El uso del sociograma de conflicto como herramienta de síntesis de la información
Ana Lía del Valle Guerrero
Resumen
Actualmente, la geopolítica se orienta hacia el estudio de diversas problemáticas de la realidad; entre ellas se encuentra la cuestión energética. En este sentido, la geopolítica de la energía procura analizar y comprender los conflictos que surgen en el uso de los recursos energéticos, principalmente petróleo y gas. La ponencia tiene como objetivo presentar algunos de los resultados alcanzados en la tesis de Doctorado en Geografía, que permiten comprender la nueva geopolítica del gas que se está desarrollando tanto a escala global como regional desde una perspectiva geopolítica sudamericana. Esta surge a partir de conflictos geopolíticos históricos aún irresueltos entre los Estados de la región sudamericana, analizados durante el período 2004-2014, que continúan hasta la actualidad e inciden en las decisiones tomadas por los Estados en relación con el abastecimiento del recurso gas a la región.
Se estudia la situación en Sudamérica como espacio geopolítico de análisis y su inserción en el contexto global, arena de conflicto en la cual se despliegan las acciones tomadas por los Estados para lograr el abastecimiento fluido de gas en la región sudamericana. Para ello, se analizan las relaciones de poder entre los Estados desde una perspectiva sudamericana de la geopolítica de la energía, focalizada en el recurso gas, a través del uso del sociograma de conflicto como herramienta de síntesis de la información.
En este marco, se procede a analizar el contexto geopolítico y socioeconómico global en el cual se inserta la región sudamericana, desde la perspectiva de las relaciones espacializadas de poder multiescalares y transescalares que se producen entre los actores sociales (estatales y no estatales) involucrados en esta problemática. Se formula, como nueva perspectiva de análisis, una visión geopolítica multiescalar con énfasis en la dimensión política del territorio que propone analizarlos no de forma aislada, sino en sus interacciones con otras escalas. Este abordaje multiescalar y multidimensional permite un análisis integral de la cuestión energética a escala regional al reconocer la interacción entre aquellos espacios organizados en función de las lógicas dominantes y los espacios locales/nacionales/regionales cargados de especificidades propias con conflictos que se entienden y adquieren significado a partir de la trayectoria histórica de los territorios concretos y de los individuos que los habitan. En cuanto a la metodología aplicada, es una investigación de carácter empírico a través de una estrategia teórico-metodológica multimétodo. Las fuentes de relevamiento de datos provienen tanto de investigación bibliográfica como de entrevistas a informantes clave.
Palabras clave
Geopolítica; gas; integración.
I. Introducción
La presente ponencia tiene como objetivo presentar algunos de los resultados obtenidos en la tesis de Doctorado en Geografía denominada “Nueva geopolítica de la energía en la región sudamericana. Tendencias, actores y conflictos en la industria del gas”. Esta permite comprender la nueva geopolítica del gas, que se está desarrollando tanto a escala global como regional, desde una perspectiva geopolítica sudamericana a partir de conflictos geopolíticos históricos aún irresueltos entre los Estados de la región, analizados durante el periodo 2004-2014, que continúan incidiendo en las decisiones tomadas por los Estados en relación con el logro de la integración gasífera regional.
En este marco, se propone mostrar la conflictividad y la inestabilidad derivada del uso del recurso gas en la región, no por su escasez, sino por las decisiones políticas de uso, en las que el componente geopolítico es uno de los principales determinantes del valor crítico del recurso a escala regional. Estas decisiones influyen en las relaciones entre Estados y generan posibles consecuencias –derivaciones geopolíticas y socioeconómicas– por la utilización del recurso natural gas como factor de ¿integración o dependencia?, que conducen a una dinámica territorial de incertidumbre e inestabilidad en materia energética a escala regional.
Como corte temporal, se analiza el periodo 2004-2014, en el cual se identifican cuatro subperiodos con características que se prolongan en la actualidad. Como recorte espacial, se centra en la región sudamericana en sus interacciones con las escalas global y local. El siguiente párrafo extraído de “¿Por qué un análisis geopolítico?” de Ballesteros, Martín (2013) sintetiza los principales elementos examinados:
Las regiones geopolíticas constituyen en sí mismas un sistema de países interconectados, donde lo que ocurre en uno tiene consecuencias para otros países de la región, sin olvidar que en cada región es normal encontrar núcleos de poder, generalmente estatales, que juegan un papel importante en los conflictos de la zona para asegurar su liderazgo e influencia en la región. Todo ello sin olvidar los intereses y las influencias de las potencias mundiales que, aun no perteneciendo a esas regiones geopolíticas, tienen sus propios intereses y capacidades para influir en los conflictos (…) (Ballesteros, 2013, p. 15).
