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4 Que florezcan mil hanami

Discursos sobre el cerezo japonés (sakura) en la prensa argentina (1998-2020)

Pablo Gavirati

Introducción

El “hanami” es una de las celebraciones más representativas de Japón[1]. En la actualidad, esta práctica consistente en contemplar la floración del árbol de sakura (término que refiere a distintas variedades de cerezo japonés) puede concebirse como un ritual asociado con el inicio del año escolar y laboral que se produce en el mes de abril[2]. En cuanto a la flor, su fama parece estar en aumento en el mundo: en principio, como una forma de promoción del turismo estacional en Japón, pero también como tópico privilegiado del japonismo contemporáneo[3]. En ese sentido, es posible observar que las representaciones sobre la naturaleza aparecen como símbolos de Japón, e incluso como rasgo distintivo de aquello que se presenta como “cultura japonesa”.

Desde el punto de vista de los estudios ambientales, ello supone una oportunidad para el análisis crítico de los dualismos modernos. En particular, de la distinción naturaleza / cultura como base de la contraposición entre Oriente / Occidente (Latour, 2007). ¿Es posible apreciar la floración de la sakura fuera de Japón? ¿Qué sentidos adopta la práctica del hanami, considerada específicamente japonesa, en otro espacio ecológico y social? En base a estos interrogantes, el presente capítulo aborda los vínculos entre la gramática discursiva japonista[4] y las tendencias culturales de recuperar la “armonía con la naturaleza” en Argentina, a partir de un estudio exploratorio sobre los discursos en torno al hanami y la flor de cerezo o sakura producidos en la Ciudad de Buenos Aires.

Partimos del supuesto general de que, además de la evocación primaria a Japón y la cultura japonesa, el lugar que ocupa la contemplación de las flores también habilita nuevas sensibilidades respecto de la naturaleza. En este punto, contrastaremos la realización del hanami, postulado de manera tradicional en el Jardín Japonés, con el fenómeno del “Hanami Nativo” de las floraciones del jacarandá y de otras especies locales en la Ciudad de Buenos Aires. Sobre esta base, nos proponemos indagar bajo qué condiciones el japonismo, como gramática de reconocimiento, podría posibilitar modos alternativos de afrontar la problemática ecológica en tanto crisis civilizatoria o, dicho de otro modo, en tanto “crisis de sentidos” de la modernidad occidental (Leff, 2004).

A lo largo de este libro hemos analizado diferentes representaciones occidentales sobre la naturaleza japonesa desde el punto de vista de su producción histórica. En primer lugar, las interpretaciones en clave religiosa de los misioneros jesuitas; luego, cómo éstas dieron paso a la observación naturalista en el período de “cerramiento” (sakoku). A continuación, el surgimiento de una mirada estetizante, de la mano de la corriente “japonista” de cuño artístico, que se estableció a mediados del siglo XIX. Por último, desde la visión de los estudios nikkei / niquey, la corriente migratoria incorpora una particularidad específica al diálogo intercultural argentino-japonés.

En este punto, la primera parte analiza la producción de sentido histórica de los discursos sobre la sakura desde Occidente y a la manera en que las características de cada momento, con sus gramáticas de reconocimiento hegemónicas, influyen en las representaciones de esta flor. En la segunda parte, abordaremos un corpus periodístico de los tres principales diarios de la capital del país: La Nación, Clarín y Página 12. Entre las diferentes líneas discursivas identificadas, encontramos crónicas sobre hanami en Japón y Estados Unidos así como, en el caso de Argentina, el hanami tradicional en el Jardín Japonés de Buenos Aires y el fenómeno del Hanami Nativo con especies locales.

Entre las reflexiones finales, ponderaremos la revalorización de la floración como acontecimiento estético como un modo innovador de apelar a una sensibilidad ambiental. De este modo, el capítulo final del libro aborda posibles influencias que el giro ecológico podría ejercer sobre la gramática japonista.

1. Discursos occidentales sobre la sakura

En esta primera sección nos detendremos a analizar las transformaciones de la semiosis histórica, entendida como proceso de producción de sentido, acerca de los árboles y flores de sakura desde una enunciación occidental[5]. En los capítulos precedentes hemos podido observar cómo los discursos sobre la naturaleza de Japón se corresponden con la mirada de distintos actores, y cómo el punto de enunciación se vincula con dispositivos institucionales y subjetivos diferenciales. El caso particular de la sakura permite verificar de manera ejemplar esta tendencia.

1.1 “Un árbol sin frutos”

Como ha señalado Paula Hoyos Hattori en el primer capítulo, luego de la experiencia jesuita -que no registró en sus escritos acerca del sakura- fueron los médicos de la misión holandesa en Dejima quienes hicieron las primeras descripciones sistemáticas sobre la naturaleza de Japón, en particular de su vegetación. Pionero entre estas figuras, Engelbert Kaempfer (1651-1716) fue el primer occidental que escribió sobre los cerezos japoneses, a partir de la experiencia de un viaje a Edo en 1692 (Abe, 2021: 60).

En una cita extensa extraída de su Amoenitatum Exoticarum (1712), Kaempfer expresa que en toda casa se encuentra un árbol de ciruelo o de cerezo, del cual se aprecia que sea “torcido y monstruoso”. Señala que suelen cortarle ramas para que produzca flores más grandes y en cantidad. Luego comenta: “No se puede negar que la gran cantidad de flores hermosas, encarnadas y dobles, que dan en la estación adecuada, sea un ornamento sorprendentemente curioso para la parte posterior de la casa, pero tienen el inconveniente de que no dan fruto”. Kaempfer inaugura así el tópico de que los cerezos japoneses no son comestibles (Kuiter & Peterse, 1999: 55).

Philipp von Siebold (1796-1866), por su parte, vivió en Japón en un momento en que el cultivo de sakura estaba en su auge y produjo mayor documentación al respecto. Si bien en la actualidad su utilidad botánica ha sido desestimada, se reconoce que Siebold fue pionero en listar tres especies de sakura bajo el género Prunus, que hoy se propone catalogar dentro de Cerasus (Ohba & Akiyama, 2019: 147).

Por su parte, el primer registro de una importación de sakura a Europa data de 1832, cuando un hombre francés recibió y describió un cerezo doble rosado. En años subsiguientes (1846, 1847 y 1862) aparecieron variedades en catálogos botánicos de Nueva York. En 1864, el botánico escocés Robert Fortune importó una variedad de jardinería takasago, que adoptó el nombre científico de Prunus sieboldii (Kuiter y Peterse, 1999: 74)[6].

Así, a mediados del siglo XIX, de acuerdo con Kuiter y Peterse, la situación del cerezo japonés era la de “una planta incomprendida de un país lejano e incomprendido” (1999: 75). En particular, no resultaba atractivo plantar árboles de sakura: el diseño paisajístico y la jardinería no podían incluirlo en sus planes, ya que las flores se entendían como parte de los matorrales. Más aún, se reitera el hecho ya señalado de que los cerezos japoneses no generan frutas comestibles. De allí que los primeros nombres científicos incluso los denominaran “pseudo-cerezos”.

Esta caracterización en términos de árbol “inútil” o “improductiva” se mantendrá como percepción negativa hasta mediados XIX, retrasando su adopción en territorio europeo[7].

1.2 Una belleza única

Casi al mismo tiempo, en Europa y en Estados Unidos comenzaron a surgir las transformaciones ya anticipadas en el Estudio preliminar de este libro. Nos referimos a la corriente japonista de cuño artístico, a su vez vinculada con el movimiento romántico, en el cual la naturaleza comenzó a ser valorada en términos estéticos. En el caso de la sakura, desde la década de 1870 se comienza a “descubrir y reconocer las cualidades del cerezo en flor” con su aparición en revistas de jardinería, al mismo tiempo que se “descubre la exótica cultura japonesa” (Kuiter y Peterse, 1999: 77).

Una figura emblemática de este momento es Lafcadio Hearn (1850-1904), quien vivió en Japón desde 1890 hasta su muerte. Ya en su primer libro sobre el país (Glimpses of UnfamiliarJapan, de 1894), Hearn expresa que “entre nosotros [¿occidentales?] un árbol de ciruelo o cerezo en flor no es una vista asombrosa, pero aquí [en Japón] se trata de un milagro tan deslumbrante que, sin importar cuánto se haya podido leer al respecto, el espectáculo real nos deja absortos” (Hearn, 1894: 24; la traducción es nuestra). En este punto, como para Kaempfer, ciruelo [ume] o cerezo son intercambiables.

En otro ensayo del segundo volumen de Glimpses, “In a Japanese Garden” (“En un Jardín Japonés”), Hearn comienza explicando que “un jardín japonés no es un jardín de flores” y que –retomando el tópico de la “incomprensión occidental”– debe saberse que en la mayoría de ellos no se encuentra un cantero de flores. Así, cuando llega al punto de referirse al árbol de sakura, cita a su maestro, Basil Hall Chamberlain, para quien la belleza de la floración del cerezo en Japón no puede compararse con nada visto en Europa. En ese sentido, aparece la misma idea de que “el lector que nunca ha visto florecer un cerezo posiblemente no pueda llegar a imaginar tal deleite del espectáculo” (Hearn, 1894b: 68).

De ambas citas interesa destacar, por un lado, la coincidencia en catalogar la floración del sakura como un “espectáculo”, y por otro, sobre todo, la diferencia establecida entre leer al respecto y la experiencia visual real, in situ. En este punto podría tratarse del recurso retórico de la descripción “sin palabras”, pero también con seguridad se está dirigiendo desde Japón a eventuales lectores (el lugar del enunciatario) que viven en Estados Unidos y Europa. Es decir, el lugar desde donde se accede a diversas crónicas de viaje que comienzan a redescubrir Japón luego del largo período de cerramiento durante Edo.

En este sentido, si aplicamos las categorías de Peirce, el nivel de la iconicidad de la belleza daría paso a la pregunta por lo indicial. En principio, ello implica el hecho de estar-en-Japón en conjunto con la llegada de la primavera. A su vez, en un nivel simbólico, sakura se convierte en el sinónimo del “Japón tradicional”, que para esta corriente japonista-romanticista se verá amenazada por el avance de la “industrialización” como vector de la modernización.

En este punto, recordemos que también Hearn consideraba que el mundo artístico japonés está en riesgo por la industrialización (Hearn, 1904: 2013). Una opinión similar tendrá Collinwood “Cherry” Ingram durante su última visita a Japón[8].

Poco tiempo después de la muerte de Hearn, como se vio en el capítulo a cargo de Facundo Garasino, Enrique Gómez Carrillo se convierte en uno de los primeros latinoamericanos –aunque radicado en París– que escribe in extenso sobre Japón. Sus crónicas fueron recopiladas en distintos libros[9]. Allí el viajero habla del “amor a la naturaleza” también en los términos de una religión, que luego especifica como una “religión de las flores”. Si bien reconoce que en todos los países hay flores de cada estación, las japonesas tienen una “belleza extraordinaria”, y entre ellas se destaca la sakura. De ella expresa que “la primera fiesta, que se verifica en Abril, es la de los cerezos floridos”, seguida por la del crisantemo en octubre (Gómez Carrillo, 1907: 17). Más adelante, incorpora otros árboles sin flor, entre los cuales dice que los arces en otoño rivalizan con los cerezos (1907: 19). Sin explicitarlo como tal, contrapone así el hanami con el momiji.

Si bien hasta aquí hemos subrayado los testimonios sobre sakura como belleza (icónica) de la naturaleza eso no implica que estuvieran ausentes los simbolismos tomados de las tradiciones japonesas. En Hearn, el ejemplo más emblemático es la publicación de los cuentos breves “Ubazakura” y “Jiu-roku-zakura” en su famoso libro Kwaidan (1903). En el caso de Gómez Carrillo, existen diferentes citas literarias, entre las que encontramos tanto la tradición cortesana como la samurái.

La mirada de Hearn sobre la espectacularidad excepcional de la belleza de la sakura fue muy influyente en la consolidación del nuevo imaginario japonista, que se distanciaba no sólo de la mirada jesuita sino también de cierta mirada positivista o utilitaria de la naturaleza, presente, como vimos, en Kaempfer (Abe, 2021: 63; Kuiter y Peterse, 1999: 78). Esta reconfiguración hacia un japonismo de cuño artístico e inspiración romántica tendrá como valor fundamental la belleza de la naturaleza, pero sólo en forma secundaria asociado con simbolismos de la tradición japonesa, también estetizados mediante la retórica literaria. Esta gramática discursiva sentará las bases para la nueva etapa que se abre en el siglo XX.

