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Prólogo

Mario Leonardo Miceli[1]

Quisiera comenzar este breve prólogo con una sutil (y discutible) referencia extraída del ámbito de la historia de las ideas y el pensamiento político. Los que nos formamos en las ciencias políticas y las relaciones internacionales hace ya un par de décadas podemos reconocer una especie de basamento teórico-ideológico muy presente en nuestra educación. Un basamento que refiere a la institucionalización de lo político que se habría gestado con la modernidad. Un modelo que habría surgido allá por el siglo xvi y que parecía plantearnos un futuro inexorable. Ante el declive del Medioevo, la política a nivel local e internacional debía fundamentarse en una estructura estatal de poder centralizado y burocrático, complementada a partir del siglo xviii con un fundamento de constitucionalismo racionalista. Con el tiempo este modelo terminaría cristalizado en una particular visión de la democracia, la cual se debatía entre modelos rousseaunianos o más liberales (entre otros tantos cientos de enfoques), añadiendo ya en el siglo xx una partidocracia jurídicamente establecida, un sistema de derechos subjetivos creciente a través de diversas etapas, y varios etcéteras más. Bajo este esquema de historia y teoría “oficial”, debía sumarse la necesidad de controlar el fenómeno religioso que se había desmadrado en la temprana modernidad, y que implicaba casi la obligatoriedad de recluir las creencias religiosas al ámbito individual (es decir, privado, y bien lejos de lo público), pergeñando en algunos casos su virtual desaparición. Todo ello a la vez sustentaba una organización del mundo basada en el Estado soberano y en el supuesto sistema westphaliano, usando mucho la imaginación al pretender que los hacedores de la Paz de Westphalia realmente querían crear algo así. Todo parecía cerrar. Los estudios se basaban en la teoría clásica del Estado moderno, y, de manera especular, se iba desarrollando esa novel disciplina que eran las relaciones internacionales, aunque bajo este esquema deberían llamarse “relaciones interestatales” (no sé si era más idílico creer que en el mundo había solo naciones o solo Estados). Ese supuestamente era el modelo. Maquiavelo, Hobbes, Grocio y Kant quizás se regocijaban.

Faltaba aclarar que este esquema poseía una profunda raíz eurocéntrica. Y de repente, apareció Estados Unidos. Y aquí las cláusulas en las que se basaban los análisis clásicos comenzaron (lentamente) a crujir. No es que esta nueva potencia no poseía las características antes mencionadas. Sin embargo, parecía desarrollarlas de una forma que la intelligentsia ilustrada no había prefigurado, por lo menos hasta Toqueville (y aun este en bastante soledad). Bajo este marco, Estados Unidos brindó un nuevo foco de análisis. Foco que sigue siendo necesario hoy en día. Piénsese solamente en cómo se desarrollaron en este país varias de las dicotomías que marcaron la teoría y práctica política desde la modernidad: poder central y autonomías locales, soberanía estatal e imperialismo, economías abiertas y proteccionismos, religiosidad y secularización, o hasta la relación entre mayorías y minorías socioculturales, por solo mencionar algunos casos.

Por ello, querría especialmente remarcar el concepto de “indispensable” que aparece en el título de esta publicación. Más allá de las posturas ideológicas y políticas que cada uno tenga, Estados Unidos sigue siendo un objeto de estudio del cual no se puede prescindir. Esta obra conjunta que aquí se publica tiene, bajo este gran paraguas teórico, el mérito de presentar diversos aspectos sobre la política local y exterior de esta gran potencia, y cómo estas políticas se conjugan en un mundo que no da respiro en su dinámica de cambio constante. Mundo que, volviendo a lo expuesto en el primer párrafo, nos muestra que la formación de politólogos e internacionalistas ya no puede sustentarse de manera exclusiva a la institución del Estado moderno y el orden poswestphaliano.

Los lectores se encontrarán aquí con una obra muy prolífica en la presentación de problemas actuales, vistos bajo la óptica del rol que cumple, y seguirá cumpliendo, Estados Unidos en este nuevo orden mundial en gestación. Es una compilación que no solo resulta interesante para especialistas en relaciones internacionales o política exterior. Varios de los artículos analizan realidades conectadas a temas tan variados como el derecho constitucional, el federalismo, el rol de las minorías, las migraciones, el lavado de dinero y hasta el impacto de las nuevas tecnologías. Se trata así de una obra interdisciplinaria, completamente acorde para intentar profundizar en el conocimiento de una potencia tan compleja como Estados Unidos.

Querría terminar felicitando a los compiladores de esta edición. Especialmente a Ariel González Levaggi, quien, como director del Centro de Estudios Internacionales del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de UCA, ha liderado el programa de estudios sobre los Estados Unidos en los últimos cuatro años, además de la colaboración de Carolina Lazzaroni, coordinadora académica del Programa Ejecutivo de los Estados Unidos en el siglo xxi, y Sofía Meijide, coordinadora del Seminario Optativo sobre Política Exterior de los Estados Unidos.


  1. Director del Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Facultad de Ciencias Sociales, Pontificia Universidad Católica Argentina.


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