II. Marco teórico/marco conceptual
El principal aporte que realiza esta perspectiva geopolítica de análisis es permitir una valorización y conocimiento integral de los conflictos en torno a la cuestión energética –centrada en el recurso gas– a través de un abordaje crítico de la realidad, desde una perspectiva sudamericana de la geopolítica de la energía con énfasis en las interacciones entre sociedad y territorio en la escala regional. Ello se concreta desde una perspectiva (holística, multiescalar, transescalar y multidimensional) que procura superar la visión economicista predominante.
En este marco, se propone una visión del territorio que puede ser comprendida como una representación racional y subjetiva de las relaciones de poder establecidas entre actores (Estado, empresa, institución) respecto de un territorio y sus recursos (Guerrero, 2016). En este sentido, se coincide con lo señalado por Méndez (2011) en cuanto a la importancia de la perspectiva geopolítica:
(…) la perspectiva geopolítica se asocia al estudio de las relaciones y estrategias de poder que establecen diferentes actores –principalmente aún los Estados, pero también otros– y que tiene implicaciones espaciales. Poder, política y espacio son, por tanto, conceptos claves siempre presentes en los análisis geopolíticos, que pueden considerarse a cualquier escala de análisis (…) (Méndez, 2011, p. 16).
Esta perspectiva geopolítica coincide con la acepción anglosajona del concepto que pone énfasis en la interacción entre los estudios de la geografía política y de la geopolítica siguiendo las definiciones propuestas por Slater (1995), Lorot (1996) o Braden-Shelley, (2000), que se complementan y amplían con una perspectiva geopolítica sudamericana, coincidente con las definiciones de autores como Marini (1985), Toklatián (2004), Meira Mattos (2007), Barrios (2009) y Preciado Coronado (2011), entre otros.
Desde la perspectiva de la nueva geografía política, se aporta un enfoque multiescalar (cuando se consideran articulaciones escalares de orden institucional) y transescalar (cuando se consideran las relaciones conformadas a partir de redes de flujos que las atraviesan) que postula la necesidad de un estudio integrado y relacional de los procesos a diferentes escalas, y sus efectos sobre el territorio.
En este sentido, un análisis integral de la cuestión energética a escala regional permite reconocer la interacción entre aquellos espacios organizados en función de las lógicas dominantes y los espacios locales/nacionales/regionales cargados de especificidades propias con conflictos que se entienden y adquieren significado a partir de la trayectoria histórica de los territorios.
Esta concepción multiescalar se encuentra más vinculada a un abordaje determinado desde la perspectiva del tamaño, de la jerarquía/nivel, que a una concepción relacional que implica que las escalas no pueden ser concebidas como instancias aisladas, sino como resultado de un complejo de relaciones sociales y económicas transescalares que las interpenetran, configuran y transforman permanentemente (Guerrero, 2016, sobre la base de Fernández, 2010 y Howitt, 1998).
De este modo, la escala como constructo social y de relaciones de poder implica considerar que estas no existen previamente a la interacción social, sino que son la propia expresión de las relaciones entre actores sociales que involucran, inevitablemente, relaciones asimétricas de poder donde ciertos actores se movilizan alrededor de un espacio definiendo sus objetivos y estrategias (Guerrero, 2016, sobre la base de González, 2010). El análisis desde diversos contextos escalares tiene implicaciones estratégicas puesto que permite conocer el carácter dinámico y complejo del territorio como una totalidad.
Desde esta perspectiva, el análisis relacional concibe el sistema social como redes de relaciones sociales que permiten pensar la sociedad en término de estructuras sociales que se manifiestan en forma de relaciones entre actores sociales (Gutiérrez, 1999).
III. Metodología
En relación con la metodología aplicada, es una investigación de carácter empírico a través de una estrategia teórico-metodológica multimétodo. Las fuentes de relevamiento de datos provienen tanto de investigación bibliográfica como de entrevistas a informantes clave. Además, se incorpora el sociograma de conflicto como herramienta de síntesis que permite visualizar los cambios entre cada uno de los periodos identificados, en una realidad cada vez más compleja.
