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Emociones y “guerras” en Malvinas

Las experiencias bélicas de los soldados argentinos en el conflicto del Atlántico Sur, 1982

Cristian Di Renzo[1]

A modo de introducción

La trayectoria de los soldados argentinos en la Guerra de Malvinas fue intensa y cargada de experiencias emocionales (Barclay, De la Rosa y Stearn, 2021). En muchos casos, se encontraban en una situación desconocida y peligrosa, luchando por aquello que alguna vez les enseñaron que era la Patria. La tensión irresuelta entre ese orgullo patrio y el “deber” del heroísmo junto al temor por sus vidas, la soledad del ambiente aislado en donde la naturaleza era un enemigo que no daba tregua, la frustración por la falta de información o de recursos, la tristeza, la angustia y el miedo, son sólo algunas emociones por las que se vieron permeadas sus experiencias bélicas.

En términos generales, la Causa Malvinas (Palermo, 2007) y la guerra en sí misma, ha sido abordada desde múltiples aristas de investigación, tales como el aspecto militar, social, cultural y político y no es nuestro interés aquí realizar un estado de la cuestión (Beck, 1988; Cardoso, Kirschbaum y van der Kooy, 1992; Lorenz, 2006, 2011; Guber, 2001, 2004, 2012; Boyce, 2005; Anderson, 2014; Tato y Dalla Fontana, 2020; otros). No obstante, el devenir de las experiencias emocionales de quienes estuvieron en el frente de batalla durante los 74 días en los que duró la contienda armada es una de las vacancias sobre las que la historiografía podría realizar contribuciones. En este sentido, en este trabajo presentamos una primera aproximación en la que se avanza hacia la caracterización de los emotives (Reedy, 2004; Scheer, 2012) presentes en el relato de nuestro actor.[2] Específicamente, nos detendremos en el caso de Juan José[3], ex tripulante del ARA Crucero General Belgrano en la búsqueda de aquellas emociones que se hallen presentes en la experiencia emocional manifestada en la entrevista. Frente a esta fuente privilegiada nos valdremos de las herramientas teóricas y metodológicas de dos campos disciplinares en diálogo permanente: la Historia Oral y la Historia de las Emociones.[4]

El fin de la suerte del “Lucky Phoenix”

El ARA General Belgrano fue un crucero ligero perteneciente a la Armada Argentina, cuya historia se halla estrechamente ligada a la Guerra de las Malvinas que tuvo lugar en 1982 entre Argentina y el Reino Unido en disputa por la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur.

El buque, originalmente conocido como USS Phoenix (CL-46) y parte de la clase Brooklyn de la Marina de los Estados Unidos, fue botado al agua el 16 de febrero de 1938 y participó en la Segunda Guerra Mundial como parte de la flota estadounidense en el escenario del Pacífico. Posteriormente, en 1951, el buque fue adquirido por la Argentina y rebautizado en un principio como ARA 17 de Octubre. En 1955 participó activamente en el movimiento que culminó con la caída del presidente Juan Domingo Perón. Durante estos eventos, se le encomendó la misión de bombardear la destilería de YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) ubicada en las afueras de la ciudad de La Plata, como parte de las acciones llevadas a cabo por los sectores opositores al gobierno peronista. Rebautizado como ARA General Belgrano, terminó convirtiéndose en un componente crucial de la Flota Naval argentina durante más de tres décadas.

Sin embargo, fue durante la Guerra de las Malvinas cuando el ARA General Belgrano alcanzó notoriedad trágica.[5] Como parte de las operaciones el crucero se hallaba navegando fuera de la Zona de Exclusión Total establecida por el Reino Unido en aguas cercanas a las Islas Malvinas. No obstante, el 2 de mayo de 1982, el submarino británico HMS Conqueror llevó a cabo un ataque que resultó en el hundimiento provocando la pérdida de 323 personas, incluyendo tripulantes y oficiales. Este suceso generó controversia en ambos países, ya que algunas voces argumentaron que el ataque no debió haber ocurrido debido a la ubicación del buque argentino fuera de la zona de combate designada por el Reino Unido.[6]

De hecho, en el Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades en el conflicto del Atlántico Sur, mejor conocido como “Informe Rattenbach”, se declara que:

Al Reino Unido, vencedor de la contienda, le queda hoy el análisis desapasionado de su conducta durante el conflicto que, más allá de toda consideración sentimental, no se compadece, por sus alternativas, con su ubicación de potencia relevante de nuestro mundo occidental y cristiano.
De este análisis surgirá, a no dudarlo, el hecho intrínsecamente cruel por innecesario, cual fue el hundimiento del Crucero ARA “General Belgrano”. Su responsabilidad por este acontecimiento, además de otros de menor cuantía, es insoslayable.[7]

