Posguerra, memorias y soberanías
en Bahía Blanca
Sandra Rosetti[1] y Rocío Parga[2]
Esta es la séptima entrega de los Cuadernos de historias del sur bonaerense [3] y está dedicada a abordar las memorias (en plural) de aquel acontecimiento traumático, la Guerra de Malvinas, a través de las huellas materiales en los espacios públicos de Bahía Blanca y de narrativas objetivadas en otros soportes de representación.
Se trata de poner en diálogo esta polifonía de voces como una posible puerta de acceso a nuevas claves de lectura que remiten a distintos contextos políticos, a agentes promotores heterogéneos y a los diversos núcleos discursivos que han circulado en estos 40 años.
Si bien la guerra concluyó, la posguerra y su tramitación en el presente continúa en las generaciones que vivieron aquella experiencia y en la transmisión que se ha ido elaborando entre lxs jóvenes que resignifican aquellas memorias. En tal sentido, este Cuaderno dialoga con el volumen 5 dedicado al pasado violento de los años de terrorismo de Estado, considerando que esta guerra estuvo atravesada por el contexto de la dictadura que la generó.
Sostenemos que la tematización de los trabajos de memoria a escala local resulta pertinente por la omisión de estos contenidos en los materiales didácticos para trabajar en la escuela; además, constituye un ejercicio de reparación histórica del pasado traumático que requiere sumar nuevas voces a la construcción colectiva de la memoria y a la necesidad de generar espacios de reflexión que aporten a la comprensión de la Cuestión Malvinas y al valor fundamental del trabajo militante por la paz.
Las autoras somos docentes e investigadoras de la Universidad Nacional del Sur y de escuelas de enseñanza media de nuestra ciudad, con una prolífica trayectoria en esta línea de investigación, iniciada en 2010 en el marco de un Proyecto Grupal de Investigación del Departamento de Humanidades. A su vez, seleccionadas en junio de 2015 para formar parte de la primera convocatoria de proyectos de investigación “Malvinas en la Universidad” con el proyecto de investigación “Otras voces de la guerra de Malvinas. Procesos de construcción identitaria.”
Esta publicación está integrada por una selección de estudios interdisciplinarios que han sido aprobados satisfactoriamente en distintos encuentros académicos del circuito nacional y regional, y por una serie de aportes de otrxs investigadorxs que han colaborado con textos que problematizan diferentes cuestiones vinculadas con la posguerra.
La segunda parte de este libro compuesta por una serie de propuestas didácticas, producto de diversos talleres coordinados por las autoras con profesorxs de nivel secundario, a fin de optimizar la transferencia y la articulación con la realidad áulica, propiciando la co-construcción de saberes. Uno de los más importantes objetivos de esta publicación es alentar a nuestrxs colegas docentes a utilizar, en sus clases, estos materiales de manera creativa y que las sugerencias didácticas que ofrecemos no limiten, sino que, por el contrario, potencien y permitan enriquecer la enseñanza de la historia cultural local y regional.
La historia oral, las memorias traumáticas y el rol de lxs historiadorxs
En tanto nuestra investigación es participativa, entra en juego la dimensión ética del trabajo de lxs historiadorxs, comprometida con la escucha respetuosa y objetiva de los testimonios, pero también con la honestidad académica y metodológica, anclada en el tiempo histórico que le toca vivir. No buscamos hechos heroicos, ni pruebas de verdades absolutas; tratamos de recoger relatos, gestos y silencios únicos. Cuando las voces que escuchamos son de personas que participaron de una guerra, no existe posibilidad de erigirse en jueces o evaluadores: la guerra es monstruosa y el solo testimonio del que relata valida su memoria.
Según el sistema interactivo de información PAMI, hay 1359 veteranos de guerra en la zona de Bahía Blanca, Punta Alta y Tres Arroyos. Escuchar sus relatos y el de sus familiares ha sido una de las herramientas fundamentales a la hora de pensar este libro y de reflexionar sobre el pasado inmediato de nuestra ciudad. Si bien la historia reciente se alimenta de muchísimas fuentes, las orales son su insumo privilegiado.
La historia oral, como campo disciplinar, nos enfrenta a limitaciones, posibilidades y desafíos. Se ha recorrido un largo camino desde el debate que cuestionaba su legitimidad o pertinencia y la ubicaba en el lugar de auxiliar metodológico del análisis de documentos. Constituidos en fuentes en sí mismos, los testimonios nos enfrentan a realidades complejas y posibilidades innovadoras. La historia reciente argentina, plagada de hechos traumáticos atravesados por la violencia, tiene que luchar constantemente por desentrañar las memorias del silencio y el olvido.
