Una nueva perspectiva para problematizar la historia oral
Facundo Felipe De Feudis Taboada[1]
Introducción
Hace ya cincuenta años la historiografía comenzó a renovar su interés en nuevos objetos de estudio, y planteó la necesidad de estudiar el pasado reciente desde enfoques teóricos y perspectivas metodológicas novedosas. La necesidad de formular y contrastar las vivencias, experiencias y sentimientos de los individuos en la historia reciente llevó consecuentemente a discusiones dentro de las ciencias sociales a mediados del siglo XX. En su rol de resignificar el pasado, la historia obtuvo y recuperó modelos y conceptos que intentó asimilar para poder explicar el presente. Aunque aspiró a formular nuevas ideas, a veces readaptadas, estas ideas no eran asimilables a la realidad de América Latina. Tanto conceptos como métodos fueron usados, sin éxito contundente, al intentar explicar las transformaciones en culturas y en una realidad de reformulación constante de sus bases sociales. El desinterés estuvo en estudiar los actores y colectivos desposeídos, ignorados y silenciados por un sector de la historiografía tradicional. En este cambio de piel, la historia volvía en sí, para comenzar a ver todos los objetos de estudio ignorados por falta de importancia o no preponderantes que creía la academia solo daban un relato parcial, individual, sin injerencia en el relato oficial y colectivo en el cual terminaban aglutinados. En esta renovación de la disciplina, surgían corrientes de pensamiento que tienen en cuenta al testimonio oral como soporte histórico para estudiar las relaciones humanas. Hace ya unos años, P. Thompson (2004:12) discutía de las ventajas de la historia oral y daba su definición, esta vertiente ofrecía con el testimonio ‘‘la interpretación de la historia, las sociedades y las culturas en proceso de cambio a través de la escucha y registro de las memorias y experiencias de sus protagonistas,” Mariezkurrena Iturmendi (2008:229) remite que, pese a las críticas, la importancia las fuentes orales es que son un acervo de información complementaria para analizar y refutar a las fuentes escritas. La crítica residía en la fiabilidad de los testimonios al ser narrados y la fragmentación de la memoria individual. La crítica de la historia tradicional tendía a seleccionar, delimitar y enfrascar un grupo de recuerdos, pero allí era donde residía la respuesta teórica, ya que la memoria no es única, sino que son múltiples y no vivencialmente igual para todos los grupos sociales. Por su parte como Barela (2009:16) las ‘‘[…] memorias se construyen, se organizan en voluntad de incursionar en el sentido de las vivencias del pasado y en el propósito de exponerlas selectiva, pública […] para dar cuenta de la trayectoria de la vida personal en sociedad’’. En el diálogo entre memoria y oralidad como realidad e imaginación, los testimonios enriquecen y dan condimentos al relato, ofrecen una reivindicación del pasado reciente y circunscripto, tienden a alejarse del ‘‘carácter oficial’’ del relato constituido y rescata a los colectivos sin demasiada trascendencia directa a nivel histórico general, pero sí en su localidad, donde las acciones inmediatas y directas influyen y modifican algún aspecto de su vida cotidiana. Su función como dice Portelli (2014:4) es que es un ‘‘[…] género discursivo que la oralidad y la escritura han creado para hablar entre sí de la memoria y del pasado’’. En este diálogo dual, prudente pero conflictivo, la historia oral tiene una característica sin igual, ‘‘[…]la combinación entre el predominio de la forma narrativa […] y la investigación en la relación entre biografía e historia, es decir experiencia personal y procesos sociales[…]’’ (Portelli, 2014:12). Es entendible que la experiencia común y la negociación entrevistado – entrevistador se torna según se conjugan y reconstruyen una serie de sucesos a partir de un relato histórico coherente, aunque inconcluso y a veces contradictorio; da difusión de experiencias, sentimientos, anhelos y perspectivas que tienden a evidenciar la importancia de ‘‘dejar un legado’’. Al reflexionar y ‘‘(…) pensarnos como un sujeto cognoscente que no busca el poder sobre los fenómenos, sino que reconoce los modos en que él/ella y su objeto se relacionan […]’’ (Pasquali, 2014:7). Es así que frente a una realidad cambiante que creemos esencial dar visibilidad a los actores trascendentes a nivel local, quienes aspiran a cambiar su realidad inmediata para progresar e innovar en los distintos ámbitos de su vida, principalmente conducir sus principios, valores e intenciones desde distintas instituciones o agrupaciones para estimular y generar cambios (Naput, 2018).[2]