Lo cierto es que la suerte del “Lucky Phoenix” (apodo que se había ganado tras el ataque de Pearl Harbor del que había resultado prácticamente ileso) había llegado a su fin y así lo manifiesta Juan José en su testimonio.[8]

Juan José es Ingeniero Mecánico, recibido en la Universidad de Rosario y en el año 1982 le tocaba navegar tras tres años de instrucción en tierra. Precisamente, sus funciones dentro del ARA General Belgrano estaban ligadas a su formación profesional al momento del ataque en el cual recuerda que: “(…) estaba de guardia en un lugar muy bajo, en la Central de Averías. Yo estaba mirando el escorímetro y de golpe sentí 2 sacudones laterales, se corta la luz y silencio”.[9] Más adelante en su relato, reafirma el impacto general dentro de su cotidianidad bajo la excepción de estar en medio de una guerra: “en una hora te cambió la vida. Estaba de guardia, calentito, bien alimentado… y de golpe estás en una balsa, se te va el barco de frente, cagado en las patas y quedás a la deriva. Es difícil de digerir”.[10]

Resulta evidente que ante esta situación la persona involucrada invoque el miedo[11] y, en particular, el miedo a la muerte (Bourke, 2005). Este miedo se manifiesta en los momentos posteriores a los dos impactos recibidos:

Tenía la sensación física de que frenas (se toca el pecho con ambas manos). Tiraron uno a proa y uno a popa, si llegaba el del medio, yo no salgo. El barco parado, a oscuras, no es una sensación agradable y escuchás el ruido de la chapa, la estructura se queja. En silencio, el barco al inclinarse, empieza a crujir. Tranquilamente podría estar viniendo un torpedo en viaje y te lo iban a poner al medio, no salimos.[12]

Poco tiempo después, tiene un primer encuentro con otro tripulante que manifestaba de manera casi desesperada esta misma emoción (Rosenwein, 2016). En consonancia con este abordaje, se considera que la emoción puede involucrar algunas reacciones instintivas, que a su vez provocan respuestas químicas en el cuerpo: el miedo y la ira obviamente involucran cambios fisiológicos que incluyen sacudidas de adrenalina y latidos cardíacos más rápidos (Barclay, Crozier De la Rosa y Stearn, 2021:5). De hecho, Juan José recuerda que: “Empiezo a caminar hacia proa y me encuentro con un conscripto a los gritos ¡sáquenme de acá!, vine a buscar un salvavidas y me perdí. Me voy a morir. No quiero morir acá (…). Estaba en crisis”.[13] En sus palabras señala que esta persona estaba en crisis y con miedo a morir, pues probablemente estaba en la misma condición y con el mismo miedo, sólo que en ese instante le llamó la atención el modo en el que produjo este encuentro momentáneo. En otras palabras, este emotives pasó a ser compartido por gran parte de los integrantes del ARA General Belgrano.

En su testimonio y a medida que avanza con los recuerdos de estos primeros momentos hasta su posterior abandono del buque, los gestos y la voz de José Luis se van transformando. Incluso hay dos momentos en particular en los que el relato se detiene, al menos momentáneamente por la necesidad de reflexión o bien de recomponer su postura. Uno de ellos se produce cuando recuerda que:

Yo quería ver qué pasaba abajo. Llego a la carpintería, no había nadie, doy la vuelta al lado del barco, por el otro lado, por estribor, me asomo a la bajada de la cantina. De abajo venía un ruido como de aceite hirviendo en una sartén cuando le tiras papas fritas y hace chisporroteo y humo aproximadamente a un metro de donde yo estaba.
Cuando estaba mirando abajo sale, emerge un tipo (índice pulgar e índice marcado a modo de puntualidad para acentuar lo que estaba diciendo) reptando sobre la escalera, gateando totalmente bañado en petróleo y dice “ayudame”. Fue lo único que dijo. Ese tipo lo tengo todavía acá (tocándose la sien y con un claro gesto de angustia). Vos sabés que yo nunca supe quién era ese tipo.[14]

Cada momento, cada instante de este periodo de tiempo es revivido en el cuerpo de José Luis. No es un mero narrador, sino que mientras recuerda es trasladado por su memoria a ese sitio que lo vio sufrir y su respuesta corporal da cuenta de ello. En particular, este suceso fue uno de los que mayor impacto tuvo en su experiencia emocional y la incertidumbre de quién era y si sobrevivió o no, es una sensación que lo acompaña día a día. Así, la angustia se hace presente en su relato y lo va a acompañar hasta el final del mismo en cada una de las guerras que tuvo que afrontar.[15]

