Almudena Esteban
Resumen
El espacio exterior ha ido cobrando relevancia como un escenario de potenciales conflictos internacionales, impulsado por la creciente militarización en este ámbito. Estados Unidos se ha consolidado como la principal potencia espacial, afirmando que esta cuestión tiene un rol clave en la seguridad. Para enfrentar la competencia geopolítica, ha desarrollado instituciones, doctrinas y políticas con el objetivo de mantener su liderazgo y proteger sus intereses nacionales en el espacio. En el presente ensayo, se analiza el papel de la política espacial dentro de la agenda de seguridad estadounidense, examinando su enfoque doctrinal y las instituciones que llevan a cabo estas políticas. Además, se exploran los desafíos que plantea la creciente competencia con otras potencias, principalmente China y Rusia, que buscan contrarrestar el dominio estadounidense mediante el desarrollo de capacidades militares espaciales. Finalmente, se subraya la importancia del espacio en la estrategia de seguridad y defensa estadounidense para asegurar la superioridad en este dominio.
Palabras claves
Poder espacial, Estados Unidos, seguridad, fuerzas militares, competencia geopolítica.
Abstract
Outer space has been gaining prominence as a theater of potential international conflict, driven by its increasing militarisation. The United States has established itself as the leading space power, asserting that this space has a key role in security. To face geopolitical competition, it has developed institutions, doctrines and policies aimed at maintaining its leadership and protecting its national interests. This essay analyzes the role of space policy within the US security agenda, examining its doctrinal approach and the institutions that carry out these policies. It also explores the challenges posed by growing competition with other powers, primarily China and Russia, which seek to counter US dominance through the development of military space capabilities. Finally, it highlights the importance of space in US security and defense strategy to ensure superiority in this domain.
Keywords
Space power, United States, security, military forces, geopolitical competition.
Introducción
El espacio exterior es uno de los cuatro global commons, que son aquellos espacios que constituyen la conexión vital del sistema internacional y están por fuera de la jurisdicción nacional. Los tres restantes son el espacio aéreo, el marítimo y el ciberespacio. El espacio exterior abarca desde la atmósfera terrestre hasta el propio espacio exterior, incluyendo todas las infraestructuras espaciales, como los satélites de comunicación e imágenes. Estas infraestructuras son fundamentales para apoyar los bienes comunes globales, como el Acceso Global a la Información (AGC) y el Sistema Global de Comunicaciones (SGC), mediante sistemas de navegación como el GPS, así como para facilitar la conectividad en el ciberespacio a través de enlaces satelitales y la conexión a Internet (Catalano, 2013).
La comunidad internacional debe asegurar tres cuestiones respecto a los global commons: libertad, estabilidad y acceso. En este sentido, el espacio presenta características que deben abordarse de manera particular. En términos de libertad, entendida como la capacidad de actuar e intercambiar información o bienes, se debe tener en cuenta que las limitaciones provienen principalmente de las propias restricciones cuestiones físicas del espacio y la disponibilidad de tecnología, ya que hay una gran variedad de regulaciones aplicables. En cuanto a la estabilidad, es crucial considerar que un incidente en el espacio puede afectar a una amplia gama de actores, independientemente de su participación directa.
La cuestión del acceso al espacio merece especial atención. Implica la capacidad de lanzar satélites de manera independiente y fiable, tanto para fines comerciales como gubernamentales. La capacidad de lanzamiento es fundamental para aprovechar plenamente los recursos espaciales en apoyo de los objetivos políticos y de seguridad, así como para respaldar a aliados y obtener ventajas sobre países que carecen de esa capacidad.
Estados Unidos fue el primer país en desarrollar una doctrina militar para los global commons. En el año 2012, se planteó que el aumento en la cantidad de países que participaban de actividades espaciales estaba generando desafíos para la seguridad y la protección. Para garantizar el acceso y uso de los global commons, Estados Unidos buscaría fortalecer las normas internacionales para promover el uso responsable, y al mismo tiempo mantendría capacidades militares relevantes e interoperables (Catalano, 2013).
