Algunas aproximaciones a la comprensión de un imaginario social institucional
Marcela Bovisio [1]
Introducción
Desde la comisión fundadora del Museo Histórico Desiderio Davel del Instituto de Zoonosis Luis Pasteur (IZLP) nos propusimos comenzar a trabajar sobre un momento histórico relevante de nuestra institución, la epidemia de rabia ocurrida en la ciudad de Buenos Aires en la década del 70.
Nuestra idea era fundamentalmente darle voz a aquellas personas que tuvieron un lugar central durante esa época debido a las prácticas que debían implementar a partir de los diferentes roles que tenían que cumplir en la institución.
Consideramos que el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur cumplió una función fundamental en el diagnóstico y control de la rabia en nuestra ciudad, esta tarea si bien tuvo resultados importantes para la salud pública, también dejó marcas en nuestra institución la cual era denominada “la perrera” que fueron difíciles de borrar. En el imaginario social de los habitantes de la ciudad, nuestro Instituto fue considerado un lugar donde se “sacrificaban perros”, sin tomar en cuenta cuestiones básicas relacionadas con el bienestar animal. Algunas personas aún en la actualidad la denominan “la Pasteur”.
Es importante contextualizar esta situación en términos epidemiológicos para poder aproximarnos a una comprensión más acabada del momento histórico al cual nos estamos refiriendo.
De acuerdo a los datos arrojados a partir de un análisis de los libros de registro de las muestras recibidas y procesadas por el Instituto entre los años 1961 y 2017, se afirma que
en la década de los 70 hay un incremento respecto de la década anterior, con el pico máximo en 1976, […]En la década de los 80 hay una reducción progresiva en el número total de muestras recibidas hasta estabilizarse en la década de los 90. Esta reducción coincide con la ausencia de muestras positivas de perros y gatos a partir de 1982. […]la situación epidemiológica de la rabia en el siglo XX: presencia de una situación endémica con un pico en el año 1976, a partir del cual, y debido a las medidas de control encaradas por el Estado y la comunidad, comienza a mejorar hasta llegar al control de la rabia urbana de ciclo terrestre en 1982 (Lencinas y otros:12).[2]
A fin de aproximarnos a cierta comprensión de esta situación, decidimos realizar un relevamiento a través de fuentes orales de los trabajadores profesionales y no profesionales que estuvieron involucrados en las acciones de control y diagnóstico de aquella época.
¿A quiénes entrevistamos?
A partir de un relevamiento de aquellos trabajadores profesionales y no profesionales que se desempeñaron en la época de la epidemia obtuvimos una lista de la cual no pudimos entrevistar a la totalidad por diversos motivos (fallecimientos, lugares de residencia alejados, o por negativa a ser entrevistados).
En total entrevistamos a 10 personas de las cuales 4 eran médicos veterinarios y 1 era médica veterinaria; 4 trabajadores denominados peón-lazo (eran los encargados de capturar a los perros callejeros).
Realizamos dos modelos de entrevista diferentes para cada tipo de trabajador, una para los profesionales y otra para los peón-lazo.
En las entrevistas para los veterinarios se intentaba indagar acerca de los inicios de su trabajo en la institución, las características del tipo de trabajo que llevaba a cabo en la época de la epidemia, la relación con los otros trabajadores de la institución, con la comunidad, sus ideas acerca de la eutanasia como método de control poblacional, la existencia de protocolos en relación a la rabia, el trabajo interdisciplinar, la capacitación en esta problemática y la vinculación de algún hecho referido a la dictadura militar de 1976.
Respecto de las entrevistas a los peón-lazo, también se indagaba sobre los orígenes en la institución, las características del trabajo que realizaban, las consecuencias psicológicas que percibían por llevar a cabo un trabajo de captura y eutanasia, la protección sobre su cuerpo, la capacitación para realizar ese tipo de trabajo, la relación con los profesionales de la institución y con la comunidad.
Ambos tipos de entrevistas finalizaban invitándolos a los entrevistados a compartir alguna anécdota.
¿Qué pudimos encontrar en las entrevistas?
Peón-lazo
Estos trabajadores cumplían la función de capturar a los perros que deambulaban por la calle sin estar sujetos a una correa. Podían estos tener dueño o no. Una vez que los capturaban los colocaban en el camión y los llevaban al Instituto Pasteur donde se les realizaba la eutanasia.
Los entrevistados comenzaron a trabajar en el IZLP entre los años 1972 y 1987.