Avances teóricos y metodológicos de la historia apícola en Mar del Plata
En este a acápite se exponen los avances hechos en nuestra investigación de la expansión de la apicultura en la ciudad de Mar del Plata en el periodo de 1970 a 2000. Antes de continuar, hay que mencionar que la apicultura es una actividad productiva de viejo arraigo nacional. En este sentido, se puede decir que comenzó a partir del tercer cuarto del siglo XIX, gracias a introducciones que realizaron distintos actores, luego a fines del siglo XIX hubo un gran impulso más técnico científico que se asentó para inicios del siglo XX con la Sociedad de Apicultores de Argentina (SADA) creada en 1936.[3] Pese a la falta de datos, se expone aquí un relato fundamentado en las memorias y recuerdos de una serie de entrevistas realizadas en el orden local. Así desde la construcción del relato circunscripto se exhibe una parte del origen, experiencias, avances del rubro a nivel temporal, y a la vez, poder ubicar en contexto las acciones tanto del ámbito productivo como científico-académico. El marco temporal se basa en los actores vivientes, la bibliografía y la posibilidad de que los entrevistados donasen material bibliográfico y documental para reconstruir el desarrollo del sector productivo. Los temas a tratar son el posicionamiento de Mar del Plata como centro difusor de conocimiento científico en eventos, la creación entidades de perfeccionamiento y las acciones de actores diversos en distintos ámbitos de la vida comunal local. El relato comienza con los primeros congresos locales y la necesidad de innovar en las arraigadas concepciones de la comunidad apícola zonal. En resumen, se muestra un avance parcial del accionar actoral entre mediados de 1980 hasta mediados de 1990 para ver la influencia que tuvo la tecnificación del sistema productivo, la injerencia de actores a nivel local y en relación a distintas instituciones gubernamentales (Taraborrelli, 2017 y Tropeano, 2020). Por esta razón, un primer motivo fue la búsqueda de referentes, la realización y transcripción de las entrevistas, formar un acervo histórico documental y oral de carácter local para rastrear y rememorar por periodos concretos el sector productivo. Es así imprescindible para entrever la performance de los actores recuperar la creación y difusión de trabajos académicos, libros específicos, los centros y cooperativas que con sus órganos difundieron y promovieron su expansión. A pesar de los esfuerzos, recién hace unos años, las ciencias sociales empezaron a relatar los avatares del rubro: la transformación temporal, el rol del apicultor, la concepción de las comunidades respecto de la abeja y los esfuerzos o ideas que hubo para preservar el ambiente. Vemos que el recorrido es amplio y extenso, los primeros indicios de historia en la zona del Río de la Plata empiezan en la década de 1820 del siglo XIX hasta la actualidad.[4] Así a la par de una bibliografía renovada, surge un grupo de fuentes desconocidas que generan un acervo documental único y enriquecedor para pensar y estudiar el ámbito local. Gracias a los primeros antecedentes que conocemos, al menos parcialmente, la historia debe contribuir y desentrañar desde el pasado, el rol jugado por sus actores. Así podrá construir un relato que visibilice el origen y los vaivenes históricos para generar un conocimiento fehaciente para sostener a futuro otras investigaciones. En parte por estos motivos es necesario en la medida de lo posible intentar construir un relato lo más apegado y circunscripto de la apicultura. Por lo que se circunscribe el área del actual Partido de General Pueyrredón formado por las ciudades de Mar del Plata y Batán. A continuación, se exponen algunas de las particularidades de la ciudad para estudiar este rubro, basándose en una perspectiva más apegada al origen local y posterior desarrollo regional.