1.3 El desembarco en Estados Unidos

La primera parte del siglo XX es la época de auge de plantación de árboles de sakura fuera de Japón. La llamada “diplomacia del cerezo” jugó un rol importante mediante distintos eventos en los que el gobierno Meiji marcó la presencia de una potencia en ascenso. Por caso, la Exposición Universal de París de 1900 tenía un pabellón dedicado a la horticultura japonesa, con bonsái, crisantemos y cerezos. En 1904, la celebración tuvo lugar en San Luis (Missouri, Estados Unidos), donde Japón exhibió un jardín japonés. El hito más destacado llegó con la Exposición anglo-japonesa de 1910, en Londres, donde un jardín de dos hectáreas fue instalado por tres profesionales japoneses.

La organización de estos eventos sirvió para popularizar la imagen estetizante de Japón, incluyendo la belleza de su naturaleza. A ello hay que sumar las nuevas experiencias de viajeros occidentales en Japón, que no se contentaron sólo con un registro escrito de sus vivencias en el “lejano oriente”, sino que quisieron traer a su tierra el espectáculo de la floración de la sakura.

En este contexto es que cobra especial relevancia la historia de la plantación de árboles de cerezo en Estados Unidos, tal vez el único otro país donde existe una celebración a nivel masivo del hanami[10] (Kuiter y Peterse, 1999: 84). Sus protagonistas son la escritora Eliza Scidmore (1856-1928), quien viajó por primera vez a Japón en 1884[11] y David Fairchild (1869-1954), funcionario del Departamento de Agricultura en Washington, quien visitó Japón en 1902. Desde 1909, ambas figuras colaboraron en el proyecto de una plantación de sakura en el espacio público de la capital de Estados Unidos, Washington DC. Para ello tuvieron como interlocutora privilegiada a la Primera Dama, Helen Herron Taft, cuyo apoyo fue decisivo.

Otro factor relevante fue el entusiasmo de la contraparte japonesa, liderada por la Embajada de Japón en Estados Unidos y el gobierno de la Ciudad de Tokyo, que se encargó de la donación (Jefferson & Fusonie, 1977: 9). Debemos considerar que en 1908 se había establecido un “Acuerdo de caballeros” por el cual Japón prometía restringir la emigración a Estados Unidos frente al aumento del sentimiento antijaponés en la costa oeste. Así, la llamada “diplomacia del cerezo” intentaba volver a acercar posiciones entre estos países, en el territorio más tranquilo de la costa este.

Luego de un primer intento fallido por razones sanitarias en 1909, un segundo envío de seis mil árboles se concretó en 1912. A Washington llegaron tres mil ejemplares, en su mayoría (1.800) de la variedad somei-yoshino. La Primera Dama Taft participó de la ceremonia de plantación a la vera del Río Potomac, a metros de la Casa Blanca. La otra mitad del cargamento tenía como destino Nueva York, también en la costa este. Allí no se plantaron de manera concentrada, sino que se distribuyeron en toda la ciudad, principalmente el parque de Claremont, el Central Park y las orillas del río Hudson (Abe, 2021: 156). También en el Jardín Botánico de Brooklyn.

Respecto a los cerezos en Washington, luego del momento fundacional su popularidad fue en aumento. En 1935, por iniciativa de ciudadanos estadounidenses, se estableció el “Cherry Blossom Festival”, que continúa hasta la actualidad. Sin embargo, este evento debió superar las hostilidades generadas por la Guerra del Pacífico: tres días después del ataque a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, algunos árboles fueron dañados, y entre 1942 y 1947 el festival dejó de realizarse y se propuso renombrar los sakura como “cerezos orientales”[12].

Se reanudó en 1948, anticipándose así a la alianza estratégica entre ambos países, consolidada con el tratado de San Francisco de 1951. Todos estos hechos dan cuenta de hasta qué punto el cerezo era considerado un símbolo de Japón.

Otro hito relevante sucedió en 1954, con la donación de un farol de piedra por el Embajador Sadao Iguchi, al conmemorarse el centenario de las relaciones nipo-estadounidenses. En 1965, ya en pleno auge del crecimiento económico japonés, una nueva donación de árboles por parte de Japón dio lugar a una nueva ceremonia de plantación, con presencia de la Primera Dama, Lady Bird Johnson. Asimismo, en Nueva York, un antecedente cercano menciona que autoridades de la Ciudad junto al cónsul japonés plantaron árboles de sakura en el Central Park en mayo de 2011, en memoria de las víctimas del terremoto y tsunami.

En síntesis, la historia del sakura en Estados Unidos refleja, por un lado, el deseo de tener en el propio territorio esa belleza cultivada en Japón. Y por otro, la dimensión diplomática que se inicia en contrapunto con la migración japonesa, atraviesa el enfrentamiento bélico y llega a las relaciones estratégicas de posguerra. Es interesante notar que estos componentes geopolíticos no se encuentran en la región latinoamericana, aunque su influencia es indirecta por la posición de Estados Unidos como líder continental. En lo siguiente, podremos explorar algunos de estos vínculos.

1.4 Variaciones latinoamericanas

¿Desde cuándo se registra la plantación de cerezos en la región latinoamericana? Esta es una historia que aún está por contarse, si bien sabemos que su particularidad se encuentra en el aporte de la migración japonesa en la región. Especialmente, la influencia que tuvieron los oficios de la jardinería y la floricultura entre los primeros inmigrantes. Todo ello nos ayuda a entender la contribución de la colectividad japonesa a la Fiesta Nacional de la Flor, estudiado por Chie Ishida en el capítulo precedente.

Esta historia por narrar cuenta con algunos antecedentes. En México, Sergio Hernández ha documentado la historia de un paisajista japonés, Tatsugoro Matsumoto, quien luego de su paso por Perú se asentó como migrante en México, en 1896.

Se trata de una figura que tuvo injerencia en un episodio particular. El gobierno mexicano de Ortiz Rubio (1930-1932) había hecho una solicitud para plantar árboles de cerezo como símbolo de amistad, emulando lo realizado en el país vecino, Estados Unidos. Pero en ese caso la diplomacia japonesa solicitó la recomendación experta de Matsumoto, quien consideró que el clima no era el apropiado, ya que se necesitaba de un invierno más frío (Hernández, 2018: 313). Ahora bien, por otra parte, el propio Matsumoto había traído semillas de jacarandá desde Brasil, que tuvieron una buena adaptación en México. En la década de 1920, el Presidente Álvaro Obregón le había encargado plantar jacarandá en la Ciudad de México (Hernández, 2018: 312); de allí que en la actualidad se interprete el reemplazo de sakura por jacarandá como especie propicia para observar la floración[13].

También en Colombia hubo casos emblemáticos de jardineros con llegada a las élites locales. El pionero Tomohiro Kawaguchi llegó en 1908, encargado por el Presidente Reyes para el jardín de su propia residencia. Trabajó también en el predio utilizado para la Exposición Industrial de Bogotá de 1920. Su fama permitió que hubiera continuadores. Así, el japonés se asoció a la jardinería, gozando de una “posición superior a la del jardinero local” (Sanmiguel, 2006: 88).

En este contexto regional, Argentina no fue la excepción. Marcelo Higa registra que el oficio de jardinero fue uno de los más habituales entre los primeros inmigrantes. Revisa clasificados del diario La Prensa de 1916 y encuentra 32 avisos (sobre un total de 79) que se ofrecen como jardineros o quinteros. En la descripción se detallan como “jardinero japonés”, con conocimientos en horticultura, así como “trazado de parques y su conservación”; también en otro caso se presenta con habilidad para “hacer jardines forma del Japón” (citado en Higa, 1999: 309). El autor se pregunta, en este punto, si estamos frente a la “moda japonista llevada del objeto al hombre” (Higa, 1999: 311).

Con respecto a la llegada de los primeros sakura a nuestro país no conocemos registros de intentos de plantaciones masivas, tal vez por la mayor distancia respecto tanto de Japón como de Estados Unidos[14]. No obstante, en la actualidad encontramos su presencia en instituciones de la comunidad, como el campo deportivo del Centro Okinawense en Argentina. Un caso particular es el Jardín Japonés de la Ciudad de Buenos Aires, fundado en 1967, del cual nos ocuparemos por extenso en la segunda sección. A su vez, una práctica extendida fue plantar un sakura en la vereda de un domicilio particular, que en ocasiones coincidía con una tintorería en la Ciudad de Buenos Aires[15].

En los registros históricos sí es posible encontrar representaciones de sakura, mayormente ligadas a la gramática del japonismo estetizante. Entre ellas se cuentan crónicas de viaje, como el antecedente señalado de Gómez Carrillo, quien también escribía para el diario La Nación, así como otro tipo de registros literarios.

La investigadora Espinar Castañer ha relevado la presencia de tópicos japonistas en la revista Plus Ultra (1916-1930). Encuentra allí apariciones del cerezo, tanto en registros literarios como ilustraciones, e incluso en publicidades. Destacamos la existencia de una traducción del ya mencionado cuento “Jiu-Roku-Zakura” de Hearn, en una traducción al castellano publicada en julio de 1925 (2015: 227). La autora menciona también la presencia de tópicos japonistas en la obra del escritor Leopoldo Lugones, entre ellos la “temprana flor de sakura”, en el poema “Estampas Japonesas”, publicado en enero de 1920, que alude a las cuatro estaciones (citado en Espinar Castañer, 2015: 441).

Por otra parte, la bibliografía consultada destaca la figura del escritor Jorge Max Rohde (1892–1979), que viajó a Japón en 1931. Axel Gasquet lo caracteriza como un “tradicionalismo estetizante”, en quien se percibe una desazón al observar una “ciudad de tipo yanqui” en Yokohama. Recordemos aquí la crítica a la industrialización apuntada por Hearn, a quien Rohde admira como su ideal estético. De todas formas, sus posteriores impresiones fueron positivas y en el transcurso de su viaje profundizó su entendimiento del país, del que destaca su belleza artística. En ese transe, en las páginas de su Viaje al Japón (1932) llega a escribir: “no nos fiemos de las apariencias, consagradas por el turista occidental, de la geisha, el Fuji y el cerezo” (citado en Gasquet, 2007;262).

Otro tipo de alusiones a la sakura pueden indagarse in absentia. Tal es el trabajo que propone Kana Takaki cuando analiza los “haiku de inmigrantes”. Este género poético japonés precisa de una palabra que remita a una estación del año, denominada kigo. El análisis propone indagar en cómo los inmigrantes japoneses escribieron haiku en una geografía distinta. Así encuentra, por ejemplo, un poema de 1940 que traduce: “El jacaranda / florece en violeta / y oscila con el sol”. La interpretación nos regresa al tema principal de nuestro trabajo: “El jacarandá impresiona a los inmigrantes por su semejanza con la flor del cerezo. Les recuerda el cerezo que simboliza la patria” (Takaki, 2014: 8)[16].

Más adelante en el tiempo, Lila Bujaldón de Esteves señala la crónica del viaje de Atahualpa Yupanqui a Japón, donde la flor de sakura da motivo para el título del libro de 1977: Del algarrobo al cerezo. Encontramos allí otro contrapunto con una especie argentina, aunque en este caso “como árbol simétrico al algarrobo, ya que encarna tradicionalmente lo japonés” (Bujaldón, 2012: 7). Es decir, sólo queda el simbolismo donde ambas especies funcionan como arquetipo de cada país[17].

Hasta aquí hemos visto que la mayor atención a los estudios sobre representaciones del cerezo japonés se concentra en el período de preguerra, particularmente en las primeras décadas del siglo XX, asociados con la llegada de la corriente japonista a Argentina. En la siguiente sección, el trabajo con fuentes primarias de tres periódicos locales actuales nos permitirá abordar las transformaciones y posibles nuevos sentidos que adquieren la sakura y la práctica del hanami en el presente siglo XXI.

2. Discursos periodísticos sobre sakura y hanami

En esta segunda sección del capítulo analizaremos el corpus principal de trabajo, constituido en su totalidad por fuentes primarias de diarios argentinos. Nuestro abordaje metodológico se sintetiza en la obra Stella Martini (2000), para quien el estudio de las noticias se inscribe en una teoría de la comunicación, que a su vez se articula con un fenómeno cultural: en este caso, el japonismo. Así, estudiaremos los discursos mediáticos sobre la floración del sakura y sobre el hanami en publicaciones de los tres principales diarios argentinos (Clarín, La Nación y Página/12) entre 1998 y 2020, con el objetivo de mapear sus representaciones en la Argentina contemporánea. Buscaremos, asimismo, trazar vínculos y antecedentes con la producción discursiva histórica que permitan entenderlos como entramados de una gramática productiva (Verón, 2004).

Con el propósito de estudiar los modos discursivos en que se organiza lo “decible” respecto de este tópico, haremos foco en la productividad semiótica en distintos períodos del recorte temporal. Para ello, además, resultan elementos a considerar tanto la línea editorial del diario como las secciones que intervienen (Martini, 2000: 34)[18].

