Alejandra Maglione [1]
Resumen
El presente trabajo se enmarca en mi tesis de Maestría en Género, Sociedad, y Políticas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – FLACSO y el Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas – PRIGEPP. El propósito de esta investigación es construir conocimiento cualitativo sobre las significaciones y los imaginarios de género y sexualidad en relación con las prácticas de cuidado y anticoncepción de adolescentes y jóvenes de entre 15 y 19 años que asisten a dos instituciones públicas de la ciudad de Comodoro Rivadavia. Una de ellas es la Dirección de Adolescencia Municipal; la otra es el Centro de Salud Integral del Adolescente [CESIA]. En un primer apartado presento el problema de investigación, una descripción del referente empírico y un desarrollo breve sobre la elección metodológica, que consideré la más adecuada para el problema a investigar. Otro apartado para las categorías conceptuales más importantes. Las referencias conceptuales significan un esfuerzo de articulación entre categorías que provienen de los estudios de género, juventudes y de distintas escuelas de psicoanálisis. Sobre el final se presentan algunos avances de investigación y conclusiones. Vale aclarar que a lo largo del texto utilizo genérico masculino a los fines de facilitar la lectura.
Palabras clave: significaciones imaginarias, género, sexualidad, prácticas de cuidado, vínculos, juventudes.
Introducción
El presente trabajo se enmarca en mi tesis de Maestría en Género, Sociedad, y Políticas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – FLACSO y el Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas – PRIGEPP.
Me propuse trabajar con un pequeño grupo de jóvenes que asisten a dos instituciones públicas de la ciudad para indagar sobre las significaciones imaginarias que producen y reproducen vinculadas a género y sexualidad en sus prácticas de cuidado. Estos jóvenes asisten de forma voluntaria a dichas instituciones y presentan características comunes vinculadas a su trayectoria escolar y diferencias respecto su situación socio familiar.
Las referencias conceptuales de mi práctica de investigación provienen de los estudios de género, de los estudios de juventudes y el psicoanálisis. Mi formación se desarrolla desde que egresé como psicóloga dentro del campo de la orientación psicoanalítica con perspectiva de género.
El enfoque de este trabajo parte de pensar el cuidado en un sentido amplio, en la forma en que se presenta en los vínculos que los jóvenes sostienen e identificar las significaciones imaginarias de género y sexualidad que sostienen en esas prácticas.
La metodología de investigación es cualitativa, sigue un diseño descriptivo. Si bien existen investigaciones actuales vinculadas a estos temas, no contamos en Patagonia con investigaciones que recojan las voces de los jóvenes de Comodoro Rivadavia para conocer de qué forma construyen sus prácticas de cuidado y sus vínculos. Esta ciudad tuvo un crecimiento demográfico significativo en los últimos años, conformando una población heterogénea. Desde una mirada interseccional podemos ver diferencias y desigualdades diversas. Por esto, la muestra construida por este grupo de jóvenes no pretende ser una representación de la ciudad ni de la región, sino poner en relieve las construcciones de sentido de un grupo de jóvenes. Estos sentidos construidos y sus saberes podrían aportar en la construcción de una sociedad más igualitaria y dan cuenta de las posibilidades de transformación de las significaciones imaginarias sociales.
Presentación del problema, metodología y trabajo de campo
El propósito de mi investigación es construir conocimiento cualitativo sobre las significaciones imaginarias de género y sexualidad en relación con las prácticas de cuidado y anticoncepción de adolescentes y jóvenes de entre 15 y 19 años que asisten a dos instituciones públicas de la ciudad de Comodoro Rivadavia. Pretendo hacer un pequeño aporte de conocimiento con perspectiva de género, sobre la subjetividad que se produce en un pequeño grupo, situado en Patagonia, con características diferentes a grupos similares de grandes urbes o ciudades más cercanas al centro del país. El campo se recorta en una ciudad mediana, centro de la actividad hidrocarburífera, lo que genera un movimiento migrante interno y externo que configura diferentes procesos identitarios singulares y colectivos, así como diversas desigualdades en las condiciones materiales de vida.
Mis interrogantes apuntan a las bases simbólicas-imaginarias que se producen y reproducen en los vínculos entre los géneros, en particular en el campo de la sexualidad y las prácticas de cuidado. Algunas de las preguntas que guían el proceso son ¿Qué imaginarios de género se expresan en las prácticas de cuidado y anticoncepción en las relaciones sexoafectivas de este grupo? ¿Qué sentidos adquieren los roles de género, la maternidad o paternidad? ¿Cómo se configuran los imaginarios de género y los roles articulados a las variables de clase, edad, religión, identidad de género? ¿Existen entre los adolescentes y jóvenes prácticas de cuidado que expresen una subversión de la socialización de género tradicional?
El objetivo de este trabajo apunta a comprender las significaciones imaginarias de sexualidad y género que se expresan en las prácticas de cuidado y anticoncepción en los vínculos sexoafectivos de los adolescentes/ jóvenes entre 15 y 20 años en dos instituciones de Comodoro Rivadavia, Argentina, en el periodo 2021-2023. Dentro de ese objetivo, espero poder describir esas significaciones imaginarias sobre sexualidad y género de los adolescentes/jóvenes, así como identificar las prácticas de cuidado, autocuidado y anticoncepción de adolescentes/ jóvenes. A partir de allí podré identificar significaciones y prácticas que construyen y desarrollan los jóvenes en el contexto de los vínculos sexoafectivos que pueden dar lugar a subversiones del orden de género hegemónico.
