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La experiencia del Archivo Palabras e Imágenes de Mujeres (APIM)

Ana Lía Rey[1] y Cecilia Belej[2]

Una perspectiva situada

Nuestro objetivo principal será examinar las contribuciones realizadas por el Archivo Palabras e Imágenes de Mujeres (APIM); para ello exploraremos sus orígenes, así como su organización y sus principales aportes. Al mismo tiempo, analizaremos las implicaciones del giro digital y el desarrollo tecnológico en la preservación y accesibilidad de este archivo. Al reunir estas dos áreas de estudio, esperamos enriquecer nuestra comprensión de la historia de las mujeres y promover un debate fructífero sobre el papel de la tecnología en la preservación y difusión del conocimiento histórico.

Un interrogante que guía esta comunicación es de qué manera los avances tecnológicos han transformado el campo de la historia y han abierto nuevas vías para la recopilación, preservación y difusión de fuentes históricas, incluyendo aquellas relacionadas con la historia de las mujeres. Analizaremos cómo el giro digital ha afectado la forma en que accedemos, investigamos y compartimos información histórica, y cómo esto se relaciona con la existencia y el futuro del APIM. Entendiendo con Jaime Sánchez-Macedo que un archivo no es un mero repositorio sino un dispositivo de construcción de conocimiento histórico y administración de poder dando lugar a “propuestas teórico metodológicas aplicables al trabajo de archivo que se realiza desde el campo de la historia” (Sánchez-Macedo, 2020:183).

En ese sentido nos proponemos colocar el APIM en una perspectiva situada en relación al especial momento de su creación y reponer la agenda de preguntas que guiaron sus comienzos y el trabajo de investigación histórica que acompañó la existencia del archivo que además por sus características se proponía intervenir en el campo de la historia de las mujeres.

El archivo APIM nació al calor de la institucionalización de los estudios de género en 2001. Cuando nos propusimos crear un archivo en el marco del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de la Facultad de Filosofía y Letras. Aunque aquella experiencia no logró sostenerse en el tiempo, mirar hacia el pasado y evaluar lo realizado nos permitirá seguir pensando que su continuidad es necesaria para afianzar la memoria y la identidad social, militante e institucional de lxs sujetxs generizados aunque es indispensable repensar la experiencia.

APIM tuvo un origen doble: el primero, es institucional y está dado por la creación del Instituto de Género en cuyo estatuto de formación aparece la necesidad de crear un archivo que dé respuesta a la necesidad de nuevas fuentes que requerían los estudios en marcha y los por venir[3]. El otro consistía en conformar un grupo de universitarias interesadas en la investigación de temas relacionados a la Historia de las Mujeres y los Estudios de Género, este grupo trabajó de manera vocacional, sin becas para el archivo y con muy pocos recursos para su funcionamiento.

El proyecto estaba dirigido por Mirta Zaida Lobato e integrado por un grupo de historiadoras: Cecilia Belej; María Damilakou, María Fernanda Lorenzo, Ana Laura Martín, Ana Lía Rey, Lizel Tornay y Cecilia Tossounian.[4] Nos reuníamos sistemáticamente en el Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género (FFyL, UBA)[5] con el objetivo de discutir modos de pensar el archivo, pero también empezamos a realizar listados de nombres de mujeres escritoras, científicas y universitarias. En ese marco, realizamos lecturas y discusiones de bibliografía especializada sobre Historia Oral, conformación de archivos, teoría de género y Cultura Visual.

Al iniciar nuestra tarea en los archivos institucionales, notamos las marcas de género presentes en la catalogación de los repositorios más reconocidos y al intentar buscar a las mujeres en ellos advertimos que su aparición era mayoritariamente indirecta. Los archivos tienen marcas androcéntricas de catalogación desde que se crearon a fines del siglo XIX hasta la actualidad, por eso es necesario volver a ellos con otras preguntas. Junto a esa marca patriarcal comenzamos a encontrar documentación adecuada para llevar adelante investigaciones que requerían ampliar las fuentes sobre las experiencias de las mujeres, su sociabilidad y su identidad que la expansión de los estudios de género demandaba.