Origen y expansión de la apicultura marplatense. Entrevistas y avances históricos
En primer lugar, es complejo poner un inicio a una actividad de tanta raigambre en la Argentina. Pese a la dificultad, se puede comenzar en base a dos entrevistas realizadas a Aldo Bolognesi, quien fue el representante y organizador local de dos congresos, uno provincial y otro latinoamericano en Mar del Plata en 1978 y a la vez, promotor del Centro de Experimentación y Promoción Apícola (CEPA). Bolognesi muestra un rol activo en la institución con fines asociativos, aspirante a renovar, mejorar el comercio, tecnificar la producción y posibilitar la difusión de una nueva manera de ejercer el manejo apícola. Por su parte, Martín Eguaras, ofrece una visión más academicista, a partir de estudiar con su grupo de investigación el Varroa destructor, propuso respuestas y alternativas para combatir, disminuir la infección del ácaro de las abejas, incentivar un cuidado prudente, sistematizar las revisiones periódicas, medicamentos benéficos y colaboración conjunta entre los investigadores y los productores (Vila Seoane y Marín, 2017).
El auge de la apicultura moderna zonal, difusión técnica del CEPA y expansión académica del Laboratorio de Artrópodos en Mar del Plata (1980-1990)
En el primer número del Boletín del CEPA, el encargado editorial, Aldo Bolognesi, expone la función que tendrá la institución: ‘‘El centro de Experimentación y Promoción Apícola mediante este órgano de difusión pretende llegar a todos los apicultores de la zona, sean o no socios de la entidad para acercarles informaciones de interés y fundamente para iniciar una recíproca tarea de comunicación’’.[5] Se le consulta a Bolognesi de su rol en relación a la cooperativa que había formado, Cooperativa Apícola Mar y Sierras y el fundamento que dio pie a la experiencia del CEPA:
Después nosotros como hubo un chisporroteo con la gente de la cooperativa, decidimos formar otra entidad para el año 78’ que formaba parte de UCIP, y se llamaba CEPA. Yo también fui presidente de ahí, y después fui miembro […]. Esa entidad se perdió por la gente que empezó a manejarla, porque vos en un momento vas delegando y bueno muchos miembros empezaron a abandonarla y quedó todo ahí. Teníamos una publicación que […] se llamaba Boletín del CEPA. [6]
Luego se le consulta sobre el contenido del boletín, cuál era el fin de la organización y hacia quien estaba dirigida, publicaciones de referencia y las instituciones existentes:
Y ahí escribían artículos de trabajos experimentales de exposiciones o disertaciones o en forma escrita mandados por técnicos que nos mandaban y nosotros publicábamos, y era un lindo boletín, porque era lo único que había acá en la zona de Mar del Plata, sino lo que venía de afuera La Gaceta [del Colmenar] la revista Ciencia y Abeja del Departamento de Granja, unas publicaciones que venían de Córdoba […]. [7]
Es notable que en la respuesta se recuperan una parte de las instituciones referentes, a partir de sus órganos de difusión como la Gaceta del Colmenar, órgano oficial de la Sociedad Argentina de Apicultores o la revista Ciencia y Abeja del Departamento de Granja del gobierno de la provincia de Buenos Aires. En el segundo encuentro con Bolognesi y ahora junto a Omar García, refieren su rol dentro de la experiencia, el perfil del apicultor de ese momento, las dificultades encontradas y cómo fue su desempeño:
AB: En el CEPA éramos los que estábamos ahí y la gente que venía a dar charlas, inclusive organismos los cursos de apicultura. El primer curso de apicultura había sido con la cooperativa y con la SADA, recuerdo que eran 30 o 40 personas más o menos, los cursos empezaron luego del congreso 78’ o 79’ más o menos, creo que, en el 78, ya estábamos haciendo algo. Cualquier persona podía inscribirse y hacer el curso, lo importante era el interés por la abeja.