Los espacios elegidos son dos instituciones con las que existen vínculos previos de trabajo: Dirección Municipal de Adolescencia, dedicada a la prevención y promoción de derechos y el Centro de Salud Integral del Adolescente [CESIA] organismo provincial. Estas instituciones son elegidas no solo por la viabilidad para desarrollar la tarea de investigación, también por la decisión de poder escuchar a los jóvenes que no están dentro de la escuela o cuyos lazos con la institución escuela son frágiles. La mayoría de los estudios previos alcanzados se desarrollan en escuelas medias o definen un grupo por la pertenencia a un barrio. En las instituciones elegidas para mi investigación encontramos jóvenes de diferentes sectores de la ciudad. Por su oferta dan lugar a diferentes inscripciones subjetivas no solo la de estudiante. Si bien en algunos casos las personas asisten por una orden judicial, en particular a CESIA, en ambas instituciones la mayor demanda es espontánea, voluntaria y lo singular encuentra un lugar cuando queda excluido de otras instituciones como la escuela. Se trata de jóvenes enlazados de diversa forma al discurso de las instituciones por las que transitan, presentan trayectorias escolares con tropiezos, interrumpidas o precarizadas, con o sin hijos, en algunos casos sin red socio afectiva de sostén, otros con un grupo familiar muy presente, que transitan o transitaron por contextos de violencia o consumo problemático, muchos se encuentran en situación de pobreza. Estas condiciones caracterizan al grupo, pero no configuran un criterio para ser recibidos en las instituciones elegidas.
El diseño metodológico es de tipo exploratorio descriptivo. El enfoque teórico metodológico elegido responde a un modelo de predominio cualitativo que resulta más adecuado para recoger el significado que los actores dan a un fenómeno en el encuentro con quien investiga, en el ambiente donde los sujetos se desenvuelven, en este caso los espacios institucionales donde pasan tiempo realizan talleres o asisten a entrevistas con profesionales de la salud en CESIA. Las unidades de información son adolescentes y jóvenes entre 15 y 19 años. El personal que forma parte de los equipos técnicos de ambas instituciones también son informantes. El criterio fue construir una muestra significativa a diferencia de los estudios cuantitativos que constituyen una muestra representativa de un grupo o región. La muestra significativa es ese recorte que representa las voces, visiones y prácticas de un pequeño sector social, presente en el problema y los objetivos de la investigación (Bloj, 2010). Recoger estas voces en un estudio cualitativo permite la emergencia de múltiples miradas, de todos los sujetos involucrados los investigadores, los lectores, con su historia y sus sesgos para acoger la singularidad de una historia (Batthyány & Cabrera, 2011). Al decir de Bourdieu esto requiere de un esfuerzo por “desgarrar la pantalla de las palabras comunes en las que cada uno de nosotros vive y expresa tanto sus pequeñas miserias como sus mayores desdichas” (1999, pág. 8) esta operación es cercana a la tarea del psicoanalista.
Desde esta posición no se pretende la neutralidad u objetividad, sino conocer y mantener la distancia con los propios sesgos presentes. Entre otros puedo mencionar mis propios atravesamientos heteronormativos, el adultocentrismo, el sesgo generacional, las diferencias sociales y jerarquías presentes en relación con la posición social y la atribución de saber.
Para la construcción de los datos una técnica elegida es la entrevista semiestructurada para trabajar con profesionales de los equipos, realicé una entrevista conjunta en cada institución. Para el encuentro con jóvenes elegí la entrevista abierta y el grupo focal, así como la observación de los aspectos no verbales, del contexto físico y de las interacciones que se dan en la institución y al momento de las entrevistas. Varios autores identifican la entrevista abierta como una técnica adecuada para el estudio de representaciones, imaginarios, creencias, códigos y otros elementos simbólicos a través de la voz y la perspectiva de los sujetos de la investigación (Alesina et al. 2011; Bloj,2010; Bourdieu, Alonso, s/d) para acceder a las prácticas y sentidos producidos y reproducidos por un grupo en este momento histórico. Hasta el momento pude concretar dos entrevistas conjuntas con profesionales de los equipos, una de cada institución, 10 entrevistas abiertas y un grupo focal en La Dirección Municipal de Adolescencia. Todos los encuentros se desarrollaron en las instalaciones de cada institución.
Enfoque ético y teórico de la investigación
Desde los medios y organismos oficiales la sexualidad de jóvenes y adolescentes se construye desde la preocupación ligada a la reproducción y la prevención de ITS. En relación con ello se fomentan prácticas de cuidado y prevención en el campo educativo, de la salud y comunitario dentro del marco normativo que incluye el Programa Nacional de Educación Sexual Integral [ESI] (Ley 26.150, 2006), la Ley XV N° 14 (2010) para la interrupción legal del embarazo [ILE] desde 2018 se implementan algunas líneas del plan ENIA en Chubut, entre otros lineamientos normativos.
Un dato que se conecta con la preocupación en torno a las ITS es que entre 2018 y 2021 se registró la mayor cantidad de casos nuevos de VIH y se triplicó la notificación de casos de sífilis en adolescentes y jóvenes en Chubut. La principal causa de infección en varones y mujeres cis son las relaciones sexuales sin protección con otros varones (Ministerio de Salud del Chubut[MSCH] 2022). Así mismo la tasa de embarazos no intencionales se mantiene estable en la provincia, si bien está por debajo de la media del país.
El discurso de los medios de comunicación y los organismos públicos presenta de forma predominante la relación entre los jóvenes, sexualidad, inseguridad y los consumos problemáticos, con una mirada que conecta juventud con riesgo o peligro. Por otro lado, en las investigaciones cercanas al tema las miradas hacen foco en la anticoncepción y el control de la fecundidad, donde nuevamente la sexualidad es analizada desde la dimensión del riesgo. En los estudios que puede recoger como antecedentes, observo una tendencia a los estudios cuantitativos y al uso de la encuesta. En las investigaciones tanto cualitativas como cuantitativas el recorte del objeto de investigación aparece delimitado por los intereses de organismos internacionales. Si bien el enfoque de derechos y la implementación de las políticas para que dichos derechos se cumplan es de vital importancia para los grupos poblacionales, se trata de un enfoque universal. Es el dominio del para todos que excluye la singularidad o las producciones de la subjetividad locales.