Las memorias de la guerra de Malvinas, inmersas en el marco de la última dictadura militar, no escapan a las características mencionadas. Surcadas por discursos sacralizados, legitimados desde la noción de “causa sagrada”, se vuelven un ámbito con limitadas posibilidades de crítica y debate. Sin embargo, en la polifonía de voces que constituyen “las memorias sobre Malvinas” (mejor en plural) encontramos un entramado que sólo es posible abordar desde la historia oral.
Maurice Halbwachs (2005) habla del carácter colectivo de la memoria y sitúa el proceso de construcción en marcos específicos, que otorgan sentido a determinadas experiencias. De este modo, piensa la memoria en clave plural y en términos de procesos de selección. A partir de esto, el estudioso francés realizó una distinción entre la memoria social, entendida como la memoria de las experiencias que se han “vivenciado”, limitadas a determinada generación que vivió ciertos hechos y a su “recuerdo”, y la memoria histórica, que es una experiencia mediada por representaciones y reelaborada por generaciones posteriores.
Por lo tanto, la memoria no es unívoca (por eso, son memorias) sino, indudablemente, una construcción espesa y profusa que se manifiesta en luchas políticas. Se construye a través del tiempo desde un lugar lejano al momento que se quiere recordar, es decir desde el presente, con nuevos sentidos cargados de los años vividos por sus protagonistas y de las historias que otros han narrado, que se entrecruzan y superan la experiencia de cada uno tratando de construir una narración escuchable y creíble.
En este plano de reflexión entre pasado y presente, Tzvetan Todorov (2000) propone dos posibles registros al ejercer la memoria de los procesos traumáticos. Una memoria literal, en la cual el pasado queda cristalizado y sus evocadores encerrados en sí mismos, en tanto la reproducción de la evocación del acontecimiento mediante prácticas ritualizadas conduce a los “abusos de la memoria”. Por contraste, la segunda alternativa a la que denomina memoria ejemplar, supone aprehender críticamente el pasado y extraer de él las lecciones necesarias para poder identificar y enfrentar su posible reiteración en un nuevo contexto con otras circunstancias.
En este sentido, entendemos la “memoria como un concepto usado para interrogar las maneras en que la gente construye un sentido del pasado, y cómo se enlaza ese pasado con el presente en el acto de rememorar/olvidar. Esta interrogación sobre el pasado es un proceso subjetivo; es siempre activo y construido socialmente, en diálogo e interacción” (Jelin, 2000: 8). Justamente en esa subjetividad está la riqueza de la polifonía que permite acercarse al pasado de una manera muy compleja pero más completa, con multiplicidad de problemas vinculados a cuestiones de poder, de interpretaciones y de luchas políticas por la apropiación de esa memoria. Es entonces, como dice Walter Benjamin (1973), que el pasado no nos interesa como reconstrucción, sino como construcción.
Dora Schwarzstein señala que “los testimonios orales no son un simple registro, más o menos adecuado de hechos del pasado; por el contrario, se trata de productos culturales complejos. Incluyen interrelaciones cuya naturaleza no es fácil de comprender, entre memorias privadas, individuales y públicas, entre experiencias pasadas, situaciones actuales y representaciones culturales del pasado y del presente. En otras palabras, los testimonios de historia oral están profundamente influidos por discursos y prácticas del hoy y pertenecen a la esfera de la subjetividad” (Schwarzstein: 2001, 73).
En la dinámica del testimonio (la entrevista, la escucha, el decir con otros) se produce una ruptura del discurso sacralizado y aprendido para dar lugar a un proceso de construcción identitaria; en este proceso, lxs historiadorxs cumplen un rol fundamental mediante la dinámica dialéctica de la entrevista.
Las entrevistas realizadas (en general abiertas, algunas individuales y otras grupales) a excombatientes, a exsoldados movilizados a la Patagonia durante el conflicto, a familiares y a vecinxs de la ciudad han permitido configurar, junto a lxs entrevistadorxs/historiadorxs, documentos que se conforman en fuentes de transmisión y reflexión de este pasado reciente que tiene el privilegio de tener a muchxs de sus protagonistas vivxs.
La entrevista repone el pasado, lo activa y cruza un presente cargado de subjetividades y significantes. Al escuchar los testimonios de quienes se vieron involucrados en la guerra nos encontramos ante la presencia de tres voces: el que narra (hombre adulto, cuarenta años después, con la carga de la vida vivida), el joven protagonista de la historia en la Patagonia de 1982 y las historiadoras impregnadas de subjetividades y de un presente político que participa activamente de la construcción de esos testimonios. En ese momento, se activa el mecanismo que rompe, abandona y arrasa con el relato estatuido de Malvinas y se comienza a componer otro, nuevo, incontrastable y complejo.