El programa de desarrollo espacial de Estados Unidos data del siglo xx, y se vio particularmente potenciado por la carrera espacial con la URSS en el contexto de la Guerra Fría. La llegada del hombre a la Luna marcó el liderazgo de Estados Unidos en la materia, y al día de hoy es la primera potencia espacial mundial. Es el país que destina mayor financiación a sus programas espaciales, con aproximadamente 62.000 millones de dólares en el año 2022 y con una tendencia creciente a lo largo de los años, y el que tiene más satélites operativos en el espacio: de 5.400 satélites, alrededor de 3.400 son estadounidenses (Sanderson Moreno, 2023).
Para Estados Unidos, el espacio representa un interés vital debido a su importancia para la seguridad nacional, el desarrollo económico, el posicionamiento internacional y los avances tecnológicos. El poder espacial puede entenderse como la capacidad de ejercer en o desde el espacio una continua influencia, ya sea en tiempos de paz, crisis o guerra. Si se considera que el poder nacional es la capacidad de un país para influir sobre otros a través de la diplomacia, la economía, la información y los instrumentos militares; entonces el poder espacial se entiende como un subconjunto del poder nacional (Doctrina de las Fuerzas Espaciales, 2020). La estrategia estadounidense busca fortalecer su influencia en el espacio, con el objetivo de conservar la superioridad en este dominio, en colaboración con países aliados y empresas privadas.
En general, los documentos sobre estrategia espacial coinciden en señalar la necesidad del uso pacífico del espacio, y su importancia para la seguridad, la prosperidad y el desarrollo científico. Por ser la principal economía mundial, Estados Unidos es particularmente dependiente de las infraestructuras ultraterrestres –principalmente de los satélites–, en cuestiones tales como comunicaciones, transporte, sistemas bancarios o funcionamiento de las redes eléctricas. Es por esto por lo que, a pesar de remarcar la necesidad de reforzar los esfuerzos de la comunidad internacional para establecer normativas comunes a todos los países, Estados Unidos desarrolla sus propias estrategias militares para proteger sus intereses en el espacio.
Siguiendo esta línea, en el presente trabajo, se buscará describir cuál es el rol que tiene la política espacial en la agenda de seguridad de Estados Unidos en la actualidad, y cuáles son sus principales desafíos. Para alcanzar este objetivo, en el primer y segundo apartado, se analizarán las doctrinas por las que se guía la política espacial, y cuáles son las principales instituciones que las llevan a cabo. En el tercer apartado, el foco estará en la competencia geopolítica y los desafíos que esta plantea para el uso militar del espacio.
Política espacial: doctrina y políticas
El programa espacial estadounidense tiene, estructuralmente, componentes civiles y militares. La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) es la principal autoridad civil estadounidense en materia de espacio exterior, creada en virtud de la Ley Nacional de Aeronáutica y del Espacio de 1958. La estructura militar está organizada bajo el Departamento de Defensa, y sus instituciones principales son la Fuerza Espacial y el Comando Espacial. Entre las posiciones contemporáneas clave de Estados Unidos en materia de seguridad espacial, figuran la Política Espacial Nacional, la Estrategia Espacial de Defensa y su compromiso político de no realizar pruebas destructivas de misiles antisatélite de ascensión directa.
La Política Espacial Nacional de Estados Unidos es, como su nombre lo indica, el documento principal por el que se rige la política espacial estadounidense, donde se establecen los principios, los objetivos y las líneas de acción básicas. Publicado en el año 2020 durante la presidencia de Donald Trump, sustituye a la previa Política Espacial Nacional, que estaba en vigencia desde el año 2010. Realizando una breve comparación entre ambas, se pueden remarcar tres cuestiones:
- Ratifica el liderazgo de Estados Unidos en la exploración y explotación del espacio, afirmando que puede ser fortalecido en colaboración con aquellas naciones que compartan los valores democráticos, el respeto a los derechos humanos y la libertad económica.
- Confirma la postura de que los recursos espaciales pueden ser explotados y utilizados con fines privados. Se considera que esto va dirigido a la implementación de los Acuerdos de Artemis, impulsados por la NASA y el Departamento de Estado.
- Establece que cualquier intento deliberado de interferencia o ataque contra los objetos espaciales (tanto de Estados Unidos como de sus aliados) tendrá una respuesta deliberada.
