorio de acciones y los modos en que se cruzaban los argumentos feministas con la especificidad temática de las organizaciones. El trabajo con organizaciones mixtas nos abre las puertas para analizar la gestión de las relaciones inter e intra-género de los/as jóvenes en la actualidad. Aspecto del que encontramos algunas pinceladas a lo largo de estas páginas y que será objeto de próximas producciones,

Junto con otras autoras (Elizalde, 2018; Larrondo, 2023), reconocemos como el crecimiento del movimiento de mujeres y los feminismos en la escena pública desde 2015, a partir de los acontecimientos políticos analizados, constituye un punto de inflexión en relación con la lucha de mujeres y feministas que trasciende las organizaciones de feministas permeando los espacios de participación juveniles. Además, la relevancia de las jóvenes en este ciclo de movilizaciones la podemos pensar como experiencia histórica constituyente de lo generacional, cuyas resonancias están presentes en la actualidad. Configuran un hito en sus experiencias de socialización política y nos ayudan a pensar tanto los fenómenos de cambio social ampliatorio de derechos como las manifestaciones reactivas.

Sumariamente, hacia el interior de cada uno de los colectivos -a la luz de las trayectorias individuales de los/as integrantes y de la historia como organización- las resonancias toman forma en diferentes prácticas y discursos. Agendas que articulan demandas más allá de lo específico de su espacio (sea ambiental, barrial o estudiantil). La participación en las movilizaciones del movimiento de mujeres y feministas se da de maneras diferentes: como colectivo de estudiantes, de mujeres percusionistas, con banderas, sin banderas. Las dinámicas de generación de espacios de reflexión interna, análisis y diálogo en torno a las microviolencias que surgen en sus colectivos. Son algunas de las formas en las que los feminismos se hacen presentes, se encarnan en las prácticas políticas juveniles. Por supuesto, con tensiones, conflictos y acuerdos.

Por todo último, podemos pensar este proceso como un escenario particular de politización, donde los cuestionamientos a los modos de las relaciones de género tradicionales (desiguales) están presentes, junto con el compromiso de desarrollar dinámicas igualitarias, de la mano de una transversalidad de los feminismos (en plural) en los espacios. En el contexto actual de expansión del individualismo y de subjetivación neoliberal el desafío es comprender estos fenómenos como parte del heterogéneo mundo de la politización juvenil, sin caer en idealizaciones ni banalizaciones.

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  1. Licenciada en Sociología. Dra. en Ciencias Sociales UNCUYO. Es becaria posdoctoral del CONICET (2021-2024) con sede en el Instituto de Ciencias Sociales, Humanas y Ambientales (INCIHUSA) donde integra el grupo “Estudios de género y teoría crítica”. Su tema de investigación postdoctoral se titula “Experiencias de participación juvenil y ciclo de movilizaciones feministas y del movimiento de mujeres en Mendoza. Inflexión política, marcas y resonancias (2015-2021)”, director Dr. Mariano Salomone, codirectora Dra. Silvia Elizalde. Cuenta con publicaciones de referencia en el campo de estudios sobre juventudes, políticas y activismos en distintos ámbitos de participación. Trabaja como docente del nivel superior y, además, participa de proyectos de investigación sobre temáticas de juventudes, participación, género y educación. Integra el Núcleo de estudios en juventudes, del Centro de Estudios sobre Teorías Críticas y Prácticas Emergentes (CETCyPE) de la FCPyS-UNCuyo y el GT CLACSO de Infancias y Juventudes. Mail: victoriaseca@gmail.com.
  2. En los últimos tres años se configuró, de manera despectiva, en las redes sociales y en algunos medios de comunicación la pregunta sobre dónde están las feministas frente a diferentes situaciones. Inicialmente fue creada por sectores reaccionarios y contrarios a las demandas feministas, como forma de marcar la “carencia” de estas luchas. Sin embargo, desde los sectores feministas se tomó esta pregunta (provocación), para resignificar su carácter irónico y despectivo y poner en valor las acciones diarias que realizan, como expresa en esta nota la periodista Mariana Carabajal. https://www.pagina12.com.ar/555113-donde-estan-las-feministas.
  3. Las organizaciones barriales fueron elegidas ya que ambas nacieron después de la crisis social y política del año 2001 en barrios populares del Gran Mendoza, impulsadas por jóvenes quienes a través de prácticas culturales comenzaron a trabajar para la mejora de su comunidad y siguen vigentes en nuestros días.
  4. Las organizaciones son: Jóvenes por el clima Mendoza (JOCA), viernes por el futuro Mendoza (FFF) y les pibes autoconvocades de San Carlos, Mendoza. Las tres nacieron en la provincia de Mendoza después del año 2019, impulsadas por los intereses de jóvenes en torno a las problemáticas socioambientales. Dos de ellas en el marco de una red nacional e internacional de activismos juveniles y la otra en el marco de las asambleas por el agua pura que existen en la provincia desde el año 2005.
  5. Como son las leyes de: Salud Sexual y Reproductiva (2002), Educación Sexual Integral (2006), Parto Respetado (2007), Prevención y Sanción de la Trata de Personas (2008, 2012), Violencia hacia las Mujeres (2009), Matrimonio Igualitario (2010) e Identidad de Género (2011). Las más recientes: Ley 27610 de acceso a la Interrupción voluntaria del embarazo (2020), el decreto N° 476 (2021) que reconoce las identidades no binarias, la ley Olimpia (2023) que incorpora la violencia digital como una modalidad de violencia de género.
  6. Vaggione (2007) caracteriza estos fenómenos como de “politización reactiva”, en este caso, el repudio al feminismo desde los sectores conservadores con “campañas en las iglesias, escuelas confesionales y redes sociales han buscado generar pánico moral (Rubin, 1989) presentando al feminismo y los movimientos LGBT como una fuerza corruptora que adoctrina en ‘ideología de género’ a la infancia y juventud” (Tomasini, 2022, p. 12).


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