2.1 Análisis general

2.1.1. Construcción del corpus de trabajo

El mapeo de estas representaciones periodísticas, basado en las plataformas digitales de los periódicos, nos permitió acceder a la historia reciente, en tanto encontramos artículos desde el año 1998[19]. Luego de descartar algunas notas por desambiguación (ejemplo: nombre de serie de anime), realizamos un primer corte con 76 artículos, clasificándolos según la siguiente jerarquización:

  • 27 como “central”, abordan la floración como temática principal;
  • 10 como “secundario”, la cuestión era una línea temática abordada de manera subordinada;
  • 13 fueron señalados como “tematización”, ya que si bien se trataba de una alusión breve, se registra un tratamiento de interés para el análisis;
  • 26 solamente contenían una “mención”, referencia mínima a los cerezos.

Decidimos eliminar del análisis posterior a esta última categoría, por lo cual consolidamos un corpus periodístico de 50 artículos. De ellos, 30 corresponden a La Nación, 15 a Clarín, y sólo 5 a Página/12.

Una primera consideración a nivel cuantitativo nos permite observar que el tópico de sakura y hanami es mucho más afín al diario La Nación, que alcanza el 60% de las publicaciones del corpus total, así como el 65% de los artículos denominados “centrales”. Para explicar este fenómeno podemos remitirnos al antecedente del envío de Gómez Carrillo a Japón en 1905, en calidad de cronista, como indicador de una temprana afinidad de este periódico con el japonismo. En la actualidad, La Nación presenta secciones o suplementos como Lifestyle, Ohlala, Turismo y Jardín, donde se concentró la publicación de artículos del corpus. En el marco de un “contrato de lectura” (Martini, 2000: 106), este diario puede plantearse en términos de una enunciación “culta”, con un enunciatario de élite o de clase media profesional[20].

2.1.2 Localización geográfica

La noticiabilidad de la sakura en la prensa argentina se deriva de tres ámbitos geográficos principales, tal como se aprecia en el siguiente cuadro[21]:

Argentina

Japón

Estados Unidos

Solo ArgentinaCon otros paísesSolo JapónCon otros paísesSolo Estados UnidosCon otros países
20313474

Fuente: Elaboración propia.

Observamos que las crónicas sobre el Hanami en su país original, Japón, son significativas (17 en total), pero están por debajo de la cobertura local en Argentina (23 en total). Esto podría indicar, prima facie, la primacía del criterio de noticiabilidad de la “proximidad geográfica” (Martini, 2000: 93). Dicho eso, no resulta despreciable la producción periodística sobre Japón, a priori anclada en la atracción de lo exótico.

Por otra parte, aunque se trata de una minoría, las crónicas desde Estados Unidos (11 en total) tampoco resultan un dato menor. Esto nos remite a la historia de la donación de los sakura y la importancia de este Hanami como la celebración más importante fuera de Japón. Asimismo, la atención brindada por la prensa argentina la ubica en el punto medio entre el distante Japón y la “cercanía” percibida (en sentido geopolítico y cultural) con Estados Unidos.

Dados los objetivos de nuestra investigación, en este capítulo interesa especialmente profundizar en las crónicas localizadas en Argentina. En este sentido, destacamos que once de los veintitrés artículos de este recorte se sitúan en el Jardín Japonés de Buenos Aires, con lo cual resulta significativo ponderar esta superposición relativa entre la cobertura de sakura en nuestro país y esta institución de la comunidad nikkei.

2.1.3. Criterios de noticiabilidad estacional

Otro aspecto a considerar, vinculado con la ubicación geográfica, es la fecha o época del año de publicación de los artículos. Recientemente hemos analizado cómo el dispositivo mediático japonés se corresponde, en buena medida, con la época de floración de sakura, entre los meses de marzo y abril (Gavirati, 2020).

Siguiendo esta línea, si consideramos los artículos de categoría central que transcurren en países del hemisferio norte, obtenemos que trece de los quince se publicaron en marzo y abril. Es decir, respetan la estacionalidad de la floración, mediante el criterio de noticiabilidad sobre la cualidad de la “periodicidad”, en tanto son hechos que “son más fáciles de construir y también de interpretar por el público” (Martini, 2000: 96). Esto es preciso en el caso de Japón y el hanami como acontecimiento anual.

En contraste, en el caso de los nueve artículos con categoría central en Argentina no encontramos un parámetro tan acotado. En el período de floración en el Jardín Japonés hallamos dos artículos en julio y uno en agosto. Luego las publicaciones se distribuyen en los meses de primavera: uno en septiembre, dos en octubre y dos en noviembre (floración del jacarandá). El restante es de mayo. Así, el criterio de noticiabilidad no se encuentra en la periodicidad sino, a modo de conjetura, la originalidad y el ineditismo que “apelan a la curiosidad que pueda despertar” (Martini, 2000: 91).

2.2 Análisis de las líneas discursivas[22]

En esta sección, abordaremos el análisis realizado a partir de herramientas de la semiótica y en particular del estudio del discurso periodístico. Hemos organizado la tarea en diferentes tópicos que constituyen líneas discursivas en torno a sakura y hanami[23] y tomado como guía principal un hilo cronológico, a fin de identificar posibles series periodísticas que se construyan en la cobertura.

De este modo, a nivel general podemos señalar un claro incremento en la noticiabilidad de sakura en diarios argentinos. Ello redunda al menos en una mayor visibilidad, pero a su vez influye en la diversificación de las tematizaciones enunciables.

A continuación exponemos una periodización ad hoc, cuya pertinencia será contrastada en cada gramática discursiva.

PeríodoTiempo abarcadoFrecuenciaCaracterísticas principales
Primero1998-2007BajaDispersión temática. Notas centrales en Japón y Estados Unidos
Segundo2008-2015MediaNotas centrales en Argentina, en particular sobre “Hanami Nativo”.
Tercero2016 -abril de 2018AltaCrónicas centrales en Japón y Estados Unidos. Tematización de la sakura en el Jardín Japonés de Buenos Aires.
CuartoAgosto de 2018-2019AltaVisibilización del hanami en el Jardín Japonés de Buenos Aires. Aparecen otras tematizaciones.
Quinto2020MediaTematización por la pandemia de covid-19[24].

Fuente: Elaboración propia.

2.2.1 Producción y agroturismo

Una línea discursiva que se registra de manera esporádica es la floración en plantaciones de cerezo destinadas a la producción de frutas. Si bien sólo abarca tres artículos del corpus, nos permite observar cómo en la actualidad se ha alterado la situación de aquel tópico del “árbol que no brinda frutos”, que predominó desde Kaempfer hasta mediados del siglo XIX. Al destacar que estas variedades de cerezo también pueden ser disfrutadas en su época de floración, este giro semiótico lo articula con la actividad del agroturismo.

El primer artículo, “Blanco que te quiero blanco”, se centra en la localidad de Los Antiguos, Santa Cruz, y postula que la floración de los cerezos “es una de las dos fechas destacadas del calendario turístico local junto con la Fiesta Nacional de la Cereza” de enero (LN-8, 2008). Se destaca el “paisaje de sorprendente belleza”. Luego se puntualiza que se trata de una actividad económica principal y “base para el agroturismo”.

De manera similar, el primer artículo de Clarín de nuestro corpus, “Llegan los festivales del cerezo en flor”, abarca diferentes escenarios, desde Japón hasta Argentina (C-16, 2016). Respecto de nuestro país, señala que pueden verse “especialmente en la Patagonia, el lugar en el que mejor se adaptó la especie” [sic]. Se destaca también Los Antiguos, “la localidad más identificada con los cerezos en el país”. Luego informa que existen “importantes plantaciones” en Chubut, Río Negro, Neuquén y Mendoza[25].

La misma nota menciona el caso del Valle del Jerte (Extremadura), “epicentro de los cerezos españoles”. Se señala que la Fiesta del Cerezo en Flor es considerada de interés turístico nacional. Un “espectáculo de color” de una “alfombra blanca que dejan las flores de un millón de árboles” (C-16). Aquí se evidencia la escala de la plantación, cuya principal finalidad es la producción frutal. De todas formas, la Fiesta está bien establecida en tres momentos: “El despertar del valle”, “cerezo en flor” y “lluvia de pétalos”, que nos recuerda el tópico japonista de la nieve de sakura.

Por último, Clarín publicó también una crónica extensa sobre esta localidad española, en marzo de 2019, que recorre diferentes aspectos del lugar, pero que se tematiza desde el título: “Un millón y medio de cerezos florecen en el Valle de Jerte”.

2.2.2 El hanami en Japón

Esta línea discursiva es una de las principales del corpus. A los trece artículos que se centran solo en Japón le hemos restado cuatro, del año 2020, que se enfocan en la pandemia. De los nueve considerados, tenemos seis señalados como centrales: se trata de crónicas eventuales producidas durante el momento de la celebración del hanami, que siguen la tendencia de un progresivo incremento de atención mediática.

El primer artículo, publicado por La Nación en abril de 2004, se titula “Hana yori dango” y muestra una actitud escéptica frente al fenómeno del hanami en Japón. La crónica reproduce el contrapunto de una pareja: la mujer observa el paisaje primaveral, pero el hombre está más interesado en el pic-nic para comer dango (bola dulce de arroz). El escrito culmina con la frase “lo que mata al espíritu no es lo material sino el amor a lo material” (LN-3, 2004).

Ya en el segundo período, las siguientes dos noticias se publican en Página/12 (de un total de cinco del diario) y transcurren en Tokio. La primera es una crónica contemporánea que sólo menciona dónde pueden observarse estas “delicadas y efímeras flores” (P-10, 2009); la segunda transcribe parte de un diario de viaje publicado en 1924, titulado “Paseando por Tokio”. Se trata de un fragmento del libro La vuelta al mundo, del escritor español Vicente Blanco Ibáñez. Allí encontramos claras similitudes con los escritos de Hearn, Gómez Carrillo o Ingram, entre ellas el hecho de caracterizar las “contradicciones [entre] 2600 años de tradición [y la irrupción de] medio siglo de progreso” (P-12, 2011).

Los pasajes relevantes intentan educar al lector occidental sobre las particularidades de Japón. Explica que “las flores en el Japón apenas tienen perfume” pero que –¿aún así?– “ningún país de la tierra ama como éste la floricultura”. En la misma línea, detalla:

El japonés abarca en su veneración todas las flores, dedicando mayor predilección a las de los árboles, casi inadvertidas en otros países, que a las de los arbustos, más conocidas y apreciadas en Occidente. Cuando al iniciarse la primavera florecen los cerezos, se organizan fiestas de un extremo a otro del Japón. (P-12, 2011)

El autor nos pone en contexto sobre las diferencias en el entendimiento de las flores, que ya comentamos en el análisis histórico. Nos interesa aquí comprender por qué Página/12 publica esta crónica en su sección de Turismo. En nuestro corpus, corresponde al inicio de la segunda etapa, cuando aún no existían crónicas que abordaran de manera central el hanami, más allá del antecedente señalado de LN-3. Por tanto, este salto en el tiempo entre 1924 y 2011 nos indica cierta continuidad en el relativo desconocimiento del hanami en Argentina.

Esta conjetura puede fortalecerse en base a los siguientes artículos, ya del tercer período. En la sección Turismo de La Nación, con el sugerente título “Guía para no perderse en Tokio”, vuelve a contraponerse “la modernidad y las tradiciones milenarias”. Uno de los subtítulos destaca “el festival de la naturaleza” e informa: “A tal punto es esperada esa fiesta que la contemplación (…) tiene un nombre: hanami” (LN-18, 2016). En ese contexto, subrayamos, resulta pertinente informar que tal fenómeno tiene nombre propio.

Una modificación en la discursividad de esta gramática ocurre a partir de 2017. Primero, tanto La Nación como Clarín publican artículos de temporada centrados en el hanami, basándose en fuentes de agencias internacionales de noticias, acompañados de un importante componente visual[26] (C-22, 2017; LN-23, 2017). En ambos casos, además, se difunden datos de la Agencia Nacional de Turismo de Japón, que parece ser la fuente original de la noticia, sobre el incremento de visitantes en los meses de marzo y abril.

Así lo confirma una nota, meses después, en la sección Lifestyle de La Nación, titulada “El país de los cerezos ya no es tan lejano”. El inicio es elocuente: “De repente, todos parecían saber cuándo florecen los cerezos. Era abril, y las redes sociales se teñían del pálido rosado de estas flores” (LN-26, 2017). El cronista contrapone cómo las imágenes turísticas habituales de Brasil o Europa eran reemplazadas por las de Japón. La nota no se limita a la sakura, pero sí la convierte en signo de este país y de la tendencia señalada. A su vez, explicita el componente visual como criterio de noticiabilidad en la era de Instagram.

