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Trayectorias setentistas de tres fundadoras de la Asociación de Trabajadores de la Educación (ATEN)

Aproximaciones desde el testimonio oral

Maribel Piuquen Rosas[1]

Primeras aproximaciones

Si bien este aporte forma parte de un proyecto de mayor envergadura, en este artículo parto de la hipótesis de que la experiencia de militancia setentista de estas trabajadoras que fueron protagonistas de la fundación de ATEN será uno de los elementos que determinará el carácter combativo de este sindicato de Neuquén. La perspectiva de género nos permite recuperar aquellas experiencias que dejan entrever no sólo el contexto político social de los procesos organizativos de sus trabajadores, sino también aquellos elementos subjetivos constitutivos de las identidades políticas también son fundamentales. Además, nos permite construir explicaciones sobre relaciones de opresión en algunos casos, de empoderamiento en otros, recuperando experiencias no estandarizantes y deshistorizadas de los sujetos en cuestión. Como sostiene Scott:

el género pasa a ser una forma de denotar las “construcciones culturales”, la creación totalmente social de ideas sobre los roles apropiados para mujeres y hombres. Es una forma de referirse a los orígenes exclusivamente sociales de las identidades subjetivas de hombres y mujeres. (Scott, 2008: 47-48).

Si bien la historia de las mujeres como objeto se desarrolló con la finalidad de visibilizar y mostrar la existencia de un sujeto histórico marginado, y poner en tensión el androcentrismo, Paula Halperín y Omar Acha alertan sobre el peligro de sumar acríticamente una historia de las mujeres a la historiografía general (Acha y Halperin, 2014). De esta manera proponen la teoría de género como superación, en tanto permite preguntarse por las condiciones en que la femineidad, la masculinidad, los caracteres “femeninos” eran considerados a través de los procesos culturales políticamente investidos. Esto habilita a historizar los cuerpos, escapar de los binomios estancos y pensar las dimensiones de poder que operan en la constitución de las subjetividades, y bajo qué condiciones se construye la subjetividad, reflexionando acerca de las construcciones que las insertan en la diferenciación sexual. Además, proponen indagar sobre las acciones práctico-subjetivas en un entramado de condicionamientos y de fuerzas que encuadran su emergencia y también sus particularidades. Andrea Andújar desarrolla la potencialidad del entramado memoria, género e Historia como un punto de partida para recuperar procesos históricos en los cuales las mujeres adquieren un rol protagónico. Sostiene que toda memoria está atravesada por la construcción sociocultural de la diferencia sexual y las relaciones de poder articuladas en torno a ella (Andújar, 2014).

Los estudios de género, nos permiten realizar un entrecruzamiento entre variables que permiten explicar la complejidad de los procesos sociales y sus actores. En ese sentido, la interseccionalidad se presenta como una perspectiva teórica y metodológica que busca dar cuenta de la percepción imbricada de las relaciones de poder (Vigoya, 2016). Según Daniéle Kergoat el término intersección supone la existencia de grupos que estarían en la intersección del sexismo, el racismo y el clasismo, y nos permite pensar una relación de dominación cambiante e histórica (Kergoat, 2003). La mirada interseccional habilita reconocer a la trabajadora de la educación como expresión de un entramado de dominación general que, en este caso, vinculamos a la dimensión de clase y género. Otro concepto que considero relevante es el de experiencia. E. P. Thompson elaboró una noción de experiencia que permite recuperar la existencia subjetiva de la clase obrera. Como recupera Hernán Sorgentini, este concepto permite vislumbrar las distintas respuestas de los sujetos en tanto acción o emociones a determinados acontecimientos (Sorgentini, 2000). Nos permite recuperar lo vivido y elaborado por actores individuales en el marco de una experiencia organizativa gremial con la potencialidad de vislumbrar las diferencias dentro del mismo espacio político y del mismo colectivo. La noción de experiencia recuperada desde la perspectiva de género viabiliza las distintas trayectorias políticas posibles de estas tres mujeres que confluyen en el proceso de constitución del sindicato como trabajadoras de la educación. Como menciona Scott “la experiencia es, a la vez, siempre una interpretación y requiere una interpretación. Lo que cuenta como experiencia no es ni evidente ni claro y directo: está siempre en disputa, y por lo tanto siempre es político” (Scott, 2008: 72-73).

