A continuación se presentan los principales hallazgos e interrogantes que surgen de la discusión desarrollada a partir del análisis de la acción colectiva del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria y de la articulación de sus redes de Cultura Viva Comunitaria en los casos de Costa Rica y Argentina.
El abordaje de la propuesta de construcción de políticas culturales de base comunitaria evidencia la imperante demanda de distintos colectivos culturales y artísticos de la sociedad civil, para que los Estados latinoamericanos amplíen la sombrilla que cobija a las expresiones culturales. Esto en miras de incluir a nuevos colectivos culturales y artísticos anteriormente invisibilizados.
La presión del sistema capitalista y de los gobiernos de corte liberal a los Estados latinoamericanos, busca disminuir las responsabilidades para con los ciudadanos y ciudadanas. No obstante, la realidad es que el proyecto democrático sigue liderando el desarrollo de la mayoría de países latinoamericanos. En ese sentido, se ha despertado la necesidad de exigir que los Estados garanticen el ejercicio de los derechos culturales. Esto como una manera de recordarles su compromiso vigente para con la sociedad civil y la urgencia en la atención de sectores de la sociedad regularmente desatendidos y desfalcados, como ha sido históricamente el caso del sector cultura[1].
Una de esas fuerzas en esa línea es la del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria y de los colectivos que lo conforman, los cuales, durante el tiempo que han sido excluidos, han encontrado una manera de accionar autogestivamente y de aportar en el crecimiento de sus comunidades a través de la gestión cultural. En el caso de este movimiento cultural en cuestión, el trabajo en red les ha permitido compartir y validar su labor, así como reflexionar sobre la importancia de establecer mecanismos de diálogo con los diferentes Estados, que estimule y posibilite el deseo de trabajar en equipo.
A través de plataformas ya establecidas a nivel gubernamental a lo largo de Latinoamérica, como en los casos del Programa IberCultura Viva y los Programas Puntos de Cultura, se han reforzado estos vínculos y se ha comprobado su pertinencia. Sin embargo, todavía falta mucho, dado que no se trata solo de captar recursos de los Estados, sino que estos, a través de sus distintas administraciones, incorporen los saberes y demandas de estos sectores para que el planeamiento y ejecución de las políticas sea llevado de manera conjunta.
Es así como la propuesta de acción colectiva del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria busca ampliar los alcances de la democracia tradicional hacia una democracia cultural en red cuya propuesta contrademocrática perfile un rol ampliado para la ciudadanía. Este cambio de mirada implica un ejercicio de la ciudadanía más activo, participativo y pendiente de la rendición de cuentas de las distintas administraciones. Lo que también se dirige a la resignificación de la labor de los Estados como hacedores de políticas públicas. Esto en miras de implementar mecanismos de diálogo mucho más horizontales, donde sean los ciudadanos y ciudadanas quienes decidan el tipo de consumo cultural que desean realizar y las administraciones cumplan un rol de facilitadoras de esos procesos.
Esta construcción desde abajo garantiza la participación de grupos excluidos y redirecciona las políticas culturales hacia la línea del desarrollo humano, al optimizar recursos y canalizar la fuerza humana que puede accionar desde los saberes de sus propios contextos. Porque no se trata únicamente de exigir a los Estados el cumplimiento de sus compromisos legales, sino también de replantear la relación con la ciudadanía. De manera que ambas partes se reconozcan en sus posibilidades, limitaciones y puedan accionar desde ahí sus luchas en común.
La acción colectiva del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria está dirigida hacia la incidencia política en torno a la demanda de creación de una Ley General de Cultura que tome en cuenta las expresiones de Cultura Viva. Su propuesta inicial es que dicha ley asigne 0.1% del presupuesto nacional para cultura y 0.01% para proyectos de CVC. Sin embargo, debido a las condiciones económicas y sociales de los países en cuestión, es poco probable que esta propuesta logre concretarse tal cual.
