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3 La acción colectiva
del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria

A continuación se presenta lo correspondiente a la acción colectiva del Movimiento Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, desde el paradigma que lo alberga, las dimensiones que abarca su acción colectiva hasta las dinámicas desarrolladas como parte de esta propuesta. Se discuten los aportes de la deliberación y el consenso en la toma de decisiones colectivas. En el sentido de cómo este ejercicio democrático cuestiona lo referente en torno a la representación y la representatividad.

Se posiciona a la acción colectiva en el marco de la creación de una agenda en común como estrategia de negociación con los Estados. Esto en miras de la formulación de una política cultural de base comunitaria que consolide el aporte incipiente de programas estatales ya existentes como el Programa Puntos de Cultura y otros de cooperación internacional, como el Programa IberCultura Viva.

Buen vivir

Jallalla[1] Latinoamérica, Jallalla Culturas Vivas Comunitarias (I CLCVC, Bolivia).

La propuesta política de este movimiento se basa en el paradigma del Buen Vivir[2] de los pueblos originarios de América Latina, que sugiere la búsqueda de un desarrollo humano que premie un procedimiento de vida de “buen vivir sobre el bien vivir”. Esto implica el bienestar sobre el individualismo y la competencia del modelo capitalista y neoliberal instalado en la mayoría de países de Latinoamérica. Después de la II Guerra Mundial, cuando se catalogó a ciertos países como “desarrollados” y a otros como “subdesarrollados”, parte de la humanidad se aceleró en la dinámica capitalista de producción-explotación-consumo, para alcanzar el ansiado desarrollo. Sin embargo, esta dinámica ha activado una crisis planetaria sin precedentes, con propuestas de contención como el desarrollo sostenible, a base de seguir consumiendo con medida y sin vislumbrar soluciones reales.

La visión antropocéntrica del desarrollo actual implica que solo los humanos gozan de derechos, mientras que la del Buen Vivir, al ser cosmocéntrica, parte de que la madre Tierra (Pachamama) y todos quienes la habitamos tenemos los mismos derechos y obligaciones. Para posibilitar el Buen Vivir se requiere de la convivencia equilibrada y cooperante en la comunidad.

La perspectiva de la CVC como eje de transformación social de esta red, interpela a experiencias y organizaciones a partir de la disposición de una política colaborativa que pueda trascender los mecanismos de dominación hegemónicos, construir organización popular y crear una nueva sociabilidad e institucionalidad, basada en este modelo de desarrollo, ligado a la Economía Social Solidaria y la Democracia Participativa.

Al aproximarse al Buen Vivir amerindio, la Cultura Viva también se aproxima a la ética y la filosofía ancestral africana. Ubuntu: “yo soy porque nosotros somos”. Vivir en Cultura Viva es romper con el individualismo, es la sensación de pertenencia a la unidad en la diversidad. Esto es lo que explica que la idea de la Cultura Viva esté floreciendo por las Américas y ahora por el mundo. No se trata de una simple política pública para organizar el quehacer cultural, sino de un modo de colocar la emancipación y la ciudadanía en nuevos espacios, en los que la interdependencia y la colaboración se realizan en diálogo, consenso, inclusión, comprensión, compasión, de manera compartida, con cuidado y solidaridad (Turino, 2013, p. 4).

Es también el desafío de construir otros niveles de organización comunitaria con alcance regional, nacional y continental. El objetivo es sistematizar y fortalecer el camino compartido sugerido a partir de propuestas de acción colectiva que fomenten la construcción de la palabra, reivindiquen la construcción colaborativa en oposición al concepto de competencia, resignifiquen el concepto de cultura al aceptar la diversidad y construyan otros valores de sociedad desde la interculturalidad, apuntando a una sociedad más equitativa.

La noción del Buen Vivir busca la consecución de un equilibrio entre los seres humanos y la naturaleza. En este sentido, propone romper con la visión antropocéntrica que ha colocado a la naturaleza al servicio de los seres humanos y la ha convertido en su objeto de manipulación, dominio y apropiación. Al llamar a modificar nuestra actitud frente a la naturaleza, el Buen Vivir parte del principio de que todo forma parte de una sola unidad y que la alteración de un elemento fractura la estabilidad del flujo vital. Apela a recrear una forma de coexistencia con la naturaleza que en lugar de asentarse sobre la explotación de los recursos hasta su agotamiento, promueva su optimización para el bienestar colectivo (Vocera Raíces Ancestrales. Mendoza-Argentina. Conversación personal, 8 de junio de 2019).

Se busca una propuesta de acción colectiva que conciba una vinculación distinta y un proceso de construcción con un carácter afectivo que los acerque más a esta visión de lo comunitario desde un abordaje más humanista. Este aspecto todavía no está normalizado por todos los colectivos pero es un ideal común.

Normalmente recibimos información a través de nuestros sentidos. Aunque algunas veces los sentidos también nos engañan. Pero el indígena observa, mira, escucha y hace las cosas en función del interés comunitario y motivado por descubrir cosas nuevas. No separa las capacidades cognitivas de las afectivas y la intuición como lo hace el hombre de la cultura occidental. El proceso del conocimiento envuelve también las emociones, los sentimientos y las pasiones. Percibe el mundo y las cosas de un modo holístico e integrador (Gavilán, 2011, p. 55).