¿Por qué recuperar la experiencia de la trabajadora de la educación en ATEN? Después de todo, la historia política del sindicalismo ha sido objeto de análisis en la historiografía argentina. ATEN particularmente es un sindicato feminizado con una fuerte impronta democrática[2] que ha resistido mediante asambleas y libertad de tendencia a la arrasante burocratización de la organización sindical en nuestro país. Por eso, entrevisté a tres trabajadoras que fundaron ATEN. Si bien no será foco de análisis en esta ponencia, las tres se han constituido como referencia dentro de las bases docentes y también en relación a las y los militantes del sindicato. Lo enriquecedor de recuperar sus memorias desde el testimonio oral es poder pensar que elementos fueron constitutivos en sus primeras experiencias políticas, de qué manera operaba la diferenciación sexual en sus militancias y formas de participación y que elementos de esa militancia setentista marcan una continuidad respecto de la reconfiguración del sindicalismo en los ochenta.

Género e historia oral

Como establecen D’Antonio y Andújar abordar la historia reciente de la clase trabajadora en clave de género implica descubrir fuentes allí donde no parece haber nada; allí la historia oral se vuelve fundamental para reconstruir relatos del pasado y memorias en clave de género (Andújar y D’Antonio, 2020). La presencia de mujeres en fuentes documentales puede representar una limitación a la hora de realizar investigaciones sobre su agencia en distintos procesos históricos, en ese sentido, la entrevista como puerta de entrada a la memoria, en la cual quien investiga construye sus propias fuentes. En términos de Alessandro Portelli, cuando realizamos una entrevista nos encontramos frente a un evento que creamos nosotros, es un híbrido en el cual convive la intención del narrador o narradora por contar las cosas como han ocurrido con el deseo de hablar de sí y representarse (Portelli, 2017). Otro elemento de la entrevista oral es la doble triangulación que se genera entre pasado y presente y su relación, los eventos y la relación con la persona que los relata. A su vez, Portelli establece una triangulación entre el entrevistado y el entrevistador; este último se constituye como co-autor de la entrevista. Se genera una instancia dialógica, e interpersonal. En ese sentido es importante explicitar que quien desarrolla esta investigación es parte del sindicato, motivo por el cual es fundamental atender a la mirada y a la autoridad que las y los entrevistados construyan sobre la investigadora. En algunos casos, existe una relación de mutuo reconocimiento, lo cual indudablemente interviene en el proceso de construcción de la entrevista.

Las fuentes orales nos permiten co-construir con sujetos del pasado reciente aspectos subjetivos sobre el proceso de fundación del sindicato. Los testimonios orales nos permiten aproximarnos a los vacíos que presentan las fuentes documentales, reconstruir aspectos subjetivos de los procesos históricos. Sin embargo, la memoria tiene límites, existen olvidos, es una parcialidad; por ello, partimos de reconocer que no se trata de un reflejo intacto del pasado, sino que se reconstruye en un vínculo dinámico con el presente. Reconstruir marcos colectivos nos permite enmarcar los testimonios individuales, es decir, tener en cuenta en qué marcos contextuales se construyen esas memorias. Es fundamental reconocer la configuración subjetiva de las experiencias en diálogo con el contexto general y las similitudes y diferencias entre ellas.

De militantes setentistas a fundar un sindicato

Las mujeres en los procesos revolucionarios en nuestro país en los sesenta/setenta han sido objeto de análisis en las últimas décadas. Estas investigaciones permitieron reconocer las formas de inscripción militante de las mujeres reconociendo rupturas respecto del deber ser de la femineidad hegemónica, límites difusos entre la masculinidad y femineidad, y también cómo se configuran las redes afectivas y el control de las organizaciones políticas sobre la afectividad y las prácticas cotidianas.

