Nuestros cursos:

Nuestros cursos:

Estela de Carlotto[1]

Foto en blanco y negro de una persona con un suéter de color gris  Descripción generada automáticamente con confianza baja

Entrevistadoras: Carla Villalta y Soledad Gesteira.

Estela Barnes de Carlotto nació el 22 de octubre de 1930. Fue maestra de grado y directora de escuela en La Plata, donde reside en la actualidad. Es presidenta de la asociación Abuelas de Plaza de Mayo y fue una de sus fundadoras en 1977.

Tuvo cuatros hijos. La mayor, Laura Estela Carlotto, estudiaba Historia en la Universidad Nacional de La Plata, militaba en Montoneros y fue secuestrada y desaparecida durante la última dictadura militar argentina (1976-1983). La última vez que Estela tuvo contacto con ella fue el 16 de noviembre de 1977, cuando la llamó a la escuela donde trabajaba. Laura estuvo detenida en el Centro Clandestino de Detención La Cacha. Por relatos de sobrevivientes su familia pudo saber que tuvo a su hijo engrillada y encapuchada, y que le susurró al oído el nombre que había elegido para él: “Guido, como tu abuelo”. Estela buscó incansablemente a Laura y a su nieto quien, después de realizarse un análisis de ADN de forma voluntaria, el 5 de agosto de 2014 pudo encontrarse con su familia. Es el nieto recuperado 114 por las Abuelas de Plaza de Mayo.

Estela ha dedicado su vida a la búsqueda de las niñas y niños desaparecidos y es una referente sobre derecho a la identidad en todo el mundo. Por su destacaba labor recibió distintos premios y reconocimientos, entre ellos el premio Félix Houphouët-Boigny de la UNESCO y el premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas.

Y fue salir a enfrentar esa infamia

En mi caso particular yo fui maestra y mi contacto era con los niños. Yo creo que tácitamente desde las maestras de entonces se reconocía el valor del niño y el respeto al niño, el acompañamiento de sus tiempos, de sus formas. A mí me tocó trabajar en una escuelita muy humilde, lo cual me permitió el disfrute de chicos muy sencillos, muy necesitados de afecto. Necesitados también de una vida un poco más generosa porque algunos vivían muy mal, no venían porque no tenían calzado, no tenían nada. El ocuparme de eso, bueno, yo creo que en lo que a mí respecta, o sea mi inclinación por todo lo que sea la infancia, viene de que siempre quise a los niños, siempre quise a los niños. Tuve cuatro hijos, lo cual era bastante bravo en esa época, y trabajé, que también fue un desafío generacional. Las mujeres de esa época desafiamos también el no quedarnos en la casa. Ya nuestros compañeros no nos pedían que nos quedemos y nosotras no nos íbamos a quedar. Mi mamá nunca trabajó porque mi papá no quiso. Entonces nosotras transgredimos eso, y después, bueno, la transgresión siguiente fue cuando nos tocó en la dictadura la desaparición de nuestros hijos y nuestros nietos, y fue salir, salir a enfrentar esa infamia. ¿Y qué pasó? Ahí se combina el amor al hijo o hija, pero también al nieto. Y la búsqueda y la experiencia de lo que era que te roben un nieto, tener que buscarlo. Desde ya, particularmente, creo que cualquier mujer haría lo que hicimos nosotras. Nosotras tuvimos la gran idea de juntarnos. Esa fue una idea fantástica, porque solas no hubiéramos conseguido nada. La dispersión, el cansancio y un montón de cosas más. Yo digo cuando voy a las escuelas: “Miren que no éramos ningunas señoras que jugábamos a las cartas y que dijimos ¡ay, vamos a hacer tal cosa!” No, no nos conocíamos, teníamos religiones y tenemos diferentes pensamientos, ideologías diferentes, estatus también, posturas políticas también. Pero hay algo muy, yo digo, un tronco fuerte de unidad que va a hacer que no nos separemos jamás, hasta que llegue la muerte, que es el amor por los hijos. A los hijos uno los cría, los trae al mundo, y ahí está, ahí está el amor a la infancia, de dar todo lo que un niño necesita, empezando por el amor y después todo lo que le haga falta para ser feliz, para disfrutar. Así que bueno, entonces hay como una predisposición natural al buscar a nuestros nietos. El pensar en ellos, ¿cómo estarían? ¿con quién estarían? Y a medida que íbamos encontrando, sobre todo a los que tenían identidad previa al secuestro porque había un dato, había un rostrito, había un documento, la abuela lo recordaba y podía señalarlo. No existía el Banco Nacional de Datos Genéticos, había que decirle al juez: “Sí, es este por esto, mire la foto”, y llevarle la foto de que era la abuela. Y todo ese afecto llevó a que, en el advenimiento de la democracia, se nos invitara a participar en los artículos de la Convención.

