José Briceño Ruiz, Jorge Leal, Alberto Rocha Valencia
y Miguel Serna Forcheri
La integración latinoamericana es una temática paradojal en la coyuntura contemporánea. Por una parte, para muchos actores y líderes aparece en la agenda pública y gubernamental como menospreciada, subalternizada y observada de manera muy escéptica. Varios elementos y argumentos justifican este tipo de discurso. Desde las miradas más conservadoras, se reafirma la defensa del nacionalismo y de los intereses de protección de la soberanía del Estado-nación. Discursos que se entremezclan en una perspectiva comercial ambigua, de negociación bilateral entre Estados de intereses gubernamentales y de agentes económicos, unidos al resurgimiento de un nuevo credo por el libre comercio a través de tratados de libre comercio. Estos nuevos tratados son más ambiciosos en sus alcances, e incorporan regulaciones que van mucho más allá que las reglas comerciales clásicas, dado que introducen cuestiones tales como el reconocimiento de diplomas educativos y recursos altamente calificados, salvaguardas especiales a inversiones externas directas o actividades económicas estratégicas, derechos de patentes y autor, etc.
A ello se le suma un contexto internacional de emergencia de una “guerra comercial” de nuevas formas de políticas proteccionistas unilaterales y de reposicionamiento en la política exterior de las grandes potencias, que genera una gran incertidumbre sobre las reglas y acuerdos multilaterales. Una coyuntura poco auspiciante de América Latina: pocos avances en el comercio intrarregional, múltiples formatos institucionales superpuestos y poca sinergia o complementariedad, además de un giro político conservador y retraimiento de algunos gobiernos de ámbitos multilaterales, la ausencia de liderazgos políticos claros en la región, el cambio histórico de Estados Unidos a China como principal socio comercial de la región, entre otros aspectos.
En síntesis, para muchos actores políticos y líderes de opinión, la perspectiva latinoamericana en la inserción económica y política internacional es puesta en suspenso, refugiándose en un regreso a los viejos moldes de la política exterior del Estado-nación.
Por otra parte, los mismos elementos previos pueden ser vistos como justificación de la pertinencia de la búsqueda de perspectivas latinoamericanas para la integración. Se trata de una región que, a pesar de los contextos y restricciones estructurales, procura reiteradamente iniciativas políticas de integración regional. Es una región que todavía tiene oportunidades de cooperación para el desarrollo de recursos naturales y que posee clivajes históricos culturales comunes. Los nuevos socios comerciales y de inversión extrarregional, como China o la Unión Europea, perciben a América Latina y el Caribe como una región y procuran acuerdos regionales. Por otro lado, cada uno de los países latinoamericanos no tiene fuerza suficiente para negociar en forma no desigual reglas y condiciones mutuamente benéficas para reducir las asimetrías. Las economías latinoamericanas cargan con el pesado lastre de los condicionantes de los desarrollos periféricos de matriz extractivistas y la vulnerabilidad externa de la dependencia económico-financiera que cada país por sí solo o en forma voluntarista no puede revertir ni contrapesar. Además, el avance irresistible de formas de integración regional fácticas –más allá de las voluntades de los gobiernos– como los procesos de globalización económica y de integración global y regional de cadenas productivas de valor obliga a repensar los límites de las fronteras clásicas de la estructura de las economías nacionales. A todo lo anterior hay que agregar las dimensiones no económicas de la globalización y sus consecuencias a nivel micro en instituciones y personas, como los procesos migratorios acelerados o el impacto de las nuevas tecnologías de comunicación e información que desencadenan y aceleran los procesos de interacción e integración global e inmediata entre los más diversos grupos sociales e identidades culturales.
En este marco, el presente trabajo, el cual es resultado de la experiencia del grupo de trabajo Integración Regional, Geopolítica y Desarrollo del Congreso de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS, 2017), pretende retomar la temática de la integración desde una mirada sociológica para comprender, en diálogo con otras perspectivas de ciencias sociales, las trayectorias y experiencias propias ensayadas en América Latina. Así pues, se presentan las modalidades de regionalismo poshegemónico o posneoliberal con los diversos formatos y contenidos ensayados en las iniciativas de integración en la región, y los distintos actores políticos y sociales emergentes en los diversos escenarios y escalas de los procesos de integración, y se abordan las múltiples dimensiones involucradas en los procesos de integración más allá de los aspectos exclusivamente comerciales, así como las dinámicas de las desigualdades y las disputas internas en los juegos de poder geopolítico y de actores sociales.