En medio de esta serie informativa sobre el turismo del cerezo encontramos una nota breve publicada en la sección Opinión de La Nación. El ensayo de Diana Fernández Irusta argumenta de manera filosófica por qué “la belleza también salva”:

El sakura, esa floración tan esperada, es bello, frágil, efímero. Reverenciarlo supone detenerse en lo que de ínfimo y luminoso tiene el mundo; recordar que cada vida no es más que un soplo, enigmático y único, en el vasto océano del tiempo. Frente al horror de un planeta que se desangra, el Hanami ofrece la silenciosa protección de la belleza. (LN-24, 2017)

Destacamos en este pasaje el tópico de lo “efímero”, muy vinculado al discurso actual de la sakura, pero también la asociación final con la imagen de un “planeta que se desangra” [27]. Retomaremos ambos puntos luego.

Otro artículo, “Viajera crónica: destinos para visitar en primavera”, relaciona la sakura con la tradición japonesa: “una leyenda cuenta que esta flor era el emblema de los samuráis, ya que su aspiración era morir en batalla y no marchitarse” (LN-27, 2017).

Aparecen también en esta época dos notas que hacen referencia a la cuestión del adelantamiento de la floración del cerezo. En el ya citado LN-27 la cronista se lamentaba de no haber llegado a tiempo para ver el hanami, mientras que en C-30 (2018) se informa que las “cálidas temperaturas (…) adelantaron la floración (…) nueve días en Tokio”. En un estudio previo hemos relevado que este dato fue destacado como un indicio del impacto del cambio climático (Gavirati, 2020). Aquí el artículo enfatiza que existen aplicaciones para seguir el florecimiento del cerezo, pero no hay una tematización ecológica.

El último artículo central, publicado en Clarín ya durante el cuarto período, es una crónica de registro costumbrista, sin un dualismo explícito, pero elaborando ciertos contrapuntos. Por caso, cuando describe la “turba de japoneses [que] devoran” su comida retoma cierto descreimiento respecto del primer artículo de la serie. No obstante, la cronista señala que, a su vez, saben disfrutar ese “tiempo efímero y sagrado del hanami en el que la sociedad japonesa venera la naturaleza y su fragilidad” (C-38, 2019). El artículo historiza esta tradición hasta el año 700, señala que “para los budistas (…) tiene un significado simbólico [en] el carácter pasajero [y en el] ciclo de transformación y renacer”. Asimismo, menciona que también los samuráis le “encontraron un sentido a ese espectáculo natural” en la muerte esplendorosa.

No obstante, el remate del artículo es lo da origen al título: “Un mate entre cerezos al otro lado del mundo”. Señala aquí la presencia de dos turistas argentinos que llevaron el mate al Hanami, de suerte que “se cuela otra tradición que llegó de lejos y no se toma vacaciones”. Como veremos luego, para este tiempo las crónicas sobre el hanami de sakura en Buenos Aires ya estaban establecidas, lo cual explica la focalización en el componente argentino.

En síntesis, esta línea discursiva sobre el hanami en Japón es, desde ya, una de las más significativas. El encuadre fundamental es el dualismo tradición–modernidad, que matiza las crónicas entre lo espiritual (la belleza, lo efímero) y lo material (la comida, la turba). De todos modos, su lugar central en el registro periodístico se advierte en la serie informativa de 2017, a partir de las huellas del discurso promocional de la Agencia de Turismo de Japón. Es decir, llega también orientado en tanto dato de esta actividad económica. Así, el lugar enunciativo del periodismo argentino se debate entre el hecho de que “el país de los cerezos no es tan lejano” y celebrar “un mate entre cerezos al otro lado del mundo”.

2.2.3 Festival del Cerezo en EE.UU.

Si en el caso del hanami en Japón se trataba de un destino remoto, la línea discursiva sobre el festival de cerezo en Estados Unidos instala una mayor “cercanía” desde el punto de vista argentino. La cobertura está dominada por La Nación, que publica ocho de los once artículos que consideramos para el análisis. Entre ellos incluimos dos que tematizan la llamada “diplomacia de la sakura”, relevada en el análisis histórico.

El primero lleva la firma de Marcos Aguinis[28]. Con el título “Cerezos en Flor”, la crónica transcurre en Washington y comienza alabando el “clima onírico, de estremecedora belleza”. Luego hace un repaso por la historia de la donación de sakura y destaca “un fenómeno único en Occidente”. Es decir, la posibilidad de disfrutar de este “placer estético” de Japón, fuera de ese país. En este punto, tematiza que el japonés es “un pueblo que ha desarrollado más que otros el fino gusto por lo visual”. Se trata de un tópico orientalista aplicado a Japón, en tanto civilización con logros en el campo de la estética pero debilidades en el pensamiento filosófico (Minear, 1980).

No obstante, el argumento principal del artículo se centra en la diplomacia de sakura como ejemplo de dos pueblos que recuperaron su amistad luego de la guerra. Así, destaca la donación japonesa de una linterna de piedra a Washington en 1954, “a cien años del tratado de Kanagawa” y como “símbolo de la amistad recuperada” después de 1945. En particular, el remate expresa que los países latinoamericanos, africanos y musulmanes:

Deben aprender del milenario Japón, que se esmera en cultivar la amistad, incluso con quienes le infligieron su peor derrota. La belleza de sus cerezos en flor no sólo embriaga la vista y aceleran el pulso, sino que despliegan una sinfonía de dicha, esperanza y entusiasmo que ojalá logre resonancia universal. (LN-4, 2006)

Aquí, entonces, la belleza de la sakura equivale tanto al disfrute estético como a las virtudes de la amistad y la sabiduría de un pueblo que acogió las enseñanzas liberales de Estados Unidos para lograr el bienestar. En particular, Japón aparece como un país desarrollado, en contrapunto con otros, incluyendo los latinoamericanos.

Un año después, una nota breve en la sección Turismo, “Los cerezos dan la nota en Washington” (LN-5-2007), se enfoca en el atractivo turístico y menciona también, hacia el final, la historia de la donación.

El próximo artículo es de Página/12. Se trata de una crónica, esta vez desde Nueva York. Allí destaca la existencia de un Jardín Japonés dentro del Jardín Botánico, donde se celebra el hanami durante un mes con un evento de fin de semana llamado “Sakura Matsuri”. Como rasgo interesante, se señala que, por existir diferentes variedades, los tiempos de floración difieren y que ello se informa en el “reloj de la cereza”. Y que hay “más de doscientos cerezos, que sobrevivieron a la donación inicial de dos mil árboles” (P-13, 2012).

Ya en el tercer período, tenemos una seguidilla de publicaciones en La Nación. Una, de abril de 2016, se titula “Japón y Washington se tiñen de rosa”. En 2017 encontramos cuatro notas, la mayoría de ellas breve. La primera y la última se refieren al hanami como parte de un itinerario turístico para recorrer Nueva York (LN-19 y LN-28, 2017). Otra incluye a Washington entre las postales de sakura en el mundo (LN-22, 2017). En todas ellas, el encuadre turístico es prioritario, por lo que puede rastrearse la influencia de la promoción del hanami en Japón.

En este punto, justamente, el ya mencionado artículo LN-27 presenta un mayor desarrollo y lo vincula con el hanami en Tokio. Ante la imposibilidad de verlo, destaca que “Japón se encargó de que esta tradición se repitiera en otros países y regaló a EE.UU. muchos árboles de este tipo”. Hace referencia a los cerezos en Brooklyn, que “te abrazan y te llevan un poquito de la cultura japonesa, en donde esta flor es símbolo de la belleza de la naturaleza y lo maravilloso del renacimiento de la vida” (LN-27, 2017). Aquí encontramos un tópico importante: la sakura (en principio, entidad de la “naturaleza”) como soporte de “la cultura japonesa” (que a su vez nos enseña sobre la “belleza de la naturaleza”).

La última nota de La Nación forma parte de un recorrido temático por la “temporada de cerezos” en Japón, Francia y Alemania. Para el caso de Estados Unidos señala dos destinos: “un regalo japonés en Washington” y Nueva York. En el pasaje que hace referencia a esta última ciudad encontramos un tópico interesante, en tanto expresa que el matsuri (festival) de sakura es “algo habitual cada primavera en las ciudades donde hay comunidades japonesas en América del Norte”[29]. Asimismo, afirma: “Como en Japón, la gente se sienta bajo sus ramas para pasar la tarde” y que “las flores motivan muchas actividades bien japonesas”.

En el caso de Clarín, Estados Unidos aparece por primera vez en la nota que recorre festivales en Japón, España y Argentina (C-16, 2016). La crónica registra diferentes escenarios: Washington (West Potomac), Nueva York (Central Park, Brooklyn Botanical Gardens), New Jersey (Branch Brook Park), Georgia y Filadelfia. La modalidad es informativa, e incluye la historia de la donación. Se destacan los datos de diferentes eventos que se organizan, algunos sobre “cultura japonesa” y otros con actividades ligadas al “aire libre” como maratones y cabalgatas.

El siguiente artículo da la noticia de que la floración en Washington “se completó en estos días, confirmando una tardía salida del frío”. Así, la línea principal del texto afirma que “los cerezos señalan la llegada de la primavera con una explosión de color” (C-31, 2018). Es decir, el acontecimiento como índice de la llegada de la primavera. En ese sentido, el dato histórico aparece subordinado hacia el final de la nota.

A lo largo de este recorrido por las crónicas periodísticas de sakura en Estados Unidos encontramos diferentes abordajes. Uno persistente consiste en resaltar la historia de la donación japonesa a Washington, como símbolo de amistad con Estados Unidos (editorializado en la columna de Aguinis). Otro tópico importante señala el carácter masivo de los festivales, que atraen turismo, y el hecho de que son los que más se asemejan a celebrar el hanami fuera de Japón, e incluyen la participación de la colectividad. Por último, aquellos que asocian este acontecimiento con la llegada de la primavera. Entre estos últimos dos puntos, el valor de lo indicial oscila entre la naturaleza como aquello que remite a Japón, de manera metonímica, y los festivales que se celebran a la par.

2.2.4 Sakura y hanami en el Jardín Japonés de Buenos Aires

Hasta aquí hemos visto cómo las crónicas de viaje ponen en palabras las experiencias del hanami en su lugar de origen, Japón, y en el país donde se registra un evento equiparable, Estados Unidos. Si nos ocupamos ahora de los artículos que se sitúan en Argentina, la primera constatación es que remiten, en su mayoría, al Jardín Japonés de Buenos Aires. Por otra parte, consideraremos también otras representaciones del hanami tradicional, asociadas a distintos espacios o actores de la colectividad japonesa.

Los cuatro artículos del primer período no son centrales pero se corresponden con una tematización que alterna entre el señalamiento de la presencia de sakura en el Parque Tres de Febrero[30] y la evocación del hanami que se celebra en Japón.

Así, en un artículo de La Nación sobre espacios verdes urbanos de Palermo se registra que “conviven tipas con sakura” (LN-1, 1998). Con mayor énfasis, otra nota describe la vegetación en estos términos: “Una de las más bellas, y que tiene un sello bien oriental, por ser la flor nacional del Japón, es el cerezo” (LN-5, 2007)[31].

De manera similar, el artículo “El gran clásico de la Primavera”, sobre la Fiesta Nacional de la Flor (mencionada en el capítulo tres) destaca que ese año (2007) el predio ofreció un atractivo más, ocasional: “los cerezos de flor, Sakura, de flores rosadas, que provocan peregrinaciones en Japón” (LN-6, 2007). Esta idea de “peregrinación” presenta huellas del discurso de la “religión de las flores” que pudimos observar en los textos de Gómez Carrillo.

Por lo demás, en esta primera etapa no encontramos referencias directas y explícitas al hanami. El único antecedente es el artículo “Arigato Primavera”, publicado en Página 12, sobre la celebración del evento “Haru Matsuri” (literalmente: Festival de Primavera) que organizaba el Jardín Japonés. La periodista aclara que “allá, en su Japón original [se celebra] cuando comienza la primavera y, con ella, la siembra de arroz, el florecer de los cerezos…” (P-2, 2003). Aunque en Japón la denominación “Haru Matsuri” no es habitual, la nota lo equipara implícitamente al hanami. Algo similar habíamos encontrado en la cobertura del evento en Estados Unidos, donde se habla de “Sakura Matsuri”.

En tanto estas dos notas llevan en el título la palabra “primavera” y se publican en el mes de octubre existe cierto criterio de noticiabilidad de carácter estacional.

En el segundo periodo, no encontramos artículos centrados en la sakura en el contexto argentino. El único aporte a esta línea discursiva es una alusión al “hanami porteño” desde un evento cultural[32].

Ya en el tercer período el corpus sí avanza en tematizaciones sobre el hanami en el Jardín Japonés. Dos artículos giran en torno a un mismo acontecimiento: el 50° aniversario de la fundación del Jardín Japonés de Buenos Aires en 1967. En ambas piezas –y la siguiente– se destaca este aporte de la colectividad japonesa en Argentina[33]. La Nación titula “El Jardín Japonés, un espacio de naturaleza que cumple 50 años” (LN-21). Y Clarín “Una visita a Oriente en el corazón de Palermo: el Jardín Japonés festeja 50 años” (C-25). Más allá del punto de anclaje, observamos a priori una disparidad entre “naturaleza”, por un lado, y “oriente”, por el otro, que como tal podría entenderse en el polo de “cultura”.

