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Una madre: su memoria, una fotografía, un libro y una clase

Cristina Viano[1]

La información cobra su recompensa exclusivamente en el instante en que es nueva. Sólo vive en ese instante, debe entregarse totalmente a él, y en él manifestarse. No así la narración pues no se agota. Mantiene sus fuerzas acumuladas, y es capaz de desplegarse pasado mucho tiempo.

    

Walter Benjamin. El narrador

Explicitación o dónde comenzar el relato

Este breve texto reconoce su origen en un episodio que transcurrió cuando apenas estábamos reencontrándonos en las aulas y la etapa más dura de la pandemia parecía quedar atrás. Más precisamente un viernes de abril de 2022, momento en que promediaba el dictado de un curso de posgrado a mi cargo y discutíamos con mucho entusiasmo y compromiso un libro sobre fotografía y memoria, mediadxs aún por precauciones varias, pero con protocolos que se olvidaban a cada rato, distancias corporales achicadas y barbijos solo usados ocasionalmente.

Detengámonos por un momento en el libro en cuestión. Su autor, Alberto del Castillo Troncoso[2] propone un pasaje por la historia reciente argentina y particularmente por segmentos de la conformación de una cultura oral y visual a través del testimonio oral de uno de los fotógrafos más relevantes del país; Eduardo Longoni. Por la obra desfilan una porción significativa de fotografías de distintas autoras y autores que se convirtieron en emblemáticas, que trascendieron ampliamente la coyuntura en la que fueron publicadas y configuraron un importante segmento del horizonte visual de una generación (del Castillo Troncoso: 2017; 19) (o de varias). Entre ellas aparece la imagen 13: Madre con cartel: “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”[3].

Esa fotografía disparó el recuerdo de Carina (Robles) quien había conocido a Delia Giovanola (la Madre de la fotografía) en una actividad que habían organizado en el 2017 junto a otras docentes de la Escuela Santa Rosa Viterbo de la localidad de San Lorenzo[4]. Tomó la iniciativa de contactar a Delia apenas la clase terminó. La llamó a su celular, pero no obtuvo respuesta, entonces le envió un mensaje de WhatsApp. Al día siguiente regresó con dos audios de Delia, que escuchamos colectivamente. Las reflexiones que siguen se alimentan de esta pequeña historia de comunicación donde se ponen en juego lazos entre mujeres, emociones, afectos, memorias femeninas, temporalidades y generaciones, imágenes y compromisos. También los ya no tan nuevos dispositivos de comunicación.

Una breve (pero necesaria) semblanza biográfica

Delia Giovanola fue una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Y la última sobreviviente de esas doce mujeres. Nació en 1926 en La Plata. Fue maestra de profesión, directora de escuela y bibliotecaria. En 1946 se casó con Jorge Narciso Ogando, su novio de siempre, y el padre de su único hijo, Jorge Oscar Ogando. En 1963 Delia enviudó y para sumar un ingreso a su hogar comenzó a estudiar bibliotecología. Tras graduarse, en 1968 se casó con Pablo Califano y se mudó a Villa Ballester, partido de San Martín. Allí empezó a ejercer de bibliotecaria, a la par que ascendía a vicedirectora y luego a directora de escuela. Por entonces, su hijo, trabajador bancario, se casó con Stella Maris Montesano, quien de niña había sido alumna particular de Delia y en 1971 se recibió de abogada. En junio de 1973 la pareja tuvo a su primera hija, Virginia. Ambos eran militantes del PRT-ERP.