El primer testimonio que me interesa recuperar es el de Susana, ya que, a diferencia de Liliana y Fermina, comienza a militar a mediados de la década del sesenta como muchos jóvenes en repudio a la represión de la Revolución Libertadora. Susana era la hija menor de una familia burguesa de La Plata, su padre había trabajado en múltiples rubros hasta amasar una pequeña fortuna comercial. Susana se identifica con su padre y se diferencia de su madre a quien define como la encarnación de la moral de la revista Para Ti. Allí en rinde un examen de ingreso para cursar sus estudios secundarios en el Liceo Nacional de La Plata, donde comienza sus primeras actividades militantes. Ante la pregunta de cómo comienza su militancia responde: “yo entro en el Partido Comunista en la Noche de los bastones largos. Yo no sabía que era el comunismo”[3]. En relación a su rol de dirigencia en el centro de estudiantes, Susana plantea que es elegida a partir de un empate entre las organizaciones estudiantiles de izquierda y derecha. “Yo dirigía el centro de estudiantes porque la derecha y la izquierda salía pareja y yo era buena. Era sociable, era buena, me quería todo el mundo, no venía de la intelectualidad del liceo, era un aparato distinto”. Esta mención es importante en tanto nos permite pensar por un lado como se autodefine a sí misma y que elementos políticos reconoce en su persona, pero además las tensiones existentes entre los sectores estudiantiles y la forma de dirimir las mismas. Susana dice: “yo me afilio al partido comunista, indignada con los milicos. Me gano la izquierda porque entraron con los bastones largos”. Como menciona Paola Martínez en su investigación sobre las mujeres del PRT-ERP, “en un contexto de creciente radicalización de la violencia política en los años setenta, donde muchos jóvenes ingresaron a la guerrilla, muchas mujeres también se integraron como militantes revolucionarias” (Martinez, 2015: 25), Susana milita específicamente en la Federación Juvenil Comunista, donde se constituye como dirigente. Sin embargo, la Federación atraviesa un proceso de fractura y un sector debate con el Partido Obrero, define dejar las filas del PC y migrar hacia el PO. Sobre esto último, plantea “yo entro al PCR y nos gana el PO, con la proletarización […] nos gana a toda la dirección del PCR con el debate de la proletarización y acercar a los estudiantes al movimiento obrero y la tesis obrera”. Una vez iniciada su militancia en el Partido Obrero, Susana se consolida como dirigencia de la rama estudiantil, esto coincide con la culminación de sus estudios secundarios y el inicio de su etapa universitaria donde estudiaría derecho.

Su militancia en la facultad de derecho de la UNLP coincide con una huelga ferroviaria, ella y dos compañeros más Daniel y Roberto son detenidos cuando se aproximan a dejar una adhesión. Aquí hay dos elementos sobre los cuales quisiera hacer mención, uno es que iba acompañada de guardaespaldas, en relación a esto ella dice “la izquierda tenía guardaespaldas la gente de la dirección mujer. La única trompada que me pegaron fue un montonero hombre, porque yo le dije ‘por qué nos cagan las movilizaciones’ y el tipo me contestó ‘porque la izquierda tiene las minas más lindas’ y me dio un bollo”. Por un lado, se pude pensar en que los niveles de violencia política llevaron a las organizaciones a establecer mecanismos de custodia para sus dirigentes. Por otro, es importante tener en cuenta que Susana habla de guardaespaldas para la dirigencia mujer, es decir, que posiblemente haya existido una diferenciación genérica respecto a estos cuidados. Vale preguntarnos si la custodia hacia las mujeres se relaciona solo con el contexto represivo o la tensión entre organizaciones, o si implicaba cierto control de la vida privada de sus militantes de parte del partido. Por último, en el relato menciona no solo que ejercieron sobre ella violencia física, sino que además es cosificada. Esa acción por parte del militante da cuenta de la imbricación de las diferencias políticas y de género existentes.

Entonces, en ese momento, Susana y sus dos compañeros son detenidos. Inicialmente los trasladan a Rosario a los tres. Susana estuvo tres meses detenida, menciona “a Daniel, Roberto y a mí nos llevan a la cárcel de Resistencia, pero ahí se dan cuenta que no hay cárcel para mujeres. Entonces los dejan a ellos dos y a mí y a una profesora de filosofía del PC nos llevan de vuelta y nos meten en la federal. Ahí sí tuve miedo”. Luego de esto será trasladada a un pabellón político, donde estará detenida un tiempo más, sobre su liberación establece que fue posible por internas judiciales, la movilización por la liberación de presos políticos y por el acuerdo de la CGT con el gobierno militar.

