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Fuentes orales en la capacitación de trabajadores y dirigentes de una empresa cooperativa
(1995/2022)

Daniel Elías Plotinsky[1]

Introducción

En 1995, un grupo de dirigentes y funcionaries del Banco Credicoop Coop. Ltdo. impulsó la creación del Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito Asociación Civil con el propósito de reunir, preservar y organizar documentación histórica sobre las entidades de crédito cooperativo. Desde su fundación, el Archivo se propuso entre otros objetivos, aportar a la identificación institucional de quienes componen actualmente el movimiento cooperativo desde la recuperación y recreación del pasado cotidiano, y proporcionar elementos para la elaboración de material didáctico. Las fuentes orales asumen un rol protagónico en el proyecto archivístico, cuyo acervo se nutre, además, de todo tipo de documentación. También en 1995, y en cumplimiento del objetivo aprobado por la asamblea general de garantizar su continuidad en el tiempo como entidad genuinamente cooperativa, el Banco comenzó a planificar su política educativa para dirigentes y empleades poniendo foco en la preservación y recreación de su identidad institucional, en el marco de una propuesta político-pedagógica de educación popular.

Muchas de las actividades educativas desarrolladas desde entonces se basan o utilizan documentación del Archivo, en particular fuentes orales. El trabajo se propone analizar la experiencia de su construcción y, fundamentalmente, la utilización de su acervo en esas actividades.

El Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito

El Archivo (AHCC) fue creado en 1995 para recuperar, crear, preservar, organizar, y ofrecer en consulta, documentación generada por las diversas expresiones del cooperativismo de crédito que desarrollaron su actividad financiera, basada en criterios de solidaridad y participación democrática, desde comienzos del siglo XX en todo el país: cajas de crédito, cajas populares, cooperativas de crédito y bancos cooperativos. Las mismas crecieron hasta convertirse en un importante movimiento socioeconómico que alcanzó su mayor desarrollo entre 1958 y 1979, fecha en que debieron transformarse por imposición de la dictadura cívico-militar en bancos cooperativos.

El AHCC se constituyó como asociación civil en 2008, tiene sede en la ciudad de Buenos Aires, y cuenta con el auspicio del Banco Credicoop Coop. Ltdo. (BCCL) que se propone con ello preservar la memoria histórica de las organizaciones que le dieron origen, y de cuya labor se reconoce continuador.

Sus objetivos son ofrecer un centro de documentación abierto a investigadores e interesades en general; fomentar investigaciones sobre el tema; organizar cursos y otras instancias de capacitación e intercambio; generar un ámbito para que el cooperativismo difunda sus realizaciones; proporcionar elementos para la elaboración de material didáctico y exposiciones; y aportar a la identificación institucional -intelectual y afectiva- de quienes componen actualmente el movimiento cooperativo, desde la recreación del pasado cotidiano.

El Archivo está organizado en tres áreas:

Archivo documental, cuyo objetivo es recuperar, preservar, organizar y facilitar el acceso a documentos sobre la vida empresarial e institucional de las cooperativas, y documentación personal de asociades, dirigentes y empleades, en tanto aportan al conocimiento sobre quienes crearon e integraron esas entidades, sus intereses y proyectos.

Hemeroteca, en la que se recuperan, preservan y ponen en consulta publicaciones periódicas editadas por cooperativas de crédito y federaciones.

Archivo oral, cuyo objetivo es crear de manera sistemática y planificada, preservar y organizar fuentes orales, en el marco de una campaña de recolección de testimonios de la manera más amplia y abierta posible, para obtener un máximo de información que multiplique los puntos de vista a través de entrevistas de historia oral e historia de vida a asociades, dirigentes y empleades de cooperativas de crédito (Schnapper y Hanet, 1993).

Como se explica en un trabajo presentado al 4to. Encuentro Nacional de Historia Oral (Plotinsky, 1999), el proyecto considera que los archivos orales son conjuntos orgánicos, ordenados y organizados de fuentes orales, accesibles a la consulta y el análisis, que tienen características específicas: nacen y se construyen en forma progresiva, ya que los documentos no existen previamente; informan tanto sobre su creador como sobre el objeto de estudio, por lo que son una primera construcción histórica inseparable de una cierta visión del pasado y del presente (Moss, 1991); y son orales, por lo que su soporte son las grabaciones o filmaciones de las entrevistas, más allá de que se realicen transcripciones para facilitar el acceso.