En los casos analizados de Costa Rica y Argentina se cuenta con el interés de las instituciones competentes para apoyar a futuro el diseño de políticas culturales de base comunitaria. Eso siempre desde los términos y posibilidades que sostienen estos respectivos Estados, pero con la consideración de incluir las demandas y sugerencias de los colectivos dentro del MLCVC. Esta apertura inicial de los Ministerios de Cultura y gobiernos locales de ambos países, así como la movilización generada por esta iniciativa a nivel Latinoamericano, han incentivado esfuerzos exitosos y significativos en torno a la creación de políticas de cultura ahora con un enfoque local.
Ejemplo de este bienaventurado giro es el caso expuesto de la Fundación Keme de Costa Rica, cuya labor como vínculo entre la comunidad y la Municipalidad de Alajuelita potenció la creación del Plan Operativo para la Política de Derechos Culturales para el cantón. Esta experiencia no solo marcará un precedente a nivel nacional sino que será relevante para todo el MLCVC, ya que muestra un camino plausible a seguir e inspirado en la lucha sugerida en el ámbito latinoamericano. Será un privilegio poder darle seguimiento y ver su alcance real con el paso del tiempo.
También el caso del Colectivo Yarä Kanic, cuya articulación contribuyó en la construcción del vínculo entre comunidad e institución pública. Este proyecto ha potenciado una gestión del agua con incidencia en las prácticas culturales de la comunidad. Lo que demuestra el alcance de la cultura viva comunitaria como eje promotor del desarrollo.
El aporte de la Cultura Viva Comunitaria inicialmente como base de la gestión cultural y posteriormente como propuesta para la construcción de políticas culturales, ha sido reinterpretado en muchos sentidos. Tal y como se mostró en el caso del Grupo de Teatro Catalinas Sur en Buenos Aires, que no solo representa un hito en el ser comunitario argentino, sino que su experiencia y la de todo el gremio de teatro comunitario en Argentina, ha contribuido en la propuesta de creación de las redes nacionales que nutren la iniciativa del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria desde la práctica.
También la participación del Espacio Cultural y Biblioteca Popular “La Escuelita”, en Miramar de Córdoba, cuyo interés por el MLCVC los llevó a pensarse ya no de manera local sino desde el ámbito continental. Esto los impulsó a poner a disposición de la organización del IV Congreso Latinoamericano de Cultura Viva Comunitaria su territorio, sus capacidades humanas y materiales con el deseo de que este sueño latinoamericano les ayudará a articular a nivel regional. Este esfuerzo resultó en la consolidación de la Red de Cultura Viva Comunitaria del Este Cordobés.
La articulación de la red continental a través de la participación en los congresos latinoamericanos es una estrategia de acción colectiva muy efectiva, así como el intercambio de experiencias, la vinculación al movimiento desde el componente comunitario y el deseo de trazar rutas de acción colectiva en el ámbito continental y a partir del desarrollo de temáticas específicas. Esto evidencia una voluntad por establecer puntos en común para dirigir su lucha y encontrar estrategias de apoyo por parte de los Estados.
El acompañamiento a través de medios virtuales como parte de la continuidad en el entramado de la red, crea una nueva sociabilidad de apoyo. Así se potencia un intercambio horizontal de la información y una oportunidad para la difusión de sus luchas comunes. En esa línea, la producción de conocimiento orientada al gremio a través de estrategias como el mapeo colectivo, busca contar con más herramientas de articulación entre colectivos y reconocimiento entre los gobiernos locales.
La operativización de la acción colectiva a través de una agenda común a nivel latinoamericano, traza un camino que puede ser recorrido de distintas maneras. La toma de decisiones colectivas dentro del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria por medio de mecanismos como la deliberación y el consenso, es una manera de legitimar la agenda común y de sugerir otros procedimientos democráticos más inclusivos, horizontales y vinculantes con la acción colectiva que le da vida a esta propuesta. En ese sentido, no es solo que cada acción sume, sino que cada acción está pensada en beneficio de todos y todas dentro del tejido.