Luego, Susana define proletarizarse: “yo me fui a proletarizar a Buenos Aires”. Trabaja en la fábrica Standard Electric, una de las fábricas del cordón industrial de Zona Norte, donde desarrolla su actividad política por siete años; fue delegada de la planta de mujeres de la fábrica, formó parte de la coordinadora de zona norte, que nucleaba a delegados de otras fábricas. En este periodo, resalta la capacidad de movilización de las comisiones internas, pero también el aumento de la represión luego de la asunción de María Estela Martínez. Narra también el asesinato de dos compañeros de organización: “todas las internas hicimos una coordinadora, estaba Ford, estaba la De Carlo, estaba el astillero, estaba Estarsa de pintura, Miluz donde mataron a Pato y Miguel”[4]. Si bien no hay precisión sobre la fecha, Susana hace referencia que luego del asesinato de sus compañeros, ella continúa militando en Standard Electric y es elegida como paritaria libre para reclamar por la guardería de la fábrica. Como consecuencia de esto, sería perseguida por la burocracia sindical, logra escaparse y se refugia en Neuquén. Sobre este periodo recuerda “y tuve tres hijos en el camino. ¿Vos podés creer que de ocho meses me iba en dictadura a volantear en la fábrica? Yo no lo puedo creer. A veces miro para atrás y pienso no tenía idea del peligro”. Esto me invita a pensar por un lado en la coexistencia de la militancia política y la maternidad y en las limitaciones que puede haber presentado en ese periodo y en el marco de la militancia. Por otro lado, en que no existía conciencia de los alcances que tendría el despliegue del accionar represivo.

Liliana,[5] nació en Rosario, su madre era ama de casa y su padre era militar, por este motivo vivió en distintos puntos del país. Identifica que las primeras rebeliones fueron contra su padre “desde muy pequeña era sumamente rebelde, yo enfrentaba a mi padre. y después de manera extraña me constituí en la preferida de mi padre”. Liliana realizó sus estudios secundarios en el Colegio Nacional San Martín de la ciudad de Neuquén, donde egresó con un título docente. Mientras desarrollaba los primeros pasos en la docencia, comenzó a estudiar el profesorado en Letras en la Facultad de Humanidades de, en ese entonces, la Universidad de Neuquén. En relación a sus inicios en la militancia establece:

Empiezo a participar a los diecinueve años, en la huelga de la Universidad provincial […]. Esa huelga fue una huelga muy fuerte y muy importante en la historia de Neuquén, y nosotros nos unimos a los trabajadores de la fruta. Vinieron a una asamblea los obreros de la fruta y nos propusieron la unidad obrero estudiantil, la tomamos y hacíamos todas las actividades en la universidad y a su vez llevábamos colectivos a Cinco Saltos donde estaba el interventor de los obreros de la fruta que era mi padre.

Liliana inicia sus primeros pasos en la militancia desde las experiencias estudiantiles, que en el marco de los sesenta y setenta estarían fuertemente vinculadas a las luchas obreras. Como consecuencia del llamado espaldarazo y la organización estudiantil, la Universidad de Neuquén se transforma en la Universidad Nacional del Comahue. Como consecuencia de su organización estudiantil comienza a militar en el Partido Comunista. Dentro del partido, establece un momento como quiebre de su experiencia política:

Se produce una situación que cruza mi existencia que es que presentaban mis compañeras una lista para ganar la asociación de docentes neuquinos[6]. Yo creo que eran como las seis de la tarde que terminaba la presentación de las listas, como a las ocho de la noche les digo que no, que no es mi idea participar en el sindicalismo, que yo tenía otro proyecto. Y me dicen: ‘pero hace falta un cargo para llenar la lista, Liliana’. Entonces me ponen en un cargo. Y me decían ‘pero perdemos, no te hagas problema porque siempre gana fulano, sultano’. Al otro día me levanto y en la radio dicen ‘ganó la lista blanca’. Ahí entré al sindicalismo.