Desde el principio se planificó la realización de gran cantidad de entrevistas a dirigentes, asociades, funcionaries y empleades vinculades a las entidades en diferentes períodos históricos, para multiplicar las perspectivas, opiniones y puntos de vista sobre su proceso de creación, conformación y desarrollo. Metodológicamente se optó por realizar entrevistas semiestructuradas de final abierto (Hammer y Wildavsky, 1990), las que fueron registrándose en diferentes formatos en función de los cambios tecnológicos producidos desde 1995. En el contexto de realización de las entrevistas se fueron recibiendo de quienes brindaban su testimonio, documentos pertenecientes a las entidades en las que habían participado o trabajado, en carácter de donación.

Paulatinamente se profundizó el vínculo con diversas cooperativas –fundamentalmente el Banco Credicoop y el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC)[2]– y los documentos en soporte papel, fotográfico, fílmico, etc. fueron aumentando. Dado que las Cajas dejaron de funcionar mayoritariamente a fines de la década de 1970 y el Archivo empezó a construirse a mediados de la década de 1990, no se trata de fondos conservados y transferidos por las mismas entidades creadoras sino materiales dispersos que sobrevivieron en manos de sus integrantes, o en el ámbito de otra cooperativa o institución. Muchas de esas cajas de crédito, obligadas a convertirse en bancos cooperativos, hoy son filiales del BCCL, lo que facilitó el rescate y transferencia de la documentación.

En este contexto, los diversos tipos de fuentes interactúan en tres niveles.

Uno es la propia construcción del Archivo, ya que –como se viene relatando– gran cantidad de documentos llegan de mano de quienes son entrevistades; y es a partir de esa nueva documentación recibida que a veces se accede a nuevos informantes.

En otro nivel, los distintos tipos de fuentes dialogan durante el proceso de identificación, organización, y catalogación: las entrevistas aportan información que permite contextualizar documentos, en particular fotografías sin referencias; mientras que, por ejemplo, actas y memorias suelen precisar y ubicar cronológicamente sucesos relatados en las entrevistas.

Finalmente, hay una interlocución que surge de la propia naturaleza de las fuentes orales, las características específicas de las cajas de crédito, y el modo de construcción del Archivo. La documentación existente es escasa en cantidad, parcial en cuanto a la temática, y de un valor relativo. Esto es así porque corresponde –fundamentalmente– a la faz empresarial de las entidades. Consiste, por lo tanto, en registros legales que representar solo una parte de su actividad y esconden ciertos aspectos económicos que no convenía hacer visibles ante organismos estatales que intentaban trabar su funcionamiento. Por otra parte, esos documentos oficiales solo muestran incompleta y débilmente la opinión crítica de las entidades y sus asociades sobre ciertos aspectos de la situación nacional, la acción de los gobiernos y las políticas económicas, especialmente durante los extensos períodos dictatoriales. Aquella documentación, por lo tanto, nos dice poco sobre las cooperativas como movimientos sociales.

Los testimonios orales aparecen entonces como la principal fuente de información sobre la vida institucional, particularmente rica y compleja. Además, es en las entrevistas donde aparecen las motivaciones personales, sociales, políticas o sectoriales que sostienen las motivaciones institucionales; el valor asignado ayer y hoy a los acontecimientos sucedidos; los miedos y las esperanzas personales y del colectivo; las dirigencias reales y formales; los temas en debate y los modos de canalizarlos; y los circuitos administrativos informales.

A la fecha, el archivo oral está compuesto por 190 entrevistas, de las cuales 155 corresponden a cajas de crédito y las restantes al IMFC y otras entidades. La mayoría son entrevistas individuales, aunque hay algunas colectivas (2, 3 o 4 personas), por lo que en total están preservados más de 245 testimonios.

El Banco Credicoop Coop. Ltdo.