Adhiero a pensar la juventud como una categoría histórica, móvil, con prácticas propias y significaciones comunes. Los grupos sociales encuentran formas de inscripción en lo social que son productoras de subjetividad, donde el género, la edad, la clase, así como el tránsito por las instituciones, las políticas públicas, las prácticas grupales configuran la juventud con mayor o menor capacidad de agencia y de recursos para subvertir o resistir las significaciones y prácticas que los configuran como desiguales (Elizalde, 2015). Me interesa investigar la producción de subjetividad por las significaciones imaginarias. Siguiendo a Castoriadis (1997) las sociedades instituyen una trama de significaciones imaginarias que orientan y dirigen la vida en sociedad. Estas significaciones engloban valores, imágenes, sentidos que operan de forma implícita en y entre los sujetos (Fernández et al., 2004). Son imaginarias porque no corresponden a objetos naturales ni son racionales, se distinguen de lo imaginario concebido como imagen de, forma, borde especular en Lacan. En Castoriadis las significaciones imaginarias refieren a la capacidad de creación de la imaginación, como creación de nuevas significaciones sociales. Son sociales porque existen en un colectivo anónimo, se transmiten por el lenguaje, los usos y costumbres en la socialización, definen, por ejemplo, lo propio y esperable para cada género. Estos elementos simbólico-imaginarios están en juego en las relaciones intersubjetivas. Es el Otro de la cultura lo que distingue al humano en dos sexos y lo configura de acuerdo con el tipo hombre o mujer, al ideal, al valor que adquiere la diferencia. En el orden patriarcal las diferencias se traducen en jerarquías, establecen sujetos o grupos sociales desiguales en relación con género, edad, clase u otras categorías. En este sentido el género es una categoría de análisis que ordena las relaciones sociales en un determinado momento histórico.
Otra categoría es la de sexualidad, que discurre en sus prácticas y se constituye en un sistema de significaciones imaginarias que cada sociedad instituye. La sexualidad es la expresión subjetiva de una construcción histórica y política que determina las posibilidades eróticas de los cuerpos y los vínculos. En diferentes momentos históricos las sociedades organizan los intercambios eróticos y los someten a un orden de normalización. La subjetividad sexuada se construye en la complejidad en una triada que incluye al cuerpo y sus goces, las variadas identificaciones incluidas las de género, y los trayectos del deseo que siempre exceden y resisten la norma (Glocer Fiorini, 2019). Podemos pensar que en tanto esos mandatos no daban cuenta de la experiencia, de los deseos y los goces de todes, la agencia de los sujetos abre un espacio para la invención respecto de cómo habitar el género. Otro aporte conceptual desde la teoría psicoanalítica es estudiar las diferencias en términos de diferencias de enunciación o modos de subjetivación generizados, que refiere a las relaciones instituidas entre las formas de representación de sujetos aptos socialmente y las formas en que cada uno construye su singularidad allí (Tajer, 2020). Diferentes modos de habitar los géneros se presentan en la ausencia o frente a la caída de mandatos tradicionales. El psicoanálisis lacaniano permite reflexionar sobre las diversas y complejas articulaciones en cada sujeto de las dimensiones que involucran elementos del campo social, la dimensión pulsional y sus objetos con los modos de goce sexuado. La insistencia en la fluidez, la resistencia a una definición fija de género u orientación, las diversas posibilidades de asumir una identidad y una posición sexuada dan cuenta de la caída de esos mandatos sin que ello signifique la ausencia de un lugar de inscripción subjetiva.
Otra categoría importante es el cuidado, en su polisemia, es un terreno de disputa entre los géneros y las generaciones, un espacio donde las relaciones de poder se ponen en juego. Pero también es un territorio donde se producen nuevas simbolizaciones. En este sentido el feminismo se propone romper con la naturalización de la ética del cuidado como base de la socialización femenina para poner en valor la necesidad de poner el cuidado en la base de las prácticas sociales. Siguiendo a Gilligan (2013) el cuidado implica escuchar, prestar atención, responder con integridad y respeto. En el contexto de los vínculos sexo afectivos de les jóvenes se expresan prácticas de cuidado y una simbolización que implican la interdependencia y la inscripción subjetiva en un vínculo entre pares. El cuidado es relacional y contextual, presente en los vínculos de amistad, en las relaciones sexuales, como autocuidado y cuidado reciproco. Esta interdependencia es clave para el feminismo donde el sentido amplio del cuidado es el intento de hacer el mundo vivible. Las nociones de autonomía o dependencia como un binomio de mutua exclusión es cuestionado, para pensar un continuo de interdependencia en el que las personas nos situamos en distintas posiciones a lo largo de una vida (Giusto- Ampuero, 2021).
Recortes de un análisis
En este apartado presento un esbozo de los primeros resultados de un análisis en proceso, ya que la investigación no se encuentra finalizada. Expongo los hallazgos en función de los tópicos que guiaron las entrevistas y el análisis. Presentó una vinculación entre las voces de los jóvenes y algunas significaciones imaginarias como maternidad, paternidad, significaciones construidas en relación con sus vínculos como el noviazgo o pareja, ser varón, mujer, ser joven, sexualidad y cuidado.