Esta base identitaria parte del ser latinoamericano, fundamentado en los principios del Buen Vivir como propuesta orgánica de trabajo comunitario. Es por esta razón que los acuerdos colectivos alcanzados por medio de la deliberación y el consenso son los responsables de que la acción colectiva adquiera un carácter transnacional. Este mecanismo de toma de decisiones logra establecer un compromiso horizontal y real de quienes accionan dentro del movimiento. Este aspecto no es menor, en cuanto se desea generar una cohesión que impulse acciones comprometidas, vinculadas con la propuesta política y con un alcance que resuene fuera de sus propios territorios.
La vinculación que potencia la red continental a través de intereses temáticos específicos dirigidos en los Círculos de la Palabra, incentiva una conexión continental-local, donde las estrategias pensadas en el ámbito transnacional son ejecutadas en el ámbito local y nacional. Esto potencia un rango de acción más cercano a los intereses y experiencias de cada colectivo pero con consciencia de la dimensión regional y continental[2]. Es así como su mirada hacia Latinoamérica como región se fortalece y permanece en todos los ámbitos de acción colectiva a nivel local, nacional y continental.
El reconocimiento que brinda la red continental en territorio, cuando organizaciones territoriales se presentan bajo su amparo ante los gobiernos locales; es fundamental para el empoderamiento de las organizaciones, ya que se sienten acuerpadas y en capacidad de demandar y asumir acciones concretas en nombre del movimiento. Esto ha modificado la relación que se tenía con los gobiernos locales y ha proyectado el trabajo local en sintonía con el sentir de la red continental, pues al contar con un carácter continental resultan de mayor interés para los y las jerarcas de instituciones públicas.
Por otro lado, la red continental no tiene independencia financiera sino que son los recursos de las organizaciones comunitarias locales los que se destinan para alimentar las acciones del movimiento. Por esta razón se considera necesario plantear una manera de lograr la sostenibilidad de la propuesta para que las acciones colectivas continentales no se traduzcan únicamente en los congresos latinoamericanos. A pesar de que se cuenta con recursos de distintas procedencias, el apoyo del Programa IberCultura Viva es uno de los más significativos en la organización de los congresos latinoamericanos. Si bien es un buen aliado, no se debería depender de este para reactivar la red.
En cuanto a la relación entre las dinámicas culturales territoriales y la conexión transnacional que se genera a partir de la acción colectiva en las redes en los dos países analizados, se reflexionó sobre los siguientes aspectos a resaltar: se evidenciaron problemas en la organización interna en ambas redes analizadas en temas referentes a la representación y participación. No solo es dificultoso mantener la constancia en la participación dentro de las redes nacionales, sino que se obstaculiza sumar más colectivos cuando la propuesta se intenta construir desde el ámbito nacional.
Esta presión la ejercen ambos ministerios de cultura, tanto en Costa Rica como en Argentina, que requieren de una participación representativa a nivel nacional para considerarlas como actores políticos con los que se deba dialogar. Esto impulsa la necesidad de la conformación de una red nacional más allá del interés de los mismos colectivos por conformarla.
Por esta razón es que todavía no se ha logrado establecer un diálogo verdadero con las administraciones actuales de ambos países de interés, para poder trabajar en conjunto la formulación de una ley de cultura. La comunicación se ve constantemente fragmentada, ya que falta compromiso por parte de los colectivos que participan en las redes, quienes se ven reticentes a los procedimientos que demandan los Ministerios para el diálogo con los distintos sectores socioculturales. A su vez, hay carencias en la administración pública que no se han atendido a tiempo y que no contemplan las particularidades de las colectividades que pertenecen a este movimiento cultural.
Esto ha generado una ruptura en el consenso de la concepción de las políticas culturales entre Estado y sociedad. Lo que coloca por un lado a la gestión comunitaria y por otro, al lugar institucional donde se ubica a la cultura. Si bien se evidencia presencia de hegemonías claras dentro del Movimiento Latinoamericano Cultura Viva Comunitaria, lamentablemente no siempre son sinérgicas, lo que genera conflicto dentro de la red y debilita los procesos de vinculación de las redes con sus respectivos Estados.