En el análisis de los testimonios, los silencios ocupan un lugar fundamental. Pensar el silencio como impuesto o como decisión personal y como parte del entramado de la memoria nos lleva a reflexionar sobre el valor del mismo, qué posibilita y qué obstaculiza, cómo opera en el plano de la memoria colectiva. Aquí también nos encontramos con una triada, con tres silencios, tres momentos donde ese vacío posibilita a las historiadoras la lectura en contexto y el análisis del relato. En primer término, el silencio se les impone durante el proceso de desmalvinización; más tarde opera, tal como señala Pollak (Pollak, 2006: 6), como modus vivendi (estrategias para continuar con sus vidas) y un tercer silencio que se puede generar en la entrevista, en la charla abierta. En esta última instancia juega como un momento de “pasaje” donde el relato sacralizado, aprendido y transmitido sobre la guerra se pone en cuestión; es aquí donde se activa ese mecanismo crítico que la entrevista posibilita.
Diálogos con las huellas materiales: las fotos y las cartas
Las fuentes con las que contamos son múltiples y requieren de distintas estrategias para ser abordadas. Si las entrevistas nos enfrentan con testimonios cargados de silencios y emotividad, las fotos y las cartas representan momentos vividos en ese espacio y tiempo. En el abordaje de las memorias de los ex soldados, desde el cruce que se produce entre testimonio e imagen, la fotografía funciona como “disparador de la memoria”, elemento que convoca al recuerdo y recrea en el presente la imagen capturada en 1982. Este uso de la fotografía como testimonio también nos permite quebrar el relato instituido de la guerra y propiciar la rememoración subjetiva.
En este sentido, nos ubicamos en el límite de lo que “nunca podrá repetirse existencialmente”: este encuentro de quien rememora ante su propia imagen. Allí es donde el trabajo de lxs historiadorxs redobla sus esfuerzos: buscamos en la fotografía el disparador de nuevas preguntas de investigación y otros escenarios que habiliten una mirada reflexiva sobre su propio pasado.
La foto pasó a ser un componente más de las entrevistas; acercarnos a charlar con ex soldados con la mediación de una fotografía no tiene pretensión de búsqueda detectivesca, sino más bien funciona como pausa. Ese cruce entre el recuerdo y la foto permite desactivar y repensar el relato con el que llegan a la entrevista, en muchos casos ya diseñado en sus cabezas a partir de la historia legitimada de Malvinas. La potencia de la fotografía está en ese juego dialéctico entre lo visible y lo invisible, entre lo que se fotografió voluntariamente y lo que se coló involuntariamente; está en las reflexiones que genera, las palabras que arranca, la posibilidad de despegarse de la memoria instituida para aportar voces nuevas. La foto deja de representar la realidad para dejar paso a la construcción de sentido.
Históricamente, durante las guerras se ha producido un gran fluir de cartas desde y hacia innumerables destinos: desde las familias o desde mujeres que auspiciaron de “madrinas de guerra” a los soldados que se encontraban en el frente de batalla: o, de modo inverso, desde los mismos soldados que escribían cartas a sus madres, padres o novias…
Sabido es que desde la Gran Guerra la censura de la correspondencia fue una práctica común. Sin embargo, en la guerra de Malvinas eran los mismos soldados los que llevaban las cartas a la oficina de correo (ENCOTEL, restaurada el 2 de abril en las Islas) y, en general, sin mediación, llegaban a los destinatarios: la censura no llegó a establecerse como una práctica organizada. En la oficina recibían instrucciones de cómo enviar una carta, colocarle correctamente la dirección y demás datos, sobre todo para tantos soldados conscriptos que nunca habían enviado una carta. “Las cartas se convierten fácilmente en puertas francas que permiten acceder al alma de los corresponsales” (Rubio Giménez y Deaño Gamaño, 2011: 9), pero es requisito fundamental para el acceso a este tipo de fuentes documentales que se hayan conservado, en forma deliberada y ordenada, o reservadas a una caja que durante años no vuelve a abrirse.
El acceso a archivos privados de cartas nos ha permitido encontrarnos con testimonios que contribuyen a la multiplicidad de fuentes desde donde podemos reflexionar acerca de los contextos de la guerra y que cruzan y dan volumen a los relatos orales.
La espera de las madres por noticias de sus hijos, de las que dan cuenta las cartas, permiten entrar en la dimensión del sufrimiento y acercarnos a la matriz de pensamiento que moldeó sus subjetividades. A su vez, las cartas de los soldados que, de paso por las estaciones de tren de la zona de Bahía Blanca, establecieron correspondencia epistolar con chicas del lugar, posibilitó, en ese entramado de quien escribe y sus destinatarios, el encuentro de la voz y los contextos de estos protagonistas.
Las cartas, aunque escritas en un pasado que se supone inamovible, leídas cuarenta años después, inspiran preguntas que resignifican ese pasado. En su estructura sintáctica, caligráfica y narrativa permiten entrever cuestiones de clase, identidades, geografías: resultan espejos y ecos del contexto social y político de los años en que fueron escritas.