En este sentido, frente a la variedad de conflictos y actores en la región, uno de los problemas fue cómo representar el dinamismo y la velocidad de los cambios que los mapas no permitían reflejar. Para superar este obstáculo, se recurrió al aporte de la sociología, que, a través del sociograma de conflicto empleado como herramienta de síntesis de la información, permite visualizar las interacciones entre un número creciente de actores. En los sociogramas, se observan tanto acciones que favorecen la cooperación, como un número creciente de conflictos que producen discrepancias. Esta simultaneidad entre cooperación y conflicto es la que genera incertidumbre respecto al futuro desarrollo de los procesos que llevan o no a una integración regional, en general, y a una energética, en particular.
En este contexto, para analizar los cambios ocurridos en el sector energético sudamericano, centrados en el recurso gas, en el periodo de análisis comprendido entre 2004 y 2014 se identifican cuatro subperiodos que se definen a partir de cambios en el transporte, en el modo de obtención del recurso gas natural, y en las relaciones que se establecen entre los Estados involucrados en la cuestión y actores extraregionales. Ellos son:
- 2004-2005: del conflicto bilateral al conflicto regional. Comprende desde el inicio del conflicto Argentina-Chile como un problema de abastecimiento de tipo coyuntural, hasta el conflicto regional con la incorporación de actores regionales como Bolivia y Perú.
- 2006-2007: gasoductos e ideología. Los gasoductos como solución al conflicto regional sumados al surgimiento del nacionalismo energético.
- 2008-2011: del gasoducto al GNL. Búsqueda de solución al conflicto a través de cambios en el modo de transporte pasando del gasoducto al transporte de GNL por vía marítima y la explotación de los recursos del presal en Brasil. Incorporación de actores extraregionales como Rusia, Irán, China, Francia y Estados Unidos.
- 2012-2014: nuevos contextos, nuevos recursos. Se profundizan los cambios en el transporte por vía marítima y las instalaciones de plantas regasificadoras. Uso de nuevos recursos no convencionales –shale gas– en Argentina, mayores inversiones en los recursos del presal en Brasil y exploración del cinturón gasífero en el mar territorial de Venezuela).
La brevedad de los tiempos que comprende cada corte muestra la velocidad de los cambios a escala regional sudamericana, influenciada por cambios a escala global y uno de los elementos que genera mayor incertidumbre. Para representar esta realidad dinámica, se utiliza al sociograma de conflicto como herramienta de síntesis que permite visibilizar la escala como constructo social y de relaciones de poder, donde los actores estatales se movilizan alrededor de un espacio (la región sudamericana) definiendo sus objetivos y estrategias en relación con el recurso gas natural.
Como paso metodológico, constituye una aproximación al conocimiento del conjunto de vínculos entre actores sociales (individuos, instituciones, grupos). Desde esta perspectiva, interesan tanto las relaciones directas o indirectas entre los actores, como el tipo de relaciones (fortaleza, intensidad, conflictos). En síntesis, interesa analizar la intensidad y densidad de las relaciones a fin de diferenciar aquellos que son actores centrales (tienen el mayor número de relaciones) de los que actúan como articuladores.
Se consideran como actores centrales a los Estados de la región sudamericana, y como elemento de conflicto al recurso gas y como articulador, a las relaciones directas e indirectas (multidimensionales) que establecen entre ellos y con Estados extrarregionales. Para visibilizar estas relaciones, el análisis relacional concibe al sistema social como redes de relaciones sociales y recurre al empleo del sociograma de conflicto para representarlas. Esta técnica representa las relaciones interpersonales en un grupo de individuos mediante un conjunto de puntos (los individuos, en este caso los Estados) conectados por una o varias líneas (las relaciones interestatales). Su utilidad consiste en que permite representar gráficamente las relaciones de distinto tipo que estén presentes en un momento determinado entre un conjunto de actores, es decir, crear mapas sociales de las relaciones entre actores.