Esta perspectiva del Buen Vivir como base de la acción colectiva impulsada por esta red es un aporte vinculado al ser latinoamericano. Si bien no quiere decir que se asimile a cabalidad en la práctica, esta visión sí indica una voluntad y una apertura por revalorizar conocimientos que se han subestimado y que presentan un abordaje acorde con lo que sucede en estas latitudes. La apertura a formas de gestión desde la horizontalidad del ser comunitario implica un cambio de rol en las jerarquías establecidas socialmente.

Ilustración 4. Ceremonia de inauguración IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, Mendoza-2019

Fotografía: Andrea Mata

Este reposicionamiento del sentido del hacer es difícil de asimilar pues estamos acostumbrados/as a prácticas más individualistas a raíz de la influencia de una cultura globalizada y cada vez más monetarizada desde los estados latinoamericanos. Su aporte potencial puede generar una aproximación más cercana de la gestión cultural a la política pública, pues parte de la práctica hacia la reflexión ideológica de esta propuesta. La descolonización de los saberes, el replanteamiento de los conocimientos ancestrales y de deconstrucción de las bases patriarcales que han liderado nuestra historia, son una contribución desde la construcción latinoamericana de nuevos saberes, más pertinente a nuestra realidad ideológica, económica, cultural y política.

Tiene un impulso muy fuerte porque es un movimiento basado en redes de afecto. La CVC justamente construye desde los principios del Buen Vivir, que tienen que ver con el abrazo, con el amor, con el encuentro verdadero y profundo. Eso hace que cada vez que nos encontramos sea muy fuerte porque sabemos que en cada lugar todos están trabajando en el mismo sentido y ese es un tejido que va más allá de las definiciones políticas que puede llegar a hacer el movimiento (Vocera Cooperativa La Comunitaria. Rivadavia, Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 24 de mayo de 2019).

La acción colectiva en red

Estrategias para la acción colectiva

Desde el primer congreso latinoamericano se establecieron tres ejes temáticos principales que direccionan la acción colectiva en red y que se relacionan desde esta perspectiva del Buen Vivir. Se detallan a continuación:

La ciudadanía cultural

Desde el eje de ciudadanía cultural se busca incentivar la creación de políticas que respeten la diversidad de las identidades culturales y que generen programas directamente enfocados a fortalecer los colectivos y redes que realizan trabajo cultural en las comunidades. En este caso, se propone un abordaje de las políticas culturales “desde abajo”, donde la acción se teje entre organizaciones de base y el Estado funciona como facilitador de procesos y deja de ser un capacitador o gestor directo. Esto, a su vez, le otorga un rol más activo a la sociedad civil que ya no solo fiscaliza la labor del Estado, sino que se vuelve responsable directa de parte del proceso, al validar sus necesidades a través de su experiencia en territorio.

El derecho a la cultura

Esta línea busca que los estados latinoamericanos, independientemente de su gobierno de turno, garanticen el pleno ejercicio de los derechos culturales[3] y que aporten en la construcción de políticas culturales incluyentes y respetuosas para con las comunidades, para generar políticas públicas por medio de manifestaciones culturales vivas. Actualmente los y las integrantes de la red se concentran en posicionar el tema de cultura viva en el ámbito local, regional, nacional e internacional. Su propuesta es ampliar la concepción de cultura tradicional, para que no solo se refiera desde las Bellas Artes, sino que valore la inclusión de la cultura popular, esta vez no solo vista como folklore o tradición, sino como expresiones vivas desde lo cotidiano y en constante transformación, por el aporte de la dinámica cultural de cada contexto.

El trabajo intersectorial

Este tercer eje es medular, ya que implica un trabajo en red con un carácter transnacional dirigido a acompañar y empoderar procesos comunitarios desde el colectivo continental. Acá la propuesta es que los saberes se compartan y se reproduzcan más allá de las fronteras de los territorios. Esto con el fin de transmitir un paradigma alternativo basado en el Buen Vivir, donde la conexión con el conocimiento ancestral de los pueblos originarios y la creación de formas de gestión desde las necesidades de los actores comunitarios, partan de sus saberes populares y no de su experiencia formal o institucional.

Esta labor se estimula a través del intercambio y difusión en redes sociales y medios digitales, con la organización de congresos latinoamericanos de Cultura Viva Comunitaria cada dos años acompañados de caravanas latinoamericanas y la participación en encuentros regionales y nacionales, entre otros, como estrategias de construcción y desarrollo[4].

Ilustración 5. Ejes de Acción Colectiva

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Elaboración propia.

Dimensiones de la acción colectiva

Los tres ejes expuestos anteriormente se operacionalizan a través del trabajo con cinco dimensiones de la acción colectiva que se desarrollan en la esfera pública en tres espacios a discutir: el local, nacional y continental. Estas dimensiones son: la incidencia del movimiento, la comunicación transnacional, la producción de conocimiento, la formación política y técnica, y la organización propia.

La incidencia del movimiento

El objetivo con el que originalmente se constituyó esta propuesta colectiva es lograr el apoyo de los Estados, a través de una ley general de cultura que considere 1% del presupuesto nacional para cultura y el 0.1% para la cultura viva comunitaria. Si bien es un objetivo ambicioso para el sector cultura, la idea de mantener esta consigna es que esta permita ganar terreno a través de la visibilización de un sector importante de la sociedad civil que dedica sus esfuerzos al desarrollo comunitario y busca apoyo económico y facilidades para realizar sus labores en territorio. Es así como una de las estrategias dirigidas a esta dimensión es la identificación territorial de organizaciones de base comunitaria, a través del mapeo de los espacios de acción, con el fin de vincularlos en la Red.