Este último punto es clave para la cuestión de seguridad. Se reconoce que todas las naciones tienen el derecho de utilizar el espacio con fines pacíficos, y, en ese sentido, Estados Unidos continuará utilizándolo para actividades de seguridad nacional, que incluye el ejercicio del derecho a la autodefensa. Uno de los objetivos del país es aumentar la seguridad de la infraestructura crítica nacional, y por ello en este documento se incluye una subsección relativa a la salvaguardia de los componentes espaciales de estas infraestructuras (Brady y Ellzey, 2021).
Para reforzar su seguridad, se destaca la importancia de planear estrategias sincronizadas en los ámbitos diplomático, informativo, militar y económico (es decir, entre todos los elementos del poder nacional). El plan sincronizado implica que la Fuerza Espacial de Estados Unidos, la Comunidad de Inteligencia y el Departamento de Defensa trabajen en conjunto para proporcionar inteligencia estratégica y ventajas militares decisivas para el país. Asimismo, en la Política Espacial Nacional, se establece que Estados Unidos desarrollará y utilizará sistemas de energía y propulsión nuclear espacial (SNPP) con fines científicos, comerciales y de seguridad nacional.
La administración de Joe Biden también ha demostrado su interés en las políticas espaciales, publicando el Marco de Prioridades Espaciales de Estados Unidos (2021). En esta directiva se subraya que las prioridades espaciales son principalmente dos: por un lado, mantener una iniciativa sólida y responsable; y, por otro lado, preservar el espacio para las generaciones actuales y futuras. Similar a lo planteado por su antecesor, se destaca el liderazgo estadounidense en la exploración y el desarrollo científico, la necesidad de proteger las infraestructuras críticas, defender los intereses de seguridad nacional y contrarrestar las amenazas espaciales. El argumento en el que se basan estas prioridades remite a un dilema de seguridad: dado que los países competidores están desarrollando capacidades contraespaciales para reducir la efectividad militar de Estados Unidos, este se ve impulsado a fortalecer sus capacidades para responder.
Además de estas cuestiones, se incluye también la importancia de fomentar el sector comercial espacial, destacando el rol del sector privado y el desarrollo de acciones para mitigar y contrarrestar el cambio climático. Las asociaciones con el sector privado, que buscan mejorar la arquitectura espacial mediante el desarrollo de nuevas infraestructuras y la innovación tecnológica, entrañan dificultades para la seguridad: la disponibilidad generalizada de tecnología amenaza la superioridad estadounidense, simplificando el acceso al espacio para otros actores, pero al mismo tiempo EE. UU. necesita asociarse con el sector privado para desarrollar mecanismos defensivos y mantener su ventaja competitiva. Al fin y al cabo, la asociación público-privada perfecciona las perspectivas de proyección de poder en el ámbito espacial (Kruppa, Sanders y Martínez, 2021).
En definitiva, el cambio de administración en la Casa Blanca no ha supuesto una modificación profunda en los principios que rigen la política espacial. Si bien se introdujeron nuevos temas en la agenda, las cuestiones de fondo se mantienen e incluso se profundizaron cuestiones operativas, tras la consolidación de las nuevas estructuras institucionales.
La Estrategia de Defensa Espacial (2020) remarca que el acceso irrestricto al espacio y la libertad para operar en él son cuestiones vitales para la seguridad, la prosperidad y los logros científicos de Estados Unidos. Se reconoce que el espacio se ha convertido en un campo de batalla disputado, y se apunta a desarrollar una estrategia para asegurar las capacidades de competir, disuadir y vencer en este complejo entorno de seguridad. Se entiende al espacio como un dominio único del poder militar que, junto con los otros dominios, sustenta las operaciones conjuntas y combinadas –multidominio– para avanzar en la seguridad nacional.
El problema central al que se enfrenta Estados Unidos es que el complejo de defensa espacial no fue diseñado para el contexto estratégico actual, y, por lo tanto, las intenciones y los avances de potenciales adversarios en el espacio amenazan la capacidad de EE. UU. para lograr la situación ideal: que el dominio espacial sea seguro, estable y accesible. Para alcanzarla, se plantean cuatro líneas de acción: lograr una ventaja militar en el espacio; integrar el poder espacial en las operaciones nacionales, conjuntas y combinadas; configurar el entorno estratégico mediante la disuasión de agresiones y ataques, y el desarrollo de estándares y normas de comportamiento para reducir potenciales errores de cálculo; y cooperar con las agencias dentro del gobierno estadounidense y aliados internacionales.