im2 cap1

Las Abuelas reclamando por sus nietos y enfrentando al poder dictatorial que negaba la existencia de los desaparecidos. 24 de marzo de 1980.
Gentileza del archivo de Abuelas de Plaza de Mayo.

Los tres se conjugan entre sí, los tres artículos, y de ahí se llamaron argentinos porque todos se enteraron de que vinieron de acá

El gobierno de Alfonsín nos invitó a participar con ellos en la letra de los artículos de la Convención. Leandro Despouy fue uno de los que nos invitó y con quien estuvimos, lo mismo con Dante Caputo. Nosotras íbamos a tener reuniones con ellos y a ayudar en la Convención sobre los Derechos del Niño, todos los derechos de los niños que son muchos, pero nosotras estábamos abocadas al tema de que ellos fueron robados. Al robarlos se les robó su identidad.

Entonces fundamentalmente nosotros propiciamos hacer la letra de algo referente al derecho del niño a tener a su papá, a su mamá, a vivir con su familia, a criarse con su familia, salvo situaciones especiales que pueden ser muy desgraciadas.

Y ahí empezamos a delinear entre las abuelas la letra de esos que fueron tres artículos: el 7, el 8 y el 11, que después se llamaron argentinos por esto de que tratan específicamente del derecho a la identidad. Entonces, al leerlos vemos que nosotros prevemos la restitución de esos chicos a su familia biológica aun habiendo sido sacados del país, y en caso de encontrarlos el país donde están residiendo ilegalmente tiene la obligación de devolverlos al país de origen para que estén con su familia verdadera. Los tres se conjugan entre sí, los tres artículos, y de ahí se llamaron argentinos porque todos se enteraron de que vinieron de acá. Bueno, cuando las Naciones Unidas propicia una Convención no es fácil, lleva años, lleva años. Ahí muchos trabajaron. Así que bueno, tardan años, tardan muchos años y, bueno, por fin la aprobación.

Nosotras íbamos, como seguimos haciendo ahora, haciendo cosas distintas, usando la oportunidad, la novedad, lo moderno, lo posible. Todo siempre… Una puertita se abre y ahí entrábamos