Sobre esta misma línea, el Programa Puntos de Cultura es aliado a la hora de sumar y visibilizar expresiones de cultura viva a través de incentivos económicos para colectivos y capacitación a gestores culturales, que dirijan y den seguimiento a los procesos locales que se desarrollan en nombre de la cultura viva comunitaria. Si bien este programa es de carácter estatal y no está presente aún en todos los países con redes del movimiento, en los países en que sí está instalado, fortalece organizaciones dentro y fuera del tejido, para dar continuidad o generar nuevos proyectos con financiamiento anual.

El trabajo en red estimula el desarrollo común de propuestas de leyes y decretos de apoyo a la cultura viva comunitaria que son compartidos entre sus miembros, con el fin de incentivar la labor en territorio y lograr acompañamiento en sus propios procesos. Esto evidencia que las políticas culturales de base comunitaria son una carencia en Latinoamérica, por tanto, se debe generar presión para que se inicie este proceso en las redes que todavía no se ha asumido.

La comunicación transnacional

Esta dimensión de la comunicación propone la conexión e interacción de las diferentes redes de Cultura Viva Comunitaria en cada país con presencia del movimiento. Para eso el uso creativo de las tecnologías de la información y comunicación (TIC) en medios virtuales permite la difusión de acciones locales en el plano transnacional. Esto es una manifestación cultural muy particular de esta propuesta. No solo se busca difundir la labor de los distintos colectivos fuera del ámbito local, sino también ampliar su rango de acción a través de la participación virtual o la apropiación de las acciones a través de la réplica.

Por otro lado, acciones colectivas como las caravanas de Cultura Viva Comunitaria, que transitan las rutas por tierra hacia los diferentes países donde se celebran los congresos y que van reuniendo a los participantes en el recorrido, son una manera de simbolizar las redes y las prácticas continentales vinculantes que han de propiciar alianzas entre las esferas de lo privado y público independientemente del país de origen.

La producción de conocimiento

La producción de conocimiento es una dimensión que sugiere formas de acción colectiva que replanteen el papel de la cultura desde la esfera de lo local. Se considera la articulación a partir de los acuerdos en la agenda continental y un compromiso de su continuidad. A su vez, la sistematización de experiencias culturales de base comunitaria y los mapeos comunitarios son fundamentales como una forma de visibilizar la existencia del sector y validar sus demandas más allá de las fronteras de los países en los que se evidencia su presencia.

La formación política y técnica

La formación para la gestión sociocultural, evaluación y control ciudadano de las políticas construidas es una herramienta técnica necesaria para la transmisión de la cultura viva. Los estímulos y pasantías también enriquecen la labor de las organizaciones en red como insumo importante dentro de la propuesta del movimiento, dado que está basada en el intercambio de experiencias en gestión sociocultural que traspasan el ámbito local. La finalidad es posicionar la acción colectiva dentro de la esfera de la comunidad latinoamericana como elemento identitario propio. Este aspecto es de suma relevancia en cuanto implica una constante capacitación de sus integrantes en temas de políticas culturales que les permita generar insumos y validar estrategias en los distintos territorios.

La organización propia

Otra dimensión de acción colectiva sumamente importante es la necesidad de establecer una organicidad de la red para que pueda crecer con el tiempo. Por ser una red en constante transformación, se han formulado distintas propuestas de organización a nivel colectivo. Muchas veces sugeridas desde las redes de los países involucrados en la preparación de los congresos.

La elección en la forma de organización local es tan autónoma como en el ámbito nacional y solo se establecen pautas comunes en el plano de lo continental, que van perfilando la identidad del fenómeno. Sin embargo, una de las características más particulares es justamente su propuesta de toma de decisiones colectivas a través de la deliberación y el consenso.

Acá se practica una estrategia de organización horizontal que busca que la construcción colectiva sea generadora de vínculos y propuestas compartidas de acción colectiva a nivel continental. Es una propuesta alternativa que reposiciona la representatividad dentro de la democracia participativa al darle valor a la discusión y comprensión de las implicaciones de la acción colectiva, más allá de si es preferida por la mayoría. La relevancia de la discusión y los acuerdos se discutirán más adelante.

Dinámicas de la acción colectiva

Estos ejes de acción se materializan a través del intercambio en diferentes espacios de diálogo y construcción colectiva como lo son: congresos, caravanas, círculos de palabra, plenarias, ferias artísticas, entre otros. La propuesta inicial de articularse a nivel latinoamericano a través de congresos desencadenó con el tiempo en la ampliación de los rangos de acción colectiva. Se detallan algunas dinámicas desarrolladas en dichos encuentros.

Las Caravanas latinoamericanas como estrategia de movilización y visibilización del congreso forman parte del proceso de educación y comunicación popular inicialmente impulsado desde la Plataforma Puente Cultura Viva Comunitaria. Su objetivo es llevar adelante un trabajo de recuperación de mensajes y contenidos latinoamericanos para el debate en el seno mismo del congreso. Las caravanas son una expresión pública de un importante valor del quehacer cultural en Latinoamérica como es la itinerancia y el viaje al encuentro del otro (a) cultural.