En el plano internacional, Estados Unidos ha ratificado cuatro de los cinco tratados de derecho espacial que refieren a los usos pacíficos del espacio exterior: el tratado sobre los principios que deben regir las actividades de los Estados en la exploración y utilización del espacio ultraterrestre, incluso la Luna y otros cuerpos celestes –conocido como Tratado del Espacio Exterior, OST por sus siglas en inglés–; el acuerdo sobre el salvamento y la devolución de astronautas y la restitución de objetos lanzados al espacio ultraterrestre; el convenio sobre la responsabilidad internacional por daños causados por objetos espaciales; y el convenio sobre el registro de objetos lanzados al espacio ultraterrestre. Estados Unidos no forma parte del acuerdo que debe regir las actividades de los Estados en la Luna y otros cuerpos celestes, en vigor desde 1984, aunque debe aclararse que este ha sido ratificado solo por 18 Estados (UNOOSA, 2020).
La organización institucional: Semper Supra
El hito que remarca la importancia de la política espacial en la agenda de seguridad de Estados Unidos es la creación de la Fuerza Espacial. Esta fuerza se estableció en diciembre del año 2020 con la promulgación de la Ley de Autorización de Defensa Nacional. El establecimiento de la Fuerza Espacial de Estados Unidos (USSF, por sus siglas en inglés) como una rama independiente de las Fuerzas Armadas responde al reconocimiento de que el espacio exterior es un imperativo de seguridad nacional, y la necesidad de un servicio militar centrado exclusivamente en buscar la superioridad en este dominio, debido a la amenaza que representaba la creciente competencia con otras potencias.
La USSF es la rama más joven de las Fuerzas Armadas, y la primera fundada en el siglo xxi. Está organizada bajo el Departamento de la Fuerza Aérea, de manera similar a la organización del cuerpo de marines bajo el Departamento de la Marina. Su sede central está ubicada en el Pentágono. El oficial superior de esta fuerza es el jefe de Operaciones Espaciales, y es el responsable de la organización, la capacitación y el equipamiento. Al personal de la USSF, se los denomina “Guardianes”, y en el año 2023 incluía a más de 14.000 militares y civiles.
La organización interna de la Fuerza Espacial consta de tres niveles diferentes: comandos de campo, deltas y escuadrones. Los comandos de campo son las estructuras de mayor jerarquía, y se encargan de actividades específicas en consonancia con las diversas responsabilidades institucionales. Se distinguen tres comandos de campo: de operaciones espaciales (SpOC), de sistemas espaciales (SSC), y de preparación y entrenamiento espacial (STARCOM). Asimismo, la USSF cuenta con dos unidades que reportan directamente a ella: la Space Development Agency, y la Space Rapid Capabilities Office (US Space Force, 2024).
La Doctrina para las Fuerzas Espaciales (2020) establece que este cuerpo tiene tres responsabilidades fundamentales: preservar la libertad de acción, potenciar la letalidad y eficacia, y proveer opciones independientes para cumplir objetivos estratégicos propios. Para lograrlo, la USSF debe ejecutar cinco competencias básicas: seguridad espacial, proyección del poder de combate, movilidad y logística espaciales, movilidad de la información y conciencia del dominio espacial. En definitiva, las tres responsabilidades responden a la pregunta de por qué el poder espacial militar es vital para Estados Unidos, y las cinco competencias muestran cómo se emplea este poder; es decir, definen la finalidad y la identidad de las USSF.
Otro cambio en la organización institucional estadounidense que vale la pena destacar es la creación del Comando Espacial, dedicado a las operaciones militares en el espacio. Esto se relaciona con lo que el Pentágono denomina Comandos de Combate: son centros de mando para dirigir operaciones militares conjuntas. La creación de este nuevo mando, en conjunto con el Comando Ciberespacial, demuestra la creciente importancia de estos espacios como dominios de combate, y la adaptación de la agenda de seguridad al contexto actual.
Mientras que la USSF se ocupa de organizar, entrenar y equipar a los guardianes, el Comando Espacial emplea fuerzas conjuntas, incluyendo al Ejército, el cuerpo de marines, la Armada, y las Fuerzas Aéreas, además de las Fuerzas Espaciales. Si bien su creación es reciente, esta estructura institucional se va consolidando progresivamente, en parte impulsada por la necesidad de hacer frente a la competencia geopolítica que se desarrolla en el espacio exterior.