Es interesante que Liliana reconozca que su incorporación en el ámbito sindical no fuera parte de una proyección política predeterminada y debatida. Luego de la presentación en la lista, iniciaría un rol sumamente activo en el sindicalismo docente, coartado durante los años de dictadura, pero que sin dudas reactivaría a partir de 1981. Durante los años de dictadura se le impidió la posibilidad de trabajar como maestra “me informan que había quedado prescindible, que había quedado sin trabajo por los años de la dictadura. Yo les preguntaba ¿Por qué? yo era muy buena maestra. Era una ingenuidad política, no me estaban dejando porque estaba afiliada al PC. Aunque muchos del PC que yo conocía ninguno había quedado prescindible” aquí podemos pensar en que elementos operaron en esta diferenciación entre militantes del PC, en un análisis exhaustivo indagaríamos si esto se debe a su condición de género, o como ella menciona “debe ser más por eso, por el rol más las distintas experiencias que había tenido y que ellos sabían que yo iba al frente y que yo defendía las cosas”. Esto último nos permite construir de qué manera autopercibe su militancia y su identidad, como una persona que confrontaba la desigualdad, en otro momento de la entrevista reflexiona “en la vida se me han presentado situaciones en las cuales yo rompo con lo convencional por así decirlo”. ¿Qué era lo convencional para una mujer, maestra, hija de militar en la década de los setenta?

Fermina[7], nació en Centenario, provincia de Neuquén y se crio en Villa Obrera, un barrio naciente a las orillas del río Neuquén. Su juventud estuvo marcada por la dictadura de Onganía, y al igual que Susana y Liliana, inició sus primeros pasos en la organización política como estudiante. Realizó sus estudios secundarios en el único colegio que había en la localidad para ese entonces, el Centro Provincial de Enseñanza Media N° 1. Recuerda que “nos hacían llevar uniforme. Y nosotros en cuarto año nos rebelamos y pedimos usar guardapolvo. Hicimos una sentada, claro, en ese momento empezaron a ocurrir como muchas cosas socialmente y yo sentía que estaba involucrada”. Esto nos permite pensar por un lado las tensiones que comienzan a generar en la juventud los intentos de homogeneización y las políticas educativas de la dictadura, pero además las formas y expresiones políticas de los estudiantes en localidades que no se constituían como centro político. Quizás esta actividad guarde relación con la cercanía respecto de la capital neuquina o se deba a los altos niveles de tensión y politización generados como contrapartida de la represión de la Revolución Argentina. Fermina recuerda ese periodo como un momento en el cual no podías estar al margen. “El Cordobazo había sido una serie de cuestiones políticas ideológicas y sociales que eran una convocatoria a los jóvenes. En el 73 estando en quinto año hicimos otra movida para que nos permitan usar pantalones a las mujeres, por ejemplo, porque teníamos que ir de pollera, con medias de nylon”. La ebullición política experimentada en este periodo, también trastocaba mandatos asignados a las mujeres, en este sentido, no es casual que las estudiantes pusieran en tensión las normas que prohibían su uso de pantalones. Eso no significa que necesariamente se identificaran con los debates de organizaciones feministas de la época, pero sí que la politización trastocaba ciertos sentidos.

Fermina menciona que conocían de otras experiencias semejantes en otros puntos del país, y que en ese momento los secundarios tenían una participación política muy importante. Aquí podríamos pensar los puntos en común respecto del testimonio de Susana, quien daba cuenta de la creciente politización en secundarios luego de la Noche de los Bastones Largos. Fermina en 1973 se incorpora a través de su militancia estudiantil y su vínculo afectivo con Arturo, militante de la UES[8], a la Juventud Peronista. Dentro de la JP desarrolla una militancia social en la que realiza un proceso de alfabetización en el barrio en el cual había crecido. Esta experiencia es fundante para ella:

Fui parte de experiencias de alfabetización concretamente la de villa obrera que ha trascendido por la película Uso mis manos, uso mis ideas[9]. Pero a mi esa experiencia me abrió otra perspectiva ideológica. Porque yo nací en villa obrera, en ese momento no vivía en Villa Obrera porque alguien me había ofrecido la posibilidad de venirme a vivir al pueblo para hacer la escuela. Y esa experiencia me posibilito volver. Volver desde otro lugar. Volver digo porque no es que yo me fui, mi familia seguía viviendo ahí, vive, parte de mi familia sigue viviendo ahí. Pero esa vuelta fue otra mirada.