Sobre los tópicos vinculados a maternidad y paternidad aparece la idea del final de la adolescencia. La paternidad se encuentra dentro de la red de significaciones imaginarias. El embarazo o nacimiento es concebido como un punto de inflexión en sus vidas. Significa el final de esas prácticas que los distinguen como adolescentes, el disfrute, las salidas con amigos, los encuentros en la plaza. Algunos de ellos mencionan que se imaginan como madres o padres “más adelante, cuando tengan un trabajo estable”. Las palabras que varios jóvenes reciben de sus familias es que la adolescencia es “la época de disfrutar” eso tendría fin con la llegada de un embarazo. La vida adulta es vislumbrada como un destino de esfuerzo y privaciones, en particular privaciones de espacios de recreación y de encuentros sociales. En la mayoría de los varones entrevistados, la paternidad se liga a la preocupación por la situación económica actual, la dificultad para terminar la secundaria por la necesidad de trabajar frente a la llegada de un bebé. Del lado de las chicas, si bien la preocupación económica está presente, es más recurrente la preocupación por la demanda de cuidado “atenderle 24/7”. Esto sugiere que se perciben maternando en soledad, sin que esa demanda de cuidado pudiera tener una respuesta paterna, de la familia ampliada o comunitaria. Los varones mencionaron la sobrecarga del lado de la madre en relación con la lactancia. La idea de tener un hijo en la adolescencia no aparece como un obstáculo para un proyecto académico en el futuro (Jones, 2010) sino como el fin de la posibilidad de disfrutar una etapa de la vida, se liga a lo que habría que abandonar de forma prematura para asumir ese nuevo rol. La mayoría de estos jóvenes construyen el sentido de la paternidad por el negativo, “no sabría qué hacer”, lo que no es un padre, lo que perderían. La paternidad aparece como un lugar de inscripción opaco o difuso.
Uno de los jóvenes entrevistados estaba en el centro de salud acompañando a su novia a un control de embarazo, se trataba de un joven de 19 años que interrumpió su trayectoria escolar a los 15. Su vida continuó en el barrio y la calle, realizando “changas” como limpiavidrios en los semáforos, vendiendo bolsas de residuos, etc. Se encontraba en consumo de alcohol y cocaína. Solo menciona a su madre como la persona que fue a buscarlo cuando estaba en la calle “hasta que se cansó”. Para este joven la paternidad aparece como un lugar de inscripción subjetiva, funda un nombre “ser papá”. El sentido de ser varón y padre se encuentran en serie en relación con el ideal que incluye elementos sociales y de su propia historia, también por el negativo “darle a mi hijo lo que no tuve”. Este joven se inscribe desde la idea de un padre proveedor, pero también cuidador, padre dador de cariño y de tiempo, que se concibe con una compañera. La paternidad se habita de una forma diferente a como habita la calle, fortaleció sus prácticas de cuidado y autocuidado. Algo similar ocurrió en un grupo de chicas que participaron de una investigación en la provincia de Buenos Aires en relación con la maternidad (Checa, 2005). También en este joven la paternidad significa abandonar algo anterior, el consumo y la calle. Menciona que su compañera deberá dejar la escuela.
Todos los jóvenes entrevistados cuando mencionan experiencias conocidas de alguien que haya sido padre o gestado estando en la secundaria, no pueden dar cuenta de una estrategia institucional que los acompañe, sino que ven acciones aisladas de docentes con buena voluntad, que finalmente terminaron en la interrupción de la trayectoria escolar de los jóvenes.
La idea de la pareja como una compañera se vincula al dato de la realidad de que una sola persona no podría sostener la economía familiar, pero también un joven menciona “no está bueno para ella estar todo el día en la casa, limpiando, cocinando sin que le paguen”, “no estamos en los tiempos de antes”. Plantea una distancia respecto de los dichos de su propio padre “el hombre para el trabajo, la mujer para la casa”. Si bien en algunos jóvenes aparece la valoración del trabajo de cuidados en el hogar, en general en el grupo entrevistado aún no es mencionado claramente como un trabajo.
En relación con los vínculos sexo afectivos en los que se inscriben el noviazgo es significado como el vínculo de mayor responsabilidad, implica un cuidado sobre la relación que se traduce en prestar atención a la otra persona. Si bien la exclusividad es una condición del noviazgo no pareciera ser lo que la diferencia de otros vínculos. Lo que diferencia el noviazgo de otros vínculos es el “estar enamorados”, el tiempo que se comparte con el otro y la forma en que participan de la vida de la otra persona. Estar de novios significa dedicarle más tiempo a esa persona, más atención, estar presentes para la contención afectiva. Los celos son vistos como un elemento “tóxico”, es un indicador de la falta de confianza y no es confundido con un signo de amor, interés o cuidado. Valoran la libertad de elegirse mutuamente, y no admiten en una relación que la pareja impida los encuentros con amigos o hacer actividades separadas. Esto vale para cualquier género. Otras relaciones como “estar en algo” que pueden ser un momento previo al noviazgo o ser amigos que se besan o tienen relaciones sexuales también implican exclusividad en ese vínculo. El “estar en algo” puede ser el momento de construcción de la confianza, del conocerse, momentos en los que identifican a partir de signos físicos el “estar enamorados”. Se diferencia del “chape” que es un beso en un encuentro casual, consentido por ambos, que puede ser iniciado por cualquiera de las personas implicadas cuyo objetivo es solamente darle un beso a alguien que te atrae, sin que exista un momento previo o posterior de conocerse. Los varones entrevistados reconocieron estar o haber estado enamorados en algún momento de su vida sin que ello signifique un motivo de pudor. Muchos varones relatan que pueden hablar de sus sentimientos, lo expresan a través de manualidades, realizan dibujos y otros pequeños regalos para las personas que aman. Otra práctica que no responde al modelo hegemónico del varón que no puede o no debe expresar sus sentimientos. Los varones de este grupo pueden pedir ayuda para hacer una carta de amor o un regalo hecho con las propias manos. En general acuden a los amigos para pedir consejo, alguna orientación o una mediación para acercarse a una persona que les gusta. Uno de los jóvenes de 15 años relata que le gusta una compañera y que “la pateo por debajo de la silla, la molesto, le tiro el pelo despacito” para llamar su atención. actos a los que la chica responde con una sonrisa según el joven, pero también relata que su amigo le dijo “que no haga más eso” y que lo iba a ayudar a escribirle una carta. La escuela es el lugar donde la mayoría de estos jóvenes encuentran una persona que les atrae, y la plaza es el lugar habitual de encuentro para el amor y la amistad.