Por otro lado, el trabajo a través de los espacios de reflexión denominados Círculos de la Palabra parten de una metodología que propone desde la figura del círculo, establecer horizontalidad en la discusión y toma de desiciones, siendo la deliberación el procedimiento primario. Estos espacios son de suma relevancia, ya que fungen como ejes movilizadores de los siguientes congresos y son el motor principal de la existencia de este movimiento. Al trabajar a partir de ciertas temáticas de interés, las barreras espaciales se desplazan y se trascienden las fronteras, logrando empatía con expresiones de Cultura Viva Comunitaria de lugares ajenos al territorio propio.

Las Plenarias Latinoamericanas se realizan en la apertura y el cierre del congreso. Funcionan para generar un diagnóstico de la realidad de las organizaciones culturales participantes y su país de procedencia. Así como presentar la temática que guiará la discusión en los congresos. Durante el cierre se socilalizan las conclusiones del trabajo de los círculos, para luego proceder a la elaboración una agenda común a partir de los acuerdos y propuestas surgidas de las conclusiones obtenidas.

Ilustración 6. III Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria, Ecuador-2017

Fotografía: Andrea Mata.

Estas tres expresiones de acción colectiva van acompañadas con otras actividades complementarias de otra escala, como presentaciones artísticas, ponencias, ferias desde el enfoque de la economía social solidaria, presentaciones de libros y productos relacionados con la temática de Cultura Viva Comunitaria. Son las que permiten dar exposición a las realidades de cada territorio y encontrar similitudes o nuevos intereses a partir de un intercambio que suele darse de manera autogestiva y consensuada.

Además, posterior a los congresos se utilizan otras instancias de intercambio colectivo de carácter virtual y diario, como lo son los chats de whatsapp para el seguimiento de los círculos de la palabra y de las redes en territorio. Estos son muy importantes para la socialización en red dado que funcionan como espacios de difusión y contención de luchas y proyectos locales. Algunas personas llegan a entablar relaciones por chat antes de tener la oportunidad de conocerse y después de los congresos se cultiva la amistad a distancia.

También como parte de los acuerdos del colectivo se sugiere la realización de encuentros presenciales nacionales y regionales, previos y posteriores a los congresos latinoamericanos. Esto como una manera de incentivar la articulación en red desde el país de origen con el país anfitrión del último congreso. Lo que determina el aporte de quienes podrán participar en los congresos y en caso de que se requiera, asignar propuestas del colectivo nacional para compartir a nivel latinoamericano. Este acuerdo es fundamental para la constante reactivación de sus núcleos de trabajo en todos los niveles.

Es así como no es lo mismo participar del movimiento que de otras redes, pues el carácter político que le adjudican a este último, es el que marca el interés en la participación, intercambio y discusión colectiva. Hasta la fecha no se ha regulado su participación. Todavía se conserva un carácter integrador y abierto que potencia la participación tanto de colectivos como de personas que no pertenecen a ninguna organización o se dedican a la investigación. Sin embargo, quienes determinan los acuerdos son los que pertenecen a colectivos que respaldan sus decisiones por lo que la depuración de quienes pueden participar y quienes no todavía sigue siendo un tema delicado que puede generar ruptura.

Aportes de la deliberación y el consenso en la toma de decisiones colectivas

Por lo general, las organizaciones de CVC que se articulan dentro del movimiento lo hacen a partir de un mecanismo de funcionamiento asambleario basado en la toma de decisiones a través de la deliberación y el consenso. Como movimiento no presentan una suerte de conducción o de liderazgo sino que colaboradores/as de manera voluntaria se hacen cargo de las distintas actividades acordadas y se procura escuchar a todas la voces involucradas independientemente del tiempo que eso tome. Esto en miras de la conformación de una agenda común como guía de trabajo hasta el siguiente congreso.

La estrategia de que las decisiones sean tomadas a través de la deliberación y el consenso posibilita la inclusión de grupos minoritarios e incentiva una socialización horizontal entre sus participantes. Esta dinámica mejora la apertura a la escucha, a la diversidad de opiniones y al intercambio de roles dentro de los colectivos. Así, se hace a un lado el sistema tradicional de toma de decisiones a partir de la representatividad mayoritaria y motiva para que exista un mayor compromiso de quienes toman las decisiones y ejecutan la agenda común en territorio.

Sin embargo, trasladar las decisiones tomadas durante los congresos a nivel provincial y nacional es muy difícil. No solo por las implicaciones económicas y de tiempo, sino porque asumir tareas en nombre del movimiento, muchas veces desborda las capacidades de los mismos colectivos en territorio. Por esta razón, el desafío como movimiento ha sido no perder la continuidad a largo plazo e incentivar una acción colectiva más comprometida. En consecuencia, la propuesta de una agenda común del movimiento, que se reproduzca en los distintos territorios que tengan interés de hacerlo es clave.

El consenso no hay que tratar de apurarlo. Creemos en esta metodología y entendemos que el sistema de consenso es superior a la votación por mayoría. Ya que uno tiene la obligación de escuchar al otro para ver que me interpela y tratar de llegar a la mejor conclusión. En los partidos políticos las posturas son cerradas y eso hay que superarlo(…) Hay compañeros que están de acuerdo pero hay otros que hacen construcciones de poder personal que no surgen de lo colectivo por lo que el consenso nos motiva a generar otros caminos (Vocero La Rotonda Cultural. Hurlingham-Argentina. Conversación personal, 24 de mayo de 2019).