Más allá de las dificultades que se presentan en el desarrollo y consolidación de las redes analizadas tanto las nacionales como la continental, el significado cultural que se le atribuye a esta vinculación en términos de acción colectiva tiene que ver con la conexión transnacional que se genera con la propuesta de este movimiento cultural y que ayuda a sostener los procesos comunitarios más allá de los límites en la concepción de Estado-Nación.
Esto debido a que el alcance de la red trasciende las fronteras y se posiciona en territorio desde las temáticas de interés de los colectivos que participan, no desde la construcción de un proyecto nacional. Aun así falta claridad en cómo otorgarle un contenido político a las acciones locales para lograr incidencia en la gestión pública. Muchas organizaciones siguen pensando que su incidencia se ve reflejada a través de la trayectoria y arraigo de sus organizaciones comunitarias[3].
Por otro lado, los programas estatales de apoyo a la cultura cuentan con poco personal y recursos económicos para poder profundizar en los procesos solicitados. Tanto en el Programa Puntos de Cultura como en el Programa IberCultura Viva se han establecido mecanismos de evaluación y seguimiento de los proyectos que amparan. Sin embargo, dichos programas siempre se valoran desde el impacto económico y el alcance de población a nivel cuantitativo. El énfasis de las organizaciones de cultura viva comunitaria muchas veces es percibido más desde el alcance cualitativo de sus prácticas, las cuales buscan visibilizar la diversidad de los grupos minoritarios, el alcance de sus gestiones comunitarias y el entramado cultura que se teje a raíz de sus acciones colectivas.
El aporte de lo comunitario en este caso va más allá de la red. No es el rescate de la tradición popular lo que interesa dignificar, sino es la resignificación de lo comunitario como eje de desarrollo y el potencial del componente cultural y artístico en las iniciativas comunitarias. La propuesta de política cultural adquiere relevancia ya que el abordaje de la cultura viva en comunidad ha demostrado estar acorde a la realidad de las sociedades latinoamericanas y ser apropiado para el reconocimiento de la diversidad cultural y desarrollo de los pueblos. Los actores sociales accionan en función de otros, lo que propicia una reasociación y reensamblado de lo propio en miras de la construcción de acciones colectivas conectadas y conscientes de las posibilidades de la dinámica en red.
La creación de ciertos productos culturales en nombre del MLCVC, puede valorarse como una estrategia para institucionalizar la propuesta cultural. La legitimación de ciertas pautas en común potencia un nuevo intercambio, uno que anteriormente no era posible o estaba supeditado a contextos periféricos y con limitado alcance territorial.
Esta propuesta de comunidad continental en red está todavía en construcción. Pero su análisis evidencia su potencial para ser valorada como una apuesta hacia la democracia cultural. A su vez, el accionar a través del arte y la cultura para la transformación social, revaloriza la cultura como aliada en el desarrollo de las sociedades latinoamericanas, ya que resalta el aporte de su vinculación desde una visión comunitaria compartida.
Después de profundizar en el análisis de la relación entre las dinámicas culturales territoriales y la conexión transnacional que se genera en torno a la acción colectiva del movimiento latinoamericano Cultura Viva Comunitaria, en los casos de la Red Costarricense de Culturas Vivas Comunitarias y la Red Argentina por la Cultura Viva Comunitaria, se resuelven muchas incógnitas en torno al potencial de esta propuesta de acción colectiva. Sin embargo, surgen nuevas preguntas en torno a las posibilidades reales de accionar mecanismos de negociación y diálogo con los Estados independientemente de las distintas administraciones.
Si bien se han esclarecido varios de los alcances desde la sociedad civil, todavía queda la interrogante: ¿por qué los Estados son tan resistentes a adaptarse a las necesidades de los gremios que atienden y son incapaces de generar nuevas competencias en torno a los retos que se señalan en la gestión del sector cultura?
Además si el presupuesto estatal no es una limitante real en la gestión de la cultura viva comunitaria, dado que se ha podido desarrollar sin su contribución, ¿por qué se hace tan difícil articular las voluntades de quienes se interesan por darle un sentido político a sus acciones cotidianas en territorio? Esto no solo desde el bloqueo que fomentan las instituciones públicas a través de sus cuestionables “mecanismos de diálogo”, sino de los propios actores sociales que llegan a formar parte de las instituciones públicas y no logran accionar cambios significativos a favor del sector que representan.