Una vez que retoma su travesía para arribar a la balsa que tenía asignada que no encuentra, aborda en otra para comenzar a alejarse y no sufrir del peligro del momento del hundimiento.[16] En estas instancias, recuerda con cierta alegría un objeto en particular, un casco:

La marejada te empujaba al barco, yo con mi casco de control de avería que todavía lo conservo (pequeño gesto de alegría), tratado (haciendo gesto de remar). A todo esto, seguía subiendo gente. Éramos treinta y dos o treinta y tres, se me escapa la cifra, cuando la balsa era para veinte, con tres quemados, 1 en mal estado que después murió. Uno en calzoncillos y medias que se estaba levantando al momento del ataque[…].[17]

La relación entre los objetos y las emociones ha sido objeto de análisis por parte de la historiografía (Ávila y Landa, 2002; Bjerg, 2019 b; Dziuban y Stanczyk, 2020). Las emociones que despierta el casco en Juan José se vinculan afectivamente con los diversos roles que cumplió a lo largo de su travesía: “(…)ese casco se usó para varias funciones, orinar, vomitar y achicar la balsa que entraba agua”.[18] Precisamente se aferró al casco como una muestra de su supervivencia y como auxiliar de las necesidades de sus compañeros de balsa. De hecho, Bourke (2005) describe que, para los soldados, sus herramientas bélicas dejan de ser simples instrumentos para matar, ya que en contextos de guerra se transforman en amigas, compañeras, parejas o esposas, de manera que se establece un nuevo tipo de relación. De esta manera se convierte más que en un objeto en una parte de su experiencia emocional en la Guerra de Malvinas, pero sobre todo del momento en el cual su vida corrió peligro.

El momento del hundimiento también es recordado con mucha angustia y esta se manifiesta en los gestos y palabras de Juan José:

Lo veo al barco a 100 150 metros de frente (…) muy inclinado y un montón de balsitas todavía alrededor. Este se los lleva dije, pobres tipos, se los lleva (Se quiebra, momento de silencio y de fuertes gestos de angustia con la mirada hacia abajo). Se inclina, las balsitas se alejan. Despidió vapores (…), se acuesta y desaparece. Te quedás mudo.[19]

Este es el segundo en el que el relato se detiene y muestra a José Luis realmente afectado. La angustia y la tristeza cobran centralidad en su testimonio y obliga a frenar y a reincorporarse para luego continuar con el hilo de narración. Lo que seguiría después, es aún peor.

Entre el concierto infernal y la música celestial

Precisamente, para Juan José, las escenas siguientes son recordadas como un “concierto infernal”:

Lo que vino fue el temporal del mar del sur. Olas horribles, las sufríamos, olas de dos a diez metros y ráfagas de 100 km por hora. Fueron las peores horas de nuestras vidas porque no sabés si la siguiente ola te da vuelta la balsa. Nadie hablaba, (…) por ahí algún grito mal contenido. Quizás entre todos nos contuvimos, horrible.
Era un concierto infernal: lamento de los heridos y quemados, el agua y la lluvia que crepita contra el techo de la balsa, el ruido del oleaje y el silbido del viento. Frío no teníamos, en todo caso, cagazo.[20]

Estar a la deriva en el medio de la noche en el extremo sur del océano Atlántico, con condiciones climáticas extremadamente hostiles, tras haber vivido una situación de estrés en el marco de una guerra tal como es el hundimiento de su propia nave, conjugaron un momento de total angustia y desamparo.[21] El miedo, emoción natural recurrente y compartida, acompañó a Juan José en cada una de sus guerras, al menos hasta que divisó tierra tras ser rescatado luego de estar treinta horas en la balsa. Al mismo tiempo, resulta interesante resaltar que, mientras estaban transitando la tormenta, nadie hablaba y que si había algún grito era porque fue “mal contenido”. Esto nos remitiría a pensar en la propuesta de Delumeau quien sostiene que en contextos bélicos el miedo puede estar asociado a la cobardía. Por esta misma razón, adquiere sentido lógico que los soldados busquen ocultarlo (Delumeau, 2002). De modo que, si bien Juan José tenía miedo, respuesta natural y declarada en la entrevista, no podía decirlo abiertamente ni tampoco sus compañeros de balsa.