En octubre de 1976, la pareja fue secuestrada en su casa de La Plata, Stella Maris estaba embarazada de ocho meses. Virginia quedó en su cuna. Avisada Delia, fue a buscarla y se hizo cargo de ella, mientras buscaba desesperadamente a Jorge y Stella Maris. Tiempo más tarde, pudo saber, por testimonios de sobrevivientes, que la pareja permaneció en el centro clandestino de detención “Pozo de Banfield”, donde Stella Maris dio a luz un niño el 5 de diciembre de 1976. El parto, “asistido” por médico genocida Jorge Antonio Bergés, fue en la cocina del lugar, ella esposada, los ojos vendados y arriba de una chapa. Dos días después fue despojada de su bebé, que fue vendido a un matrimonio, y llevada al “Pozo de Quilmes”. En octubre de 1977, Delia formó parte del grupo fundador de Abuelas de Plaza de Mayo. Y ese mismo año se jubiló para dedicarse a la crianza de Virginia y a la búsqueda de “los chicos”, como les decía. Virginia a los 18 años, comenzó a acompañar en su búsqueda a Delia. En 2011, a los 38 años producto de una depresión se suicidó. No pudo conocer a su hermano, a quien Delia y abuelas lograron encontrar en noviembre del 2015[5]. Esta breve-pero necesaria- semblanza biográfica no hace justicia a una militante incansable, que falleció en julio de 2023, a sus 96 años[6]. Solo tiene el objetivo de aproximarnos a una mejor comprensión del episodio que es objeto de este texto.

Una Madre/Abuela comunicándose en tiempos de la “Google Age”

La clase terminó tarde, después de las nueve de la noche. Este dato que puede parecer banal en un texto, sin embargo, no lo es. Cobra sentido cuando analizamos que hizo Delia, con sus 96 años, al recibir el mensaje de audio de Carina.

Apenas lo escuchó se puso a escribir un texto. Lo revisó, lo reescribió, lo corrigió. Y finalmente, ya enteramente desvelada, como confiesa, envió dos mensajes de WhatsApp[7]. Que escuchamos en la clase del sábado. Colectivamente[8].

A ver Carina …a ver si te gusta lo que escribí … Esta foto fue tomada un jueves de abril durante la guerra en Malvinas no puedo precisar la fecha pues pasaron muchos años durante los cuales no tuve noticias de su existencia…durante la guerra en las Malvinas era muy común observar la presencia de gran cantidad de periodistas extranjeros que se acercaban a la plaza de mayo y que como al descuido registraban las rondas de madres caminando desde hacía 6 largos y penosos años…pero el jueves anterior a esa foto fue muy especial porque al viajar de regreso a mi casa observo gran profusión de carteles, calcomanías, afiches de propaganda diciendo los argentinos somos derechos y humanos y otros con la leyenda de las Malvinas son argentinas (pausa). Veía esas dos leyendas adheridas a paredes de colectivos, trenes, autos, postes de luz árboles, vidrios de autos, postes de luz… (pausa) de las madres nada éramos invisibles …querían que lo fuéramos, era indignante (lee pausadamente). Al llegar a casa no vacile en canalizar esa impotencia en un escrito “las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”. Al llegar el jueves siguiente fui a la plaza un rato antes con el propósito de hacer más visible el cartel y empecé la ronda y ocurrió lo que imaginaba y que deseaba… los fotógrafos me rodearon y en silencio hicieron su trabajo…acá agregue después que muchos años después…(se escuchan ruidos de papel )…muchos años después me sorprende ver esta foto y pregunté a familiares si habían visto lo mismo que yo…no lo podía creer si era yo después de casi 23 años… posteriormente al inaugurarse en la ex ESMA la casa de las Malvinas me descubro en una gigantografía de toda una pared que decía las Malvinas son argentinas, los desparecidos también y donde estaba mi foto de toda una pared …estaba mi foto de toda una pared…

¿Cuántas veces Delia relató esta historia?, ¿en cuántos escenarios?, ¿frente a qué personas, y con qué requerimientos?… no lo sabemos. Lo que sí sabemos es que fueron muchas esas veces. No obstante esa noche y a sus avanzados años Delia necesitó recordarla una vez más, escribirla, leerla… no apeló a alguna de las tantas notas que le hicieron en su vida o a algunas de las publicaciones que recuerdan su historia, no reenvió una publicación web que cuenta su historia y que sin ninguna duda conocía sino que hizo un trabajo de memoria (nuevamente) para unxs escuchas que no llegaría a conocer… nos hizo llegar su voz singular, (de la cual era imposible inferir su avanzada edad, pero si su entera lucidez), le otorgó nueva vida a través de su voz a su texto escrito. Pudimos apreciar así su estado de ánimo, su urgencia, sus emociones y sentimientos. Que se entremezclaron con los nuestros. En este caso la tecnología había permitido un intercambio, unas escuchas, que muy lejos de poner una barrera nos había acercado a su historia desde una dimensión incomparablemente personal, íntima y humana[9].