El Banco Credicoop comenzó a operar en 1979 como producto de la fusión de 44 cajas de crédito ubicadas en el Gran Buenos Aires y La Plata, en el marco del proceso generado por la sanción en 1977 de la ley de entidades financieras, que provocó que 273 de las 375 cajas de crédito existentes se transformaran en 77 bancos cooperativos (Plotinsky, 2018).

Este cambio organizativo liderado por el IMFC planteó a las nuevas entidades, que operaban como una red de bancos regionales, el desafío de preservar su naturaleza cooperativa adecuándose simultáneamente a nuevos requerimientos. Sin embargo, el proyecto de la dictadura cívico– militar fue continuado, con mayor o menor énfasis, por los gobiernos democráticos que desarrollaron una normativa tendiente a favorecer a las fracciones concentradas de la economía. Las políticas neoliberales generaron condiciones por las que más de 30 bancos cooperativos desaparecieron antes de cumplir 10 años. En la década de 1990 se profundizó la tendencia a la concentración y extranjerización del sistema financiero, y los bancos cooperativos pasaron de 44 a 3. Para preservar la presencia cooperativa en todo el territorio del país, el Banco Credicoop acordó con el IMFC fusionarse –entre 1985 y 1997– con varias entidades regionales, siendo desde 2003 el único banco cooperativo argentino.

Producto de ese largo proceso, el Banco Credicoop –en el que sobreviven 117 cajas de crédito que en 1979 habían conformado 16 bancos cooperativos– opera hoy a través de 276 filiales asentadas en la Ciudad de Buenos Aires y 20 provincias. En diciembre de 2022 tenía 1.127.625 asociades, 4.700 empleades y aproximadamente 3.200 dirigentes.

Frente a las nuevas dimensiones de la institución y al recambio generacional de dirigentes y funcionaries, la asamblea general de 1995 –año de fundación del AHCC– aprobó desarrollar una política activa destinada a garantizar su continuidad en el tiempo “como entidad genuinamente cooperativa, participando activamente tanto en el seno del movimiento cooperativo –nacional e internacional– como en los movimientos populares que comparten nuestras aspiraciones de construir una sociedad más justa y solidaria” (BCCL, 1995).

El primer paso encarado fue una reforma estatutaria con el propósito de garantizar la conformación de espacios genuinos de participación, compatibles con una gestión eficaz. El nuevo estatuto social presenta como rasgos fundamentales la división del territorio en 22 zonas y la conformación de un consejo de administración compuesto por representantes de cada una de ellas. Así, el BCCL cuenta con tres niveles de gestión institucional: las comisiones de asociados, en el ámbito de cada filial; las comisiones asesoras zonales (CAZ), en cada una de las zonas; y el consejo de administración, a nivel central.

Entre las otras acciones desarrolladas para el cumplimiento de ese objetivo, el Banco comenzó a planificar su política educativa poniendo foco en la preservación y recreación de su identidad institucional, en el marco de la propuesta político–pedagógica de educación popular.

La educación institucional en el Banco Credicoop

La educación cooperativa fue motivo de preocupación desde la misma fundación del Banco, y descansaba originalmente sobre dos estructuras: el departamento de capacitación de la gerencia de recursos humanos que incluía en su programa de trabajo la capacitación institucional del conjunto del personal, y la secretaría de educación cooperativa del consejo de administración (SEC) que era responsable de la actividad entre dirigentes y asociades. El proceso iniciado a mediados de la década de 1990 provocó una revisión de esa lógica, que se profundizó en el contexto del estallido de la crisis en 2001.

En marzo de 2002 se resolvió articular la tarea educativa de la gerencia de recursos humanos y de la SEC, creando el programa de fortalecimiento institucional (PFI), que en 2013 adquirió el rango de departamento. El objetivo era que el conjunto de la entidad abordara la nueva etapa con un mensaje único, partiendo de la necesidad de marchar hacia un modelo integrado de la gestión administrativa e institucional. En ese contexto se imponía la necesidad de trabajar en forma integral en el fortalecimiento de les dirigentes y el personal para avanzar en el crecimiento institucional, comercial y operativo de la entidad.