La confianza es el común denominador de los vínculos. La confianza o su ausencia son una variable en juego muy importante al momento de interpretar la alteridad. Si es confiable o no. Algunos confían más en personas de su mismo género, otros confían más en alguien de un género diferente al propio. En relación con hablar sobre prácticas sexuales u orientación, las chicas refieren que se sienten más cómodas hablando con otras mujeres. Solo uno de los varones mencionó que una vez se sintió atraído por otro varón y lo conversó con una amiga también. La confianza inscribe una forma particular del vínculo y habilita o no algunas prácticas. La confianza es lo que determina que una acción se interprete de forma ofensiva o como una broma. En ese marco de la confianza es donde se despliega también la socialización de género hegemónica en los varones. Uno de los jóvenes dijo “si es varón lo podés insultar, a las chicas no porque se enojan”. Dentro del grupo de varones se permite un nivel de agresión, insultos a las mujeres de la familia, golpes, y otras formas de reforzar la virilidad a través de marcar la distinción con aquello que no es lo masculino, pero en una escena de juego que permite no enojarse.
La diversión es otro valor en juego que convoca al grupo y lo liga a las instituciones, en general los grupos de amistad están conformados tanto por varones como mujeres que se divierten juntos. Las actividades divertidas propuestas por la institución, la Dirección de Adolescencia en particular, son un elemento importante para convocar a los jóvenes, en general se trata de talleres donde aprenden a cocinar o paseos por lugares de la ciudad poco habituales. A partir de allí tejen los vínculos y participan con interés de otros espacios.
Respecto a las actividades artísticas o deportivas no aparecen diferencias de género en el sentido de que habría actividades para varones y otras para mujeres. Muchos de los jóvenes practican kickboxing en grupos mixtos y consideran a las mujeres en condiciones de igualdad. Las diferencias están dadas por la edad, el peso o la constancia en el entrenamiento. En otros casos se trata de jóvenes que decidieron hacer un deporte diferente al fútbol, que practican las generaciones anteriores de varones de la familia. De igual manera los varones mencionan que realizan manualidades o actividades artísticas como dibujo, muchas veces de forma autodidacta a través de tutoriales en internet, otras veces son las amigas quienes transmiten las técnicas para hacer bijou, origami, etc., casi siempre destinado a la producción de un regalo para una chica que les gusta o alguien con quien tienen un vínculo afectivo. Esto también es un cambio respecto de las significaciones imaginarias de género tradicionales, ya que estas actividades se consideraban propiamente femeninas, así como algunos deportes eran masculinos.
Otro punto interesante se presenta en relación con la identidad de género, es un término que los jóvenes refieren a identidades del colectivo LGBT. No aparece el ser varón o mujer como la construcción heteronormativa de una identidad de género. sobre lo que significa ser mujer las ocurrencias se relacionan también con su experiencia cotidiana “lo que tenes que hacer en la casa” “más complicadas que los varones, hacen la suya”. También aparecen los ideales de belleza que deberían cumplir, el miedo como algo femenino y el riesgo de la violencia sexual. Valoran la libertad de que cualquier persona puede sentir su identidad de género o expresar “sus gustos”, “cada uno hace lo que quiere” no ven en esa expresión de la alteridad un foco de rechazo o agresión. Uno de los jóvenes entrevistados tiene un hermano varón transgénero y pudo relatar el conflicto a nivel familiar cuando este joven decidió asumir su identidad de género. Pero para el joven entrevistado siempre se trató de “no dejarlo solo, abandonado. Si es lo que le gusta y siente, yo tengo que aceptarlo”.
Sobre la sexualidad, los jóvenes la vinculan a las relaciones sexuales y a la orientación sexual. Algunos de los jóvenes pudieron mencionar que el consumo de pornografía fue más frecuente entre los primeros años de la adolescencia, pero que persiste luego de los 15 años. Uno de los varones entrevistados pudo mencionar que busca información sobre prácticas sexuales concretas en la pornografía. En el grupo focal además apareció la relación entre el consumo de pornografía, “la información que buscamos en internet” con la masturbación. En el grupo aparecieron risas al hablar de masturbación vinculada a esa práctica la idea de que “a los chicos no nos dan bola” entonces se masturban. Subyace la idea de que el hombre propone y la mujer dispone, pero que los varones estarían siempre dispuestos. Tampoco cuentan con espacios donde tener privacidad para estar con una pareja. Uno de los jóvenes me cuenta que en casa de su novia les permiten estar en la habitación de ella “¡pero no hacemos nada malo!”. La sexualidad conserva su sentido general asociado al coito y al peligro, a lo malo. Si bien sobre la masturbación masculina coincidieron en que es una forma de exploración y de placer, sobre la masturbación femenina predomina el silencio, ya no las risas o los chistes y solo mencionan alguna charla o taller donde les hablaron de la masturbación de las chicas. Sobre el consumo de pornografía por parte de las chicas, todas las entrevistadas mostraron desinterés, ninguna mencionó haber visto videos o películas, sólo “algún meme” que les resultó indiferente. Las chicas mencionaron que hablan con otras chicas, ya iniciadas sexualmente, sobre las prácticas que les despiertan curiosidad. Estos datos coinciden con los hallazgos de otros estudios (Jones, 2010; Chiclana Actis et al., 2020) que ubican la edad de inicio de consumo de pornografía entre los 8 y los 13 años. Se observa que es un medio alternativo para aprender a “cómo hacer” determinada práctica en el encuentro sexual. Para los entrevistados se trata del primer acercamiento a las relaciones sexuales a través de las imágenes y escenas pornográficas, sin que exista una mirada crítica sobre ese consumo. El encuentro sexual se produce mediado por este aprendizaje erótico- práctico. De las 10 personas entrevistadas hasta el momento solo 3 han tenido relaciones sexuales con otra persona. Refieren que no se sienten presionados por el grupo o la familia para iniciarse sexualmente con otro.