Las transformaciones producidas en el plano del conocimiento histórico que implicó la entrada de las mujeres en la historiografía y la institucionalización de los estudios sobre las relaciones de género y del movimiento feminista fueron preguntas iniciales a los archivos y a la posibilidad de recopilar también la palabra dicha que permitía la historia oral como herramienta. En la conversación que remite a las historias de vida pueden encontrarse voces diversas, no uniformes que a veces son aplanadas por los modelos convencionales culturales, sociales y disciplinares.

Las imágenes fotográficas, pero también pictóricas, los grabados se nos presentaron en ese momento como documentos valiosos y fuentes poco transitadas por la historiografía. Construir series y rodearlas de preguntas y textos, al tiempo que pensábamos cómo correr el velo de aquello que nos permitía entrar en esos mundos todavía inexplorados. Para estos recorridos el archivo resultaba indispensable porque permitía unir las memorias de las mujeres y poder encontrar lazos del pasado con el presente.

Aunque sabemos que “el archivo no escribe páginas de la historia” su existencia es el recurso por excelencia de la resignificación que la operación histórica le impone a la memoria. Con él nos propusimos buscar los indicios del accionar de las mujeres entre los intersticios de las imágenes creadas para otros fines o en los relatos de vida que por medios de los procedimientos biográficos se constituyen como recursos tanto para explorar la experiencia vivida como la percepción de la sociedad que ellas integran.

Esta operación apelaba a la revisión de las fuentes sacralizadas por la historiografía tradicional que no se formulaba preguntas sobre las huellas, los indicios o los síntomas del conocimiento histórico que incorporase la experiencia de las mujeres. El interés en los cuerpos, las sexualidades, la cultura del trabajo significaba la búsqueda de nuevas fuentes de allí que para acercarnos a estos problemas y poder historizarlos era necesario contar con diarios íntimos, epistolarios, literatura escrita por mujeres y una mirada al mundo del cine y la vida de las artistas.

Los documentos y las fuentes orales y, en buena medida también las imágenes, se inscriben en un movimiento más amplio relacionado con las memorias en pugna y con historias de la memoria mostrando su carácter selectivo. Ese carácter selectivo no había sido tenido en cuenta por las instituciones al servicio de las investigaciones históricas y, los descriptores, por omisión, silenciaron el lugar de las mujeres. Los archivos privados eran poco explorados, existían pocas experiencias de catalogación y eso los convertía en reservorios documentales casi no utilizados, aunque sin dudas muy valiosos.

Contribuciones

La experiencia APIM reclamaba a los archivos nacionales como el Archivo General de la Nación (AGN) una voluntad de recatalogación y ordenamiento con lineamientos nuevos. Así, el grupo de trabajo salió a buscar en los sobres cargados de fotografías que por entonces ofrecía el AGN, las mujeres que allí se encontraban. El resultado fueron cientos de planillas que atendían a distintas búsquedas: por nombres, por actividades, por instituciones, por barrios, por acontecimientos y que nos permitiría en algún momento saber mucho de lo que estaba oculto en el archivo. Llegábamos al archivo con un trabajo previo que nos permitía buscar en el índice general más vinculado a temas y en el catálogo onomástico.

La llegada al archivo fue planificada en torno a dos problemas que estábamos construyendo por entonces: la clasificación general de las mujeres perdidas en los descriptores de los archivos y en sus actividades profesionales y sociales y, las investigaciones históricas constituida por el grupo que fueron demostrando la importancia de las imágenes en el devenir histórico.

Las planillas nos permitían identificar la imagen y poder buscarla en el momento que fuera necesario. Recordemos que por entonces el AGN daba sobres con fotografías, el usuario podía separar las imágenes que le interesaban y ellas eran guardadas por el Departamento de Fotografía durante una cantidad de días. Una vez realizada la selección, comenzaba otro proceso: tener los negativos. Para eso llenábamos unas planillas con los datos de las fotos y pasaba a un área encargada de tomar esos negativos y nos daban el costo del trabajo. El trabajo no se pagaba con dinero sino con “especies” útiles para el departamento, como lamparitas, guantes, pilas, etc.