Múltiples interrogantes se suscitan a partir de su relato. De un relato texto-palabra hablada que Delia sintió el deber de escribir y de transmitir, una vez más. Más allá de su cansancio y de la repetición.

La foto: delante y atrás de la cámara

Delia logró su cometido. Su cartel fue fotografiado, recorrió el mundo y se convirtió en un emblema de denuncia de la violación de los derechos humanos en Argentina. El texto-mensaje que creó cuando tenía 56 años cumplió con el objetivo deseado bajo la lente de Amado Becquer Casaballe (1951-2013), un fotógrafo “extranjero” de un país vecino; Uruguay. Circuló por múltiples espacios y bajo formatos distintos; en notas periodísticas, en actos conmemorativos, en muestras, en museos, en manuales de estudios, en libros sobre la historia reciente argentina y latinoamericana, en escuelas, universidades y en clases. Es una de esas fotos símbolo de una época, reproducida y viralizada en las redes sociales. Pero en su historia conlleva una lógica anticipatoria.

Delia a su modo es la hacedora de esa foto, la creó en su imaginación, la provocó. Ese testimonio visual fue y no fue el producto del instante de una captura elocuente o casual. El testimonio de Delia aporta un dato fundamental; ella hizo el cartel para que fuera fotografiado y difundido su mensaje. En ese sentido toma distancia de otras fotografías icónicas del periodo como la de Adriana Lestido[10] de Blanca Freitas y su hija Mariela en la Plaza Alsina del partido bonaerense de Avellaneda el 25 de noviembre de 1982, o la de Eduardo Longoni del 5 de octubre de 1982 en la Marcha por la Vida convocada por los organismos de derechos humanos, cuando captura en medio de la represión el momento en que la caballería se lanza sobre las Madres.[11]

El testimonio oral sobre el testimonio visual nos brinda enormes posibilidades, aunque aquí se hace presente otra dimensión que diferencia la fotografía de Lestido y la de Longoni con la de Becquer Casaballe. En los dos primeros casos han sido lxs fotógrafxs quienes tomaron la palabra para historizar, para contextualizar sus fotos, para realizar una suerte de biografía de ellas[12]. En el caso de la fotografía de Delia con el cartel, el testimonio que cobra relevancia no es el de quien tomó la foto sino el de la protagonista de la foto, el que otorga sentido y dirección: se trata de una clara acción política de denuncia ideada por ella. El fotógrafo fue su mensajero.

Bien cabe recordar entonces los vínculos que se fueron construyendo entre las Madres y los fotógrafos de las agencias. Los profesionales las cubrían en sus rondas. A propósito de ello, Eduardo Longoni recuerda que

Mi primer contacto con las Madres fueron las rondas los jueves a las 3 de la tarde, que eran marchas que se empezaron a hacer en plena dictadura. No solo las cubríamos sino que ellas venían después a la agencia. Nosotros les dábamos algunas ampliaciones. Eso fue una constante, siempre… fotografiábamos todo lo que tuviese que ver con derechos humanos, tratábamos de tomar las fotos para que se vieran en todo el mundo…ni siquiera se si había una transacción comercial… (del Castillo Troncoso: 2017; 96 y 97).

Delia construye el cartel para que sea fotografiado, pero no tiene la posibilidad sino hasta muchos años después de encontrarse con esa foto, que sabía que había sido tomada. Ha ubicado en distintos años el momento en que la vio por primera vez, en ocasiones ha sostenido que fue en el 2010 en otras en el 2012.[13] Veintiocho o treinta años después. Pero sus versiones coinciden en que se encontró con ella a través de facebook. Y que luego, cuando acudió a la inauguración del Museo de Malvinas e Islas del Atlántico Sur en el 2014 “cuando vine en representación de Abuelas a la inauguración, me encontré con la gigantografía y me convertí en la Abuela de las Malvinas”.[14]

Es de suma importancia considerar el hecho que la experiencia visual proporcionada por la fotografía es la de una imagen percibida colectivamente. También que las imágenes en general y las fotografías en particular no pueden ser consideradas un reflejo de la realidad, que carecen de significados unívocos y admiten la posibilidad de múltiples lecturas, que constituyen representaciones que contribuyen a la creación de imaginarios visuales. Las imágenes son (también) poderosos instrumentos de la memoria social que en su circulación instituyen vínculos entre imagen y palabra, entre imagen y recuerdo; como en este caso. Aquí se ha establecido un vínculo privilegiado no con cualquier palabra sino con la palabra, con el recuerdo de Delia.