IV. Análisis y discusión de datos
La región sudamericana como región geopolítica presenta características particulares desde la perspectiva de la geopolítica de la energía. La característica más destacada es que posee abundancia de diversas fuentes de energía, recursos energéticos renovables y no renovables, gasoductos construidos, y numerosos tratados firmados entre los países que la integran para asegurarse el autoabastecimiento. El conflicto surge por la falta de cumplimiento de contratos firmados entre Estados cuando Argentina recorta las exportaciones de gas a Chile para asegurar el abastecimiento de su mercado interno en 2004. Esta situación señala el momento de inicio del conflicto bilateral que luego en la búsqueda de soluciones tiene implicancias en la región.
Esta investigación emplea al sociograma de conflicto como herramienta de ayuda para identificar las relaciones de cooperación –coincidencias en los fines de dos o más actores– y/o relaciones de competencia –discrepancias en los fines de dos o más actores–. Sus nodos representan a los actores –en este caso, los Estados que constituyen actores del más alto nivel– entre quienes pueden registrarse, simultáneamente, relaciones de cooperación y competencia representadas mediante líneas que señalan la direccionalidad de estas.
Para la elaboración de los sociogramas, se utiliza la metodología y conceptualización propuesta por Delamer (2005). Se realiza una adaptación para visualizar mejor las relaciones, y en los gráficos se utilizan dos colores diferentes para las relaciones de competencia: relación directa con línea gris claro (resalta los conflictos con base en la obtención y distribución del recurso gas en la región); relación indirecta con línea negra (existen discrepancias basadas en conflictos históricos y geopolíticos previos que repercuten en las decisiones actuales de abastecimiento); y las relaciones de cooperación con línea gris oscuro. Cabe aclarar que estas flechas no son arbitrarias y que cada una representa un acuerdo o situación de conflicto existente.
Con el fin de otorgar dinamismo a la técnica del sociograma, se lo va enriqueciendo con nuevas aportaciones sobre la base del sociograma de referencia, el correspondiente al inicio del periodo de investigación 2004-2005. Para ello, en lugar de hacer un solo sociograma, se hacen varios para poder captar distintos cambios de la situación y conseguir movimiento a fin de explicar un proceso.
De este modo, como ya se ha mencionado, se definen cuatro cortes: el inicio histórico del proceso (tomado como escenario de referencia) como representante del pasado que corresponde al corte 2004-2005; luego dos sociogramas más que marcan momentos representativos de los cambios que se producen en la región, correspondientes a los periodos 2006-2007 y 2008-2011; y, por último, el sociograma del presente, que corresponde al periodo 2012-2014, que identifica cambios de relaciones entre los actores y muestra la realidad actual de la región. Esta técnica del sociograma o de los mapas sociales tiene la potencialidad de mostrar la complejidad de las relaciones sociales y permite visibilizar la multidimensionalidad de lo social en una investigación.
Periodo de referencia 2004-2005. Del conflicto bilateral al conflicto regional
El siguiente sociograma de conflicto sintetiza las características del escenario histórico de referencia 2004-2005. Se observa que las relaciones de cooperación que favorecen los procesos de integración solo se dan entre un número limitado de países (Bolivia, Argentina, Brasil y Chile). Son vinculaciones efectivas entre actores con perfiles diversos. Mientras que Brasil y Argentina importan gas desde Bolivia, Argentina se muestra como el principal consumidor del recurso en el Cono Sur, al mismo tiempo que actúa como exportador principalmente a Chile –con una alta dependencia del gas argentino– luego del descubrimiento del yacimiento Loma de La Lata en Neuquén.
Por otra parte, existen discrepancias o conflictos entre los países analizados. Entre Bolivia/Chile y Bolivia/Perú, las discrepancias se deben a conflictos históricos de origen geopolítico –aún irresueltos– en relación con la pérdida de salida al mar de Bolivia en la guerra del Pacífico con Chile y Perú, y entre Argentina/Chile, las discrepancias responden a conflictos actuales, debido al incumplimiento de contratos preestablecidos. En cuanto a las relaciones directas de competencia con respecto a la obtención y distribución del recurso gas en el 2004 entre Venezuela, Bolivia y Perú, podrían clasificarse de competencia potencial, ya que, en virtud de la infraestructura existente, ni el gas peruano ni el venezolano podían llegar a los centros consumidores de Argentina, Chile y Brasil, puesto que solo operan los gasoductos entre Bolivia-Argentina y Bolivia-Brasil, apoyados en la existencia de contratos firmados con ambos países.