Ahora, la comunicación no era solo con el gobierno. Antes de que llegara la democracia, nosotras ya estábamos viajando a Naciones Unidas. Ya estábamos teniendo reuniones en las Asambleas Generales. Pero para participar, tomar parte y uso de la palabra, para eso había que tener estatus consultivo y Abuelas no lo tenía porque había una exigencia extrema de tener a alguien ahí permanente, y nosotros no teníamos medios, no teníamos nada, íbamos horadando la piedra. O sea, nosotras íbamos, como seguimos haciendo ahora, haciendo cosas distintas, usando la oportunidad, la novedad, lo moderno, lo posible. Todo siempre… Una puertita se abre y ahí entrábamos. En cambio, sí era miembro consultivo FEDEFAM que es una organización de Latinoamérica donde están todos los familiares. Las Abuelas somos fundadoras de FEDEFAM. Nos reunimos en Venezuela, en Caracas, y ahí nace este deseo de constituir un organismo latinoamericano. Entonces todos los países ya tenían movimientos sobre todo de mujeres buscando a sus desaparecidos, sus asesinados, con diferentes situaciones. Guatemala, El Salvador, Honduras, Chile, Paraguay, Uruguay: todos, todos tuvimos dictaduras simultáneas. FEDEFAM sí tenía estatus, entonces a veces nosotras podíamos… Pero ya lo usaba FEDEFAM el espacio. Y una vez que uno estaba en la Asamblea General con el tema de los desaparecidos, se hablaba una vez nada más, o sea hablaban ellos. Pero estando allá también fuimos haciendo amigos. Y teníamos un organismo, la Unión Fraternal entre las Razas y los Pueblos, se llamaba así, UFER. Y Eya Nchama, que era uno de los directivos de ahí, él decía: “Yo les cedo mi espacio”. O sea que hablábamos como UFER, pero éramos las Abuelas de Plaza de Mayo. Empezamos teniendo veinte minutos de exposición, que es mucho. Ahí están todos los países miembros, son asambleas muy acompañadas por la población afectada en sus derechos humanos. Y entonces venían de todo el mundo, o sea que uno conocía no solo latinoamericanos sino del mundo entero, que tenían también las mismas situaciones emergentes. Y claro, cada vez eran más los organismos que venían a hacer uso de la palabra y a integrarse y fueron bajando los tiempos de exposición. Así que al final quedábamos en que teníamos creo que cinco minutos, con lo cual era para decir “hola y chau”, nada más. Pero sí teníamos entrenamiento, sí, sí, porque llegábamos en tiempo y forma a poder decir todo en esos minutos, y lo más importante era que pegara fuerte, ¿no?

Personas sentadas en una mesa  Descripción generada automáticamente con confianza media

Las abuelas Chicha Mariani y Estela de Carlotto con Eya Nchama en una Asamblea General de Naciones Unidas. 1983.
Gentileza del archivo de Abuelas de Plaza de Mayo.

Además, bueno, contribuimos mucho a la formación del grupo de trabajo para personas desaparecidas. Abuelas íbamos con Familiares, con Madres, la Asamblea también; éramos grupos de derechos humanos de acá que íbamos para allá. Tal es así que algunos que eran parte de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos siguen trabajando allá todavía. Antes de que se aplicara la Convención de que las Abuelas éramos “defensoras de la infancia”. Desde el ‘77 que empezamos a ir a las Naciones Unidas. Sí, sí, en plena dictadura. Había una abuela que tenía a su familia en Milán y otra que tenía a su esposo en Roma, entonces no había que gastar en hotel ni en comida ni en nada.

Y estas recorridas todavía las seguimos haciendo por el mundo. Ahora un poco más lerdas por la edad porque nos cuesta viajar. Es peligroso también tanto viaje por la presión, ¡tenemos de todo! (risas). Pero yo sigo yendo a Naciones Unidas, sí, sí. Y Naciones Unidas nos visita acá. Hay un reconocimiento muy importante de lo que dejamos, ¿no?, de lo que hemos brindado al mundo. Porque Naciones Unidas es el mundo entero que está ahí participando. Hay países que no, Estados Unidos no está, no quiere poner plata ni nada, nada. Y no es Trump, han sido todos, de Trump para abajo.