OG: No, una de las dificultades […] originalmente era muy difícil por ahí no sé había 100 o 80 productores y podíamos llegar a juntar 30 en la reunión como mucho y con jornadas realmente organizadas […], es decir no había mucho interés o participación.[8]
Uno de los fundamentos del grupo fue el interés de expandir el conocimiento y la posibilidad de involucrarse en la actividad, pese a que una de las mayores dificultades fue el poco interés de los productores, ellos presentan un perfil bastante claro de la mentalidad de los apicultores de ese entonces:
AB: Si, un poquito es el modelo o el perfil del apicultor que no es el que tenía en ese entonces, siendo distinto al del que tiene ahora, siendo más participativo, no es autodidacta, sino que busca información, tiene herramientas que no tenía cómo el Internet, la computadora, etc. y en ese entonces el apicultor era un ser más individualista, aislado, guardaba secretos […]
OG: […]Antes el productor tenía sus colmenas, su sala de extracción, su camioneta y no se le podía ocurrir jamás de los jamases llevar su miel a que se la extraiga otra persona […], a medida que avanzaron en sí las tecnologías y demás, hoy ya hay salas comunitarias. No tiene mucho sentido armar una sala de extracción para un número de colmenas que después para amortizar no se llega nunca […] lo que ha generado es que se haga más participativo y que no se vuelva tan pero tan individualista […].[9]
Es claro que, junto a la necesidad de informar y capacitar, es evidente en su narración del pasado que complementan y enriquecen entre sí el relato del centro, el cariño y estímulo que le dieron a la institución de la que formaban, algo evidente cuando se volvieron a reunir después de un tiempo. A la complementariedad del relato se suma el incentivo de pedir imágenes, revistas, certificados que sirvan para complementar y posibiliten preguntarse y conversar entre los entrevistados con los boletines, ofreciendo así una experiencia única, donde se conjuga el recuerdo y lo que sucedió, ambos sirven para recordar y rememorar desde el presente el pasado vivido, que termina por reaparecer en primer plano. Por su parte, en el hecho conversacional surgen indicios que muestran la importancia y trascendencia que tenía el formar parte del CEPA, ya fuese en su rol como institución educativa, difusora de conocimiento en el manejo apícola y la creación de oportunidades de innovar en el manejo en los productores (Plotinsky, 2015). A la par, hay deseos, expectativas, motivaciones que guían las acciones en un relato del que ellos forman parte, este es visto para ellos como una serie de cambios de forma gradual y permeable, ámbito propicio para incentivar e introducir cambios. Desde sus relatos figuran la cantidad de miembros asistentes, la oferta de cursos que ofrecían, la dificultad para adherir adeptos, y finalmente, un indicio nuevo: la visión que tenían de la evolución en cuanto a la formación de un apicultor más tecnológico y actualizado que promueven frente a uno más ‘‘tradicional’’. A partir de esta aproximación se hace una serie de preguntas para que los entrevistados ofrezcan más datos: DF: ‘‘¿Qué les pareció la experiencia del CEPA de los boletines que sacaron que tenían ustedes, que tenían pensado cuando se reunieron? ¿Y durante cuánto tiempo lo publicaron? ¿Y después siguió el CEPA?’’, a lo que Aldo recupera su función ‘‘El tema era difundir la apicultura, generar interés y atraer a los colegas más rápido para trabajar más conjuntamente (…). Fue desde el 80’ y pico, 90’, 91’, 92’ y 93’’; para luego Omar García narrar algunos de los motivos porque se disolvió:
OG. Yo creo que éramos un grupo de entusiastas que pretendíamos lograr una mayor concurrencia de productores hacia el centro y honestamente no fue así, no lo logramos, contentísimos con la actividad porque hay artículos muy lindos y reconocidos por productores de la zona, pero yo creo que esa actividad que hablábamos hoy de baja participación generó que no prendiera […]. [10]