Respecto de las relaciones sexuales en general no tuvieron espacios de conversación desde una perspectiva del placer, el cuidado y la exploración del cuerpo. Solo una de las chicas mencionó algo de esto, pero referido a que las mujeres de la familia hablan de lo que le gusta o le da placer al hombre. En esta transmisión se juegan los roles de género, lo que se espera de las mujeres en la vida sexual, complacer al varón a riesgo de desconocer o relegar el placer propio.
Respecto de ser joven o adolescente las ocurrencias se relacionan con “tener menos responsabilidades” “época de disfrutar” un momento de su vida vinculado a la diversión y valores como la amistad, confianza, libertad y la educación. A pesar del descontento general con la institución escuela todos hicieron hincapié en la necesidad de continuar con su escolaridad o retomarla. La significación de ser joven aparece condicionada por la mirada que construyen de los adultos. Según los entrevistados, ser joven se relaciona con ser inmaduro o peligroso. Este grupo siente que los adultos esperan que se comporten de otra forma, que a los adultos les genera malestar su diversión, que lo ven como algo infantil. También mencionan que sus intereses no son valorados por los adultos y que estos últimos suponen que “si estas en la calle estas robando” o que estar en la casa de un amigo es equivalente a estar en la calle.
Sobre el cuidado
Las primeras ocurrencias que aparecen en las entrevistas en relación con las prácticas de cuidado se ligan al significado de cuidarse de algo peligroso en el barrio. En las calles o en una salida nocturna te pueden robar, golpear, te pueden secuestrar, podes quedar en medio de un tiroteo o persecución policial. Con mayor frecuencia los varones mencionan “el hacer el aguante” “hacer la segunda cuando te vienen a pegar”. El estar al lado de otro varón en una pelea callejera, en una situación de violencia intragénero. Este hacer el aguante o “no dejarlo solo” no es una muestra de amistad exclusivamente, puede hacerse con amigos, conocidos o desconocidos y lo reconocen como una práctica de cuidado. Entre los jóvenes entrevistados ubican la violencia sexual o el acoso como un tipo de violencia que solo sufren las chicas. Por ello las chicas se cuidan entre sí al acompañarse cuando una de ellas va al encuentro de un joven en una plaza, cuando un varón acompaña a una chica a la parada de colectivo de noche o cuando un varón permanece cerca de una chica que se encuentra “borracha para evitar que otros se aprovechen”. La violencia ejercida por otros varones en una relación desigual de poder constituye un riesgo del que se cuidan de forma recíproca tanto mujeres como varones. El cuidado se encuentra en relación con el ser varón o ser mujer. Ser varón es “respetar a las mujeres” “es de poco hombre hacer algo que incomode a una mujer”. El respeto a la mujer o a los demás aparece por su condición de persona, no solo vinculada a su condición de madre o hermana (Ministerio de Salud de la Nación [MSN], 2021).
En todas las entrevistas se puede escuchar la simbolización de prácticas de cuidado en la vida cotidiana de estos jóvenes que implican la interdependencia y su inscripción subjetiva en un vínculo entre pares. En las significaciones que otorgan al cuidado no aparece la idea de dependencia, sólo en los casos del cuidado de infancias en las familias. Tal como lo afirmó Guilligan (2013) el cuidado implica escuchar, prestar atención, responder con integridad y respeto. Estas prácticas son valoradas por los jóvenes como un cuidado recíproco entre pares, pero también hacia la familia y en particular hacia los más pequeños. Podemos identificar las fases del cuidado descritas por Tronto (2020) como preocuparse, hacerse cargo, suministrar cuidado y recibir cuidado. Para los jóvenes el cuidado es “escuchar”, “no juzgar a la persona”, “evitar que a alguien le pase algo malo”, “tratar bien a la gente”, “apoyar, estar pendiente, atento” “apoyo emocional”, “no hacer daño, hacer las cosas bien”. El cuidado así descrito por los jóvenes no tiene como condición la amistad, en algunas situaciones basta con ser conocido, pero es una actitud general para con las personas de su entorno. Respecto del cuidado a una pareja o novio valen las mismas prácticas, pero además mencionan “no traicionar” en relación con no traicionar la confianza que sostiene la relación.
Si pensamos en el cuidado como trabajo dentro del hogar, en el trabajo de cuidado que ellos mismos hacen, esta asociación entre tareas domésticas y trabajo de cuidado no aparece con claridad. Solo en dos entrevistas, un varón y una chica, apareció la idea del trabajo en el hogar como trabajo no remunerado y de cuidado. Una de las chicas entrevistadas relató los conflictos familiares a partir de su resistencia y la de su hermana adolescente a asumir el trabajo de cuidados en el hogar como una tarea femenina y apelando a una distribución más equitativa de las tareas entre ellas y su padrastro y hermanos. En la mayoría de los casos la división sexual del trabajo domina la escena familiar, las madres se ocupan del trabajo dentro del hogar y los padres trabajan fuera del mismo. Incluso en los hogares donde los padres están desocupados o hacen “changas”, son ellos quienes hacen las compras, pago de impuestos u otras gestiones en el espacio público. El trabajo como significación se relaciona con el trabajo productivo fuera del hogar. Si bien los entrevistados desplegaron los sentidos del cuidado en la interdependencia, no situaron en esa serie las actividades que ellos hacen a diario como cuidado de niños de la familia y otras tareas del hogar como limpiar y cocinar.
En la entrevista con profesionales de la Dirección de Adolescencia también hicieron mención a la relación entre las jóvenes y el trabajo de cuidados. El equipo notó una importante disminución post pandemia de la participación femenina en los espacios que la institución ofrece. Las profesionales relacionan las ausencias al trabajo de cuidados en el hogar. Por los intercambios que el equipo realiza con las chicas cuando las convocan a las actividades pueden afirmar “las chicas quedaron pegadas a las tareas domésticas”.