Gráfico 1. Escenario de referencia. Del conflicto bilateral al conflicto regional: período 2004-2005
En el caso de Argentina, la presencia de un doble círculo muestra su característica particular de consumidor y demandante del recurso. Se observa una trama abierta, con pocas interacciones entre los actores de la región, así como la ausencia de actores extrarregionales y un predominio de las relaciones de competencia sobre las de cooperación.
Factores históricos y geopolíticos que afectan a la relación entre Perú y Chile obstaculizaron la decisión política de materializar la alternativa de solución al conflicto a través de la construcción de un anillo energético desde Perú hacia Chile para luego redirigir los flujos hacia Argentina. El acuerdo entre Bolivia y Chile para intercambiar gas por salida al mar se ve limitado por razones geopolíticas históricas de conflicto debido a la pérdida de salida al mar luego de la guerra del Pacífico. Desde una perspectiva geopolítica sudamericana, se observa que las lógicas propias de esta región son contrarias a la racionalidad económica dominante, y que conflictos geopolíticos aún irresueltos tornan inviables alternativas válidas de solución a la crisis.
Segundo período: 2006-2007. Gasoductos e ideología
En este período se reconoce la existencia de una crisis energética estructural en Argentina que afecta a la región. Este sociograma muestra una densificación de la trama de relaciones, evidenciando un doble proceso de avance en las relaciones de cooperación, que favorecen la integración, acompañado de un aumento simultáneo de las discrepancias, que introducen inestabilidad e incertidumbre.
Se observa cómo los intentos de solución se apoyan en la construcción de gasoductos y en la búsqueda de soluciones intrarregionales, que implican variar las dependencias entre los distintos actores que poseen el recurso (Bolivia, Perú o Venezuela), lo cual deja a la Argentina marginada como país exportador (por disminución de reservas y producción, más el crecimiento de la demanda).
Gráfico 2. Gasoductos e ideología: período 2006-2007
El aumento de las relaciones de cooperación se extrae de la firma de acuerdos entre Brasil y Chile (CSN), Argentina y Venezuela (intercambio de fueloil por innovaciones tecnológicas), Venezuela –Colombia (abastecimiento de gas desde Colombia), Argentina, Brasil y Venezuela (propuesta construcción del Gasoducto del Sur), Venezuela y Bolivia (nuevos lazos creados por la ALBA), y Venezuela en 2006 se incorpora al Mercosur como miembro asociado. Surge Colombia como exportador de gas a Venezuela.
Con respecto al crecimiento de las discrepancias, se pueden diferenciar conflictos en relación directa con el recurso gas: la definición del precio del gas entre Bolivia, Argentina y Brasil (mayor tensión por el volumen que importa y por los efectos de la nacionalización sobre la empresa estatal de Brasil, Petrobras), que afecta a Chile de forma indirecta por un aumento del precio de exportación desde Argentina; la delimitación del mar territorial entre Chile y Perú; y conflictos de Perú y Venezuela por cuestiones de política interna, que derivaron en el retiro de Venezuela de la Comunidad Andina de Naciones.
Se observa cómo las decisiones políticas de uso del recurso por parte del Estado son las que determinan su valor crítico, a pesar de encontrarse en la región una abundancia relativa de gas, desde la perspectiva económica de la relación producción/consumo. El fin de este periodo se caracteriza por el predominio de lo ideológico: nacionalización de recursos en Bolivia y acuerdos políticos entre Venezuela, Argentina y Brasil con la propuesta utópica del Gran Gasoducto del Sur, pero sin aportar soluciones concretas a los problemas de abastecimiento. Los lineamientos adoptados por los gobiernos involucrados en la crisis parecen más próximas a decisiones personales de dirigentes políticos con una ideología común que a una real factibilidad de los proyectos. Es en este sentido en que este período se denomina “ideología y gasoductos”, puesto que no aporta soluciones concretas, sino firma de acuerdos políticos.