Esto permite reconocer como una práctica militante, se transforma en un elemento constitutivo de la experiencia de vida de Fermina. Sintetiza las acciones llevadas a cabo por las organizaciones juveniles peronistas, pero además un evento sumante significativo para su subjetividad, en tanto permite enlazar su identidad de origen con la identidad militante. Esta experiencia de alfabetización imprime un doble significado en ella, por un lado, la posibilidad de sintetizar aspectos ideológicos con la práctica, pero, además, volver a su lugar de origen la posibilidad de aportar a las condiciones de vida de sus vecinos y familia. Tan significativa es esa experiencia que en 1974 comienza a estudiar en la Universidad Nacional del Comahue. En ese periodo reconoce el activismo estudiantil y un proyecto de universidad en el cual los estudiantes participaban activamente en la toma de decisiones, y los planes de estudio eran producto de los debates posteriores a la nacionalización de la Universidad (Echenique, 2000). Sin embargo, este periodo sería breve. En consonancia con el contexto nacional, en 1975 Remus Tetu sería designado como interventor de la Universidad Nacional del Comahue y la Universidad Nacional del Sur. Como recuerda Fermina, la llegada del interventor “significó la llegada de un montón de matones a la universidad, allí empezaron a circular diariamente y a ubicarse en las galerías y en todos lados esos tipos que vos veías en todos lados y te mostraban la pistola”. Otro elemento que menciona de este periodo es que se modificaron los planes de estudio en detrimento de la calidad académica, en este sentido recuerda que algunos de los nuevos docentes designados eran personal civil del Ejército. En el caso de ciencias de la educación, la carrera que cursaba en ese momento, adquirió lógicas meramente metodológicas e instrumentales de la pedagogía. Aun previo al golpe de Estado de 1976 recuerda que estando en la facultad acuerdan con sus compañeros un reclamo por una clase de educación física en la que habían sido maltratados por el docente. El rector se aproximó al aula, y preguntó quienes estaban disgustados, mientras los matones miraban desde la puerta. Solo Fermina y seis compañeros más se pusieron de pie. Menciona sobre este episodio “no te puedo explicar cómo nos sentíamos, no teníamos tanto miedo porque no éramos conscientes”. Al igual que lo que mencionan Liliana y Susana, ninguna de las tres esperaba que el accionar represivo se desplegara como ocurrió.

Ante este acontecimiento y la necesidad de ayudar económicamente a su familia, Fermina decide concentrarse en terminar su carrera y se repliega políticamente. Sobre la dictadura recuerda:

En el 76 me recibo, pero me había quedado esa cosa. La verdad fue un retiro en todo sentido, va no en todo sentido porque seguía leyendo, estudiando. Y me dediqué a trabajar y después volví en los 80. Pero en toda esa etapa, bueno, yo la verdad es que a nivel personal viví experiencias durísimas porque desapareció gente con la que yo tenía un vínculo muy cercano, Susana Mujica, Alicia Pifarré.