En esta experiencia se da la oportunidad para asociarse y participar en proyectos aglutinantes en pos de un beneficio común. Por lo que los fundamentos prácticos son imprescindibles el trabajo en equipo, el consenso grupal y direccionalidad de las acciones tienden a ofrecer oportunidades y beneficios en común. Se observa que, pese a las intenciones, hay un factor negativo persistente: la nula participación, involucramiento e interés de renovar las prácticas de manejo por los productores zonales. Así la cuestión individualista grupal permea y es transversal inherente del centro y consecuentemente la dificultad para coordinar acciones grupales que chocan a veces las fibras de los intereses individuales, complejizando aún más las relaciones entre productores y promotores. Un segundo factor, es la propia formación en la actividad, notamos que la dedicación parcial es imperante, por lo que la necesidad de innovar en el accionar de los individuos debe verse en relación al deseo de conjugar experiencias grupales, reforzar las relaciones asociativas, generar condiciones favorables para la unión y poner en marcha experiencias que sean significativas para el grupo de productores zonales. En base a los testimonios narrados, se contrastan en conjunto con el aporte de Martín Eguaras desde el Laboratorio de Artrópodos. Eguaras narra, su inicio, la situación del momento y qué panorama se encontró al estudiar el acaro del Varroa destructor [11]:
[…] cuando yo empiezo a hablar con los apicultores, ellos trataban [las colmenas] todos los años, 2 o 3 veces al año, con antiparasitario que contaminaban la miel […]. No había antiparasitarios muy buenos (…), algunos muy engorrosos para meter en las colmenas […]. Entonces nosotros empezamos ahí a ver cómo se podía controlar un poco el bichito este y empezamos a investigar sobre ese tema, un poco la biología del parásito, como se podía controlar, de eso fue la tesis de doctorado mía.[12]
A continuación, refiere a quienes ya estaban inmersos en la actividad, las prácticas utilizadas por los apicultores y su rol universitario como difusor de nuevas prácticas de manejo.
M.E: Y en la parte de la apicultura ya había apicultores, estaba Bolognesi, Omar García, el profesor Cuttinela y había tres o cuatro referentes que tenía una mucha cantidad de colmenas, tendrían 1000 colmenas por ahí […], pero manejaban la tecnología nada que ver, hoy ha cambiado. Si ponían antibióticos, antiparasitarios, no hacían cambio de reina, hoy en día está mucho tecnificado, porque bueno nosotros arrancamos, después el INTA y después otras universidades […]. [13]
A la par, nos narra de las condiciones imperantes en el sistema agrícola, su acercamiento a los productores y como conjugó su posición de investigador con los conocimientos técnico-científicos que se daban en los cursos realizados en conjunto con Bolognesi.
M.E: Exactamente, había bastantes apicultores y había otras condiciones de la agricultura entonces la abeja producía más, aunque estuviera parasitaria, producía más kilos, entonces aun los malos manejos, aunque no fueran bien manejadas las colmenas había producción […]. Nosotros acompañamos al grueso de los productores, a través de Aldo, hicimos charlas […]. Después entró Jorge Marcangeli al laboratorio y después entró más gente entonces empezamos a dar un curso de apicultura todos los años y ahí formamos muchos productores nuevos que hicieron el curso […] y aprendieron otras técnicas.[14]
En efecto de los párrafos precedentes, se pueden extraer algunas cuestiones que afectan temporalmente al rubro. Principalmente aspectos tales como el defectuoso manejo apícola, la intención de coordinar acciones conjuntas con varios centros investigativos y la necesidad de coordinar entre el plano investigativo y productivo. Es entendible, en el contexto narrado, la prontitud de servir de herramientas eficientes a los productores para un manejo prudente de sus producciones, aumentar la mortalidad de Varroa y crear condiciones óptimas para mantener y hacer prosperar la sanidad apícola. Una cuestión que interesa son los inconvenientes y ventajas que tuvo el Laboratorio de Artrópodos:
M.E: Bueno inconvenientes era que teníamos que empezar de cero todo. Hoy los chicos que entran por ejemplo tienen su apiario experimental, su vehículo para ir, tienen subsidios de investigación, en aquella época no había subsidios de investigación, no había subsidios nacionales, había que concursar afuera en general la mayoría de las veces te tocaba perder […], cuando yo empecé el ácaro que investigue era un problema a nivel mundial, entonces la gente estaba tratándolo y haciendo un montón de cosas no de la mejor manera. En cambio, en las otras patologías digamos como que empezamos un poquito antes, entonces cuando se desató el problema ya teníamos más investigación ahí que nos favoreció para dar respuesta más rápida […].[15]
Aunque los inicios no fueron fáciles, algo que queda en evidencia tanto a través de las trayectorias de los tres actores, son los esfuerzos continuos a la hora de poder incentivar con nuevas herramientas el quehacer apícola. Por su parte, la posibilidad de nuclear a un grupo amplio de científicos encargados de estudiar parásitos, ácaros y bacterias incentivó la ampliación del conocimiento y difusión hacia uno nuevo basado en la tecnificación, no sólo para aprender sobre enfermedades de las abejas, sino también para expandir respuestas y alternativas para combatir patologías poco estudiadas. Los avances en el ámbito científico permitieron complementar la apicultura en base a estrategias enfocadas a mejorar la alimentación, diseñar medicamentos o antiparasitarios de orden natural y estructurar una serie de líneas de investigación tendientes a dar respuesta a los problemas al interior del rubro. Una cuestión clave fue el inconveniente de ‘‘empezar todo de cero’’ que llevó a buscar métodos en la práctica apícola que se adecuasen a los recursos en un contexto versátil, para así incentivar y poner fin a ciertas enfermedades, mejorar el desarrollo de indicadores en el nivel de productividad y disminuir el riesgo de productos tóxicos contraproducentes. El rol del Laboratorio de Artrópodos fue constante en las acciones, expectativas, idoneidad, deseos y estímulos que ya promulgaba Bolognesi en el CEPA, a pesar de que la actividad estuvo supeditada a varios factores, colaboraron con herramientas técnico-científicas gracias al apoyo de administraciones gubernamentales y otras universidades del país. Un último factor fueron los desafíos que tuvo el Laboratorio post creación, entre mejorar la alimentación apícola para brindar complementos proteicos naturales y la obtención de financiamiento para albergar a un nuevo plantel de científicos formadas en la producción de medicamentos sostenibles:
[…] En los últimos años yo creo que la ciencia argentina va y viene según los subsidios, cuando vos tenés muchos subsidios, tenés más posibilidades de hacer más investigaciones […], cuando no hay subsidios uno tiene que dedicarse a investigar cosas más baratas o investigar menos. […] Pero tuvo [el Laboratorio] una época en la que crecimos mucho, una época crecimos bastante y mucha gente que dentro de todo ya está con cargos estables. Eso te permite poder continuar con muchas líneas de trabajo, pero bueno después el desafío es […] cuando el grupo tiene treinta personas […] y eso puede generar también algún roce interno […]. Pero en general el grupo de trabajo se han hecho como distintos subgrupos que cada cual está orientado a objetivos concretos.[16]
Notamos que los desafíos que tuvo el Laboratorio se dividieron según varios orígenes, similares a los mencionados en el CEPA: económicos, sociales y productivos. Entre ellos preponderantes fueron la cuestión de subsidios, el aumento del plantel, la búsqueda de complementos proteicos y nutricionales acordes a los cambios en el sistema productivo y la posibilidad de obtener financiamiento. Lo que demuestra que las intenciones fueron asumidas en el largo plazo, quizás inclusive más importante que el dinero recibido fue la necesidad acordar y recibir apoyo en las acciones con otras administraciones del gobierno. Aunque a veces fue difícil, lograron incentivar a productores para utilizar medicamentos y suplementos avalados por los trabajos realizados desde la ciencia con el fin de afianzar el caudal de investigaciones desarrolladas y ampliando a la vez los estudios realizados en el ámbito local como regional. En base a las líneas más importantes ofrecidas por los tres atores se tienen en cuenta los aspectos más reveladores en la relación entre ambas experiencias y entre el ámbito productivo y científico-técnico.