El testimonio de Delia: “las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”

Hemos anticipado que Delia ha relatado en repetidas oportunidades las circunstancias que provocaron y rodearon a esa foto. De ello podemos desprender un conjunto de reflexiones: percibimos que más allá de ligeras variaciones, el nudo central de su testimonio aparece inalterable, y que todas las versiones que pudimos recoger en distintos medios (y en la nuestra propia), ya sean estas más extensas o más acotadas, están atravesadas por consideraciones sobre sus emociones y sentimientos. En el audio que nos envió aparece tanto la “indignación” como la “impotencia” frente a la presencia y proliferación de carteles con “calcomanías, afiches de propaganda diciendo los argentinos somos derechos y humanos y otros con la leyenda de las Malvinas son argentinas”. Pero su indignación era doble; ya que frente a esa ofensiva visibilidad de la campaña publicitaria de la dictadura militar se le patentiza aquello que describe con dolor como “las Madres éramos invisibles”.[15]

Pero ello no deriva en actitud resignada sino en una acción militante que la lleva a idear una consigna, armar un cartel de puño y letra en un cartón que había sabido fungir como base de unas masas caseras, para acudir el jueves siguiente a la plaza y lograr así “lo que imaginaba y deseaba”: que fuera fotografiado y que esa fotografía se reprodujera, circulara, denunciara.

Muchos sentimientos, sensaciones y pensamientos se habrán agolpado durante esos prolongados viajes en colectivo desde Villa Ballester a la Plaza de Mayo, cada semana, mientras observaba el cambiante paisaje de Buenos Aires. Delia era una mujer que permanecía atenta a sus múltiples manifestaciones; entonces cabe introducir una pregunta central y que remite a aquello que en nuestra clase de historia social argentina y latinoamericana reverberó en mi pensamiento y llamó inmediatamente nuestra atención cuando escuchamos su testimonio: ¿cuál fue la posibilidad cierta que en ese ya lejano 1982 Delia haya “visto” una proliferación de stickers con la consigna “los argentinos somos derechos y humanos”? Sin dudas los vio, pero unos años antes. No pueden haberle pasado inadvertidos en setiembre de 1979 seguramente cuando la dictadura distribuyo 250.000 ejemplares al momento de la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).[16]

La interacción entre los hechos históricos y lo que ocurrió en la memoria de Delia acapara mi interés ya que ha fusionado dos momentos, ha traspuesto un hecho anterior y lo ha condensado con otro posterior convirtiéndolo en uno de indudable potencia[17]. Podríamos pensar que un retazo de su memoria se acopló a otro a partir de una visualidad que la detonó, que la actualizó: dos momentos particularmente dolorosos, dos momentos que forman parte del continuum que marcó para siempre su historia de vida.

La agresiva serie de acciones de la dictadura para contrarrestar la “campaña de desprestigio” que se realizaba según su discurso por “los aliados de la subversión” como parte de una campaña internacional contra el gobierno y el pueblo argentino, momento en que fue parido el slogan “los argentinos somos derechos y humanos” en medio de la visita de la CIDH fue el primero de ellos[18]. La efímera euforia nacionalista que embriagaba al régimen y a parte de la sociedad durante el conflicto bélico en Malvinas constituyó el de su acción concreta. Su memoria los fusionó, los convirtió en uno. Cabe arriesgar interpretativamente que se trataba de un momento que devenía a los desaparecidos aún más desaparecidos. Y a las Madres de la plaza aún más invisibles. Y ese instante de peligro Delia lo percibió.

Un cierre provisorio

Podemos convenir que el recordar y cómo hacerlo, remite a vivencias, a lazos sociales, pero también a saberes, creencias, patrones de comportamiento, sentimientos y emociones que son transmitidos y recibidos en interacción social, en los procesos de socialización (Di Liscia 2007). Asimismo, sabemos que los contenidos y formas de guardar y transmitir la memoria están atravesados por presupuestos de género y en este caso fue ese vínculo afectuoso forjado entre dos mujeres con experiencias vitales y generacionales muy distintas la puerta de entrada posibilitante de la historia que nos ocupa y de las reflexiones que se desprenden de ella.