Muchos negativos iban a unas carpetas especiales protegidos por hojas libres de ácido. Nos compramos un visor de negativos, todo era muy precario a ojos de hoy y tuvimos una computadora: “Elvirita” en homenaje a Elvira López, la primera mujer que presentó una tesis de doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras.

Cuando surgió APIM, a comienzos de 2001, el nivel técnico y los soportes de guarda, en relación a los archivos eran muy diferentes al actual. Las cámaras fotográficas digitales eran una novedad y por lo tanto escasas. Además, muchos archivos no permitían su uso. Así, el trabajo en el archivo era doble, copiábamos a mano los datos del AGN y después volcábamos en planillas la información.

Revelar la historia de las mujeres a través de imágenes

Advertimos que además de buscar, clasificar y sistematizar lo que íbamos encontrando, necesitábamos mostrarlo e ir armando nuestra propia trama visual e histórica.

“Nosotras también estábamos allí” fue nuestra primera muestra fotográfica, al cumplirse cien años de la defensa de la primera tesis en Filosofía realizada por una mujer: Elvira López. Estábamos poniendo a prueba las planillas, las reuniones que junto a lecturas relativas a los estudios de género mechábamos con la búsqueda de las primeras universitarias. No se trataba solo de pensar en Cecilia Grierson o Sara Justo, sino en otras profesiones donde el ingreso de las mujeres a las aulas fue más lento o en el inicio de carreras universitarias que comenzaban a dictarse en el país, como Sociología. Fue una experiencia valiosa y como dijimos, las universitarias fueron nuestro primer ejercicio como grupo de trabajo. Mirado a la distancia haber homenajeado a Elvira López, una mujer prácticamente desconocida por entonces, fue también homenajear a tantas primeras experiencias educativas sobre las cuales hoy sabemos mucho más ya que hay investigaciones que recorren ese proceso educativo y también proyectos de Facultades que cruzan experiencias profesionales con historias de vida. La muestra de universitarias se exhibió también en el espacio de la Dirección de Cultura y Extensión Universitaria de la Facultad de Ciencias Sociales UBA. Una mirada al catálogo de imágenes expuestas nos da una idea de nuestra búsqueda y también muestra la escasa pero temprana participación de las mujeres en las aulas universitarias.

En esos primeros tiempos, nosotras enmarcábamos las fotografías para las exhibiciones. También el descubrimiento estético de las fotografías: las gamas de grises, la iluminación, los rostros, las poses y los entornos empezaron a ser leídos como documentos históricos a los cuales se les podían formular preguntas e hipótesis.

Más adelante, la muestra que abrió nuevas perspectivas de trabajo fue “Huellas de mujeres. Política y feminismos en Argentina en la primera mitad del Siglo XX”, inaugurada el 7 de marzo de 2003 en la Casa de la Cultura de la Municipalidad de Vicente López. La muestra también acompañó las Jornadas Interescuelas Departamentos de Historia de la Universidad de Salta y en el Workshop Gender and Visuality, University or Western Cape, Cape Town South Africa, en agosto de 2004, entre otros espacios institucionales que nos abrieron sus puertas. El recorrido daba cuenta del conflictivo camino de las luchas por la igualdad y los derechos de las mujeres y traía al presente las imágenes de nuestras predecesoras. La vinculación con la vida política nacional, la pertenencia al feminismo, las diferentes percepciones sobre el rol de las mujeres implicaron crisis y rupturas que la muestra recorrió en un guion con más de ochenta fotos rescatadas del Archivo General de la Nación.

Las exhibiciones del APIM acompañaron a infinidad de Jornadas organizadas por el Instituto de Género, algunas siguieron siendo exposiciones de fotos papel, pero otras presentaciones empezaron a ser digitales, muchas de ellas fueron posibles gracias a escritoras que nos facilitaron imágenes inéditas. En otras oportunidades recurrimos al auxilio de los medios masivos para poder completar la narración que el AGN no nos brindaba. La tarea se repetía, armar un guión, buscar las imágenes y encontrarle la vuelta para que tuviera un costo mínimo.