Consideraciones finales

Las tres trabajadoras de la educación finalmente convergieron en una reunión convocada por Monseñor Jaime de Nevares en 1981 con motivo del aniversario de la diócesis. En un contexto de repliegue del gobierno militar, y con el amparo de la Asamblea Por los Derechos Humanos del Alto Valle comenzarían a convocarse las primeras reuniones de trabajadores de la educación para reorganizarse sindicalmente. De Nevares puso a disposición la escuela para que se realizara, bajo su amparo, una primera asamblea, donde comenzarían a delinear la constitución del sindicato. De trayectorias políticas, ideológicas y territoriales distintas, las tres se encuentran allí luego de haber desarrollado experiencias militantes atravesadas por la violencia política, pero además por la condición de género, la maternidad, entre otras. Si pensamos comparativamente las experiencias recuperadas en este análisis, notaremos que las diferencias son múltiples, no solo en términos de las corrientes político-ideológicas en las cuales ejercieron su práctica militante, sino porque además provienen de estratos sociales distintos, lo que incide en su forma de habitar los espacios políticos. Por otro lado, si bien las tres inician sus primeros pasos durante su etapa estudiantil luego desarrollarán sus acciones políticas en distintos espacios de intervención, en el caso de Susana en la fábrica, Liliana vinculada al sindicato de la fruta y el sindicato docente, Fermina en la militancia barrial o territorial.

Aunque hayan sido socializadas como mujeres, ninguna de las tres inició su actividad política en cuestionamiento del orden patriarcal o interpeladas por la desigualdad de género. Esto habilita la pregunta sobre qué mirada construyen sobre su identidad, en qué medida su inscripción política no implicó una masculinización de sus prácticas, que espacios les son negados o no desde sus experiencias como madres, que rupturas y continuidades establecen respecto de generaciones previas de mujeres. Sin dudas, su inscripción como partícipes activas de los procesos políticos de los setenta habilitan a pensar roles y acciones impensadas para mujeres de generaciones previas.

Por último, las tres trabajadoras de la educación hacen referencia a la militancia en su vida como una continuidad necesaria, como una forma de existencia. ATEN se constituye como sindicato por la acción colectiva dentro de la cual estas mujeres fueron figuras nodales. Ellas inscriben en la organización sindical tanto lo acumulado de las experiencias setentistas como sus identidades políticas. Las asambleas como órganos de definición, la posibilidad de la coexistencia de múltiples tendencias, la masiva participación de otras trabajadoras autopercibidas mujeres da cuenta de algunos de los alcances de esas experiencias, y de sus identidades políticas.

Recuperar las experiencias de Susana, Liliana y Fermina no solo nos permiten reconocer estos hilos que unen, pese a la represión estatal, los procesos políticos, los proyectos revolucionarios con la reorganización sindical pos dictadura, sino también pensar como incidieron sus experiencias en futuras militantes sindicales de ATEN.

Bibliografía

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  1. UNQ/CEHEPYC-UNCo. Correo electrónico: piwkerosas@gmail.com.
  2. La democracia sindical se ejercería a través de las asambleas de base. Dentro de ATEN coexistían distintas tendencias, por un lado, el peronismo y por otras militantes de izquierda marxista. Hacia mediados de los 80 y en adelante estas tendencias tendrán expresión en distintas listas gremiales diferenciadas por colores: la Celeste, Blanca, Naranja – Violeta, Verde, Ambar, Rosa. Ver Ariel Petruccelli y Fernando Aiziczon.
  3. La entrevista a Susana se realizó en dos partes, una entrevista semiestructurada (21 de diciembre de 2022) y una segunda también semiestructurada (15 de febrero de 2023).
  4. El 13 de diciembre de 1974 Jorge Fisher “el Pato” y Miguel Ángel Bufano, militantes del Partido Obrero son secuestrados y asesinados por la “Triple A”.
  5. El testimonio de Liliana surge de una entrevista semi estructurada que tenía como finalidad recuperar su experiencia desde la fundación del sindicato hasta la huelga de 1997. La misma fue realizada el 3 de enero de 2022.
  6. En la década de los setenta se desarrollaron experiencias sindicales docentes, una de ellas fue la Asociación Neuquina de Docentes (AND).
  7. El testimonio de Fermina surge al igual que el de Liliana, en el marco de una entrevista semi estructurada cuya finalidad fue recuperar la experiencia política desde la fundación de ATEN hasta la huelga de 1997. La misma fue realizada el 21 de diciembre de 2022.
  8. Unión de Estudiantes Secundarios.
  9. “Uso mis manos, uso mis ideas” es un documental producido por Mascaró, que recupera la experiencia de alfabetización impulsada por militantes sociales en 1973 en la localidad de Centenario, Neuquén.


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