Al respecto, otro punto común, coincidente con la celebración de su aniversario, es la tematización del “jardín japonés”:

Si bien los jardines japoneses en su mayoría no contienen flores, al porteño se le incorporaron rosales y azaleas y se mantuvo la vegetación original del lugar (…). Entre la flora nipona se pueden contabilizar pinos cortos, negros, ciruelos, y su flor nacional, el cerezo (sakura)[34] (LN-21, 2017)

Este tópico del “jardín sin flores” remite a aquella “incomprensión” de mediados del siglo XIX hacia el sakura como árbol floral. Puntualmente, señala aquel aspecto destacado por Blanco Ibáñez (P-12, 2011). Encontramos una idea similar en Clarín:

Para la cultura occidental, un jardín no puede ser denominado como tal sin la presencia de flores. Para los orientales, en cambio, es sinónimo de serenidad y armonía visual. Un híbrido perfecto de ambos conceptos se materializó en pleno corazón de Palermo en 1967. (C-25, 2017)

Esta idea de un híbrido se enuncia como un espacio “adaptado al gusto porteño sin perder la identidad japonesa” en La Nación. Es decir, “híbrido” en referencia al dualismo Occidente–Oriente, pero que también se aplica al ámbito de la naturaleza. Por una parte, se trata de aceptar otra forma de concebir un jardín, aunque atenuado por el agregado de flores de cantero. Por otra parte, un elemento fundamental es la combinación de vegetación, ya visto desde LN-1 de 1998.

En este esquema general, la sakura es relevante porque dentro del formato del “jardín sin flores” aporta el arbolado oriental que se destaca por su carácter ornamental:

sin dudas las estrellas del parque son los sakuras, o cerezos, el árbol típico japonés que florece en julio y viste los senderos con sus pétalos, y le da a los visitantes un motivo más para disparar foto tras foto. (C-25, 2017)

Aquí la referencia al componente visual es explícita y se enfatiza que el Jardín brinda postales para todas las estaciones. Tal es su celebridad que resulta motivo de difusión:

Es tan importante el florecimiento del cerezo entre los japoneses que desde el jardín se encargan de avisar a través de las redes sociales para que los porteños acudan a disfrutar del espectáculo en el Camino de los sakura. (LN-21, 2017)

Esta caracterización como “espectáculo (visual)” remite a las observaciones de Hearn, focalizadas en la belleza extraordinaria (no conocida en Occidente).

Por ello resulta significativo que en marzo de 2018 Clarín titule aún “Los paisajes secretos del Jardín Japonés”, como tematización del sendero de los sakura. La periodista escribe que se los pude recorrer “docenas de veces” pero “sabrá que esos senderos nunca son los mismos” (C-29, 2018).

De este modo, el tercer período registra alusiones implícitas al hanami por medio de publicaciones que hacen referencia al sendero de los sakura.

Es en el cuarto período que llegamos al protagonismo del hanami en el Jardín Japonés.

El artículo “Florecen los cerezos en el Jardín Japonés” de La Nación refiere por primera vez al cerezo en una locación argentina en su título (LN-33, 2018). Un año después, en Clarín aparece por única vez la voz japonesa (parcialmente adaptada) en un titular: “`Sakuras´ porteños: arrancó la fiesta de los cerezos en flor en el Jardín Japonés” (C-40, 2019)[35]. La última nota, publicada en la sección El Jardín, vuelve a titular con centralidad: “Los cerezos del Jardín Japonés ya están en flor y lo tiñen de rosa” (LN-41, 2019).

En esta última nota se advierte, además, una continuidad con el tópico del encuentro Oriente–Occidente: “Llegaron desde lejos, atravesaron océanos y cielos de una punta a la otra del planeta para unir Asia Oriental con América del Sur, y echaron raíces en Buenos Aires” (LN-41). Aunque no se lo explicita, este pasaje bien podría funcionar como metáfora del proceso migratorio que dio origen al Jardín Japonés. Así, el tópico del diálogo intercultural se hace presente a partir de la referencia a un elemento de la naturaleza.

En este punto, es interesante que entre los datos consignados se incluya que “Los árboles más claros fueron cultivados en la ciudad bonaerense de Escobar, mientras que los de la variedad propia de Okinawa, de flores rosadas en tono más oscuro, fueron traídos de esas islas de Japón” (LN-41). La existencia de “especies de la isla de Okinawa y de la parte continental” había sido mencionada en LN-21 (2017). No obstante, ninguna de las publicaciones explica que esto se debe a que la mayor parte de los migrantes provenía de Okinawa[36]. (Recordemos que también en las crónicas de Estados Unidos encontramos la mención a distintas variedades de sakura). Por otra parte, la mención a Escobar nos permite establecer otra conexión con el capítulo 3, entendida como la localidad de la colectividad japonesa en Buenos Aires con menor presencia okinawense.

Otro punto relevante es cuando informa: “Existen unos 40 árboles, 30 de los cuales forman un sendero. Algunos de los ejemplares fueron plantados en la década de 1980, mientras que los más nuevos son de mediados de la década del 90 y fueron replantados en el sendero en 2005” (LN-41). Esto tiene que ver con la historia del Jardín Japonés, que atravesó cambios en su gestión. Particularmente, el hecho de que el “sendero de los sakura” sea una novedad de 2005 nos habla de la celebración o la promoción del hanami como un fenómeno reciente.

En este punto, a nivel del discurso periodístico, la focalización en el hanami presenta un giro relevante en este periodo: la flor de sakura “tiene un significado muy especial: representa la felicidad efímera al dejar caer sus pétalos en su mayor esplendor” (LN-22, 2018). Se trata de un tópico que ya estaba presente en una de las crónicas sobre Japón, pero no en las de Argentina. Parecería que, en esta instancia, ya no alcanza con el mero espectáculo visual (nivel icónico), sino que se requiere un trasfondo filosófico (nivel simbólico). A nivel de criterio de noticiabilidad, el florecimiento como “ruptura de la cotidianeidad” encuentra su lugar en la idea de trascendencia.

Por su parte, el siguiente fragmento presenta un tópico similar, esta vez con huellas de un ideario budista:

El sakura representa la naturaleza transitoria e impermanente del mundo físico. Su súbito florecimiento y caída remiten al carácter cíclico de la vida, a lo efímero de las cosas a nuestro alrededor y de nuestras propias vidas que debemos valorar día a día. Por eso, los japoneses dedican una festividad especialmente para su contemplación llamada “Hanami”. (LN-22, 2018)

Recordemos aquí que dos años antes, en LN-18 (2016), la cobertura del Hanami en Japón había destacado que tal fenómeno “tiene un nombre”.

En el fragmento anterior encontramos conceptos clave que se reiterarán en otros artículos: transitoriedad, impermanencia, efímero. La fuente de este encuadre periodístico –que contribuye a la línea discursiva del hanami local como acontecimiento contemplativo– podemos hallarla en el propio discurso del Jardín Japonés. Por ejemplo, la nota on-line incorpora un video elaborado por la Fundación Cultural Argentino–Japonesa (FCAJ) –entidad administradora del Jardín- donde se remarca que la sakura representa la “belleza efímera”.

También en el caso de Clarín[37] esta idea aparece atribuida a fuentes de la FCAJ:

Las flores son símbolo de la felicidad efímera y de la fugacidad de la vida, porque en su mejor momento, en su esplendor, se desprenden. Para los japoneses, la felicidad dura muy poco, como esta floración, de modo que se aferran y disfrutan de ese espectáculo de la naturaleza al máximo. (C-40, 2019)

De igual modo, en LN-41 se reitera este tópico de la “felicidad efímera y la fugacidad de la vida” y vuelve a citarse a la FCAJ cuando se explica que por este motivo se celebra el hanami. En este punto, el discurso sobre la sakura se amplía para caracterizar a “los japoneses” como pueblo o nación que sabe valorar la naturaleza.

Por su parte, la nota C-40, de 2019, traza una conexión histórica: “La flor del cerezo fue emblema de los guerreros samuráis. Sucede que su aspiración era morir en su plenitud, en una batalla, y no marchitarse”. Hemos observado que esta alusión no se encontraba en las fuentes contemporáneas del período Meiji (1868–1912), por lo cual es posible que se haya asentado en el imaginario por el uso del bushidō y la “ideología de la sakura” durante el período imperialista (ver en Ohnuki-Tierney, 2002).

En artículos anteriores, la periodista había afirmado que esta práctica se remontaba al siglo XVII. No obstante, para esta nota central se recoge una explicación más amplia de parte de “expertos del Jardín Japonés”.

Los orígenes del hábito de juntarse en familia y con amigos a comer, a tomar ‘sake’ –vino de arroz– y a cantar bajo esos árboles espléndidos se instala en el Período Heian (794-1185) como una forma de esparcimiento de los nobles y de los militares. Pero en el Edo (1600-1868) se populariza. (C-40, 2019)

En LN-31 se lo explica como un “pic-nic” en el cual se reúnen “disfrutando amenamente de la comida, bebidas, canciones y buenos momentos”. En LN-41 se lo caracteriza como una “costumbre ancestral”, donde “la gente almuerza, cena, bebe sake, canta, baila o simplemente pasa un rato de contemplación”.

Al llegar a este punto, el artículo señala a continuación: “Si bien en la comunidad japonesa local no se practica el hanami, las flores también provocan en Buenos Aires una celebración”. A diferencia de las crónicas de Estados Unidos, no se registra aquí participación de la colectividad. Pero del mismo modo, tampoco en el Jardín Japonés se realiza el pic-nic, sino sólo las visitas, regadas de fotografías, que crecen hasta “convertir al parque en un atractivo para miles de personas“ (LN-41).

En este caso, la idea que engloba la historia del hanami es “una forma de esparcimiento”. En esa clave: “observar a los cerezos en flor es una fiesta distinta”. Por un lado, es una forma de “viajar” a Japón y de conocer aspectos de sus tradiciones; por otro lado, el “sendero de sakuras” se impone como una “galería de cuadros impresionistas a cielo abierto”. Así, esta idea del viaje imaginario retoma las motivaciones de plantar sakura fuera de Japón. Resulta importante detenerse un momento en esta idea de “cuadros impresionistas”, por cuanto la crónica precisa que estos senderos “traen ecos de los célebres nenúfares del pintor francés Claude Monet (1840-1926)”[38].

El final del artículo es significativo porque conecta con la próxima línea discursiva. Si bien afirma que hay otros espacios para disfrutar, destaca que:

justo ahora, los cerezos están casi listos para maravillar. Y, como ocurre con los jacarandás porteños, que cada noviembre convierten a Buenos Aires en “la reina violeta”, prometen hacernos mirar distinto, ver más. (C-40, 2019)

Esta comparación entre la floración del cerezo y la del jacarandá tiene, como ya hemos visto, antecedentes históricos.

Así, como colorario de esta sección, podemos destacar que es dentro de esta línea discursiva que comienza a señalarse la presencia de árboles de sakura en el Parque Tres de Febrero. En el tercer período, el 50° Aniversario del Jardín Japonés en 2017 atrae el foco de atención sobre el sendero del hanami. Aquí encontramos la tematización del Jardín Japonés como un “híbrido” entre Oriente y Occidente. Un año después, en el cuarto período, registramos los artículos más relevantes que explicitan la idea del hanami y se focalizan en el acontecimiento de la floración de sakura. Es allí que esta línea discursiva se nutre con evocaciones artísticas y filosóficas que remiten a la cultura japonesa.

2.2.5. El “Hanami nativo” y el jacarandá

Hemos dejado para el final de nuestro análisis esta línea discursiva, ya que nos permite considerar de manera explícita un vínculo entre el japonismo y el giro ecológico. Abordaremos dos artículos sobre el “Hanami Nativo”, dos centrados en el jacarandá y uno sobre las floraciones. Nuevamente, se mantiene el predominio de La Nación, con cinco artículos sobre el total de seis.

La aparición del tópico del Hanami Nativo es un criterio principal para señalar el inicio del segundo período.

El artículo de 2008, “Un rito japonés para preservar los árboles autóctonos de la ciudad”, publicado en la sección Sociedad (LN-9) tiene como eje el Proyecto Samohú, liderado por la acuarelista Cristina Coroleu. Se trata de una iniciativa a cargo de “un grupo de artistas que defiende la preservación de los árboles florales autóctonos, como el lapacho, el ceibo, el jacarandá, la tipa y el palo borracho, mediante la contemplación y el retrato, en acuarelas, de sus flores”.