Consideraciones finales
Para concluir, se puede decir que ambos ámbitos el técnico y académico concordaron y afianzaron mutuamente sus acciones. El interés como la motivación siempre radicó en modificar la perspectiva presente hacia una nueva en donde ambas esferas se promoviesen dentro y fuera de la práctica apícola mutuamente. Así los actores intentaron asociar a los apicultores zonales, pero se encontraron con intereses individuales que limitaron al menos en la primera experiencia zonal. Vemos así cierta continuidad desde 1978 a 1986, gracias a la labor de Bolognesi y García junto a un grupo de profesionales y científicos que idearon una institución que aspiro salvaguardar los valores e intereses planteados. Así el CEPA tuvo como fundamento mejorar y desarrollar un nuevo tipo de apicultura, fundada en la difusión de técnicas teórico-prácticos que con cursos diversos aspiran a brindar conocimientos tendientes a mejorar el manejo apícola, aumentar la productividad y modificar el patrón de comportamiento de los apicultores y productores. Aunque en la experiencia hubo conflictos, debido a las personas que integraban el plantel, la idea de asociarse y buscar un objetivo quedó en la mentalidad de sus partícipes, fue así que, a través de otras instancias formuladas por el gobierno nacional y provincial como se volvió a retomar la importancia el deseo de conjugar experiencias comunes. Fue para reforzar y aumentar las relaciones desde los grupos formados de ‘‘abajo hacia arriba’’ hasta para valorar las condiciones existentes tendientes a la unión, esmerarse en crear condicionantes para mejorar el sistema productivo y evitar los intereses particulares por sobre los grupales. A su vez, el Laboratorio de Artrópodos desde 1989, cuando empezó, encontró problemas más de orden económico y de personal, pero avanzó constante en el plano investigativo para mejorar la sanidad, construir redes coordinantes de acciones entre la producción e investigación y contribuir con medicamentos o suplementos proteicos para las abejas. Es decir, tanto las acciones, experiencias y anhelos fueron construidos de forma gradual, gracias a los progresos realizados en otras experiencias anteriores se llegó a un buen puerto. En resumen, siempre el interés grupal estuvo presente, principalmente para aglutinar intereses, resolver problemas y construir experiencias benéficas a los inconvenientes de antaño posibles de ser solucionables. Lo que termina por demostrar que el instinto de progreso y la actitud favorable fueron transversales, a pesar de los impedimentos, en ambas experiencias. Ambos ámbitos generaron posibilidades de inserción y apoyo mutuo para rememorar un pasado común, pero también para realizar sus aspiraciones, inspiradas en las concepciones formuladas, el inconsciente, la mentalidad, las experiencias y los recuerdos que tenían de lo que vivieron y sintieron en cada una de las experiencias que vivieron, sintieron y recuerdan del pasado cercano.
Bibliografía
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Barela, L, Miguez, M y García Conde, L. (2009). Algunos apuntes sobre historia oral y cómo abordarla. Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Investigación histórica, proyectos y fuentes. pp. 42-48, Archivos de historia oral, pp. 49-59.
Bieżychudek, A. (1979). Historia de la apicultura argentina (Primera edición.). editorial de Héctor J. Mattone. Disponible online: http://bit.ly/3ZEsJO9
Mariezkurrena Iturmendi, D. (2008) La historia oral como método de investigación histórica. En: Revista del Instituto Gerónimo de Uztariz, N° 23-24, 227-233. https://bit.ly/3rDiWeI
Naput, L. (2018). Los usos de la historia oral. Reflexiones teóricas y políticas en torno a una experiencia de investigación colaborativa sobre las historias de la comunidad sorda argentina. En: Revista Educación y Vínculos, Año I, N° 1, pp.111-122.
Pasquali, L. (2014). Más allá de la entrevista. Consideraciones sobre el uso de fuentes orales en la investigación histórica. En: Nuevo Mundo Mundos Nuevos, Debates.
Plotinsky, D. (2015). Orígenes y consolidación del cooperativismo en la Argentina. En: Revista Instituto de la Cooperación (IDELCOOP). https://bit.ly/3rxmLSS
Portelli, A. (2017). El uso de la entrevista en la historia oral. En: Anuario De La Escuela De Historia, (20), 35-48.
Soleno Wilches, R. (2017). Cambios estructurales e institucionales del cooperativismo agrícola entrerriano en la postconvertibilidad (2002-2013). El caso de La Agrícola Regional Cooperativa de Crespo. En: Revista Mundo Agrario, 18(38), pp. 1-19. https://bit.ly/3PBYUJI
Thompson, P. (2004). ‘‘Historia oral y contemporaneidad’’. En: Anuario de Historia de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Nº 20, p. 15-34. Homo Sapiens Ediciones, Argentina.