El uso militar del espacio y la competencia geopolítica
En general, el uso del espacio exterior se realiza principalmente con fines civiles. El modo de vida actual está estrechamente vinculado a los productos y servicios proporcionados desde el espacio. Los satélites son cruciales para garantizar comunicaciones seguras y fiables en telefonía e Internet, monitorear la situación meteorológica y la gestión de recursos ambientales para la prevención de riesgos. El sistema bancario mundial y los mercados financieros dependen de infraestructura espacial, al igual que la navegación marítima, los estudios cartográficos y las tareas de rescate, por citar algunos ejemplos.
En comparación, el uso civil es mucho mayor al militar, pero este último ha experimentado una tendencia creciente en los últimos tiempos. El uso militar refiere principalmente a instrumentos concretos: los satélites. Su desarrollo comenzó como una ayuda a las operaciones militares, pero, debido a los avances tecnológicos, se convirtieron en recursos imprescindibles para los ejércitos de las grandes potencias. Los satélites tienen la particularidad de tener un uso dual: pueden emplearse para fines civiles o militares, pero muchas veces estos últimos no son declarados, complejizando aún más la seguridad en el ámbito espacial. Entre los usos militares, cabe mencionar la ubicación de objetivos, intercepción de comunicaciones, guiado de municiones, operaciones tácticas remotas, y vigilancia de lanzamientos de misiles.
En este sentido, Estados Unidos es uno de los líderes a nivel mundial en cuanto a recursos y capacidades. Si bien los detalles de sus programas espaciales militares no son públicos, en el año 2020 contaba con aproximadamente 140 satélites militares: 45 de comunicaciones, 17 de vigilancia, reconocimiento e inteligencia, 27 de inteligencia electrónica y de señales, más otros satélites de geolocalización, meteorología y alerta temprana (Jordán, 2023).
La competencia entre las grandes potencias define el contexto estratégico actual. El dominio espacial ha resurgido como uno de los escenarios centrales en dicha competencia, donde China y Rusia tienen un papel primordial, ya que representan la amenaza más inmediata a los intereses estadounidenses, aunque se perciben crecientes amenazas provenientes de Corea del Norte e Irán. China y Rusia reconocen la dependencia de Estados Unidos respecto al espacio, y han desarrollado doctrinas y capacidades diseñadas para contrarrestar o denegar el acceso y las operaciones en este dominio. En sus doctrinas militares, estas dos potencias muestran que consideran al espacio como vital para las guerras modernas, y, en ese sentido, las medidas contraespaciales se constituyen como medios para reducir la efectividad de Estados Unidos en este ámbito, permitiendo disuadir y contrarrestar una posible intervención estadounidense en conflictos militares regionales (Departamento de Defensa, 2020).
La creciente militarización y la percepción de amenazas en el espacio impulsaron el desarrollo de contramedidas para limitar o negar el acceso a los potenciales rivales. Estas contramedidas pueden aplicarse de manera física (ya sea en el dominio terrestre o propiamente en el espacio) o de manera “digital”. En este último grupo, se encuentran los ciberataques, la interferencia electrónica en la señal de los satélites, y los sistemas empleados desde la superficie terrestre para cegarlos. Las medidas físicas comprenden costos mayores y son más agresivas, e incluyen acciones como sacar de órbita a un satélite, o atacar físicamente las instalaciones terrestres (Jordán, 2023).
La opción más extrema implica el uso de misiles antisatélites (ASAT). Este desafío se conoce como capacidades antiacceso y denegación de área (A2/AD, por sus siglas en inglés), e implica que pueden interrumpir temporalmente los servicios espaciales, o destruir los satélites de forma permanente mediante una colisión física. Este tipo de armas actualmente ha sido desarrollado solo por tres países: Estados Unidos, Rusia y China, que son aquellos que cuentan con poder estratégico militar relevante en el ámbito espacial.