En el marco del proyecto APIM; se realizaron otras exhibiciones: “Silvina en imágenes” en las Jornadas homenaje a Silvina Ocampo (1903-2003) en agosto de 2003; “Mujeres en acción: política y feminismos en la década de 1970”, octubre 2004; “Norah Lange en imágenes” en las Jornadas homenaje a Norah Lange (1906-2006) en mayo de 2006; “De pantalones anchos y de vincha… Mujeres y militancia política en los 70”, agosto de 2006; “Papeles de mujeres. Siglos XIX y XX” en III Encuentro de publicaciones feministas: “Entre medios: editoras, autoras y públicos”, noviembre de 2007; “Nosotras estábamos ahí” en colaboración con el Archivo Nacional de la Memoria en marzo de 2010 y “20 años. Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género” en noviembre de 2012.

Además, organizamos junto al IIEGE las Jornadas de Fotografía, memoria y Género en la Facultad de Filosofía y Letras en noviembre de 2003, con mesas y paneles y la presentación de una muestra fotográfica de Adriana Lestido y de la exhibición de la colección Witcomb dada en préstamo por el Archivo General de la Nación.

Estábamos mostrando imágenes que habían circulado muy poco, y en forma limitada en su momento de producción y luego esos personajes casi habían caído en el olvido. Mucha gente no conocía la cara de las mujeres de las que hablábamos, no tenía el hábito de pensar una narración histórica utilizando imágenes o que una fotografía se inscribía en un registro técnico, estético y subjetivo.

Amplificando voces

Uno de los objetivos de APIM era el de recuperar las voces de mujeres a través de entrevistas y de la historia oral como herramienta para acceder a aspectos desatendidos por las y los historiadores. La importancia de generar un archivo de entrevistas, se dio de la misma manera que con las imágenes, a partir de núcleos que eran guiados por los intereses de investigación del equipo. La lectura de los trabajos de Alessandro Portelli y Daniel James, entre otros, fueron herramientas teóricas indispensables para pensar entrevistas útiles para las investigaciones que estaban en carpeta.

Generar un archivo de entrevistas con reinas del trabajo, mujeres trabajadoras anónimas, inmigrantes, artistas y militantes feministas, nos permitía darle voz y visibilidad a aquellas historias y contribuciones que a menudo eran pasadas por alto. Estas mujeres representaban una riqueza de experiencias y perspectivas valiosas que merecían ser registradas. Al recopilar sus testimonios y preservarlos en un archivo, se les otorgaba un espacio para compartir sus vivencias, desafíos y triunfos, permitiendo que sus voces contribuyeran a construir una narrativa más inclusiva.

En la experiencia APIM estas entrevistas fueron indispensables para la realización de investigaciones que se volcaron en artículos académicos, también fueron voces en documentales. Aunque ellas no constituyeron el núcleo de nuestro trabajo como es el caso de lo que ocurre en el Archivo Nacional de la Memoria o en el Archivo de la Memoria Trans.

Las razones de un archivo con pluralidad de voces y multiplicidad de soportes

Como ya adelantamos, “Huellas de Mujeres…” fue una bisagra en el crecimiento del APIM. Nos dejó indicios para retomar el análisis de imágenes con temas que habían aparecido de modo tangencial en la historiografía: las mujeres virtuosas, las reinas del trabajo elegidas en las celebraciones del 1º de Mayo en Buenos Aires y las reinas de la vendimia. Esta búsqueda y sus derivas nos permitieron articular los objetivos primeros del archivo: las series fotográficas, las historias de vida y los textos que permitían hilvanar hipótesis y miradas.

Este trabajo fue fructífero, nos dejó “Las reinas del trabajo. Belleza, virtud y producción, Argentina en el siglo XX” una muestra curada por Ana María Battistozzi en el Espacio Casa de la Cultura e inaugurada en marzo de 2005, la película Compañeras Reinas dirigida por Fernando Álvarez y el libro: Mirta Zaida Lobato (editora), Cuando las mujeres reinaban. Belleza virtud y poder en la Argentina del Siglo XX, (2005).[6]

Las gigantografías y los paneles de las Reinas del Trabajo se exhibieron en la Casa de Victoria Ocampo, en Mar del Plata (2006) y la película circuló en exhibiciones especiales, festivales y escuelas.