En la presentación del Programa se sostenía que

Este abordaje, que implica también un rescate vivo de nuestra historia, de nuestros desafíos presentes y de los futuros posibles, exige un trabajo sostenido de formación a la vez que recreación de contenidos, métodos y prácticas. Por eso es que adoptaremos una modalidad flexible en las formas y los contenidos […] Otra meta es la producción de material propio que opere como canal de difusión, como herramienta para la autoformación en distintos ámbitos de la organización, como vínculo intra e interinstitucional (BCCL, 2009).

Entre sus objetivos, está desarrollar un espacio pedagógico flexible para consolidar, a través de acciones combinadas de formación, el compromiso con los valores y los proyectos de la organización, creando una red para la capacitación permanente del personal.

El camino desarrollado fue modificando y profundizando objetivos y dinámicas. Se avanzó, fundamentalmente, en el trabajo conjunto entre funcionaries, dirigentes y empleades, convirtiéndolo en una herramienta al servicio de la construcción del llamado Modelo Integral de Gestión (BCCL, 2013). Desde 2006, la capacitación institucional se planifica centralmente y se desarrolla en un proceso que comienza con actividades zonales coordinadas por capacitadores del PFI y la SEC, o por les responsables de educación zonales, y concluye con actividades coorganizadas autónomamente en cada filial por funcionaries y dirigentes locales.

Finalmente, en 2015 se crea el programa de fortalecimiento de las secretarías de las comisiones de asociados, orientado a dotar a sus integrantes –dirigentes y funcionaries– de herramientas técnicas y políticas para la gestión cotidiana de la entidad.

Las fuentes orales en la formación institucional

Muchas de las actividades educativas desarrolladas en ese contexto se basan o utilizan documentación del AHCC, en particular fuentes orales: talleres y cursos presenciales y virtuales, seminarios y charlas. En su proceso de planificación fueron confluyendo 2 pilares fundacionales del Archivo, una particular concepción sobre las fuentes orales y sobre el papel de la memoria institucional en los procesos reflexivos institucionales, con 2 propuestas político–pedagógicas del BCCL: la educación popular como herramienta y la concepción de que la entidad es una “organización orientada al aprendizaje” (Petriella, 2008).

Esta confluencia seguramente se vio facilitada porque quien fundó y dirige desde entonces el Archivo fue parte hasta 2021 del PFI y del equipo de la secretaría de educación cooperativa, siendo el Banco quien generó y sostuvo esa situación.

Analizando la planificación y desarrollo de las actividades educativas, se observa que el AHCC está presente en cuatro niveles o momentos, que en la práctica se superponen. Se mencionan a continuación cada uno de ellos, desarrollando aquellos que suponen una mayor participación de las fuentes orales y analizando brevemente algunos ejemplos.

En principio, el acervo documental del Archivo forma parte de la formación de quienes están a cargo de la planificación de las actividades y de aquelles que asumen la responsabilidad de llevarlas a cabo en cualquiera de sus modalidades. Ese universo incluye a les integrantes de los departamentos de capacitación y de fortalecimiento institucional, a miembros de Idelcoop,[3] a docentes contratades, y a algunes dirigentes y funcionaries.

Además, la documentación también es utilizada para la elaboración de material bibliográfico en formato de textos, videos o imágenes. El mismo se utiliza –básicamente– como lectura o visión previa a las actividades, durante su desarrollo, o como material complementario.

En tercer lugar, el acervo del AHCC provee de recursos didácticos a muchas de las actividades. El tipo de participación y los soportes utilizados dependen de las características de esas actividades y de las modificaciones tecnológicas ocurridas en los últimos 30 años.

A modo de ejemplo: en el curso virtual Cooperativismo de crédito del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia (PLED)[4] desarrollado por Idelcoop, se utilizan fragmentos de testimonios. La posibilidad de acceder desde el campus virtual a un canal propio en YouTube o Vimeo permitió reemplazar las originales transcripciones por las propias filmaciones de las entrevistas. Las evaluaciones realizadas al finalizar la cursada muestran que el impacto de ver y escuchar a les protagonistes de los sucesos y procesos estudiados cambió sustancialmente. En la etapa de las transcripciones, las entrevistas aparecían entre la bibliografía que profundiza el tema o como notas de color o anecdóticas; el acceso directo a las fuentes implicó una valorización e individualización del recurso: “ver y escuchar a H., al que los más antiguos nombran siempre para justificar lo que proponen, me iguala un poco con ellos”; “las clases están muy bien explicadas, pero no hay manera de superar el que te lo expliquen ellos”; “creo que deberían incluir más entrevistas, un poco porque nosotros somos vagos para leer, pero además porque dan ganas de seguir escuchándolos”.