También apareció la idea de cuidado en relación con el cuidado del medio ambiente como un tema de interés. Algunos de estos jóvenes participan de un proyecto para realizar un cortometraje sobre impacto ambiental y energía eólica. Con ese enfoque estos jóvenes miran la ciudad y pueden identificar la necesidad de algunos cambios que tanto el gobierno como los ciudadanos deberían hacer para el cuidado del ambiente.
En este grupo el autocuidado es percibido como cuidado de la salud, no fumar, no consumir alcohol, hacer deporte. Solo las chicas mencionaron el permanecer en casa a la noche como una medida de autocuidado sobre la violencia arriba mencionada. Si bien identifican la escucha atenta y el apoyo emocional como una práctica de cuidado, no identifican el hablar de ello como autocuidado.
En ocasiones alejarse de algunos grupos de amistad lo identifican como una práctica de cuidado, alejarse de amigos que consumen, por ejemplo. En general mencionan que tanto varones como mujeres hablan con sus pares sobre “los males de amores” o sobre algún conflicto en el ámbito escolar. Les resulta más difícil hablar de los conflictos con su familia, su barrio u otros motivos de preocupación personales. Mencionan que en ocasiones hablan con amistades o algún familiar en particular, pero la mayoría de las veces no comunican lo que les resulta un problema. Los jóvenes entrevistados en CESIA llegaron a la institución en busca de un espacio de psicología donde poder desplegar sus quejas y preguntas sobre lo que sufren. Acá también podemos interpretar una construcción del género diferente a la tradicional y a la figura del “macho patagónico” como un varón invulnerable que no expresa emociones, que no siente frío ni siente dolor y busca ese reconocimiento de otros varones. Los varones de este grupo de jóvenes se presentan como varones sensibles que pueden expresar sus emociones y respetan las emociones de otros, en particular si se trata de una situación amorosa o de situaciones que les pasan a otras personas.
En general los jóvenes varones relatan algunas situaciones de violencia del barrio o persecuciones policiales como escenas de películas divertidas que ven desde la ventana o la esquina, mostrando una sobre adaptación al entorno cotidiano. Las chicas son las que refieren que a partir de una determinada hora permanecen en la casa por temor, como medida de seguridad. Una de ellas puede decir “yo soy re maricona, a las ocho ya me quedo adentro”. Esta expresión, así como la distancia o sobre adaptación de los varones, podría ser interpretada como una defensa o tratamiento de la angustia, una manera posible de pasar los días en ese contexto moldeada por la interiorización del modelo binario de género. El psiquismo se estructura en relación con ese modelo binario que funciona como matriz donde la distancia emocional es algo propio de lo masculino. El modelo binario de género convierte el temor y la necesidad de cercanía emocional con otro en algo femenino u homosexual.
Sobre los cuidados en el sentido de la anticoncepción mencionan que la información recibida en la familia o en la escuela parece haber sido parcial y confusa. Relatan indicaciones como “tenés que usar protección” pero no les enseñaron cómo ni cuándo. Uno de los jóvenes mencionó que además le dijeron “que no ande con cualquiera” pero que sin embargo no sabe a qué se refiere esa expresión. Otra de las jóvenes mencionó que su madre le transmitió que “no debe apurarse ni ponerse inquieta porque va a doler”. La información más precisa sobre la anticoncepción la obtuvieron de las dos instituciones donde realicé las entrevistas y de otros espacios comunitarios o centros de salud a los que asistieron. Se puede interpretar por la información que tienen que igualmente en muchos casos fue parcial y con un sesgo heteronormativo, no recibieron información sobre cuidados y anticoncepción para otras prácticas sexuales.
Conclusiones
En los relatos de los jóvenes podemos escuchar esas construcciones de sentido que son las significaciones imaginarias. Engloban valores como la confianza, la amistad, la diversión, la libertad. También se verifica que a partir de su experiencia estos jóvenes pueden modificar las significaciones que se les transmiten y encuentran sus modos singulares de habitar su género e interpretar la alteridad. Todo lo mencionado respecto de las significaciones imaginarias de género dan cuenta de la invención, no sólo como producción social, sino también en los modos de subjetivación generizados. Profundizar en las diversas combinatorias que se dan en cada sujeto de las dimensiones involucradas en la elección de género, requiere el análisis caso por caso a lo largo de la historia singular. Si bien no es objeto del presente trabajo sin embargo es una dimensión presente en lo social. La investigación cualitativa permitió recoger las voces de este grupo de jóvenes y aproximar una interpretación de los sentidos construidos que están presentes en sus vínculos y en las formas en que se cuidan. La perspectiva cualitativa con un enfoque de género permite visibilizar los sentidos construidos a partir de sus experiencias e intercambios, así como continuidades y discontinuidades respecto de la red de significaciones tradicionales.
Puedo afirmar respecto de este grupo de jóvenes algunas continuidades respecto de esa red de significaciones. La paternidad aún aparece ligada a la figura del padre proveedor de bienes, sostén de la familia. Significa una carga de responsabilidades que los deja perplejos y un cambio radical en sus vidas identificado a la pérdida, en particular en el contexto actual, situación que puede resultar en una retirada de la función frente a la imposibilidad de cumplir con ese ideal. En relación con esto persiste la invisibilidad de las tareas de cuidado en el hogar como trabajo de cuidado en su interdependencia con el trabajo en el espacio público. Esto impacta también en la falta de valorización de las tareas que ellos mismos hacen como trabajo de cuidados y en la feminización de esas tareas.
La violencia intragénero entre los varones aún sigue siendo un importante elemento de la socialización masculina y un riesgo para varones y mujeres. También podemos ubicar que el ser mujer se relaciona con la experiencia cotidiana, para algunas chicas hay una continuidad con los roles tradicionales. Ser mujer es una carga de tareas domésticas y es temer la violencia sexual. Pero la discontinuidad la producen en su resistencia, esto no es algo naturalizado para ellas. Esa resistencia también genera sufrimiento por los conflictos con su entorno.