Hasta aquí, se trata de árboles autóctonos que le dan el carácter de lo “nativo”. En este punto, es interesante señalar que en la ciencia ecológica, el atributo de nativo se refiere a especies de una eco-región, mientras que el resto se considera “exótica”. En este sentido, el ceibo si puede considerarse nativo de Buenos Aires. En el caso del jacarandá, la especie plantada en el espacio urbano es el Jacaranda mimosifolia, que es nativo del noroeste de Argentina[39]. Así podríamos considerar que en el Proyecto Samohú lo nativo adopta el carácter de lo nacional; lo cual contrasta con la sakura como especie exótica / extranjera.

En este marco, el segundo párrafo del artículo explica la conexión con Japón y la sakura:

Una de las actividades que este grupo lleva a cabo es el llamado hanami nativo, ceremonia japonesa y milenaria que consiste en sentarse debajo de los cerezos en flor, sobre un mantel blanco que se tiñe de las flores que van cayendo, y disfrutar mientras se toma un té. (LN-9)

El hanami se concibe, entonces, primordialmente como una práctica de contemplación y ocasión de disfrute, adoptada desde Japón. En esta línea, continuando las observaciones realizadas supra, es interesante notar que la bebida referida no es el sake sino el té. Es decir, se enfatiza mucho más el carácter trascendente del hanami, alejado de cómo se lo entiende comúnmente en la sociedad japonesa. Asimismo, la novedad local que agrega este proyecto:

“Nosotros promovemos el hanami con los diferentes árboles autóctonos de Buenos Aires para hacer visible su belleza, que muchos pasan por alto y no se dan cuenta de que están en peligro” dijo a LA NACION Cristina Coroleu. (LN-9)

Vemos que el desplazamiento del cerezo en favor de “árboles autóctonos” apela a la belleza pero también a señalar que “están en peligro”. Es decir, lo autóctono y lo nativo busca acercarse a una mirada ecológica. Más adelante, la crónica afirma:

Según la artista, los efectos del cambio climático se reflejan en la floración de los árboles: “Se están adelantando casi un mes; por eso, más allá de los cuidados que merecen las especies que aún hoy siguen en pie, es necesario reflexionar sobre cómo será la ciudad en el futuro y qué debemos hacer al respecto”. (LN-9)

La visión ecológica se amplía, de modo que el arbolado urbano -local- se conecta con la problemática -global- del cambio climático[40].

Casi siete años después, el 3 de marzo de 2015, La Nación publica “El árbol que sostiene al mundo” en la sección Opinión. La crónica parte del registro de un documental de la NHK (televisión pública japonesa), que viajó a nuestro país para filmar sobre el jacarandá (por considerarlo un árbol “exótico”, en el sentido exotista). En ese camino, según relata la nota, el equipo de NHK se entera de la existencia de Coroleu, “formada en la técnica de la aguada japonesa”, y descubre que además honraba la floración de árboles porteños “con un antiguo ritual japonés”. Así lo explica:

El eje del documental cambió [por] la recreación de una tradición largamente conocida en su país. Pero si en Japón el día del hanami la gente se reúne para conversar, comer y beber bajo los cerezos florecidos, aquí el pequeño grupo liderado por Coroleu lo hizo bajo la sombra de varios jacarandá. (LN-15)

A fin de explicar el por qué de esta inspiración japonesa, es interesante advertir la mediación europea. Por un lado, la nota cuenta la admiración de Coroleu por el reconocido paisajista francés, Carlos Thays, quien “creó una paleta para la ciudad” con los colores de las diferentes floraciones. Más importante aún, la crónica señala “su experiencia como estudiante de artes gráficas en Holanda; las horas largas, ensimismada, en el pabellón de estampas japonesas del Museo Van Gogh de Amsterdam”. Aunque no se explicita, se trata del movimiento artístico japonista[41]. Así, estas influencias confluyeron en el proyecto de la aguada japonesa y el hanami nativo. En palabras de la artista: “Desplegué las flores”.

Esta sensibilidad estética se presenta vinculada con una preocupación ecológica:

Hoy [Coroleu] sigue con angustia las noticias sobre los incendios forestales en el sur del país. Dice, además, que con el cambio climático las floraciones se adelantan, las abejas “están confundidas” y las flores se ven “como si una tormenta las fuera a avasallar”. (LN-15)

Como parte de la idea de que el arte puede –a través de la belleza– buscar un modo de proteger la naturaleza, nuevamente se pone en serie la floración alterada por el cambio climático con la problemática de los incendios forestales.

A continuación, dentro del tercer período del corpus, el único aporte de Clarín en esta línea discursiva se titula “GPS Buenos Aires, la reina violeta” (C-49, 2016). Redactada por Judith Savloff en la sección Ciudad, la nota trata sobre diferentes aspectos del jacarandá, aunque enfatizando su valor estético. El inicio es sugerente:

Desde el siglo XVII, la gente se reúne en Japón a mirar flores. Entre fin de marzo y principios de abril, se sientan bajo los cerezos mientras caen copos rosa pálido. Como poemas livianos. Como reflexiones profundas, sobre la vida bella y fugaz. (C-49)

Desde este punto de vista, la noticiabilidad del tópico jacarandá proviene de la alusión a la importancia que tiene la floración de la sakura en Japón. En particular, su asociación con la sensibilidad artística y la reflexión filosófica. Al respecto, la cronista advierte: “En Buenos Aires no hay (casi) tal tradición. Pero ahora, en noviembre, es imposible recorrer la Ciudad sin maravillarse con los jacarandás”.

Sin embargo, hacia el final de la nota, se explica el por qué de ese “casi” a partir del fenómeno del Hanami Nativo:

la comparación con la contemplación de flores en Japón no es tan azarosa como se podría suponer. Este sábado [Coroleu] les organiza un nuevo Hanami (“de hana, flor, y miru, mirar”, en japonés) en (…) Palermo. (C-49, 2016)

El pasaje no explicita la apelación a lo “nativo”. Tal vez porque a partir del testimonio de Gabriela Benito, del Jardín Botánico, se explica sobre los jacarandá que “el gran paisajista Carlos Thays los mandó a traer a comienzos del siglo XX desde el noroeste del país, de las yungas, `por su valor estético y su adaptación al clima´”. Es decir, se explicita la problematización de considerar al jacarandá como árbol nativo de Buenos Aires.

Más allá de ello, la crónica se enfoca en la atracción que provoca la belleza del jacarandá. Es aquí cuando se observa el único vínculo trazable en esta nota con una perspectiva ambiental, en tanto “el creciente interés quizás se deba a que como el cemento se extendió tanto en la Ciudad, por contraste, se lucen mejor”. Es decir, una pista sobre la problemática del “extractivismo urbano”[42]. A continuación, agrega: “Seguro, los ayudaron las redes sociales, que permiten multiplicar sus imágenes y, con ellas, las ganas de admirarlos en directo”. Así, el aspecto visual–estético (la dimensión icónica) parece imponerse. La comparación con una obra de arte es explícita:

Sus racimos de flores sin hojas convierten a Capital en una galería de cuadros impresionistas a cielo abierto. Buenos Aires se transforma en la reina violeta. Es más: si se observan desde el aire dibujan manchas tupidas que evocan, como ecos lejanos, algunos de los célebres nenúfares del pintor francés Claude Monet (1840-1926). (C-49, 2016)

Así como la columna de La Nación evocaba a Van Gogh por la experiencia de Coroleu, aquí la propia perspectiva de la cronista[43] trae a colación la figura de Monet. Se trata, en ambos casos, de pintores impresionistas, representativos de la corriente japonista. Aquí la asociación se hace explícita en el cierre del artículo:

los ejemplares que hoy nos rodean, desde el cielo hasta el suelo –donde crean una alfombra digna de postal–, tal vez se conviertan en uno de esos “motivos de observación y reflexión que permiten encontrar caminos propios”, como decía Monet. Ese genio que, vale recordar, creó inspirado, en parte, en las tradicionales estampas de paisajes japonesas. (C-49, 2016)

Así, con esta nota, y gracias al aporte de la gramática japonista, se consolida el tópico de la belleza de la floración del jacarandá como elemento noticiable[44].

Por último, ya en el cuarto período, La Nación publica en agosto de 2019 un artículo dedicado a esta especie: “La magia del jacarandá: todo sobre el árbol que tiñe la ciudad en primavera” (LN-50). Dentro de la sección Jardín, presenta un abordaje más integral, incluyendo información científica. Comienza justamente por aclarar que “El jacarandá o tarco (Jacaranda mimosifolia) es un árbol nativo de las yungas, la selva nubosa de Salta, Jujuy y Tucumán” y hace referencia al origen indígena de estos nombres.

En segunda instancia, menciona que “La floración más llamativa se produce sobre las ramas desnudas de hojas, en primavera”. A ello le siguen apreciaciones sobre la variación en el color de las flores, utilizando un lenguaje técnico (botánico); se suman explicaciones orientadas a las posibilidades de su cultivo, que remiten a la sección donde se publica. Dentro de esta extensa nota aparece el párrafo donde se explicita el vínculo con nuestro tema de estudio:

Cuando florece, su efecto es tan notable que muchos turistas buscan llegar en esa época. Y se identifican tanto con la Ciudad que la Legislatura porteña lo designó su árbol distintivo en el año 2015. Se han celebrado hanamis, reverencias en su honor, tal como se hace en Japón con los sakuras, organizados por la artista plástica Cristina Coroleu. (LN-50, 2019)

El hecho de destacar la floración llamativa de noviembre es lo que permite su asociación con la sakura, que también suele producirse sin follaje.

Se trata de un aspecto también remarcado en la última nota, “Árboles y arbustos en Argentina: cuándo son las floraciones más espectaculares, estación por estación” (LN-48, 2020), de la misma sección Jardín. Para el invierno porteño se destaca el sakura junto a otras tres especies del género Prunus, “con floraciones espectaculares que forman parte de ceremonias milenarias en Oriente”. Más adelante, en noviembre, es tiempo del jacarandá: “Las copas se pintan de celeste liliáceo sobre las ramas sin hojas de manera espectacular”. Ello en contraste con la floración de verano “no tan llamativa por aparecer sobre la copa foliada”.

En este último registro no aparece el vínculo explícito con el sakura. No obstante, la reiteración del carácter “espectacular” de la floración es elocuente, y nos recuerda a las apreciaciones de Hearn a principios del siglo XX. Podemos afirmar que la prensa local ha aprendido a valorar la floración que se produce no sólo en arbustos, sino en árboles.

En síntesis, esta línea discursiva presenta un rasgo novedoso principal, consistente en tomar la idea japonesa del hanami como “forma” pero variando el “contenido”. Es decir, el protagonista de la contemplación se desplaza del cerezo a otros árboles locales, principalmente el jacarandá. Desde ya, tal giro discursivo en la cobertura periodística se corresponde con la iniciativa del llamado “Hanami Nativo”, aunque es cierto que existen antecedentes que asocian sakura con jacarandá, como hemos observado en el análisis histórico. En este punto, si bien la explicitación de la influencia del japonismo artístico se encuentra en distintos artículos, la principal innovación de Coroleu consiste en remarcar que la contemplación de las floraciones puede, y debe, conectarse con una sensibilidad frente a la crisis ecológica.

3. Conclusiones

En este capítulo hemos estudiado las representaciones sobre la sakura desde la gramática japonista. Se trata de un caso de estudio relevante, ya que la flor de cerezo se ha consolidado como un signo de Japón. En tanto tal, su modo de funcionamiento -icónico, indicial, simbólico- no puede acotarse a su producción “interna”. Un análisis que busque hallar su “esencia” al interior de la cultura japonesa nos llevaría a un enfoque inmanenente, reñido con la perspectiva de la semiótica así como con las dinámicas del sistema-mundo. Por el contrario, abordar la crisis ambiental planetaria exige replantearnos qué entendemos por naturaleza(s) desde una mirada de la ecología –política– intercultural.

Con este propósito, en la primera parte de este trabajo analizamos la historicidad de los discursos desde la modernidad temprana hasta el siglo XX. En este recorrido, elaborado principalmente con fuentes secundarias, nos hemos concentrado en un punto central: la divergencia entre las distintas miradas de los actores involucrados –la enunciación– es la principal variable para entender la diversidad en las representaciones sobre la sakura –el enunciado–. Así, el discurso en torno a la “belleza espectacular”, de fuerte pregnancia visual, debió esperar a la consolidación de una gramática japonista de corte romántico y estetizante a fines del siglo XIX.

En este punto: ¿cuáles son las particularidades que puede asumir una enunciación argentina sobre la sakura al inicio del siglo XXI? La segunda parte del capítulo analiza el corpus de trabajo principal, conformado por 50 artículos periodísticos publicados entre 1998 y 2020, para cuyo estudio hemos considerado dos variables principales: la periodización de la cobertura y las líneas discursivas.