El consenso no es garantía de que las decisiones tomadas logren una incidencia política en territorio. Por el momento funcionan como una manera de replicar el movimiento en los distintos contextos locales de las organizaciones que participan y empezar a trabajar sobre líneas comunes para la incidencia a futuro. Es difícil contar con el compromiso de todos los colectivos involucrados en la toma de decisiones. Después de los congresos la vinculación a nivel continental se da mayoritariamente a través de la virtualidad.

El trabajo de toma de decisiones se da por consenso en reuniones físicas que se socializan en redes en donde también se puede aportar. Cuando no hay actividades la gente se dispersa, pero cuando planeamos actividades se reintegran. Participar en el movimiento viene a ser una instancia de muchas otras. Hay intereses en común pero no urgencias. Se establecen proyectos pero no todos se pueden sacar adelante y eso limita la movilización (Vocera Vergel. Cartago-Costa Rica. Conversación personal, 20 de febrero de 2019).

A pesar de que este mecanismo de toma de decisión es admirable en el sentido de la apertura a la escucha y al intercambio. Todavía no se ha desarrollado una manera asertiva de operativizar los acuerdos dentro de esta red. La sugerencia es que la articulación temática a partir de los círculos de la palabra se desarrolle a su propio ritmo y dependa de la voluntad de las personas para que sea entendida como una necesidad.

Durante el trabajo de campo de esta investigación, se evidenció en muchas ocasiones que la toma de decisión presencial es una estrategia efectiva, pues no solo genera confianza en quienes participan sino que estimula el compromiso y responsabilidad con los demás desde un plano fraternal. Las actividades consensuadas se llevan a la acción solo en los casos en que los colectivos se consideran parte de la toma de decisiones, por lo que la participación es limitada a la hora de ser operativa y suele recaer en pocos cuerpos. “Se requiere cuerpos para hacer el movimiento. Se incluyen a todos para que resuene pero efectivamente son muy pocos. El consenso solo no hace nada. La agenda colectiva no lleva a la incidencia” (Vocera Fundación Keme. Alajuelita-Costa Rica Conversación personal, 5 de febrero de 2019).

A pesar de los retos que se les presenta en el desarrollo de esta propuesta se sigue apostando como un camino significativo en esta construcción colectiva. Lidiar con la complejidad y la diversidad de esta iniciativa de articulación en red a través de la reflexión y el entendimiento de quienes la integran, ensambla un sentido de pertenencia que incentiva la participación sostenida. Esto debido a que cada acción suma en este tejido. Ejemplo de este proceso de integración de decisiones tomadas son las expresiones colectivas que aparecen de manera espontánea, pero que llegan a permanecer en el tiempo, como por ejemplo, la ceremonia del bastón y el abrazo comunitario comentados con anterioridad. Empero se requiere de un compromiso más acuerpado que incentive que más personas se sumen a acciones específicas, para que dejen de ser pocos los y las que lleven adelante las demandas del movimiento a nivel latinoamericano.

La única manera que se puede empezar a tomar un posicionamiento distinto es haciendo, tomando protagonismo y consensuando con los compañeros y compañeras. Tomar la decisión de poner el cuerpo en algo y hacerlo. Muchos al inicio creímos que estaba en manos de unos pocos y nos dimos cuenta de que estábamos en manos de todos y todas (Vocera Organización Argentina para Sociedades Inclusivas (OASI). Moreno, Buenos Aires-Argentina. Conversación personal, 5 de junio de 2019).

Representación y representatividad para la acción colectiva

Este proceso de toma de decisiones colectivas como dispositivo más horizontal sugiere un replanteamiento de la representación, la representatividad y los liderazgos, cuestionados desde la lógica instalada. Esta dinámica propone una forma democrática alternativa que no le dé preponderancia a la toma de decisiones por medio de la representatividad. Desde el MLCVC se busca una nueva forma de interactuar con esos roles, de manera que se rompa con la necesidad de lograr acuerdos por mayoría y se cuestionen los liderazgos tradicionales como una manera de hacer efectiva la acción colectiva.

Ya no soy representante sino un vínculo. El consenso debería permitir fluir la información y no seguir lo que algunos deciden. La red debe permitir que ese flujo se dé. Eso pasa porque el representante va como líder y no como vínculo. Si mi función es vincular entonces la información la tengo que hacer llegar hacia ambos lados de la red (Vocera Fundación Keme. Costa Rica. Conversación personal, 5 de febrero de 2019).

Sin embargo, la representatividad como mecanismo de toma de decisiones en el sistema democrático tradicional está muy instalada y es difícil de sustituir por otros como el acá propuesto. Todavía para los Estados latinoamericano es necesario que la temática sea de un interés mayoritario para poder ser considerada de importancia y así lograr posicionarla dentro de la agenda de la política cultural. A su vez, la representación del país de origen de los distintos colectivos dentro del movimiento también es un tema delicado, ya que todavía no se cuenta con redes nacionales de CVC en todos los países de los colectivos participantes.

Aun así, desde esta iniciativa se sigue luchando por encontrar una forma de encarar la representación sin poner en riesgo los intereses de los propios colectivos locales. Algunos han optado por dejar de aspirar a una representación nacional, llamando a las personas voluntarias encargadas de asistir a los congresos como: vínculos, enlaces o referentes. De manera que no se les atribuye la voz de la red nacional de sus países sino su participación como voceros/as del movimiento responsables de conectar sus territorios con la red continental.