China, al igual que en otros ámbitos, ha ampliado sus capacidades espaciales a una velocidad vertiginosa. En el año 2015, como parte de sus reformas militares, el gobierno chino estableció la Fuerza de Apoyo Estratégico (SSF) del Ejército de Liberación Popular, para integrar las capacidades de guerra espacial, cibernética, electrónica y psicológica. Sin embargo, en abril de 2024, Xi Jinping anunció una nueva reestructuración de las Fuerzas Armadas, creando la Fuerza de Apoyo de Información como sustituta de la SSF, aunque apunta a un mismo objetivo: prepararse para la “guerra de inteligencia”, para la cual depende de la infraestructura espacial (CNN, 2024). En ese sentido, China opera aproximadamente la mitad de los satélites de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (ISR). Además, ha desplegado capacidades contraespaciales concretas: interferencias electrónicas para suprimir o engañar al enemigo; sistemas de láser terrestres que pueden interrumpir, degradar y dañar los sensores de los satélites; capacidades ofensivas de ciberguerra y misiles antisatélite de ascenso directo (DA-ASAT) que pueden atacar satélites en órbita terrestre baja (LEO), y se estima que buscan llegar hasta la órbita geoestacionaria (GEO). El gobierno estadounidense considera que es probable que los intereses de China en desarrollar este tipo de armamentos apunten a desafiar la capacidad de Estados Unidos para llevar a cabo operaciones conjuntas en la región del Indopacífico (Departamento de Defensa, 2023).
La Federación Rusa ha sido el rival estadounidense en la carrera espacial desde la Guerra Fría, iniciada en 1957 con el lanzamiento del satélite Sputnik-1. Su interés primordial es la modernización de los sistemas espaciales heredados de la era soviética, y, aunque enfrenta presiones presupuestarias que podrían afectar su capacidad para competir con otras potencias, continúa posicionándose como una de las principales amenazas para los intereses estadounidenses en el dominio espacial. Si bien cuenta con menos satélites que China, Rusia posee alrededor de 30 satélites de ISR, que proveen imágenes ópticas y de radar, inteligencia de señales y alerta de misiles. Este país también ha desarrollado misiles ASAT terrestres y espaciales, demostrando que pueden destruir la infraestructura espacial en la órbita LEO. Un ejemplo fue el lanzamiento de uno de estos misiles en noviembre de 2021, destruyendo uno de sus satélites fuera de uso, que generó más de 1.500 piezas de debris o desechos espaciales, que representan un peligro para los satélites presentes en órbita baja. Rusia es consciente de su dependencia del espacio como una vulnerabilidad, por lo que ha desarrollado medios terrestres para complementar o sustituir los servicios espaciales, que podrían ser denegados en caso de guerra, y contrarrestar la ventaja militar estadounidense (Defense Intelligence Agency, 2022).
Tanto Rusia como China tienen un rol central en la militarización del espacio, y simultáneamente han declarado que no colocarán armas en el espacio e incluso han propuesto un proyecto de tratado en la Organización de las Naciones Unidas sobre la no proliferación de armas espaciales. Este tratado contradice sus propias doctrinas militares, donde consideran al espacio como un dominio de conflicto bélico.
En este marco, en febrero del 2024, el Departamento de la Fuerza Aérea estadounidense ha impulsado un plan para optimizar las fuerzas para la competencia entre las grandes potencias. Este plan consiste en 24 medidas destinadas a la Fuerza Aérea y a la Fuerza Espacial, que apuntan al cumplimiento de cuatro objetivos:
- Desarrollo humano: los líderes deben estar preparados para la guerra moderna. Para esto se deben rediseñar el entrenamiento y la carrera de los guardianes.
- Disposición: se define como la capacidad de disuadir y derrotar a las potencias rivales. Se debe aumentar el alcance y el ritmo de los ejercicios operativos, para evaluar su preparación y mejorar su desarrollo.
- Proyección de poder: la USSF debe integrarse plenamente en la fuerza conjunta, debidamente entrenada, equipada y preparada para cumplir con los objetivos asignados. Se formalizarán escuadrones de combate como su unidad de acción.
- Desarrollo de capacidades: se creará una nueva unidad, Space Futures Command, que prevea el entorno de amenazas y lleve a cabo simulaciones de estrategias de guerra. Además, es necesario reforzar el desarrollo de la ciencia y tecnología, redefiniendo las prioridades en esta área.