Esta experiencia cuyos resultados son consumos culturales en varios soportes nos permitió, también, pensar el archivo. En tanto una acción de guarda y recatalogación cómo el trabajo realizado en el Archivo General de la Nación; de pequeño salvataje cómo fue el momento en que el diario Clarín había comprado el paquete completo del diario La Razón y el enorme archivo que mantenía sus sobres de redacción desde 1905 estaba siendo desmembrado y, también de construcción a través de resignificar los documentos que provienen del mundo privado y que seguramente habitan en los rincones hogareños.

Al calor de la aprobación, en 2004, del Programa Nacional de Educación Nacional Sexual Integral, que inició en CABA, el APIM desarrolló una serie de contenidos orientados a la enseñanza media de Historia y la inclusión de contenidos de género. Por ejemplo, se hizo una línea de tiempo de Historia argentina que incluyera eventos significativos para las mujeres, como obtención de derechos civiles, políticos y sociales. Estos contenidos se plasmaron en un CD doble que contenía material teórico para docentes y material didáctico para estudiantes, imágenes, líneas de tiempo y actividades. Paralelamente, y en el mismo sentido, se dictaron talleres denominados “Hacia la equidad de género en educación: recursos audiovisuales para una historia de las mujeres” para difundir el material y concientizar sobre los rasgos genéricos en la historia, pensando en qué estrategias se podrían poner en práctica en el aula para incluir a las mujeres en la enseñanza de contenidos de historia. Nada de esto hubiera sido posible sin la existencia previa del archivo APIM.

Quizás no sabemos cómo hacerlos, pero sí sabemos que necesitamos archivos vivos con construcciones múltiples para enfrentar el olvido. También necesitamos recuperar la memoria visual de la historia de las mujeres y disidencias y escuchar sus voces. La tecnología que no tuvo APIM en disponibilidad debiera tener su revancha en estos tiempos de más fácil acceso digital. Los estudios de género ya se han institucionalizado, pero todavía podemos hacer más para recuperar las memorias y ponerlas en disposición de aquellas y aquellos que siguen buscando formas en que se cuestionó el poder, y se luchó contra las desigualdades y de recuperar el sentido de lo cotidiano.

Conclusiones

A partir de lo expuesto en esta comunicación, podemos extraer una serie de reflexiones sobre la experiencia de APIM. En primer lugar, lo inédito de este proyecto que supuso pensar en imágenes, en su mayoría fotografías, pero también material fílmico y las voces, a partir de entrevistas a mujeres. De esta manera se puso de relieve que el devenir histórico es extremadamente complejo y necesita de múltiples referencias para dar cuenta de ello.

Al mismo tiempo, los límites técnicos marcaron esa experiencia que se dio justo antes del salto digital, de la masificación de las nuevas cámaras fotográficas, los grabadores digitales, las páginas de internet y la digitalización de los archivos. En APIM se trabajó con disquetes, CDs, cassettes y planillas en papel. Todo esto hizo muy trabajosa la experiencia.

Si hoy pensáramos cómo conformar un archivo sobre mujeres, este se debería basar en las posibilidades técnicas actuales y hacerlo crecer en un marco institucional y atendiendo a la agenda feminista. Pensamos por un lado en la catalogación con una mirada generizada de los denominados archivos institucionales para contar con una base de datos nueva y por otro en un archivo colaborativo abonado por las investigaciones realizadas en el marco de la institución que lo alberga. Así se sumarían entrevistas e imágenes de les entrevistades; las fotografías que surjan de esas pesquisas; las producciones de fotógrafas y fotógrafos dispuestos a compartir su obra para ser catalogada. Sería indispensable pensar en las colaboraciones personales a partir de una fuerte política de propaganda para incorporar fotos de la vida doméstica, intercambios epistolares, diarios íntimos, etc. Además de una página digital sustentable que pueda contener esa diversidad de fuentes y tenga circulación pública. Así como en el siglo XIX para hacer un archivo eran necesarias acciones políticas, en la actualidad la creación de un archivo requiere de las posibilidades de las instituciones y de sostener en el tiempo esas políticas que precisan un compromiso y de recursos adecuados para su establecimiento y acceso a la información en el largo plazo.