Los estamos cuidando aunque tengan cuarenta y pico de años

Y el efecto fue justamente también empezar a pensar en las consecuencias. Por eso tenemos ayuda económica, todavía hasta ahora, del Fondo para las Víctimas de la Tortura de las Naciones Unidas, porque nosotros pensamos en la atención psicológica. Eso era muy importante. Ver cómo a una niñita que la secuestraron a los tres años, la encontramos a los cinco: dos años conviviendo con los que le decían que eran sus papás porque ella era muy chiquita, los padres fueron secuestrados y ella no. Tenía a la abuela. Entonces decirle… La criaron como si fuera la hija. El cariño de los chicos es sano. Entonces ya allí pensar: ¿cómo va a reaccionar?, cuando el juez decida… Que les costaba a los jueces, no entendían nada, ¡nada! ¡Creían que estábamos en una adopción o en un divorcio! Ellos creían que estábamos en un divorcio. Entonces la abuela buscaba al nieto o nieta, lo encontraba, pero estaba con una pareja de delincuentes y estaba la criatura en el medio. Entonces querían régimen de visitas de la víctima con los victimarios. Cosa absurda. Porque no entendían que el delito era gravísimo: robar a un bebé de una madre secuestrada para matarla a ella después y quedarse con la criatura, o secuestrarlos y a la chiquita dejarla tirada en algún lado, nacida ya, a lo mejor de un año, dos. Fue difícil con la justicia también. Decían: “¿Y por qué hacerle el daño de separarla?” No, el daño se lo hicieron antes y hay que subsanar, hay que reparar ese daño. Daño es la mentira; la falsedad se corta por lo sano. “Régimen de visitas” nos decían, era tremendo. Nos costó… Bueno, esa criatura ya venía con algunas actitudes de problemas psicológicos aun viviendo con esa gente que podía tratarla bien: mojaba la cama de noche, tenía pesadillas. En fin, todas esas cosas. Ahora iba a volver a vivir con su abuela y nosotras dijimos: psicólogos. Psicólogos para acompañar a la abuela, que también es un ser humano, y a la criatura. Tal es así que hubo psicólogos que se quedaban a dormir en la casa, con la abuela y la criatura. Que después se le fueron pasando todos esos problemas psicológicos de mojar la cama o tener pesadillas. Entonces se crea este grupo de psicólogos de Abuelas, y las Naciones Unidas, el Fondo para las Víctimas de la Tortura, nos empezó a ayudar económicamente y hasta ahora lo hace. Hace poco nos vinieron a visitar, están asombrados de que todavía sigamos asistiendo. Y sí, ahora asistimos cuando encontramos a un nieto. El nieto que se encuentra ya puede tener un psicólogo propio, o el que quiera, pero nosotros tenemos los nuestros y acá están, tenemos un equipo.

Porque también nosotros estamos pendientes de este hecho inédito que fue el robo de una criatura por razones políticas. Algunos fueron muy maltratados por quienes los criaron. Los apropiadores les daban un revólver para que se maten, del odio que les tenían, pero igual los tenían, los tenían prisioneros. Y las secuelas que deja, ¿cuándo pueden hacer eclosión en una persona? Por eso la vigilancia del equipo de psicólogos es permanente, porque en algún momento puede venir un problema que le trastoque su identidad, que le haga recordar algo. Los estamos cuidando aunque tengan cuarenta y pico de años y sean padres. Muchos al ser padres han sentido la sensación del robo propio, y qué habrían sufrido sus papás y ellos mismos ¿no? En esa Convención sobre los Derechos del Niño, hablamos de niños y adolescentes pero nosotros seguimos con los adultos también como si fueran niños, porque un poco los seguimos teniendo como niños, al cuidado, a nuestro cuidado.

Hay muchas cosas en las que somos pioneras, pero no nos damos cuenta porque nosotros vamos caminando al compás de la historia política social y de la edad de nuestros nietos. En un momento dado cuando vimos que ya tendrían trece, catorce años, entrando en la adolescencia, dijimos: “Bueno, ellos van a empezar a buscarnos a nosotros”. Y efectivamente empezaron a hacerlo. Por nuestra visibilidad, nuestros carteles, nuestras exposiciones, fotos… Nos han ayudado todo tipo de artistas, bueno, desde el fútbol y los rugbiers, y todos los demás que están con nosotros ahora más que nunca. Empezamos a tener visibilidad para atraerlos. Y eso se cumplió.

Aprendemos todos los días. Todos los días hay algo que nos enseña caminos y la gente que se acerca es cada vez más generosa

Y ya tenemos experiencia también cuando se encuentra, de acuerdo a la reacción del nieto localizado, de si está feliz de encontrar su verdadera identidad o si está enojado, de cómo la abuela tiene que esperarlo. El último, el 130, fue una sorpresa increíble. ¡La ternura! Una cosa… Él tenía todo elaborado, todo. Hay otros que no, que ya a esta edad no quieren. Hay gente que viene a decir: “Mi amigo tiene dudas pero no quiere saber nada porque dice que va a mandar presa a la mujer que lo crio, que es la madre para él”. Y es cierto, tienen ese temor y a veces esperan que mueran los que han hecho de falsos padres para no sentirse culpables. O a veces los falsos padres les dicen: “Si vos vas, vos vas a ser culpable de que yo vaya a la cárcel”. O sea, los hacen a ellos victimarios, invierten… ¿Te das cuenta?