Todos refieren haber aprendido la tarea de peón-lazo a partir de la observación de los compañeros que los precedieron. Ninguno identifica alguna capacitación para llevar a cabo su desempeño laboral.
Llegué por intermedio de un capataz que teníamos antes, yo trabajaba de otra cosa, repartidor de fiambre y un compañero que también entró acá, le dije si me hacía entrar, si me hacía el favor. (…) Así como entré el primer día me dieron un lazo para agarrar a los perros y yo fui aprendiendo lo que veía de mis compañeros (Entrevista N° 3).[3]
No era entrenamiento, mirábamos como trabajaban más o menos aprendí, tuve caídas, corríamos más rápido que los perros, teníamos un buen estado físico. Y yo como me adaptaba a todo que me había parecido algo natural, entraba a los galpones y limpiaba (Entrevista N° 4).[4]
Respecto de las características del método de trabajo todos refieren que sufrió modificaciones a lo largo del tiempo. Se podría decir que en un principio el método era más cruento y a medida que pasaron los años se fue modificando a fin de llevar a cabo un método eutanásico sin sufrimiento. Al principio según el relato de los entrevistados esta práctica se llevaba a cabo en el mismo camión con el caño de escape,
el camión tenía el caño de escape directo, con el monóxido de carbono el animal moría a las 2 o 3 cuadras (Entrevista N°1). [5]
depende de la época, el sistema antiguo del 70 al 80, había perreras que era cerradas y funcionaba el caño de escape iba adentro de la caja, morían los perros intoxicados por los gases, después una camioneta similar, pero con jaulas individuales que ya era captura y se los traía vivos al Instituto y en caso que no lo reclamaba ningún propietario en 72 horas se sacrificaban (Entrevista N°2).
se salía a mansalva, se salía todos los días a traer la cantidad más posible, todo lo que se podía capturar había que traer, no había perdón para ninguno con o sin dueño. Como decía el dicho: muerto el perro se acabó la rabia (Entrevista N° 2).
Cuatro, chofer y tres más cada cual hacía su parte, había dos empleados de cada lado, uno en el medio y un policía, todos decíamos cuando veíamos a un animal, si lo veíamos del lado izquierdo o del derecho, decíamos: oigo un perro a la izquierda, oigo un perro a la derecha asi era el trabajo, apretábamos al perro para que no se vaya de la vereda de la pared, asi capturábamos a los animales, todos los días lo mismo (Entrevista N°3).
En relación a la posibilidad de que contaran con alguna contención psicológica debido al tipo de trabajo que tenían que realizar donde la muerte de los animales era una situación cotidiana, todos los entrevistados refirieron no haber contado con ningún tipo de dispositivo de ese tipo.
La ausencia de una preparación para el desempeño de la función de peón-lazo y de un espacio para la contención psicológica, podría estar asociada a la idea de una capacidad innata para el desempeño de este rol. En este sentido uno de los entrevistados nos decía:
yo le decía a la gente cuando yo fui capataz, la gente que entraba, esto es así, si vos entrás acá no te va a gustar, te van a putear, te van a carajear, te van a querer pegar, anda a buscar otro trabajo, si te va a gustar este trabajo te va a gustar como a nosotros, que lo llevamos adentro, que hemos salvado vidas (Entrevista N°3).[6]
Morán era un tipo muy hábil para esto, te agarra un perro en el aire (Entrevista N°5).[7]
Respecto de la relación con la comunidad, los relatos son muy ilustrativos de las situaciones de violencia que se vivían cotidianamente.
Varios entrevistados refieren hechos violentos como reacción de la gente que se encontraba en la calle en el momento de la captura.
La gente nos insultaba, o nos tiraban alguna piedra, hasta un vaso. La reacción era por los animales. La gente no era conciente de la rabia (Entrevista N° 1).[8]
No podías salir sin la policía, había que ponerse bien firme, hasta arriba del camión te tiraban una trompada, a la comisaría hemos ido varias veces. (Entrevista N°1).[9]
Médicos veterinarios
Durante la época que seleccionamos para hacer este estudio, estos profesionales tenían a su cargo tareas de diagnóstico en laboratorio y de producción de la vacuna y otros desempeñaban funciones en el área de medicina veterinaria y acompañaban a los peón-lazo en el trabajo dentro del instituto. Comenzaron a trabajar en el IZLP durante los años 1970 y 1983.