En el ámbito operativo, el Comando Espacial ha desarrollado el Modelo de Generación de la Fuerza Espacial (SPAFORGEN), un ciclo de entrenamiento de los guardianes que consiste en tres fases para preparar las misiones y adaptar a los mandos de combate, apuntando a mejorar las capacidades de proteger y defender los activos espaciales. Esto se realiza considerando que las fuerzas espaciales tienen un papel decisivo en operaciones conjuntas y multidominio, con el objetivo de garantizar que la fuerza esté preparada para posibles conflictos y desafíos caracterizados por el regreso a una era de competencia entre las grandes potencias (US Space Force, 2024).
En el plano doctrinal, la USSF identifica una serie de disciplinas de la guerra espacial que deben dominar para operar en el espacio. La primera –que prevalece sobre las demás– es la guerra orbital, e implica la capacidad de realizar maniobras defensivas y ofensivas para proteger el propio acceso al espacio, y negárselo al adversario. Complementariamente, la guerra electrónica espacial y las operaciones cibernéticas son dos disciplinas que permiten gestionar el espacio electromagnético, y asegurar y defender el ciberespacio. La cuarta disciplina es la gestión de la batalla espacial para alcanzar la conciencia situacional, basándose en la inteligencia militar, que permite una precisa obtención de información y detección de amenazas. Además, son relevantes el acceso y el sostenimiento espacial, así como la ingeniería y adquisición. Estas disciplinas apuntan a garantizar la tecnología y los sistemas necesarios para mantener las operaciones en el espacio (Herrero, 2024).
Conclusiones
El espacio exterior se ha consolidado como un escenario de posibles conflictos. La competencia geopolítica en el espacio se revitaliza con la inclusión de nuevos actores, tecnologías y enfoques. Si bien la cooperación internacional está presente, principalmente para el intercambio de información y el desarrollo tecnológico, este mismo desarrollo ha generado un dilema de seguridad. Cada vez son más los países que se refieren al espacio exterior como un nuevo dominio bélico, invirtiendo en el desarrollo de tecnologías, armamento y fuerzas espaciales que aumenten sus capacidades de combate para preservar los intereses nacionales en este dominio. En este sentido, la seguridad espacial se define en términos de seguridad nacional.
Estados Unidos es la principal potencia en el ámbito, y destina gran parte de sus recursos humanos, financieros y tecnológicos para defender este liderazgo. La política espacial de Estados Unidos se ha establecido como un elemento central en su agenda de seguridad nacional, reflejando el interés vital por mantener la supremacía en el espacio, tanto en términos militares como económicos.
El programa espacial estadounidense se ha consolidado a partir del dictado de orientaciones estratégicas como la Política Espacial Nacional y la Estrategia Nacional de Defensa, y de la institucionalización de nuevas organizaciones como la Fuerza Espacial y el Comando Espacial. Estos esfuerzos responden a la necesidad de fortalecer sus estrategias de seguridad nacional, proteger las infraestructuras críticas y asegurar su capacidad de respuesta frente a las amenazas que presenta el poder estratégico militar de las potencias presentes en este dominio.
Sin embargo, hay una serie de factores que desafían el dominio hegemónico de Estados Unidos: el surgimiento de nuevas potencias como China, el reposicionamiento del programa espacial ruso, y el creciente acceso por parte de más actores a tecnologías espaciales que pueden integrarse tanto en el ámbito civil como en el militar. Estos hechos amplifican la competencia geopolítica en torno a un ámbito que se ha convertido en un elemento fundamental para el desarrollo de las sociedades, y un componente estratégico en las agendas de seguridad y defensa de las principales potencias mundiales.
Para Estados Unidos, la seguridad espacial es una prioridad nacional de primer orden, basada en el acceso irrestricto al espacio y la libertad de operar en él. La defensa de los intereses nacionales en este dominio será crucial para mantener la superioridad en futuros conflictos. En este escenario, Estados Unidos deberá continuar reforzando sus capacidades para proteger sus activos en el espacio y enfrentar la creciente competencia geopolítica, asegurando así su liderazgo en este estratégico y complejo dominio global.
Tal como fue plasmado por la USSF: “The greatest risk the Space Force faces today is that of being too late. With a fast-moving adversary, standing still is the same as falling behind” (The Case for Change, 2024: 3).
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