Entonces es una tarea… ¡Mirá, aprendemos todos los días! Todos los días hay algo que nos enseña caminos y la gente que se acerca es cada vez más generosa. Tenemos trece equipos técnicos, trece en total, de actividades diversas. Y abrimos las puertas, o sea, nunca nos cerramos. Siempre abrimos las puertas. Nosotros por ahí sabemos que viene un periodista que no es tan simpático, pero que si viene es porque quiere saber. Lo recibimos. Con la advertencia. Yo con el dedo de maestra le digo así: “Ojo con lo que vas a decir o poner porque la verdad absoluta es la que sacaste de acá”. Y nada, es como una especie de misión ya que tenemos, incluso las que hemos encontrado los nietos.

Hoy me llamó por teléfono mi nieto. Yo tengo ganas de que alguien escriba un libro que diga: “Qué hacía yo”. Todos dicen: “Vos sabés Estela que yo estaba”, suponte, “cocinando, haciendo una tortilla…” Porque si fuera cocinando… Pero no. “Haciendo una tortilla que se me quemó porque cuando escuché, lo vi por la televisión, ¡empecé a los gritos, empecé a llamar a mi marido!” Entonces todos saben qué estaban haciendo, dónde estaban, todo…

Y yo creo que es ese acompañamiento que la sociedad estaba teniendo con nosotras. Y en eso tiene que ver qué tipo de conductas tiene uno. Si uno difama o insulta o reacciona de manera grosera no sirve. Acá lo que se dice siempre, aun al peor de los personajes, mirándole la cara se le puede decir lo que uno dice y piensa de él porque es la verdad, pero no más que lo cierto, la verdad. Nunca agregamos ingredientes extraños o insultos que no corresponden porque nos desmerece, no es nuestro estilo. Y tenemos la suerte de que los nietos, que ya están integrando nuestra Comisión Directiva, porque las abuelas no alcanzan para la totalidad, ellos también son como nosotros, chicos buenos. Nosotras somos buenas. Me estoy ponderando, pero es así. Somos buenas porque nunca quisimos venganza, ni odio, ni revancha. Una vez me preguntaron: “¿Qué haría usted, Estela, cuando se encuentre con el que mató a su hija Laura?” Y nada, lo miraría como lo que es. No es un ser humano, es una bestia. Ni siquiera bestia, porque las bestias tienen códigos. Y no le haría nada, solamente le diría a la justicia: “Condénelo con toda la fuerza de la ley”. Para eso está la justicia, yo no. Y cuando me dicen: “Y usted, ¿por qué no perdona?”, le digo: “Yo no, la que tiene que perdonar es Laura, hay que decirles a ellos que vayan a pedirle perdón a Laura”. ¿Laura dónde está? Tendrían que ir -que no van a ir adonde está Laura- a las estrellas. Irán un poco más abajo, para poner un lugar, si es que existe ¿no? Porque claro, esperan que uno sea… Encima de haberle asesinado a la familia, todavía, no sé ¡perdonar qué!

Yo a mi hija la pienso todos los días, más que a mis otros hijos que están. Porque me acuerdo de cosas, y me acuerdo de cuando era chica. Quisiera saber cómo sería ahora, ella con esta edad, no la de veintitrés años que tenía cuando la mataron. Entonces todo eso retempla. Además, nos hace bien que los chicos que integran la Comisión sean como nosotros, que no tengan sed de venganza, ni de nada que sea ilegal, no, no, no. La ley antes que nada, el respeto.