Es indudable que se está haciendo un esfuerzo desde la red continental por desaprender esta manera tradicional de toma de decisión colectiva y hacer más orgánica la propuesta de la deliberación y el consenso a través de procesos colectivos. Una manera de ello es la búsqueda de mecanismos que permitan sostener los acuerdos continentales alcanzados durante los congresos latinoamericanos, a través de una mejor distribución en el flujo de la información y la incorporación de nuevos colectivos que los acuerpen.

Cuando estamos hablando de un movimiento que busca alcanzar la representación nacional debe haber un esfuerzo de que haya la mayor diversidad de personas participando. Si vamos a las reuniones y somos los mismos algo está pasando. En todas las reuniones temáticas aparecemos los mismos, nos agotamos, la información no se baja. Entonces es un círculo vicioso porque la misma gente te dice que vayas porque sos el que sabe. Se empieza a legitimar el rol, entonces no estamos propiciando que otros se involucren. Propiciemos gente nueva, hagamos el esfuerzo de diversificar nuestros rostros en el espacio de CVC y lo digo porque es una queja común (Reunión vocerías movimiento CVC-Costa Rica. Realizada el 3 de marzo de 2017).

Se percibe como necesaria la depuración de ambos mecanismos dentro de la red. Tanto de cómo se asume la representación nacional dentro del movimiento y cómo se lidia con las demandas de que la lucha debe evidenciar representatividad nacional para ser tomada en cuenta a nivel político. Por otro lado, se sigue trabajando en la delimitación de las labores que deben asumir quienes asisten a los congresos latinoamericanos, para que ayuden a darle transparencia y credibilidad al proceso, al compartir la manera en que fueron tomadas las decisiones de la agenda común y traducirlas a las necesidades significativas de los propios territorios.

Agenda común y políticas culturales de base comunitaria

Como se detalló anteriormente, el movimiento se organiza a través de intercambios sistemáticos de articulación en red, que aquí llamamos congresos. Estos posibilitan una serie de espacios de discusión de distinta índole, con el propósito de constituir una agenda común como dispositivo de acción colectiva. A su vez, esta agenda incentiva la generación de productos culturales particulares que sugieren un sentido de identidad colectiva como parte de la construcción de una nueva institucionalidad desde abajo.

La agenda común como una fuerza de negociación permanente, repetible y en continuo crecimiento, es una herramienta construida para dar legitimidad y relevancia al discurso compartido. Es un ejemplo de creación cultural de estrategias de confrontación de sistemas hegemónicos desde abajo, más en este caso no contra hegemónicos en tanto proponen nuevas estrategias dentro del orden social establecido[5] (Williams, 2009).

Desde la visión de Comaroff y Comaroff (1986) esa hegemonía podría llegar a construirse desde la práctica cultural. Se parte de un hacer local en común, que ahora es vinculable con un discurso político desde la perspectiva de la gestión cultural latinoamericana. Es por esta razón, que es atrayente conocer distintas experiencias de organizaciones de base comunitaria que permitan comprender cómo esta dinámica es asimilada desde lo interno de manera creativa. Para ser parte de ese mundo se deben resaltar las diferencias (más que lo que tienen en común) o bien producirlas deliberadamente, fabricarlas (Comaroff y Comaroff, 2011).

A su vez, a partir de la vinculación de los distintos colectivos con el movimiento durante la participación en los congresos latinoamericanos y actividades afines, se incentiva un cambio en la orientación política de su hacer. Esto repercute en un discurso local propio pero vinculado con los intereses discutidos por quienes desean participar de esta iniciativa continental.

Políticas culturales en torno a la Cultura Viva Comunitaria

El éxito del Programa Puntos de Cultura como política cultural en Brasil, que reconocía lo comunitario como eje de desarrollo ciudadano y humano, evidenció que ese enfoque era apropiado para la realidad latinoamericana. También inspiró a la conformación de la iniciativa de CVC en la que se basa este trabajo. Esto no hubiera sido posible si Brasil no hubiera apostado a ese interés desde su Estado. Fue su vocación por compartir la experiencia y comprobar su éxito como política cultural, lo que estimuló que la comunidad latinoamericana se interesara y apostara desde distintos frentes al desarrollo de la CVC.

La conformación del sector de la cultura comunitaria tiene ya unos 20 años en nuestro continente. Tiene legitimidad no solamente porque existe un movimiento sino porque hay estados y políticas que reconocen a ese movimiento y eso ha hecho que crezcan algunas políticas de base comunitaria y estrategias comunes en algunos países como lo es la de Puntos de Cultura. Que se visibilice un nuevo actor social, que en Brasil se elaborara una metodología de trabajo vinculada a la creación de abajo hacia arriba, al apoyo de lo preexistente, son cuestiones que se van tomando en el resto de los países y se van transformando en políticas públicas. Ahí hay una vinculación clara entre un actor social organizado y un Estado que empieza a ver que sus políticas también tienen que ir destinadas a ese sujeto (Coordinador Programa Puntos de Cultura. Secretaría de Cultura de la Nación Argentina. Conversación personal, 11de abril de 2019).