Los intercambios entre las personas han sido profundamente modificados por las tecnologías y sus usos ampliamente difundidos, incorporados y parte de nuestra vida cotidiana y profesional. Aún los muy sensibles, como es este caso. Delia recibe un mensaje, escribe un texto, y lo lee detenidamente frente a su celular. Un texto para ser escuchado colectivamente, con los pliegues y las tonalidades de su voz. Delia se desvela escribiendo y grabando(nos) a su vez una respuesta-texto-mensaje. Nuestra clase no fue una más. Nuestras estructuras de sensibilidad se vieron interpeladas por esa voz, por ese recuerdo. Creo que no la olvidaremos, al menos yo no podré hacerlo. Delia falleció poco después. Tenía 96 años. Muestra palpable que nunca dejó de recordar y recordar es (también) una potente forma de agencia política femenina.

Bibliografía

Águila, G. (2023). Historia de la última dictadura militar. Argentina, 1976-1983. Siglo XXI editores, Buenos Aires.

Crenzel, E. (2018). “Enfrentado el retroceso. Justicia, verdad y memoria en la Argentina reciente” en Aguila, G., Luciani. L, Seminara, L. y C. Viano (comps) La historia reciente en Argentina. Balances de una historiografía pionera en América Latina. Imago Mundi, Buenos Aires.

del Castillo Troncoso, A. (2017). Fotografía y memoria. Conversaciones con Eduardo Longoni. FCE, CONACYT e Instituto Mora. Colombia.

Di Liscia, M., H. (2007). Memorias de mujeres: Un trabajo de empoderamiento. Política y cultura. n 28.

Favero, B. y Camilo R. (2021). Historia oral y redes sociales, ¿una alianza posible?. Recorridos y experiencias en el ámbito de la historia reciente; Altravista Sociologie; II; 1; 12-2021; 69-82. http://hdl.handle.net/11336/171023

Didi-Huberman, G. (2015). Ante el tiempo, Historia del arte y anacronismo de las imágenes. Adriana Hidalgo editora, Buenos Aires.

Didi-Huberman, G. (curador). (2017). Sublevaciones, EDUNTREF, Editorial UNTREF, Argentina.

Gamarnick, C. (2020). El fotoperiodismo en Argentina. De Siete días ilustrados a la agencia SIGLA. Fundación Alfonso y Luz Castillo. Buenos Aires.

Pereyra M., Turiacci, M. y Urquiza, M. B. (2016). ¿Los argentinos somos derechos y humanos? Relatos sobre la nación y la violencia política en la prensa gráfica semanal y mensual durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1979. http://conti.derhuman.jus.gov.ar/2016/11/seminario/mesa_14/pereyra_turiacci_urquiza_mesa_14.pdf 2016.

Portelli, A. (1989). “Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli” en Revista Historia y fuente oral, Asociación Historia y Fuente Oral: Barcelona, 1989. N° 1 y 2.

Rodriguez H., Giovanola, A. D.C. (s/f). In Memoriam. “La historia detrás de esta foto”. Recuperado de https://www.museodelamemoria.gob.ar/page/noticias/id/2474/title/Muri%C3%B3+Delia+Giovanola%2C+fundadora+de+Abuelas+de+Plaza+de+Mayo

Scocco, M. (2017). “Las potencialidades de la historia oral para estudiar el movimiento de derechos humanos”, Revista Testimonios, Asociación de Historia Oral de la República Argentina. Año 6, Nº 6, pp. 52-70, https://revistas.unc.edu.ar/index.php/testimonios/article/view/17719

Zamponi A. Delia Giovanola honoris causa: el título que le faltaba https://noticias.unsam.edu.ar/2021/03/16/delia-giovanola-honoris-causa-el-titulo-que-le-faltaba/