Todavía falta comprender mejor la razón por la cual se les dificulta a estos colectivos de la sociedad civil el abordaje de su labor en términos de política cultural, cuando no son ajenos a la gestión cultural. Puede ser porque se produce una contradicción entre colectivos que se autoperciben como parte de la resistencia, sin ser efectivamente resistentes ni resilientes. Por un lado, desean el apoyo de sus respectivos Estados, por otro, quieren que sea en sus propios términos.
A su vez, las estructuras rígidas de los Estados impiden cambios orgánicos y exigen seguir sus lineamientos para entablar el diálogo. Esta tensión todavía no está resuelta y evidencia cómo las concepciones de la gestión pública en algunas ocasiones son impuestas como referencia a una realidad que no les corresponde. Se demuestra una carencia en el abordaje de la socialización de las políticas públicas, que produce una fragmentación en el diálogo entre Estado y colectividades, dado que instituye procedimientos que no favorecen a ninguna de las partes. Es por esa razón que se origina una desvinculación con las colectividades que no les posibilita ser incluidas.
Es necesario replantearse el lugar institucional de la cultura actualmente. Con el fin de determinar las posibilidades reales de su incidencia dentro del plano de las políticas públicas. Desde el MLCVC, su incidencia política en cada país se verá condicionada por la maduración que logre en sus respectivas redes la propuesta política. Si bien todavía se está lejos de alcanzar la meta, la articulación a partir esta ha generado un reconocimiento del gremio en términos continentales y una validación de sus prácticas en territorio lo suficientemente fundamentada como para cimentar una propuesta de política cultural que incorpore otras demandas, y estipule la caracterización del sector cultura según las condiciones actuales.
Existen sectores culturales cuyo conocimiento se ha ignorado o se ha perdido y hasta ahora se está recuperando. Por tanto, se habla de la urgencia de construir otro tipo de relaciones a las que se han mantenido con anterioridad. También se habla de abrirse a nuevas posibilidades, donde la discusión de posiciones contrarias no sea vista como disputa sino como camino para reconocer la diversidad cultural, para que se pueda pensar en el mundo en función de todos y todas, sin dejar de lado las minorías y las poblaciones diversas. Se contempla esta visión sin la necesidad de imponer visiones mayoritarias para elegir tendencias, sino de construir soluciones en común para el bienestar de los distintos sectores involucrados.
Ese reconocimiento de la diversidad cultural y de la necesidad de responder a las demandas de las minorías es una propuesta que discute la visión tradicional de la democracia instalada. Esta no sucumbe del todo ante las políticas liberales pero tampoco fomenta otras formas de proximidad. Ese lugar de convergencia debe ser ensamblado de alguna manera. Todavía hay una esperanza en el modelo democrático. Bajo su amparo han surgido iniciativas como la del MLCVC, donde a partir de su propuesta se han reinterpretado y pasado por el cuerpo nuevas estrategias de toma decisiones, evidenciando un valor intrínseco.
Los Estados, como las instituciones permanentes que hacen que un gobierno funcione, deben velar por la instalación de políticas culturales de base comunitaria como la que acá se discute. Es fundamental que se respalde a este sector de la sociedad y que este apoyo perdure en el tiempo independientemente de quiénes estén a cargo.
El planteamiento propone la resolución de carencias estructurales que no han sido abordadas por otras propuestas de construcción de políticas culturales. Estas han omitido la participación asertiva de la ciudadanía y utilizan la consulta popular en función de sus propios intereses. Así, se deja por fuera a poblaciones minoritarias dentro de su incidencia. Tampoco las políticas culturales suelen ser formuladas desde la práctica ni basadas en las competencias de quienes van dirigidas. Aspectos fundamentales que deben ser reconsiderados dentro de las demandas actuales.