Esto también incentivó una posterior vinculación desde los Estados a través del Programa IberCultura Viva, que desde la cooperación internacional no solo inició un apoyo acotado a experiencias en el plano de la cultura viva comunitaria, sino que a su vez generó un compromiso de implementación del Programa Puntos de Cultura en los países pertenecientes a la OEI. Así, países como Costa Rica y Argentina lograron instalar este programa, desde un alcance más limitado. Como programa de apoyo estatal pero con posibilidades a futuro de alimentar una política cultural como el caso de Brasil. Empero, no todos los países de Latinoamérica forman parte o se mantienen dentro de la OEI y eso ha permitido otras interpretaciones del alcance de la cultura viva comunitaria.

A continuación se detallan los programas comentados para la comprensión de su alcance.

Programa Puntos de Cultura

Puntos de Cultura es un programa estatal, anual, orientado al fortalecimiento de organizaciones, redes y espacios socioculturales vinculados con la promoción de la diversidad cultural, la economía social solidaria y la salvaguarda del patrimonio cultural. Está inspirado en el Programa Puntos de Cultura de Brasil, el cual motivó su reproducción en los distintos países pertenecientes a la OEI.

El Ministerio de Cultura de la Nación Argentina implementó en el año 2011, el Programa Puntos de Cultura. Esta iniciativa proponía fortalecer el trabajo de las organizaciones que promueven la inclusión social, la revalorización de la identidad local, el fomento de la participación ciudadana y el trabajo colectivo en red. La Red Nacional de Puntos de Cultura de Argentina[6] contaba con seiscientas setenta y siete organizaciones de CVC para el año 2019. Además, Argentina creó una Comisión Nacional de Puntos de Cultura, espacio de encuentro de los representantes de los nodos regionales del país y del Consejo Cultural Comunitario. Este último tiene como misión la articulación con la Dirección Nacional de Diversidad y Cultura Comunitaria a nivel nacional. Su principal objetivo es darle seguimiento al Plan Nacional de Cultura Comunitaria 2018-2028, dentro de la política estatal vigente.

Por otro lado, en Costa Rica es hasta el año 2015 que el Ministerio de Cultura y Juventud inició la implementación del programa anual Puntos de Cultura. Anterior a esta propuesta, desde la visión de la cultura popular, el Estado brindaba la opción de Becas Taller[7], para gestores y organizaciones que trabajan el campo de la cultura desde la visión del patrimonio cultural inmaterial. También se encuentra el Programa Nacional para el Desarrollo de las Artes Escénicas (Proartes), pero está dirigido a la promoción de las artes escénicas[8]. Puntos de Cultura viene a ser un aporte más específico para el fortalecimiento de las organizaciones comunitarias, redes y espacios socioculturales vinculados a la promoción de la diversidad cultural, la economía social solidaria y el patrimonio cultural y natural.

La perspectiva de regionalizar la visión de los “Puntos de Cultura” como política de cultura, está lejos de significar la traslación mecánica de un programa exitoso de un país a otros sin asumir las diferencias de contexto entre las distintas realidades. Por el contrario, implica el impulso de activar un dispositivo que recupere aspectos centrales de la construcción de ciudadanía, pero articulándolos desde una visión que incorpora la integración regional a partir de la necesidad de un nuevo vínculo entre lo político, lo comunitario y lo estatal.

Programa de Cultura Viva Comunitaria

A diferente escala que el Programa Puntos de Cultura, el Programa de Cultura Viva Comunitaria tiene como objetivo aportar a la democratización de los derechos culturales de la población. Esto a través del fortalecimiento de los grupos de Cultura Viva Comunitaria existentes, la recuperación de espacios públicos y el acceso a diferentes bienes y servicios culturales de la comunidad. En algunos casos de países con un territorio muy extenso, con diversidad de políticas culturales como Colombia o Perú, la proyección de una propuesta nacional no ha llegado aún a todo el territorio y se opta por apoyar Programas de Cultura Viva Comunitaria a nivel municipal o regional. Estos programas no funcionan con apoyo económico sino que buscan incidir de una manera más estructural, promoviendo la cultura viva desde y para la institucionalidad con programas de visibilización de la cultura comunitaria desde la activación de los barrios.

A pesar de que su base es la misma, el fomento del Programa Cultura Viva se proyecta de una manera más local. Es abordado desde la labor municipal y no está desarrollado como una política pública nacional como el caso del Programa Puntos de Cultura, que hasta la fecha tiene una forma y seguimiento concreto a nivel continental gracias al apoyo complementario del Programa IberCultura Viva.

Programa IberCultura Viva

El Programa IberCultura Viva está dirigido al fortalecimiento de las culturas de base comunitaria de los países iberoamericanos. Uno de sus principales objetivos es promover la creación de redes, alianzas e intercambios para la acción conjunta entre los diversos actores sociales y gubernamentales, propiciando el desarrollo de una cultura cooperativa, solidaria y transformadora. Está inspirado en el Programa Cultura Viva, creado en el año 2004, bajo la coordinación de la Secretaría de Ciudadanía y Diversidad Cultural y del Ministerio de Cultura de Brasil (y transformado en política de Estado en el año 2014, sanción de la Ley 13.018/2014). 