La periodización tuvo como propósito visualizar las transformaciones en la cobertura periodística, incluyendo el punto de la frecuencia de publicaciones. Al respecto, debemos destacar que, de manera progresiva, el criterio de noticiabilidad anclado en la “novedad” del hanami da paso a un patrón de “periodicidad”, en los términos de Stella Martini (2000). Para ello resultan fundamentales las líneas temáticas del Hanami Nativo y del hanami en el Jardín Japonés, pues ambos eventos aportan al criterio de la “cercanía geográfica” que refuerza la noticiabilidad de la sakura en la prensa argentina. De este modo, consolidan el tópico de la floración como objeto de interés público.

Cabe preguntarnos aquí: ¿existen criterios de noticiabilidad específicos para la sakura? En esta instancia de las conclusiones, nos proponemos una sistematización a partir de los modos de funcionamiento semiótico esbozados a partir de la segunda tricotomía de Peirce (ver el Estudio Preliminar de este libro).

A nivel icónico, la imagen de la sakura como belleza de la naturaleza resulta evidente en las crónicas que dejan espacio a las fotografías. En este trabajo no lo hemos abordado de manera sistemática, pero sí dejamos constancia de su valor-noticioso explicitado en las postales turísticas de la línea discursiva del hanami en Japón. También abundan registros visuales en otras geografías, incluyendo Argentina. Del mismo modo el lenguaje poético presente en varias crónicas es parte del funcionamiento icónico que busca establecer semejanza directa con el objeto bello. Dentro de esta discursividad, encontramos la idea de que la “belleza salva”.

A nivel indicial, el género de la crónica de viaje en la sección Turismo refuerza la enunciación del “estar-ahí”. La floración de la sakura es, en principio, una marca que nos remite a estar-en-Japón. No obstante, el devenir de la cobertura nos transporta también a Estados Unidos y Argentina en donde el hanami es presentado como un modo de acercarse a Oriente. Desde una mirada global, el registro indicial podría convertirse en metonimia de la Primavera o el paso de las estaciones. Así, el criterio de “periodicidad” ya establecido en Japón podría consolidarse también en Argentina, con un calendario de floración propio.

A nivel simbólico, entendemos al japonismo como una gramática discursiva, en el modo del establecimiento de una “ley”. Aquí la sakura pasa a ser símbolo de Japón mediante una serie de conceptos artísticos o filosóficos como lo transitorio o la impermanencia. En términos más generales, la flor es soporte (objeto) de manifestaciones culturales (representamen), incluyendo al hanami, que dan cuenta de la “tradición japonesa” para Occidente (interpretante)[45].

A su vez, a partir del Hanami Nativo, publicado en la sección Sociedad, aparece en escena la gramática ecologista, en los términos de un “discurso culturalista” que busca fortalecer la naturaleza como fuente de espiritualidad (Escobar, 1999: 83). En primera instancia, la sección Lifestyle del diario La Nación puede parecer alejada de ello, así como la sección Jardín, que podría concebirse como otro modo de mercantilización de la naturaleza. No obstante, es posible rastrear los primeros antecedentes del periodismo ambiental en Argentina en revistas contraculturales, ligadas al movimiento hippie (Dichdji, 2020).

En efecto, si repasamos la historia, la ausencia de la sakura como tópico en los escritos jesuitas es seguida por la observación naturalista del “árbol que no da frutos”, otro modo sofisticado de descripción por la negativa. En contraste, para el japonismo esteticista de Hearn en el “amor por la naturaleza” del pueblo japonés existe una religiosidad que se escapa a la lógica judeo-cristiana, pero también al mercantilismo de la sociedad industrial. Por su parte, la llegada de árboles de sakura a Europa y Estados Unidos permite disfrutar del hanami fuera de Japón, y de este modo permite arraigar una costumbre emblemática de un “estilo de vida” percibido, en principio, como exótico.

En nuestras fuentes periodísticas, la línea temática de los cerezos frutales invierte la situación registrada hasta mediados del siglo XIX, pero a su vez aprecia la belleza de la floración a partir de su valoración económica en el agro-turismo. Del mismo modo, las crónicas de la sección Turismo en Japón tematizan al hanami como un atractivo de estación, en un destino desconocido. En Estados Unidos, la sakura y el hanami son soportes de la cultura japonesa. El Jardín Japonés de Buenos Aires, por su parte, es un espacio que nos permite “viajar a Japón” sin tomarnos un avión.

En este contexto, la novedad del Hanami Nativo se refuerza como una operación discursiva que permite trasladar el foco de atención hacia la floración de especies locales, en conexión explícita con una sensibilidad ambiental que va más allá del esteticismo. En este punto, es pertinente establecer que sí existe una clara mediación del japonismo europeo, expresado en la influencia de pintores como Van Gogh. Más allá de ello, como signo de signo en un japonismo periférico, el desplazamiento en el objeto dinámico del discurso –desde la floración de la sakura hacia el jacarandá, el ceibo o el palo borracho– posiciona la red de semiosis ambiental desde una enunciación argentina. En este mismo sentido, este fenómeno que abre el segundo periodo de nuestro corpus prepara el terreno para la visibilización del hanami en el Jardín de Buenos Aires en el tercer y cuarto periodos[46].

En definitiva, la productividad semiótica del Hanami Nativo, en los términos de Verón (2004), aparece en la “circulación” del sentido: no puede reducirse a una reproducción absoluta del discurso japonés, o europeo, sino que se trata de un reconocimiento activo. En un punto, subversivo de la representación hegemónica de la “belleza efímera” de la sakura, acotada a una contemplación esteticista. El giro ecológico debe implicar, a su vez, la praxis. Ello nos permitiría acercar esta investigación a la discusión del rol de los “espacios verdes” –y el disfrute de las naturalezas- como bienes comunes en el marco de la crítica al extractivismo urbano.

Agradecimientos

A lxs co-autores y la correctora de este libro por los comentarios, críticas y sugerencias.

A Fanny Flores Baumann, por su gran colaboración en la recopilación del material periodístico.

De manera personal, agradezco el acompañamiento de Pamela, Amanda y Maite.

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Anexo: corpus de trabajo

Se presenta a continuación la tabulación principal de los 50 artículos que conforman el corpus principal de trabajo como fuente primaria de investigación.

Primer periodo

Medio

Fecha

Titulo de la nota

Sección

Jerarquía

Autor/a

LN-1

La Nación5/2/1998Buenos Aires naturalEspectá­culostemati­zaciónConstanza Bertolini

P-2

Página/1231/10/2003Arigato primaveraLas 12temati­zaciónSoledad Vallejos

LN-3

La Nación27/04/2004Hana Yori dango (Correspon­sal por un dia)El mundocentralSergio Villarroel

LN-4

La Nación14/04/2006Cerezos en florOpinióncentralMarcos Aguinis

LN-5

La Nación18/3/2007Festival nacional. Los cerezos dan la nota en WashingtonTurismocentral

LN-6

La Nación6/10/2007El gran clásico de la primaveraPropie­dadestemati­zación

LN-7

La Nación7/10/
2007
Una escapada al EdénLifestyletemati­zaciónPaula Halperín

Fuente: Elaboración propia.

Segundo periodo
MedioFechaTitulo de la notaSecciónJerarquíaAutor/a
LN-8La Nación26/10/2008Blanco que te quiero blancoOhlala – Turismocentral
LN-9La Nación20/11/2008Un rito japonés para preservar los árboles autóctonos de la ciudadSociedadcentralPaula Soler
P-10Página/1215/02/2009Tradición y vanguardiaTurismotematizaciónMaribel Herruzo
LN-11La Nación25/10/2009Esta tarde, picnic japonésEspectaculoscentral
P-12Página/1227/11/2011Paseando por TokioTurismosecundarioVicente Blasco Ibañez
P-13Página/1225/09/2012Diario de viaje. Espacios públicos: de cara al solRosario/12secundarioBeatriz Actis
LN-14La Nación12/05/2013La casita del arbolLifestylesecundario
LN-15La Nación03/05/2015El árbol que sostiene al mundoOpinióncentralDiana Fernández Irusta

Fuente: Elaboración propia.

Tercer periodo
MedioFechaTitulo de la notaSecciónJerarquíaAutor/a

C-16

Clarin19/03/2016Llegan los festivales del cerezo en florViajescentralPablo Bizón

LN-17

La Nación03/04/2016Japón y Washington se tiñen de rosaohlala – TurismocentralNino Ramella

LN-18

La Nación24/04/2016Guía para no perderse en Tokioohlala – TurismosecundarioNino Ramella

C-49

Clarin26/11/2016GPS Buenos Aires, la reina violetaCiudadessecundarioJudith Savloff

LN-19

La Nación17/01/201718 experiencias muy NYTurismosecundarioConnie Llompart Laigle

C-20

Clarin05/03/2017De fiesta en fiesta por la Argentina y el mundoViajestemati­zaciónPablo Bizón

LN-21

La Nación05/03/2017El Jardín Japonés, un espacio de naturaleza que cumple 50 añosbuenos airestemati­zaciónAna Orfano

LN-22

La Nación28/3/201710 fotos de cerezos en flor que le sacan suspiros a todo el mundoSociedadcentralFuente: AP

C-23

Clarin04/04/2017Tokio es una fiesta con sus cerezos en florViajescentralAFE

LN-24

La Nación7/4/2017La belleza tambien salvaOpinióncentralDiana Fernández Irusta

C-25

Clarin02/06/2017Una visita a Oriente en el corazón de Palermo: el Jardín Japonés festeja 50 añosCiudadestemati­zaciónVerónica Frittaoni

LN-26

La Nación25/6/2017El país de los cerezos ya no es tan lejanoLifestylecentralJavier Navia

LN-27

La Nación30/9/2017Viajera crónica: destinos para visitar en primaveraLifestyle / OhlalacentralAndy Clar

LN-28

La Nación2/10/201725 cosas que hay que conocer en Nueva YorkTurismosecundarioCarolina Reymúndez

C-29

Clarin08/03/2018Los paisajes “secretos” del Jardín JaponésCiudadestemati­zaciónJudith Savloff

C-30

Clarin26/03/2018Tokio se viste de rosa con los cerezos en florViajescentralEFE

C-31

Clarin05/04/2018Los cerezos en flor anuncian la llegada de la primavera a WashingtonViajescentral

LN-32

La Nación08/04/2018De tokio a Paris, es temporada de cerezos en florTurismocentralPierre Dumas

Fuente: Elaboración propia.

Cuarto periodo
MedioFechaTitulo de la notaSecciónJerarquíaAutor/a
LN-33La Nación06/08/2018Florecen los cerezos en el Jardín JaponésLifestyle / JardíncentralMaría Inés Vilela
LN-34La Nación21/9/2018Cerezo en florOpinióncentralDaniel Gigena
P-35Página/125/11/2018La deriva de los cerezosrosario/12centralMarcela Alemandi
C-26Clarin07/03/2019Un millón y medio de cerezos florecen en el Valle del JerteViajessecundarioPepe Verdú / La Vanguardia
C-37Clarin26/03/2019Los cerezos en flor y sus tradiciones engalanan ciudades del hemisferio norteViajescentral
C-38Clarin03/04/2019Un mate entre cerezos al otro lado del mundoOpinióncentralDiana Baccaro
C-39Clarin20/06/2019Una antigua casona de Japón,en un rincón de San IsidroArquitec­turatemati­zaciónJudith Savloff
C-40Clarin18/07/2019“Sakuras” porteños: arrancó la fiesta de los cerezos en flor en el Jardín JaponésArquitec­turacentralJudith Savloff
LN-41La Nación31/7/2019Los cerezos del Jardín Japonés ya están en flor y lo tiñen de rosaLifestyle / JardíncentralCarolina Cattáneo
LN-50La Nación28/8/2019La magia del jacarandá: todo sobre el árbol que tiñe la ciudad en primaveraJardíntemati­zaciónFlorencia Cesio

Fuente: Elaboración propia.

Quinto periodo
MedioFechaTitulo de la notaSecciónJerarquíaAutor/a
LN-42La Nación21/03/2020La nueva realidad del coronavirus: la semana que todo cambió en Estados UnidosEl mundotemati­zaciónRafael Mathus Ruiz
LN-43La Nación24/3/2020Tokio 2020: optimismo, pandemia y los cerezos en florDeportescentralEzequiel Fernandez Moores
C-44Clarin27/03/2020Tokio suspende las visitas a sus afamados cerezos en florMundocentral
C-45Clarin14/05/2020Coronavirus en Japón: decenas de ciervos descansan bajo los cerezos en florInterna­cionalsecundario
LN-46La Nación14/5/2020Japón: sin humanos a la vista, los ciervos descansan bajo los cerezos en florEl mundosecundarioCrédito: Shutterstock
LN-47La Nación7/8/2020Coronavirus. El Jardín Japonés se reinventa para sobrevivir la cuarentenaSociedadtemati­zaciónSoledad Vallejos
LN-48La Nación26/8/2020Árboles y arbustos en Argentina: cuándo son las floraciones más especta­culares, estación por estaciónLifestyle / Jardíntemati­zaciónGabriela Benito

Fuente: Elaboración propia.