Una herramienta más: la Convención

Mirá, a ver, yo no te puedo decir con exactitud si sirvió en los juicios. Sé que sirvió y sirve hasta hoy. Pero el proceso nuestro no fue la creación de genios de nada, fue de un grupo de mujeres con un dolor enorme. Entonces yo no recuerdo si eso se usó o no se usó, y cómo y dónde. Sé que eso quedó en Naciones Unidas, y al tener la Convención aprobada había que cumplirla. Pero nosotras no éramos eruditas. Igual estuvimos trabajando, algunas, no todas porque todas tampoco podían venir. Algunas estábamos porque dejamos todo, la vida fue todos los días. Y otras no, otras tenían un marido por ahí enfermo o que les decía basta. Cuando yo dije: “Me parece que no voy más”, mi marido me dijo: “¡No!, tenés que seguir porque las abuelas te necesitan”. Mi marido me alentó, cuando podría haber dicho “quedate”.

Y ya en democracia empezó el trabajo con la Convención y tardó. Pero había jueces y jueces. Había buenos jueces que nos recibían, pero teníamos que llevar pruebas porque sin pruebas el juez no te acepta nada. Y por eso el Banco Nacional de Datos Genéticos es también otra cosa maravillosa que nació con un “avisito” en un diario que decía que un papá negaba la paternidad y dijimos: “¿Y la sangre de la abuela sirve?” Y se hizo todo en Estados Unidos, y se creó el Banco. Tenemos un Banco que es una maravilla, porque es único en el mundo. Abuelas buscando nietos no hay, generalmente son familias o la esposa, el hermano, el hijo. Y en países donde están muy divididas las edades -como Suecia por ejemplo, que los viejos están en geriátricos, no en familia-, no entienden cómo nosotros queremos encontrar a los nietos. “Estas viejas se están complicando la vida”, pensarán. Pero no, son las ganas de tenerlos, de verlos. Yo cuando encontré a Guido, cuando la jueza me dio la noticia se me iluminó el alma, todo. Fue una cosa… ¡Un milagro! No es que no podía creerlo; lo creía, lo creí y lo sentí. Y ahí me dio esa sensación, que la digo siempre, sobre todo sentí que con él volvía Laura, su mamá, mi hija, de alguna manera. Una partecita de Laura estaba en él.

Todas lloramos, pero afuera no. Afuera tengan fuerza para hablar, para resistir

Claro, hemos hecho cosas que realmente no se saben. Porque primero que lo que queremos es encontrarlos, no que se sepa y que nos digan: “¡Ay, qué gloriosas!” No. Pero trabajamos en el mundo, en el mundo entero trabajamos. Ellos pueden estar en cualquier lado.

A mí me vinieron a ver de Sri Lanka, allí en Naciones Unidas, una de las últimas veces que fui, que también tienen que buscar. Tienen desaparecidos niños, familiares y niños. Con lo de los 43 estudiantes de México, justo estábamos allí nosotros, en la feria del libro. Y ahí yo me reuní con los padres que se quisieron reunir. Estaba Zaffaroni también. Y nada, fue darles consejos. Ahora pronto voy a ir a Guatemala en agosto por la Cruz Roja. La Cruz Roja está trabajando muy bien en todo esto que es consolidar la memoria y compartir experiencias, que pueden servir o no, pero la experiencia sirve. Por ejemplo, con las señoras de los 43 estudiantes de México estuve el año pasado. Y otra abuela, fuimos dos. Nos reunimos para volver a tener un intercambio, ver cómo estaban, qué sentían. Y contaban y lloraban, y contaban y lloraban. Y yo dije: “Bueno, mi consejo es: no llore más, no llore más, llorar les quita fuerza a ustedes y lo que van a inspirar es lástima y ustedes no necesitan lástima, necesitan respuestas. Lloren en su casa, porque todas lloramos, pero afuera no. Afuera tengan fuerza para hablar, resistir, atraer a más gente”. Están bastante bien organizadas. Porque las vi tan endebles en ese llanto… Porque claro, una persona que llora conmueve pero, a ver, lo que hay tener es la palabra: “A ver, señor presidente, esto, esto, esto lo tiene que hacer usted”.