Tercer período: 2008-2011. Del gasoducto al transporte por vía marítima (GNL)
Este período presenta tres cambios significativos:
- la expansión en el número de actores con la incorporación de actores extrarregionales, como Estados Unidos, Rusia, Francia, Irán y China;
- el inicio en 2008 del uso del gas natural licuado (GNL), transportado por vía marítima (se dejan de lado los proyectos de gasoductos); y
- el incremento en las reservas de la región –descubrimientos de megacampos de hidrocarburos en el presal de Brasil (2008); certificación de reservas de petróleo en Venezuela por encima de Arabia Saudita (2010); e informe de Advanced Resources International (2011) que posiciona a la Argentina como el país con las terceras reservas de shale gas a escala global–.
En este período se destaca, además, la inserción de la región sudamericana en el mercado global.
El sociograma muestra la ampliación del conflicto a través de la interacción entre actores regionales y extrarregionales. Se refleja en una densificación de la trama a través de relaciones directas e indirectas entre los actores, evidenciando un doble proceso de avance en las relaciones de cooperación, de escala no solo regional, sino también global, que favorece la integración al mundo y lo aleja de la integración regional. Aumento simultáneo de las discrepancias, que introducen inestabilidad e incertidumbre a escala regional y global por la presencia en la región de Estados Unidos, China, Rusia, Francia e Irán, que trasladan los conflictos globales a la región.
Gráfico 3. Del gasoducto al GNL: periodo 2008-2011
El aumento de las relaciones de cooperación se afirma a partir de varios acuerdos firmados en la región: Venezuela y Bolivia con Rusia e Irán; Estados Unidos y Colombia (intención de crear un grupo formado por los países exportadores de gas natural –similar a la OPEP–); Brasil y Francia (transferencia de tecnología para desarrollar submarinos nucleares); prórroga del acuerdo de suministro de gas entre Colombia y Venezuela.
El aumento de las discrepancias surge de la mayor presencia de Estados Unidos en la región con la reactivación de la IV Flota para operaciones navales en Latinoamérica, y de los cambios en el contexto global, como en el norte de África (primavera árabe que beneficia a Rusia por mayor consumo de gas) y la situación en Japón en 2011 (cuestionamiento al uso de la energía nuclear luego del accidente nuclear posterior al tsunami que incentivó el uso del gas como bien sustituto).
En este sociograma se destaca cómo aumentan tanto las relaciones de cooperación como las discrepancias entre los actores regionales y extrarregionales. Se observa también cómo convergen las cuestiones políticas y energéticas. Estados Unidos y Rusia nuevamente se enfrentan por el control de recursos naturales estratégicos en la región sudamericana, y a estos se les suma la presencia creciente de China en busca de asegurarse los mismos recursos, a partir de inversiones en infraestructura y tecnología o mediante el otorgamiento de préstamos.
Desde el punto de vista de la geopolítica de la energía, se observa cómo las decisiones políticas y económicas favorecen el consumo del GNL y la inserción de la región como mercado emergente de GNL en detrimento de inversiones en gasoductos, en parte por conflictos geopolíticos preexistentes aún irresueltos.
Cuarto período: 2012-2014 y en adelante. Nuevos contextos, nuevos recursos
Este periodo aún se está desarrollando y se caracteriza por cambios en el contexto global con la explotación de los recursos no convencionales de shale gas y shale oil en Estados Unidos, la cual se inicia en 2010 y cuyos efectos comienzan a notarse en 2012 y hacen eclosión a fines de 2014. Como consecuencia, impactan en el sistema energético global con la disminución del precio del barril de petróleo de 100 dólares a 40 dólares. Ello provoca que, a escala regional, las inversiones en exploración y explotación en nuevas reservas de petróleo y gas en aguas profundas y ultraprofundas del presal en Brasil, la exploración del recurso gas costa afuera en el mar territorial de Venezuela y en los yacimientos de recursos no convencionales en Argentina encuentren barreras difíciles de superar, ya que su puesta en producción se basaba en previsiones de inversión con precios del barril de petróleo por encima de los 80 dólares.
Este último sociograma completa el proceso de expansión del conflicto desde el punto de vista espacial. Se observa una densificación de la trama de relaciones directas e indirectas con un incremento de las discrepancias entre los actores globales y entre los actores regionales entre sí. Se produjo un aumento de las relaciones de cooperación entre todos los actores presentes en la región. Estas relaciones de cooperación y competencia, crecientes y simultáneas, entre un número de actores cada vez mayor provoca inestabilidad e incertidumbre tanto a escala regional como global.