Según el relato de uno de los entrevistados la situación entre los años 1976 y 1977 era la siguiente:
En el 76, 77 había más de 200 casos de rabia en un año, lo cual significaba que de promedio era un perro por día hábil que entraba acá en el instituto, en esa época había tres pabellones de internados de animales, entraban cerca de 400 animales internados y ahora (2018) tenemos 18 fijate lo que era, había tres servicios de recolección, cuando entré al poquito tiempo quedaron dos y después quedó uno solo, pero se salía a la mañana y a la tarde a capturar animales, entraban más o menos 30 animales por día (Entrevista Nº 1).[10]
En el 76 teníamos una rutina de cuatro o cinco positivos por día o sea que ya venía la cosa. En el 75 no se hizo la campaña, no había vacuna y en el 76 explotó en el país, no sólo en la ciudad, sino en el país. (Entrevista Nº 2).[11]
Desde septiembre se hacían las campañas sanitarias. Se hacían campañas con los elementos que se tenían en ese momento. Había menos personal que ahora. Eran gratuitas, se hacían durante la semana y sábados y domingos. Era mucho el “boca a boca” y funcionaba, porque el “faro” era el Pasteur el que marcaba los avances de la rabia. (Entrevista N° 3).[12]
En ese momento había cientos de muertos en la provincia de Buenos Aires, como 12 en la Capital Federal, 10000, 15000 casos de rabia en la provincia…¡Había una epidemia! (…) la falta de cultura de la gente. No había conciencia. (Entrevista N° 3).[13]
Uno solo de los entrevistados trabajó como veterinario raso con los peón–lazo a los que llama “galponeros”. De su testimonio se puede visualizar el valor educativo que tuvo para él trabajar con estos sujetos.
Nero abría una jaula y me decía: ese perro tiene rabia, y yo le respondía: déjese de joder, si mueve la cola. Entonces le echaba el humo del cigarrillo y el perro mordía el humo y sin ladrar se agarraba de los barrotes o intentaba morder la lapicera que le acercaba Nero. (…) había una transferencia de conocimiento de los galponeros. Fotofobia, aerofobia, hiperestimulación de Nero con una linternita y el perro movía la cola.
Vuelvo a repetir que me recibí acá. Sabía de qué se trataba la rabia, pero en este caso la realidad te superaba. Yo tuve la humildad de recostarme en quiénes sabían, que fueron los que me enseñaron, así como yo les enseñé a ellos, también. Fue una complementación de gente con título y sin él, maravillosa. (Entrevista N°3).[14]
Respecto de la relación con el resto del personal del Instituto, la mayoría refiere que no existía buena relación o que directamente no se relacionaban de ninguna manera porque el tipo de trabajo que realizaban no lo requería.
No existía (la relación) porque los médicos eran muy soberbios. Esta es una sociedad galeno céntrica, de “Mi hijo el d otor”. Acá había de todo, psiquiatras, dermatólogos, porque esto era una especie de aguantadero (Entrevista N°3).[15]
Golpee la puerta para presentarme, me recibe una enfermera que me dice aguarde un minuto a ver si lo van a poder atender, después sale y me dice que no los doctores están ocupados y no estaban ocupados. Esto marcaba un poco el perfil que había, los médicos consideraban que el área veterinaria era absolutamente subsidiaria al área médica, el área veterinaria quedaba restringida al corralón, servicio de recolección de los perros vagabundos (Entrevista N°5). [16]
No teníamos contacto, con Atención Médica directamente no se podía anticipar el resultado del diagnóstico de los animales muertos y/o en observación (Entrevista N°4).[17]
En el laboratorio se trabajaba de forma aislada. Nosotros hacíamos la actividad generalmente a puerta cerrada, eso se criticó siempre pero era nuestra manera de trabajar en el laboratorio, aparte si vos estás trabajando con virus vivo tanto en virus calle como te venían las muestras, como virus vivo para la producción de vacunas no es el lugar para visitar, no es lugar para que visite la gente misma del instituto, no sin tratamiento previo (Entrevista N°2).[18]
Relación peón lazo con los profesionales
Uno de los entrevistados hace una mención particular acerca del vínculo entre los profesionales y los peón-lazo. Es importante destacar que este profesional tuvo un lugar clave en la institución ya que a partir del momento en el que los médicos de humanos pasan a cumplir sus funciones en el hospital Durand, comienza un proceso de conformación del instituto con un perfil de hospital veterinario liderado por este entrevistado. Es a partir de este momento que se intenta llevar a cabo una serie de actividades destinadas a “profesionalizar” las tareas de los peón-lazo.
los perros con sus dueños tenían que entrar por el corralón de atrás, es decir la jerarquía de la profesión veterinaria era menospreciada en el ámbito de la asistencia de la problemática de la rabia. (Entrevista Nº 5).