Y allá también estuvieron nuestros antropólogos, que también nacieron, son nuestros ahijados. Porque vinieron los genetistas en el año ‘84, a pedido nuestro acá, a fundar el Banco. Y vino un antropólogo forense con el grupo y dijo: “¿Y los cuerpos de los muertos no los buscan?” “Sí, el Gobierno está con palas sacando”. “¡No! ¡Con palas no!”, porque sacaban con palas de los cementerios de las tumbas de NN y ponían los cráneos, los fémures. “¡No! ¡El cuerpo enterito tiene que estar!” E hicimos que interrumpan esas paladas. Y este antropólogo forense, Clyde Snow, dijo: “Voy a preparar antropólogos para la búsqueda de los asesinados”. Y en la exhumación del cuerpo de Laura en el cementerio, si bien yo sabía que había nacido mi nieto por gente liberada, Snow mirando un huesito me dijo “Estela, tú eres abuela”. Una cosa maravillosa.

Porque siempre fuimos de festejo, nunca, nunca de llanto, sino de festejo

Y son méritos de Argentina. La Argentina está muy bien conceptuada porque ha sido un país donde nunca bajamos los brazos y seguimos resistiendo aun en etapas feroces de la dictadura. Empezamos resistiendo y desafiamos los miedos. Nos cuidábamos al regresar en los vuelos porque podíamos desaparecer allí mismo en el avión. Y teníamos conciencia del peligro, pero no nos importaba nada. Tomábamos todas las precauciones posibles, pero sabíamos los riesgos que podíamos correr. En París, por ejemplo, una vez cuando estaba Astiz, allá con ese Centro Piloto, nos siguieron todo un día en un auto. También nos siguieron en Turquía. Y la seguridad era que siempre nos esperaran en el aeropuerto, las autoridades en general o personalidades reconocidas del campo de los derechos humanos. Lo mismo acá cuando volvíamos nos esperaban los abogados a que bajáramos del avión, que llegáramos bien, porque hemos traído hasta nietos de afuera. A Brasil por ejemplo íbamos a hacer investigaciones con exiliados y veníamos con toda la información. Y la información la traíamos en cajas de bombones falsas. Los bombones los comíamos (sonríe) y ahí en los cositos poníamos la información. Si te abrían la caja eran bombones, ¿viste?

Nos han ayudado mucho también, nos han protegido. Nos hicimos conocidas y era bastante más difícil. Igual a mí en el año 2002 me quisieron matar, entonces no es que estuviésemos a salvo ni en la democracia. Pero fue cómico porque fue el 20 de septiembre y el 21 nosotros teníamos un asado en el campo, acá. Las Abuelas con Abel Madariaga, que tiene su chacra, íbamos a festejar la primavera entre todos porque siempre fuimos de festejo, nunca, nunca de llanto, sino de festejo. Resulta que “¿y qué hacemos?”, me dicen. “¡Nada!, ¡vamos, vamos al asado!, ¿cómo no vamos a ir?” Y resulta que el 21 de septiembre estábamos saliendo de mi casa, y viene en su auto largo el embajador no sé de qué país a verme a mi casa, a darme su pensamiento y qué sé yo. ¡No lo pude recibir! “Me estoy yendo a un asado”, le dije (risas). Habrá dicho “pero esta mujer qué poco seria es”. Cuando a mí el periodismo me preguntó si yo tenía miedo le dije que no. ¿Sabés por qué? Porque esas balas que están ahí, esas vainas son las mismas que le sacaron a Laura de su cabeza cuando la exhumaron, son los mismos. No les voy a tener miedo, me da más fuerza todavía esto, me da más bronca, ¿no? Entonces no es que uno sea valiente, yo tengo miedo, sí, a muchas otras cosas -el otro día me preguntaban-: a las arañas, a las víboras y a otras cosas que no alcanzo a entender.

Y después, yo tengo catorce nietos, tengo cinco bisnietos, ahora voy a tener el sexto, entonces tengo una familia linda. Mis tres hijos. En un cumpleaños somos como cuarenta, cincuenta. Los más íntimos, mirá cuántos seríamos si traigo a los que están alrededor. Entonces a mí eso me devuelve muchas ganas. Y sobre todo ver que la mayoría de ellos piensa en el cambio de nuestro país, en que no vuelva a pasar. Piensan, son generosos. Todos comprometidos.


  1. Fecha de realización: 1 de julio de 2019.


Deja un comentario