Finalmente, algunas actividades se piensan y construyen desde las fuentes, en particular las orales. Esto supone que no solo asumen un rol protagónico en tanto recurso didáctico, sino que la actividad está pensada y organizada en función de ellas. Dos ejemplos:

El taller Frente a las crisis, principios y coherencia, desarrollado entre 2006 y 2009 con la participación de más de 800 empleades y funcionaries. Sus objetivos eran conocer la historia del cooperativismo de crédito y su relación con el contexto socioeconómico y político; desarrollar una actitud proactiva frente a los valores cooperativos; y entender el proceso que dio origen al BCCL. Los contenidos apuntaban a las características del cooperativismo de crédito entre 1959 y 1966; las causas del ataque dictatorial de 1966, y cómo se le hizo frente; la lucha contra la reforma financiera de la dictadura cívico–militar (1977/1979); y la actitud del Banco frente a la crisis financiera neoliberal de 2001. El desarrollo de la actividad giraba alrededor de un diálogo de experiencias y saberes entre diferentes generaciones: las que habían vivido los dos primeros momentos, a las que se accedía a través de testimonios del archivo oral; las del tercer momento, a través de los testimonios y –a veces– de algune de les propies participantes del taller; y el cuarto, vivido en el Banco por la amplia mayoría de les participantes.

Usando los conceptos de crisis y protagonista como articuladores y puntos de partida, a lo largo de la jornada de trabajo se confrontaba y complementaba lo que les participantes sabían a priori sobre la situación del país en cada uno de los momentos señalados como “crisis del cooperativismo de crédito o el sistema financiero nacional en general” y lo que había generado en la práctica laboral cotidiana y en la vida de las instituciones cooperativas, con las experiencias de quienes las habían vivido. En cada uno de los momentos se sumaba el aporte de datos cuantitativos y, en algunos, breves fragmentos de noticieros televisivos.

El taller finaliza retomando los conceptos, identificando los rasgos diferenciales entre historia y memoria, y elaborando colectivamente un guión que sirviera para relatar a otres que no habían vivido el 2001 (por ejemplo, extranjeres, o sus hijes pequeñes) lo que había sido esa vivir esa experiencia como trabajadores bancaries. En la actividad se usaban testimonios de 17 dirigentes y funcionaries de cajas de crédito, en 4 fragmentos que totalizan 50 minutos.

El segundo ejemplo, es el taller Construir futuro desde nuestras raíces, organizado en dos encuentros presenciales o virtuales, desarrollado en 2021/2022 en cada una de las filiales y departamentos de la casa central, del que participaron aproximadamente 4.000 dirigentes, empleades y funcionaries. Su objetivo es reflexionar sobre la actualidad social, política y económica, “y sobre los modos en que podemos contribuir a la construcción de un país justo, democrático y solidario, tomando como punto de partida nuestras raíces”.

En el primer encuentro se proyecta Nuestra historia[5], se reflexiona grupalmente a partir de algunas consignas, y se invita a identificar los períodos de la historia cooperativa a los que se hace referencia en los testimonios y su contexto. En el segundo se recuperan algunas ideas–fuerza que circularon desde 1958 en el cooperativismo de crédito en forma de consignas; y sobre 5 de ellas, que se presentan acompañadas de fotos, documentos o videos que las contextualizan, se trabaja tomando en cuenta dos ejes de análisis: el período de surgimiento y el significado que adquieren en el actual. Finalmente se invita a pensar colectivamente una nueva frase que sintetice, como las anteriores, una propuesta del movimiento para el actual momento histórico.