Aporte de contenidos y propuestas didácticas locales: ejercicio de reparación histórica
Como dijimos, los materiales didácticos para trabajar y pensar la cuestión Malvinas en la escuela en clave local son significativos y pertinentes. Son herramientas que además se constituyen en ejercicios de reparación histórica del pasado reciente traumático para aquellxs que lo sobrevivieron, y, para las nuevas generaciones, un entrenamiento para el trabajo militante por la paz
¿Cómo se enseñan las tragedias de la historia? ¿Cómo se abordan las guerras en la escuela?
¿Desde qué fuentes podemos encarar esa dilemática tarea pedagógica? ¿De qué modo podemos colaborar a construir un presente y un futuro de paz con esta tremenda mochila que pesa sobre los hombros de la historia?
No son preguntas sencillas de responder ni tienen un recorrido único a la hora de pensarlas; pero, sin dudas, requieren el aporte de herramientas capaces de colaborar en la construcción de caminos reflexivos que permitan acercar respuestas. Como bien ha dicho Sergio Guelerman:
(…) así como una transmisión lograda es capaz de construir subjetividades, una mala transmisión puede reforzar los mecanismos de identificación en un proceso de apropiación de la herencia que llevará a la repetición de aquello que se intentaba transmitir (…) Existe una capacidad inherente a las instituciones de limitar la propia potencia de su acción. (…) La institución escolar tiene la obligación de abrir(se) nuevas posibilidades de entrada, que vayan más allá de lo establecido, de lo obligatorio. Puertas de entrada que permitan la interpelación de los sujetos de la educación por vías diferentes; (…) no se trata de hacer historia, sino de construir una política de la memoria. No se trata de inducir identificaciones constitutivas, sino de construir subjetividades. (Guelerman, 2001:49)
Esta segunda parte del libro es también un trabajo colectivo y la planteamos como puertas de entrada para docentes y estudiantes al abordaje de dos grandes núcleos problemáticos; el primero “La elaboración de un “sentido común” y el segundo la “deconstrucción del héroe”, categorías naturalizadas que requieren de una enérgica deconstrucción. Con este objetivo se proponen recorridas críticas por los lugares de memoria, los murales, las nominaciones de calles y espacios públicos de nuestra ciudad; cruzando los relatos de diversos promotores de memoria con los relatos de las personas del barrio que vivieron de algún modo la guerra.
Las memorias de bahienses en diferentes soportes: cartas, literatura, cine, documentales, arte en general se cruzan en esta propuesta didácticas con las muchas preguntas que pueda provocar en los y las estudiantes el encuentro con “protagonistas vivos” que, para ellxs, están en muchos casos en el mismo tiempo y espacio cronológico que los protagonistas de la revolución de mayo.
Todos los ejercicios que proponemos, pretenden que el aula sea un espacio sin paredes, abierto, permeable, reflexivo y productivo. Si la escuela argentina, durante todo el siglo XX, fue capaz de “fabricar argentinitos” y moldear cabezas que cantaran con emoción ¡Oh juremos con gloria morir! (agregándole una “h” a la que en realidad es una “o” de opción, y no de aclamación) también puede serlo al proponerse construir y cimentar un presente y un futuro donde la única alternativa sea la paz; revisitar, aunque suene a “lugar común”, la idea de que la Historia es Maestra, y además está medio cansada de enseñar.
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- UNS. Correo electrónico: sanros@criba.edu.ar. ↵
- UNS-UNISAL. Correo electrónico: rocioparga@hotmail.com.↵
- Se propone en cada fascículo una aproximación a distintas historias de los espacios urbanos y rurales del sur bonaerense, cada uno escrito por especialistas en ese tema. Los Cuadernos están acompañados de fotografías, planos, artículos periodísticos y otros tipos de testimonios históricos, con el objetivo de difundir soportes fontanales variados y permitir su uso didáctico en el aula. En este sentido se presenta en cada entrega un conjunto de materiales con sugerencias, para ser trabajados por docentes y estudiantes.
Cuaderno Nº 1: La Punta de la historia (Punta Alta y su historia). Gustavo Chalier. Cuaderno Nº 2: La República de Villa Mitre. Mario Ortiz. Cuaderno Nº 3: La del Sur: de la construcción del nudo ferro-portuario al centenario local (Bahía Blanca, 1884-1928). Diana Ribas y Fabiana Tolcachier. Cuaderno Nº 4: Malones, fortines y estancias en la identidad de General Daniel Cerri. Alejandra Pupio y Hernán Perrière Cuaderno Nº 5: ¿Un espejo roto? Marcas del pasado reciente en Bahía Blanca. Fabiana Tolcachier (coord.). Cuaderno Nº 6: La Tercera Fundación de Bahía Blanca: la ciudad en la transformación neoliberal. Emilce Heredia Chaz.↵