En lo que respecta específicamente a los artículos que componen el libro, independientemente de la heterogeneidad de temas que abordan, estos se articulan en torno al análisis del proceso de construcción de un regionalismo poshegemónico, sus posibilidades, obstáculos y desafíos.
En ese marco, Diego Hernández Nilson analiza las dificultades para la construcción de un discurso de regionalismo poshegemónico (boliviarianismo y neodesarrollismo) en su esfuerzo por articular demandas sociales heterogéneas dispersas en el espacio social continental, a la vez que establece nuevos antagonismos sociales internacionales como fuente de sentido para generar nuevas subjetividades políticas en ese nivel.
De forma relacionada, Daniele Benzi y Marco Narea fijan su atención en las dinámicas que inciden en el proceso de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) –ya sean internas a raíz de la crisis de los gobiernos “progresistas” que lo impulsaron, o de la actual coyuntura mundial desfavorable para la región–, lo que analizan interconectando múltiples escalas de observación, tanto nacional como regional y global.
Con relación a eso, Flavia Guerra Cavalcanti analiza las consecuencias que el impeachment a la expresidenta Dilma Roussef tuvo sobre el proceso de integración regional, específicamente en lo que refiere al abandono del regionalismo posneoliberal ensayado por los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y la vuelta a otro de tipo abierto. Esto implicó un cambio en la orientación de la política de integración, lo que implicó una suerte de desideologización del Mercado Común del Sur (MERCOSUR), el que pasa a ser concebido como espacio estrictamente comercial. Asimismo, se establece que se modificó la naturaleza del liderazgo de Brasil, el cual ha adquirido un viso confrontacionista en su relación con algunos países de la región. Más allá de reconocer aquellas amenazas que son producto de los virajes políticos, también se plantea la necesidad de analizar las dinámicas internas que dificultaron la integración posneoliberal.
Es así que aportes como los de Mercedes Isabel Botto y María Agustina Frisch se enfocan en los alcances que los modelos de integración recientemente ensayados en Latinoamérica en contextos de regionalismo postneoliberal, basados en un modelo económico de tipo neodesarrollista, presentan para la concreción de una agenda de ciencia y tecnología, en cuanto aspecto clave para el desarrollo productivo y tecnológico de la región. Consideran específicamente los casos de Argentina y Brasil en la medida en que ambos gobiernos promovieron y crearon institucionalidad y asignaron significativos montos presupuestales para la construcción de dicha agenda. Aun así, si bien se sostiene que se observan avances en lo que respecta a intercambios de recursos humanos y proyectos de investigación, continúan predominando posiciones de corte nacionalista y relaciones de competencia.
Por su parte, el texto de María Belén Herrero, Jorgelina Loza y Marcela Belardo aborda un aspecto concreto del proceso de integración alternativo, en este caso referido al papel que la Unasur le asigna a la salud en la construcción de un nuevo regionalismo. En ese marco, se constata un intento por tomar distancia del modelo hegemónico tradicional de la cooperación internacional y, con el objetivo de la reducción de asimetrías entre países, se promueven nuevas formas de cooperación de tipo transversal y horizontal. La definición de objetivos de carácter regional en materia de salud tiene consecuencias en las políticas nacionales, las cuales son reorientadas con sentido de la construcción de esa agenda. A su vez, el ámbito de la Unasur como tal actúa, por un lado, proveyendo visibilidad a los Estados miembros y, por el otro, constituyéndose como un enfoque de salud alternativo al neoliberal que tradicionalmente ha caracterizado a los países de la región.