La mayoría de les participantes y facilitadores evaluaron positivamente el taller, y valoraron especialmente el trabajo con el video: “Nos pone en contacto con los protagonistas de aquellos momentos de lucha, pudiendo captar la pasión con la que era llevada a cabo, pero también la cotidianeidad, el transcurrir del día a día en aquellas cajas de crédito” (Filial x); “Impactó escuchar de propia boca de los históricos, identificando con rostros y voces a ´leyendas´ que a veces se ven en chapas de bronce de las filiales o en los libros de historia del cooperativismo en la Argentina” (Filial x); “Recordar desde fuentes históricas del Archivo ha sido muy bien receptado, de tal manera que se generaron iniciativas de registrar y recuperar la voz de dirigentes locales” (Zona x).

En este caso, además, se decidió que la visualización del video se hiciese directamente desde la página web del Archivo (archicoop/bibliocoop/videos/nuestrahistoria), lo que generó un importante aumento de las visitas a otros espacios del sitio, particularmente al reservorio de filmaciones de actos institucionales de las décadas de 1970 y 1980, y a diversos textos históricos. Dado que los talleres se implementan de manera autónoma y flexible, en algunos casos esos videos y textos fueron incorporados a su desarrollo.

Conclusiones

La utilización del acervo del AHCC –en particular de su archivo oral– en las actividades desarrolladas por el departamento de capacitación de la gerencia de recursos humanos y la secretaría de educación cooperativa del Banco Credicoop durante casi 30 años, nos permite confirmar algunos de los presupuestos fundantes del Archivo.

Compartíamos al planificarlo, la valoración de Garces y Milo (1987) respecto a que recuperar y preservar la memoria colectiva de las organizaciones y movimientos sociales tiene una significación especial, pues su estudio y relectura es imprescindible en su proceso de crecimiento, y en el desarrollo de la participación democrática de sus integrantes; y que permite inventariar el pasado colectiva e individualmente, reconocerse con historia, procesar el tiempo largo y valorar el presente, ayudando a encontrar valores, propuestas, proyectos inconclusos y sentidos de pertenencia que refuerzan la identidad institucional, al mismo tiempo que ayuda a contextualizar y desidealizar los recuerdos y tradiciones.

La experiencia acumulada permite comenzar a sistematizar algunas cuestiones sobre las relaciones entre teoría y práctica e identidad y memoria. En cuanto a esta última, las propuestas educativas desarrolladas ponen énfasis en la recuperación de la historia como parte de la identidad colectiva, del proyecto presente y del camino a seguir. El valor de la mirada histórica individual y colectiva reafirma en qué medida las luchas precedentes constituyeron respuestas efectivas a los desafíos, al mismo tiempo que dejan constancia de las derrotas, las asignaturas pendientes y los objetivos aún no resueltos.

Quienes planifican, desarrollan y asumen responsabilidades docentes han ido valorando cada vez más el papel del Archivo, recurriendo asiduamente al mismo; y las evaluaciones de los participantes en las diferentes actividades educativas señalan la importancia de los testimonios, como “contenido”, pero también como parte del “desarrollo”. Obviamente, es más difícil medir el impacto de aquellas en la práctica cotidiana, ya que la formación institucional tiene particularidades que no permiten una evaluación cuantitativa. Sin embargo, la propia institución –en sus diversos niveles, áreas y estamentos– reconoce el aporte del Archivo a las actividades de capacitación, y a través de ellas a la vida del Banco. Con el paso del tiempo, el AHCC pasó a ser parte del hacer cotidiano de la entidad, al que se recurre cuando hay que festejar aniversarios, recordar antiguos dirigentes, fundamentar una propuesta, aportar a una publicación barrial o de la localidad en que funciona una filial, contestar a une periodista, completar un discurso o elaborar un corto publicitario.