  1. CLIHOS-UNR-AHORA. Correo electrónico: crisviano@gmail.com.
  2. Fotografía y memoria. Conversaciones con Eduardo Longoni. FCE, CONACYT e Instituto Mora. Colombia, 2017. Retomando planteos de Alexander Frend y Alistair Thomson, el autor sostiene que uno de los elementos que ha caracterizado la historia oral en tiempos recientes es su intenso diálogo con una lectura de las fotografías, que ello ha renovado el quehacer historiográfico y provocado una suerte de “giro fotográfico”.
  3. La emblemática foto hoy está exhibida, como una gigantografía, en el Museo Malvinas e Islas del Atlántico Sur: bit.ly/4aQClL3
  4. Se trató de un viaje, por fuera del horario escolar, al Museo Malvinas que organizaron tres docentes de historia (entre las que se contaba Carina) y una de geografía con estudiantes secundarios en el marco de un proyecto de Historia y Memoria. Allí Carina conoció a Delia, quien fue especialmente para dialogar con el grupo. La comunicación (y el vínculo) continuó por vía de llamados telefónicos y WhatsApp. Conversación con Carina Robles, 07/2023.
  5. Su nieto vive en el exterior desde el año 2000 y se había presentado de manera espontánea en marzo de 2015 en Abuelas en búsqueda de su identidad. La sangre de Virginia en el Banco Nacional de Datos Genéticos sirvió para cotejar que Martín era nieto de Delia con un 99,99 % de probabilidad. Martín siempre supo que era adoptado. Su padre era un comerciante que no podía tener hijos y pagó por el recién nacido en 1976. Diego contó que creció escuchando el slogan “si tenés dudas de tu identidad y naciste entre el ‘75 y el ‘80 presentate a Abuelas” (Zamponi, 2021).
  6. Esta semblanza fue construida con información tomada de Zamponi Alejandro; “Delia Giovanola honoris causa: el título que le faltaba” https://noticias.unsam.edu.ar/2021/03/16/delia-giovanola-honoris-causa-el-titulo-que-le-faltaba/ y “Delia Giovanola, Abuela de Plaza de Mayo, y su foto en el Museo Malvinas” en https://www.cultura.gob.ar/delia-giovanola-la-abuela-de-plaza-de-mayo-y-su-foto-en-el-museo-malvi-10362/ y https://abuelas.org.ar/noticia/hasta-siempre-querida-delia-1663
  7. Delia era muy amiga de la tecnología y administraba con maestría sus cuentas de Facebook, Instragram y Whatsapp.
  8. Lamentablemente no hemos podido recuperar los audios que Carina envió a Delia. Si pudimos conservar fotografías de los intercambios por WhatsApp que mantuvieron y que incluye una fotografía grupal de la clase donde escuchamos sus mensajes.
  9. Cabe reflexionar sobre la potencialidad de estos intercambios (virtuales) en los que la memoria tiene un valor fundacional. Como han advertido Favero y Robertini (2021), a pesar de ser desmaterializados y efímeros, sujetos a la vulnerabilidad de vínculos y plataformas, constituyen un recurso para la investigación histórica interesada en la dimensión de la memoria. En este sentido, representan un desafío para la historiografía. Y si bien les autores no contemplan el uso del WhatsApp como estrategia comunicativa, reparan si en reflexionar sobre el potencial y las implicaciones metodológicas y epistemológicas que el uso de las redes sociales puede traer a la historiografía en general y a la historia oral en particular. Observan cómo las redes sociales y Facebook en particular pueden aportar para ser incluidas en la caja de herramientas de los historiadores. Desde la utilización de la identificación de personas que pueden ser entrevistadas, de los documentos personales digitalizados publicados en perfiles personales o el soporte de la web, han transformado la profesión. Apuntan que en las redes sociales el entrecruzamiento de géneros y de tipos de fuentes que, como en el caso de una foto comentada, cruzan a la historia (el documento de archivo) y a la memoria (el recuerdo). De esta manera el documento cambia su estatus epistemológico y mantiene tanto la dimensión histórica como la memoria, se transforma en una fuente compleja con gran potencial y, al mismo tiempo, difícil de archivar e inventariar.
  10. Lestido captura a Blanca Freitas y su hija Blanca, ambas con pañuelo blanco en Plaza Alsina en Avellaneda, reclamando por la desaparición de su hermano Avelino Freitas. La fotógrafa las pudo localizar muchos años después; pudieron reunirse las tres recién en el 2016.