La estrategia que ha utilizado el MLCVC para darle visibilidad a su lucha y sumar apoyo ha sido la articulación en red a nivel continental en distintas escalas. Esto ha generado una acción colectiva transnacional, en el sentido de que no es exclusiva del contexto donde se realiza sino que busca proyectarse más allá del propio territorio[4].
La relación entre las dinámicas culturales en territorio y la conexión transnacional que se genera en torno a la acción colectiva propuesta por esta iniciativa, está dirigida a brindar un panorama regional que opera a partir de diferentes marcos de referencia. Por un lado, identifica una cultura transnacional que acciona de manera similar independientemente del contexto de origen y que se ve convocada a través de los CLCVC. Por otro, se nutre de las diferencias y particularidades de la propuesta de acción en territorio, que responden a su vinculación con un tipo de sociedad en específico, para renovar constantemente la propuesta, generar alianzas y entablar una discusión en torno a los puntos en común.
En los casos de la Red Costarricense de Culturas Vivas Comunitarias y la Red Argentina por la Cultura Viva Comunitaria, su estudio permitió la comprensión del alcance de esta iniciativa. Así pues, el acompañamiento del movimiento ha fomentado el empoderamiento de colectivos, ahora amparados con una propuesta de política cultural que les incentiva a proponer sus propios procesos y reinterpretar las pautas según sus posibilidades.
También la red de articulación virtual que se mantiene después de los CLCVC, ha incentivado el constante intercambio de saberes y experiencias en función de repensarse dentro y fuera de su territorio. Esta apertura orgánica, muy bien acogida por sus integrantes, va más allá de ser beneficiosa en términos prácticos ya que ha tenido un impacto muy fuerte a nivel afectivo. Esto porque ha servido como una red solidaria de contención, donde se han formado vínculos fuertes que se renuevan con cada encuentro durante los congresos latinoamericanos. Se destaca el acuerpar con cariño cada una de las luchas, por el interés de conocer a las personas detrás de las iniciativas, por la discusión en conjunto más allá de la presencia física.
Este aprendizaje significativo que ha fomentado la articulación en red es talvez el mayor aporte del MLCVC, ya que su estudio resalta la relevancia del principio del compromiso para la acción colectiva. Dicho compromiso debe ser compartido por todos y todas con responsabilidad y entusiasmo, nos habla de cómo no debemos perder el lado humano de la gestión cultural detrás de las políticas públicas. No solo se requiere de la voluntad de quienes lideran los espacios institucionales, sino de la voluntad de la ciudadanía para exigir una relación directa y personal con los Estados.
- Esta urgencia se vio incrementada a raíz de la crisis sanitaria debido al COVID-19, donde el aislamiento preventivo y la nueva socialización virtual han mermado la actividad mundial del sector cultural y artístico, lo que pauperizó sus condiciones de vida. En el caso de Costa Rica, en años anteriores ya se habían ejecutado recortes cuantiosos al ínfimo presupuesto asignado para cultura. Con la pandemia el mismo gremio ha concientizado la importancia de los programas de subsidios ya existentes, que solo albergan a un sector y que en el caso de Costa Rica, fueron de los pocos apoyos en arte y cultura que han mantenido una parte del gremio a flote durante los años 2020 y 2021.↵
- La mirada transnacional no se enfoca en pensar en la realidad del resto de países latinoamericanos en relación con el propio país, sino de implementar en el territorio acciones acordadas en conjunto por colectivos de otras latitudes, con otras perspectivas y realidades para hacerlas propias.↵
- En algunos casos hay un desconocimiento de cuál es el procedimiento para presentar una demanda ante un ministerio o institución pública y se considera que el arraigo a la comunidad es suficiente para hacer valer la demanda. Se da el caso de personas vinculadas con partidos políticos cuya participación es cuestionada ya que se ha hecho énfasis a nivel del movimiento latinoamericano de no tomar la postura de ningún partido político sino de articular con las respectivas administraciones independientemente del color del partido en el gobierno. ↵
- Es decir, que sea ejecutada en más de un territorio, que sea apoyada desde otros contextos, que pueda difundirse en otras esferas más allá de las propias de los colectivos y gracias a la participación en el MLCVC.↵