La sexualidad aún se concibe desde un modelo biologicista, centrado en la genitalidad y el coito. El discurso que reciben los jóvenes asocia la sexualidad a lo peligroso, embarazos y enfermedades. En los espacios que habitan, hablar de sexualidad es equivalente a hablar de anticoncepción. También podemos escuchar como la sexualidad femenina sigue siendo tabú, se explora, se conoce y hablan más del placer masculino. Respecto al placer femenino las chicas permanecen en silencio. Esto se reproduce desde el discurso que reciben de los adultos, que hace equivalente sexualidad a penetración vaginal, desde una matriz heterosexual. Si el discurso que reciben de los adultos es que ser joven implica disfrutar, se excluye el placer del encuentro sexual y el erotismo. El primer acercamiento al acto sexual, al cuerpo desnudo, es a través de escenas pornográficas que reproducen estereotipos de género en los cuerpos, en los roles, en las expectativas sobre el desempeño sexual de hombres y mujeres. El porno reproduce formas de violencia con un sentido erótico. Tampoco existen representaciones de cuidado en la pornografía.
Entre las discontinuidades presentes podemos ubicar la construcción de una pareja como compañeros que comparten las tareas para sostener la vida juntos, la corresponsabilidad en los cuidados. Es valioso como a partir de sus experiencias conciben el cuidado desde la interdependencia, relacional y contextual. Las prácticas de cuidado tal como lo describen los jóvenes involucran un sentido integral de la salud y una forma de vínculo, no se restringe a la prevención, la acción frente a un peligro o cuidar a una persona dependiente. Otra discontinuidad importante se ubica en el ser varón y la posibilidad de ser reconocido como tal desde la expresión de emociones o sentimientos. La interpretación de la alteridad se modifica, la mujer o lo considerado femenino ya no es una amenaza a la virilidad. La diversidad sexual o de identidad ya no tiene una carga patológica o criminal para convertirse en la expresión de un gusto o un sentir. Respecto a los vínculos la exclusividad continúa siendo un valor, pero los celos no hacen signo de interés o amor. Aparecen otras formas como el “estar en algo” o “el chape”, donde está legitimado que la mujer puede tomar la iniciativa, expresar un gusto sin que ello signifique algo más. Otro cambio es que no está presente la presión de los grupos de pares o de la familia para iniciarse sexualmente con otros. En otro momento los varones de la familia propiciaban que los más jóvenes se inicien con una trabajadora sexual. Para las chicas esta iniciación debía ser con un novio, en este grupo de jóvenes no operan esos sentidos.
Podemos ubicar las tareas que se desprenden de esta primera aproximación a los hallazgos del campo. Queda mucho por hacer para implementar la ESI en los ámbitos educativos, comunitarios y de salud, el desafío es buscar la forma de llegar a los jóvenes y sus familias. La ESI promueve que los jóvenes puedan tomar una posición crítica respecto de las desigualdades en los vínculos, que se construyan en su sexualidad desde el cuidado y la exploración del placer. Es necesario incluir la mirada sobre una educación sexo afectiva diversa, desde el placer y el erotismo. Frente a este vacío los jóvenes recurren a la información en internet, favorecidos por el anonimato y al alcance de todos. La red podría ser un lugar donde encontrar contenidos que promuevan relaciones equitativas, sin violencia y prácticas de cuidado en la exploración del placer y el erotismo. Sin embargo, encuentran el porno que responde a ese vacío. No contamos con estudios locales que profundicen sobre el consumo de pornografía en adolescentes, es un tema necesario de abordar con los púberes para que tengan un acercamiento crítico a esos contenidos. No se trata de un juicio moral sino de separar erotismo de violencia, placer de aquello que está más allá, el consumo problemático, desregulado. El consumo de pornografía en solitario proporciona una estimulación y satisfacción inmediata que prescinde de todos los rodeos, encuentros y desencuentros implicados en la relación con otros. Además, reproduce valores de género tradicionales, que involucran sumisión o degradación de la mujer.
Otra tarea es deconstruir los sentidos aún presentes sobre la juventud, como peligrosos o inmaduros. Esta mirada traduce una expectativa que estos jóvenes no llegan a cumplir y desvaloriza sus saberes e intereses. También es un obstáculo importante en la transmisión, ya que reciben los mensajes desde un lugar que ubica a los jóvenes en un lugar de déficit.
Otro aspecto a señalar recurrente en las entrevistas es que estos jóvenes están a disgusto con la vida escolar, pero sostienen la apuesta en la educación. Mencionan la realidad de Chubut, atravesada por medidas de fuerza, refieren que les gustaría tener continuidad, escuelas con mejores condiciones edilicias y propuestas pedagógicas que involucren sus intereses. Los jóvenes valoran las instituciones que dan lugar a su palabra y sus inquietudes, el buen trato hacia ellos, los espacios para reflexionar sobre sus vivencias y también las actividades “divertidas” donde también aprenden. Por otro lado, es necesario que se den a conocer y se fortalezcan las obligaciones de la escuela y el derecho de los jóvenes, para favorecer las trayectorias escolares de aquellos que son madres o padres. Un embarazo o un hijo puede ser algo elegido desde el inicio o posterior al evento obstétrico, se verifica que puede ser un lugar de inscripción subjetiva, por lo tanto, para algunos jóvenes puede tener una significación distinta a un cambio negativo en sus vidas. La escuela y las instituciones de la comunidad tienen la obligación de reducir ese impacto negativo. Es fundamental que las obligaciones de la escuela no queden en acciones de
buena voluntad de un docente, sino una intervención sistemática de los organismos del Estado para que se cumpla el derecho a la educación de los jóvenes.
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- Psicóloga- Psicoanalista. Especialista en ciencias sociales con mención en psicoanálisis y Prácticas socio educativas (FLACSO- PRIGEPP). Tesis de Maestría en Género, Sociedad, y Políticas de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales – FLACSO y el Programa Regional de Formación en Género y Políticas Públicas – PRIGEPP aleglione80@gmail.com.↵