El aumento de las relaciones de cooperación se afirma a partir de acuerdos con actores extrarregionales (China, Rusia e Irán), con Alianza del Pacífico –lo cual implica mayor presencia de Estados Unidos (relación con Colombia y con otros países de la región)–, y con aumento del número de plantas regasificadoras a partir del uso creciente del GNL. El aumento de las discrepancias deriva de temas geopolíticos históricos aún no resueltos, como la salida al mar de Bolivia (vuelve a enfrentarlo con Chile y Perú en La Haya), la discusión por cambio de la dirección de los flujos de gas (Colombia-Venezuela y Chile-Argentina), las variaciones en el abastecimiento de gas desde Bolivia hacia Argentina y Brasil, y el aumento de las discrepancias entre los actores extrarregionales que compiten por los mismos mercados.
La densificación de la trama en el sociograma de conflicto correspondiente a este período, junto a un número creciente de actores involucrados, refleja ésta convivencia de situaciones contrapuestas que remarcan la complejidad geopolítica del conflicto y la criticidad del recurso gas a nivel regional -no por la escasez del recurso- sino por la dificultad para la toma de decisiones de inversión en un escenario regional de incertidumbre e inestabilidad creciente a escala global y regional que se explica por la simultaneidad de las situaciones de cooperación y competencia entre un número cada vez mayor de actores regionales y extraregionales.
V. Conclusiones
Los resultados presentados mediante los sociogramas destacan el papel que juegan como herramienta de síntesis de la información que permite una rápida visualización del sistema energético regional sudamericano. Se observa cómo el sistema está unido por la tensión simultánea entre sus fuerzas –conflictivas y contradictorias– junto a aquellas que buscan la cooperación en cuanto espacio de ejercicio de relaciones de poder, capaz de generar relaciones de cooperación como discrepancias, que pueden provocar conflictos en una trama cada vez más densa que aviva la incertidumbre.
Asimismo, es posible identificar los países de la región que presentan mayor conflictividad a través del mayor número de flechas que indican discrepancias y competencia frente a aquellos que presentan mayor número de relaciones de cooperación. En síntesis, se observa que, mientras en el escenario 2004-2005 prevalecen las relaciones de cooperación sobre las de competencia, en el escenario 2006-2007 prevalecen las relaciones de discrepancia, con base en conflictos diversos (históricos y geopolíticos) a los que se agrega la competencia por el abastecimiento del recurso gas a la región, ya sea desde Venezuela, Perú o Bolivia. Estos dos breves períodos se caracterizan por estar centrados en la búsqueda de soluciones al conflicto a través del tendido de gasoductos y al uso de recursos propios presentes en los países de la región, situación que favorece los procesos de integración energética regional.
En el escenario 2008-2011, crecen los lazos de cooperación entre actores globales y regionales como así también las discrepancias, tanto a escala global como regional. Por último, en el escenario 2012-2014, se mantiene el crecimiento simultáneo del número de actores y de las relaciones de cooperación y discrepancias entre actores extrarregionales y regionales y entre sí, derivadas en parte de la competencia por los mismos mercados, que actúan como compradores o abastecedores de recursos a la región sudamericana. Sin embargo, se observa que, al final del periodo analizado, prevalece un elevado número de relaciones de cooperación entre todos los actores involucrados, que revela una visión prospectiva favorable para la región en cuanto a su inserción en el mercado global, pero que simultáneamente perjudica la integración regional.
Concluyendo, en la región sudamericana el gas natural emerge con una dinámica particular dentro de la matriz energética de la región, y la perspectiva es que tanto la oferta como la demanda sigan creciendo. La presencia de reservas recuperables y potenciales de nuevos recursos tiene un fuerte atractivo a la luz de la aplicación de nuevas tecnologías para el desarrollo de estos yacimientos. Para ello, se requieren grandes inversiones de lenta maduración (se estima en 10 años el plazo para el desarrollo del shale gas) y con considerable riesgo para tornarlos: técnicamente recuperables, económicamente viables y ambientalmente sustentables.
El análisis geopolítico, visibilizado a través de los sociogramas de conflicto, permite comprender la crisis del gas sudamericana como producto de una realidad –cambiante e incierta– e interpretar la complejidad de las dinámicas existentes en los procesos políticos, económicos y sociales que le dieron origen y remarcan la complejidad geopolítica de la región.
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