El problema era que no había infraestructura profesional. (Entrevista Nº 5)
el consultorio se montó al lado del lugar donde estaban los enlazadores de perros esto generaba un problema porque la mayoría de la gente que estaba en esa tarea no por ser un desprecio pero adolecía de nivel cultural había que estar ahí escuchando léxico, no había forma de separarlo. (Entrevista Nº 5).
los enlazadores eran personajes periféricos, al capataz de cuidadores enfermero cuando me hice cargo, había un capataz y dos cuidadores, al capataz tardé seis meses para que se sacara la gorra, tenía tan asentado estar vestido con una gorra de cuero, había que educarlos, no se podía hacer fríamente… (Entrevista Nº 5).
cuando entraron los veterinarios cambió porque había horarios de visita y en esos horarios los veterinarios tenían que estar disponibles por cualquier asesoramiento.
Costó eso a los veterinarios que no quería estar… porque los perros ladraban…
Un enlazador de perros llegó a concejal, era el mundo que existía y había que cambiarlo. (Entrevista Nº5).[19]
Caminos por recorrer
Considerando que el carácter de este trabajo es de comunicación de una investigación que está en sus inicios, el mismo no cuenta con hipótesis o conclusiones acabadas. Por este motivo, en este apartado mencionaremos los próximos recorridos que iremos haciendo para continuar con nuestro trabajo.
En principio la idea sería hacer nuevas entrevistas a las personas ya entrevistadas con el fin de profundizar acerca de algunos tópicos a partir de los cuáles nos surgieron nuevos interrogantes. Entendemos que este proceso forma parte del trabajo desde la historia oral donde:
La secuencia de un trabajo de historia oral incluye: confección de la guía, entrevista, análisis, reentrevista, hasta obtener el producto que surge de la transcripción parcial o total del registro. Luego se realiza la interpretación, que puede requerir de otras operaciones como la contextualización y su comparación con otras fuentes (periódicos, documentos públicos, cartas privadas, etcétera), que le darán relieve al discurso (Liliana Barela; Mercedes Miguez; Luis García Conde, 2009).
En este sentido, también vemos necesario profundizar en la recopilación de datos acerca del momento histórico de la epidemia de rabia en la ciudad de Buenos Aires a través de diferentes tipos de fuentes como documentos, periódicos, etc.
A fin de indagar sobre el imaginario social acerca de la “perrera” sería también interesante entrevistar a integrantes de la comunidad que hayan experimentado alguna situación traumática con su animal de compañía en el contexto de la epidemia de rabia o que hayan sido mordidos en esa época.
En este sentido, intentaremos aproximarnos a este imaginario social entendiéndolo como un conjunto de
esquemas, marcos, matrices de sentido, que permiten a los sujetos crear, construir/deconstruir, resignificar, conocer; no son la sumatoria de imaginarios individuales; necesitan reconocimiento colectivo; tienen un carácter incompleto, dinámico y móvil (Shotter, 2002); tienen atributos reales así no se puedan anclar al espacio o al tiempo concretos; son formas creativas de vivenciar el futuro construyendo nuevas maneras de vivir; son una creación incesante e indeterminada (Hurtado, 2004; García González. G. 2019).
La idea sería poder poner en “diálogo” estos imaginarios sociales de la comunidad y de los profesionales y no profesionales que fueron protagonistas de este momento histórico y a partir de ahí intentar reconstruir este fragmento de la historia de nuestra institución. Para esto consideramos que las herramientas que nos provee la historia oral nos podrían ayudar a aproximarnos a este objetivo. En este sentido nos resuena esta idea que plantean Liliana Barela y los demás autores cuando plantean que:
Dentro de este creciente interés en la narrativa y el testimonio oral, la crítica literaria ha alertado sobre el estatus del testimonio oral como narración. Ello ha facilitado el tránsito de un enfoque que aborda el testimonio oral como fuente de conocimiento empírico a un enfoque que reconoce la jerarquía del informante como narrador. Y este es un paso importante porque el informante ya no es un mero repositorio pasivo de información. Además, si el testimonio es un relato o un conjunto de relatos sobre una vida, también es preciso indagar cómo se construyeron esos relatos, qué dispositivos y convenciones se utilizaron y cómo debe leerse la narración. Así emerge la compleja y problemática relación entre las narraciones personales y la historia. En este sentido, las historias de vida son construcciones culturales. Son relatos de experiencias individuales producidas en el marco de una sociedad determinada, estructurada con valores propios (Liliana Barela; Mercedes Miguez; Luis García Conde, 2009).