También sería fundamental no limitar el archivo únicamente a las mujeres, sino ampliar el enfoque para incluir a las disidencias sexuales; un archivo que refleje la diversidad de experiencias de género para crear una representación más equitativa de la sociedad, brindando una plataforma para compartir luchas y logros de una historia que todavía no se terminó de escribir.

El archivo permite ampliar la mirada subjetiva y desarrollar la creación de sentido de quien mira lo que allí se encuentra, además de la capacidad de producción, recolección y exhibición. Queríamos contar esta experiencia, una experiencia muy temprana, que tuvo los límites de su época, justamente en este momento en que los archivos están muy en voga. Hoy hay una gran producción para pensar el giro archivístico y el giro digital.

Bibliografía

Caimari, L. (2017) La vida en el archivo. Goces, tedios y desvíos en el oficio de la historia, Buenos Aires, Siglo XXI.

James, D. (2004) Doña María. Historia de vida, memoria e identidad política. Buenos Aires, Cuadernos Argentinos Manantial.

Lobato, M. Z. et al. (2001) “Recordar, Recuperar, Conservar. Palabras e imágenes de mujeres. La construcción de un Archivo en la Argentina”, en Voces recobradas. Revista de Historia Oral del Instituto histórico de la ciudad de Buenos Aires, Año 5, N13, Buenos Aires.

Lobato, M. Z. (2017) “Ellas también estuvieron allí”, 8 de marzo de 2017, https://www.conicet.gov.ar/ellas-tambien-estuvieron-alli/, Portal de Noticias del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.

Portelli, A. (2003). La orden ya fue ejecutada. Roma, las Fosas Ardeatinas, la memoria. FCE. Buenos Aires.

Quiroga, N. (2022) “Interpretación histórica y objetos digitales: consideraciones a partir de ejemplos concretos.”, en Vegueta. Anuario de la Facultad de Geografía e Historia, Universidad de las Palmas de la Gran Canaria, Vol 22.

Sánchez-Macedo, J. (2020) “El giro archivístico: su impacto en la investigación histórica”. Revista Humanitas. Año 47, N° 47, Vol. IV, Historia, 2020, pp. 183-223 2020.

Schwarzstein, D. (comp.) (1991) La Historia Oral. CEAL. Buenos Aires.

Spieker, S. (2017) “El gran archivo. El arte desde la burocracia”. Cuadernos de Literatura 21.41: 15-29. https://doi.org/10.11144/Javeriana.cl21-41.gaab


  1. FSOC, UBA / IHAYA/ IIEGE. Correo electrónico: anyrey@gmail.com.
  2. IIAC, UNTREF/ UBA/CONICET. Correo electrónico: cbelej@gmail.com.
  3. Mirta Lobato, en “Ellas también estuvieron allí”, 8 de marzo de 2017, https://www.conicet.gov.ar/ellas-tambien-estuvieron-alli/, Portal de Noticias del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
  4. También colaboraron en APIM Sofía Visuara, Silvia Escanilla Huerta, Pablo Seckel, Alina Silveira y Norma Loto.
  5. El Instituto Interdisciplinario no solo fue lugar de reunión, las autoridades de entonces, Dora Barrancos y Nora Domínguez fueron entusiastas acompañantes de los diferentes proyectos.
  6. Las historias de vida de algunas de las reinas y las fotografías personales fueron insumos indispensables en esta pesquisa junto a las fotos que pudimos recuperar del AGN y el diario La Razón. Nos acercamos a objetos personales de las reinas que luego exhibimos, así como la visita con sus familiares para reconocerse en aquellas imágenes y sus recuerdos vívidos y presentes.


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