Un ejemplo es significativo respecto a la valoración del papel del Archivo. En 2007, el Consejo de Administración del Banco iba a proponer a la asamblea general[6] la transformación del plan de gestión comercial y operativo, que organiza la labor cotidiana de la entidad, en plan integral de gestión, incorporando la actividad institucional con el mismo rango e importancia que la operativa y comercial. Como una manera de sensibilizar colectivamente sobre la importancia de este hecho, se le solicitó al Archivo una selección de imágenes –fotos y documentos– que se exhibieron como gigantografías en los espacios de circulación de les participantes en las horas previas (recepción, acreditación, merienda), y la elaboración de un video[7] que fue proyectado en el momento de comenzar la asamblea. La repercusión en la asamblea fue muy importante, y además debieron hacerse copias para cada filial y dependencia de la casa central, ya que les participantes consideraban que era muy importante que pudiera verlo el resto del personal y les dirigentes.

La educación popular y la construcción del cooperativismo suponen romper con modos establecidos de desigualdad y exclusión; conquistar nuevas relaciones, dinámicas y herramientas de participación; modificar las prácticas dominantes en las sociedades injustas; y largos procesos de aprendizaje e invención de caminos inexplorados, en el contexto de la disyuntiva que plantea Simón Rodríguez (2004) a quienes apuestan por transformar la educación y la sociedad: “o inventamos, o erramos”. Y para poder inventar colectiva y creativamente, la recuperación y el reconocimiento de la memoria institucional constituye un imprescindible punto de partida.

Bibliografía

Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito Asociación Civil. (1997). Estatuto.

BCCL. (1995). Acta de asamblea general ordinaria.

—- (2009). Programa de Fortalecimiento Institucional. Revista Idelcoop N.º 190, 26 -42. idelcoop/revista/2009

—- (2013). El Modelo Integral de Gestión como garantía de continuidad de nuestro proyecto cooperativo Revista Idelcoop 210, 133 – 160. idelcoop/revista/210/MIG

Garces, M. y P. Milos. (1987). Aspectos educativos y políticos en la recuperación de la memoria popular. Eco.

Hammer, D. y Wildavsky, A. (1990). La entrevista semi estructurada de final abierto. Aproximación a una guía operativa. Historia y Fuente Oral N.º 4, 23 – 61.

Moss, W. (1991). La historia oral ¿Qué es y de dónde proviene? En D. Schwarzstein (Ed.). La historia oral. 21 – 26. CEAL.

Petriella, A. y P. Imen. (2003). Nuevos enfoques para la formación institucional. Revista Idelcoop N.º 147, 234 – 272. www.idelcoop.org.ar/revista/147/nuevos

Petriella, A. (2013). Lo cooperativo como herramienta de transformación social. Revista Idelcoop Nº 211, 112 – 131. idelcoop/revista/211/lo–cooperativo

Plotinsky, D. (1999.) El Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito. Actas del IV Encuentro Nacional de Historia Oral.

—- (2018). El dinero de los argentinos en manos argentinas. Historia del cooperativismo de crédito. Ediciones Idelcoop. www.eldineroargdigital

Rodríguez, S. (2004). Inventamos o erramos. Monte Ávila Editores.

Schnapper, A. y D. Hanet. (1993). De Heródoto a la grabadora: Fuentes y Archivos Orales. En Aceves Lozano, J. Historia Oral. 67 – 82. Instituto Dr. José María Luis Mora.


  1. Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito. Correo electrónico: dplotinsky@gmail.com.
  2. Entidad de segundo grado fundada en 1958 por cajas de crédito cooperativas, que hoy nuclea al Banco Credicoop y a cooperativas de diversas ramas.
  3. Idelcoop es la fundación educacional del IMFC, creada en 1973, entre cuyos objetivos está colaborar con el BCCL en la formación institucional del personal y les dirigentes.
  4. Desde su implementación en 2009, participaron del mismo más de 1.700 empleades, funcionaries y dirigentes del Banco Credicoop (93%) y de otras entidades vinculadas al mismo.
  5. Un video de 17´ compuesto, fundamentalmente, por 47 testimonios tomados del acervo del AHCC.
  6. De la misma participaron casi un millar de delegades y aproximadamente 2.500 dirigentes, funcionaries y empleades en carácter de invitades.
  7. “Nuestra historia”, que fue reutilizado 15 años después en la actividad mencionada en el apartado anterior.


1 comentario

  1. jpmartip 31/01/2024 14:39

    Interesado en el trabajo del colega Plotinsky

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