Finalmente, la alegría también se manifiesta en el testimonio de Juan José en dos ocasiones.[22] La primera de ellas, es en los momentos previos a su rescate, al recordar que: “(…) como a la una de la tarde se escuchó un motor y era un avión nuestro. Pasó por arriba de todas las balsas. De la excitación vomité bilis de nuevo. Ya a la tarde se veían los mástiles(…) Como Ingeniero Mecánico escuchar esas hélices, esos motores, es música celestial”.[23] En estas instancias la analogía de citar al cielo y al infierno refleja la necesidad de demostrar lo angustioso de la situación inmediata al abandono del barco y la alegría y motivación de ser rescatados. Con algunas horas de distancia, Juan José había experimentado en carne propia los efectos de estar al borde del abismo y de la “elevación” con su correspondiente salvación. Más aún, la alegría tendría otra manifestación espontánea y compartida tras el arribo a Ushuaia y posterior abordaje en el avión de regreso:

[…] el vuelo se detuvo en Río Grande, estábamos todos sentados (en un vuelo sin butacas) y se asoma un teniente de navío y dice que les hundimos una fragata el Sheffield… El quilombo que se armó (con cierta mueca de felicidad en su rostro). Debe estar temblando todavía el avión. Yo sentí una alegría salvaje, me sentí vengado. Le devolvimos el sopapo […].[24]

Como podemos evidenciar, aun en un contexto de crisis y de estrés pueden producirse momentos de felicidad. En el primero de los casos, está asociada a la continuidad de la vida en medio de un clima hostil, de incertidumbre y de impotencia de no poder realizar prácticamente ninguna acción para facilitar su rescate en altamar. No obstante, la segunda ocasión tiene sentido en tanto la ubiquemos en el marco de la Guerra de Malvinas y del clima emocional (Casquete, 2017; Bartolucci, 2020; Di Renzo 2021 a; Di Renzo 2021 b) que se encontraba presente dentro de los sobrevivientes, pero también dentro de la sociedad argentina en general. En el caso de los sobrevivientes del ARA General Belgrano, la impotencia, la angustia, el miedo, la tristeza por los compañeros que no lograron salvarse y el malestar por las situaciones límite a las que se vieron expuestos tras el ataque, encontraron una vía de escape y de explosión anímica que venía a compensar, al menos en parte, todos los males que les había tocado vivenciar. Una suerte de “revancha”, tal como fue experimentada por Juan José, un sentimiento de justicia y de equilibrio en medio de una crisis que los acompañó por el resto de sus vidas.

Pasemos a realizar algunos balances generales de lo que hemos trabajado hasta aquí.

A modo de conclusión

A lo largo de este capítulo hemos recopilado las principales emociones manifestadas en la experiencia emocional de un sobreviviente del hundimiento del ARA General Belgrano. Estas estuvieron asociadas con un acontecimiento que causó un cambio significativo y drástico en la vida diaria del entrevistado marcando un punto de inflexión. El miedo y la angustia acompañaron a José Luis a lo largo de toda su travesía, sólo interrumpida momentáneamente por episodios espasmódicos de alegría. En este sentido, consideramos que la investigación sobre las experiencias emocionales de los Veteranos de la Guerra de Malvinas es de suma importancia para obtener una comprensión más profunda y completa de dicho conflicto que dejó heridas abiertas en la sociedad argentina.

En términos generales el hundimiento del ARA General Belgrano tuvo un impacto significativo en el desarrollo del conflicto y aumentó las tensiones entre Argentina y el Reino Unido. Desde entonces, este acontecimiento ha sido objeto de estudio y análisis por parte de historiadores y académicos, con el fin de comprender sus implicancias en el contexto geopolítico de la época. En todo caso, hemos realizado una primera aproximación al tema bajo el enfoque de la Historia de las Emociones con el objetivo de analizar un aspecto hasta el momento escasamente abordado, dejando planteadas líneas de investigación para ser profundizadas en investigaciones posteriores.

Fuentes

Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades en el conflicto del Atlántico Sur.

Entrevista a Juan José, septiembre de 2017, Mar del Plata. Archivo audiovisual del Dr. Marcelo Pedetta.

Recuerdos de un sobreviviente del hundimiento del ARA General Belgrano. Diario El Día de la ciudad de La Plata del 2 de mayo de 2019.

Bibliografía

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Ávila, S. y Landa, C. (2002). El papelito que me salvó la vida: objetos portadores de memoria y la Guerra de Malvinas. Anales De Antropología n°56 (2), 17-31.