Es un modelo de política pública que tiene como finalidad fomentar y valorar circuitos culturales ya existentes por medio de acciones de articulación y de transferencia de recursos para organizaciones de la sociedad civil con acciones culturales, denominadas por el programa como Puntos de Cultura. Cada uno de los países miembro contribuye con una cuota anual establecida para la participación en el programa. Tanto Argentina como Costa Rica participan y Argentina precedió la presidencia del Programa IberCultura Viva, del periodo que va de junio de 2017 a junio de 2020. México atiende la presidencia hasta 2023.

La comunidad con eje articulador de la convivencia

A pesar de que el presupuesto estatal sigue siendo el soporte más importante del financiamiento de las políticas culturales en los países latinoamericanos, la gran creatividad y flexibilidad que los países han manifestado en los procesos de búsqueda, consolidación y apoyo financiero de las actividades culturales demuestra un camino compartido en el quehacer cultural. Especial significación han adquirido las instancias municipales y locales, así como sistemas autogestivos de financiamiento cultural desde la sociedad civil y desde la cooperación internacional. Estas evidencian un interés creciente en el papel que ha adquirido la cultura en los procesos de desarrollo comunitarios. Si bien al menos son muchos los actores que desde este frente pujan por lograr concretar la propuesta, el apoyo estatal es siempre bien recibido, aunque la acción colectiva no dependa de este.

El Programa IberCultura Viva tiene una fuerte vinculación con el movimiento. Tenemos una instancia de diálogo político con el sector y en cada uno de estos congresos definimos desde el Programa, hacer una reunión del Consejo, primero que todo para estar presentes y por otro lado, para tener un espacio de diálogo con las organizaciones en ese momento. (Coordinador Programa Puntos de Cultura. Secretaría de Cultura de la Nación Argentina. Conversación personal, 11 de abril de 2019).

Aunque programas estatales como los antes mencionados se instalen por decreto, se requiere de mayor voluntad política del gobierno de turno para ponerlos a andar. Por ejemplo, en Argentina, el Programa Puntos de Cultura que nace antes que el de Costa Rica, se ve perjudicado con el cambio de gobierno en el 2016 que lo desincentivó y degradó el Ministerio de Cultura a Secretaría de Cultura. Nuevamente, con el siguiente cambio de gobierno se vuelve a ascender con categoría de Ministerio. Este aspecto evidencia la fragilidad del sector cultura y las limitaciones para la ejecución de los distintos programas. Aunque se intenta consolidar esta lucha, es evidente la necesidad de generar estrategias y obtener leyes que apoyen el desarrollo cultural de las comunidades. Asimismo, es necesario que se depure la propuesta a partir de las posibilidades reales de cada país, para que así tenga sentido el apoyo a nivel latinoamericano.

La vinculación con los Estados en los casos de estudio a través de estos programas, ha generado una apertura hacia la propuesta de construcción de políticas culturales de base comunitaria, que propicien una relación distinta con las organizaciones culturales y artísticas de Latinoamérica. El movimiento latinoamericano CVC presenta muchas experiencias de organizaciones que se han vinculado con estos programas exitosamente. Esto les ha sumado recursos a proyectos específicos, facilitado la movilidad, ampliado la representatividad y formado parte de procesos institucionalizados de consulta ciudadana.

La participación de colectivos se da para visibilizar, viabilizar y legitimar demandas comunitarias. Es un primer paso de muchos que se deben dar para que a la CVC se le asignen las condiciones y/o las retribuciones adecuadas para asegurar su sostenibilidad a largo plazo. En el marco de la expansión de internet y la convergencia digital actuales, se agudiza la confluencia empírica entre la cultura y la política. El desafío contemporáneo es repensar esos límites y los problemas comunes en un sentido funcional u operativo de cultura.

Esta propuesta se operacionaliza en la práctica a través de la reinterpretación en territorio de los ideales discutidos en el plano de los CLCVC y según las posibilidades de cada contexto. Es así como en el capítulo siguiente se expone lo referente a la puesta en acción colectiva de lo convenido por el MLCVC, por parte de colectivos comunitarios tanto en Argentina como en Costa Rica.


  1. Palabra en lengua Aymara utilizada para expresar aprobación. Supone la adhesión y compromiso de quienes participan en el acto o en la decisión.
  2. Buen Vivir o Sumac Kawsay de los pueblos andinos del Ecuador, el Suma Qamaña de los aymaras en Bolivia, el Ñandé Reco de los guaraníes, el Küme Mogen de los mapuches, el Utz K’aslemal del pueblo maya k’iché, el Jlekilaltik de los Tojolabales y el Lekil Kuxlejal de Tzeltales y Tzotziles de la sierra chiapaneca (Chiapas, México), entre otros.
  3. “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”(artículo 27, Declaración Universal de Derechos Humanos).
  4. Estos se detallan más adelante.
  5. Williams presta interés en el vínculo entre procesos sociales y emergencia de fenómenos culturales como una manera de distinguir entre fenómenos nuevos de los contra hegemónicos.
  6. https://puntos.cultura.gob.ar
  7. https://www.dircultura.go.cr/programas/becas-taller
  8. El Programa Nacional para el Desarrollo de las Artes Escénicas, dirigido a grupos independientes costarricense enfocados en las distintas ramas artísticas danza, teatro, música y producción audiovisual. Creada en el 2007 por Decreto Ejecutivo Nº 33925-C, como unidad presupuestaria del Teatro Popular Melico Salazar. https://si.cultura.cr/agrupaciones-y-organizaciones/proartes.html


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