También recibe especial atención la cuestión referida a la integración de la infraestructura regional como un aspecto clave tanto para el proceso político de construcción territorial, como para el desarrollo socioeconómico de tipo sostenible. Acerca de esto, Bárbara Carvalho Neves propone debatir los logros que en materia de integración de la infraestructura regional tuvo la Unasur. Desde principios de la década pasada, la región se plantea incorporar la cuestión de la infraestructura en el debate sobre los procesos de integración regional, lo que se concreta en la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA). Ese impulso toma fuerza con la creación de la Unasur y las nuevas concepciones sobre las dimensiones no solamente económicas de la integración, donde además los proyectos de infraestructura, energía y comunicación resultan relevantes, lo que lleva a la creación del Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento (COSIPLAN). Pero aún con la creación de estos organismos, ello no se tradujo en la concreción de un porcentaje significativo de proyectos de infraestructura de integración regional, lo que provoca el cuestionamiento de la efectividad de la cooperación en esta materia.
Ya en el abordaje de un caso concreto referido al papel que la infraestructura tiene para la integración regional, Cleber Batalha Franklin analiza el proyecto de un eje carretero de 2000 km entre Puerto La Cruz (Venezuela) y Manaus (Brasil). Más allá de la justificación de este, se reconoce que dicha iniciativa se ha visto afectada por las coyunturas de ambos países, proponiéndose estudiar las posibilidades y los desafíos para llevarlo a cabo, en tanto se asume su impacto positivo no solamente en la microrregión, sino también en la escala nacional y continental.
Por su parte, Ignacio Mariano Sabbatella compara dos estrategias de integración energética que se dieron en Argentina entre 1989 y 2015, las cuales constituyeron formas contrapuestas y se inscribieron en modelos de integración de distinto signo, de regionalismo abierto y de regionalismo poshegemónico, lo que además se corresponde con un cambio de rol del país, que pasa de exportador a importador de crudo y gas natural dentro de la región.
En materia conceptual, algunos artículos enfatizan en la necesidad de recuperar el papel de la geopolítica en el abordaje de los obstáculos que enfrenta el proyecto de un regionalismo alternativo.
En lo que a eso refiere, la cuestión energética de la que se hablará también es objeto del trabajo de Ana Lía del Valle Guerrero, cuyo aporte consiste en analizar lo que denomina “nueva geopolítica del gas”, lo que hace desde una perspectiva geopolítica sudamericana, abarcando los conflictos que en torno a ese tema se han dado históricamente entre los países de la región. Para ello se utiliza el sociograma de conflicto como herramienta de síntesis de la información.
También en el plano de las perspectivas para el análisis de los procesos en curso, Lincoln Bizzozero Revelez y Nicolás Pose plantean la necesidad de reintroducir a la geopolítica y la geoeconomía en los debates actuales sobre el regionalismo, estableciendo que la escasa atención a esas perspectivas ha provocado limitaciones en la consideración del alcance de dichos regionalismos para la construcción de gobernanza global. De ahí que se sostiene que la reintroducción de la geopolítica en los debates actuales ha derivado en nuevas posibilidades de articulación sistémica entre el ámbito regional y el mundial. Desde ese marco conceptual, la propuesta se enfoca en mostrar los condicionantes geopolíticos que acotan los márgenes de acción del Mercosur.
Evaristo Nunes de Andrade Júnior y Roberto Goulart Menezes analizan los procesos de negociación y los acuerdos comerciales de los que forma parte el Mercosur. Los autores explican cuáles han sido las razones que impidieron que este bloque regional lograse firmas de acuerdos de liberalización del comercio durante el periodo 2000-2014. Entre los factores que explican esta situación, los autores consideran la Decisión 32/00, que obliga a los socios del Mercosur a negociar como grupo. El segundo factor es que parte de su marco explicativo es la matriz de la estructura exportadora del Mercosur, mayormente concentrada en bienes agrícolas, que hace que los esfuerzos negociadores se concentren en una ofensiva para lograr un mayor acceso a estos productos en los mercados extrarregionales. Estos son bienes de compleja negociación en los acuerdos comerciales multilaterales, lo que para los autores ha generado un efecto refractario para el Mercosur.
Por último, Pamela Torres Castillo y Juan José Abad Godoy abordan una temática poco analizada y de creciente relevancia como son las asimetrías en los procesos de integración latinoamericana, considerando como objeto de estudio las políticas de tratamiento de asimetrías en los casos de Aladi y Mercosur.