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Bartolucci, M. (2020). La emoción místico patriótica de derechas e izquierdas revolucionarias. Memorias y discursos de Juan Francisco Guevara y Raimundo Ongaro, 1970. Anuario del Instituto de Historia Argentina, n°20(1), 1-12.

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  1. INHUS, CONICET/UNMdP, GEHiGue, Instituto Ravignani/UBA/CONICET Correo electrónico: cristiandirenzo1@gmail.com.
  2. Existen algunos relatos de otros tripulantes del ARA General Belgrano, como el del Cabo Segundo Artillero Carlos Buscaglia, que apareció publicado en la sección de Opinión del Diario El Día, 2 de mayo de 2019, recuperado de: http://surl.li/lwnrg Consultado en línea por última vez el 2 de junio de 2023. También puede verse la versión de los hechos bajo la óptica su capitán Bonzo, H. (2000 a; 2000 b). De manera más sistematizada y en cruce con una multiplicidad de fuentes, puede verse Rodríguez, A. (2014). Entre la guerra y la paz: La posguerra de los excombatientes del Apostadero Naval Malvinas: Experiencias, identidades, memorias, Tesis Doctoral en Historia Universidad Nacional de La Plata. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación.
  3. Se utiliza el pseudónimo de Juan José a lo largo de la entrevista. Un dato de interés acerca de la entrevista, es que el entrevistador es un ex tripulante del ARA Piedrabuena, uno de los buques que escoltaba al ARA General Belgrano y que luego rescató a sobrevivientes del ataque.
  4. Un balance acerca del recorrido de los historiadores en el campo de la Historia de las Emociones puede verse en Moscoso (2015) y en Bjerg, M. (2019 a).
  5. Acerca de cómo la Marina de Guerra historizó el hundimiento, véase Guber, R. (2008).
  6. Acerca de la orden de hundir el ARA General Belgrano, véase Hastings, M. y Jenkins, S. (1984).
  7. Informe Final de la Comisión de Análisis y Evaluación de las responsabilidades en el conflicto del Atlántico Sur. Disponible en: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/informe_rattembach.pdf. Consultado en línea por última vez el 16 de junio de 2023.
  8. En este trabajo, tenemos en consideración los recaudos metodológicos pertinentes debido a que “las combinaciones emocionales del pasado no suelen ser las mismas, o al menos no son exactamente iguales, que las emociones del presente” (Barclay, Crozier De la Rosa y Stearn ,2021:4).
  9. Entrevista a Juan José, septiembre de 2017, Mar del Plata. Archivo audiovisual del Dr. Marcelo Pedetta.
  10. Idem.
  11. El nombre castellano miedo existe desde los orígenes del idioma. Esta palabra heredera del latin metus-us, es exclusiva del castellano y del dominio gallego-portugués (medio). Extraído de http://surl.li/lwnth Consultado en línea por última vez el 15 de julio de 2023.
  12. Entrevista a Juan José… Óp. Cit.
  13. Idem.
  14.  Idem.
  15. La semejanza entre la palabra angustia y angosto no es una coincidencia. Provienen del latín angustus y se refiere a un desfiladero o abismo profundo y estrecho(angosto), que había que saltar. La sensación provocada por estar junto al vacío pasó a llamarse angustus, es decir angustia. Se pasó de un significado concreto (lugar físico) a un significado abstracto(sensación). Extraído de http://surl.li/lwntt(consultado en línea por última vez el 15 de julio de 2023).
  16. La suerte de quienes habían abordado la barca de José Luis, no fue la mejor: “(…)me enteré que apareció con cuatro conscriptos. Uno de ellos llamado Piedrabuena que me acuerdo de cuando pasaba lista de zafarrancho. Meses después me entero que aparece congelado con tres más. Estos vieron que se dio la orden de abandonar el barco, acá no viene más nadie y se mataron solos después. Porque después el frío no los perdonó. Cuatro tipos no daban calor suficiente”. Entrevista a Juan José, septiembre de 2017, Mar del Plata. Archivo audiovisual del Dr. Marcelo Pedetta.
  17. Idem.
  18. Idem.
  19. Idem.
  20. Entrevista a Juan José… Óp. Cit.
  21. En esto coinciden otros testimonios tales como el del Cabo Segundo Buscaglia Véase Diario El Día, 2 de mayo de 2019.
  22. La palabra alegría viene del latín alacer, alacris (rápido, vivaz, animado). Extraído de http://surl.li/lwnwy Consultado en línea por última vez el 15 de julio de 2023.
  23. Entrevista a Juan José… Óp. Cit.
  24. Idem.


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