Taraborrelli, D. (2017). ‘‘Políticas públicas rurales y modelos de desarrollo en Argentina. El Programa Cambio Rural entre 1993 y 2015’’. En: Estudios Sociales Del Estado, 3(5), 164-188.
Tropeano, D. (2020). Argentina, cambian los escenarios, quedan políticas: el caso del Programa Federal de reconversión productiva para la pequeña y mediana empresa Agropecuaria-Cambio Rural (1993-2020). Tesis de Maestría. Universidad Nacional de San Martín (UNSAM).
Torresi, L. (2019). ‘Fuentes para una historia social del asociativismo apícola en el sudoeste bonaerense: posibilidades y limitaciones (1995-2014). En: VI Jornadas de Investigación en Humanidades Homenaje a Cecilia Borel. Noviembre, diciembre. Bahía Blanca, Argentina.
Vila Seoane, M, y Marín, A. (2017). Transiciones hacia una agricultura sostenible: el nicho de la apicultura orgánica en una cooperativa argentina. En: Revista Mundo agrario, 18(37).00.
Entrevistas orales
Bolognesi, Aldo. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 7 de octubre de 2021.
Bolognesi, Aldo y García, Omar. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 10 de noviembre de 2021.
Eguaras, Martin. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 21 de diciembre de 2021.
- CIC – UNMdP – CEHis Correo electrónico: defeudisfacundo@gmail.com / defeudisfacundo@mdp.edu.ar.↵
- En relación a la comunidad sorda, refiere que la historia oral aporta al verificar la memoria de un grupo, así el tener un ‘‘pasado común’’ lleva ‘‘[…] siempre originales, en la medida que cada evento es evaluado y registrado en relación con su implicación en la vida cotidiana y única de cada uno de los entrevistados’’(Naput,2018:115). En Mar del Plata el recuerdo del CEPA y del Laboratorio de Artrópodos es que fueron instituciones fundantes para varios actores de diversos ámbitos que trabajan conjuntamente sin importar su pertenencia sea productiva, técnica o académica. Son espacios que permean la totalidad del pensamiento de sus involucrados y trasgreden al quedar como un recuerdo profundo en el inconsciente del grupo. ↵
- Basilio et al. (2023) muestra el avance histórico durante el siglo XX de la faceta académica y técnica impulsada por las distintas instituciones universitarias como la de Buenos Aires tendientes a tejer puentes junto a otras organizaciones del gobierno a fin de dar incentivo y expansión al rubro. Ver Basilio et.al (2023). ‘‘Apicultura Argentina: contexto fundacional y elementos de resiliencia del sector’’. En: Revista Agronomía & Ambiente, Revista de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires, 43(1), pp.24-34. ↵
- Un trabajo clásico para estudiar la trayectoria histórica es el de Antonio Bieżychudek ‘‘Historia de la Apicultura Argentina’’ de 1979. Allí hace un recorrido histórico desde el primer antecedente registrado del siglo XIX y se traslada hasta inclusive mediados del siglo XIX. Ver Bieżychudek, A. (1979). Historia de la apicultura argentina (Primera edición.). Héctor J. Mattone. Disponible online: https://bit.ly/3ZEsJO9 ↵
- Boletín del Centro de Experimentación y promoción Apícola (CEPA) (1986). Año I. N°1. Tercer Trimestre 1986 pp.3. Disponible online: https://bit.ly/3ZzZLz7 ↵
- Bolognesi, Aldo. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 7 de octubre de 2021.↵
- Idem.↵
- Bolognesi, Aldo y García, Omar. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 10 de noviembre de 2021.↵
- Idem. ↵
- Idem. ↵
- Varroa destructor es un ácaro que ataca y se alimenta de las abejas Apis cerana y Apis mellifera. Definición disponible online: https://bit.ly/48CK0ve ↵
- Eguaras, Martin. Entrevista realizada por De Feudis Taboada, Facundo Felipe en la ciudad de Mar del Plata el día 21 de diciembre de 2021. ↵
- Idem. ↵
- Idem. ↵
- Idem. ↵
- Idem. ↵