  11. Represión contra Marta Casabona de Gorga y Susana Ordonez de Preci.
  12. Gamarnick (2020) valoriza “la voz de los fotógrafos” para abordar múltiples campos; ya sea el uso editorial que los medios les dieron a sus imágenes, el recorrido que realizaron desde el momento de su obtención y publicación como para reconstruir trayectorias y experiencias.
  13. Héctor Rodríguez (2022) introduce otra versión. En la semblanza que escribió por la muerte de Delia aporta que Gabriela Giovanola, una sobrina, publicó en su muro un testimonio de Delia: “Esta foto me la tomó hace 30 años un enviado de un periódico y al tiempo llegó a mis manos… Con el correr de los años la perdí de vista, no sé cómo ni cuándo. Ahora, después de tanto tiempo… ¡la encuentro publicada aquí! Pensar que ya pasaron 30 años y los problemas siguen siendo los mismos, las Islas siguen apropiadas, nuestros nietos también. Nuestros caídos en Malvinas siguen lejos de sus familias. Ellos ni siquiera pueden llevarle una flor. Sobre nuestros desaparecidos, ni siquiera sabemos dónde están.”
  14. Recuerdan la emblemática foto de Abuelas: “Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también” (02-04-2022)- 40 AÑOS DE LA GUERRA. Recuperado de https://www.telam.com.ar/notas/202204/588333-las-malvinas-son-argentinas-los-desaparecidos-tambien.html
  15. “Fue tanta la indignación de ver la ciudad empapelada y que nadie hablara de las Madres y Abuelas que estábamos ahí hacía seis años ¡Porque hacía seis años que estábamos dando vueltas a la Plaza y no nos veían! que llegué a mi casa y busqué algo, una bandeja de masas caceras, era un cartón grande, y escribí, con bronca: Las Malvinas son argentinas, los desaparecidos también”, relató. En https://www.abuelas.org.ar/noticia/la-abuela-de-las-malvinas-1608. El destacado es mío. Aquí hace referencia a su condición de Madre y Abuela.
  16. La CIDH recibió miles de denuncias por desapariciones en las principales ciudades del país. La APDH le entregó las que había recopilado hasta entonces. Inspeccionó dependencias militares y policiales, como la ESMA o la Riviera en Córdoba denunciadas como “centros clandestinos de detención”, término que desde entonces se volvió dominante para denominar a los lugares donde estaban cautivos los desaparecidos. (Crenzel:2018; 134 y 135). Ante la visita de la CIDH, la prensa (también las revistas como Gente, Siete Días, Somos o Para Ti) reprodujeron ampliamente el relato militar, magnificando la amenaza que representaba para la Nación la “subversión terrorista”, con el objeto de legitimar la metodología criminal empleada en la “lucha antisubversiva”. Pero no podían contener el proceso creciente de denuncias en el extranjero ni su difusión. La dictadura militar acudió a la idea de la “campaña antiargentina”. Se la presentó como fomentada desde el extranjero, y basada en acusaciones falaces, pues según el discurso oficial “los argentinos somos derechos y humanos”: con este eslogan el gobierno hizo imprimir 250.000 calcomanías que repartió para que fueran fijadas en los autos. El eslogan resultó exitoso y se reprodujo en todo tipo de discursos (Pereyra, Turiacci y Urquiza:2016). Fue ideado por la consultora Burson Masteller, una agencia con sede en Nueva York.
  17. A propósito de su ya clásico estudio sobre Luigi Trastulli, Alessandro Portelli (1989) subraya los procesos de trasposición y condensación que actúan en la memoria social e individual. Scocco (2017) ha señalado que la apertura y puesta a disposición de diferentes archivos relacionados con la represión, ha producido una cierta “vuelta al documento” que sin dudas promueve distintas líneas de investigación aunque, advierte con preocupación los escasos o inexistentes vínculos con la historia oral entendiendo que la voz de los represaliados y, en particular, la de los militantes de los organismos de derechos humanos puede otorgar otra mirada. Como en este caso.
  18. Para una minuciosa, compleja y actualizada reconstrucción de la “campaña antiargentina” y la visita de la CIDH puede consultarse Aguila (2023).


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