Recurrir a la memoria de los sujetos que formaron parte de este momento histórico tanto como protagonistas de las campañas de lucha contra la rabia como sujetos pertenecientes a la comunidad de los diferentes barrios de la ciudad de Buenos Aires, supone la existencia de construcciones sociales de la misma.
Para Maurice Halbwachs, referencia ineludible que ha trabajado sobre los marcos sociales de la memoria, las memorias están siempre enmarcadas socialmente. Estos marcos o cuadros sociales, tales como la familia, la religión, la clase social son los portadores de la representación general de la sociedad, de sus necesidades y valores, incluyen una visión del mundo y al ser de naturaleza histórica, cambian. Por eso, la memoria es una reconstrucción desde el presente más que un recuerdo, es una interacción entre pasado y presente, y está cultural y colectivamente enmarcada porque es producida por sujetos activos que comparten una cultura. Lo que no encuentra sentido en ese cuadro, se olvida. La memoria colectiva es un conjunto de memorias compartidas. Lo colectivo de las memorias es el entretejido de tradiciones y memorias individuales, con alguna organización social y una estructura dada por códigos culturales compartidos. Cuando un informante narra acontecimientos de los que fue testigo, lo colectivo está en su manera de narrarlos, en su interpretación, en su pensamiento. (Liliana Barela; Mercedes Miguez; Luis García Conde, 2009).
Es así como, desde la comisión de nuestro museo consideramos que el “rescate” de estas voces y miradas desde la historia oral nos permitirá poner en valor un patrimonio inmaterial fundante de nuestra institución, las prácticas profesionales y no profesionales que se llevaron a cabo encarnadas en los cuerpos y las mentes de estos sujetos, a partir de la lucha contra la rabia.
Bibliografía
Barela L., Miguez, M. y García Conde L., con colaboración de Adriana Echezuri (2009). “Algunos apuntes sobre historia oral y cómo abordarla” [et al.]. 1a ed. Buenos Aires: Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico.
Castoriadis, C. (1975). La institución imaginaria de la sociedad. Tusquets Editores, Barcelona.
Garcia Rodriguez, G. (2019). Aproximaciones al concepto de imaginario social. En: Civilizar, vol.19, n.37, pp.31-42. ISSN 1657-8953.
Lencinas Oscar; Mena Segura, Carlos; “La rabia en la ciudad de Buenos Aires. De la endemia al control. Historia de los últimos sesenta años”. BA/Salud.
Entrevistas realizadas
Es importante aclarar que algunos entrevistados son mencionados con sus sobrenombres.
Peón-lazo
Entrevista 1: Cañito: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.
Entrevista 2: Simonelli: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2021.
Entrevista 3: Pichuco: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2021.
Entrevista 4: Pancho: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.
Entrevista 5: El Bocha. Entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.
Médicos veterinarios
Entrevista 1: Dr. Molina: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.
Entrevista 2: Dr. Mena Segura: entrevista realizada la ciudad de Buenos Aires en el año 2018.
Entrevista 3: Dr. Bruni: entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2018.
Entrevista 4: Dra. Segret: entrevista realizada por mail en la ciudad de Buenos Aires en el año 2018.
Entrevista 5: Dr. Carugatti. Entrevista realizada en la ciudad de Buenos Aires en el año 2021
- Instituto de Zoonosis Luis Pasteur. Ministerio de Salud. GCABA.↵
- Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, “La rabia en la ciudad de Buenos Aires”. Buenos Aires Ciudad.↵
- Pichuco. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2021.↵
- Pancho. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.↵
- Cañito. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en agosto del 2018.↵
- Pichuco. Entrevista… Op. Cit.↵
- El Bocha. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.↵
- Cañito. Entrevista… Op. Cit.↵
- Idem.↵
- Dr. Molina. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en agosto de 2018.↵
- Dr. Mena Segura. Entrevista realizada por Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en el año 2018.↵
- Dr. Bruni. Entrevista realizada por Liliana Lage y Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en septiembre de 2018.↵
- Idem.↵
- Dr. Bruni. Entrevista… Op. Cit.↵
- Idem.↵
- Dr. Carugatti. Entrevista realizada por Liliana Lage y Marcela Bovisio en la ciudad de Buenos Aires en el año 2021.↵
- Dra. Segret. Entrevista realizada vía mail en la ciudad de Buenos Aires en el año 2018.↵
- Dr Mena Segura. Entrevista… Op. Cit.↵
- Dr Carugatti. Entrevista… Op. Cit.↵