  1. Hanami 花見 (literalmente, mirar-flor) se refiere principalmente a la floración del sakura, aunque es posible aplicarlo a otras especies. En este capítulo, por referirse a ambos términos asiduamente y aparecer en el corpus de trabajo en español, se ha optado por incorporar los vocablos al idioma español.
  2. Cabe señalar que el cambio climático ha producido alteraciones en los patrones de floración y que debido a ello se consolida una tendencia a adelantar las fechas de floración. Esto último ha sido registrado por la prensa japonesa, donde se expresan voces de preocupación por la continuidad del hanami y sus prácticas asociadas (Gavirati, 2020).
  3. Como señala Naoko Abe en El hombre que salvó los cerezos, el monte Fuji y la sakura son las dos imágenes de uso más frecuente para promocionar Japón (Abe, 2021: 10). Así lo confirman los resultados para las búsquedas “Japón” y “Japan” en la sección imágenes en Google.
  4. Al respecto, véase el Estudio preliminar.
  5. En buena medida, nuestro recorrido se detendrá en antecedentes bibliográficos que contribuyan a una posterior comprensión del análisis del corpus periodístico. En esta instancia, buscamos enfatizar un discurso “en reconocimiento”, desde Europa y Estados Unidos principalmente. Para una reseña histórica de las representaciones japonesas sobre la sakura, consultar un artículo reciente (Gavirati, 2020).
  6. Aquí, desde la geopolítica del conocimiento, podemos criticar que variedades creadas en Japón sean nombradas en homenaje a su “descubridor” europeo.
  7. En este contexto, en el propio Japón también se señala que en los primeros años de la era Meiji hubo una mirada hacia los árboles de sakura como símbolo del “atraso feudal” del país, promoviendo su reemplazo por otros árboles más “útiles” para la industria maderera. De todas formas, otras figuras influyentes de la época abogaron por la preservación de la tradición japonesa simbolizada en la floración de la sakura, realizando donaciones personales con el fin de que no se talaran árboles (Ohnuki-Tierney, 2002: 104-105).
  8. . En su caso, también se había enamorado de Japón en su primer viaje de 1902: “Nunca he visto al ser humano y a la naturaleza tan compenetrados ni a unas gentes con tan buen gusto artístico”, anotó en su diario (citado en Abe, 2021:38). El descubrimiento de la sakura tuvo lugar en Inglaterra, en 1920, cuando comenzó el proyecto de rediseñar un jardín en un predio que ya tenía dos cerezos ornamentales.
  9. Citaremos el mismo texto que se publicó como “Los Jardines”, capítulo inicial de El alma japonesa (1907) y luego como “Los paisajes”, capítulo que cierra El Japón heroico y galante (1912).
  10. Como veremos luego, este aspecto ocupa un lugar importante dentro del corpus periodístico.
  11. En una de sus crónicas puntualizó que en Japón la floración de sakura es motivo de composición poética sólo comparable a la luna y el monte Fuji (citado en (Jefferson y Fusoni, 1997: 2).
  12. Información extraída de la página oficial del National Park Service. “The Vandalization of the Cherry Trees in 1941”. Véase: https://cutt.ly/STASfUP.
  13. Existen, por ejemplo, distintos videos en Youtube sobre el tópico “sakura y jacarandá” en México. Por caso, el trabajo de Sinueton, “Jacandá vs sakura. ¿Qué tan similares son?”, que cuenta con más de 100 mil vistas. Véase https://cutt.ly/MTASa4H. Más adelante veremos cómo la flor de jacarandá es protagonista del denominado “hanami nativo” de Argentina.
  14. Existen, sí, estudios sobre la producción de cerezas como “cultivo no tradicional” en Argentina (Scarpati et al., 2011).
  15. Al respecto existe una iniciativa de visualización de sakura en la Ciudad de Buenos Aires a través de las redes sociales de gachimaya. Véase https://cutt.ly/ITASpph.
  16. Comparación que remite al antecedente mexicano, y que será abordada en la segunda sección de este capítulo, a partir del caso del “Hanami Nativo”.
  17. La misma autora analiza una crónica de viaje reciente, “Niponas” (2009), de Martín Caparrós. También aquí la flor del cerezo aparece citada entre los clichés del Japón tradicional, melancólico (Bujaldon, 2014: 4).
  18. Así, por ejemplo, las secciones Viajes o Turismo apelan a una ubicación y un determinado modo de visualizar la flor de cerezo, mientras que otras, como Sociedad u Opinión, pueden abrir el campo discursivo hacia otro tipo de tematizaciones, incluyendo la ambiental.
  19. En la elección de la plataforma digital confluyen el hecho de su mayor circulación a través de las redes sociales como las circunstancias en las cuales se realizó esta investigación, con restricciones por la pandemia de Covid-19 (2020-2021).
  20. Con otro enfoque teórico-metodológico, Ricardo Sidicaro aporta una perspectiva interesante sobre La Nación, según la cual la línea editorial del diario busca “hablarle a los de arriba desde arriba” (1993: 525).
  21. La suma de los artículos presentados en este cuadro excede los cincuenta. Esto debido a la reiteración de artículos que incluyen cobertura de dos o tres países.
  22. Para la citación de las fuentes primarias, hemos optado por un sistema específico que nos permita presentar de manera más directa los datos principales del artículo a través de una codificación. Para ello se ha adoptado por las iniciales de los diarios: “LN” para La Nación, “C” para Clarín y “P” para Página/12. A ello le sigue un número que en general expresa la ubicación del artículo en el eje cronológico, a excepción de los números 49 y 50 que se incorporaron en una segunda búsqueda. Y se completa con el año de publicación, para una precisión completa. Para mayor claridad, todas las referencias están citadas en el anexo de este capítulo, a modo de bibliografía de las fuentes primarias, junto con otros datos relevantes.
  23. En este trabajo, entendemos por “líneas discursivas” cierta continuidad extendida a lo largo del tiempo en la cobertura de un determinado tópico. Se presenta como una categoría intermedia entre una “gramática discursiva” de mayor densidad semiótica y una “serie periodística” que encuentra mayor pertinencia en el análisis de una coyuntura informativa en un eje temporal acotado.
  24. Lo hemos excluido del presente análisis cualitativo por su excepcionalidad.
  25. Es interesante notar que esta enumeración cierra con la referencia al Jardín Japonés de Buenos Aires, “el mejor paseo para disfrutar y contemplar la belleza de las sakura”. Es decir, que en cuanto a “belleza” parece destacarse la sakura, en un lugar “donde la floración adquiere un significado muy especial”.
  26. Este recurso visual permite “ahorrar palabras” para describir la belleza de la floración y utiliza el soporte digital para desplegar fotografías de alta calidad.
  27. En este sentido, será relevante para futuros trabajos indagar en el valor de la belleza como motivo de “conservación” de las naturalezas –por fuera de la razón instrumental– y posible fuente para su protección en el contexto de la actual crisis ecológica. En los estudios ambientales, en especial desde la filosofía, se discute sobre los “valores intrínsecos” de la naturaleza que se corresponden a una necesidad de su conservación por fuera de la aplicación de una valoración antropocéntrica. En el caso de la belleza estética, esta cuestión también podría debatirse (Tafalla, 2005). Más que reforzar esta antítesis, nos interesa encontrar en prácticas como el hanami un modo de vínculo entre ser humano y árbol como pares de la naturaleza. Revisar al respecto conferencia de Pasca (2020).
  28. Escritor y psicoanalista, conocido por sus posiciones conservadoras. Tiene vínculos, por ejemplo, con la Fundación Internacional para la Libertad, presidida por Mario Vargas Llosa.
  29. Esto no es necesariamente así. Si recordamos la historia del florecimiento de la diplomacia de sakura, se trató de un fenómeno en la costa este, y no en la oeste, donde se asentaban las comunidades más grandes.
  30. Allí se encuentra el Jardín Japonés, en el barrio de Palermo de la Ciudad de Buenos Aires.
  31. Recordemos que si bien la sakura puede considerarse la más representativa, la “flor nacional” es el crisantemo.
  32. Se trata de una nota breve que anuncia un “picnic japonés” bajo techo: “El picnic se denomina Hanami, igual que se dice en Japón cuando la gente sale a festejar bajo los cerezos en flor”. El menú incluye obento (vianda), “a tono con la tradición japonesa y la moda neoyorquina”, y también la presencia de Amalia Sato, editora de la revista Tokonoma, quien leía “sobre su experiencia del hanami en Japón. Que no será igual, seguramente, a su experiencia del hanami porteño” (LN-11, 2009).
  33. Existe una controversia dentro de la historia de la comunidad nikkei argentina respecto del Jardín Japonés, en el marco de un conflicto mayor en torno a la Asociación Japonesa en Argentina (AJA) durante las décadas de 1970 y 1980. En tanto no resulta relevante para nuestro análisis, sólo consignamos este punto.
  34. Se reitera aquí la postulación de la sakura como “flor nacional”. A su vez, es interesante que se señale, sobre las variedades, que “hay especies de la isla de Okinawa y de la parte continental” (LN-21, 2017).
  35. En este último caso, el anclaje de la palabra en español nos indica que el fenómeno se ha vuelto más visible. En particular porque la periodista que escribe, Judith Savloff, es la misma que en C-29 había hablado sobre los “paisajes secretos” del Jardín.
  36. La actual Prefectura de Okinawa se constituyó como tal en 1879, de manera tardía. Con anterioridad existía de manera autónoma a Japón, con el hito de la fundación en 1429 del Reino de Ryûkyû. Por su ubicación –cercana a Taiwán– posee un clima tropical por lo cual las variedades de sakura son diferentes.
  37. El artículo C-40 comienza por enfatizar lo noticioso: “Los primeros capullos acaban de florecer”. Aquí aparece el tópico de la fugacidad, aunque en principio como una información: “Nacerá un mundo aparte, ligero, bello, poco conocido acá y –atención– fugaz: sólo un par de semanas después (…) la floración terminará” (C-40).
  38. Aunque no está explicitado aquí, este pintor pertenece a la corriente japonista de los círculos artísticos de la Europa del siglo XIX. Retomaremos este punto en la siguiente línea discursiva.
  39. En contraposición, el portal del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires refiere en su página sobre “árboles nativos” que se trata de “aquellas especies arbóreas que son originarias del país o la región”. Con ese criterio, incluye al jacarandá. Ver: https://www.buenosaires.gob.ar/desarrollourbano/manualdedisenourbano/paisaje-urbano-verde/vegetacion/arboles-nativos.
  40. Esta tematización de la “floración acelerada”, publicada tan temprano como 2008, anticipa la serie periodística sobre sakura y cambio climático registrada en el diario Mainichi de Japón recién a partir del año 2017 (Gavirati, 2020).
    Por fuera de nuestro corpus, ya en el presente 2021, La Nación publicó el 31 de marzo “Preocupación: por el cambio climático, los cerezos florecieron más rápido en Japón”. Allí enfatiza que este año se registró en Kyoto “la fecha más temprana en los 12 siglos de los que se tiene registro”.
  41. El propio Vicent Van Gogh ha pintado la serie de “japonerías” en base a grabados ukiyo-e de Hiroshige, entre las cuales tenemos la “Floración de un árbol de ciruelo”, de 1887. Asimismo, se destaca la influencia del arte pictórico japonés en el óleo “Almendro en flor”, de 1890. Para una mayor contextualización, puede leerse el Estudio Preliminar de este libro.
  42. Uno de los elementos representativos de este modelo es “la reducción de espacios verdes y la incrementación del cemento” (Navatta, 2017: 67).
  43. Como ya vimos, la misma periodista aplica también la comparación con obras de Monet al sendero de los sakura en el Jardín Japonés.
  44. En marzo de 2017, por fuera de esta línea discursiva, una nota visual sobre hanami en el hemisferio norte acotaba: “Así como octubre en Buenos Aires es el mes del jacarandá, en abril arranca la temporada de cerezos en flor” (LN-22). Esta tematización resulta interesante ya que la relevancia se invierte en favor del jacarandá.
  45. En contraste, encontramos también discursos sobre el Jardín Japonés de Buenos Aires como un híbrido, que habilitarían a pensar en una gramática intercultural nikkei. Pero allí “sakura” aparece como el elemento japonés en combinación con otros locales.
  46. En el mismo registro temporal, tenemos dos casos puntuales. La periodista de La Nación, Diana Fernández Irusta, publica sobre Hanami Nativo en LN-15 (2015) y luego sobre el hanami en Japón en LN-24 (2017). También la periodista de Clarín, Judith Savloff (con 4 artículos en el corpus) menciona al Hanami en una nota sobre jacarandáes en C-49 (2016), y más tarde lleva las “sakuras” a un titular en C-40 (2019).


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